La Invitación

El rubio observó la invitación con cierta fascinación. En el instante en que tocó el papel, un cursi hechizo liberó un pequeño patronus en el aire con la figura de dos nutrias abrazadas. En ese momento, reconoció de donde venía la carta.

Señor Draco Malfoy y Familia:

Sean ustedes bienvenidos a ser testigos de la unión entre Hermione Jean Granger y Ronald Bilius Weasley.

Se celebrará el próximo 15 de Enero a las 7:00 de la noche en La Madriguera.

Draco arrugó la nota entre sus dedos. "Que estupidez" —pensó para sus adentros —¿Cómo se atreven, tan siquiera, a imaginar que un Malfoy con mi estirpe va a ir a un evento de tan baja categoría? —bufó en voz baja frunciendo el ceño.

Posteriormente, se tendió en un sillón de cuero en su estudio, depositó los pies en el apoyabrazos y cruzó las manos sobre su pecho. Dirigió su mirada a las figuras de su techo, el cual tenía un encantamiento que le permitía ver las estrellas, y su mirada empezó a suavizarse hasta ser completamente nostálgica.

Logró contar cinco años sin verla, sin mencionarla; pero aun así no había pasado una sola noche que no la recordara, y eso lo hizo colmarse de una ira ciega y un vacío imparable en el centro de su estómago. La imaginó con su melena alborotada, usando un vestido blanco ceñido a su esbelta figura y observando a Weasley con esos grandes ojos chocolate irradiando felicidad... una felicidad que nunca sería por él; sintió deseos de matar, de morirse allí mismo con ella y ser fiel a la frase hasta que la muerte los separe.

Lamentó ser un cobarde y se revolcó en arrepentimiento; ella siempre pensaría en él como la serpiente acosadora sin sentimientos, ella nunca entendería por qué él solo podía llamar su atención a través de la maldad, por qué nunca sería digno de tenerla...¿o sí?

Una chispa de esperanza iluminó sus plateados ojos. Lentamente, se levantó del sillón, deteniendo su auto compasión, sacudió su túnica liberándola de las arrugas formadas y, caminando hacia la chimenea de su estudio, tomó un puñado de polvos flu. Claramente mencionó - Ministerio de Magia División de Seres.

Al salir de la niebla verde, un silencio sepulcral rodeaba las oficinas de la institución permitiendo a Draco escuchar los latidos desaforados de su corazón retumbando entre sus costillas. El pasillo que conducía a la oficina de Hermione se le hizo ridículamente largo. Dio lentos pasos guiados por inercia, produciendo un eco con sus pisadas las cuales se iban haciendo más fuertes a medida que se acercaba a su destino. Esperó frente a la puerta de la Oficina que rezaba "Realojamiento de Elfos Domésticos". Claramente conocía el historial laboral de Granger: desde hace años tenía el hábito de coleccionar los artículos del profeta en los cuales hicieran mención de ella. Jamás se sorprendió por las elecciones de la castaña pues la conocía por su debilidad hacia las criaturas más indefensas.

Levantó su brazo para tocar la puerta pero lo dejó suspendido en el aire, no encontró la fuerza necesaria para cumplir su cometido. Dirigió la mano hacia el nudo de su corbata, necesitaba aflojar un poco el mismo. En vano intentó pasar saliva ya que su boca se hallaba completamente seca, tampoco logró ralentizar su respiración que combinaba con el movimiento nervioso de sus dedos.

Unos segundos allí fueron suficientes para cuestionar sus acciones. ¿Qué estaba haciendo allí? "Que maldito imbécil, Malfoy, ¿qué vas a decirle? ¡Te amo Granger, no te cases!, o mejor, ¡deja a Weasley y escápate conmigo!" pensó el Slytherin retrocediendo un par de pasos. Tomó una amplia bocanada de aire y exhaló ruidosamente; no estaba allí para ser el mismo pusilánime de siempre, tenía miles de cosas por las cuales arrepentirse en la vida.

—¡Nunca más!

Tomó todo el coraje que tenía en su alma y sujetó el pomo de la puerta como si se le fuera la vida en ello. Giró la perilla y, con paso firme y erguido, ingresó a la oficina de Granger.

Hermione levantó la cabeza del folio en el que estaba trabajando, extrañada por la interrupción. Dirigió su mirada a la puerta y vio a Draco Malfoy a dos metros de distancia. Alto, con su rubia cabellera arreglada como siempre y su imponente presencia que la miraba con ojos cargados de curiosidad y anhelo.

—¿Malfoy?..¿Qué haces acá? —no pudo contener la sorpresa generada por la inesperada visita.

—Hermione, tengo que hablar contigo.

Replicó Malfoy con un leve toque de inseguridad en su voz; a la castaña no le pasó desapercibida la alusión a su nombre.

—Por supuesto, eh... ¿Me necesitas ahora mismo?...Puedo atenderte en otro momento.

Le respondió Granger con gesto cansado, no le gustaba ser interrumpida en su trabajo. Esperaba que Malfoy no tuviera prisa y decidiera reunirse con ella en otro momento

—¡No!, lo que tengo que decirte no da espera.

Respondió ansiosamente Malfoy mientras que, caminando de manera decidida, tomaba una silla, y la acercaba frente a la Gryffindor y se sentaba. Ella era más hermosa de lo que la recordaba: sus labios tenían un tono rojo y esa capa del Ministerio resaltaba sus bellos ojos.

Hermione se echó hacia atrás en su asiento con los hombros tensos, sintió que Draco estaba invadiendo su espacio personal, a pesar que no eran enemigos, tampoco se podría decir que su relación era cercana; al contrario, se evitaban el mayor tiempo posible.

—No sé... cómo empezar.

El Slytherin rompió el silencio frotando sus manos nerviosamente; su frente se estaba humedeciendo por un ligero sudor. Respiró profundamente, buscando las palabras indicadas. Hermione se fijó en los ojos grises ahora dilatados. Actualmente, era mucho más guapo que en Hogwarts: su vestimenta oscura permitía detallar sus facciones varoniles, sus labios gruesos y a esta distancia olfateaba su embriagante esencia, Hermione fue consciente que nunca habían estado tan cerca.

—Bueno, no sé Malfoy; si quieres podemos citarnos en otro momento —respondió la castaña, interrumpiendo su contacto visual, se sentía extrañamente incómoda por el magnetismo entre los dos.

—Hermione... lo siento... lo siento por todo lo que hice en el pasado...y lo siento por lo que voy a hacer ahora.

Lentamente mientras hablaba, el rubio se acercó gradualmente hasta llegar a su rostro. Se inclinó levemente y besó a la leona, quién, inicialmente, se petrificó al sentir el contacto de los labios de Malfoy y de sus manos sujetándola por la cintura, pero se dejó abandonar por la sensación de excitación y euforia de su pecho. El nunca había sido indiferente para ella, odiaba su arrogancia y orgullo, pero cuando conoció a Lucius comprendió que Draco actuaba así por tradición y no por decisión.

Hermione posó una mano en el rostro de Malfoy y otra en su pecho, su piel era suave y tibia. Él a su vez, tomó la mandíbula de la castaña y guió su cara a través del beso...el corazón de la serpiente jamás se había sentido más vivo.

Sus lenguas danzaban sincronizadamente, como si sus bocas hubieran esperado por años unirse. Hermione tomó entre sus labios el labio inferior de Malfoy y le dio un ligero apretón finalizando así ese contacto y siendo golpeada por la realidad: todavía estaba en su oficina, en cualquier momento alguien podía entrar.

Draco pudo leer la angustia en los ojos de la castaña. Se puso de pie dirigiéndole una tímida sonrisa y le ofreció una mano.

—¿Me acompañas?

Hermione, sin darle tiempo a su cerebro de analizar la situación, aceptó la mano ofrecida y juntos se aparecieron en la Mansión Malfoy. La castaña había estado ahí en unas condiciones muy diferentes a las actuales, pero no quería pensar en eso, no ahora, era la primera vez en su vida que se dejaría llevar...

Marchó convencida, siguiendo a Draco, quien con una sonrisa todavía en sus labios, la condujo a su habitación y, nuevamente, la besó lleno de convicción y le transmitió a la morena toda la pasión que siempre había tenido oculta para todos. Ella respondió al beso con mayor desenvoltura que el inicial, le fascinó la sensación de sus labios gruesos y no logró detenerse allí. Suavemente, con sus dedos desabrochó, la capa de Malfoy y deslizó sus manos a través de los hombros y la espalda del rubio, dejando al descubierto su torso. Pasó sus dedos por el pecho desnudo de Draco, su tez era aún más suave allí.

Malfoy fue sorprendido por la Gryffindor y no controló la electricidad que dominó su piel, la cuál se encontraba erizada por el contacto con ella. Abrió sus ojos y miró con deseo a Hermione, despojándola al mismo tiempo de la túnica y la blusa. Rozó con delicadeza sus brazos y su espalda; no esperaba forzar las cosas, la deseaba más que a la vida pero llegaría hasta donde ella se lo permitiera. Se sorprendió, cuando la vio bajar hasta quedar arrodillada frente a él, con sus manos sobre el metal del cinto.

Ella forcejeaba con el cinturón, estaba nerviosa, sólo había estado con un hombre en su vida y temía que el rubio pudiera evidenciar su inexperiencia. Se deshizo del molesto cinto y, a su vez del pantalón, de Malfoy. En ese momento, Él vio sus senos por encima de un simpático sostén negro. Eran unos pechos redondos; no muy grandes, pero perfectos para él. Ante el escrutinio, Hermione se sintió apenada y quiso bajar la vista al suelo, cuando fue consciente de la dureza del miembro de Malfoy y lo cerca que estaba de ella, lo que la hizo excitarse más. Suspiró levemente, segura que no estaba haciendo tan mal su trabajo. Lo miró a los ojos mordiéndose el labio inferior y la erección de Malfoy se extendió

Decidió que no quería esperar tanto y la ayudó a levantarse para, con dedos ágiles, quitarle el pantalón. La levantó por las nalgas para cargarla a su cama. Ella se abrazó, con sus piernas, a la cadera del rubio; sintiéndose humedecer al sentir el vigor de Draco entre sus piernas. Besando su cuello y su pecho, la respiración de ambos estaba alterada

Una atmósfera cálida y en tensión rodeaba los aposentos de la pareja y, cuando, llegaron a la cama, Draco la depositó en la orilla; ella se acomodo con docilidad, apoyando su peso en las rodillas, para que él desapuntara el sostén y dándole tiempo a Hermione para retirar los calzoncillos negros de Malfoy. Al encontrarse cara a cara con su erección, la sostuvo entre sus manos dirigiendo una mirada picara a Malfoy y, suavemente, la introdujo en su boca. La serpiente gruñó por lo bajo. Sintiendo la calidez de su boca, unas leves descargas de placer ascendieron por su cuerpo.

La visión era perfecta: Hermione sobre su cama, con unas bragas de encaje negro y esos labios rojos succionando esa parte de su cuerpo que le transmitía electricidad placentera. Pero la detuvo con sólo tocar su quijada, necesitaba toda su energía para ella. Se recostaron mirándose, el rubio la besó tiernamente; no tenía prisa, esperaba darle todo el deleite a Hermione. Ella daba ligeros respingos al sentir los labios de Malfoy por su cuello, bajando hacia sus senos y tomándolos con su boca y sus manos. No pensaba detenerse ahí.

Sintiendo como la morena arqueaba la espalda de placer y, satisfecho con la reacción, continuó su recorrido hasta llegar al abdomen y, al escuchar los gemidos que la castaña, muy sutilmente, trataba de contener y que liberaba sujetando con entre sus dedos el satin de la sábana; muy despacio, Draco bajó la ropa interior de Hermione y sintió la tibieza que emanaba su intimidad, la humedad de su sexo. Con su mano masajeó esa zona de placer palpando con cada pliegue de Hermione, que tomó la cabeza del rubio instándolo a que bajara.

Él le dirigió una sonrisa ladeada viendo, con malicia, como la castaña perdía el control. Sostuvo ambas piernas con sus hombros e introdujo su lengua allí, recorriendo ese centro por el que Hermione no pudo contenerse más y gimió. Malfoy recorrió con su amplia lengua cada parte de la intimidad de Hermione bajando hasta el punto donde se daba la unión con su otro agujero; ella explotó de placer al tacto y Malfoy se regodeó saboreando el fruto de su goce.

Ambos se sentaron sobre la amplia cama. Hermione se acomodó frente a Malfoy, tomando su erección entre sus manos, para guiarla hacia el lugar más deseado. Una vez alcanzada la entrada, Hermione se dejó caer sobre ella.

Todavía se encontraba muy mojada, por lo que subía y bajaba sin inconvenientes, mientras el Slytherin la sujetaba por las nalgas y se dejaba hipnotizar por el movimiento de los pechos de la Gryffindor. Su estrechez hizo que la erección de Draco se ampliara, lo que produjo un mayor placer en Hermione. Los sonidos emitidos por ambos los excitaban un poco más.

Los ojos grises de Malfoy no cabían de satisfacción disfrutando la vista de la castaña sobre él y tomó acción sobre su cuerpo. Viendo cómo Malfoy mordía su labio y besaba sus pechos, incrementó la velocidad de su movimiento de manera exponencial, besando a Malfoy y ahogando sus gemidos en su boca. Se contrajo pronunciando su nombre

—¡Ohhh Draco!...—ambos estallaran de placer al mismo tiempo.

Terminaron agotados, fundidos en uno solo.

Cuando Draco despertó, sintió el olor de la melena de Hermione quien estaba abrazada a su pecho respirando relajadamente.

—¿Hermione? —preguntó en voz baja, para verificar si ella continuaba dormida

—¿Si, Draco? —respondió con voz perezosa revolviéndose entre su pecho.

Malfoy dudó en hacer la pregunta que mortificaba su cerebro y no le permitía conciliar el sueño nuevamente, por lo que, prácticamente, susurró:

—¿Y ahora qué?

Granger solo sonrió y continúo durmiendo en el pecho de su Slytherin.


Hola.

Esta es mi primera historia con escenas Lemon, espero que te guste.

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Sta Granger