Los humanos más poderosos

Capitulo 1

Un año, un maldito año había pasado desde que termino varado en este desconocido mundo. Sin hogar, sin dinero…sin nada. Durmiendo en calles por meses, tratando de salir adelante y de no morirse de hambre.

Fueron tiempo complicados no lo negaba, conseguir trabajo le era imposible. Porque no tenía nada que lo identificara y mucho menos algo que justifique sobre su capacidad para realizarlo.

Algo normal claro está, en tiempos actuales es obligatorio cualquier tipo de título, inclusive uno de por los menos haber terminado la escuela, para todo aquellos que intentan conseguir un trabajo.

Tuvo suerte que un anciano lo contracto para que lo ayudara en su negocio familiar, nada complicado. Solo atender a clientes, tomar sus pedidos y cobrarles lo que respectivamente costaba. Incluso debes en cuando ayuda al viejo y su hija en la cocina.

Y no tenía motivos para no hacerlo, podía decir con total sinceridad que es la única persona con la cual estaba en deuda, al fin y al cabo, gracias al anciano es que ahora tenía una identificación y la oportunidad para ingresar a la escuela…otra vez.

Por todos los cielos, sin duda no podía creer que a sus dieciocho años tenga que volver, cuando no lo necesitaba ciertamente. Era una realidad muy molesta, pero ¿Qué otra opción tenia?…

Razón por el que odiaba aún más a Orochi, era la culpa de él que haya terminado aquí...

De todas formas y viendo el lado positivo no tendría que cursar todo de nuevo en la "bendita" escuela, por no decir otra cosa. Y todo gracias a un examen escrito en el que comprobaba su nivel. Otra cosa más que le debía al anciano y su familia. Claro, se comería tres años porque tampoco es que pueden colocarlo en el último, así como así a pesar de sus conocimientos, pero era mejor a tener que reiniciar todo de nuevo.

De todas manera, lo único que esperaba mientras observaba la escuela. Es que al finalizar su primer día de clases no tenga ningún tipo de contra tiempo, además del negocio había conseguido un empleo de seguridad por las noches y debía ser puntual. Más porque necesitaba el condenado dinero para pagar el alquiler de donde vivía actualmente.

Aunque fue entonces que se dio cuenta de algo importante; A partir de ahora los días iban a ser bastantes largos por su ajetreada agenda.

Escuela y ambos empleo...

—Vaya mierda...— finalmente murmuro para si ante ese hecho. En tanto continuaba observando la academia Kuoh, su lugar de estudios y donde también lo hacia Murayama, la hija del anciano que lo saco de los apuros cuando termino en este mundo.

Ella le había dicho que la esperara para ayudarlo a conocer un poco el sitio y de paso mostrarle su club de kendo, por si lo interesaba unirse. No tenía idea de que hablaba sobre lo último, aunque tampoco es que se mosqueo en preguntar, lo único que si sabía es que comenzó a molestarlo con eso de unirse al dichoso club, desde que tuvo la "grandiosa" idea de ayudarla con su entrenamiento, unos de esos días en el que no había nada que hacer en el negocio de su padre.

Cuanto se arrepentía…

Hasta ahora parecía no olvidarse de recordarle que una vez inicien las clases, se uniera a su club porque sería muy bueno y esto que aquello, para su completo y enorme fastidio. No la convertía en cenizas simplemente porque se lo debía a ella y su familia toda la ayuda que le brindaron.

Y suspirando coloco ambas manos en el bolsillo en espera de la mencionada. Vistiendo el típico traje estándar de la academia o más bien algo de ello. Es que primero muerto antes que ponerse ese tipo de moño o cinta rara en el cuello, solo con el pantalón negro de vestir, al igual que sus zapatos, más la camisa blanca con botones que la llevaba remangaba y fuera de los pantalones, ya debería ser suficiente. Además, ni loco iba a comprar el blazer que requería la academia, le cuesta un ojo de la cara y prefería seguir ahorrando, que gastar en tonterías y más en las condiciones actuales en las que vivía, apenas y le alcanzaba para un almuerzo decente. Sin mencionar que la mochila unigear de hombro, color gris, el cual portaba era un regalo de Murayama, ya que, si fuese por él, llevaba un cuaderno en la mano y un par biromes en sus bolsillos, así de simple.

—¡Iori!— resonó repentinamente a su espalda.

Ya él sabía de quien trataba esa voz chillona. Por lo que giro con aburrimiento. Viendo a una joven de pelo castaño largo atados en dos coletas, corriendo hacia él. Con las prendas correspondiente para el grupo el femenino de la academia. El cual consistía en una falda, ¿rosada o magenta?, algo así, no era bueno con los colores, la cuestión es que llevaba eso, más una camisa blanca con mangas largas con botones y un tipo de corsé negro, con una ¿capa pequeña y negra sobre su hombro? ...Ah y esa cinta o moño raro, no le quedaba claro que era aún, sobre su cuello.

—Hey— se limitó a responder o saludar a su manera, claro. Nunca fue alguien de muchas palabras.

La joven en cambio asintió alegre y lo observo entusiasmada parado en la vereda, cerca del enorme portón negro abierto en ambos lados para ingresar a la academia, por varias razones, primero porque deseaba tanto verlo en el club de Kendo, puede que este conformado solo por mujeres, pero estaba más que segura que él no era un pervertido como otros.

Segundo, los beneficios que traería ello para todas sus amigas serian inmensas, Iori era muy bueno en el combate, lo supo cuando la ayudo con su entrenamiento. Y estaba segura que, con su ayuda iban a perfeccionarse mucho más. Pues nunca…pero nunca vio a alguien con tales reflejos y velocidad, debía haber un truco o algo para alcanzar ese nivel suyo…

Aunque sospechaba que se guardaba aún más bajo las mangas.

Y tercero, viéndolo como lucia ahora con ese buen porte combinado con ese estilo rebelde, pues debió tratar por todos los medios de no sonrojarse, quizás Iori sea la persona más malhumorada que haya conocido en lo que lleva de vida, pero aquello no quitaba que era muy guapo. Ya quería ver como reaccionaria sus amigas cuando la vean con él.

—¡He!— llamo la atención él con un tono bastante fuerte y enojado. ¿Qué tanto soñaba despierta?

—uh…¿Qué?— salió de sus delirios Murayama, parpadeando varias veces. Para solo notar la mirada fastidiosa del Yagami, lo que la hizo reír un poco. Estaba totalmente acostumbrada a su habitual mal temperamento, por lo que abrazo su brazo con fuerza y lo arrastro hacia el interior de la academia divertida, ignorando totalmente la mirada recriminatoria de él.

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Apenas un pie coloco en el interior de la academia y ya gruño para sí. Sabía que esa sensación, esa tipo de energía que invadía su ser, tan solo era ligeramente similar a los Hakkeshu, pero aun así no podía evitar expresar su infinito desprecio y molestia en sus facciones por tan solo sentir algo igual a ellos.

La pregunta en cuestión es… ¿también había seres como los hijos de orochi en este mundo?

La energía no era KI, de eso estaba seguro…era otra cosa, pero aun así apestaba a algo diabólico o demoniaco. Maldición, como deseaba que Chizuru esté aquí, ella era la sacerdotisa experta en todo eso, pero vaya uno a saber en dónde termino varada cuando Orochi abrió los múltiples portales dimensionales para evitar ser sellado. Y teniendo en cuenta que pasaron más de 365 días, sin hallar un rastro de ella, le hacía confirmar que en este mundo no estaba o al menos eso creía…En cuanto a Kusanagi, tsk, solo deseaba que en donde sea que haya caído fuese dentro volcán con lava. Sí, eso le haría infinitamente feliz…A pesar de saber que eso no lo mataría al fin y al cabo ellos tres eran los únicos capaces de enfrentar a Orochi, cuando liberaban su verdadero poder.

—¿Estas bien Iori?—

—Si…si— secamente afirmo.

Murayama lo observo curiosamente. Apenas habían ingresado y repentinamente quedó quieto, ni si quiera pudo moverlo unos milímetros desde su brazo, algo que la sorprendió ciertamente, sin embargo, podía ver que algo le molestaba. Si, puede que siempre este serio, pero se podía notar a leguas cuando no estaba cómodo.

—¿Vamos? — se limitó a interrogar.

Era el primer día de clase y las inscripciones a los club se abrían nuevamente, todos los años fue así y esa era la razón por la cual estaba apurada. Quería que él este en su club de Kendo. Además, no tenía caso preguntarle e insistirle sobre que podría estar molestándolo hace un momento, sabía que no le diría una sola palabra. Siempre fue muy misterioso.

Y efectivamente no estaba equivocada, el Yagami solo termino por asentir en respuesta antes de continuar el trayecto.

No obstante, tan solo segundos después mientras caminaban por los pasillos en donde estaban las aulas, principalmente él, se vio obligado a ignorar las miradas curiosas que recibía tanto del público masculino y femenino.

Creyó que probablemente sea por su pelo y ojos rojos, Murayama tiempo atrás le había dicho que solo había visto a una persona con esas características e incluso le pregunto si conocía o si estaba relacionado con una tal Gremory. Obviamente desconocía sobre quien hablaba. Pero parecía ser que su aspecto no era habitual en este mundo.

Su "guía" en cambio, coincidía hasta cierto punto. Seria alguien tonta para no darse cuenta de ciertas miradas llenas de interés por parte del público femenino hacia él. Lo que la llevo a abrazar más fuerte el brazo del Yagami, causando que él deje escapar un gruñido irritado y también por las miradas.

Su paciencia tenia limite y ya estaba cerca del noventa por ciento para que se le acabe.

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Finalmente, luego de unos minutos llegaron a un enorme salón, donde resonaba el bullicio de todos los alumnos presentes. Parecía ser el lugar en donde se practica educación física. Pues era una cancha de Basket ciertamente.

Capto que alrededor de la cancha, había por separados varios estandartes con afiches enormes, algunos coloridos, otros no tanto, acompañados por una enorme mesa con sillas en donde estaba los representantes de cada respectivo lugar, entregando folletos a quienes se acercaban.

Supuso que a eso se refería con lo del club, Murayama. Eran muchos y parecían que varios alumnos estaban apurados en inscribirse, en dichos lugares.

Su acompañante de un momento a otro para su total gratitud, le soltó su brazo y con un gesto de la mano le indico que la siguiera. Iori solo alzo los hombros con aburrimiento, como si no tuviera otra opción y la acompaño a unos cuantos pasos por detrás.

Hasta lograr distinguir un enorme afiche con la palabra "Club de Kendo" plasmada en el.

—Hmm ya veo…— susurro, deteniéndose unos segundos y notando como seguía derecho la joven de pelo castaño a pasos más acelerados, hacia aquel "stand".

Alzo una ceja al notar cierto detalle…todas eran mujeres las que estaban allí entregando folletos. Honestamente su primer pensamiento era que no fuera tan gritonas y chillonas como Murayama… Lo único que le faltaba para agregar a sus problemas es que termine con problemas en el oído. Definitivamente no deseaba eso.

Y se acercó lentamente con sus manos en el bolsillo. Mientras presenciaba como la joven de cabello castaño saludaba con un efusivo abrazo a cada chicas del Club de Kendo.

—¡Hey tu! si piensas que puede unirte a nuestro club ¡mejor sigue soñando!— le advirtió a una joven poniéndose en su camino, antes de si quiera poder acercarse. No era necesario decir que la mirada que le brindo el Yagami, la aterro tanto que la hizo retroceder un par de pasos.

—¡No, no, él viene conmigo! — grito Murayama, captando la atención de todas sus amigas que la observaron, incluso la que se vio asustada por el de cabello rojizos —por favor dale un folleto— aconsejo.

Dudosa al igual que todas la demás, la chica frente Iori decidió entregarle uno. Aunque se asustó más cuando este le arrebato de su mano bruscamente el papel sobre el club. Era claro, estaba bastante irritado por el trato que recibió por parte de ella. No estaba de más decir que la mencionada, rápidamente se fue con las demás por temor a aquel estúpido y guapo vándalo. ¿Qué pensaba Murayama?

—Déjame adivinar. ¿Es él? — se acercó una chica de cabello algo rosado y corto hasta su hombro hacia Murayama, con los brazos cruzados. Para luego observar al de cabellos rojizos leyendo el folleto desde donde lo habían detenido. Ignorando totalmente las miradas femeninas del club de Kendo sobre él.

—El mismo, Katase— respondió contenta la mencionada.

—¿Esta segura que no es un pervertido? — interrogo dudosa la joven llamada Katase, sin quitar sus ojos encima del Yagami, pues era atractivo a su vista y las demás no diferían demasiado a su opinión, sin embargo, el problema que tenían con un trio de pervertidos desde el año pasado, le impedía confiar en algunos hombres de la escuela—Y no parece ser alguien muy bueno que digamos— afirmo, recordando como trato un momento atrás a su amiga con los folletos.

—¡Que no es pervertido! — aseguro Murayama echando un suspiro de cansancio, dando entender que ya había hablado con respecto a esto —y no es malo— aclaro observando a Iori —es un poco emo si, también algo antisocial y un poquito antipático—

—¿Alguna hermosa cualidad más? — bromeo la de cabellos rosas.

La aludida no pudo evitar echar una pequeña carcajada ante el comentario de su amiga.

—Bueno, es serio a tiempo completo…y por lo general alguien de pocas pulgas. Pero en el fondo es buenito —prosiguió rascándose la cabeza con diversión.

—Bueno. Supongo que podríamos aceptarlo, si es que quiere entrar en nuestro club…no sé, ¿qué dicen ustedes? — pregunto Katase observando a los demás, escuchando los murmullos de sí, por esto que aquello y no, por otras razones. Luego algunos que otros comentarios enamoradizos que simple opto por ignorar.

—Ahora que lo mencionas, ni si quiera le pregunte si realmente quería unirse a nuestro a club— reflexiono Murayama ante la mirada incrédula de su amiga.

—Pobre, ni le diste opción y sabes que es nuevo en la academia— le reclamo su amiga poniendo ambas manos cintura.

—Sí, si… ya entendí — aviso Murayama alejándose del Club de Kendo en busca de él.

—¡De cualquier manera dile que tiene las puertas abiertas a nuestro club! — grito fuertemente Katase. A lo que su amiga respondió solo con un gesto de la mano, alegando que había entendido.

Iori por su parte capto como se acercaba hacia él otra vez, la joven de pelo castaño con dos coletas. Y luego volvió a observar el folleto con una solo pregunta.

—¿Es obligatorio? — dijo, una vez ella se acercó a su lado. Haciendo que la castaña alzara ambas cejas, no obstante, entendió el contexto de la pregunta.

—Bueno, sí. Los clubs son todos supervisados por los profesores que nos brindan proyectos, ya sea para beneficencia, recaudar dinero para la escuela o para nosotros mismo, aunque lo que ganemos sea poco. En mi club, por lo general hacemos proyectos, como enseñar defensa propia a las personas, por decir uno—

—Comprendo…— Se limitó a decir Iori pensativo. Ante la atenta mirada de la joven castaña.

—Oye...si quieres puedes mirar alguno que te guste; hay muchos como el de "fotos", de "tennis" o el más popular, el "club de las investigaciones ocultas". No tienes que unirte al nuestro si no quieres, pero quiero dejar en claro ¡que te recibiremos con gusto!— expreso con una sonrisa Murayama, esperando cualquier tipo de reacción o algún indicio en su rostro de querer unirse al grupo de Kendo. Sin embargo luego de unos cuantos segundos poso un dedo sobre su mentón pensativa, en tanto observaba el techo —hmm, ahora que lo pienso, me olvide decirte que también puedes unirte a dos clubs, si te interesa mas de uno claro. Aunque debes saber que solo podrás cambiar de club cuando finalice el año—

—Eso es muy molesto—refunfuño Iori, mientras mirabas los alrededores.

—Lo sé— estuvo de acuerdo ella en tanto le sonreía —bueno, te dejo elegir tranquilo, ¡nos vemos! — completo, girando para volver a su club.

—¡Hey espera! — aviso él.

—¿Uhm?—

—¿No hay ninguno de música? — se apresuró a decir al no encontrar nada relacionado a ello.

Murayama parpadeo varias veces ante esa interrogante con cierta curiosidad.

—¿Te gusta? — pregunto rápidamente, tratando de ocultar su emoción. Había tratado de averiguar tantas veces que le interesaba/gustaba y que no.

—Es de lo poco que me agrada— Se sinceró el Yagami observándola.

Ella casi grita entusiasmada, no esperaba eso honestamente. Y más viniendo de él. Pero debió ponerse seria.

—Bueno, antes había un club de música. Sin embargo, se cerró. No le fue muy bien a comparación de los demás—

—¿Puedo abrir uno? —Continuo. Honestamente no le interesaba ningún club de los que veía. Y si iba a estar todo el año en uno, preferiría que sea algo que al menos le agrade.

—Hoy es el primer día de clase. Quizás aún puedas, pero deberías ir a hablar ahora mismo con la profesora de música antes de que sea más tarde, de lo contrario no tendras tiempo para armar algo y menos para que alguien se inscriba. En el caso que ella acepte tu petición—recomendó la joven.

—Bien. Iré a verla— finalizo el Yagami sereno. Dándose vuelta y alzando levemente su mano en señal de despedida.

La castaña ya sabía o más bien entendía que esa era su manera de decir gracias, por lo que solo sonrió. Confiaba que no tendría problemas en encontrarla.

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Segundos después él de cabellos rojizo camino apresurado. Ni si quiera se tomo el tiempo de observar los otros "stand". Después de todo, solo le interesaba lo relacionado a la música, hablar con la dichosa profesora y nada de otra tonterías. Por lo que siguió moviéndose entre la multitud dispuesto a salir del enorme salón de gimnasia de una buena vez, multitud que para su sorpresa se hacía más grande a un punto que comenzaba a molestarlo. ¿Por qué tanto alboroto y tan repentinamente?...sinceramente no entendía.

Hasta que capto la razón…

Varios hombres como mujeres iban tras una chica de cabellos rojizos, como perros. Y ciertamente ni si quiera pensó que era alguien popular, ni mucho menos que se trataba de la tal Gremory con la cual Murayama lo relaciono mucho tiempo atrás. Solo la observo fijamente paralizado.

¿Por qué le parecía atractiva? No, claro que no. La chica lo era ciertamente pero no estaba viendo a ella en sí. Iori estaba viendo a alguien con una energía que le recordaba demasiado a los Hakesshu y más porque estaba a tan solo unos cuantos metros suyo. La sensación era mucho mas fuerte que al ingresar apenas a la academia.

Y su reacción fue totalmente inconsciente...no pudo evitarlo. Pues sus puños automáticamente se cerraron, al tiempo que su energía se elevó un poco. Pero lo suficiente para que la chica de cabellos rojizos se detuviera entre la multitud que la seguía, desviando sus ojos hacia donde sentía aquello que inundo sus sentidos.

Ambos se miraron fijamente y por un momento todos los que caminaban a su alrededor parecían que se ralentizaran. La mirada de él era dura, sumamente feroz como si fuera que estaba punto de atacar una presa. Ella en cambio, solo termino por hacer oídos sordos a las preguntas de sus fans que la rodeaban. Olvidándose totalmente de la energía potente de aquel humano, debido a la gran sorpresa que se llevó por su apariencia. Cabellos rojos e inclusive ojos tan o más rojos que los de ellas, como si fueran gotas de sangre, sin mencionar la mirada amenazante que le brindaba.

Intento acercarse, pero uno de sus fans se puso frente suyo, preguntándole si podía unirse a su club. Ella rápidamente los desvió haciéndose a un costado. Pero abrió sus ojos en par al no ver mas a aquel sujeto. Y realmente no podía creerlo, fueron menos de cinco segundos. ¿Cómo podía haber desaparecido?

Con la curiosidad invadida en todo su ser, miro hacia la izquierda luego a la derecha. Hacia todos lados tratando de verlo ¿Acaso era una ilusión?

—Rias, ¿todo bien? — escucho a su lado, sintiendo como una mano se posaba sobre su hombro. Y vio de quien se trataba.

—Oh…si Akeno, si— contesto aun algo despistada, a la bella mujer de cabello negro atado en una larga cola de cabello. Para solo girar totalmente ante la confusión de la mencionada, que no entendía que tanto buscaba.

Finalmente Rias vio al sujeto de cabellos rojos, otra vez, aunque para su incredulidad, ya de espalda y caminando hacia fuera del salón de educación física como ambas manos en sus bolsillos. Perdiendose lentamente entre la multitud.

¿Quién era? ¿Que era esa energía? ¿y porque parecía un Gremory?

Su curiosidad fue despertada...aunque algo le decía que debía ser cautelosa, muy cautelosa.

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Iori caminaba demasiado serio, ya por los pasillos pensativo. No, solo se trataba de aquella chica, sino también la mujer de cabello negro que la acompañaba, ambas tenían esa energía demoniaca. Y negó con la cabeza, debía mantenerse calmo y alejado de aquellas dos, quizás no tengan nada ver con los hijos de orochi. Estaba en otro mundo ¿no?, otra dimensión…no podía ser cierto.

De cualquier manera y como había dicho debía mantenerse alejado, casi libera todo su poder en un solo disparo, debido al inmenso desprecio que tenía a todo lo que le recordara la maldición de su clan…los hakkeshus...y por ende a Orochi.

Reconociendo que por poco y casi hace derramar sangre por culpa de sus recuerdos que lo llevaban a la ira…


Chillona: se refiere a alguien con voz muy pero muy aguda.

La historia será continuada cada que pueda la verdad, a menos que encuentre un Beta readers para que me ayude con unas cuantas cosas, ya que debo que mejorar bastante como escritor.

Obviamente la historia tendrá sus diferencias a DxD. Por otra parte si ven el avatar se darán cuenta de los dos protagonistas. Uno será Iori, es un personaje complicado de manejar, tratare de que no salga demasiado Ooc. Y en cuanto pandora, pues tendrá poco y nada de relacion a Saint seiya lost canvas, solo tome algunas cosas como su aspecto y el tridente que porta como arma en la saga canvas. Pues tendra su propia historia aqui.

Saludos y ta luego.