Corrió tan rápido como pudo. Incluso él mismo se sorprendió, nunca hubiera dicho que pudiera correr a esa velocidad. Aunque lo cierto era que nunca había puesto sus piernas a tal prueba como la de hoy. ¡Maldición! Justo tenía que tener la moto en el taller por una reparación, justo cuando más falta le hacía…

Llegó al hospital con la respiración muy entrecortada. "Planta 1, cuidados intensivos. Planta 1, cuidados intensivos", no paraba de repetirse internamente Heiji. Cuando por fin llegó vio a su padre, Heizo Hattori, y al padre de Kazuha, el señor Toyama, en el pasillo. Nada más observar su cara de preocupación, supo que algo no iba bien. Que aquello no era tan leve como le había dicho su padre por teléfono en un principio.

- ¿Q-Que ha pasado? ¿Por qué ponéis esa cara? – les preguntó Heiji. Se hizo un silencio incómodo…

- Heiji, Kazuha… Kazuha ha resultado herida en un tiroteo este mediodía… - dijo Heizo Hattori. El padre de Kazuha ni siquiera podía levantar su mirada del suelo.

- Pero… ¿pero qué estás diciendo? – a Heiji se le dibujó una sonrisa en la cara de repente. Le sonaba a broma.

- Kazuha pasó por casualidad por un banco en el que estaba habiendo un atraco… y no se lo pensó dos veces. Entró en el banco y puso a cubierto a un niño que había dentro… Lo protegió con su propio cuerpo y le dispararon por la espalda… Y ahora está grave. – a Heiji se le vino el mundo encima nada más oírlo. No se lo podía creer. Lo que estaba oyendo era típico de Kazuha… Sacrificarse para proteger a un niño… Poner en peligro su propia vida por otra persona… Sí, sin duda aquello era típico de esa ahou…

- ¿¡Dónde está ahora!? ¡Quiero verla! – exigió Heiji.

- Está en quirófano… - susurró el padre de Kazuha.

- Joder, joder, joder… ¡JODER! – Heiji pegó un seco puñetazo contra la pared y bajó la mirada al suelo. Notó cómo sus ojos se entelaban, pero no quería llorar. No podía llorar. Kazuha iba a estar bien. Era todo en cuanto podía pensar en aquel momento…

Pasó una media hora y el médico les comunicó el estado de Kazuha. La operación había sido un éxito, pero tenían que esperar a las próximas horas, que eran críticas. Heiji sintió que el suelo temblaba bajo sus pies cuando vio a Kazuha a través del cristal, intubada y con tantas máquinas conectadas a su cuerpo. Puso sus manos sobre el cristal, como si aquello le ayudara a sentirse más cerca de ella. En ese momento habían entrado en la habitación el padre de Kazuha y Heizo Hattori. El señor Toyama la estaba agarrando de la mano y le hablaba, aunque Heiji no podía entrever qué era lo que le decía. Se le hizo eterno hasta que ambos hombres salieron de la habitación y dejaron que él entrara. Heiji se aisló del mundo al entrar en esa habitación. Solo podía ver a Kazuha y dejó de importarle si su padre o el de Kazuha lo estaban observando. Se sentó en una silla al lado de su Kazuha y la miró atentamente. Veía cómo su pecho se alzaba y contraía por su respiración y el sonido de las máquinas se convirtió en una melodía hipnotizadora. Estuvo en silencio durante un largo rato, porque Heiji estaba sin palabras. Jamás se hubiera podido imaginar a Kazuha en esa situación. Era Heiji quien tenía más números para estar en ese lugar. Era él el que se enfrentaba cada día a peligros, a delincuentes, a asesinos, porque era un maníaco de los misterios. Le atraía el riesgo y sin embargo… era Kazuha quien se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Porque había sido lo suficientemente valiente para sacrificarse por un niño al que no conocía de nada…

- Tienes que resistir, Kazu… Tienes que sobrevivir. No nos puedes dejar solos. No me puedes dejar solo…

Una lágrima silenciosa recorrió el rostro de Heiji. Le aterró pensar en una vida sin su Kazuha. No podía concebirlo. Vivir sin ella era simplemente imposible. No podía vivir sin esos ojos verdes, sin esa cola de caballo, sin esas piernas bien definidas, sin su sonrisa, sin su ternura, sin su generosidad y sus ganas de ayudar siempre a la gente… No se imaginaba la vida sin sus discusiones continuas, pero tampoco sin los buenos momentos que siempre pasaban… Kazuha era más que su amiga. Era su confidente y una compañera de vida. Juntos habían vivido buenos y malos momentos… Pero siempre habían estado ahí el uno para el otro. Y ninguno de los dos se lo había pensado dos veces para arriesgar su vida por salvar la del otro.

- Por eso no puedes dejarme Kazuha… Si tú te vas, ¿con quién me discutiré ahora? ¿Quién me acompañará a los casos como si fuera mi guardaespaldas? ¿Quién me protegerá? ¿Quién me agitará el cuerpo y el corazón si tú no estás, Kazuha?

Pero Kazuha no despertaba. Había mejorado, ya le habían retirado la respiración asistida y la habían desconectado de muchas de las máquinas, pero sin embargo no abría los ojos. Aquello desesperaba a Heiji, hasta el punto que no pudo resistirse a asistir a uno de los interrogatorios del tipo que disparó a Kazuha. En un principio mantuvo la calma pero cuanto más oía su declaración, más se crispaba. Oír su asquerosa voz y cómo se reía de las víctimas que había causado su estúpido atraco lo sacaron de sus casillas: entró en la sala del interrogatorio y empezó a golpear violentamente al delincuente. Un golpe por cada lágrima que había derramado por lo que le había hecho a su Kazuha.

- ¡Quieto, Hattori! ¡Cálmate, vamos! – era su padre el que le chillaba y lo separó de ese indeseable.

- ¡Déjame! ¡Lo quiero matar! ¡Por lo que le ha hecho a Kazuha! – Heiji luchó con todas sus fuerzas pero no pudo deshacerse de sus compañeros, que seguían separándolo del delincuente. Cuando el joven de 18 años se dio cuenta de lo que estaba pasando, estalló en llanto. Eran demasiados sentimientos juntos, demasiado estrés emocional… No podía soportarlo. Heiji no podía aguantar más. Solo necesitaba que todo fuera como antes. Que Kazuha despertara y volviera a estar a su lado…

La visitaba cada día e incluso había noches que se quedaba a dormir en el hospital. Podía despertar en cualquier momento y quería estar a su lado cuando lo hiciera. Porque Kazuha despertaría, estaba seguro de eso. En una de esas noches de soledad y silencio, en la que solo estaban ella y él, Heiji deseó volver atrás en el tiempo. A aquella vez en que decidió que confesaría a Kazuha sus sentimientos. Hacía ya casi un año de aquel ataque de celos provocado por el imbécil de Takenaka. Heiji había invitado a Kazuha a cenar a un restaurante muy… digamos, adulto. Se había prometido a sí mismo que aquella era la noche en que se declararía a Kazuha, porque había estado a punto de perderla. Recordaba como si fuera ayer lo preciosa que se había puesto aquella noche, aunque aún estuviera algo enfadada con él. Llevaba el pelo suelto, un colgante e incluso se había maquillado un poco. Para él, Kazuha era simplemente perfecta. Aquella noche solo tuvo ojos para ella y una fuerza interior de origen desconocido, que nunca había sido tan potente como entonces, deseó llevarla a algún lugar privado para besarla toda la noche y quitarle ese vestido celeste tan bonito que llevaba puesto. Pero los miedos de siempre volvieron a invadirlo: ¿y si al confesarle sus verdaderos sentimientos la perdía para siempre? ¿Y si ella lo rechazaba? Jamás podría soportar un golpe así. Así que renunció antes de intentarlo. Prefería esconderse y callarse a satisfacer sus deseos con ella.

- Sí, Kazuha… Aquella noche fui un estúpido… Como bien has dicho siempre, un auténtico ahou… - Heiji la miró, esperando alguna reacción de ella. Pero no, ella seguía profundamente dormida. La cogió de la mano y la besó, mientras más lágrimas caían por sus mejillas con energía. – Por favor Kazu… por favor… tienes que despertar. Tienes que volver. Es lo único que te pido… Tienes que ser fuerte, todos te estamos esperando… Yo te estoy esperando… Si vuelves, te juro que a partir de ahora aprovecharé mi tiempo contigo… Te juro que no perderé más oportunidades… No me esconderé más de ti, pero por favor no me dejes… Te necesito, Kazuha. Mi vida es una mierda sin ti, no valgo nada si no estás… Porque tú eres mi vida, ¿sabes? Eres mi vida entera y no puedo estar sin ti. Si tú te mueres yo… Yo me muero contigo, porque no soporto vivir sin ti. Te quiero… Te quiero más que a nadie en este mundo… - dijo Heiji y estuvo llorando un largo rato, con su cabeza escondida entre los brazos pero sin soltar la mano de Kazuha.

- Heiji. – de pronto Heiji abrió los ojos. ¿Esa voz era de Kazuha o era una alucinación? Alzó la cabeza y ahí estaba ella, con los ojos abiertos y reincorporándose en la cama. Estaba algo colorada. – To-todo eso que has dicho… ¿Es verdad? – Heiji se quedó en silencio, incapaz de contestarle. En ese momento su mente estaba en blanco y llegó a pensar que todo estaba siendo un sueño. - ¿De verdad que yo te… gusto? – volvió a insistir ella. En ese momento Heiji se dio cuenta de que sí, aquel momento estaba siendo real. Le dedicó una sonrisa, se sentó en la cama y le acarició la mejilla izquierda con suavidad.

- No, no me has oído bien. No me gustas. Te quiero, te quiero mucho, más que a nadie en este mundo. Eso es exactamente lo que te he dicho mientras estabas dormida… O eso creía. – Heiji no se lo podía creer. No solo Kazuha había despertado… Por fin se lo había dicho todo. A pesar de no conocer aún su reacción, él ya sentía que se había quitado un peso de encima. Los jóvenes no dudaron más de sus sentimientos y se dejaron llevar por su primer beso. El primer beso de esos chiquillos que se habían criado juntos y que siempre habían estado unidos por una fuerza mayor: el destino.