Kazuha observaba cómo el paisaje pasaba rápidamente ante ella desde la ventana. El tren había cogido una velocidad tan potente que apenas podía distinguir lo que estaba viendo. Tampoco le estaba prestando demasiada atención: solo tenía en mente llegar cuanto antes a Tokyo para ver a su querida amiga Ran. La necesitaba. Necesitaba desahogarse con ella, contarle todo, que le diera sus sabios consejos y sentir su apoyo.

No era la primera vez que Kazuha hacía eso. Anteriormente, también había viajado a Tokyo para ver a Ran cuando estaba en problemas. La mayoría de veces había sido porque había tenido alguna fuerte discusión con Heiji. Aquella vez, el motivo era muy distinto…

No podía dejar de pensar en ello. ¿Qué iba a hacer? Se sentía perdida. ¿Cómo había llegado hasta ese punto? ¿Cómo lo había permitido? ¿Por qué había sido tan tonta? Fuese como fuese, sentía que ya no había marcha atrás… El arrepentimiento se apoderaba de ella y sentía una losa constante encima de su pecho que le impedía respirar. No había podido evitar llorar durante ese viaje en tren. De entre todos los que había hecho, sentía que ese era el más amargo sin duda.

Al fin llegó a la estación de Tokyo y Ran ya la estaba esperando allí. Tan pronto la vio, Kazuha se lanzó a sus brazos y gimoteó. Ran no dijo nada, se limitó a abrazarla. Sabía que aquello era lo único que necesitaba su amiga en aquel momento. Ambas se dirigieron al piso que Ran y Shinichi compartían desde hacía más de un año.

- Shinichi está de viaje por asuntos de trabajo, tiene un caso pendiente en Yokohama y no volverá hasta el viernes… Así estamos seguras de que nadie nos interrumpirá. – Ran guiñó el ojo a Kazuha y le arrancó una sonrisa.

- Gracias por todo, Ran…

- ¿Quieres algo? ¡Haré té, espérame aquí! – Ran se dirigió a la cocina y dejó a Kazuha en el salón.

Aunque lo había pensado, aún no sabía cómo decirle a Ran lo que le había ocurrido. El motivo por el cual estaba allí. ¡Tenía tanta confianza con ella y aun así le iba a ser tan difícil contárselo todo…! Pero no, Kazuha tenía que ser valiente y enfrentarse a la verdad. En el fondo sabía que explicarle su problema a alguien era el primer paso para superarlo. Sabía que le ayudaría a asimilar la situación… Cuando vio a Ran entrar de nuevo en el salón con la bandeja de té el corazón empezó a latirle muy aceleradamente. "Es el momento", pensó la joven de 22 años.

- Ran… El motivo por el que estoy aquí… El motivo por el que necesito tu ayuda… - Ran la observaba atentamente, esperando que en cualquier momento le dijera que se había vuelto a discutir con Heiji. – Creo que estoy embarazada, Ran.

Un silencio profundo se apoderó del salón. Ran dejó su taza de té y se colocó al lado de su amiga, que acto seguido rompió a llorar. Ran la envolvió de nuevo entre sus brazos e intentó calmarla. "Tranquila, Kazuha… Cálmate… Por favor…", es todo lo que podía decir Ran.

- No sé qué voy a hacer. No sé qué va a ser de mí. Justo ahora que Heiji y yo acabamos de graduarnos en la universidad y hemos aprobado los exámenes de acceso a la academia de policía… Ahora que estábamos empezando a hacer carrera en el cuerpo policial con nuestros compañeros… Ahora me pasa esto…

- No te preocupes, Kazuha… Todo tiene solución. – intentaba tranquilizarla Ran acariciándole la espalda. - ¿Heiji lo sabe? – Kazuha negó con la cabeza.

- Eres la primera en saberlo… No lo sabe ni Heiji, ni mi padre, nadie… Esta semana ha sido la peor de mi vida porque no era capaz de contarle a nadie mis sospechas… He tenido que cargar con toda esta angustia yo sola porque no soy capaz de contárselo a nadie… Me avergüenzo tanto, he sido tan estúpida…

- Por favor, no… No te atormentes así. Heiji debe saberlo. Él también es responsable de esto. Él es el padre.

- Pero es que no tengo valor de explicárselo. Tengo tanto miedo a su reacción. ¿Y si me abandona?

- ¡Por Dios santo, Kazuha! ¡Heiji nunca haría eso! ¡Te ama demasiado! ¡Daría su vida por ti! – aquello solo hizo llorar aún más a Kazuha. "Yo también lo quiero demasiado… Más que a nada en este mundo. Por eso tengo tanto miedo de que me odie después de esto…", pensó la joven.

Kazuha pasó aquella noche en casa de Ran. Por difícil que pudiera parecer, estar con ella la había tranquilizado. Habían pedido cena a domicilio y juntas habían pasado una velada estupenda. Ran había conseguido que Kazuha se olvidara por unas horas de su problema. Pero era intentar dormir y todos los pensamientos invadían a Kazuha. Recuerdos de aquella noche con Heiji. La noche en que sospechaba que empezó todo…

[FLASHBACK]

Era una noche de celebración. Todo el equipo de la comisaría salía a celebrar que Heiji Hattori y Kazuha Toyama habían aprobado los exámenes de acceso a la academia de policía y que pronto dejarían de ser simples aprendices para ser profesionales. Heiji era ya un viejo conocido en la comisaría, ya que colaboraba con ellos desde los 16 años. En cambio, Kazuha había entrado el pasado año para hacer sus prácticas universitarias pero con su encanto e inteligencia se había ganado el corazón de sus compañeros y el derecho a ser una más en el equipo. Aunque era un secreto a voces que Heiji y Kazuha tenían algo, ellos nunca habían hecho su relación oficial más allá de su reducido círculo familiar. Hacer pública su vida privada no iba con ellos y por eso nunca mostraban muestras de afecto en frente de todos sus compañeros…

Sí, aquella noche empezó todo. Kazuha, Heiji y sus compañeros habían ido a cenar y después a hacer varias copas en distintos bares. Una copa, dos copas, tres copas… ¿Cuánto había bebido Kazuha aquella noche? Aún no era capaz de determinarlo. ¿Y Heiji? También había perdido la cuenta de cuánto había bebido él. Pero estaban de fiesta. Aprobar los exámenes de acceso a la academia solo ocurría una vez en la vida de manera que tenían claro que debían celebrarlo por todo lo alto. En algún momento de la noche, Kazuha decidió que había tenido suficiente y que volvía al apartamento en el que vivía sola desde hacía unos meses. Heiji fue detrás de ella.

- ¡Ahou, qué haces yéndote sola! Déjame acompañarte, anda... – "Pero si estás tan borracho como yo", pensó Kazuha.

Estaban a solo unas manzanas de su apartamento cuando se giró hacia él y lo vio más guapo y atractivo que nunca. ¿Debía ser porque ella estaba borracha o porque a él le sentaban bien esas copas de más? No pudo reprimir sus instintos y empezó a besarlo apasionadamente. Evidentemente él se dejó llevar: no tenía razones para pararla y tampoco fuerzas… Entre besos, llegaron a su apartamento y tardaron poco en quitarse la ropa el uno al otro. A Kazuha casi le quemaba el calor que desprendía el cuerpo de Heiji mientras él la llenaba de besos por sus labios, su cuello y sus pechos. Quizá era culpa del alcohol, pero sentía que Heiji la iba a devorar aquella noche. No podía dejar de concentrarse en su erección contra su vientre. ¡Dios, aquello la iba a matar!

Evidentemente aquel no era su primer encuentro sexual, ya que llevaban juntos desde los 18 años, pero Kazuha lo estaba viviendo como algo único. "Maldito alcohol… Heiji…", susurraba Kazuha mientras su chico estaba ocupado con la cabeza entre sus piernas. Kazuha apenas era consciente de lo que estaba pasando. Solo sentía un torrente de placer infinito y se dejaba llevar. "Hazme todo lo que quieras, Heiji. Por favor…", le decía ella al oído, con una voz tan sensual que solo provocaba más excitación en su chico. Heiji no aguantó más y la colocó encima de su escritorio, haciendo caer todos los libros y objetos que había sobre él. A Heiji se le escapó un fuerte gruñido de placer cuando entró en ella, estaba tan caliente y húmedo ahí adentro…

- Joder, Kazuha… Me estás volviendo loco… ¿Por qué eres así? – aquella pregunta hizo sonreír a la ebria muchacha, lo que excitó aún más a Heiji. Para él aquella vez también estaba siendo diferente y se sentía tan bien…

[FIN DEL FLASHBACK]

¿Cuántas veces lo habían hecho aquella noche? ¿Tres, cuatro? A Kazuha aún le quedaban lagunas en la memoria. Una vez en el escritorio… La última vez en la cama antes de quedarse dormidos pero… De lo que estaba segura era de que ni él ni ella se habían preocupado en tomar precauciones. Lo peligroso del asunto, y de lo que Kazuha más se avergonzaba ahora, era de que aquella no era la primera vez que tenían sexo sin condón. Muchas veces la pasión y las ganas les hacía perder el control. Aquella noche el motivo era porque estaban demasiado borrachos, demasiado calientes, solo querían una cosa y no fueron capaces de pensar en lo demás… En las consecuencias…

- Kazuha, debes volver a Osaka y contárselo a Heiji. Coge el primer tren que salga hacia allí, él lo tiene que saber. – le había aconsejado Ran. Y así había hecho ella.

Era cierto, Heiji tenía que saberlo cuanto antes. Kazuha contaba con 2 semanas de retraso en su período y el test de embarazo que se había hecho antes de ir a visitar a Ran había dado positivo. No podía seguir ocultando su estado al padre de su hijo. Heiji se merecía saber toda la verdad cuanto antes, para poder actuar en consecuencia.

Pero tenía miedo a su reacción. Pensaba en todo momento en ello… "Pero no tiene derecho a enfadarse conmigo: él es tan responsable como yo de esto. ¡Así que no se lo voy a permitir!", había decidido ella. Pero más allá de eso, existían otras posibles reacciones. Recordó a su excompañera de clase, Megumi, que quedó embarazada de su novio a los 17 años. Él se desentendió y ella tuvo que abandonar el instituto para poder trabajar y mantener a su hijo. ¿Y si Heiji hacia lo mismo y la abandonaba? No, no podía hacer eso. Él no era así, Heiji era noble y caballeroso y la quería. O quizá… quizá Heiji le proponía que abortara. Porque tenían mucho futuro por delante y no se podían permitir tener un hijo. ¡Claro, la opción era razonable! Pero Kazuha se veía incapaz de someterse a un aborto. Nada más de pensarlo, se estremecía y se ponía a llorar como una magdalena. Aquello la llevaba a pensar que, aunque su hijo no era deseado ni esperado, eso no quitaba que ella ya lo quisiera. Maldición, ¿cómo era posible? Ya lo quería y ni siquiera lo conocía ni lo había tenido aún en sus brazos… Aquella situación la superaba.

- ¡Ya era hora! Llevo esperándote aquí desde ayer por la tarde. ¿Se puede saber dónde estabas y por qué no contestas ni a mis llamadas ni a mis mensajes? – era él. La estaba esperando en la puerta de su apartamento. Ella justo llegaba de la estación de Osaka y allí estaba él, esperándola en la puerta de su piso como un perro fiel…

- He estado ocupada, Heiji… - le dijo Kazuha sin siquiera mirarle, solo centrada en meter la llave en la cerradura de la puerta para abrirla. De pronto sintió una mano cogiéndole el brazo. Sin fuerza, pero decidido.

- Me vas a contar qué te ocurre ahora. Tú decides dónde: si aquí mismo o dentro de tu apartamento. – aquello la descolocó. Había llegado el tan temido momento.

- Pasa, anda…

Heiji ni tan solo se molestó en tomar asiento en el sofá o en la silla. Él también estaba tenso. Muy preocupado. "¿Qué le pasará? ¿Estará molesta conmigo? ¿Le habré hecho enfadar por algo?", se preguntaba. Heiji tampoco había estado tranquilo en la última semana. Había notado a Kazuha distante y evasiva. Estaba casi seguro de que no había hecho nada para provocar tal actitud, de manera que pensó que probablemente había conocido a otro y que pronto lo dejaría. Eso lo aterraba, pero si era eso necesitaba saberlo cuanto antes. Para acabar con aquella angustia.

- Si te he hecho algo que te ha molestado… Por favor, perdóname. Solo quiero que me lo expliques y que lo solucionemos. Pero por Dios, no vuelvas a desaparecer de la noche a la mañana, me tenías muy preocupado. ¿Tú sabes lo que es pasar la noche al raso al lado de tu puerta? Ya sé que estamos en junio, pero… - ver a Kazuha hecha un mar de lágrimas en cuestión de segundos lo interrumpió de repente. No sabía cómo reaccionar. ¿Había dicho algo que la había herido? La cogió por los hombros y Kazuha lloró un buen rato sobre su pecho, totalmente abrazada a él. Cuando por fin se tranquilizó, puso distancia entre los dos y cogió aire y fuerzas para decirlo.

- ¿Te acuerdas de aquella noche? Cuando salimos con los chicos y chicas de la comisaría a celebrar que habíamos aprobado…

- Sí, claro que me acuerdo. Tengo espacios en blanco de esa noche, pero…

- Creo que estoy embarazada, Heiji. Tengo dos semanas de retraso… - ni siquiera se atrevió a decírselo mirándolo a la cara. De pronto él la tomó por los hombros y sus miradas se encontraron.

- ¿E… estás segura? ¿C-completamente se-segura de lo que estás diciendo? – notó cómo a Heiji apenas le salían las palabras. El pobre estaba temblando. Ella asintió.

- El test dio positivo… Hay un margen de error pequeño pero… Iré al médico para asegurarme al 100%... – Heiji apretó fuerte sus manos y Kazuha volvió a derramar algunas lágrimas al verlo tan consternado. – Perdóname. De hecho no sé por qué me disculpo, pero es todo lo que te puedo decir… No puedo hacer más Heiji… He pensado muchísimo estos días… Pensaba que me iba a morir de la angustia, de no saber qué hacer… Tenía tanto miedo a tu reacción… A que me abandonaras después de esto o que me propusieras abortar…

- ¡Eso ni lo pienses! ¡No lo digas ni en broma! – le interrumpió él. – Jamás haría algo así… ¿Quién te has creído que soy? – Se hizo un silencio sepulcral, que solo el llanto de Kazuha rompió. – No te preocupes, saldremos adelante… - Heiji abrazó a Kazuha muy fuertemente, como si fuera a huir de él. Él también estaba muerto de miedo… - Juntos, como siempre hemos hecho… De peores nos hemos librado, ¿o ya no te acuerdas?

Kazuha sabía que se refería a todas las situaciones a vida o muerte que juntos habían enfrentado, le correspondió el abrazo y soltó una leve sonrisa. Por primera vez en esos días, sintió que Heiji y ella podían proporcionar a ese bebé que estaba en camino un buen hogar: quizá no el más arquetípico, pero sí lleno de amor…

DOS SEMANAS MÁS TARDE…

Heiji y Kazuha salían de la consulta del ginecólogo con la cara a cuadros. El doctor les había dicho que no había bebé. Que nunca lo había habido. Que todo había sido una falsa alarma, un retraso normal y corriente que, junto con un test de embarazo totalmente erróneo, había llevado a la confusión a los no-padres. Tan pronto salieron de la consulta, Heiji y Kazuha se abrazaron efusivamente entre gritos de alegría y hurras. Definitivamente quedaban atrás todos los nervios, lágrimas y angustias de las últimas semanas. Los jóvenes respiraban ahora tranquilos y se sentían felices porque todo había sido fruto de una cadena de desafortunadas coincidencias.

- ¡Bueno, vamos a celebrarlo por ahí! – propuso Heiji.

- ¡De eso nada! Ahora mismo vamos a la farmacia a comprar las pastillas anticonceptivas que me ha recetado el ginecólogo. ¡Basta de sufrir sustos como este!

Evidentemente Heiji no se quejó por el plan. La parte positiva de todo aquel asunto era que la pareja pudo conseguir otro método contraceptivo que les ayudaría en su vida sexual.