Between Two Worlds.

Hola, quiero decirles que este es el primer fanfic que hago, me he leído muchos últimamente y por cada que me leo me dan más ganas de crear uno, así que aquí está, al menos el primer capitulo que se podría considerar un prologo, meh, en fin, solo espero que le den apoyo y no sean tan duros conmigo *llora*.

Naruto, su historia, personajes, etc, no me pertenecen, pertenecen a el creador Masashi Kishimoto.

Leyenda.

- Blah Blah. - Diálogo humano.

- Blah Blah. - Pensamiento humano.

- Blah Blah. - Diálogo de algún ser sobrenatural.

- Blah Blah. - Pensamiento de algún ser sobrenatural.


Cap #1: Conociéndonos.

Naruto Uzumaki, un niño de actualmente 8 años, está escapando de una gran multitud de personas dispuestas a hacerle daño, estas personas son aldeanos y ninjas de Konohagakure no Sato, la razón por la que quieren acabar con el pequeño es por que hace 8 años exactamente, un zorro de 9 colas llamado Kyūbi No Yōko desató gran destrucción en la aldea, provocando perdidas tanto estructurales como humanas, además de la muerte de el Yondaime Hokage y su esposa tras sacrificar su vida y sellar al Kyūbi en un recién nacido. Cada 10 de octubre los aldeanos celebran la "derrota" de el demonio de 9 colas; para muchos es un día festivo más, pero para Naruto es un infierno, ya que los aldeanos que no saben diferenciar un pavo de una gallina, intentan masacrar al pequeño rubio pensando que es una reencarnación de el Kyūbi y que en cualquier momento desatara caos y destrucción. Obvio termina con graves heridas, a veces al borde de la muerte, pero gracias al poder de el zorro, este se recuperaba rápido.

Volviendo a donde Naruto, este se encuentra acorralado por los aldeanos en un callejón sin salida y sin muchas energías de seguir huyendo. De pronto lo que parece ser un ninja, lanza un kunai atravesando la pierna de el chico, cayendo ante la acción y quejándose del dolor, no tardando en llegar el resto.

- ¡Ahí está el demonio, a por él! - Gritó un aldeano seguido por los demás, - ¡Es hora de terminar lo que el Yondaime no pudo! - Gritó otro.

- Nhg… Kurama-nii, no puedo más, ¡lo siento! por más que me enseñes… esto es demasiado. - Dijo en un gemido de dolor refiriéndose al zorro de quien se había hecho amigo y lo consideraba su hermano mayor.

- ¡NO TE RINDAS KIT! - Gritó el zorro desesperado al no poder hacer algo asertivo.

Los aldeanos dieron con el moribundo pequeño que por no tener más energías decidió ceder a la perdición, quizá así reencarnaría en una vida que pudiera llamarla como tal.

- ¡Hasta aquí llegaste demonio! - Dicho esto empezaron a linchar al pequeño, dandole patadas en el estomago, puñetazos en la cara, y algo de cortaduras con las armas, el rubio solo tenía la vista perdida, la mirada perdida, con lagrimas saliendo a mares rememorando los poquísimos momentos felices que tuvo. "No debí existir… " fue su apotegma.

Un hombre sacó una botella de sus ropajes, y en esta lo que parecía ser algún aceite inflamable, en su otra mano tenía encendida una improvisada antorcha acercándola al rostro del niño.

- Vás a arder, ¡aquí y en el infierno!… - Citó con una sonrisa sádica al final, la prominente llamarada se reflejaba en los azules ojos de la víctima, haciendo que sus pupilas se encogieran; empezó a rociar al pequeño con el aceite.

- No tengo otra opción… - Manifestó el zorro para sus adentros mientras ponía sus manos en posición de rezo, y entonces una silueta roja rodeó al pequeño y esta haciendo lo que parecía ser una cola, sus ojos se coloraron de un rojo brillante y obscuro, sus cejas y pestañas se tupieron, su iris de desgarró haciéndolos como los de un felino, sus "bigotes" se hicieron reales, le salieron grandes colmillos y sus manos se volvieron unas garras, sus heridas empezaron a sanar rápidamente.

- ¡Qué mier…! - El verdugo no pudo terminar al recibir un arañazo de el niño en la cara para después sentir una patada en el estomago que lo sacó volando, impactando contra la pared y aterrorizando a los demás aldeanos y ninjas. La botella y la antorcha habían caído juntas, creando una ráfaga de fuego detrás del niño, y así un cuadro perturbador era contemplado por los atacantes que empezaban a sudar frío.

- ¡SE SALIÓ DE CONTROL! - Gritó despavorido.

- ¡No se detengan! - Dijo uno seguido por los otros dispuestos a atacar al pequeño, este uso su cola de chakra para golpear a tres al mismo tiempo, mientras se lanzaba a un ninja desgarrando su pecho, haciéndolo caer para después saltar y aplastar su cabeza destrozándola por completo, horrorizando a los presentes que estaban atónitos. La masacre continuó aún con lo acontecido, de una cola se convirtieron en dos; el rojo marrón dominaba la paleta de colores y los sonidos eran crujientes y desagradables que a la vez eran opacados por gritos aterradores.

Ya al final, quedaron lo que parecía ser una pareja que se abrazaban aterrorizados con una extraña mancha en la entrepierna por la escena y la mirada asesina de el niño quien se acercaba lentamente a ellos, cuando estuvo lo suficientemente cerca, pudieron sentir su aliento acelerado y entrecortado con sed de vísceras.

- ¡P-púdrete! - Gritó el hombre con claro terror y falso valor. El rubio hizo una última sonrisa macabra mostrando sus grandes colmillos para después usar sus dos colas y atravesar el pecho de los restantes.

El chakra rojo se empezó a desvanecer en burbujas, y el rubio volvió a la normalidad aparentemente, este no sabía ni qué había pasado, estaba aturdido y débil.

En ese momento llego una hermosa mujer de cabellos rubios pálidos amarrados en dos coletas, tenía unos hermosos ojos ámbar, vestía lo que parecía ser una gran chaqueta verde con el kanji de "apuesta" escrita en un circulo rojo en la parte trasera, debajo lleva una camisa gris de estilo kimono sin mangas que se ajusta por una faja azul que combinaba con su pantalón, su camisa tenía un gran escote dejando ver sus pechos copa DD, terminando con unas sandalias de tacones altos.

La rubia se acercó al sitio por evidentemente haber escuchado una completa masacre, cuando se asomó a uno de los callejones vio a un niño caminando sin rumbo con la mirada perdida, notando que estaba completamente lleno se sangre, el pequeño se caracterizaba por tener una playera blanca de manga corta con un remolino rojo, seguido de una verde de manga larga por debajo de la blanca, con unos shorts azul obscuro y sandalias shinobi azules, este a pesar de la obscuridad de la noche se le notaban unos ojos azul cielo, un cabello rubio dorado y con 3 respectivas marcas en cada mejilla.

El rubio calló agotado, la mujer corrió alertada hacia él creyendo que estaba herido debido a la sangre excesiva en su ropa, esta lo revisó y confirmó que no tenía herida alguna, la sangre parecía ser de alguien más, pero aún así estaba muy débil, observó el entorno buscando respuestas, entonces el pequeño dio un gemido de dolor, sin más decidió llevárselo a su casa hasta que se recuperase.

Lugar desconocido.

Al día siguiente, nuestro protagonista despierta con los rayos de el sol dándole en la cara, abriendo los ojos lentamente se percata de que está acostado en un suave colchón matrimonial, boca arriba, volteando al techo, a un techo desconocido.

- Otra vez en el hospital… - Suspiro. - ¿Eh? - Espera, ese no era un hospital. - Kurama-nii, ¿estás ahí? - Pensó tratando de comunicarse con su inquilino - ¡Kurama-nii! - Dijo esta vez alzando la voz sin obtener respuesta, así que decidió levantarse. Su marco era una recamara bastante sencilla pero ordenada y amplia, la luz natural le daba la iluminación perfecta, no sabía la hora pero asumía que ya era mediodía. Salió a un pasillo igual de extenso, y fue guiado por un muy familiar olor para el rubio, ramen. Bajó por las escaleras hacia el origen de la esencia para enseguida tener un leve sonrojo cuando vió a una hermosa rubia haciendo de comer, el ojiazul agitó su cabeza saliendo se tu trance para acercase lentamente, la rubia se percató de esto y volteó a saludarlo.

- Hola, Naruto-kun. - Dijo saludando con una tierna sonrisa al confundido rubio.

- ¿C-cómo sabes mi nombre? - Preguntó aún confundido.

- Mmh…, eso no importa, por ahora sería mejor presentarnos adecuadamente. - Sentenció con una sonrisa dejando de lado sus actividades y dirigiendo su postura hacia el niño. - Mi nombre es Tsunade Senju, pero puedes llamarme Tsunade, o Tsuna, o… Tsu-chan, hmhm, no importa. Tengo 23 años, odio a los pervertidos y me encantan las apuestas; en un futuro me gustaría casarme y tener una familia para poder gozar de la tranquilidad. - El ojiazul se sonrojo más por lo linda que actuó que por la vergüenza de presentarse.

- E-eto, m-mi nombre es Naruto Uzumaki, tengo 8 años, me encanta el ramen, odio que me digan demonio, ¡y quisiera ser Hokage para ser reconocido y proteger a mis seres queridos! - Lo último lo aseveró con mucho entusiasmo alzando el puño al aire, apenándose enseguida por ello. - ¿P-por qué no me crea desconfianza? - Pensó.

- Hmhm, muy bien Naruto, ven, siéntate que ya hice la comida. - La mujer tomó la mano de el rubio y lo dirigió al comedor. La rubia sirvió algo de ramen en dos platos, se estiró para darle el plato al ojiazul quién se sonrojó al ver el escote de la mujer, mientras se llevaba el suyo y se sentaba en la mesa delante de el chico.

- Vamos, come, debes tener mucha hambre. - Dijo hospitalaria la ojiambár.

- Y-yo mh… n-no tengo hambre. - El rubio estaba nervioso. Obviamente, era muy raro, de hecho, nunca había pasado que alguien fuera tan hospitalario con él, y menos cuando se acaban de conocer, por lo que no sabía cómo reaccionar. Así que la mujer le dedicó una tierna sonrisa para después levantarse y recargarse sobre la mesa a la derecha del niño, tomando los palillos le llevo algo de ramen a la boca de este.

- No seas tímido Naru-chan.- El rubio abrió la boca y comió el ramen. - Eres tan lindo, no sé por que te ven como un demonio. - Dicho esto le deposito un tierno y cálido beso en la mejilla de el chico quien tuvo un fuerte sonrojo. - Kawaii. - Pensó la rubia.

- ¿T-tú t-también me ves como u-un d-demonio? - Titubeo el chico con un aura de tristeza y decepción volteando a ver a esos orbes color oro.

- ¡Claro que no Naru-chan! Yo a diferencia de esos aldeanos sé que no eres la reencarnación de el Kyūbi, eres un niño muy lindo, eres ¡Naruto Uzumaki! - Esas palabras acariciaron el demacrado corazón de Naruto, se sintió como en las nubes. Sintió un hormigueo dentro de su rostro, y sus labios empezando a trepidar.

- E-eeh… mh a-arigato… - Osciló sintiendo suaves lagrimas saliendo de sus ojos y deslizándose en sus mejillas, de esas gotas que salen sin dificultad pues no las quieres evitar. La adulta lo abrazó cálidamente, sanando esas heridas que no se ven, que solo se pueden curar con… amor.

Al final terminaron de comer y se fueron a la sala donde se acomodaron en el sofá para seguir conociéndose y llevándose mejor cada vez más. A Naruto le encantaba la forma tan maternal con la que lo trataba la hermosa mujer, como una Madre que nunca tuvo, el aura tan cálida que desprendía, parecía como si lo estuviera abrazando y diciéndole que nada le iba a pasar nada estando cerca de ella, después de el infierno que pasó, esto sin dudas era el paraíso, además hay que añadir de que seguía sonrojándose cuando sus ojos y el gran busto de la rubia se cruzaban, su inquilino pervertido le estaba afectando un poco.

En cambio con la rubia de igual forma se sentía feliz, el pequeño rubio le recordaba mucho a Dan y Nawaki, personas de suma importancia para la ojiambár que murieron en la guerra, la Segunda Guerra Mundial Shinobi para ser exactos, al perder a estas personas tuvo una vida no muy buena desde entonces, apostando y perdiendo, viajando sin rumbo, tomando sake como si su vida dependiera de ello, básicamente una vieja alcohólica y depresiva, por lo que quiso enderezar ese camino volviendo a Konoha y tratar de obtener la familia que siempre ha anhelado.

Aunque le dolió mucho enterarse de como maltrataban a un niño de 7 años (8 actualmente), por lo que quiso estar junto a el para protegerlo, y helo aquí, sentado enfrente suyo con una sonrisa de oreja a oreja, de verdad le sorprendió de que por lo que ha pasado, sigue teniendo humanidad y bondad, no estaba quebrado emocionalmente y seguía sonriendo a pesar de todo.

Naruto por primera vez se sintió cómodo y escuchado al hablar con alguien que no sea el Sandaime Hokage, un señor ya grande a quien consideraba su abuelo, este siempre cuidaba y mantenía económicamente al pequeño rubio, o al menos lo intentaba, ya que debido a su puesto como Hokage este no pasaba mucho tiempo con Naruto, desatendiéndolo bastante. Además del abuelo está su hermano mayor Kurama, con quien básicamente ha compartido toda su vida; fue quién le ayudo en lo básico de la vida como escribir, caminar, hablar, y cuando empezó a crecer lo puso a hacer entrenamientos, poniéndolo en condición, al menos para sobrevivir. Por último los dueños del puesto de Ichiraku Ramen, quienes le proporcionaban un lugar dónde comer, sin preocuparse de que si la comida estuviera envenenada, le cobraran el tiple, o que lo echaran y de una forma no muy amigable (a patadas).

Tal vez era una amiga más para Naruto, pero él pensaba que era alguien mucho más especial, alguien que lo protegerá y cuidará para siempre.

Después de varias charlas, la sala quedo en un cómodo silencio; la Senju decidió romperlo con una pregunta.

- Y bien… ¿qué fue lo que sucedió ayer? Naru-chan. - Preguntó esperando saber por que ayer lo encontró en ese estado, el ojiazul bajó la vista y cambió su expresión a una de tristeza que no pasó desapercibida por la Senju, Naruto estaba dudoso pero por lo que la rubia demostró, tuvo la confianza y habló.

- Y-yo lo único que recuerdo fue que estaba tranquilamente en mi refugio, cuando escuche una explosión cerca…- Sus ojos se empezaron a humedecer - Fue c-cuando escuche gritos de mucha gente diciendo cosas como "Hoy será el final de el niño demonio" ó "Acabaremos con el Kyūbi y salvaremos a esta Aldea". - Varias lagrimas recorrieron sus mejillas por lo que la Senju se acerco para abrazarlo y acurrúcalo en su pecho, El Sandaime le contó sobre el niño así que si bien no conocía toda la historia a detalle, sabia que los aldeanos lo odiaban y repudiaban básicamente desde que nació. - Después me empezaron a perseguir con intenciones asesinas, al f-final me capturaron y me empezaron a t-torturar. - Decía con la voz algo quebrada. - Luego no sé que me pasó, quede inconsciente y no supe nada más. - Dicho esto el ojiazul empezó a llorar en silencio en el cálido pecho de la mujer.

- Tsuna-chan, estoy cansado de que todos mis cumpleaños sean un infierno, estoy cansado de siempre tener que correr para al final terminar herido y casi muerto. - Dijo entre sollozos. - Estoy cansado de recibir miradas de odio todo el tiempo.

- Tranquilo Naru-kun, desde hoy eso ya no va a pasar, por que yo voy a estar a tu lado, para protegerte, tu vas a ser muy grande y fuerte, vas a ser el shinobi más poderoso de todos los tiempos, serás hokage y les vas a demostrar quién eres en realidad. - Dijo con una sonrisa cálida, aun que en el fondo quería hacerles pagar a esos bastardos.

- ¿Lo dices en serio? - Preguntó mientras alzaba la vista. - Claro que sí, Naru-kun. - Hizo más fuerte el agarre y le dio un tierno beso en la frente. Luego de un rato el rubio se calmó un poco, entonces la ojimiel le tomo la barbilla para alzar su cabeza y mirarlo a los ojos.

- ¿Sabes? Te voy a dar un regalo de cumpleaños. - El rubio automáticamente sonrío de ojera a oreja. - Espera aquí. - el rubio asintió mientras la mujer se iba a lo que parecía ser una pequeña biblioteca.

Pasó rato y regresó con un pergamino, la ojiambár lo extendió, canalizo algo de chakra para luego aparecer en una cortina de humo lo que parecía ser un tipo de arma o abanico, estaba casi de el largo de Tsunade, esta estaba compuesta por dos mitades de forma circular unidas en el centro, tenía pintados en sus bordes interiores tres tomoe en cada lado de la parte superior, también tenía un tipo de hoz conectada a una cadena que se fijaba en el mango.

- Aquí tienes tu regalo Naru-chan, sé que es un poco grande para ti pero cuando crezcas sé que lo podrás usar adecuadamente. - Dijo la rubia seguido de el ojiazul. - Wow, ¡gracias Tsuna-chan! - La rubia se agachó a la altura de el rubio quien se lanzó hacia ella para darle un fuerte abrazo. - ¡Muchas gracias Tsuna-chan! - Dijo mientras le daba un beso en la mejilla a la ojiambár. - ¡Kya!, eres un amor. - El rubio empezó a lagrimear de alegría, definitivamente al fin tenía a alguien quien le cuidaría, ya no iba a sufrir más, Tsunade era la luz de su vida.

El día pasó rápido y Naruto quedó dormido, la rubia lo llevó a su cama y esta se fue a bañar y cambiar, Naruto despertó por un momento, vio que estaba solo, entonces volvió a intentar comunicarse con su inquilino, nuevamente y después de varios intentos no pudo, así que solo decidió seguir durmiendo, de repente sintió un calor agradable y dos grandes y suaves montañas tocar su espalda, el rubio se ruborizo un poco, la rubia quien llevaba ropa cómoda abrazo a Naruto por la cintura y se arroparon con la cálida cobija.

- Descansa mi Naru-kun. - Le susurro la oljiambár y le deposito un dulce beso en la mejilla de el rubio para después entregarse a los brazos de Morfeo.


Mi primera historia, de todas, acepto críticas de todo tipo, que sean constructivas obvio, espero y les guste y le den Fav pronto, no quiero morir ignorado, en fin hasta luego, te ha hablado Dross y te deseo… buenas noches (^ - ^) /.