Este fic pertenece a la #kiriasuweek2017

Día 6, tema (?


Mar, abismo sin retorno•

El mar encanta, el mar mata, conmueve, asusta, también hace reír, y a veces desaparece...

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Asuna, él te escoltará hasta Japón...

¿Padre quiere explicarme porqué no puedo viajar en un barco de pasajeros como lo haría la gente común? ¿Y qué sabemos de este tipejo? ¿Por qué le encomienda usted la seguridad de su única hija?

Más respeto, milady... este «tipejo» tiene nombre, y créame es el marinero más experimentado que usted puede conseguir en estas tierras...

¡Encima es un insolente! ¿Lo oye? ¡Padre, usted pretende que...!

—Este tema está zanjado, Asuna... y así como ves, este joven es la persona más idónea para realizar el trabajo. Ya he pagado cada moneda de oro por este viaje, así que no hay marcha atrás...

¡N—No puedo creerlo!

Kazuto perdona a mi hija... A veces Asuna actúa como una niña mimada...

¿Ni-niña mimada...?

Me doy cuenta, milord. Pero no se preocupe... mi temple está perfectamente preparado para tratar con la señorita...

¿Lo has oído Asuna?

¡Me largo de aquí!

¿Asuna...? ¿Asuna que haces? ¡Regresa aquí!

...

Te ruego que dispenses los modales de mi hija, Kazuto... es una buena niña, solo algo caprichosa... Toda la vida ha hecho su santa voluntad sin que su madre o yo nos opusiéramos a ello... Es una heredera después de todo por lo que jamás se le ha negado nada...

Jejejeje, no tiene que darme explicaciones, milord... sabré como «lidiar» con ella sin problemas...

Eso espero... Y recuerda por favor, mantén este viaje en secreto... si alguien de...

No debe preocuparse, en memoria de la amistad que mi padre tenía con usted guardaré todo en el más profundo anonimato. La heredera estará a salvo en mi nave... y llegará sana y salva a costas japonesas.

El sol brillaba en el cielo europeo, era verano uno muy húmedo y caluroso para variar. Kazuto se arremangó la mangas de su camisa hasta los codos para trabajar con más libertad y siguió ajustando las amarras de la embarcación. Por el rabillo del ojo creyó advertir cierto tumulto que se formaba en el puerto y alzó la vista curioso.

Trató de esconder la sonrisa que se formó en las comisuras de sus labios inútilmente al ver el espectáculo; por la explanada, directo hacia él venía caminando la joven heredera que sería su pasajera muchos días, seis meses en específico. Su particular elección de vestuario; vestido pomposo rosa, sombrero de ala ancha y sombrilla de encaje del mismo color, llamaba la atención entre tantos marineros rudos que cargaban pesadas cajas, y piratas feos que recorrían el lugar buscando emplearse, los que miraban embelesados semejante aparición.

Si esa era su idea de pasar desapercibida iba por muy mal camino. Para un viaje en barco pirata no era necesario ir vestida al último grito de la moda inglesa. Pero ese era un detalle que la heredera ignoraba.

Detrás de ella caminaba un escuálido negrito cargando lo que parecía ser una maleta de viaje, la que se veía pesada. La muchacha se detuvo ante la embarcación de Kazuto mirándole casi con aburrimiento.

Lady Yuuki —la saludó desde su posición, en el inglés que su padre le había obligado a estudiar, se quitó su propio sombrero haciendo una reverencia burlona —Bienvenida al que será su medio de transporte por el próximo tiempo...

¿Se quedará allí o me ayudará a subir?

Sí, esa era la explosión de carácter que esperaba. Riendo entre dientes le hizo un gesto, indicándole la escalerilla de madera que conectaba el puerto con la nave —Por favor prosiga, milady... —no le pasó por alto la manera en la que los ojos ambarinos de la heredera se abrieron de aprensión al notar como el artilugio se sacudía de un lado al otro —Venga.

Ella le disparó una mirada asesina por debajo de su sombrilla y afianzando un extremo de su vestido con su mano libre se aventuró por la escalerilla. Kazuto no apartó la vista cuando vio sus pies calzados en aquellos primorosos zapatos de lujo, y mucho menos cuando descubrió el encaje de sus medias de seda, rió en voz alta viendo como intentaba mantener el equilibrio a la vez que sujetaba su parasol... Por supuesto no podía ascender sin sostenerse, sin sujetar su sombrilla, y sin apartar el ruedo de su falda.

Siguió carcajeándose viendo como se enredaba a mitad del ascenso.

Creo que ese no es un vestuario adecuado para navegar, milady...

¡Cállese y venga a ayudarme!

Kazuto no deberías ser tan poco civilizado con nuestra pasajera... —un muchacho pelirrojo que llevaba una pañoleta gitana ocultando su largo cabello se asomó por el extremo opuesto, y viendo con desaprobación al joven que seguía muy cómodo desde su posición, se aventuró por la escalerilla tendiéndole una mano a la atribulada muchacha —Disculpe a nuestro capitán, milady. Siempre actúa como un salvaje cuando se encuentra ante un rostro bonito...

¡Eso no es cierto!

Sin proferir más palabra, el marinero de un tirón depositó a la muchacha en la cubierta, y fue a buscar su maleta, dejándola allí frente a su anfitrión. El rostro de la chica estaba ruborizado y sudoroso, se notaba que el vestido le ceñía en esa absurda moda que las mujeres usaban y apenas podía respirar. Su cabello rojo era un tumulto de rizos que le llegaba a los hombros y tenía rostro de adolescente así como le hubo parecido cuando la conoció en su casa paterna semanas atrás. No parecía tener más de diecisiete años. Era una niña.

Kazuto se le acercó sonriendo de lado —Bienvenida al "Yggdrasil" —contra todo pronóstico la muchacha estalló en pequeñas risitas —¿Que es tan gracioso?

¿Yggdrasil? —repitió con entonación suave. Nada quedaba de esa señorita estirada y picuda de antes —El Yggdrasil es el árbol de la vida... ¿Alguna coincidencia? ¿O solo está tratando de decirme que su embarcación cuenta con un don especial?

Aturdido de que ella hiciera chiste de una de las cosas más sagradas de un pirata como lo era su querida nave, la expresión de Kazuto se endureció —Quizás me refiera a que será una suerte si logra llegar a destino con vida... —dijo mordaz. No poniendo especial atención a sus palabras.

No le preste atención, lady Yuuki — el pelirrojo de antes se hallaba a su lado. Ahora que la pasajera lo veía con atención se notaba transitando a final de la veintena, había arrugas pequeñas en torno a sus ojos y parecía amable y comprensivo —El capitán es un poco receloso pero es buena gente —tocó el equipaje —Llevaré esto a su camarote.

¿Tendré camarote? —no pudo evitar preguntar con sorpresa.

Ya le dije que no somos unos salvajes… ¿quizás prefiera dormir junto al resto de la tripulación? —sonrió de lado —Mis hombres no han visto a una mujer en meses… —dejó la frase en suspenso para que ella misma comprendiera.

Y lo hizo, los ojos avellanos de la heredera se abrieron de aprensión y sus labios se torcieron en un bonito puchero, su sombrilla se movió bajó la presión de sus manos y Kazuto se dio cuenta que se estaba conteniendo de no gritarle unas cuantas verdades.

Ese vestuario no es el más indicado para navegar, milady… Le sugiero que vista de un modo más… rústico… —dio un paso hacia ella —Empezando por esto… —antes de que pudiera prever su acción Kazuto le arrancó la sombrilla de las manos y acercándose a la borda arrojó el delicado objeto a las aguas.

¡Ahhhh! ¿Que diablos hace…?

Una de las reglas del Yggdrasil es deshacernos de la carga que no es necesaria… —le comentó con cierto aburrimiento.

¡Pero mi sombrilla! ¡Es una original «Lady Mylton» hecha con encaje de bruselas…! —protestó inclinándose sobre la borda y sacando medio cuerpo hacia afuera—¡Vaya a buscarla!

Kazuto rió ante su orden, se reclinó a su lado apoyando la espalda contra el casco de la embarcación pareciendo muy relajado —Todo lo que cae en el mar es considerado inservible y desechable, milady… En otras palabras, lo que cae en el abismo, en el abismo se queda…

¡Pero mi sombrilla!

Ni siquiera la necesita… ¿no usa también un sombrero?¿Tal vez milady desea que éste corra la misma suerte que su parasol?

Ante sus palabras malintencionadas la joven se enderezó de un salto y se sujetó el ala de su gorro —¡Atrevido…! —siseó bajo su lengua.

Cuidado con sus palabras, recuerde que está bajo mi tutela por seis meses…

Sin responder a su provocación, se largó cubierta arriba por donde el marinero pelirrojo había desaparecido, dispuesta a investigar el barco, encontrar su camarote y esconderse allí todo el tiempo que le fuera posible.

Por supuesto, las pullas del capitán hacia su pasajera no acabaron ahí. Continuaron la primera semana, la segunda y la tercera de haberse hecho a la mar. La cuarta semana finalmente ella dejó de responderle y se dedicó a hacer cualquier cosa que la mantuviera alejada de él. Paseaba por la cubierta cuando lo sabía encerrado en su camarote estudiando sus libros de navegación, o deambulaba por la embarcación intentando comprender el trabajo de los tres marineros a bordo que, junto al insufrible capitán, la acompañaban en su travesía.

Ryoutarou era el pelirrojo que llevó su equipaje y la guió a su camarote, era el primer oficial al mando y la mano derecha de Kazuto. De aspecto bonachón y simpático, buscaba su compañía porque la trataba con respeto, y descubrió en él a un valioso aliado. Siempre que se hallaba en su compañía el joven capitán prescindía de sus comentarios malintencionados, como si existiera un acuerdo tácito entre ambos hombres.

Kyouji, apodado "Spiegel" era un joven de apenas veinte años, de aspecto enfermizo y taciturno. Apenas hablaba, y se movía silencioso y huidizo por la cubierta como una sombra flotante. A la heredera le inquietaba un poco la actitud del maestre, parecía que siempre estaba detrás de ella vigilando sus movimientos, siguiéndola con sus pequeños ojos pardos como si fuera su guardián… ¿Tal vez el capitán le ordenara mantenerla siempre vigilada? Ella no podía saberlo, y aunque su actitud la exaltaba pronto se acostumbró a él.

Agil era el cocinero de a bordo, aunque también cumplía las funciones de un contramaestre y todo lo que echara en falta dentro de la nave. Era un hombre alto, robusto, de piel negra como la noche. Pero era muy respetuoso y amable, siempre acogía a la chica en las cocinas y le hablaba de su tierra de origen, contándole anécdotas graciosas y entretenidas.

Y...

Kazuto era el capitán, alto, guapo, como esos héroes de fábula que leía en las novelas románticas. Tenía una presencia subyugante y un porte majestuoso. Se notaba en su mirar de acero la autoridad que tenía sobre el navío y los hombres que lo abordaban. Asuna consideraba que era joven, no tanto como Spiegel, pero su edad no pasaba de la mitad de la veintena. Era atractivo y era bien consciente de ello, de otra forma no se pavonearía con tanta arrogancia frente a ella.

De todas formas, ella se sentía bastante segura con los tres marineros, más que con el capitán, con sobrada razón, los tres a su modo la cuidaban y la trataban con el respeto propio de un caballero, lo que el joven de ojos de acero y sonrisa pícara evitaba a toda costa con sus comentarios que siempre le ponían los pelos de punta.

Sin embargo el lugar favorito de Asuna era la cocina. Cuando se encontraban a solas, Agil le dejaba preparar algún bocadillo. A pesar de ser una señorita de sociedad, ella sabía bastante del arte culinario e intercambiaba opiniones con el grandote quien con cierto escepticismo recibía sus consejos.

Tal vez por verla deambular por toda la nave por centésima vez como bola sin manija que Agil le dio la oportunidad de que le ayudara a cocinar para su patrón. A ella no le hizo mucha gracia, pero prefería hacer algo para mantenerse ocupada que cruzarse a la deriva con él.

Gracias al calor excesivo que flotaba en cubierta, al mar abierto calmo y al cielo sin nubes, había prescindido de su corset y falda pomposa, vistiendo tan solo una blusa holgada y un enagua que apenas le cubría los talones. El húmedo calor hizo de las suyas y antes de que pudiera prepararse el capitán entró a las bodegas buscando que comer. Cuan grande fue sorpresa al hallar a la chica allí con los brazos embadurnados de harina, luciendo tan linda y suelta, vistiendo un liviano conjunto, acompañando una sonrisa.

La que no iba dirigida a él, de hecho cuando Kazuto andaba por el exterior era ella quien se encerraba en su camarote hasta que estaba segura que no habría de molestarle.

¿Que hace ella aquí? —preguntó con tono autoritario —¡No puede estar aquí…!

No sabía que era una prisionera dentro del barco —respondió intentando limpiarse los restos de masa cruda de sus manos.

Yo la dejé entrar aquí, señor. La pobre muchacha se aburre…

No es mi culpa — se atajó —¿Quizás milady prefiera que la ponga a limpiar los suelos de la cubierta? Les haría falta una buena fregada ya que Agil no puede hacerlo todo por si mismo…

Estoy segura de que mi padre no le pagó para que me convierta en su esclava —aventuró airosa enfrentándole con petulancia.

Su padre nunca especificó el manejo que habría de darle dentro de mi embarcación, milady… —le mostró una sonrisa retadora, antes de que su nariz se frunciera graciosamente y olisqueara en el aire. Su expresión completamente nueva —¿Qué es eso que huele tan delicioso?

Desconcertada ante el súbito cambio de tema, se guardó la respuesta ácida que iba a darle.

Lady Asuna estuvo horneando pan para hacer sandwiches —respondió el grandote que había seguido el intercambio de palabras con ambas cejas en alto, no entendiendo ni jota.

¿Sandwiches? —repitió con sorna —¿Así que lady Asuna sabe cocinar?

Envalentonada con contestarle unas cuantas verdades, la joven abrió la boca, pero fue inmediatamente silenciada por el cocinero quien viendo la tormenta que se estaba gestado le tendió a su capitán una bandeja a rebosar de los mencionados bocadillos.

Milady ha hecho varios para toda la tripulación…

Con cierta renuencia extendió la mano y tomó uno del montón, lo observó minuciosamente e incluso lo olisqueó algunos segundos.

No le puse veneno aunque hubiera sido una grandiosa idea… —comentó ella de pronto. Se limpió las manos y con desdén propio se abrió camino hacia el exterior —Puede ocuparse del resto Agil…

Ese atuendo es más adecuado para una travesía tal, señora —le mencionó con un risita, porque más que una heredera parecía una sirvienta con esas fachas. Ella le clavó toda la furia de sus amielados ojos y prosiguió su camino.

Kazuto la observó salir como tromba de las cocinas, siguió contemplando el emparedado entre sus manos con el ceño fruncido hasta que finalmente mordió un extremo con desconfianza. Al cabo de dos segundos se lo comió de un bocado y ya estaba manoteando otro de la bandeja, devorándoselo en cuestión de segundos.

El capitán debería ser más amable con lady Asuna… —mencionó el grandote con acento conciliador —Ella es apenas una niña que de buenas a primeras ha sido obligada a viajar con piratas sin más compañía que la de su alma…

No sé a que te refieres… —comentó esquivo.

El capitán Kazuto no dejó que ella abordara con una doncella como dictan las reglas…

Le prometí a su padre la mayor discreción de que ella viajaba con nosotros… sabes que los miembros de aquel navío olisquean el aire que nos rodea… y sería peligroso enredarnos con más pasajeros de los deseados…

El señor Shouzou debió prever esos detalles antes de abonar el viaje… Aunque con tanto problema, ni siquiera ha pensado en esa minucias...

Él aún no liquida la deuda que tiene con ellos, y teme, con sobrada razón, que éstos arremetan contra su hija…

Lady Yuuki no sabe palabra de eso ¿cierto? — interrumpió una voz extraña detrás de ambos, y Kazuto se giró con la boca llena, pálido del susto.

Spiegel… ¡No andes tan sigilosamente!

El muchacho sonrió de lado —Así me entero de todo lo que ocurre, señor. Como que por ejemplo que ahora mismo, Ryo está enseñándole a nuestra huésped como tejer una red de pesca.

Tercer mes en alta mar, y la heredera ya se sentía parte de esa tripulación. Se levantaba al alba para ayudar a Agil con el desayuno y el resto de los alimentos, luego Ryo estaba empecinado en enseñarle a leer los mapas y la brújula por lo que pasaba tiempo bajo su tutela, ambos sentados en la cubierta bajo la sombra de las velas, como maestro y aprendiz; o tal vez relatándole costumbres de los piratas y del mar que ella escuchaba regocijada y divertida, con sus ojos grandes y alegres bebiendo lo que el marino le narraba.

Todo bajo la atenta mirada de Spiegel, quien luego se lo transmitía al capitán con la rapidez de un cotilla.

Después cuando Kazuto salía a cubierta, pasada la mañana, ella como por arte de magia se encerraba en su camarote hasta la tarde en la que aparecía con su sombrero de ala ancha y ya sea en la cubierta, o en la cocina, bajo la mirada de Agil estudiaba lo que Ryo le hubo explicado en la mañana.

A veces cruzaba una que otra palabra con el pelinegro, pero como la mayoría eran comentarios ácidos, lo cortaba tajante y se alejaba de él cual si tuviera alguna peste.

A estas alturas el capitán todavía consideraba divertido escandalizarla con alguna tontería, pero conforme iban transcurriendo las lunas,se daba cuenta que era el único dentro de la embarcación que no tenía trato con ella. ¡Si hasta el impávido Spiegel jugaba a los naipes con ella y le enseñaba a hacer trampa!

No quería reconocer que ese detalle le molestaba. Y mucho.

Esa mañana él había despertado temprano y en contra de su costumbre de quedarse a estudiar las rutas mercantiles y de abastecimiento, decidió salir a cubierta. Aquel era uno de los últimos días de verano, y la ligera brisa matutina auguraba una agobiante jornada.

Y allí estaba ella. Esa criatura de un metro sesenta de estatura que poseía el porte de una amazona, que llevaba su cabello libre de laca y que apenas le cruzaba los hombros. El constante sol marino había dado un matiz dorado a su piel anormalmente blanca. Otra vez había prescindido de esos vestidos voluminosos y usaba una combinación de enagua y camisola que parecía bastante vaporoso para una muchacha de su estirpe. Ni hablar, el género liviano delineaba sus curvas de modo inquietante.

Buenos días —la saludó ubicándose a su lado con expresión relajada.

Ella lo contempló con desconcierto, pero notando su buena predisposición saludó con educación —Buenos días capitán.

Kazuto.

¿Eh?

Me llamo Kazuto, dígame así.

El color de sus ojos adquirió un matiz dorado al clavar su mirada en él —Está bien —volvió a contemplar el mar que era una límpida línea que delineaba el horizonte —Kazuto.

No esperaba que un escalofrío recorriera su columna al oírle nombrándolo, pero así fue. El sonido melodioso de su voz trajo aunado un delicioso cosquilleo a sus miembros.

Usted es una persona madrugadora —dijo intentando alargar el hilo de la conversación.

Es imposible continuar confinada a ese camastro cuando la nave comienza a sacudirse…

Él rió levemente —Sé a lo que se refiere. Dormitar en el mar es toda una aventura… —la estaba viendo fijo casi sin darse cuenta, los holanes de su blusa dejaban sus hombros al descuido, su cabello flotaba libre con la brisa. Ahora que no tenía tenazas para rizarlo le caía lacio y bonito, como si fuera seda.

Con ese atuendo se le ve más cercana que meses atrás, milady.

Gracias, es lo único tolerable con este clima… — la muchacha esbozó una ligera sonrisa. Luego al notar que un ambiente raro se gestaba entre ambos, se impulsó hacia la derecha y dejó que sus pies se movieran en esa dirección —Que tenga buen día capit… Kazuto.

¿Por qué huía de él? Un momento estaba disfrutando de su compañía y al siguiente se precipitaba por la primer ruta de escape que descubría.

Suspiró frustrado. Se quitó su sombrero y se despeinó el cabello.

Debes dejar que se acostumbre a tu presencia —sonó una voz confiada junto a su oído que lo hizo saltar.

¿Quieres matarme de un susto? —replicó descubriendo el rostro divertido de su amigo.

El pelirrojo rió entre dientes —¿Interesado en nuestra huésped? ¿O en sus millones?

Ni uno ni lo otro… soy el único de la tripulación a quien trata como si fuera un bicho raro…

Fue tu culpa desde el inicio… haz hecho que la pobre chica piense que eres la persona menos fiable de toda la nave… —al notar que el capitán no respondía, Ryoutarou lo miró fijo alguno segundos para luego estallar en carcajadas —¡Te interesa!

¿Qué? ¿De qué diablos hablas?

No sé si se trata de un interés romántico, pero la pequeña heredera no te es indiferente.

Por supuesto que no me es indiferente, soy hombre y sé reconocer un rostro bonito… Pero no la veo de la manera que crees… Sólo… sólo me causa curiosidad. Desde que lady Yuuki pisó la nave ha pasado por varias fases de metamorfosis… Empezó siendo la arrogante damita que impone su voluntad, pasando por la huérfana que no sabe que hacer en un sitio que le es desconocido, hasta convertirse en la dama pirata… Estudia los mapas y las rutas mercantes con precisión, y absorbe todo lo que ocurre como si fuera una esponja…

Sí que la has observado bien… o debería decir Spiegel ha hecho un excelente trabajo…

Ella se ha reinventado a si misma…

Como todo pirata ¿o no? No podemos negar que los genes están en su sangre.

La noche estaba pesada y húmeda, se había dado un baño en la tarde, pero el calor era sofocante y otra vez se sentía sudorosa. La sensación fresca hacía tiempo que se había perdido de su piel. No podía dormir, las sábanas las sentía pegajosas, y se encontraba a medio camino de un adusto mal humor.

Tomó una camisola limpia, y tras quitarse la enagua que a veces usaba como falda ligera, se cercioró que la prenda que vestía le cubriera al menos a la mitad de los muslos, abrió con cuidado la puerta de su camarote y espió al exterior.

No se oía el más mínimo ruido. Pasaba de media noche y la cubierta debiera de estar vacía. Salió de sus aposentos y caminó bajó la plateada luz sobre los tablones que apenas crujieron bajo su peso.

Contempló de derecha a izquierda. Nadie. A esa hora no había nadie y se alegraba.

Se acercó a uno de los extremos del navío y observó hacia abajo; hacia esa masa de agua negra que apenas se movía. Hacia tanto calor que el océano estaba calmo y sosegado. Dejó las prendas que había llevado en el suelo, y encaramándose a un extremo antes de pensarlo con más detenimiento se lanzó en caída libre hacia el mar.

El agua fría la acogió en su seno cuando se hundió al caer, y rápidamente la levantó llevándola hacia la superficie donde pudo aspirar una larguísima bocanada de aire. Suspiró gozosa tras llenar sus pulmones de aire, y se peinó el cabello hacia atrás. La blusa flotó a su alrededor como un par de aletas y ella rió ante la sensación refrescante que la recorrió por entera. Había sido una locura lanzarse a mar abierto en plena noche, pero no se arrepentía.

Contempló la luna que bañaba todo con una plateada claridad y suspiró satisfecha.

Hace una bonita noche —sonó una voz.

La joven alzó la cabeza y recorrió toda la cubierta del barco con los ojos buscando al atrevido que osaba interrumpir su baño, pero no encontró nada.

Estoy aquí, milady…

Miró por sobre su hombro y distinguió la silueta del capitán que retozaba a unos metros de ella. Como acto reflejo, Asuna se llevó la mano al pecho para protegerse. Miró hacia abajo.

No se le ve nada —se rió.

Obviando su tono burlón, se alejó hacia el casco del barco sin dejar de sujetar la blusa contra su cuerpo —¿Qué hace aquí?

Lo mismo que usted, la noche es infernal, un baño es la solución más rápida.

Ella asintió, empero el bochorno de que ese hombre la viera saltar de la borda usando algo tan ligero, la ruborizó de pena.

Ha-hace demasiado calor… —agregó tratando de seguirle la corriente —El clima está insostenible… — los ojos plateados del marinero la veían fijamente, sin pudor y parecían traspasar a través de ella.

Es un mal augurio —él se movió un poco en su dirección y Asuna advirtió que estaba completamente desnudo. Apartó la vista apretando la mano contra su pecho —Esto sólo significa que se avecina una tormenta… —la joven seguía con la vista entornada —¿Qué ocurre?

Le suplico que salga del agua inmediatamente...

¿Por qué? Yo llegué aquí primero, salga usted si cree que no puede estar a gusto conmigo —nadó hacia ella sonriendo cínicamente.

Es un pervertido… —siseó escandalizada y retrocedió para poner espacio entre ambos hasta que una ola ligera la hizo perder el equilibrio arrastrándola y estampándola contra el casco del barco a sus espaldas. El repentino movimiento la mareó, pero cuando fue consciente de todo se encontró apresada por los brazos del capitán, quien con absoluta firmeza la mantenía a flote.

¿Te encuentras bien, Asuna…?

La muchacha parpadeó ¿en qué momento le había dado el permiso de que rompiera el protocolo y la llamara por su nombre? Además… ¿qué era esa sensación eléctrica que sentía allí donde sus manos la sujetaban? Si ella lo detestaba… Ese hombre era cruel y prepotente, nunca tenía una palabra amable… todo era burla e ironía…

Sin embargo, contra todo pronóstico encontró sus ojos de plata brillando peligrosamente cerca de su rostro y el magnetismo fue tan intenso…

Estoy bien… Esa ola me tomó desprevenida… —agradeció que su voz no saliera con la tembladera que afectaba su cuerpo. Un suave vaivén de las aguas y pudo sentir por entero la humanidad de quien la cobijaba.

No deberías lanzarte al mar si no sabes nadar… —la mano subió por su cintura hasta enredarse en su cabello. La voz de Kazuto había sonado más cerca, su aliento le rebotó en la mejilla ocasionando que se estremeciera como nunca antes lo había hecho en sus diecisiete años de vida.

¿Qué era esa maldita atmósfera? ¿Esa necesidad de sentir más de su piel y experimentar si el tacto de sus labios era tan delicioso como aparentaba? ¿Era el mar? ¿Ese coloso que se extendía en todas las direcciones y los arrullaba en su seno llevándolos a dónde la marea dictaba?¿Esa era su magia?

He pasado gran parte de mi niñez en el barco de mi padre, no seré un marinero experimentado pero… él me ha enseñado a nadar.

Asuna sintió que su voz salió más pequeña e íntima. Con horror descubrió que en algún momento sus manos habían trepado tras la nuca del capitán, quizás por temor a hundirse. Sus cuerpos se hallaban prácticamente pegados. No sabía que pensar. Alzó la mirada, él se encontraba allí a escasos milímetros. Cerró los ojos y dejó que la naturaleza rugiera con toda su indómita fuerza. Cerro los ojos, su barbilla se alzó ligeramente, y su boca se secó esperando…

Esperando un contacto que nunca llegó.

Así como Kazuto se había acercado sigilosamente a ella, de la misma forma la dejó ir. Puso distancia bruscamente entre ambos y la soltó.

No es aconsejable que nos vean aquí abajo —la voz del muchacho salió sin emoción.

Asuna en cambio se sintió terriblemente estúpida… ¡Se había ofrecido olvidando todo lo que su posición representaba! ¡Ella era una heredera! ¡Debía romper corazones, no dejar que un marinero de dudosa reputación la enredara en sentimientos que no comprendía!

Kazuto se dio cuenta que la atmósfera entre ellos había cambiado. Era su culpa, él lo había propiciado. Suspiró con pesar. Empero compuso una mueca que intentó ser divertida —Si vas a permanecer más tiempo aquí, ten cuidado con los tiburones… Pégame un grito de ser necesario…

Asuna no le respondió, observó como nadaba hasta alcanzar la escalerilla oculta en el casco del barco, y de un ágil salto se encaramó para subir. Cuando las aguas fueron descubriendo sus hombros, espalda, y mas abajo de la estrecha cintura masculina, ella apartó la mirada con bochorno. Más él terminó de ascender muy campante sin importarle el espectáculo que le estaba dando.

El cuerpo del marinero se adivinaba firme. Hermoso. Asuna nunca había visto un hombre desnudo en su vida.

Se apretó las mejillas notando que las tenía absurdamente más calientes, recordó las palabras de Kazuto, y aunque sabía que allí no había tiburones no pudo evitar seguirle los pasos y subir también por aquel artilugio.

Él había dicho que se avecinaba una tormenta.

Dos días después de aquel extraño episodio Asuna despertó con el sonido del viento azotando el ojo de buey de su camarote, desde allí pudo ver como la marea subía y bajaba. Era una sensación extraña y no parecía llevarse muy bien con su estómago. El suelo se movía y escuchaba al viento silbar de un modo nefasto.

De pronto la puerta de su habitación de abrió y Kazuto entró trayendo consigo un poco de agua.

¡Es una tormenta! —le dijo como si ella aún no se hubiera dado cuenta —Por favor quédate aquí hasta que venga a buscarte ¿está bien?

La manera vehemente en la que la miró cuando dijo aquello, y en como sus ojos parpadeaban afligidos le recordó al muchacho que evitó que se ahogara esa vez en el mar, no muchos días atrás…

Luego de esa situación Asuna había empezado a evitarlo con más alevosía. Bastaba con saberlo cerca para que un tremor hiciera presa de ella, se llenaba de nervios y a veces se ruborizaba. Él no parecía darse cuenta porque no hacia burla de ella, y siempre que le hablaba se le veía sincero. Y en cierta forma, culpable…

¿Quizás se arrepentía de lo que casi ocurrió entre ellos?

No me gusta estar encerrada cuando puedo estar sobre cubierta ayudando a los demás —le dijo con firmeza.

No hay nada que una dama como tú pueda hacer.

Esa afirmación caló hondo en el ánimo aventurero de la chica —Por favor… déjame aunque sea estar allí… ¡Prometo que no molestaré!

¡He dicho que no! ¡Es peligroso! Aún para nosotros que somos marineros experimentados cada tempestad es un asunto de vida o muerte…

Ella fue tras él y como última medida lo sujetó del hombro, su ropa estaba húmeda denunciando lo cruento de allá afuera —¡Kazuto!

Contra todo pronostico, él se giró hacia ella, y tomando su rostro con manos temblorosas estampó un beso desesperado en esos labios anhelantes que clamaban por él.

La caricia no duró más que unos pocos segundos, aunque se sintió eterna para la chica, que aún después de que Kazuto se alejara seguía experimentando el calor de su beso en los labios.

No quiero que te ocurra nada Asuna… —otra vez volvía a llamarla sin la parsimonia acostumbrada. Pero esta vez había un pequeño cambio; no había rastros de burla o sátira en su voz. Sonaba sincero —Quédate aquí ¿está bien? Yo mismo vendré a buscarte cuando todo acabe… —delineó con el pulgar el tembloroso labio inferior de la heredera y salió del camarote.

Tiempo después en lo que la pelirroja se deshacía en rezos y plegarias por la gente de allá afuera, la puerta volvió a abrirse, y un vendaval de agua entró a la habitación, anunciando la llegada del muchacho que estaba hecho sopa, pero que sonrió animoso al verla.

La tormenta está amainando —le dijo y se hizo hacia atrás cuando ella saltó a sus brazos, feliz de verlo bien y en buenas condiciones. Ninguno supo quien estuvo más sorprendido por las acciones de la chica, si él o ella.

Pero lo cierto fue que Kazuto abrazó a Asuna contra su cuerpo y sin perder el tiempo volvió a buscar sus labios para saciarse sin pausa de ellos.

Corría el quinto mes en el mar cuando ambos descubrieron que pese a sus desencuentros, no eran ajenos al otro. Pero por temor a lo que podía decir el resto de la tripulación optaron por mantener la relación que apenas estaba floreciendo en secreto.

Asuna, quien estaba acostumbrada a lidiar con pretendientes, jamás había tenido un novio, y creía que amarlo a escondidas era algo perfectamente normal para una chica de su clase. ¿Y como no, si cuando Kazuto la besaba sentía que flotaba en una nube? Nunca consideró qué tipo de vida llevaba el capitán más allá del 'Yggdrasil' quizás tenía novia, o una familia... ella no lo sabía, pero estaba tan abrumada por ese hombre perfecto que le decía cosas bonitas al oído, que francamente nada le importaba.

Paseaban por la cubierta durante las noches cundo sabían que todos dormían, o bajaban a mar abierto para nadar un poco y refrescarse. Luego cada uno se retiraba a su camarote tras una larga sesión de besos que a Asuna la dejaban anhelante y consciente de querer más.

Él sabía como desarmarla y dejarla a su merced con solo unas pocas caricias.

Estoy pesando atracar en las costas asiáticas para abastecernos… luego de la tormenta tuvimos que aligerar la carga, y casi no nos quedan provisiones… —le decía Kazuto en voz baja.

Era de mañana y corría una brisa otoñal, saldo que la tormenta anterior había cernido sobre ellos. Se encontraban en la proa del barco, ambos mirando al mar azul que se abría ante ellos a medida que lo atravesaban.

La mano de Kazuto casualmente acarició la mano femenina que descansaba a su lado sobre la cubierta del barco —¿Quieres descender y adquirir algo para ti?

Ella negó con la cabeza —Todo lo que necesito se encuentra aquí conmigo…

Él se apenó un poco por su respuesta, miró hacia atrás y viendo que nadie mantenía la atención puesta sobre ellos, besó la mejilla de Asuna.

¿No quieres algún vestido adecuado para este súbito cambio de clima?

Ella negó con una risita —Puedo usar cualquiera de los míos… no debes ponerte en gasto Kazu.

Cada vez que ella lo llamaba así sentía ese hormigueo agradable en su columna. Ella era tan hermosa… no quedaban rastros de la señorita petulante que conoció cinco meses atrás. Se había reinventado a sí misma como una mariposa rompe su crisálida y extiende sus alas por primera vez.

No demoraré mucho iré con Ryo. Si quieres bajar al muelle puedes pedirle a Agil que te escolte —no podía hablar sin tocarla, por eso acomodó los mechones de cabello rebelde tras su oído. Pese al aire salino, su cabello seguía siendo suave al igual que su piel levemente bronceada.

Ten cuidado —le advirtió trazando con las yemas de sus dedos la barbilla cuadrada del muchacho.

Lo tendré —besó su mano sin apartar la mirada de ella, y finalmente se giró hacia sus hombres, adentrándose en cubierta —Ryo baja la barcaza, cuanto más pronto repongamos las provisiones más rápido podremos partir…

Asuna tuvo una sensación extraña cuando le oyó decir aquello, pero rápidamente la desechó. Observó descender con soltura a los marineros, y no sabiendo que hacer se dedicó a mirar por la borda en dirección al pueblito costero cuyas costas se veían con suma actividad.

Había transcurrido un cuarto de hora y se dio cuenta que se había dormitado con los brazos apoyados en el casco del barco. Sentía el cuerpo entumecido por haber sucumbido a los efectos del sueño en esa posición. Se paró, se desperezó ruidosamente y cuando se giró para ir a las cocinas y comer algún bocadillo se encontró con Spiegel que estaba muy cerca de ella, con esa expresión apática de siempre.

Se sujetó el pecho riendo con bochorno —¡Spiegel me asustaste! —no lo conocía del todo pero esa sensación de incertidumbre que él le inspiraba la ponía siempre en un estado de alerta. El muchacho era extraño.

Éste no le respondió inmediatamente, la contempló fijo —¿Crees que eres diferente para él? ¿Qué no se olvidará de ti cuando cumpla con la promesa que le hizo a tu padre…?

Yo… —titubeó —Yo no sé a que te refieres…

¿Sabes que los piratas tienen un amor en cada puerto? —añadió sin entonación —¿Que tendrías tú que te hace diferente a las otras mujeres a las que les ha jurado su amor? ¿Por qué a ti?

Asuna frunció los labios no sabiendo que decir.

Lo único que el capitán quiere de ti es tu fortuna.

No es cierto…

¿Te ha jurado amor? ¿O te ha hablado de sus planes una vez que lleguemos a Japón? —ella se mordió el labio y bajó la mirada. Aquello era cierto, él nunca mencionaba palabra de un futuro juntos; todo era aquí y ahora —El próximo paso será asegurarse que puede hacer lo que quiera contigo… y te llevará a su camarote… no para observar el techo precisamente…

¿Por qué me dices estas cosas?

Porque así es como el capitán actúa...

¡Spiegel! —la voz de Agil censuró lo que iba a continuar diciendo. En pocos pasos el cocinero estuvo al lado de ambos —¿Sucede algo? —preguntó al notar la expresión rota y confundida de la chica.

Le relataba a milady algunas leyendas del mar, como la del Leviatán esa bestia gigantesca… Y creo que la asusté un poco…

¿Lady Asuna?

Estoy bien Agil, sólo… sólo iré a descansar un momento… —sin darle tiempo a réplica, la muchacha tomó un extremo de su vestido y se alejó hacia su camarote dispuesta a pasar allí todo el tiempo que pudiera.

Cuando Kazuto regresó esa misma tarde con las provisiones, el recuerdo de esa charla con Spiegel se convirtió en un eco sin mayor importancia. La buscó en su habitación para darle lo que había comprado para ella. Asuna reprimió la risa cuando advirtió que entre los artículos que le había obsequiado se hallaba una sombrilla de encaje; no tan lujosa como la que tenía, pero la intención era innegable.

También adquirió algunos vestidos de tela más abrigada, y otras prendas delicadas que al descubrirlas la llenaron de rubor. Él pensaba en cada detalle con una seguridad que la dejaban pasmada.

Nunca un hombre le había obsequiado algo.

Entonces cuando Kazuto la besó de ese modo tan suyo y maravilloso, sepultó todas las preocupaciones en algún baúl en el fondo de su mente. Sus labios eran diestros y demandantes, exigían una respuesta que no tardó en llegar. La despojó del chal que gracias al clima caprichoso mantenía en sus hombros, para tener más acceso a ella, para poder rodear su cintura, o deslizar los dedos por su corto cabello sin dejar de besarla.

Y cada vez que lo hacía Asuna se sentía perdida, subyugada por ese oleaje de sensaciones que él provocaba en ella. No le cabían dudas; Kazuto era un hombre experimentado en el arte del amor, sabía como besarla, y la intensidad que debía usar para abrazarla.

Ven conmigo… —le susurró al oído con voz ronca. Al minuto siguiente se encontraba dentro del camarote del capitán. Asuna era la primera vez que entraba; era más grande que el suyo, y con cierto lujo también.

Él no la dejó inspeccionar demasiado, la envolvió en sus brazos y con ese arte consumado del que se creía maestro, le enseñó las diferentes caras del placer, y le hizo el amor.

«No te llevará a su camarote para que veas el techo precisamente…»

Desnuda entre esas sábanas de algodón no podía dejar de pensar lo que Spiegel le había augurado tan solo el día anterior, y que había tardado menos de veinticuatro horas en cumplirse.

Habían hecho el amor… o mejor dicho, Kazuto le había hecho el amor a ella con una algarabía y un recelo que se sentía morir de placer cada vez que él la tocaba.

Y ahora se encontraba a solas en esa cama que no le pertenecía, preguntándose porque la había dejado sola, cuando ella era una muchacha inexperta que no tenía idea de como comportarse luego de haberle entregado su cuerpo y su virginidad al hombre que amaba… Ese hombre hermoso y diestro que con paciencia encendió sus sentidos, que la desinhibió de su bochorno, y le enseñó a amar.

Ese hombre que era más experimentado que ella en todo sentido.

Recogió su ropa del suelo y fue poniéndosela mecánicamente. Evitó mirar el lecho y ya se dirigía a la puerta, cuando esta se abrió de golpe dejando pasar al dueño del camarote, que al verla se lanzó a ella.

Buenos días preciosa, no esperaba que te levantaras ya, tenía la remota esperanza de yacer contigo un poco más… —besó su frente con suavidad notando como Asuna se apenaba —¿Dormiste bien?

Ella asintió con renuencia —¿Por qué me abandonaste tan pronto?

Él suspiró con cierto pesar —Una tempestad viene camino hacia acá… de haber sabido que tendríamos que atravesar otra tormenta hubiera optado por continuar atracado en el puerto y zarpar después…

¿Es peligroso?

Mucho —la miro fijo —Quédate aquí ¿está bien? Le diré a Agil que te suba un desayuno liviano…

Kazuto…

Todo estará bien —le sonrió y aproximándose le comió la boca de un beso demandante. Que seguramente de no ser por la gravedad del asunto que atravesaban hubiera sido el preámbulo a algunas horas de amor.

Cuatro horas después y la tormenta encontraba a la pequeña embarcación. La sacudía de un lado al otro sin misericordia; el mar se licuaba, se retraía y se alzaba con ímpetu llevándose consigo al barco que parecía un cascaron de nuez abandonado a la deriva. No había forma de estabilizarlo.

Asuna se aferró de la mesa que oportunamente se encontraba clavada al suelo y rogaba que por más movimientos bruscos su estómago no saliera expulsado por su garganta. Oía silbar al viento, junto al concierto de los truenos y relámpagos que caía encima de ellos.

Me necesitan. Asuna no dejaba de repetírselo, conforme la nave se movía de forma poca natural, se alzaba para luego caer en caída libre. Era una sensación horrible.

Abrió la puerta y cerró tras de sí, y se aventuró por el pasillo. Apenas podía ver, la cortina de agua pegaba con fuerza y hacía la visibilidad casi nula. Aun era media tarde, pero el cielo estaba oscuro como si fuera de noche.

En cubierta todos corrían desaforados, enrollando las velas, moviendo los palos, ubicando el peso de las cosas conforme el mar se agitaba. Guardando lo que no era indispensable en las bodegas.

¿Qué haces? —le gritó Kazuto cuando la vio tiritando en el puente.

¡Quiero ayudar! ¡No puedo estar encerrada y segura sabiendo que tú estas aquí…!

Era increíble que por sobre el ruido del agua y los truenos pudiera oírla. Dio dos zancadas hasta donde se encontraba la muchacha y la besó raudo en los labios varias veces. Al parecer sin importarle que los otros marineros atestiguaran sus acciones —No hagas nada estúpido… —le susurró —Y quédate donde pueda verte…

Asuna trató de ayudar en lo que podía, pero lo cierto era que no tenía la fuerza ni la astucia de ellos, además su ropa se había empapado por completo y le impedía moverse con soltura. Buscó amparo bajo el palo mayor y con firmeza rasgó una parte de la falda, liberando sus piernas por encima de las rodillas.

¡Milady es peligroso que esté aquí! —Agil le gritó mientras sujetaba el mástil que se sacudía como pluma al viento.

Asuna alzó la mirada, pese a que las velas estaban plegadas los mástiles se movían inmisericorde ante la fiereza del ciclón.

¡Estoy bien! —le gritó.

Ryoutarou apareció a su lado y colocó unos utensilios en sus manos, a grades gestos le pidió que los guardara en la bodega. Era su forma de mantenerla lejos del puente de mando, pero consciente de que los ayudaba de alguna forma.

Poco a poco la cubierta fue quedándose vacía, pero la tormenta no amainaba. Con cada segundo que corría la tempestad se iba haciendo más y más inmanejable. El mar se sacudía de un lado al otro, las olas alcanzaban alturas insospechadas y monstruosas, y el barco trataba de evadirlas o cortarlas.

Es imposible… —Asuna escuchó nítida la voz del capitán y cuando se giró hacia él, el barco se tambaleó de manera tal que el palo mayor crujió horrible sobre la cabeza de la chica —¡Asuna cuidado…!

El grito le quedaría grabado en el subconsciente para siempre. El mástil se quebró a la mitad, uno de los extremos cayó limpiamente al mar, la otra parte se zarandeó de izquierda a derecha sin control, golpeando a Asuna en el pecho con tanta fuerza que la lanzó al océano antes de que ella pudiera sujetarse de algo.

¡ASUNA…! — Kazuto largó el timón ante la escena que acababan de presenciar sus ojos y corrió a la escotilla dispuesto a lanzarse a las aguas. El mar estaba negro de furia, no se oía ni se veía nada —¡ASUNA… IRÉ POR TI!

¿Estás loco? —Agil lo agarró con fuerza. Allá en el puente de mando el pelirrojo había tomado el timón y hacía lo posible por estabilizar la nave —¡No puedes cometer una tontería tal!

¡Déjame ir! ¡Déjame ir…! ¡ASUNAAAAAAAAA…! —se sacudió, pataleó para que el grandote lo soltara —¡Tengo que rescatar a Asuna…!

Agil no decía palabra seguía aferrando con furia los brazos de su amigo y capitán, en tanto éste se retorcía buscando liberarse —Debe estar asustada allá abajo… déjame ir… déjame ir…

Kazuto… —Agil habló por primera vez a su oído —El mar está picado… y ésta es realmente una de las peores tempestades que hemos atravesado… Nadie saldría con vida tras una caída como esa… Y lo sabes.

¡No…! ¡No, no, no…! ¡Mientes! ¡ASUNAAAAA…!

Es inútil ella no está viva Kazuto…


.

«Tres años después»

—¿Piensas pasar otra noche más encerrado en esta pocilga y oliendo a mil demonios?

—No me molestes Ryoutarou, si no te gusta mi compañía ve a otro lado.

—Lo que estás haciendo contigo no me gusta… —le respondió francamente —Tengo una idea… ¿Por qué no vamos al antro que maneja Sakuya-sama? Por ahí alguna señorita te levanta el ánimo…

—Esta noche no tengo ganas.

El pelirrojo miró a su amigo con seriedad, pronto su expresión se bañó de tristeza. Recordó —¿Hoy se cumplen tres años de su desaparición?

Kazuto no respondió, se llevó a la boca la botella de agua ardiente y le dio un trago —Quiero estar solo.

El pelirrojo no dijo palabra, salió de la habitación de su amigo y en el pasillo se revolvió el cabello. Estaba preocupado por Kazuto, y francamente no sabía que hacer para ayudarlo. Jamás lo había visto tan mal por una mujer. Pero ésta no era cualquier mujer; era la heredera de un pequeño imperio, que fue su huésped en el Yggdrasil, y con quien mantuvo un fugaz romance… Aunque considerando la expresión devastada del muchacho no había sido algo fugaz.

Recordaba esos días con pesar, luego de que la muchacha desapareciera en el mar a causa de una fatalidad, Kazuto se había convertido en un ser vehemente y desesperado. Buscó a la chica como loco por muchos días, y se negaba porfiadamente a aceptar la realidad: nadie, ni siquiera un pirata bien preparado, podría sobrevivir a una tempestad en alta mar.

Aún ahora, tres años después de aquello, se negaba a asimilar lo ocurrido.

—Debo hablar con Eugeo… debe haber alguna manera de hacerlo volver en si… tiene que reaccionar.

Dentro de la habitación, Kazuto le dio otro sorbo a su bebida, y como era su costumbre soltó aquel nombre que le desgarraba las entrañas.

Asuna…


Nota:

si que me ha costado traer este fic!

Muchas gracias a Chocola_neko por la portada! yo no tenía tiempo de hacer la imagen para este fic, ella me hizo esa preciosidad.

En fin… dudas(? Ya saben donde encontrarme!

Este fic tendrá máximo 3 capitulos aparte de este.

Gracias por leer.

Sumi Chan~