"La Corona."

Por B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Menciones de Bruce/Selina, Bruce/Otros, Jim/Sofía, y Jim/Lee.

Rating: Adult, porque Bruce es un menor de edad involucrado en actividades de embriaguez y conductas sexuales promiscuas. Y ni siquiera son inventos mios. Agradezcánle al canon.

Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. E involucra contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne.

Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2-4. Sabrás cómo, si sigues leyendo.

Extra: La serie "The Crown" es la responsable por inspirarme a escribir un AU con Jim y Bruce casados, y los Wayne siendo parte de la realeza de Gotham. Por ello, el título de este fic. Sin embargo, no esperen muchas similitudes entre las series.


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i.

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"Hoy perdimos la batalla.

Mañana ganamos la guerra."

-Sofía Falcone.

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Todo comenzó con una boda.

No. Corrección.

Comenzó con Sofia diciendo: "Esta es mi verdadera venganza, Jim."

Comenzó con Jim pensando "Oh, mierda." y dandose cuenta que había sido un tonto todo este tiempo.


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Una vez que la idea vino a su cabeza, no hubo nadie para convencerlo de no hacerlo. Harvey no le dirigía la palabra. Lee estaba desaparecida. ¿Quién podía actuar de su conciencia?

Jim sólo tenía de compañía a sus demonios.

"Lucius, necesito un favor."

Jim aun no se acostumbraba a estar en el lugar de Harvey, pero a tres días de romperse la cabeza pensando en cómo derribar a Sofía del poder, Jim no tenía otra, más que recurrir a opciones desesperadas. Se aferró a la memoria de Harvey, actuando con ímpetu y fervor cada vez que el hombre había aventado ordenes desde esta misma silla, para seguir adelante con su plan.

Fox era sensible, curioso, y sobre todo, discreto. Al oírlo, el hombre cerró la puerta de la oficina y tomó asiento. Alzó su cejas en cuestión.

Jim se recargó sobre el escritorio. No se permitió más titubeo. "Necesito que me ayudes a contactar a Bruce Wayne."

Lucius era, además, increiblemente listo. "Ya veo." El hombre se las olió enseguida. "¿Qué estás pensando hacer ahora?"

Jim respiró hondo. "¿Puedes hacerlo o no?"

"Depende. ¿Tomarías en consideración mi consejo de no acercarte al muchacho con ningún tipo de propuesta? Bruce Wayne no es la persona que recuerdas, Jim."

La última vez que Jim había intercambiado palabras con el joven Wayne, Jim había roto su promesa de arrestar al responsable de la muerte de sus padres bajo la influencia del suero de Strange. Cerca de dos años y medio. Después de la caída de Indian Hill, Jim se había ido a buscar a Lee, y Bruce Wayne había encontrado refugio en Suiza por medio año. Aun después de su regreso a Gotham, ninguno de los dos había buscado reconectarse.

"Leo los periódicos. Tengo una idea de sus hazañas nocturnas." Jim respingó. Hizo una mueca. "Sólo te pregunto porque he intentado ponerme en contacto con Alfred, pero no puedo. Nadie contesta en la mansión."

Lucius dio la impresión de estar pensando muy bien en lo siguiente que saldría de su boca. Al final, Jim no estuvo listo, de todas formas. "Eso se debe a que Alfred Pennywth fue disuelto de la custodia de Bruce desde hace dos meses. A petición del mismo joven."

El fondo de su estómago se quedo sin fondo. Jim tragó saliva, no pudiendo creer lo que escuchaba. "¿Qué demonios sucedió?"

Fox suspiró. "Ninguno de los dos ha estado disponible para explicarlo. Visité al joven Wayne hace unos dias. Sólo digamos, que no se encontraba receptivo a dar explicaciones… O a ser despertado a las 4 de la tarde en el auge de su resaca, de hecho."

Jim sintió el derrumbe de sus planes amargar sus sentidos, con este nuevo encuadre. "Algo debió de haber sucedido. Bruce no era ese tipo de chico."

"¿Lo crees en verdad? Es una adolescente huérfano que ha pasado por más de una situación traumática. Desde mi punto de vista, este tipo de rebelión era de esperarse tarde o temprano. No olvides, la parte de tener al mundo a su disposición con sólo su apellido y una herencia bastante abundante. Se le ha ido a su cabeza."

Tal cosa no encajaba. Bruce estaba hecho de una metalica espina dorsal. Algo debió de haber sucedido. Jim se levantó de su asiento. Le dio vueltas a la oficina, manos en la cintura. Se frenó frente a la ventana, donde los rayos dorados del atardecer le decían que se le estaba acabando el tiempo.

"Tengo que intentarlo, Lucius." Bruce no podía haber perdido su capacidad de razonamiento a pesar de las parrandas, o los recientes cambios en su conducta. Siempre ha sido un joven más maduro de alguien de su edad.

"En ese caso, me temo que no conozco en detalle los lugares que Wayne frecuenta por las noches. Sólo sé que la Mansión está vacía la mayoria del tiempo. Bruce evita estar en casa a toda costa. Intentar comunicarse con él por teléfono no tiene sentido."

"Que suerte que soy un detective, entonces." Jim se colocó su trenchcoat, resignado a tener que cazar a Bruce Wayne toda la noche si fuera necesario. "Lo encontraré. Gracias por la advertencia, de todas formas."

"Sigo dudando que vaya a servirte. No te esperances, Jim."

Jim apretó un hombre de Fox en despedida. No supo qué más agregar. Ni siquiera el mismo Jim tenía idea de lo que le podría esperar.


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Todo empezó cuando Jim viajó a Miami, cuando debió de haber dejado las cosas en paz.

Todo comenzó cuando permitió que Sofía lo acogiera con piernas abiertas y voz melosa en su oreja.

La guerra empezó justo cuando Carmine fue asesinado por su propia hija, peor que a un animal.


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Pensó en buscar a Selina por alguna pista de Wayne, pero la idea fue descartada tan rápida como vino a su mente. Lo último que quería era que la chica le informara a Sofia de lo que Jim estaba haciendo.

Empezó de cero, entonces. De lo que sabía de los periódicos.

Bruce habia sido bastante público con sus más recientes adquisiciones de bienes raices. Tres clubs nocturnos, cinco restaurantes, y hasta un Parque de Diversiones—en el último mes habían pasado a ser de su propiedad. Los medios de comunicación estaban en frenesí al respecto, usando todas las escapadas nocturnas de Wayne para rellenar los tabloides.

De cierta manera, le facilitaron el trabajo a Jim.

Era jueves, así que Jim dudó de tener éxito tan rápido, pero al segundo club de la noche, allí estaba.

La colección de estímulos le golpearon con fuerza, dejándolo incierto por unos momentos. La música hacía vibrar sus timpanos. Las luces de neón eran molestas para su visión. La peste a cigarrillos, alcohol y sudor de los cuerpos danzantes le hacían sentir fuera de lugar.

Y lo estaba.

Bruce, fue otra historia.

Lucía destinado a vivir en el centro de la fiesta. El enmarque de su cuerpo, delgado, y Dios, cinco veces más alto desde la última vez que lo había visto—lo insertaba justo en el lugar correcto, riendose de los susurros que una chica bonita le murmuraba en la oreja desde la cabina VIP que los acogía.

Fuera de control—El coro de la canción electrónica reiteró. Que apropiado.

Observó. No se dirigió directo a su objetivo. Tenía que familiarizarse primero con esta nueva criatura.

Se dirigió a la barra y pidió por una cerveza. Se había cambiado de ropa antes de comenzar la cacería, así que la chaqueta de cuero y los jeans negros le ayudaron a no resaltar más de lo que ya se percibía.

Bruce había obtenido un sentido de la moda en los últimos dos años. Desaparecidos estaban los suéteres de lana y caquis. Su traje negro de Armani era un escudo impecable ante el resto de la plebe que lo rodeaba. El grupo de jóvenes que le rodeaban, aunque sin dudas Juniors viviendo de las fortunas de su padre, simplemente no llegaban al mismo nivel de un Wayne. Bruce los tenía comiendo de su mano con un encanto que Jim antes había relacionado con un chico dulce.

No podía mentirse. Jim siempre habia asociado a Bruce Wayne con la noción de esperanza. De la promesa de algo bueno, creciendo dentro de una ciudad podrida.

Ahora, todo lo que Jim podía ver era a un joven demasiado envenenado de excesos, no a alguien digno de reinar Ciudad Gotham.

Tomó una hora aproximadamente para que Bruce Wayne fuera jalado a la pista baile por su club de fans. A pesar de estar riéndose con cierto aire de locura, los movimientos de Bruce no fueron torpes al levantarse y caminar.

Ah. No tan ebrio, después de todo.

Acomodándose entre los cuerpos ebrios de sus amigos para bailar en conjunto, las luces del club nocturno pintaron su rostro pálido con un arco iris. Ojos cerrados, nuca extendida hacia atrás, Bruce se rindió ante la presión de los cuerpos rodeándole, indicando no preferencia por ningún genero en especial para guiarlo por los chillidos que hoy en dia llamaban música.

Fue entonces, que Jim dudó.

El Bruce que había conocido había estado obsesionado por encontrar al asesino de sus padres. Había mostrado interés en ser coronado en un futuro para entonces poder manejar la ciudad con mejores ideales—Jim no había necesitado escucharlo de la propia boca del niño para saberlo: Bruce había estado dispuesto a hacer lo que la Dinastía Wayne no había hecho en más de 60 años.

Ser Coronado.

Thomas Wayne había rechazado su herencia al igual que su padre, abuelo de Bruce. Habían permitido que las Mafias de Falcone y Maroni estuvieran en disputa por años, a intentar involucrarse en una clase de solución. Nunca habia sido secreto que Thomas Wayne había sido un niño consentido en su juventud. Había disfrutado sus excesos, de igual forma que su progenitor. Y a pesar de haber mejorado su conducta a algo más productivo para la ciudad con el paso del tiempo, Thomas nunca se había hecho responsable de Gotham de manera formal.

Jim había estado seguro que Bruce sería la excepción.

Lamiendo sus labios, Jim consideró el consejo de Lucius. -No te emperanzes.

¿Tenía otra opción?

Era esto, o perder ante Sofía Falcone.

Jim le dio el último trago a su cerveza, mente decidida.

-Estás loco, viejo. Harvey le susurró en su mente. -¿Tan grande es tu ego que crees que el chiquillo caerá redondito?

Jim inhaló profundo, abriéndose camino entre los cuerpos. -No, no mi ego.

Una corazonada. Tenía una corazonada.

No fue problema empujar de un simple codazo al joven que cubría las espaldas de Bruce. Se deslizó en segundos, y su aliento se secó ante el súbito choque de su cuerpo con el de Wayne. Sus mano se anclaron a la cintura del joven para intentar frenarlo y llamar su atención, pero no esperó a Bruce dejando caer su peso sobre el torso de Jim en completa libertad.

Se congeló, víctima del asalto a sus sentidos. La fricción entre sus cuerpos fue eléctrica; despertó su mente y otra parte mas primitivo dentro de Jim, que no había sentido desde el virus que se había acogido en su sistema.

"¿Cansado de esconderse, Detective Gordon?" Se le fue gritado en su oreja, mientras Bruce persistia las ondulaciones de su cuerpo contra el suyo.

Jim tragó saliva. Maldita sea.

Así fue, como su corazonada le explotó en su cara.

Siendo uno de los pocos Omegas en existencia alrededor del globo terráqueo, Bruce había sido tratado con guantes por cualquier otro Alfa en su cercanía, la mayoría de su vida. Eso obviamente había cambiado, claro, pero hace dos años y medio, Jim podía recordar cuando Bruce sólo se había sido permitido ser tocado por personas de confianza.

Jim había sido una de esas personas.

Bruce rodó su cuerpo, y estuvieron cara a cara en segundos. Diez centímetros recalcaban la diferencia entre sus alturas, pero aún así, fue revelador ver que tanto el muchacho había crecido. Despegar su mirada, así como su cuerpo, fue fútil. Había venido por este muchacho, y ahora que lo tenía donde lo queria, Jim no dejó ir la oportunidad. "¡Te mirabas ocupado!"

Bruce sonrió, colgándose del pescuezo de Jim para seguir bailando sin perder el equilibrio. Jim apretó sus dedos sobre la cintura del Omega. Jaló del ancla en forma de caderas, regresando el cuerpo de Bruce a sí cuando este comenzó a separarse demasiado. Esta acción tuvo el efecto inesperado de tomar a Bruce por sorpresa, su expresión facial encontrando lucidez cuando no hubo escape entre sus miradas.

Feromonas se solidificaron en algo que se pudo medir. Alientos entrecortados. Latidos precipitados. Las pupilas dilatadas de Bruce. El recelo con el que Jim quiso gruñir, al ver a una de las chiquillas acompañantes de Wayne acercársele por las espaldas.

Se limitó, sin embargo, a acercar su boca a la oreja de Bruce. "Necesito hablar contigo."

Bruce frunció su ceño. La joven detrás de él quiso atraerlo hacia ella con su mano atravesando su pecho. Bruce la desenredó de inmediato. Se dio media vuelta y comenzó a abrirse camino fuera de la pista de baile. Jim lo siguió, sin otra alternativa.

Terminaron en la azotea del edificio. El aire fresco le ayudó a tranquilizar sus feromonas.

"Algo me dice que no está aquí para disfrutar de una noche libre."

Bruce aun le daba las espaldas, manos en sus bolsillos. Increiblemente lejano, cuando momentos anteriores había estado derramado sobre Jim.

"No." Jim caminó con determinación. Se acomodó a lado de Bruce, ambos mirando la noche. La ciudad. "Vengo por tu ayuda."

Bruce resopló por sus narices. "No puedo pensar en que podría—"

"Necesito que te cases conmigo."

El silencio repleto de shock no debió sorprenderle. Jim hizo una mueca ante su pobre control.

Bruce lo sorprendió de nuevo. "No que no me sienta halagado, Detective. Pero, al menos deberíamos llegar a la tercera cita antes de determinar si podemos tener algo serio, ¿no cree?"

Jim onduló su cuerpo para quedar de perfil ante el muchacho. "No estoy bromeando."

Bruce se tomó un momento. "Me imagino que no. No está en su naturaleza." El rostro del joven se curveó ligeramente hacia Jim. Su expresión facial era una caja fuerte. "No lo hace sonar menos desquiciado."

Jim miró el suelo. La ciudad. De regresó a Bruce y su piel iluminada por la luna. "Cometí un error, Bruce. Un error que le costará a Gotham hasta su ultima gota de sangre—Y tengo que enmendarlo."

"¿Casándose conmigo?" La incredulidad se partió de la boca de Bruce con una acidez que Jim no vio venir. "En verdad debe estar desesperado, entonces."

Jim intentó agarrar un hombre del Omega, pero esta vez, Bruce se alejó facilmente del contacto. "Bruce, escucha, sé que no hemos sido cercanos uno con el otro ultimamente pero... Puedes contar que si estoy acudiendo a ti, entonces lo hago porque confío en ti."

Bruce hizo un sonido meditador bordando en lo indiferente. "Mm. Gracioso, porque si mal no recuerdo usted tiene terribles antecedentes a la hora de saber en quien confiar."

Jim abrió su boca—

"Solo un tonto confía en una Falcone, después de todo."

Su quijada se cerró con un crujido. Fue su turno de colapsar en silencio.

"Sólo un tonto la trae a Gotham en primer lugar, esperando que ese mal menor sea suficiente para enfrentar a un gángster como Oswald Cobblepot, sin sufrir consecuencias."

"Soy un tonto." Jim admitió, mejillas quemando por coraje. Verguenza. "Pero si existe una oportunidad de equilibrar la balanza entre la Mafia y el dominio de la GCPD, la tomaré."

"¿Qué lo hace pensar que me importa?"

Si la quijada de Jim se apretaba más, se fracturaría. Decepción fue un nudo pesado en su garganta. "No tiene que importarte, Bruce. Sólo necesito tu apellido. Puedes seguir adelante con tu vida, saliendo a fiestas, comprando clubs, divirtiendote con tus nuevos amigos. No me interesa meterme con tus decisiones. Y una vez que todo este desastre es solucionado, no te molestaría de nuevo. Te lo juro."

Bruce lo examinó detenidamente. Luego, una fea parodia de una risa partió sus labios. "Jim Gordon. En verdad no tienes idea de lo que estás pidiendo, ¿cierto?"

Gordon ignoró los escalofríos que oir su nombre venir de Bruce le provocó. "Creo que si estoy aquí tengo—"

"No, no la tienes. Porque si la tuvieras, creo que en este momento estuvieras pidiendo la mano de Falcone en lugar de la mía. Creo que funcionaria mejor para ti." Bruce se le acercó con lentitud mesurada, tejiendo la tensión necesaria, para que cuando estuviera nariz a nariz de nuevo, Jim no pudiera distraerse ni con el sonido de los grillos. "¿Por qué crees ningún Wayne ha activado su poder sobre la ciudad en el último siglo? Una vez que un Wayne se casa, lo hace para siempre."

Jim parpadeó.

"Es la Ley de la Dinastía. 'Aquel que elige reinar, lo hace hasta que la muerte lo separe de su consorte.'"

Bruce hizo clara su opinión sobre la cita otorgada con su mero tono, 90% de asco y 10% sarcasmo. Jim, sin embargo, estaba demasiado pasmado para formar una respuesta.

"Ya no le suena tan buena idea, me imagino. Ciertamente mi padre no la consideraba fiable. El defendía el derecho de tener libre albedrío, en lugar de tener que obligar a mi madre a permanecer a su lado. Es una de las razones él nunca… " El mismo Omega se detuvo. Compuso su máscara de indiferencia. "O tal vez sólo me mentía y romatizaba la noción para que no me diera cuenta que Wayne Enterprise ya le pertenecía a Don Falcone de todas maneras."

"¿Cómo-?" Jim sacudió su cabeza. "¿Cómo te enteraste?" Si Bruce sabía esa parte, tenía que estar enterado sobre la existencia de la Corte de Búhos. Tenía que saber que Falcone había sido un asociado de la organización. ¿Pero, cómo demonios lo había averiguado?

Su mano se estiró, automático en su impulso por reconfortar, pero Bruce era habilidoso en deslizarse con las sombras cuando no quería ser tocado.

"No puedo ayudarte, Jim."

Y lo dejó allí mismo, regresando a los chiquillos plásticos que denominaban buena compañía y las luces de neon.

Jim estaba jodido.


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Bruce se escurrió al lobby de la mansión con su pésimo humor dando empuje. Ni siquiera eran las dos de la madrugada, bastante temprano en contraste a su usual jornada. Dejó a Leslie en el taxi, evitando sus manos deslizantes por debajo de su camiseta, porque simplemente no soportaba ser tocado por ella, o nadie mas, en estos momentos.

Manos anchas palmando sus cadera, la corta barba de Jim Gordon raspando su oreja.

Bruce gruñó mientras encendía las luces del pasillo. Se dirigió a la sala, pero se detuvo en seco al ver la chimenea encendida.

Sólo Alfred se había encargado de siempre tenerla a fuego lento para calentar la mansión. Desde su despido, Bruce se había encargado de la tarea por sí mismo, pero nunca la dejaba prendida antes de salir. No era tan estúpido para arriesgar que el lugar se hiciera cenizas en su ausencia.

"Espero no te moleste, Bruce. Me tomé la libertad de hacerme cargo del frío."

Bruce se tornó hacia uno de los sofases de cuero. La voz femenina le pertenecía a una mujer de cabello castaño y largo, extendida por el asiento como si perteneciera allí. Sus labios rojos estaban estirados en una falsa sonrisa de encanto.

Era una mujer bella. Magnética, al tan solo verla.

Bruce pudo entender la debilidad de Gordon ante ella.

"No sabía que tendría visitas a esta hora." Cauteloso, caminó rodeando el sillón que se encontraba a contracara con el usado por la huésped. Se posicionó frente a la chimenea, a espaldas de las llamas. Divisó una de las ventanas abiertas, la cortina bailando con el viento. "Aunque si lo hubiera sabido, no estoy seguro si hubiera querido gastar buena madera en una Falcone."

"Grosero." Sofía Falcone retorció su nariz. "Me sorprende. Siempre he escuchado maravillas de ti."

"¿Qué es lo que quieres?"

Toda sonrisa se endureció. "Que no seamos enemigos."

Ah. Bruce lo había imaginado. "Es algo inherente entre alguien como usted y alguien como yo."

"No tenemos que ser lo que nuestros padres dictaron, Bruce. Tú y yo podemos ser una nueva generación. Podemos crear nuestro propio futuro, nuestras propias reglas. En toda honestidad, no tengo razón para querer lastimarte." Desdoblando sus piernas, Sofía se impulsó un pie entaconado para levantarse del sofá. "A menos, claro… "

"¿A menos?" Bruce le siguió la corriente, tomando dos pasos hacia ella. El perfume francés le recordó a su madre.

Falcone colocó sus manos unidas detrás de sí. Lució como una oponente. "A menos que permitas a Jim Gordon interponerse entre nuestros mutuos intereses."

Bruce sintió algo oscuro y malicioso reinar en su esternón. ¿Quién se creía estar mujer para invadir su hogar de esta forma, y querer dictar lo que debía, o no hacer?

"Salga de aquí, antes de que llame a Seguridad."

Dudaba que fueran a ser de mucha ayuda, pero si Falcone lo quisiera muerto, Bruce dudaba que hubiera siquiera llegado a la Mansión sin un intentado a su vida. Obviamente lo habían tenido vigilado, probablemente desde antes de que Gordon decidiera hacer contacto con él, en el club. Habían estado esperando por ello. Por Jim Gordon para mostrar su As.

No. Algo que Sofía había probado, era ser más lista que emboscarlo tan temprano en la carrera. Estaba allí, en sus grandes ojos almendrados, su dicha por alargar el juego entre ambos. "No arruinarías tu vida por alguien como él, ¿cierto, Bruce?"

"Jim Gordon es uno de los mejores hombres que he conocido. Creo que tu padre lo consideraba así, también."

"Oh, sí. Hasta que acribilló a mi hermano hasta la muerte, por lo menos."

Bruce frunció su ceño. "Estaba infectado con el virus, si mal no recuerdo. Tenía razones para hacerlo."

Sofía se encogió de hombros. "No estoy aquí para hablar de mi hermano, Bruce. Está muerto al igual que mi padre. Ellos ya no importan. Lo que me importa es tu respuesta. Puedes admirar las cualidades de James todo lo que quieras, ¿pero son lo suficiente fascinantes para ponerse de su lado? El lado equivocado, debo agregar."

Sólo por un momento, Bruce prefirió lidiar con Cobblepot. Las intenciones del tipo, por lo menos, siempre habían sido transparentes en su locura y eso lo había hecho mas manipulable. Jim Gordon en verdad había metido la pata al traer a esta mujer a la ciudad, un completo enigma envuelto en frías maquinaciones. Sofía era un nuevo tipo de peligro.

"El único lado que me interesa es el mío." Bruce deliberó detenidamente. "Considéreme un participante neutro en su guerra contra el GCPD."

Sofía sonrió. "No lo que esperaba. Pero me satisface por ahora." Extendió su mano para sellar el trato.

Bruce prosiguió con el protocolo establecido, el apretón indicando que su pequeña visita ya estaría concluida en meros segundos.

Aprovechando la unión de sus manos, Sofía se subió en puntillas. Inhaló profundamente en su cercanía, cerrando sus parpados en placer sutil. Cuando abrió sus ojos, el negro de sus ojos fue un abismo. "Podríamos ser invencibles juntos, Bruce."

Bruce quiso rodar su ojos. Así que no, uno, pero dos Alfas, habían oficialmente aventado en su cara propuestas indecorosas en una sola noche. Hurra por su autoestima. Sofía olía a rosas rojas, a tierra fértil. A sangre saliendo de una herida abierta. Bruce no calificó tal aroma como reconfortante. Sofía podía ser hermosa, atractiva en su aire de misterio, y bastante tentadora con los logros que tenía hasta ahora como Alfa dominante.

Pero Bruce estaba harto de ser un peón ante los jugadas de ajedrez de otros.

Se liberó de la mano enguantada empeñada a la suya. Retrocedió para permitirle a Falcone salir de la sala. Justo cuando la mujer pasaba el umbral, Bruce necesitó dejar algo muy en claro.

"Dile a Selina que si vuelve a ayudarte a hacer allanamiento de morada en mi propiedad, las autoridades sabrán donde encontrarla."

Sofía alzó sus cejas. Asintió con diversión en su cara. Bruce esperó a que el sonido del portón indicara que su visita indeseable se había marchado.

Odió el silencio que prosiguió. La quietud. Por ello se rodeaba de ruido siempre que le era posible. Si había silencio, escuchaba Ras' Al Ghul en su cabeza. Sofia habia presentado similitudes con él, tanto en su forma de manipular como en la pesadez de su presencia de Alfa. La percepción de Bruce, siempre era afectaba, lo quisiera o no. Una inyección de adrenalina siempre se iba directo al Omega en sus entrañas, cuando un buen candidato intentaba influirle.

Se dejó caer al sofa. Su cabeza se encajó en sus rodillas y palmas. Al cerrar sus ojos, no vio a Ras' Al Ghul, sin embargo.

Miró la cara de Jim Gordon.

"Maté a un hombre a sangre fría y fue la decisión equivocada. Pagarás por haber cruzado esa linea, una y otra vez. Como yo lo he hecho… Como lo sigo haciendo."

Dios.

Bruce gimió consternado.

¿Hace cuanto tiempo atrás había tenido esa confrontación con el Detective Gordon?

Ese endemoniado hombre.

¿Quién se creía que era, para desfilar por su vida ahora, como si nada? Como si tuviera el derecho. ¿En verdad había esperado que Bruce aceptara la peor propuesta de matrimonio en la historia, así como así? ¿Cómo era posible que Gordon fuera tan ingenuo y tan cínico con el mundo, al mismo tiempo?

"Te hará sentir como el mismo mal que estás tratando de eliminar."

El vodka ruso que su padre había guardado por años fue facil de encontrar. Bruce lo había albergado en el escritorio para rapido acceso. No era su preferido, pero quería que su garganta se entumeciera con el ardor de licor. Tal vez asi no haria algo tan estupido como llamar a la estacion de policia para pedir hablar con Jim Gordon. No importaba la hora. Bruce sabía que lo encontraría alli, trabajando. Porque esa era la clase de hombre que el detective era; alguien que no se daba por vencido.

"Necesitas ser mejor, Bruce."

"Y tú necesitas callarte." En impulso energético, Bruce tiró el vaso de vidrio a la chimenea.

Terminó usando el teléfono, después de todo. Pero, para llamar un taxi.

No podía permanecer en este triste mausoleo un minuto más.


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Fin de Parte 1.

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