Este fic pertenece a la #kiriasuweek2017

Día 6, tema (?

•Mar, abismo sin retorno•

El mar encanta, el mar mata, conmueve, asusta, también hace reír, y a veces desaparece...


II —

La brisa que lo recibió al poner los pies en el puerto era fría. La mañana apenas empezaba y el manto melancólico de la lluvia sumía todo en un estado gris y brumoso.

El que hacía acopio de su estado de ánimo.

Descendió casi a rastras por el puentecillo, atrás de él bajaba un hombre de color, serio, portando un baúl. Ambos con expresión inescrutable que ponía en evidencia la gravedad del asunto que debían abordar.

Allá varios metros sobre la explanada se encontraba una pequeña comitiva, encabezada por una elegante dama de mediana edad, guapa aunque vestida de negro, que los veía con cierto recelo. Detrás de ella algunas personas tenían paraguas, pero otros, así como la dama en cuestión, se protegían de la inclemencia del clima con sus sombreros.

Los dos marineros avanzaron hasta ella sin titubear; hasta que el más joven, cuya cabeza estaba descubierta se inclinó. Su voz fue un remedo de su usual vigor.

Lo siento mucho...

Sus palabras se perdieron entre la lluvia y la brisa que inmisericorde revoloteaba entre los allí congregados.

Luego le hizo un gesto al hombre de color que estaba detrás y sin mediar más palabra este depositó el baúl en el suelo frente a ella.

Otra vez el joven volvió a reverenciarla, abrió la boca aunque sus palabras se las llevó el viento.
La dama tras oírle se desarmó en llanto, sus rodillas se doblaron y abrazó el baúl. Pareció no importarle la gente que detrás de ella la contemplaba con evidente pena.

La barbilla del joven marinero tembló al contemplar la escena, musitó otro par de palabras silenciosas. Y luego dándole la espalda, se alejó del puerto seguido de su fiel sirviente.

Esa fue la única vez en su vida que vio a Lady Kyouko Yuuki.


— En verdad ya no sé que hacer con él, Eugeo-san...

— Ryo, no te preocupes ¿Qué ha pasado con el navío?

— Agil aún sigue con la idea de rematarlo, la verdad es que es preferible eso a que siga juntando ratas en el puerto... Lo mejor es darle un nuevo uso... No es un barco tan antiguo, aunque el abandono de los últimos años ha hecho mella en la estructura...

— ¿Que piensa él de esa propuesta?

— No le interesa... Antes esa embarcación era su mundo, ahora ni siquiera le importa que sea refugio de piojos...

El joven lord rubio suspiró rascándose la cabeza — De momento no tomen ninguna decisión, déjalo en mis manos... —observó el largo pasillo precedido de puertas cerradas —¿Está en su habitación?

— Cómo todos los días. Solo sale en la tarde para beber un rato... En estas fechas se cumplía un nuevo aniversario de su muerte...

Eugeo endureció la mirada —Iré a verlo. Alice llegará de un momento a otro y no quiero que mi padrino le cause una mala impresión...

El pelirrojo sonrió forzadamente — La señorita Alice se escandalizaría...

— Por eso vine a ocuparme de Kazuto en persona, ya es tiempo que deje de comportarse como un crío... Toda su vida ha hecho lo que le plazca, y aquí tenemos las consecuencias... Él más que nadie debe entender que al mar hay que ofrecerle respeto.

El pelirrojo asintió con suavidad, Lord Eugeo no era marino pero era increíblemente sensato y juicioso. Esas cualidades habían hecho que mucho, mucho tiempo atrás adoptara a Kazuto como si fuera su hermano.

— Quizás si usted hubiera venido con nosotros durante esa travesía esa desgracia pudo evitarse...

— Hay episodios que están marcados por el azar Ryotarou, por más intervención de mi parte si la desaparición de esa niña era designio del destino, no había nada que hacerle...

— Explícame porque te dejas llevar hasta este punto... —murmuró el joven rubio frunciendo la nariz ante el aroma rancio que impregnaba el lugar. Abrió las ventanas de par en par, corrió las cortinas y dejó que la luz del sol y el aire fresco de la mañana penetraran en el recinto, dejándole ver la huella del desorden desagradable que había por doquier — En serio... ¿Qué diablos es esto? ¿En qué estabas pensando?

Sus palabras iban dirigidas hacia el durmiente que ocupaba la mitad del enorme lecho de sábanas revueltas. Las botellas vacías que decoraban el suelo junto a restos de comida le hicieron fruncir la nariz en desagrado. Este ni se inmutó ante sus palabras. El lugar se asemejaba a una pocilga, a un basurero.

Se acercó al lecho y levantó un extremo de las cobijas; la persona que allí roncaba ni siquiera se movió.

— Kazuto.

Nada. Solo el silencio más absoluto.

— ¡Kazuto!

Parecía completamente ajeno a su llamado. Dormido y roncando a pierna suelta.

— Kazuto, no me hagas tomar medidas extremas...

Al ver que la amenaza no surtía el efecto deseado, ya que el nombrado permanecía totalmente perdido en el mundo de Morfeo, el joven rubio salió de la habitación y volvió a entrar luego de varios minutos portando lo que parecía ser una cubeta a rebosar de agua. Se paró a varios metros del lecho y luego de medir la distancia, arrojó el contenido del recipiente sobre el cuerpo de su amigo.

Este reaccionó al instante, dando alaridos como si estuviera ahogándose en alta mar. Se sentó como un resorte sintiendo que tanto él como su cama estaban empapados por completo. Se secó el agua a manotazos del rostro y enfocó la atención en su amigo, en quién no había reparado hasta entonces.

— ¿Eugeo? ¿Eres tú? ¿Quieres explicarme qué diablos significa esto? — tocó su lecho pegajoso y húmedo — ¿Era necesario todo esto?

— Sí era necesario. Quizás ahora te dignes a ponerme un poco de atención.

El joven le miró ceñudo algunos instantes antes de alcanzar una vieja camiseta y secarse la cara. Ya con aquella nueva perspectiva, se giró hacia el tiradero que era su habitación y frunció la nariz en repugnancia — Que desastre.

— Al menos no has perdido el juicio común.

Kazuto decidió ignorar eso — Entonces ¿que te trae a mi humilde morada?

— ¿Olvidaste que fecha es hoy?

— Qu-e.

¿Acaso era una broma...? ¡Cómo no iba a recordar...!. El escucha lo miró seriamente; el gris de sus ojos casi vuelto negro. Una expresión dura e irascible pintada en su semblante antes calmo y tal vez adormilado. Frunció el ceño... Luego, lo suavizó y bajó la vista. No. Eugeo jamás usaría algo tan doloroso como eso a su favor. Debía tratarse de otra cosa...

Con rapidez el joven lord se dio cuenta enseguida de su error y se apresuró a enmendar sus palabras — Te dije que hoy llegaría Alice a Japón, esta noche iba a cenar con nosotros ¿recuerdas?

Kazuto rió sin humor — ¿Lograste convencer a la bruja de que se casara contigo?

— Aún no se lo he propuesto... — sonrió con añoranza viéndose nervioso, ignorando de llano como nombrara a su futura prometida — Planeo hacerlo esta noche...

— ¿Y me necesitas contigo para...?

— Eres mi amigo, mi hermano. Prometiste que estarías conmigo apoyándome cuando este momento llegara...Por otro lado, ¡ella debe conocer a mi padrino de bodas!

El joven de cabello negro ignoró la primera parte de sus palabras. Tenía que ver con una promesa tonta que realizaron de muchachos, un juramento romántico que encerraba damiselas, sonrojos y un flechazo... Ahora Kazuto ya no creía en nada de eso, el mar se había encargado de quitarle todo sentido a esa ilusión. Se levantó del lecho con ímpetu — Dile a otro que lo sea.

A Eugeo lo desesperaba esa actitud parca e indiferente de su amigo. Ryoutarou no exageraba cuando mencionó que su personalidad había cambiado un cien por ciento.

— Que no haya funcionado contigo... — refirió con suavidad, pero con voz resuelta sabiendo que la amistad que los unía le daba el derecho de ser franco, y hasta cruel con él — No significa que deba condenarme a ser infeliz, es egoísta de tu parte...

Eso desarmó su máscara de desgana y auto-conmiseración... Eugeo había estado a su lado cuando sucedió lo de Asuna... Lo fue a buscar al puerto cuando volvió de aquel horrible viaje, y lo llevó a su casa casi a la fuerza pues no hacía otra cosa más que llorar como un niño... No recordaba mucho de esos días, se la pasó dentro de una horrible burbuja de miseria y dolor... Alejado de todo lo que tuviera que ver con alta mar. Hasta ahora.

— Lo siento — dijo sintiéndose culpable — Tienes razón.

El joven rubio sonrió; encogió los hombros mientras metía las manos en las bolsas de su chaqueta — Además hay algo más de lo que quisiera hablarte. Creo que ya es hora de hacerlo.

— Adelante.

— ¿Que vas a hacer con el Yggdrasil? Ryo me comentó que aún sigue abandonado en el puerto y...

— No quiero saber nada de eso — lo interrumpió otra vez con sequedad.

— ¿Ni siquiera en nombre de Ryo o Agil? ¿No crees que ellos no merecen lo que le estás haciendo a ese barco? Ha sido su hogar tanto como lo fue para ti...

Kazuto sabía que no podía discutir ese punto. Eugeo tenía toda la razón, la vida de un marinero estaba ligada al mar, a la navegación. Para ellos fue cruel entender que ya no volverían a izar las velas de aquel gran navío...

— Ese barco solía ser tu orgullo y vanidad. Era tan grande, y colosal... Imponía respeto y hacía temblar a cuanta embarcación se le pusiera en frente... ¿recuerdas con cuanta soberbia me hablabas de él?

— ¿Y de qué sirvió sentirme invencible en el mar? ¿Si aquello que era como parte de mí se llevó todo lo que yo quería...? — estaba cansado de sentirse vulnerable, de que aquella herida nunca terminara de cicatrizar — Haz lo que desees con él.

— Voy a restaurarlo, y luego lo venderé.

— No me interesa.

Eugeo resopló frustrado. Quizás debería pedirle ayuda a Alice... La visión y la opinión de una mujer era diferente a como él veía las cosas; y Kazuto posiblemente necesitaba conocer a una nueva chica; alguien que lo sacudiera y lo sacara de ese estado letárgico. Suficiente duelo había hecho todos estos años... Sí, hablaría con su novia apenas tuviera oportunidad. Observó al joven que se alejaba por el pasillo y fue tras él — A primera hora de la noche en aquel restaurante, no lo olvides.

— ¿Vas a presentarme a la bruja? — sonó su voz que se alejaba seguramente para higienizarse un poco.

— Procura vestir formal — añadió ignorando su sarcasmo y observó el desastre que lo rodeaba otra vez, con obvio desagrado — Enviaré una doncella a que limpie esta pocilga.

Kazuto nunca vestía formal, aquello no iba con él, ni con la apariencia de pirata que usualmente portaba. Pero aquella noche no era Kazuto el pirata, sino un joven normal de la aristocracia occidental-oriental, que estaba allí para acompañar a su mejor amigo en el importante paso que osaba dar.

La cita era en un lujoso restaurante de corte europeo, famoso entre la nobleza japonesa que cada vez más consumía los gustos y costumbres occidentales. Aquel era el lugar recurrente donde la gente se daba cita para los eventos importantes; se podía decir que si algo trascendental debía ocurrir, sin duda pasaría allí.

Kazuto se acomodó el lazo de su corbatín y se sentó en la mesa que su amigo había reservado con antelación; el mejor lugar, una vista privilegiada. Aunque vestía demasiado formal para su gusto; chaqueta de terciopelo negra, camisa blanca... Hasta se había peinado con detenimiento para causarle una buena impresión a la bruja... No sabía porqué se refería así a la actual novia de Eugeo, pero no podía evitarlo.

Y este llegaba tarde.

El joven rechazó al mozo cuando fue a sugerirle una copa de vino, necesitaba estar sobrio. No iba a arruinar la noche de su hermano.

Finalmente quince minutos después vio venir al nombrado, en compañía de una jovencita agraciada de mejillas sonrojadas, hacia su mesa. Se puso de pie observando con curiosidad al par; sin duda Eugeo tenía un leve dejo narcisista... ¡esa chica podría ser su propia hermana! Rubia, de ojos azules, piel blanca...¡Era como una copia de él! Luego se burlaría de Eugeo en privado, reprimió la risita y se adelantó un paso hacia ellos.

— Buenas noches Alice-sama — se inclinó según la costumbre antes de que ella le ofreciera la mano, y al hacerlo la contempló entrecerrando los ojos. Usualmente las doncellas bajaban la mirada ante él, pero la rubia lo veía fijo sin pestañear — Es un placer.

Existía algo extraño en ella. Sí, era rubia de mejillas sonrosadas, y sí, parecía frágil y pequeña como una muñeca... Pero había algo magnético y atrevido en sus ojos, una mirada que una muchacha de la aristocracia no estaba bien visto que mostrara. Una voluntad de hierro que contrastaba con su aspecto frágil.

— El placer es todo mío, Kazuto-sama — le respondió en un japonés fuerte y duro. Claro, ella era de occidente y parecía recién estar aprendiendo el idioma. Se preguntó como había hecho Eugeo para conquistarla. Luego le preguntaría para mofarse un buen rato.

— ¿Ha tenido un buen viaje?

— Oh sí, un poco largo... viajar por mar es bastante agotador como usted sabe...

Kazuto arqueó las cejas mirando a su amigo con interrogación ¿a qué se refería con eso exactamente? Eugeó pareció de pronto muy incómodo.

— Por favor, siéntense — sugirió haciendo un gesto hacia la mesa. Esperó a que su amigo acomodara a su novia para tomar asiento. Notó que ella no cesaba de mirarlo con descaro — ¿Ocurre algo?

— No perdón, posiblemente me recuerda a alguien... pero es imposible... — sonrió cínicamente — Es la primera vez que lo veo, ¿verdad?.

Eugeo rió — Que tonterías dices, Alice. Debes estar cansada por el viaje, quizás no fue buena idea citarte aquí hoy.

— No hagas caso querido, estaba deseando verte — apretó su mano y le dedicó una mirada tierna.

Kazuto llamó al mozo mientras la pareja se dedicaba algunos arrumacos, observó la carta fingiendo interés, mientras sus pupilas no cesaban de estudiar a la rubia. Otra vez le parecía que había algo extraño en ella, vestía con sencillez como cualquier dama noble; un vestido azul de seda algo escotado, botines a juego y un sombrero pequeño y delicado entre sus rizos dorados. Era la estampa perfecta de la aristocracia, sin embargo... ¿porque se le antojaba que era una fachada fabricada por alguna habilidosa experta? Como si toda ella fuera una actriz componiendo el papel de heredera en una obra clásica.

— ¿Su familia vive en Alemania, lady Alice?

Ella alzó las pestañas — Así es.

— Habrá sido difícil para ellos dejarla partir a tierras desconocidas...

— Eugeo sembró paz y confianza en el animo de mi padre... — refirió acariciando la mejilla del rubio que fascinado la oía — Mi madre confía en su buen juicio.

Lo tiene comiendo de su mano.

— Oh sí, Eugeo aquí es alguien muy confiable.

— ¿Y usted tiene novia, Kazuto-sama?

— Alice...

El joven desvió la vista algunos segundos. Ella al contrario lo veía fijo, disfrutando y esperando su respuesta como si la supiera de antemano — No. Solo me dedico a mis negocios.

— ¿Y cuales son esos negocios, si me permite preguntar?

— Es empresario marítimo — respondió el joven lord antes de que él pudiera abrir la boca — Aunque de momento su empresa esta parada porque estamos haciendo algunas reformas a su navío...

Kazuto frunció el ceño. ¿Porqué no le decía la verdad?

— ¿Tiene un barco?

El rubio rió ante la forma en la que preguntó aquello, asintió — Así es.

— Me haría mucha ilusión conocerlo.

— Todo a su tiempo, cariño.

Kazuto no mencionó palabra, se mordió el labio con evidente frustración. No entendía porque aquella extraña mujer indagaba tanto, ni porqué quería conocer su barco. No pensaba dejar que le pusiera un pie encima...

Los platillos llegaron y momentáneamente la conversación giró hacia temas más frívolos como los negocios de Eugeo y el clima. La incertidumbre que esa mujer le causaba no le dejaba saborear la cena con calma. Deseaba que el rubio expusiera sus intenciones, para luego volver a su habitación y sumergirse en su cosecha de brandy personal, para olvidar lo ocurrido tres años atrás... Pero no podía dejar a su hermano en las redes intrigantes de esa bruja... Estaba seguro que su paranoia ahora sí tenía fundamento.

Kazuto tomó la botella de vino y la alzó para llenar la copa de Alice, cuando en el segundo siguiente soltó la mano y el recipiente, cayó por el costado de la mesa. Con unos reflejos envidiables, y a pocos centímetros del suelo, la mujer rubia agarró la botella con su mano y lo miró sorprendida... para luego darse cuenta de lo que estaba haciendo y dejó caer -por fin- el recipiente. La botella se hizo añicos y salpicó de vino el vestido azul de la confundida chica.

— ¡Kazuto! ¿Que diablos pasa contigo? — protestó Eugeo intentando limpiar la falda de su novia, mientras le dirigía miradas de reproche a su amigo.

Este fruncía los labios tratando de contenerse, ansiaba desenmascararla. Ahora no se equivocaba. Algo extraño había en ella. Ninguna mujer que él conociera gozaba de unos reflejos tan extraordinarios... Estaba convencido que Alice no era la tranquila y dulce jovencita que fingía ser.

Mientras la servidumbre se acercaba a limpiar el fruto de aquel altercado, en el otro extremo del salón se escuchó como un estruendo, seguido de pasos rápidos y voces ofuscadas que parecían estar discutiendo.

— Cariño no te preocupes — decía la rubia y añadió con un puchero — Ahora si me disculpas, necesito empolvarme la nariz e intentar lavar la mancha... — con energía se levantó de su sitio y se dirigió al servicio de damas que curiosamente quedaba en dirección de donde el tumulto aquel se producía.

— ¿Quieres decirme que ocurre contigo? — Eugeo se volvió al joven de cabello negro con cara de pocos amigos,

— Esa mujer está mintiéndonos a la cara. Estoy seguro de que algo esconde.

— Dices eso porque no te agrada.

— No, no me agrada. Está ocultándote algo, ¿No te das cuenta?

— Lo único que tengo presente es que mi mejor amigo está actuando como un demente...

No, Eugeo no iba a creerle. Estaba demasiado embobado con ella como para ver la verdad que palpitaba incordia ante sus ojos.

— Debo salir a fumar un cigarrillo un momento — murmuró viendo que no iba a obtener nada.

Eugeo resopló y le hizo un gesto vago de que hiciera lo que quisiera.

Kazuto se levantó y dio un rodeo por el salón, notando que el alboroto continuaba. Algunos meseros pululaban por el salón como si buscaran algo, mientras otros cuchicheaban entre ellos con pavor. Ignoró la extraña situación y con el cigarro entre los dientes se metió al pasillo que llevaba al servicio de damas. Entonces, al final del pasillo pintado de durazno, descubrió la silueta inconfundible de la novia de su hermano.

Alice se veía furiosa y parecía estar discutiendo con alguien. Pero como él se encontraba oculto tras la pared para evitar que ella volteara a verlo, no podía ver quien era su interlocutor. Pero a juzgar por como gesticulaba con sus manos, estaba realmente enojada. Se aproximó un poco, curioso de oír lo que decía.

— ¿Cómo permitiste que escape...? — la otra persona parecía estar diciendo algo entre susurros porque la voz de la rubia se elevó con absoluta histeria — ¡Voy a matarte! ¡Todo estaba saliendo bien...! ¡Esto arruinará todo...! — se mesó el cabello — ¡No me pidas que me calme! ¡Esto es tu culpa! ¿Cómo vamos a solucionarlo?

Kazuto escuchó pasos y se ocultó tras la pared. Al parecer aquello también sorprendió a Alice y a su acompañante misterioso, porque sus voces dejaron de oírse. Salió de su escondite y se apeó contra la pared. Como pensaba la rubia había desaparecido.

Lo poco que oyó lo desconcertó. ¿A qué se refería? '¿Cómo permitiste que escape? ¡Eso arruinará todo!' Sin duda, aquello sonaba como un plan... el que a juzgar por su exabrupto había fallado. ¿Pero a quien se referían? ¿Hablaban de Eugeo...? Pero eso no tenía mucho sentido... tenía al rubio comiendo de su mano. Tiró el cigarrillo, el cual nunca encendió, y se apretó las sienes. Al parecer su aventurera mente de pirata seguía latente y con ganas de seguir elaborando teorías.

Decidió volver a la mesa para notar con asombro que la pareja estaba de pie esperándole, como si estuvieran a punto de marchar. Como pensaba Alice se veía nerviosa.

— ¿Ocurre algo? — preguntó acercándose.

— Alice no se siente bien, así que la escoltaré hasta su hotel. Puedes quedarte si lo deseas, ya está todo pagado, y si se te apetece algo más puedes ponerlo a mi cuenta.

Asintió de modo inexpresivo y observó a la rubia — Espero que se recupere Lady Alice — besó la mano enguantada que ella le tendió — Y que no sea la última vez que tenga el placer de verla...

— Lo mismo digo — ella suspiró con pesar. Ahora no estaba actuando, se volvió al rubio — Eugeo, por favor.

— Sí, cariño — le dirigió una preocupada mirada y rodeando el talle de la chica la instó a caminar entre las mesas hacia las enormes puertas que se erigían al fondo del salón.

Kazuto los observó hasta que salieron del lugar. Volvió a tomar asiento en su mesa notando que el servicio se había llevado todo. La atmósfera dentro del restaurante seguía siendo extraña, como si algo malo hubiera ocurrido allí dentro. Los pocos comensales que quedaban hablaban en voz baja, el ambiente festivo que usualmente rodeaba el salón parecía haberse apagado.

— ¿Necesita algo más señor? — el mozo se acercó solícito a servirle.

— Una botella de brandy — iba a darse el gusto en gran manera — Y póngala a nombre de Lord Schuberg.

El sirviente se alejó a cumplir la orden, y Kazuto se echó hacia atrás en el respaldo de su asiento, mirando los ornamentos finos que cubrían el techo. De seguro Eugeo le iba a proponer matrimonio a Alice apenas la dejara a resguardo en su hotel, estaba seguro de ello. Y ella aceptaría, también podía asegurarlo con los ojos cerrados. Él debía encontrar la forma de frenar eso. No dejaría que su querido hermano se atara de por vida a esa arpía. Poco le importaba la idea de que estaba metiéndose donde no le concernía; Eugeo le había ayudado cuando volvió de aquel terrible viaje en el que murió Asuna... y él le ayudaría ahora, retribuyéndole el favor.

Asuna...

El sirviente regresó y dejó la botella solicitada frente a él junto a un vaso de cristal limpio. Abrió el tapón y se sirvió una generosa cantidad. Iba a llevarse el liquido a los labios cuando sintió un ligero jalón a su zapato, al cabo de unos segundos y al no experimentar nada más, lo atribuyó a su imaginación y volvió a sentir el mismo jalón, esta vez a la manga de su pantalón. No. No lo había imaginado, era real. ¿Quizás se trata de ratas? ¿Un cachorro? ¿Un gato?

Intrigado se inclinó y levantó los manteles que llegaban hasta el suelo. No se trataban de ratas, ni gatos, ni un cachorro. Ahí debajo de la mesa se encontró con la redonda cara de una sonriente niña.

— ¡Hola! — lo saludó feliz.

— ¿Qué hace ahí abajo, señorita?

— Me escondo — respondió obvia.

— ¿Ha realizado alguna travesura?

La pequeña se echó a reír sin consideración — Quizás... Lice va a regañarme...

— ¿Estás aquí sola? — aventuró mirando alrededor y buscando alguna pareja que se adecuara a los padres de la niña. No halló nada.

La pequeña no contestó y se encogió de hombros.

— ¿Cómo te llamas?

— Mamá dice que no debo hablar ni darle mi nombre a extraños.

— Tu mamá tiene toda la razón, pero... — sonrió como si supiera un secreto — Si te digo mi nombre ya no seríamos extraños... Me llamo Kazuto.

La niña se sentó sobre sus rodillas y se acercó un poco más a él, el joven advirtió sus hermosos ojos color plata, así como sus largos rizos negros.

— Soy Miyuki, pero mamá me dice Yui...