Este fic pertenece a la #kiriasuweek2017

Día 6, tema (?

Mar, abismo sin retorno•

El mar encanta, el mar mata, conmueve, asusta, también hace reír, y a veces desaparece…

III —

—Kazuto, ¿acaso estás demente?—Eugeo no se preocupó en ocultar el malhumor que lo embargaba.

Su amigo lo veía con expresión aburrida. Se había mudado de ropa, no un vestuario tan lujoso como el que lucía en la víspera, pero sí una prenda más decente que las que vestía a diario, cuando era pirata.

—¿Y qué querías que hiciera?

—¡Pues lo lógico! Llevarla a la estación de policía.

—Es una niña, ¿crees que iba a estar mejor allí?

El rubio le miró con atención, para luego suspirar audiblemente —¿Y traerla aquí era la mejor opción?

—Sí, lo era. Ryo vino también a hacernos compañía.

Las cejas de Eugeo se fruncieron en un tic.

—¿Cómo que vino a hacerles compañía?

—Es una niña, Eugeo —le rebatió —¿Por qué estas de tan mal humor? ¿Tu prometida te dejó plantado?

—No es mi prometida… aún.

El joven anfitrión abrió los ojos con sorpresa, si mal no recordaba; era el gran plan de la noche anterior, Eugeo hasta tenía una sortija consigo.

—¿Qué salió mal con la bruja?

—No la llames así.

—Mis disculpas —alzó las manos —¿Qué ocurrió con la señorita Alice? Pensé que vendrías con ella.

Eugeo se sirvió una taza de café de la bandeja que una de las doncellas había llevado con antelación, se quemó la lengua al apresurarse a beber —La dejé en su habitación de hotel, no se sentía muy bien. Hoy cuando fui a buscarla para desayunar, mencionó que seguía indispuesta.

Kazuto intentó poner una expresión afligida, pero la verdad era que el alivio le salía por todos los poros. No confiaba en ella. Había algo en ese rostro de falsa inocencia que le causaba un mal presentimiento. Alice no era la cándida doncella que pretendía ser. Pero por respeto a su amigo se guardaba de exteriorizarlo.

Aunque Eugeo no era tonto, podía ser muy sereno y cándido, pero era consciente de la antipatía que su mejor amigo sentía por su novia. Pero confiaba que todo escollo se solucionaría con el correr del tiempo.

—Una grandísima pena, hubiera venido bien la presencia de una mujer —mencionó el joven de cabello negro, sirviéndose también una infusión.

El rubio le devolvió una mirada escéptica. Por un lado, dudaba de las verdaderas intenciones de amigo al decir aquello, y por el otro; no imaginaba a su preciosa novia como alguien afín a los niños.

—Señor —una mucama de corto cabello color castaño y ojos azules se acercó hasta ellos con expresión preocupada —La pequeña pregunta por usted.

—¿Por mí? —Kazuto dejó la taza en la mesa y se enderezó con extrañeza —¿Ya ha despertado? Pero es muy temprano, ¿acaso las niñas de bien no duermen hasta el medio día?

La joven soltó una risilla al oírlo mientras el muchacho desaparecía por uno de los pasillo de la casa.

—Alguien debería decirle que él es el único con semejante pasatiempo —meneó la cabeza —Entonces, ¿qué tal todo por aquí Ronye?

—Todo está muy bien, señor.

—¿Y cómo es esta historia? ¿Qué nueva travesura ha cometido mi amigo?

—La verdad no esperaba que ayer volviera temprano, él mismo pidió que no le esperara —le explicó ruborosa. Los ojos cristalinos del joven comerciante estaban fijos en ella —Pero antes de medianoche apareció con la pequeña en brazos, mencionando que se había extraviado.

—¿Cómo no lo detuviste?

—Usted conoce a mi señor, es tan terco como una mula.

—Tienes razón

La muchacha sonrió débilmente —La niña es un ángel, Lord Eugeo. Durmió toda la noche, no lloró ni nada similar.

—¿No lloró?

—En absoluto, se ve que es una niña muy educada. Muy lista para la edad que tiene.

—¿Cuán pequeña es?

—Posiblemente tenga alrededor de cuatro años. Es una criatura muy desenfadada y con carácter.

—¡Es un bebé! —exclamó horrorizado —¡Pueden meter a ese imbécil a la cárcel por secuestrar a una criatura! —movió la cabeza en negación. De pronto notó que los ojos de la mucama estaban más grandes y más húmedos. Era obvio que un nudo le ceñía la garganta —¿Qué ocurre?

—Posiblemente no signifique nada, pero… también vino el señor Ryoutarou, y entre ambos cuidaron a la pequeña. El señor Kazuto no bebió una gota de alcohol.

Ese pequeño detalle hizo que la expresión irritada de Eugeo se ablandara notablemente —¿Ni una gota?

Ronye sacudió la cabeza en negación. Como el rubio, estaba al tanto de la difícil situación de su amo en esa fecha. Y aquella era la primera vez en cuatro años que pasaba una vigilia sobrio.

—Comparto tu consuelo, pero traer una criatura ajena a la casa no es la solución. ¿Ryo sigue aquí?

—Salió ni bien amaneció.

—Deja de interrogar a mi doncella como si fuera una criminal, no ha hecho nada malo —la voz de Kazuto con un leve dejo irónico, detuvo a Eugeo de seguir con su discurso —Nadie ha hecho nada malo —remarcó.

El joven no apareció solo, una risueña niña de grandes ojos grises venía montada a su espalda como si él fuera un corcel. Apenas vio a Eugeo esbozó una sonrisa gigante.

—¡Hola! ¿Eres amigo de Kazu?

Sin duda, Ronye tenía razón, parecía una criatura muy lista y de carácter desenfadado. Cualquiera imaginaría que, debido a su edad, estaría asustada o presa de una rabieta. Pero la niña parecía alegre de esta allí, colgada del cuello de su mejor amigo.

—Me llamo Eugeo, Kazu es como mi hermano —le respondió con suavidad —¿Cómo te llamas?

—Yui —respondió rápidamente y frunció su pequeño ceño —No te había visto ayer, ¿vives aquí?

—En realidad, no —respondió el joven de cabello negro mirándola de soslayo —Pero se pasa aquí la mayor parte del tiempo, molestándome…

La niña rió alegremente..

—¿Y dónde vives Yui? —el rubio preguntó sutilmente.

—Lejos.

—¿Y no extrañas tu casa?

—No —respondió con firmeza —Pero... extraño un poco a mi mamá y a mi papá —su voz salió algo triste.

Ante eso, Eugeo miró tormentosamente a su mejor amigo —¿Puedes decirnos dónde están? Quizás podemos llevarte con ellos.

—Ya lo hemos intentado con Ryo, pero Yui no lo recuerda con exactitud, creo que no es de la ciudad. Posiblemente esté de visita aquí —intervino Kazuto con voz apretada —Dejamos de insistir.

—Yo estaba con Lice, pero de pronto… ella desapareció… —susurró la pequeña borrando la sonrisa de sus labios. Parecía compungida y desorientada —Entonces, encontré a Kazu y él se quedó conmigo —le sonrió al mencionado, apretando sus bracitos en torno a su cuello.

—Muy loable por parte de mi amigo, pero Yui de seguro, tus padres están muy preocupados por ti, ¿no lo crees?

La pequeña no respondió inmediatamente. Sus labios empezaron a temblar —No me separé de Lice a propósito…

—Lo sé, lo sé —Kazuto le disparó una mirada asesina al joven rubio, en tanto calmaba a la infante acariciándole el cabello —En tanto nos ocupamos de eso, ¿por qué no desayunas primero? Ronye aquí ha preparado algo delicioso para ti —llevó a la niña hasta la sala mientras el reciente invitado iba por detrás.

—¿Y dónde está Ryo? —preguntó de pronto, sentándose elegantemente, el anfitrión había colocado algunos cojines en el asiento, al notar que por su corta estatura no llegaría a la altura de la mesa. Sus pies se sacudían de un lado al otro mientras la doncella servía chocolate caliente para ella.

—Él debía hacer algunas cosas, pero seguro vendrá por aquí más tarde.

—¿Y por qué estás enfadado?

La pregunta ahora era dirigida al joven rubio que estaba cruzado de brazos viendo a la distancia, como si estuviera sumido en sus pensamientos. Sorprendido, se giró en dirección a Yui, cuyos ojos grises se habían empequeñecidos con expresión analítica, se veía tan a gusto platicando con Kazuto que no creyó que le estaba poniendo atención.

—No estoy enojado, solo estaba pensando…

La niña frunció el ceño en desconfianza —Te ves feo.

Kazuto tuvo que hacer un soberano esfuerzo para no estallar en carcajadas —Por eso su novia lo dejó —le susurró en modo cómplice.

—Mi novia no me dejó…

—¿Y tú tienes novia, Kazuto?

Ahora fue el turno del comerciante rubio de estirar una esquina de sus labios en un gesto socarrón, pero al ver la cara melancólica de su amig,o decayó un poco. La expresión risueña del joven de cabello negro se había apaciguado, empero mantenía la ligera sonrisa —No Yui, los piratas no tenemos novias porque… es complicado.

—¿Eres pirata? —la voz ilusionada de la chiquilla se alzó en un chillido entusiasta.

—Kazuto, no creo que sea algo que debas andar diciendo a la ligera...

Pero este ignoró la alarma en la voz del rubio —Por supuesto, soy uno muy guapo. Y tengo un barco también.

—¡Mi papá también tiene uno! —exclamó de repente —A veces nos lleva a navegar.

Eugeo aprovechó esa salida para guiarla por temas menos pantanosos —Eso suena divertido, y dime ¿cómo se llama tu papá? Eso podría ayudarnos a encontrarlos, ellos deben estar muy preocupados por ti.

—Ya le hemos preguntado esos detalles —Kazuto le contempló de soslayo, algo irritado de que lo considerara incompetente, su amigo podía ser muy sutil para darle una bofetada verbal —Encontraremos a tus padres, Yui. Ryo se está ocupando de eso.

Le hizo un gesto a eugeo y este salió con él, en tanto Ronye se senataba junto a la niña que estaba alborozada comiendo pasteles.

—Hemos recopilado toda la información posible; su padre es un comerciante marino, él viaja mucho por lo que no suele estar en tierra por mucho tiempo. Por otro lado, su madre le acompaña bastante durante esas travesías

—¿Y cómo se llama? Si es un comerciante sin duda debo conocerlo, o al menos habremos oído hablar de él. Kazuto, si ese hombre tiene poder, te meterás en un lío tremendo por haber secuestrado a su hija —Eugeo bajó el tono dando discretas miradas hacia la sala, donde se oía la risueña voz de Yui.

—Deja de decir que la secuestré, porque no lo hice —le contradijo, luego suspiró, serenándose —Ella lo llamó Kyo, aunque al principio pareció un poco reacia al nombrarlo.

—Kyo… —repitió para sí con concentración —No me resulta conocido, ¿será un pseudonimo? ¿Ryo que dijo?

—Tampoco le resulta familiar. Y quizás sea porque no son de aquí; su madre es mitad occidental.

—¿Cómo lo sabes?

—Por su nombre, Erika.

—Erika… bueno, será más sencillo encontrar a una dama de porte occidental en una ciudad completamente asiatica.

—Exacto.

—¿Y te has fijado? Esa niña es de una familia noble, basta con ver la calidad de su ropaje y su aspecto bien cuidado… Su padre… Si ella le menciona que eres un pirata…

—¿Acaso parezco un pirata actualmente?

—Si persistes en vestirte como pordiosero… —comenzó bajando la intensidad —Y vuelves a buscar problemas...

—No me he metido en líos, Eugeo —le interrumpió, presuroso —¿Qué hubieras hecho en mi lugar? ¿Dejarla a su suerte?. No podía dejarla allí.

—Lo sé, me preocupo por ti. Todo este tiemp no ha sido fácil, Kazuto, eres bien consciente de eso…

—Sí... —el joven de cabello negro parecía incómodo, como cada vez que el tema de que hubiera echado por la borda su vida por tres años, salía a la luz —¿Por qué no terminamos el desayuno en lo que esperamos que Ryoutarou regrese?

—¿Y qué sabes de Agil? —preguntó sorprendido porque desde que había llegado a Tokio no había vuelto a verlo.

—Se marchó hace como dos semanas diciendo que tenía cosas que hacer.

Eugeo se acarició el mentón, pensativo, mientras seguía los pasos de su amigo. Yui al ver que volvían, se le iluminó el rostro y entre sonrisas exigió que ambos se sentaran con ella.

Con la llegada de la tarde, Eugeo había vuelto al hotel donde se hospedaba su novia para verla. Extraño, le dejó un recado en la recepción, explicando en un mal japonés que había sufrido un contratiempo con su estadía y que debía solucionarlo. Cuando el agobiado muchacho abordó al conserje del hotel, este dijo desconocer el paradero de la hermosa extranjera rubia, mencionando que la señorita había salido temprano y aún no habia regresado.

Eugeo estaba preocupado. Aquella era una metrópolis gigante la cual Alice no conocía, su manejo del idioma no era el suficiente para valerse por si misma en una ciudad que la cobijaba por primera vez… Si algo le ocurría ¿qué le diría a su familia en Alemania?. ¿Con qué cara miraría a su futuro suegro?

Estaba desesperado.

Luego de recorrer los lugares que según él llamarían la atención de una beldad como Alice, y sin hallarla, volvió al hotel, y como alma en pena se instaló en el lobby a esperarla. En vano. Pues la muchacha nunca apareció.

El sol empezaba a ocultarse cuando decidió volver a la mansión donde vivía su amigo. Yui seguía allí, y por respeto a la estancia provisoria de la pequeña, se obligó a poner una expresión relajada, escondiendo toda preocupación dentro suyo.

Por otro lado, aquella criatura estaba en su total elemento. Lo recibió con una gran sonrisa y hasta lo abrazó con alegría, cuando lo vio entrar al luminoso recibidor que estaba atestado de lámparas, para hacer el lugar más ameno. Parecía una habitante más de ese hogar, en lugar de una niña extraviada que estaba de tránsito en espera de que su familia fuera a buscarla.

Y estaba fascinada con Kazuto. Quizás se trataba de una especie de síndrome de Estocolmo, pero era admirable la forma en la que lo persiguía por toda las habitaciones imitando sus movimientos y exagerándolos a un extremo que resultaba gracioso.

Había olvidado lo que era reír espontaneamente. En esa casona demasiado grande para su amigo pirata, de un tiempo a esta parte, ya nadie se mostraba alegre, era como una especie de juramento interno. Como si no existieran motivos para regocijarse.

Pero ahora Yui reía y su sonido era tan contagioso que por un momento olvidó que no sabía nada de su novia desde la noche anterior. No tuvo corazón para desairarla y la contempló con ternura…maravillándose de como algo tan pequeño podía irradiar tanta dicha. Yui tenía una dulce cara redonda, similar a una muñeca francesa, piel blanca como nieve y sus pupilas eran grandes, como gemas de plata, justo cerca del iris brillaban pequeñas motitas de color azul… Y por un momento le pareció que estaba mirando a los ojos de Kazuto.

¿Pero, qué estoy pensando? Eugeo se abofeteó mentalmente, la presión del día le estaba jugando una mala pasada. ¡Cómo podía ver similitudes entre una niña que apenas conocía y su hermano! Amén que la piel de la niña era mucho más blanca que la de él, pero su cabello largo era tan negro como el pedernal y caía en sendos rizos cubriendo sus pequeños hombros.

—¿Qué ocupa tus pensamientos? No es necesario que estés pegado a mí, Eugeo —le siseó Kazuto mientras ayudaba a Ronye a colocar los utensilios para la cena sobre la mesa.

—Aún no he visto a Alice.

El pirata dejó los cubiertos sobre el mantel y miró a su amigo —¿Por qué no?

—Dijeron que había tenido problemas con su estadía, pero me llegué hasta el puerto y no la encontré.

Ante eso, Kazuto tomó la decisión de ser sincero, se aproximó y le colocó una mano en el hombro —Esa mujer no te conviene…

—Oye…

—Sé que no vas a creerme, pero hay algo extraño en ella. No es de fiar, Eugeo. Tú no lo notaste pero yo lo vi. La forma en la que te miraba… era como si estuviera planeando algo malo...¡Te está engañando premeditadamente!

—Conocí a su familia, Kazuto. No permitiré que digas más tonterías, ni siquiera la conoces como yo.

—¿Por qué están discutiendo?

Una tercera voz masculina interrumpió con sorna la conversación de los otros dos, quienes de pronto, voltearon en su dirección.

—¡Ryo! —un pequeño remolino de brazos apareció para ceñirse en torno al cuello del pelirrojo. Seguida de un chillido jocoso.

—Vaya recibimiento —comentó el recién llegado, alzando a la niña mientras se acercaba a los otros dos que se disparaban dagas con la mirada —¿Ya están discutiendo? ¿Tendré que separarlos cómo cuando eran niños?

—Nada de eso —Kazuto parpadeó y se apartó —¿Traes novedades?

—¿Novedades? —frunció el ceño —Depende de qué tipos de novedades esperas. Y a menos que deseés saber que el Yggdrasil tiene un comprador.

El joven de cabello negro, se hizo levemente hacia atrás, como si alguien le hubiera asestado un golpe. Un nudo se ciñó en su pecho al oír el nombre de su vieja embarcación, pero se recompuso rápidamente. Tomó a Yui de brazos de Ryo y con sutileza la bajó, enviándola a la cocina para que fuera de ayuda para Ronye. Lo cierto era que ansiaba hablar con su amigo a solas, sin que ella lo escuchara. Se volvió a él.

—¿No ibas a la estación de policía? —preguntó en un susurro.

El pelirrojo parpadeó sorprendido, rascándose la barba —No… ¿no ibas a ir tú?

—¿Cuándo dije que iba a hacerlo?

—¿Y cuándo dije que iba a hacerlo yo?-

—¿Es en serio? —Eugeo se tironeó el cabello, alzando la voz—¿Ninguno de los dos fue a informar a la policia que hay una niña extraviada aquí?

—¡Pensé que iba a hacerlo él! —respondieron al unísono, mientras se señalaban con el dedo índice.

El rubio se masajeó las sienes —No puedo creerlo…

—¿Entonces dónde te has metido todo el día?

—¡Ya te dije! Agil y yo estuvimos poniendo el barco en condiciones, vamos a venderlo. Lord Eugeo dijo que tú…

—No me opondré a eso, ese navío es de ustedes también —le interrumpió velozmente —¿Así que tiene un comprador?

—Sí, un comerciante desea dárselo de regalo a su esposa como aniversario de bodas.

—¿Cómo regalo a una mujer? —protestó horrorizado sin darle oportunidad a que terminara de explayarse. Aquel barco solía ser su orgullo, cierto que no era una embarcación tan grande; posiblemente no fuera mayor a un barco de pesca, pero aún así tenía su encanto místico. Con él había cruzado los mares orientales y se había lanzado a la aventura, recorriendo tierras inexploradas, encontrando tesoros y haciendo temblar embarcaciones que eran el doble de su tamaño. No, no podía imaginar una navío con tanta gloria, herrumbrado en el puerto, como capricho de una mujer.

Casi sin darse cuenta apretó la mandíbula.

Eugeo no pudo evitar la risilla que se le escapó, rodeó a sus amigos y fue a buscar su sombrero mientras se alisaba las solapas de su costosa chaqueta —Mientras ustedes discuten, iré a hacer lo que debieron en un principio.

—¿Qué?

—Reportar la aparición de Yui con las autoridades… Tranquilo, Kazuto —se adelantó al ver la expresión angustiosa del joven —Dejaré la ubicación de la casa, para que los padres de la niña vengan a recogerla aquí. Pueden empezar a cenar sin mí.

Habían pasado tres días sin novedades.

Eugeo había dejado las señas personales de la infante y la poca información que había recolectado de ella, asentadas en un reporte, seguro de que alguien se aparecería a buscarla por el hogar de Kazuto. Pero llevaba varios días sin novedad, nadie se había acercado a buscarla.

Con Alice ocurría otro tanto.

Parecía que estaba jugando a las escondidas con él. En ese tiempo la vio una sola vez, se veía demacrada y preocupada, pero al cuestionarla, abducía que los problemas con su estadía aun continuaban, aun así, Eugeo no conseguía comprender a qué se refería. No era la joven adorable y alegre que cortejara tiempo atrás.

Pero la amaba demasiado y le perdonaba cualquier cosa. Comprendía que no era momento para proponerle matrimonio, era notorio que la blonda tenía la cabeza en otra parte. Cuando los problemas con sus documentos se solucionaran, entonces quizás podría retomar desde donde quedaron…

Luego de ese fugaz encuentro, no volvió a verla, le dejaba esquelas cortas y mal redactadas con el conserje del hotel, aunque como siempre las concluía con un te amo, aquella simple frase significaba el mundo y por un segundo, borraba toda la amargura que se acumulaba en su pecho, tras la desazón que su ausencia provocaba.

Por otro lado, la estancia prolongada de Yui en la casa de Kazuto, lo había llevado a prácticamente instalarse allí, como cuando cuidaba de él luego de aquella travesía de la que no volvió a ser el mismo. Y no solo Eugeo, hasta Ryoutarou se pasaba todos los días, para rendirle pleitesía a esa pequeña reina de cabello negro y mejillas sonrojadas, que manejaba a todo el mundo a su antojo.

Luego del segundo día de estancia, el dueño de casa mandó a que acondicionaran una habitación para ella, dinero no le faltaba, así que instaló todo lo que consideraba apropiado para la comodidad de la pequeña. Al parecer, olvidando que ella tenía una familia y otra casa en algún lugar de la ciudad que la estaba esperando. Kazuto no reparó en gastos, compró juguetes y un vestuario exclusivo para la niña. Pero no fue el único, Ryutarou se aparecía con postres que adquiría de una pastelería cercana, con la excusa de compartir esas delicias con ella. Y hasta Eugeo encontraba el modo de comprarle alguna chuchería. Estaban los tres jóvenes a su merced y ninguno se quejaba de eso.

Aunque sin duda, el cambio rotundo se veía en el ánimo del ex pirata. Se levantaba temprano y no luego de la resaca de la parranda anterior, como hizo tantas veces en el pasado; vestía como un noble de la aristocracia y se veía lúcido. Desde la noche que apareció con Yui, no volvió a beber una gota de alcohol.

Eugeo nunca imaginó que Kazuto pudiera ser tan allegado al carácter de una niña pequeña, pero lo cierto era que ante ella, el pirata se encontraba desarmado. Quizás, aquella infante disponía de alguna clase de hechizo encantador… o posiblemente su personalidad proporcionaba aquel efecto cautivador en el ánimo del joven de cabello negro.

Era justo decir que, así como ella estaba fascinada con él, el sentimiento era recíproco. Podía verse a ambos jugando a las escondidillas en la casa, o encerrados en la biblioteca mientras Kazuto le leía algún cuento, paseando por el jardín, o simplemente jugando a los naipes…

Él será un excelente padre algún día. Eugeo prefería mantener sus pensamientos para sí mismos y no exteriorizar aquello para no martirizar a su amigo. Y mientras se abría camino y se dirigía hacia la calle, para por centésima vez pasarse por el hotel donde se hospedaba Alice, no dejaba de pensar que Kazuto merecía otra oportunidad en el arte del amor.

Corría el séptimo día desde que Yui habitaba de modo provisorio en su hogar, y como todas las mañanas ambos estaban en el comedor principal, hablando alegremente. A pesar de su corta edad, la infante era muy inteligente. Manejaba de modo fluido el japones, aunque dejaba entrever que no le resultaba desconocido el inglés, posiblemente se debía a la doble nacionalidad de su madre.

Una madre que al parecer no estaba buscándole, según pensaba el joven. Sino, no entendía como alguien podía dejar librada al azar a una niña tan adorable como Yui. Pero por el aprecio que había llegado a tenerle, se guardaba de darle rienda a sus pensamientos.

Ella estaba sentada sobre la acostumbrada pila de cojines, en tanto sacudía los pies y degustaba la tarta ácida de frutos rojos que Ryoutarou le había llevado esa mañana.

—¿Entonces me enseñarás tu barco pirata? —preguntó con esa sonrisa que a estas alturas contagiaba a cualquiera.

—Si mañana hace buen tiempo, y Eugeo nos presta su carruaje, te prometo que iremos —Kazuto le respondió ojeando el periódico, buscando alguna noticia relevante u algo que tuviera que ver con aquella adorable huésped. Pero no había nada, salvo el inusual número de robos que se daba a las embarcaciones en las cercanías del puerto. Sin embargo, eso era bastante común y no le resultaba un detalle que resaltara en demasía.

En esa ciudad existían muchos piratas encubiertos, eso no debería de sorprenderle. La mayoría de ellos, llevaba una doble vida cuando decidían desembarcar en algún puerto, ocultaban su identidad y se hacían pasar por personajes de la aristocracia, mezclándose entre el pueblo todo el tiempo que consideraran necesario. Y la treta era tan perfecta, que muchos pasaban desapercibidos dentro de las ciudades, respetando un tiempo considerable antes de volver a las andadas.

Eso era lo que hacía Kazuto y su tripulación; corrían fechorías en el mar y luego se tomaban unas largas vacaciones para reposar, adquirían un sitio confortable y se perdían entre la gente. Por supuesto, todo era más fácil porque contaba con el apoyo de Eugeo, quien en verdad era un comerciante marino. El Yggdrasil muchas veces fungió como medio de transporte para custodiar las mercancías de un lugar al otro.

—¿Y cómo se llama tu barco?

El joven dejó el periódico sobre la mesa y contempló a su huésped, que ese día vestía de azul. Ronye le había recogido el cabello en una coleta desenfadada y se veía preciosa.

—Yggdrasil —le contestó.

—Es nombre muy raro, ¿qué significa?

El Yggdrasil es el árbol de la vida… ¿alguna coincidencia? ¿o solo está tratando de decirme que su embarcación cuenta con un don especial?

Era increíble que luego de cuatro años, aun pudiera detallar en su mente, el eco de su voz petulante con extrema facilidad. Su corto cabello y la intensidad de sus pupilas bañadas en oro… Asuna era una loa a la belleza.

—¿Kazuto? —la voz cantarina de Yui le obligó a verla para salir de su ensimismamiento —¿Qué significa?

—Representa la vida misma.

—¿Cómo?

—Es como un gran árbol — le sonrió, dándose cuenta de que estaba hablando de un modo que ella no entendía—¿Te gustan los árboles?

—¡Me encantan! En mi casa mi mamá los cuida mucho —respondió asombrando a su compañero —Así que tu barco se llama como un árbol…

—Es un nombre de la mitología nórdica, la cual es un poco complicada de comprender. Lo escogí porque me parecía muy… rudo.

Yui asintió sin comprender del todo.

—Me contaste que tu padre tiene una embarcación, ¿como se llama?

—¡Oh! —los ojos grises de la niña se iluminaron —El barco de papá es inmenso, y le llamó Stacia en honor a mi mamá, siempre dice que ella es más bonita que la diosa de la vida… —rió levemente, aunque se notaba que estaba un poco triste —Oye Kazuto, ¿por qué deben ponerle nombres tan raros?

—A veces no es solo un simple barco, los marineros pasan más tiempo en ellos que en sus propias casas, y normalmente deciden bautizarlos de una manera que sea fuera de lo común. A veces con el nombre de un amor, como hicieron tus padres, o con algo divino y fantástico como yo.

—¡Yo también quiero tener un barco algún día! ¡Y ser pirata! ¡Cómo tú!

—No creo que eso le haga mucha gracia a tu familia, Yui —rió el joven con ganas —¿Sabes lo que hacen los piratas?

—¿Le roban a la gente mala en alta mar?

—Algo… algo de eso. Pero el mar no es un lugar seguro para una señorita tan bonita como tú —lo dijo con sinceridad. Las señoritas de bien no debían atreverse a cruzar nunca el océano con un pirata como él —El mar es un lugar traicionero.

—Me gusta tener aventuras —le respondió —Aunque mamá siempre me regaña.

—Es lo normal supongo —le acarició el cabello notando la mirada tierna que le dirigía la pequeña. No podía negar que tenía una conexión con ella. Algo extraño que entibiaba su pecho y afloraba en la necesidad de protegerla.

Quizás su corazón estaba demasiado blando por el accidente ocurrido en alta mar, y esa herida que no acaba de sangrar.

—¿Señor? —la fisonomía blanquecina de Ronye se había enturbiado como si estuviera a punto de llorar. Se detuvo en el recibidor donde la preciosa huésped y Kazuto se encontraban sentados en el suelo jugando una partida de dominó —Hay una muchacha allá afuera que dice buscar a la señorita Yui.

Kazuto se puso de pie, lívido. En un primer momento no pareció reaccionar, la niña tampoco.

— Hey Kazuto, hay una señorita muy guapa allá afuera ¿a qué estás jugando bribón? —Ryoutarou entró detrás de Ronye, repitiendo lo mismo, mientras señalaba la puerta con un dedo, se detuvo pasmado al ver la mueca de su amigo —¿Qué ocurre?

—Hazla pasar, no te quedes ahí parada —regañó a la doncella, quien inmediatamente desapareció —Creo que han venido por Yui…

El pelirrojo comprendió. Se acercó hasta ambos y alzó a la niña al ver que el dueño de casa seguía lelo. Ella no parecía muy alegre con el giro de los acontecimientos.

Detrás de Ronye entró una agraciada joven de corto cabello castaño y el rostro orlado de pecas. Sus grandes ojos castaños se cristalizaron cuando enfocó a la pequeña, quien de súbito se echó a llorar.

—¡Miyuki! —exclamó y se lanzó hacia el pelirrojo, prácticamente arrancándole a la infante de los brazos —¡Gracias al cielo! ¡Estás aquí! ¡Eres tú!

—Debe haber un error, milady. Ella no se llama Miyuki, su nombre es… —empezó Ryoutarou conmovido.

—Ese es su nombre —le corrigió Kazuto con suavidad. Se mordió el labio en tanto se acercaba a la recién llegada y la examinaba de arriba abajo. Vestía como las institutrices de la época; un aburrido vestido marrón, y una cofia de volados en el cabello corto. No le quedaban dudas de que era la tutora de la pequeña, quien seguía llorando a lágrima viva sujeta con fuerza al cuello de la mujer —¿Quién eres?

La joven encontró por fin los ojos grises de Kazuto y de pronto se hizo para atrás con horror, el rostro se le había puesto pálido como si hubiera visto un fantasma, sujetó a su protegida contra el pecho — U-usted… ¡Usted! —le gritó, temerosa —¡Espero no le haya hecho nada a Miyuki! ¡Maldito!

Kazuto parpadeó sorprendido, sin duda no se esperaba que lo enfrentara con un reclamo similar; en su lugar creía que merecía un agradecimiento por cuidar de Yui. ¡La niña estuvo fuera de su hogar casi 10 días! ¿Qué acaso no era lo más importante? Además ni siquiera lo conocía como para hablar así.

—¿Cómo se atreve?

—¡Usted secuestró a una indefensa niña!

—¡Por supuesto que no! ¡Rescaté a Yui de ese restaurante donde la abandonaron!

Los ojos de la mujer volvieron a cristalizarse como si recordara con terror todos esos detalles. Abrazó a la pequeña y la llenó de besos —¿Está bien, Miyuki? ¿estos hombres te hicieron algo?

—Rika —se tragó un sollozo, negando con su cabeza —Perdí a Lice en algún momento, de pronto ya no la encontré… me quedé sola y...

—Lo sé, cariño. Lo sé… —le secó las mejillas con las manos y miró de modo siniestro al joven de cabello negro que parecía compungido. Su voz se convirtió en un susurro —¿Te hicieron algo? ¿Él trató de dañarte?

—Kazuto fue muy bueno conmigo y Ryo también —le respondió esforzándose en no llorar —Eugeo también me cuidó, aunque él no está aquí ahora…

—Puede comprobarlo por usted misma, milady, la niña ha sido debidamente cuidada —la voz de Kazuto salió firme y retadora. Ryoutarou lo contempló de soslayo, posiblemente porque ese era el tono que solía usar cuando comandaba su nave. La voz firme y directa del capitán del barco—Mi hermano dejó las señas de la niña hace más de siete días en el cuerpo de la policía, ¿por qué le tomó tanto tiempo venir por ella? ¿Acaso no estaba buscándola?

Los dientes de la escucha se ciñeron con tanta rabia, que fue obvio que estaba conteniéndose de no hacer una escena en una casa ajena. Era tanta la furia que mostraba, que el anfitrión pensó por un momento, que le cruzaría el rostro de una bofetada, pero esta contempló a la pequeña y suspiró con cierto alivio —La buscamos por cielo y tierra, milord. Lo cierto era que no queríamos meter a las autoridades… — su respuesta parecía esconder algo —Gracias.

Ese agradecimiento sonó hueco y hasta burlón. Kazuto abrió la boca para responder, cuando Ryoutarou se le adelantó, tenía una sonrisa socarrona plasmada en la boca y haciendo una teatral reverencia, saludó a la bella joven.

—Ha sido un placer, preciosa. Siempre que quieras, tienes un caballero a tu completa disposición…

Sonaba gracioso que él dijera eso; con su cabello largo y la barba crecida, además de su extravagante vestuario de pantalón y chaqueta esmeralda, parecía salido de un circo. Ryoutarou no sentía pena de vestirse de modo pomposo y llamativo, lejos, muy lejos, de la elegancia de la nobleza. Y denunciando a gritos su verdadera naturaleza como pirata.

Rika hizo una mueca de desagrado y retrocedió, Yui en cambio rió, mientras pataleaba para soltarse del abrazo de su nana —Voy a despedirme de ellos —le dijo, y antes de que la joven se negara, corrió a abrazar al pelirrojo.

Kazuto no oía lo que decía, había ceñido los brazos en torno al cuello de su amigo y su cabello negro les ocultaba. Sin embargo, la institutriz no se veía feliz, el rictus de su rostro demostraba la furia que estaba gestando tras sus apacibles ojos castaños. Se preguntó por que tendría tanta bronca ¿qué habían hecho ellos? Solo le habían dado asilo a un pequeño pajarillo extraviado.

—También te voy a extrañar, pequeña Yui —le respondió Ryoutarou con voz rota, acariciándole el cabello.

Luego la niña se volvió a él, y el tiempo se detuvo.

—Kazu —Yui corrió a sus brazos y se colgó de su cuello. Sus pequeños labios buscaron su oído —Ella es mi nana —le confió bajito —No te preocupes, no volveré a escaparme, me portaré bien de ahora en más —hundió el rostro en su cuello y sintió que le besaba la barbilla —¡Gracias por todo, amigo!

Los ojos del pirata temblaron ante ese gesto. La abrazó con fuerza, sin importarle la presencia de esa mujer y le besó la frente —Dame tu palabra de que no volverás a hacer una tontería como esta.

Yui sonrió enormemente y le extendió su meñique —Promesa.

El joven rió sorprendido, más extendió el dedo y rozó el suyo con una sonrisa húmeda —Promesa.

—Señorita Miyuki —la voz de Rika se oyó impaciente, quizás porque Ryoutarou se le había acercado demasiado y le estaba tratando de engatuzar con algún cumplido pintoresco.

—Espere un momento, Milady —Kazuto la detuvo —Ronye, empaca todo lo que hemos comprado para Yui y deja que se lo lleve. —le ordenó a la impávida mucama que permanecía pie junto a la puerta.

—No es necesario, la señorita no necesita la caridad de un...

Kazuto la ignoró —Deme la dirección y, si gusta, enviaré a un sirviente a que le lleve todo.

La mueca de horror que oscureció el rostro de la mujer casi le hizo soltar una carcajada —¡No es necesario!

—Entonces, Ryoutarou le acompañará, milady. Nosotros también debemos cerciorarnos de que Yui está en buenas manos.

—Estoy de acuerdo con mi amigo —el pelirrojo no perdió el tiempo, se sentó en uno de los sillones de la habitación y le dio una palmadita al espacio vacío a su lado —Al parecer Ronye va a demorarse, ¿por qué no te sientas preciosa?

—Primero muerta —respondió furiosa.

—Kazu… —la voz cantarina obligó a que el nombrado bajara la vista para contemplar a la infante. La sonrisa genuina que le pintaba los labios, le obligó a contagiarse —Dile a Eugeo que espero que pueda encontrarse con su novia.

—Se lo diré, tranquila Yui. Él también te echará de menos.

La casa se sentía en extremo grande. ¿En qué momento se le había cruzado por la cabeza adquirir una morada semejante? Mejor dicho, fue idea de Eugeo comprar una residencia de ese tamaño, con varias habitaciones, un jardín amplio, y mucho espacio para que le resultara cómodo cuando regresaba de alguna de sus excursiones por alta mar. Comodidad. Comodidad y silencio.

Pero ahora ese silencio y la dimensión exagerada de aquel caserón, le resultaba ridículo, porque todo ese ambiente que horas atrás rebosaba de risas, ahora estaba frío y solitario como una tumba.

La ausencia de Yui se sentía demasiado. Y dolía.

¿Cómo podía ser posible que una pequeña niña tuviera tal poder consigo?

—¿Qué haces ahí en esa oscuridad? —la voz cansada de Eugeo lo sorprendió cuando encendió la lampara que estaba a su lado —¿Dónde está Yui?

—Vinieron por ella en lo que tú estabas de detective buscando a tu escurridiza novia.

Eso sin duda afectó el ánimo del joven rubio, su expresión decayó sobremanera —¿Qué?

—Como le oyes, durante las primeras horas de la tarde vino su institutriz y se la llevó.

—¿Y la dejaste ir? ¿Así sin más?

—¿Y qué pretendías que hiciera? No podía impedírselo, por más que me pareció una buena idea. Yui la reconoció.

—¿Y si era una farsa?

—Ella la reconoció, me confió que era su nana. Además envié a Ryoutarou con ellas para estar seguros —murmuró levantándose del sillón que ocupara. Se acercó hasta la hielera ubicada a un costado de la habitación, con la intención de servirse un brandy, pero de pronto pareció pensarlo mejor. Tomó un trozo de hielo y se lo metió en la boca. No era lo mismo que el sabor intenso de la bebida, pero de momento, sirvió para calmar su ansiedad.

—¿Y dónde está? —Eugeo no tenía los mismos remilgos que su amigo, tomó un vaso y se sirvió una generosa cantidad la cual degustó con rapidez. Se apresuró a servirse otro trago.

—Aun no regresa.

Eugeo lo observó con el ceño fruncido. Kazuto parecía triste y taciturno, como si alguien le hubiera drenado toda la energía del cuerpo.

—¿La echas de menos?

No tuvo posibilidad de responderle, Ryoutarou apareció de pronto con los brazos cargados de cajas. Eran las cosas que habían comprado para la pequeña. Tenía una mueca desorbitada pese a que lucía cansado.

—¿Qué pasó? ¿Por qué regresas con todo eso? Te dije que se lo des, ¿para qué quiero yo prendas de una niña?

—Las perdí. En un segundo, las perdí de vista.

—¿Qué?

—Cálmate Kazuto, lo estas poniendo nervioso. Bebe esto Ryo y siéntate. No, no te preocupes por esas cosas, Ronye puede recogerlas después.

El pelirrojo cumplió la orden del lord rubio y se sentó —Iba detrás de ellas como me dijo Kazuto, pero la calle estaba demasiado animada. ¡Esa muchacha caminaba demasiado rápido! ¡Casi debía seguirla al trote! Se metía entre las carruajes y la marea de la gente que rodeaba el mercado, como si quisiera que yo la perdiera de vista… ¡Debía sortear vehículos para alcanzarla! —Kazuto resopló, pero no acotó palabra —Entonces, luego de caminar entre edificios de pasillos minúsculos, se metió por uno de esos callejones y luego… desapareció.

—¿Cómo que desapareció?

—Cuando salí del callejón ella ya no estaba. Seguí recorriendo esa zona por varios minutos, comprendiendo que no podía ir tan lejos con una niña en brazos. ¡Pero fue como si la tierra se las hubiera tragado! ¡No aparecía por ningún lado!

Kazuto se dirigió hacia la puerta sin mencionar palabra.

—¿Dónde crees que vas? —Eugeo lo detuvo sin alzar la voz —¿Crees que podrás encontrarla? No tienes la más mínima idea de dónde empezar a buscar.

—Pero…

—Lord Eugeo tiene razón, Yui se fue por su propia voluntad… y a juzgar por esa mujer, sin duda era alguien de su familia. No creo que haya caído en malas manos, Kazu.

—Lo único claro de todo esto —Eugeo suspiro cruzándose de brazos —Por lo que Ryo cuenta, es que esa mujer no quería que supiéramos donde vive la niña… ¿Tal vez se dio cuenta que eres pirata?

—No digas tonterías, ¿cómo iba a darse cuenta de eso?

—No lo sé, estoy improvisando.

Kazuto apretó la mandíbula y les dio la espalda, con la intención de salir.

—Sonará cruel —Eugeo se puso de pie —Pero, lo mejor que podemos hacer ahora es olvidar que todo esto pasó —los ojos grises de Kazuto relampaguearon en su dirección —¿Acaso se te ocurre una mejor idea?

—No.

—Es mejor aceptarlo Kazu, Yui ya no es nuestra responsabilidad. Cuando más rápido comprendamos eso, será mejor y dolerá menos.

El dueño de casa guardaba silencio.

—Será un recuerdo bonito, una aventura que siempre recordaremos — agregó Eugeo —La mítica semana en la que Kazuto tomó el rol de padre. Quién hubiera dicho que te gustaran los niños, ¿eh? Eres una caja de sorpresas —le dio un codazo amistoso —¿No lo crees Ryo?

Pero el pelirrojo se había perdido en su propio mundo, sonreía tontamente mesándose la barba —Lo único que recordaré a ciencia cierta es que su institutriz era muy bonita...

Eugeo reprimió una risa ante la expresión bobalicona que tenía su amigo y con eso el ambiente tenso pareció distenderse un poco. Rodeó los hombros de Kazuto y lo sacudió amistosamente; él era el menor de los tres y todavía seguía comportándose como un niño caprichoso. No eran hermanos de sangre, pero aunque le llevaba tres años, el rubio lo había acogido bajo su cuidado sin dudar. Y temía que aquellos últimos acontecimientos le hicieran retroceder en el terreno que habían ganado.

—¿Has encontrado a tu novia? —le preguntó Kazuto tras algunos minutos.

Eugeo escondió la preocupación que ese tema le causaba, se encogió de hombros y le mostró la nueva nota que Alice había dejado para él. A estas alturas, tenía una colección de ellas —¿Quizás he sido demasiado demandante? Nunca fue mi intensión atosigarla, dejaré de buscarla por algunos días.

—Es lo mejor que puedes hacer, creeme.

—Tengo hambre —la voz de Ryoutarou se alzó entre los dos —Y Ronye ya ha dicho que la cena está lista, nos regañará si llegamos tarde.

—Explícamelo otra vez —Kazuto estaba anudándose el lazo del corbatín frente al espejo, mientras Eugeo jugaba con su sombrero. Ese día vestía muy elegante, de azul, un tono que combinaba con sus ojos.

Habían pasado algunos días desde la partida de Yui y las cosas estaban volviendo lentamente a la normalidad.

—Necesito que vayas al puerto y le enseñes el barco al comprador…Ryoutarou iba a encargarse de esto, pero no sé donde se haya metido.

—¿No puedes solo cancelar la cita? —el joven de cabello negro no se veía muy animado por hacerle el favor.

—Por respeto al cliente, es imposible hacer eso. Además se lo debes a Agil y Ryo, ¡estuviste de acuerdo con que ese barco se vendiera!

—No me estoy arrepintiendo —le costó un poco decirle eso, pero suspiró con aire vencido —Esto va a costarte caro, tendré que verle la cara a un comprador, que seguramente no tenga ni idea de como funciona un barco, mientras tú te vas a una escapada romántica.

Eugeo rió entre dientes —No puedo desaprovechar la oportunidad, veré a Alice.

Kazuto puso una expresión de falso enojo —Diviértete con la bruja, aunque deseo que se atragante con una espina de pescado.

—¡Kazuto! —le riñó mientras se ponía el sombrero —Recuerda lo que te dije, a las tres de la tarde frente al Yggdrasil. Posiblemente el comprador envíe a su sirviente a hacer la transacción.

—Cierto que iba a ser un regalo de aniversario. Esto se pone más divertido.

El rubio no respondió, se colocó el sombrero y salió silbando alegremente.

Los últimos trazos del verano se resistían a marcharse. Era cerca de media tarde, la hora acordada y la brisa marina pegaba fuerte. El sol quemaba sin misericordia, y allí, a mar abierto se sentía sofocante.

Se acomodó el ala del sombrero mientras caminaba por el puerto buscando la ubicación de su querido navío. Trataba de no pensar que estaba a un paso de venderlo, pero luego de cuatro años echando raíces y herrumbrándose olvidado en aquel lugar, lo mejor era buscarle un nuevo dueño.

Kazuto lo vio, grande y majestuoso como siempre. Algunos trazos de la pintura del casco se habían corrido, el nombre Yggdrasil estaba borroneado, gracias a la intemperie y a la inclemencia del clima. El palo mayor había sido debidamente sustituido y se erguía orgulloso en el centro. Seguramente Agil estaba detrás de esos detalles, el grandote era muy habilidoso con sus manos, le guardaba cariño y respeto a la embarcación. Kazuto sabía que haría hasta lo imposible por devolverle algo de su gloria pasada, pero luego de tanto tiempo, eso resultaba imposible.

Se aproximó sorprendido al notar que llegaba primero.

Si había algo que odiaba era la impuntualidad. Sacó su reloj de bolsillo comprobando la hora; efectivamente eran las tres de la tarde como le había pedido Eugeo.

Guardó el reloj en el bolsillo de su chaqueta ydecidió inspeccionar el barco en lo que llegaba el comprador. Se encaramó por la escalerilla sintiendo como su corazón latía a contramarcha. Había pasado mucho tiempo desde que hizo algo similar. Ante cada paso sentía una opresión extraña en el pecho… el recuerdo del último viaje… la desaparición de Asuna. Aquel barco era su amigo, lo conocía como la palma de su mano, aquel día, sin embargo le falló.

Puso los pies en la cubierta y se sintió mareado. El navío estaba anclado en tierra firme, pero podía sentir las olas tumultuosas de aquel fatídico día, las cuales sacudían la embarcación como si se tratara de una cáscara de nuez. Apoyó su mano en un extremo del palo mayor y se quitó el sombrero. Se secó el sudor de la frente y se ordenó serenarse. No estaba en medio de una tempestad, ni estaba a punto de morir. Alzó la vista, respirando con cierta dificultad; el castillo de proa captó su atención. Y no solo eso.

La mujer estaba allí arriba, haciendo girar una sombrilla de encaje que ocultaba su rostro. Tarareaba algo, la leve brisa marina arrastraba hasta sus oídos algunas frases sueltas de su canción. Vestía gloriosamente de granate, un color atrevido y osado para cualquier dama de la aristocracia.

Kazuto sintió que el aire abandonó sus pulmones, cuando ella giró sobre sus talones y finalmente le enseñó su rostro. El cabello anaranjado le había crecido, le llegaba hasta la cintura. Su rostro se veía mas adulto, pero no había dudas, seguía siendo ella. Tan hermosa y perfecta como la última vez que la vió.

Su corazón se detuvo unos segundos, para empezar a latir con tanta rapidez que sentía la sangre golpeándole los oídos. Ella estiró los labios, rojos al igual que su vestido, en una sonrisa astuta.

—A-Asu… Asuna… —murmuró, quiso dar un paso hacia ella, pero todo se puso negro. Su cuerpo se volvió agua y lo próximo que sintió fue la calidez de la madera en su mejilla.

nota:

Que descaro, Sumi! Hacer una nota después de dos años…

No tengo excusa, soy un desastre, regañenme!

Pero lo bueno… he vuelto! Yay! Y esta vez de verdad! Ahora que ya he acabado Galbi, podré centrarme en MAR, Second y Hasta estar dentro de ti, que son mis long fic principales.

Bueno, volviendo a este fic...confieso que moría por narrar los momentos Kazu y Yui así como padre e hija kyaaaa. Espero meter más momentos así pronto… no sé cuando sea eso xD

Gracias a todos por sus reviews y palabras bonitas, significan mucho para mí!

Espero les haya gustado este cap! Nos leemos pronto en el reto de Kiriveggie que planeo subir antes de que acabe la semana.

Gracias por leer!

Sumi~

PD- La portada fue una preciosidad hecha por Chocola_neko, muchos me han preguntado! Visiten su perfil, creo que tiene un Portfolio donde pueden ver sus trabajos de edicion.