Adrien hace minutos había despertado. No de la mejor forma, aún tenía el sudor frio recorriendo por su cuello y frente, aún tenía el miedo paralizante en su piel, aun tenia gritos encerrados en su garganta.

Se encaminó, hacia el balcón y apoyando sus manos en el fierro. Se quedó mirando el cielo, las estrellas que iluminaban el mismo.

Un suspiro emitió, cansino.

— ¿Sin poder dormir? —Preguntó una voz jovial.

Adrien levantó la mirada y vio que era su Lady. Sorprendido de que estuviera ahí, con él. Estiro su mano y tocó su mejilla. Esa que inmediatamente se coloreo por la acción del modelo.

— Lo siento —Se disculpó al instante al saber que era real, apartando su indebida mano— Pensé que eras un sueño.

— ¿Soñando conmigo? —Preguntó intentando disminuir el nerviosismo que ese roce género. Aunque esa pregunta parecía –obviamente- un intento de coqueteo.

— Me gustaría —Confesó— Últimamente lo único que tengo son pesadillas.

— Igual que yo —Emitiendo un suspiro mientras miraba la luna. Sintiendo que el sonrojo se iba al escuchar la palabra "pesadilla"

— ¿Puedo... —Empezó con claras dudas.

— ¿Si?

— ¿Puedo abrazarte? —Preguntó y luego se sintió muy atrevido— Lo siento, olvídalo, eso es...

Pero antes de que pueda retractarse. Ladybug de repente, lo abraza con fuerza, aferrándose a él.

Porque los dos en el fondo querían eso. Querían que los reconforten, esos, que por más que sus Kwamis lo intenten no podían hacerlo. Eran muy pequeños para que sus portadoras pudieran sentir que se estaban aferrando a algo. Y los peluches o almohadas, eran fríos, no tenían el calor corporal que ahora la otra parte le brindaba.

— Tengo miedo —Dijeron al unísono provocando que los brazos que apretaban la espalda, lo hicieran con más fuerza.

Y cuando se separaron al rato, solo unos centímetros, ellos apoyaron sus frentes mientras sus ojos se miraban atentamente. Esos que decían:

"Tengo miedo del mañana"

"Tengo miedo de perderte"

— Sera mejor que me vaya —Espetó Ladybug con la cara roja mientras con dificultad se separaba de él— Espero que puedas dormir.

— Espero, lo mismo para ti.

Ella sonrió antes de desaparecer mientras Adrien tenía el corazón a punto de salir de su pecho. Desde hace un tiempo, sintió que esta vez no podía dormir por buenas razones.

En su cama, Marinette creía lo mismo... ¡Había abrazado a Adrien!