"La Corona."

Por B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne (principal). Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Menciones de Jim/Exes.

Rating: C DE CRACK COCAINE.

Resumen: Post-4x11. Después de perder la jugaba ante Sofía Falcone, Jim busca una forma de recuperar el control de la ciudad. Sin embargo, lo que empieza como un simple plan de contraer nupcias de conveniencia con Bruce Wayne, termina siendo más de lo que Jim había estado buscando.

Continuidad: Universo Alterno de las temporadas 2, 3, 4 y 5 (¡Así es, abarcaré la siguiente temporada!). Post-4x19, "To Our Dead and Beyond." Menciones de la Temporada 3 en general.

Soundtrack: Gimmie, Gimmie, Gimme (A Man After Midnight) -ABBA. Loco, lo sé.

Plus: Dawn Atwood de The O.C. ha sido traído a este fic como la madre de Jim Gordon porque se me hinchan las ganas. Ryan, sin embargo, es encarnado en mi cabeza por Dean-Charles Chapman (Game of Thrones, 1917).

La Boda Parte II.


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xviii.

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"Tu trabajo es ella.

Ella es la esencia de tu deber.

Amarla. Protegerla.

(…) Al hacer esto por mí,

puede que no haya mayor acto de patriotismo

de tu parte."

-Rey George IV al Principe Phillip, (1X01, The Crown).

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"Acordaste comportarte."

"Estoy en mi mejor comportamiento." Harvey demostró su punto con una mano escurriéndose por la espalda baja del otro Alfa. "¿Ves?"

Alfred no retiró su mano viajera. Giró su perfil un centímetro más, para susurrarle al oído. "Pon atención; puede que recibas una recompensa después."

Tragando saliva, Harvey regresó su mirada al altar.

Había atinado, al escoger ver el espectáculo desde la planta baja, en esta ocasión. Harvey podía ver la carita pálida de Jim a la distancia, sudando del panico.

Al hincarse frente a Bruce Wayne, cámaras deslumbraron en acción.

Portando su propia Corona, Wayne expuso un maletín de alta seguridad a los ojos de los espectadores. Con la asistencia de su tía, un momento después, el contenido fue revelado.

Los reporteros de la primera fila, perdieron su poca materia gris.

Al enaltecerla al público, Wayne mostró que la Corona de Jim Gordon era totalmente dorada. Sin gemas preciosas. Sólo relieves y grabaciones elegantes. Una linda tiara.

"James Worthington Gordon, desde este día en adelante y sobre cualquier otro título, serás conocido al mundo como Rey Consorte de la Dinastía Wayne. Servirás a los necesitados en mi lugar. Armarás al soldado, cuando me sea imposible. Mostrarás bondad, para honrar mi Casa—"

"¿Todos los discursos tienen que ser así de pomposos?"

"Bullock." Alfred susurró con pique. "¿Eres alérgico al silencio?"

"Sólo digo—míralos, tienen a Jim hincado sobre su mala rodilla con sólo un cojín de amortiguación. De aquí a que el chico termine con su rosario, la artritis de Jim ya lo habrá dejado tieso."

"Gordon debería agradecer que tuvo un cojín del todo. En las viejas escrituras, la humillación para los Consortes era más dañina para sus articulaciones."

"Mm. Quizás algo de humillación le hubiera servido a nuestro Capitán en esta ocasión tan especial. Para recordarle de que este asunto de la realeza no debe sumirle los sumos."

"Hablando de giros de 180 grados. Decídete, ¿quieres que tu amigo sufra, o no?"

Harvey alzó un hombro con desdén. "¿Un poco de ambos? Al mismo tiempo que estoy repasando en mi cabeza mi discurso de padrino de bodas, tengo esta pequeña sensación en mis entrañas de que acabamos de lanzar una bomba atómica a otra Hiroshima."

"En serio no puedes estar comparando su matrimonio con una bomba atómica."

Una sección de invitados a sus espaldas los shushearon. Incrédulo, el Pennyworth siseó a sus alrededores como víbora de cascabel. "Increíble… ¡yo no soy quien no cierra la boca!"

"¡Shhhh!"

"Ustedes hagan shhhh."

Tratando de no reírse sin armar más escándalo, Harvey extendió su brazo para atraer a Alfred hacia él. "No te esponjes, Al'. Sólo estoy sintiéndome filosófico."

Una ola de aplausos los tomó desprevenidos. Al parecer, se habían perdido la mejor parte.

Sin otra opción, ambos Alfas se unieron a la conmoción. Harvey se levantó sobre las puntas de sus botines para ver mejor. Reconoció la figura de Jim levantarse del suelo del altar; en su cabeza, el arma más mortal que el destino pudo haber colocado en su alcance.

Harvey sacudió su cabeza, aprehensivo.

El bastardo lo había logrado.

-No pierdas la cabeza, amigo. Harvey recordó las veces que Jim había caído en su propia oscuridad. Siempre se levantaba. Siempre trataba de hacer enmiendas a sus errores de juicio.

La Corona podría ser un peso que lo revirtiera a sus malos hábitos, si Jim no era cuidadoso.

Rey y Consorte no dieron una repetición de su beso nupcial a las masas. La Coronación llegó a su clímax con un minuto completo de aplausos—Y eso fue todo.

Jim Gordon estaba casado. En menos de una hora, ya formaba parte de la Dinastía Wayne.

"Recuérdame, ¿a qué hora estará disponible el alcohol?"

Alfred recargó su cabeza en el hombro del Detective, tras dejar de aplaudir. "Yo empecé esta mañana."

Lo que siguió fue un revoloteo de personas hablando al mismo tiempo. La prensa comenzó a disparar preguntas; los invitados chismorrearon.

Harvey mantuvo un ojo atento a los miembros del Ayuntamiento que habían mostrado su cara a la Ceremonia, ahora amontonados en un rincón, arrojando veneno. Harvey reconoció a su tocayo Dent entre el bonche de arpías.

Alfred tomó la fedora colgando de la mano de Bullock para colocársela con sus propias manos. "El deber llama."

Harvey inclinó su cabeza en despedida.

"Una ceremonia conmovedora." Momentos después, Bullock sintió una nueva presencia seguirlo en dirección de las escaleras. "No lo que uno esperaría de un golpe de estado."

Harvey la detuvo al llegar a los escalones, bloqueando el paso con su cuerpo. "¿Tienes algo útil que decir?

Dent le arrojó una mirada analítica al altar. Porque Dent era Dent, fue directo al grano. "El Tribunal de Justicia se rehúsa a validar el matrimonio por civil de Jim Gordon y Bruce Wayne."

Harvey apretó su mandíbula. "Todos ustedes son una bola de hipócritas. El Alcalde no se quejó tanto cuando Oswald Cobblepot implementó sus licencias. Ni mucho menos cuando le cumplía caprichitos a Sofía Falcone. Que no quieran ahora actuar como si les importara la justicia y el bien de la ciudadanía."

Dent se mostró incrédulo. "¿En verdad creías que todos doblegarían la rodilla, así nada más? Estamos hablando de cambiar el sistema político y legislativo de adentro hacia afuera. De dejar al descubierto las entrañas de corrupción que el Ayuntamiento ha sabido alimentar con sobornos por más de cincuenta años. A menos que Wayne planee colocar una pistola en sus sienes, o dar el mismo tipo de 'comisiones especiales' que la Mafia o el Pingüino ofrecían… El verdadero cambio quedará como un simple mito. Están en contra de una batalla perdida, Bullock."

Harvey utilizó su cuerpo entero para mostrarse intimidante frente al fiscal de pacotilla. "Eres un buen tipo, Dent. Sólo por eso te daré un pase y no te enchuecaré la nariz. Sin embargo… ¿Quieres mi consejo? Escoge el lado correcto, cuando las fichas estén abajo. No olvides que siempre hay una tercera opción."

Dent captó su doble significado. Una tormenta se formó en su rostro. "Una guerra civil sólo lastimaría a la misma gente que la Dinastía quiere ayudar."

Harvey se encogió de hombros. "A veces, un lienzo en blanco es necesario para construir nuevos comienzos. Pregúntaselo a Hitler."

No esperó por una respuesta. Trepó los escalones, nadando contra corriente. En la planta baja, Agatha Wayne había descendido para manejar a la prensa, tomando el lugar de su sobrino con alta maestría.

Rebasando el altar, Harvey divisó a los novios siendo movilizados al tercer piso. Cuando por fin los alcanzó, Wayne estaba ocupado cuchicheando con Lucius Fox.

A una distancia relativamente segura del ojo público, Jim Gordon conversaba con su madre.

"Conque aquí está el hombre del momento." Bullock le saludó.

Al oírlo, Jim estiró sus brazos en automático hacia su compañero—una acción que requirió mucha destreza, considerando la tonelada de oro que trataba de balancear en su cabeza.

Ambos se abrazaron con fervor. Con un par de palmadas en sus mutuos lomos, ambos Alfas dejaron que el gesto refirmara lo que no necesitaba ser dicho. "Felicidades, hermano."

"Gracias." Jim le soltó con cuidado, una mano rápidamente acudiendo a su linda tiara. "Rayos."

"¿Dónde se metió Ryan? Estaba a lado mío tan solo hace un minuto."

"Conociéndolo, debió colarse por ahí para fumar, mamá."

"Iré a buscarlo—"

"Harper está con él, ya no es un niño."

Dawn Gordon actuó como si Jim hubiera dicho que el cielo era azul. "No tardaré, ¿de acuerdo?"

"Mamá…" Demasiado tarde. La mujer ya estaba huyendo hacia las escaleras con la velocidad del correcaminos.

Harvey alzó una ceja. "Así que huir de situaciones sentimentales es algo de familia."

"No tienes idea."

El refunfuño se perdió en el constante meneo de su cabeza, las manos de Jim haciendo su mejor esfuerzo por mantener la Corona pegada donde debía.

"En fin." Harvey tomó el hombro de su Capitán con cuidado, apretándolo por un momento. "Debo felicitarlos en el magnífico espectáculo. Esos votos, hombre." Chifló a lo bajo. "Las mujeres se desvanecieron, y los reporteros tendrán material para el resto de la década. Wayne vaya que supo venderse como esposo devoto con muy pocas palabras."

Jim reaccionó de manera peculiar. Soltó su tiara para sujetarse del escritorio a sus espaldas, hombros tiesos. Harvey le soltó, extrañado.

"Jim, quédate quieto, te puedes lastimar seriamente."

Wayne había dejado de charlar con sus invitados, y ahora caminaba de regreso a su nuevo esposo con semblante aprehensivo. Su cabeza ya no vestía su Corona.

El chico se apresuró a tomar el mentón de Jim con su mano, corrigiendo su postura. "El truco es siempre mirar hacia arriba. ¿Sabías que si agachas tu mentón puedes quebrarte el cuello? Literalmente."

Jim les dedicó una mueca. "No recibí el memorándum."

Wayne llamó por Alfred, quien ya había migrado al tercer piso junto con la tía Wayne. En conjunto, Al' y la mujer auxiliaron a Jim a retirar la monstruosidad de su cabeza.

Liberado, Jim ladeó su cuello suavemente para librarse de la tensión. "Dios. Sólo la tuve por quince minutos, y se sintió como una hora."

"Está hecha con esa intención." Bruce murmuró. "Nunca debemos olvidar que no es un accesorio. Sino un peso constante."

"Encantador." Harvey interceptó.

"Muy bien." Alfred ajustó su saco, después de guardar las Coronas en sus maletines de acero inoxidable. "Sigue la sesión de fotos."

Jim y Wayne se miraron en mutuo horror.

Harvey le envió un mensaje a Álvarez por el radio. Prosiguió a darle la señal de armar a la escolta de despedida. "Será mejor que salgan por la parte trasera."

"¿Vino el Alcalde?" Jim cuestionó, de inmediato en modo Capitán.

"Mandó un representante, el reemplazo del Comisionado Harkness y unos cuantos diputados de mala muerte. Lucían positivamente sospechosos, si me preguntas. Usaron a Dent de mensajero."

"¿Qué dijo?"

Harvey sacudió su cabeza en negativa. "Olvídalo por ahora. Es tu gran día."

Resignado a las malas noticias, Jim posó un brazo alrededor de las espaldas de Wayne para comenzar a guiarlo a las escaleras de emergencia. "Dile a Harper que escolte personalmente a mi familia y a los Kanes de regreso a la Mansión."

"Roger, Capitán." Tras deliberar tal mensaje por radio, Harvey escoltó a la nueva unidad familiar—Dios, Harvey recordó que ahora Jim sería considerado un Wayne también—hasta llegar a la planta baja. En el pasillo que los llevaría a la salida de emergencia, Harvey pasó la responsabilidad de la escolta al Detective Álvarez.

Esperando a que primero Bruce, Alfred, y la tía del chiquillo avanzaran por el pasillo, Jim le echó un último vistazo, asintiendo en despedida antes de pegar huida.

Harper lucía cero impresionada con su nuevo papel de niñera. La mujer trajo al mocoso básicamente arrastrando hacia el punto de encuentro acordado con Harvey. Detrás de la oficial, Dawn Gordon les hacía sombra, conversando con los Kanes, la pareja que Harvey había visto con anterioridad en compañía de Wayne. Para la sorpresa de nadie, los Kane lucían como supermodelos salidos de una revista.

"Los tengo." Vanessa gruñó. "Para que lo sepas, pediré unas vacaciones a Hawaii el mes que viene."

"Aguanta un par de horas más; después te podrás embriagar y dejar que los invitados se maten entre ellos. Llévalos a la Mansión, necesito coordinar que el precinto regrese a la normalidad antes de dirigirme a la recepción."

"¿Puedo unirme al aventón?"

Harvey se dio la vuelta. Encontró a Selina Kyle, vestida para matar, y con su usual personalidad tan encantadora. Bullock no perdió de vista como los ojos del pequeño Ryan se salieron de orbita al mirarla.

"Si es que encuentras espacio." Harper determinó. "Todos, síganme. El que se distraiga, tendrá que pedir su propio taxi."

Ésa era Harper. Práctica, hasta el final.


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"Tienes que admitirlo, ha sido un plan maestro."

Dentro de la limosina, Bárbara quiso ignorar al Pingüino.

Pero el tipo amaba el sonido de su propia voz.

"Seducir al único sobreviviente de una Dinastía durmiente para conseguir poder absoluto. Por un tiempo creí que alguien como Jim Gordon era demasiado suave por dentro, para hacer algo tan fríamente calculado."

Los gritos de la prensa fueron su recibimiento. Esa fue la señal de que estaban atravesando el primer filtro de seguridad que daría entrada al ejido Wayne. Las cámaras no dejaron de flashear y Bárbara estaba agradecida por los vidrios polarizados.

"Cuidado, Oswald." Bárbara le sonrió con espina. "Estás mostrando tus colores de nuevo. El verde, para ser exactos."

En el asiento opuesto a ella, Oswald resopló de manera patética. "No te muerdas la lengua, querida."

Bárbara achicó sus ojos. "Jim sigue siendo Jim. ¿Crees que planeó todo esto a la perfección? La mayoría de sus planes son 90% suerte y 10% improvisación."

"Lo obtuvo, de cualquier forma." Oswald se colocó sus lentes oscuros, gesticulando con su mano enguantada. "El poder absoluto. Las riendas de la ciudad. Con Bruce Wayne en la palma de su mano, podría conquistar lo inconquistable."

"Por ende, sigues aquí." Bárbara entonó con el veneno que no pudo enfrascar. "Siguiendo a Jim como perrito faldero. Esperando por las migajas. Déjame adivinar, Pingüinito. ¿Esperas que Jim te permita regresar a la Alcaldía? ¿Qué te proporcione fondos para tu artillería y para reclutar más matones?"

Oswald se carcajeó, poniendo los cabellos de Bárbara de punta. "¿Esperas que crea que tú tampoco quieres algo, a cambio de jurar tu alianza con la Dinastía? Todos estamos aquí, Kean, porque queremos una linda recompensa. Jim lo sabe. Wayne lo sabe. Ahora tú lo sabes."

"Jim no confía en ninguno de nosotros, Oswald. Nunca compartirá su poder con los desquiciados." Bárbara succionó los ultimo tragos de su Martini, quedándose con la aceituna entre sus dientes. La masticó con deleite. "Sólo nos dará una probada; suficiente para mantenernos entretenidos."

Oswald continuó sonriendo.

Bárbara frunció su ceño. "¿Qué? ¿Tengo algo en mi cara?"

Cobblepot se reclinó por su asiento con soltura. "¡Nada! ¡Por favor, continua con tu discurso de femme fatale! Lo encuentro inmensamente fascinante… Especialmente la parte donde no entiendes la necesidad de tener algo valioso para negociar."

Alarmas se encendieron en la cabeza de Bárbara. "¿De qué hablas?"

"Oh, por favor. No arruinaré la sorpresa." Cobblepot sacudió su bastón para dar por terminada la extraña conversación. La limosina se detuvo minutos después y el motor se apagó, indicando que habían llegado a su destino. "Damas primero."

Bárbara rodó sus ojos.

Una vez fuera de la apestosa limosina, Bárbara analizó detenidamente los puntos claves alrededor del ejido, donde Jim había colocado a cada hombre y mujer del precinto en obsesiva vigilancia. Se requeriría un pequeño ejército para penetrar el fuerte en el que el terreno se había convertido.

Al ser introducidos a la Mansión Wayne, todos los invitados fueron guiados al estudio que Bárbara ya conocía—un preámbulo a la verdadera recepción. Todo mueble se había retirado para dar espacio a la gente, y el mini bar abierto fue justo lo que Bárbara necesitaba.

Mientras pidió por un whiskey al bartender, ignoró el reflejo de los espejos sirviendo de adorno. Ra's le siguió vigilando, sin embargo.

-"Quizá no me equivoqué contigo, después de todo."

"Cállate." Bárbara sintió su mano derecha temblar al llevar el whiskey a su boca. No importó. Su garganta ardió con el licor y su mente encontró bendito silencio.

Al cerrar sus ojos, revivió el eco de su visión. La sonrisa de Jim. El bebé en sus brazos.

"Olvídalo." Bárbara se susurró. "Olvídate de todo eso."

"¿Hablando sola? Tss. La primera señal de la edad senil."

Bárbara se dio la vuelta, encontrándose con una felina conocida. "¿Dónde te has metido?"

Selina le miró con cierta incredulidad. "¿Yo? ¡Tú fuiste la que salió como loca del precinto con el Pingüino, sin esperarme!"

Oh. "Ups."

Selina pidió por una Coca-Cola. Una chica verdaderamente aventurera. "No tienes idea de lo que soporté camino aquí. Tuve que compartir un automóvil con una Policía en ciclo pre-menstrual, y con los Capoletos y Montescos, versión Gotham."

Bárbara escupió un poco de su bebida en su intento de aguantarse la risa. "Aw. Pobre de ti." Fingiendo una voz de mamá consentidora, Bárbara la rodeó con su brazo.

Selina abrió la lata de refresco con aire petulante. "Ríete. Ya quiero ver cuando tengas que saludar a tu exsuegra—Oh, mira. Aquí viene." Selina le dio unas palmaditas en su hombro. "No se te olvidé mencionar todas las veces que has intentado matar a su adorado hijo."

El whiskey se le fue a Bárbara por la tubería equivocada. Tosió caóticamente.

La sonrisa de Selina fue completamente gatuna. "O la vez que le pusiste los cuernos con otra Detective."

-Te odio. Bárbara moldeó con sus labios. Selina sólo se fue riendo.

Bárbara cerró sus ojos por un instante, reincorporándose.

Luego, se dio la vuelta, alargando sus labios en la mejor sonrisa que pudo manifestar. "¡Dawn! Dios mío, cuanto tiempo."

La figura que estaba abriéndose camino hacia ella, le sonrió con igual entusiasmo.

Dawn Gordon no había cambiado. Al abrazarla, la mujer seguía oliendo a nicotina y perfume de Carolina Herrera. "Oh, Bárbara. Vaya corte de cabello. No podía creer que eras tú cuando te vi de lejos en la estación. Te intenté buscar después de la ceremonia."

"Tuve que correr." La verdad de las cosas era que Bárbara no había estado tan concentrada en la ceremonia. Sus lapsus mentales, a veces, podían ser una bendición. "¿Algo de tomar? ¿Agua mineral?"

"Tendré de lo que tú tienes."

Bárbara alzó una ceja. "De acuerdo." Observó escéptica como la madre de Jim pidió la bebida ella misma. "¿Estás segura, Dawn?"

Una mirada gélida transformó la anterior cara sonriente. Sin elaborar, Dawn recibió su copa de whiskey y comenzó su propia celebración.

Bárbara carraspeó su garganta. "Es solo que—"

"Cuando llegues a mi edad, tendrás que sopesar si en verdad necesitas estar sobria para asumir un día como éstos."

Conque la manzana no caía muy lejos del árbol. Bárbara esperó a que la mujer diera su primer trago, antes de dar su opinión. "Ambas sabemos que pudiste haber convencido a Jim de no seguir con la boda. Te hubiera escuchado."

Dawn se mantuvo en silencio un rato. Cuando habló, su voz fue neutral. "Jim ha cambiado."

-No sabes cuánto. Bárbara le dio un trago a su propio vaso de shot. "Escucha, Dawn…"

"No tienes que decirme nada. Lo que haya ocurrido entre Jim y tú, no me incumbe." La mujer prosiguió a sacar de su bolso su porta-cigarrillos. El mesero se apresuró a ofrecerle fuego; encendiendo el cigarrillo que Bárbara sospecha seria el primero de muchos. "Son adultos. Sólo ustedes podían determinar si eran el uno para el otro."

Bárbara resopló, el golpe llegando directo entre sus costillas.

"¿Qué pasa?"

"Nada. Sólo…" Nadie, jamás, había resumido en una sola frase algo que Bárbara hubiera valorado escuchar cuatro años atrás. Antes de asesinar a sus propios padres, claro. "Tu hijo coloca unos estándares demasiados altos."

Humo se deslizó de la nariz de la mujer. "Es lo que recién he averiguado."

"Wayne no es tan malo." ¿Qué demonios decía? "Es propenso a los grandes gestos. Estoy segura que un día de estos te impresionará con uno de ellos."

Hubo otra pausa. Dawn aspiró y suspiró humo. Bárbara optó por una sangría para rellenar el silencio.

"Mi hijo se ha puesto un blanco en sus espaldas que lo perseguirá hasta el día de su muerte. Se ha sometido a un soberano de la edad de mi propio hijo menor; y en el proceso, ha renunciado a cualquier oportunidad de tener una vida normal. Créeme, Bárbara. Con este gran gesto, he tenido suficiente."

Bárbara no pudo producir una respuesta adecuada. Esta reunión de por sí, ya era un monumento de incomodidad.

"Ups." Dawn retiró el cigarrillo de su boca con una risilla. Aplastó el cigarro en el cenicero de inmediato.

"¡Ma'am, la estamos esperando!" Alfred Pennyworth llamó desde la entrada del estudio.

"Jim me va a matar. Odia que huela a tabaco." Dawn comenzó a sacudir su suelto vestido negro.

Bárbara miró la copa ya vacía de la mujer. –Odia que bebas, aún más. La tomó para esconderla, antes de que Pennyworth o alguien más, pudiera verla.

"Sólo un par de fotos, le prometo. ¿A dónde se fue el otro Jr.?"

Dawn se permitió ser guiada fuera del estudio. "Oh, Ry parecer estar haciendo nuevos amigos. Lo vi justo—¡Oh, sí, ahí está!"

Fue increíble como Dawn Gordon se transformó en un parpadeo. Las sonrisas fueron fáciles de vestir en la presencia del mayordomo. Hasta su tono de voz cambió. Para el ojo público, Dawn actuó como una madre orgullosa debió. Extasiada, en el gran día de su primogénito.

"Selina, veo que estás ayudándome en las tareas de anfitriona."

Selina tenía a un niñito pegado a su lado; la baba corriendo por su mentón, obvia. "Sólo aléjalo de mi vista, Alfred."

"Ryan, vamos, no molestes a esta jovencita."

"No la estoy—Mamá, ¿fumaste de nuevo? ¡Jim tendrá un aneurisma cuando te huela!"

"Tonterías. Es el humo de los demás invitados."

"Por aquí, Ma'am. Selina, ¿podrías hacerme un favor? Ve a la cocina y revisa que todos los bocadillos estén listos para la recepción, ¿quieres?"

"¿Por qué yo?"

"Porque eres la Dama de Honor, señorita. No todas sus responsabilidades serán fashionistas."

"Pero—"

"Iré con ella." Bárbara gruñó en último minuto. Se levantó de la barra para sumarse a la caravana. "No es como si no hubiera coordinado un par de eventos yo misma."

La mirada del mayordomo no proyectó mucha confianza.

"Relájate. No escupiré en los bocadillos." Bárbara sonrió con dulzura, uniendo su brazo con el de Selina para sacarla del estudio.

No fue hasta que estuvieron fuera de la vista del mayordomo, que Bárbara redirigió la trayectoria de sus tacones.

"La cocina es del otro lado."

Bárbara le alzó una ceja.

Selina rodó sus ojos. "¡Bárbara, no! ¡No quiero mi cabeza empalada si Gordon se entera—"

"¡Sólo quiero un tour por el lugar! ¿Es mucho pedir?"

"¡Hay policías por todas partes!"

"Bien por mi entonces, porque tengo de compañía a una de las mejores ladronas de Gotham. Debes conocer atajos en este enorme lugar que nos ayuden a pasar desapercibidas." Al notar todavía indecisión en la chica, Bárbara suspiró. "Como quieras. Iré a husmear yo misma. Diviértete vigilando canapés."

"De acuerdo." Selina le jaló su brazo de regreso, en cuanto Bárbara fingió estar a punto de irse. Bingo. "Pero debes prometerme que sólo mirarás, ¿está bien? Bruce todavía no me perdona lo sucedido con el maldito zombie."

"Honor de scouts." Bárbara levantó su palma derecha, con su otra mano cruzando sus dedos entre sí. "Lo juro."


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La sesión de fotos fue tan tediosa como Jim lo había imaginado.

Aun así, Jim encontró puntos altos durante el trascurso de la tarde.

Katherine Kane resultó ser una guapa mujer de brillante sonrisa y dulce disposición. Al ser presentados, la mujer no dudó en abrazar a Jim para hacerlo sentir parte de la familia. Nathan Kane, una nuez más dura de quebrar, estrechó su mano y ofreció sus propias felicitaciones. Fue cordial, al menos. No amenazó a Jim con la escopeta.

"Deberían visitarnos, Bruce." Katherine les invitó. "¿Alguna vez han viajado a Londres? ¿Alguno de ustedes? ¿Qué me dice usted, Capitán?"

"No puedo decir que he tenido el placer." -O la cartera. Jim se obligó a sonreír, manos en los bolsillos de su traje.

"Tal vez el año siguiente." Bruce ofreció. "Cuando el bebé ya haya nacido, ¿quizás?"

Oh.

Ahora la sonrisa infectuosa de Katherine tuvo más sentido. Su embarazo no debía estar muy avanzado, si ningún crecimiento era notable en su figura. Jim carraspeó su garganta al sentir la expectativa caer en su persona. "Seguro. Después de todo, ustedes hicieron el viaje hasta acá… Sería lo justo regresar el favor."

Fue justo lo que Katherine quiso escuchar. Satisfecha, la mujer prosiguió a llenar las orejas de su esposo con nuevas sugerencias para la remodelación de su apartamento.

Una vez que quedaron por su cuenta en el estudio que Alfred había improvisado para la sesión de fotos, Bruce se le plantó enfrente. "Estás mejorando." Acarició las solapas del saco de Jim. "En sonreír y socializar, quiero decir."

"Ya sabes lo que dicen. Nunca es tarde para aprender viejos trucos, Bruce."

El joven sonrió. "¿Qué otros trucos tienes escondido por ahí?"

En automático, Jim extrajo sus manos de su pantalón para rodear la cintura del Omega. "Andas en una racha, ¿eh?"

Bruce agachó su barbilla. "¿Acaso no puedo andar de buen humor? Hasta ahora hemos logrado vencer a las grandes probabilidades en nuestra contra."

"No tientes al destino." El Alfa escurrió su mano izquierda para acariciar la mejilla del joven. "Feliz cumpleaños."

Debió sospechar que algo tan sencillo como contacto piel-a-piel inyectaría a Bruce de valentía. El beso que se le plantó lo hizo tambalearse de la sorpresa. Jim aceptó el afecto; pero frenó la locura. "Aquí no." Le murmuró.

"Sí, aquí." Bruce susurró contra su boca, parpados aun caídos. "Y en todos lados."

Dios. Bruce estaba definitivamente en una buena racha.

Se besaron de nuevo. Fue un reto no profundizar la unión de sus bocas.

Para su suerte—no había mejor cubeta de agua fría que ver a su madre entrar, acompañada de Alfred y de Ryan. "Ejem. Hay alguien que ocupas conocer."

La burbuja de hormonas fue reventada con efectividad. Bruce persiguió su línea de visión. Fue rápido en soltar a Jim, re-ajustando su saco.

"¡Mamá!" Jim fue un puente, atrayendo a Bruce hacia la fuerza inmovible que era Dawn Gordon. "Quiero que conozcas a Bruce." Dijo con énfasis, encumbrando sus cejas de manera pronunciada.

Cara a cara, Dawn conectó su mirada con el Omega y luego con su propio hijo. "Sí, por supuesto, Jim. Estuve allí cuando te casaste con el pobre muchacho." Sonriendo, la mujer estuvo en el proceso de extender su mano, pero abortó el movimiento, al recordar con quien trataba. "Su Majestad."

"Oh, no es necesario, Ma'am." Wayne frenó su ovación con una mano alzada. "De ahora en adelante, formamos parte de la misma familia… Y no deseo que mi familia sea intimidada por este tipo de etiqueta."

"Oh, me agrada. Tiene modales." Su madre fingió susurrarle a Jim con tono conspirador. Sirvió para romper el hielo, haciendo a Bruce reír ligeramente. Jim respiró con más facilidad. Un minuto después, su madre volvió a estirar su mano hacia el Omega. "Dawn Cohen."

"Bruce Wayne." El Omega deliberó, apretando la palma de la mujer con una sonrisa cordial. "Es un honor por fin conocerla y no sólo escucharla por una bocina de teléfono."

Jim parpadeó. "¿Hablaron por teléfono?"

"Por supuesto, cariño." Su madre batió una mano al aire, como si la mención no fuera la gran cosa. "¿Cómo crees que me enteré? Bruce fue quien me invitó a la Boda."

"Eres más alto de lo que esperaba."

Jim parpadeó, escuchando las palabras salir de la boca de Ryan, pero aun así rehusándose a aceptar aquello como realidad.

Bruce estiró su mano en igual mesura al adolescente. "¿Decepcionado? ¿Esperabas una cola? ¿Cuernos, acaso?"

Ryan meneó su cabeza para buscar dicha cola. "Un poco de escamas, al menos."

Fue un logro de épicas proporciones no darle un manotazo a su medio-hermano. Bruce no lo tomó a mal, afortunadamente. El pobre estaba demasiado concentrado en querer dejar una buena impresión con su familia.

Dawn no permaneció con ellos por mucho tiempo. En cuanto tuvo oportunidad, se entretuvo con saludar a los Kanes. Al pasar cerca de Jim, el olor a tabaco entró por sus narices.

Jim suspiró para sí. Su madre nunca cambiaría.

Quince minutos después, Alfred y el fotógrafo contratado para el evento, se encargaron de dirigirlos a lo que serían las últimas fotos familiares.

Sentado con piernas cruzadas, Jim sintió las manos de Bruce adueñarse de sus hombros, justo como el fotógrafo había instruido. A su lado, Dawn y Ryan posaron de pie, mientras que, del extremo opuesto, Nathan, Katherine y Agatha flanquearon al Rey.

Se tomó una ronda en tal posición.

"Esperen." Bruce detuvo la siguiente. "Alfred, ven aquí."

Detrás del camarógrafo, el hombre tartamudeó de sorpresa. "Pero no soy—"

"Alfred." Jim gruñó el comando. "Vamos."

El Ex-tutor de Bruce se acomodó a lado de Agatha Wayne, pero Bruce señaló para que se acercara más. Justo a su lado, primero que los Kanes y que su tía. Obviamente conmovido, el hombre no formuló ninguna palabra.

Durante la segunda y última ronda, una de las manos de Bruce fue cayendo de manera deliberada por el pecho de Jim, posesivo de lo que tenía a su disposición. Jim no tuvo el corazón para cortar su torrente de gentiles caricias.

Jim no estaba acostumbrado. No solía apreciar ser tocado en público con tanta familiaridad.

Sospechó, sin embargo, que este sería el primero de muchos otros hábitos, que podría considerar romper.


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"Oh, sí." Bárbara exclamó, al ver la hilera de carros deportivos a su disposición. "¡De esto estaba hablando!"

Selina no se despegó de la entrada del garaje. "Ya los viste. Vámonos. Ya casi es hora."

"Dios, ¿desde cuándo te volviste tan mojigata?" Bárbara acarició el cofre de un Lamborghini. "Ese chiquillo no notaría si uno se le perdiera."

"Bárbara, no empieces."

"¿Por qué?" Bárbara se entremetió entre el Ferrari que ya había conocido y otro Mustang. "¿Te incomoda? Debería, querida. No puedes jugar a los dos bandos todo el tiempo."

"¿De qué hablas?"

Bárbara gesticuló hacia la fortuna que las rodeaba. "¡Hola! Bruce Wayne, nosotras. ¿Alguna vez vas a escoger un bando en definitiva? ¿Por qué le eres fiel a este niño?"

Selina la siguió. "Estoy en un solo bando: el mío."

"¿En serio? Entonces, ¿quién se encarga de alimentarte y de que tengas un techo sobre tu cabeza? ¿Brucie? Oh, lo olvidé. Al mocoso no le importa lo que pase con su amiguita, mientras no ocupe un favor de su parte."

Selina se cruzó de brazos. "¿Ya acabaste?"

Bárbara suspiró. "Selina. Estaba ahí cuando el niño rompió tu corazón. Pero, eres la que está llevando este acto de mejor amiga demasiado lejos."

"Y eres la persona perfecta para sermonearme. Porque algo que Bárbara Kean sabe hacer, es superar a sus exes."

Auch. Bárbara tocó su pecho. "Me-ow."

"Puedo ser leal a las Sirens, pero no significa que mi mundo estará limitado a ustedes dos."

"Vive un poco." Bárbara rodó sus ojos. Caminó hacia la chica. "Es todo lo que pido."

Selina rodó sus ojos. "¿Qué sugieres?"

"Para empezar, no te mataría invitar a bailar a ese chico que quiere lamerte los huesos."

En clásica predisposición a rebelarse contra cualquier tipo de consejo, Cat se retorció con incomodidad contra el Lamborghini, acomodándose a lado de Bárbara. "¿Gordon Jr.? ¿Estás loca?"

"No te hagas la difícil, Selina. Sabemos niños bobos son tu gusto predilecto."

Ambas mujeres no esperaron la voz adicional en el garaje. Inmediatamente se apartaron del Lamborghini plateado.

Las luces fluorescentes del garaje descubrieron a una mujer en gabardina de las sombras. Su cabello rojo fue una gran pista.

"Ivy, no deberías estar aquí." Selina se movilizó rápido, cubriendo a Bárbara con su propio cuerpo. El acto fue noble, pero Bárbara ya tenía su mano en su bolsa, sus dedos alrededor de su magnus.

Ivy les sonrió con su boca de lagartona. "¿Por qué no? ¿No puedo darles sus felicitaciones a los novios?"

Selina se mantuvo tensa frente a Bárbara. Un gruñido se manifestó de su garganta en advertencia.

Ivy sólo rodó sus ojos. "Oh, cálmate. Sólo vine a dejar un obsequio. No es gran cosa. Sin embargo, mi intención es pasar lo más desaperciba posible. Con eso en mente…" La mujer alzó una de sus manos—

—Bárbara apuntó su arma.

Ivy tronó sus dedos.

La mente de Bárbara se nubló.

La voz de Ivy fue un eco que perpetuó por sus pensamientos, atándola a un conjuro.

"…Arder con deseo y mantenerlo en secreto, chicas, es el mayor castigo que podemos traer a nosotras mismas."


[+]+[+]


"¡Todos guarden silencio! ¡Es hora de mi discurso!" El sonido de un cubierto golpeando la copa en la mano de Harvey interrumpió el bullicio del salón. "No hagan esas caras, ya sé que todos tenemos hambre." Harvey recibió múltiples risas desde su asiento en la mesa de invitados de honor. "Seré breve y dulce."

Frente a él, Jim no supo qué esperar. De la boca de Bullock podían salir dagas o flores, dependiendo de su humor.

Su amigo se colocó sus lentes y sacó una hoja de papel arrugado de su chaqueta. Jim lo observó leer las líneas, para luego ser descartadas sobre la mesa.

"Conocí Jim Gordon cuando él era… Un Detective moralista, idealista, y honestamente, un enorme dolor en el trasero. En los años que han transcurridos desde entonces, Jim se ha convertido… en un Capitán moralista e idealista, y para sorpresa de nadie, todavía sigue siendo un enorme dolor en el trasero."

A su lado derecho, Jim escuchó las risas suaves de Bruce. Jim sonrió, culpable de los cargos.

A pesar de la distancia entre la mesa de Harvey y la de los novios, ambos conectaron miradas.

"Diría que Jim es mi mejor amigo… pero la verdad, es que Jim es mi único amigo."

El Alfa parpadeó. Su estómago se hizo nudos entre sí, envuelto por una enorme sensación de ternura.

"No te espantes, hermano. No te expondré a más sentimentalismos de los que ya has soportado hoy." Harvey prosiguió, manos extendidas. "Sé qué no vemos ojo a ojo en muchas cosas. Pero, sólo quiero que sepas que al final, siempre te cubriré las espaldas."

Jim asintió. Honrado.

"Ahora, siguiendo con Bruce."

Interesado, Jim se permitió doblar su cabeza al muchacho. Sonrió al ver al Omega endurecer su porte, atento a lo que Bullock fuera a deliberar.

"¿Qué puedo decir? Eres tan obstinado como Jim. Un imán para los secuestros. El blanco favorito de psicópatas y la lista sigue."

Para esta ronda solo las personas más cercanas a Jim y a Bruce comprendieron la veracidad de lo dicho. Jim resopló por sus narices, alzando una ceja en la dirección del Omega. El chico rodó sus ojos.

"¿Martini?" Un mesero se posó al lado derecho de Jim. Los martinis lucían muy verdes para su gusto. Jim declinó con un ligero movimiento de su barbilla.

"Escucha, Bruce. Muchas personas jamás verán más allá de la fachada de heredero multimillonario. Pero te he visto en momentos muy difíciles. En el fondo, sé que quieres ayudar a tu gente. Se requieren verdaderas agallas para ir en contra del sistema como lo estás haciendo y te aplaudo los cojo—Ups. Hay menores de edad presentes, lo olvidaba." El hombre se detuvo para carraspear su garganta y dar un trago de su agua mineral. "A lo que quiero llegar, es… Eres parte de la familia azul, de hoy en adelante." Apuntó hacia Harper, sentada en la misma mesa. Los oficiales que se encontraban esparcidos por el salón prosiguieron a causar bullicio para enfatizar el discurso de su colega.

Bruce bajó su mentón con el rito de bienvenida. Jim tambaleó su hombro con el propio, extrayendo una sonrisa abochornada del muchacho.

"Sí, sé que grité mucho cuando me enteré de que estabas intercambiando saliva con mi mejor amigo."

"¡Dijiste que sería corto!"

"¡Cállate! Como iba diciendo… Creo que hay una razón importante de por qué que ustedes dos se conocieron, cuando se tenían que conocer, bajo las circunstancias en las que se conocieron. La estoy viendo justo ahora." El Detective gesticuló hacia el salón, luego hacia la mesa de los novios. "Y no me refiero a todo este circo. Es una razón que no lo tiene que saber nadie más… con excepción a ustedes dos."

Jim volvió a asentir, en vista de que sus cuerdas vocales le fallaron.

"¡Ya casi termino! De acuerdo… Mira, Jim. Sé que dijiste que no habría Luna de Miel porque el trabajo es importante, bla, bla, bla, ¿pero desde cuando te hago caso?" De su chaqueta, Harvey sacó un juego de llaves. "Son las llaves de la cabaña de tu tío Frank. Tomé la libertad de mandar un equipo para que limpiara y reabasteciera el lugar para una semana. ¡No puedes negarte! Es mi maldito regalo de bodas."

Bruce, sonriendo, le empujó del hombro, alentándolo a aceptar la ofrenda. Sacudiendo su cabeza, Jim se levantó de su asiento. Abrazó a Harvey con un nudo en la garganta. "Gracias." Gruñó contra el material del traje de su amigo.

Bullock sólo apretó su nuca. Jim lo sintió introducir las llaves a su bolsillo.

"¡Yo también tengo un discurso!"

Jim y Bullock se separaron. Con una mirada bastó para que Harvey tomara control. "Cierra la boca, Oswald."

Apoyado de su bastón, Oswald fue distinguible en las mesas de mero atrás. "¿Por qué? ¿Acaso no puedo difundir un poco de la historia de la amistad con mi querido amigo Jim?"

Tras una señal sutil de Harvey, uno de los oficiales haciendo guardia por el salón, se acercó a Oswald de las espaldas, empujándolo sutilmente a su asiento.

Ofendido, Oswald produjo sonidos dramáticos desde su silla.

"Yo tengo unas cuantas palabras."

Jim frunció el ceño.

Harvey alzó una ceja. "¿Qué mosca les ha picado a todos?"

Ambos se dirigieron hacia la dirección de la voz.

Bárbara caminaba desde el área del bar, sosteniendo una copa de champaña en una de sus manos. "Primero, Felicitaciones a los novios."

"Gracias." Cautela guio los pasos de Jim hacia la mujer, sospechando de las intenciones de la rubia.

"Aunque seamos honestos, gente." Bárbara alzó la voz, gesticulando a los demás invitados con la copa de champaña. "¿Cuánto tiempo le dan al buen Bruce para tornarse en un psicópata maniaco? Es el verdadero don de Jim Gordon, después de todo. Todo lo que se tira, termina visitando Arkham."

"Wow—No, Jim, espera." Harvey quiso detenerlo, pero Jim fue más ágil, apresurándose a cerrar la distancia con la mujer.

"No se olviden de mi racha asesina." Bárbara le sonreía sin una onza de miedo. "¿Y cómo olvidar a la buena Doctora Leslie Thompkins? De salvar vidas, cambió a esparcir un virus mortal por la ciudad."

"Es suficiente." Jim le tomó del hombro. "No te luzcas, Bárbara."

"La verdad duele, ¿cierto?" La mujer escapó de su agarre, luciendo algo maniaca. Jim notó sus pupilas dilatadas. ¿Se encontraba drogada?

Álvarez apareció detrás de Bárbara, apartando a la Omega de Jim. "Ve a tomar aire fresco." Le ordenó con dientes apretados.

Bárbara se deshizo de la mano de Álvarez, "¡Vamos, estaba bromeando!"

"Sácala de aquí." Jim gruñó con insistencia.

"Nos succionas la vida, ¿sabes?" Bárbara forcejeó por su libertad. "Es exhaustivo tratar de siempre quedar bien frente a tus ojos. ¡El buen Jim Gordon, que todo lo juzga! ¡Sólo él puede decidir lo que es correcto y lo que es romper la ley! Bájate de tu pedestal. ¡Tus manos están embarradas de sangre como todos nosotros, Jim! ¡Sólo pregúntale a Sofía!"

"¿Qué hacen ahí parados? Ayuden a Álvarez." Harvey ladró órdenes a más oficiales, porque Bárbara siguió peleando por su libertad, arrojando la copa de champaña a la cara de Álvarez, y encajando su tacón en la bota del hombre. "Por el amor de Dios, ¿cómo no pueden con ella?"

"¡Somos productos de tu creación, Jim! ¡Jason puso el cuchillo en mi mano, pero fuiste tú quien falló en llegar a tiempo! ¿Siente algún tipo de culpa aun, o duermes como si nada en las noches?"

Petrificado, Jim quedó adherido al piso, la voz de Bárbara alejándose hacia una de las salidas del salón.

Alfred apareció a su costado, tomándolo del codo. Lo comenzó a guiar lejos de la pista. "Veamos el lado positivo. No hay nadie de la prensa, al menos."

Bruce los encontró en la mitad de la trayectoria a los sanitarios. "¿Estás bien?"

"Sólo necesito un momento." Evadiendo contacto con ambos, Jim se introdujo al sanitario personal, cerrando la puerta tras de sí.

Se apoyó del lavamanos, controlando su respiración.

Habían pasado años desde que Bárbara había hablado del Ogro. Jim no estaba orgulloso de la manera en la que le había fallado aquella vez. Bárbara se equivocaba en pensar que ese fantasma no cazaba a Jim en sus tantas pesadillas.

Hubo un golpeteo en la puerta. Después, esta se abrió, al no estar bajo llave.

Esperó que fuera Bruce, pero el perfume de Dawn Gordon fue reconocible para su nariz. "Hola, cariño."

Jim abrió la llave del agua, mojando sus manos. "Ahora sabes por qué no me casé con ella."

"Bueno… Es una Géminis. Te lo dije cuando me la presentaste."

Jim resopló por sus narices. "Siempre usas la misma excusa para rechazar a las parejas que te he presentado. Por eso no me molesté con Lee."

"¿La Doctora?"

Jim arrojó agua tibia a su rostro. Su madre le pasó la toalla de manos para secarse.

"No sé si lo sabes, pero me llamó cuando estabas en Blackgate. Quería que fuera a visitarte para que no perdieras la esperanza. Me contó del bebé que perdió."

Con su rostro ya seco, Jim conectó su mirada con el reflejo de su madre. "Me alegra que no la hayas escuchado. Hubiera odiado que me vieras en ese lugar."

"James." Dawn tomó asiento sobre el retrete cerrado. "Nunca hubo un momento donde creí que fueras culpable de lo que se te acusaba. Sabía que si te visitaba lo sentirías como una humillación. Me aferré a lo que ya sabía: que eres un hombre capaz de hacerse cargo de sus propios problemas. Eres un Gordon, sabía que no permanecerías en el suelo por mucho tiempo."

"Pero, sí lo hice. Maté a un hombre en sangre fría. Aun cuando se trataba de un monstruo… Fue un error tomar la ley en mis propias manos."

Dawn aparentó procesar lo dicho. "¿Lo has hecho de nuevo?"

"No."

Dawn estiró su mano, apretando el brazo de su hijo en consolación. "Deja de medirte a la estatura de tu padre, Jim. Lo has superado desde hace mucho tiempo."

Jim suspiró. "No es la impresión que he recibido el día de hoy."

Su madre se levantó del retrete, halando de su manga para obligarlo a verla cara a cara. En cuanto obtuvo lo deseado, Dawn tomó el rostro de su hijo entre sus manos. "Todo lo que he querido para ti desde que naciste es que tuvieras una vida tranquila. Lejos de la violencia y la política. Era lo que Peter deseaba por igual. Por eso hicimos lo posible por protegerte del mundo exterior… Pero nunca estuviste de acuerdo con el programa. Te rebelaste desde el primer día. Te uniste al ejército. Entraste a la Academia. Cuando te pedí no regresar a Gotham, no escuchaste—"

"De acuerdo, ya entendí."

"Mi punto es…" Dawn le sacudió ligeramente, humor suavizando su letanía. "Debes dejarme servirle luto a esa tonta ilusión mía. Asimilar que tu hijo es ahora parte de la Realeza no es fácil."

"Tienes razón. Lo siento por aventarte en este lio sin aviso." Jim relamió sus labios. "Creí que estarías mejor sin estar involucrada. Pero, al final… Bruce tenía razón. Estoy aliviado que hayas venido, mamá."

Dawn recogió la toalla del borde del lavamanos, secando las partes del pescuezo de Jim que habían sido descuidadas. "No pienses en mi como una mujer ingenua. Gente te quiere muerto todos los días. Ahora, ese deseo se multiplicará."

"Puedo cuidarme solo." Jim raspó de lo profundo de su garganta.

Con la tarea de ajustar su apariencia concluida, Dawn acarició las sienes de su hijo por última vez. "Sí, sí. Ya no eres mi pequeño James… Siempre contarás conmigo, hijo. Pero, por favor, déjame reagruparme."

Jim asintió.

Satisfecha, Dawn lo dejó a solas.

Jim buscó reincorporarse en la privacidad del sanitario. Ajustó su saco. Revisó su reflejo de nuevo.

Abrió la puerta.

Se encontró directamente con la cara extrañada de Alfred. "Jim. ¿Has visto a Bruce?"

Alfred no pudo elegir palabras más proféticas para indicar que algo andaba mal.


[+]+[+]


Bruce regresó al salón para descubrir que Alfred estaba haciendo un excelente trabajo de distraer a los invitados; la barra libre había sido inaugurada y el hombre pastoreaba a los meseros a servir la cena.

Con un objetivo claro, Bruce persiguió el sendero por donde Bárbara Kean había sido arrastrada.

Selina se atravesó en su camino.

Bruce frenó en seco. "Selina. No es un buen momento."

"¿Qué vas a hacer? ¿Darle a Bárbara un periodicazo en la boca por portarse mal?"

"Sé que es tu amiga, pero parte del trato que tenemos no incluía humillar públicamente a Jim."

El comportamiento de Selina le resultó extraño. La chica raramente se mostraba tan seria.

Bruce trató de rodearla. "¿Está bien?"

"Más qué bien." Selina lo sorprendió al tomarlo de la mano. "Sé a dónde se fue. Sígueme."

Bruce frunció el ceño. La siguió hasta las puertas deslizantes, saliendo directo a los jardines. Bruce revisó sus alrededores, pero no encontró a nadie más. "No la veo por ninguna parte."

"Vamos, por aquí. Debe estar fumando." Selina se dirigió hacia el invernadero. "¡Apúrate! No me estoy congelando acá afuera por gusto, Bruce."

Bruce volteó hacia el salón, viendo de afuera hacia adentro. Comenzó a dudar de su precipitaba decisión. ¿Qué ganaría con discutir con la mujer?

Siguió a Selina con pasos renuentes.

Al acercarse al invernadero, la puerta de vidrio estaba abierta.

Bruce pausó en el umbral, la fragancia de las múltiples plantas de Alfred acariciando sus sentidos.

"Prometí ser sutil. Ser una chica buena."

Bruce intentó retroceder, al detectar otra presencia. Su espalda chocó con el cuerpo de Selina—una navaja fue colocaba en su cuello para detener sus intentos de forcejeo. "Ivy." Gruñó.

La mujer acariciaba las rosas rojas que Alfred había recién cultivado. Vestida de gabardina oscura, la mujer se levantó con un rosal en su mano. Al fondo del invernadero, Bruce notó las figuras desmayadas de Bárbara Kean, junto al Detective Álvarez. "¿Te gustó el espectáculo, Bruce? Tuve que ser bastante creativa para saber cómo antagonizar a Jim Gordon. Despegar al hombre de ti, es casi imposible, últimamente."

Bruce rodó sus ojos, en parte para frustrar a su captora, en parte por su mismo placer. "¿Qué quieres ahora?"

Ivy le sonrió. Sus labios estaban pintados de color verde esmeralda. Brillaban con trozos de cristal, como fragmentos de diamantes. "Es curioso. Me contrataron para encontrar una manera de marchitarte." Al sentir la mano libre de Ivy acariciar su mentón, Bruce recordó que con solo un aruño, podría matarlo. Se mantuvo totalmente inmóvil. "Pero Ra's Al Ghul olvidó que yo me dedico a dar vida."

Sin escapatoria, el polen del rosal roció su rostro al momento que Ivy sopló sobre los pétalos. Bruce aguantó la respiración. Cerró sus ojos. Lo que fuera a funcionar para que su sistema no absorbiera las toxinas.

Ivy carcajeó. "Oh, no te preocupes, Brucie." Bruce sintió otra caricia en su mejilla. "Las esporas entran por los poros de tu piel. No hay manera de impedir que recibas este pequeño regalo."

Bruce volvió a respingar. Empujó a Selina con todas sus fuerzas, sintiendo su peso combinado chocar contra el vidrio de la puerta. Bruce esperaba que el ruido fuera detectado.

Ivy se mostró asustada. "Chico listo. No importa, mi trabajo está hecho. ¡Selina, neutralízalo lo suficiente para darme tiempo de salir de aquí!"

"¡Selina, reacciona!"

Ivy se escabulló del invernadero en dirección opuesta, hacia la otra salida, brincando por encima de los cuerpos inconscientes. "¡Cuenta del 30 al 1 en tu cabeza, querida! Luego, dile a Bruce tu más ardiente secreto. ¡Sólo así serás libre!"

"¡Déjame ir, Selina!" Bruce no deseaba luchar, pero no tuvo otra opción. Selina era fuerte, y bien entrenada por Tabitha, pero un vestido de coctel y tacones altos no fueron necesariamente lo óptimo para mantener el equilibrio. Ambos forcejearon por la navaja sobre el piso. Bruce evadió un rodillazo a su ingle. Respondió con un golpe al estómago de la chica, haciendo una mueca en disculpa.

Ambos se revolcaron en el piso del invernadero. "Selina, despierta. Ivy te ha hipnotizado." Siseó entre dientes, una vez encima de la chica, sus manos alrededor de las muñecas para detener el avance de la daga.

Selina parpadeó, su rostro torcido en un mohín de confusión.

Bruce insistió. "Despierta. Eres mi amiga, sé que no quieres lastimarme."

Selina jadeó. "No—No sabes—"

Bruce sintió la fuerza física del ataque de Cat perder frenesí. "Lucha contra su hipnosis."

Los labios de Selina murmuraron líneas incomprensibles para los oídos de Bruce. El Omega recordó lo dicho por Ivy, sin embargo. Cuenta del 30 al 1. "Selina, eres más fuerte que Ivy—Lucha."

El siguiente rodillazo si tuvo éxito. Bruce tosió, escupiendo aire de sus pulmones por el doloroso impacto.

Con la victoria, Selina tuvo la delantera, empujándolo, para que ahora ella se posara sobre el Omega.

Para su sorpresa, la daga fue arrojada a las sombras del invernadero. Mientras Bruce intentaba recuperar su aliento, el cuerpo femenino lo cubrió por entero.

Su boca chocó con la de Selina

Bruce se congeló, sosteniéndose a los hombros semi-desnudos de la chica.

Fue un beso distinto a los que había compartido con Selina con anterioridad. Las feromonas de Alfa invadieron el invernadero, sofocando al propio Bruce.

Esta Alfa quería marcar. Quería dominar. Someter al Omega a su voluntad.

Bruce apartó su boca. "No—Para."

Sintió la respiración de Selina contra su rostro. Huyó de ello—De todo. De Selina, y sobre todo, del susurro siendo vertido directo en su oído:

"Te hubiera marcado primero."

La puerta del invernadero terminó de arrojar vidrios, al ser abierta a la fuerza. "¿Qué rayos está pasando aquí?" La luz de linternas se filtró por el lugar.

Bruce rodó sobre el piso, poniendo distancia inmediata entre Selina y su persona. "¡Ivy! ¡Está aquí, Detective Bullock!"

"¡Demonios! ¡Harper, pon en alerta a todos! ¿Viste a donde se fue, Wayne?"

Jim apareció detrás de Harvey. Al verlo todavía en el piso, le ofreció su mano para ayudarlo a levantarse. Bruce apuntó hacia la dirección en la que Ivy había huido. "Tiene poco que se escapó. Hipnotizó a la Srta. Kean y al Detective Álvarez." Omitió a Selina.

Selina. Quien ya se había escabullido del invernadero sin mirar atrás.

"¿Qué quería?" Jim lo revisó físicamente. "¿Estás bien, Bruce? ¿Estás contagiado de algo?"

Bruce se sostuvo del torso del Alfa, permitiendo la inspección para beneficio del Alfa. "N-no lo sé."

Jim fue firme en empujarlo hacia la salida. "Regresemos a la Mansión."

"Pero Ivy—"

"Bullock se encargará de ella. Green, llama una ambulancia para atender a las víctimas de Ivy." Poco pudo hacer Bruce para frenar a Jim. Rodeado por sus feromonas—de su posesividad—el Omega cedió a ser transportado al estudio de la Mansión. Alfred y Lucius ya lo esperaban.

Al ver la jeringa en la mano de Fox, Bruce se resignó a lo que seguía. Retiró su saco y remangó su camisa de vestir para darle sangre.

Viendo la sangre ser succionada por la aguja, Bruce suspiró. "Estuvimos tan cerca."

Alfred le apretó el hombro en simpatía. "Gotham será Gotham, amo Bruce."

"¿Notaron los invitados lo sucedido?"

"Probablemente, pero en toda honestidad, creo que están demasiado ebrios para importarles. Dejé a Agatha a cargo."

Lucius introdujo la muestra de sangre en su computadora bio-detectora portátil, manufacturada por Wayne Enterprises para estas situaciones en específico. Esperar por un resultado ocuparía de unos momentos, así que Bruce rectificó su camisa y se puso de pie.

Caminó a la ventana, notando las luces de la ambulancia.

Jim volvió, agitado. "¿Todo bien?"

Lucius, bajo presión, sólo le dedicó una mirada neutra al Alfa. "Toma tiempo, Capitán. No es una caja mágica."

"No la alcanzaron, ¿cierto?" Bruce concluyó. "A Ivy."

Jim apretó su quijada. "Todavía la están buscando, Bruce."

Era un mal deja-vú. Ivy se escurría de nuevo de la justicia.

La computadora comenzó a arrojar resultados, creando sonidos acordes. Fox leyó de la pantalla con detenimiento.

"Mm. Fuera de que tus niveles de hierro estén algo bajos, estás en buena salud. No hay ningún indicador de las toxinas de Ivy en tu sistema, Bruce… Por lo menos, no como la última vez."

Bruce consideró, con cabeza fría, en cómo proseguir. Miró a Jim de reojo.

Si compartía en detalle lo sucedido con Ivy, sabía que impactaría el resto de la noche. Jim sería consumido por la continua búsqueda de la mujer, y su paranoia no lo dejaría concentrarse ni en el día de su propia boda.

Si la salud de Bruce no estaba siendo afectada… "Opino que continuemos como si el ataque no hubiera sucedido."

"Bruce, no lo sé."

"Tenemos que seguir con la celebración." Bruce insistió, caminando hacia el Alfa. "No por nuestro gusto, pero por lo que simboliza. Lo sabes. No podemos ceder ante nuestros enemigos. No en este día. Si permitimos que Ivy nos afecte, habrá ganado."

Jim lo miró con detenimiento, manos en la cintura.

"Técnicamente, usted es el Rey, amo Bruce. Puede dictar que todo marche como lo planeado, si así lo desea."

Bruce apreciaba el apoyo moral, pero se concentró en su esposo. "Gracias, Alfred. Sin embargo, no me casé conmigo mismo. La decisión debe ser compartida."

El pecho de Jim se desplomó con un suspiro de mala gana. Bruce supo leer su lenguaje corporal.

"Alfred, sigue distrayendo a los invitados. Bruce y yo nos uniremos en unos momentos. Lucius, ¿nos darías un momento?"

"Oh, por supuesto. Bruce, mi recomendación es ingerir más frijoles."

Bruce sonrió en la dirección del científico, viéndolo retirarse junto a Alfred. "Lo tomaré en consideración, Sr. Fox."

Ya a solas, Jim aseguró que, en efecto, nadie anduviera husmeando. "Algo sucedió en el invernadero que no me estás diciendo. Con Selina."

Bruce se encogió de hombros, caminando hacia el escritorio de su padre. "No es como parece—"

"Como apestaba, querrás decir."

Oh. Bruce tragó saliva. "Por favor, no la culpes. Estaba bajo la influencia de Ivy."

El entrecejo de Jim no se relajó. "¿Te… lastimó?"

"¡No!" Bruce se recargó en el mueble, sujetado al borde como si su vida dependiera de ello. Descubrió que hablar de lo sucedido con Selina le incomodaba a niveles mortíferos. "Estoy bien, Jim. Créeme, si alguien salió herido de los dos…"

Jim le siguió al escritorio, su expresión más empática que hace unos momentos. Al alcanzarlo, el hombre suspiró. "Bueno, sabíamos que invitar a nuestras exes a la Boda no sería la mejor de las ideas."

Bruce sonrió. "Aun así, lo hicimos."

"Al menos, los invitados están entretenidos."

Ahora sí, la sonrisa morfó a una risa genuina. Había sido el objetivo de Jim; Bruce notó su goce al conseguir relajarlo. Colmado de calor efervescente, el Omega rodeó el cuello del Capitán con sus brazos. No lo besó de inmediato. Quiso la simple cercanía de sus cuerpos, primero.

Algo que Jim aprobó al cien.

Si Bruce se aferró a su cuerpo con más codicia de lo que el gesto meritaba, Jim no se quejó. Todo lo contrario, apretó sus brazos alrededor del Omega.

Sus esencias se juntaron, el miedo restante en Jim olió a carne podrida. Bruce estrujó su rostro en el cuello del hombre para tranquilizarlo; para convencer a su bestia interna de que se encontraba a salvo.

Al sentir el gruñido de satisfacción de su Alfa, Bruce se estremeció de pies a cabeza. Su propia naturaleza quiso doblegarse, empujar más allá del beso que compartieron en ese momento.

La atrocidad que Selina había querido hacer fue borrada con la potencia de la esencia de su verdadero Alfa. Bruce se fundió en la sensación de ser englobado por Jim.

Por más que apreciaras a alguien, una verdadera compatibilidad no podía ser forzada.

Bruce logró partir la boca de Jim, a pesar de sus mejores intenciones de mantener sus atenciones platónicas. Jim le empujó contra el escritorio en reacción en cadena. Ambos gruñeron. La piel de Bruce fue sometida a una ligera comezón; ¿sus feromonas reaccionando a las esporas de Ivy, tal vez?

El Omega rompió el beso, jadeando.

Al separarse, Jim capturó su palma derecha. Bruce reconoció el juego de llaves que pasó a su custodia. "Guárdalas, ¿quieres? Además, pídele a Alfred que nos ayude a empacar mientras seguimos cumpliendo con nuestro deber de anfitriones."

"Seguro." Bruce sonrió. Luego, frunció su ceño. "¿Cuándo exactamente, tienes pensado que nos marchemos?"

"Si corremos con suerte, antes de que Bullock comience a bailar con canciones de ABBA en la pista."

Bruce abrió su boca. Luego, la cerró. "Estás bromeando."

Jim alzó una ceja, una misteriosa sonrisa estirando su boca. "Te reto a averiguarlo. Pídele al DJ Gimmie, Gimmie, Gimme A Man After Midnight."


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Ivy fue escoltada a fuerzas a la guarida. Los hombres vestían mascaras protectoras en sus rostros, conociendo el arma de elección de la mujer.

"¿Lo obtuviste?" Vino del sofá de cuero dándole las espaldas. La chimenea estaba encendida.

Eran pocas las personas que causaban en Ivy amenaza real después de su transformación. Ra's Al Ghul era diferente, sin embargo. Un hombre que no podía hipnotizar, ni envenenar. Una criatura que Ivy no sabía cómo manipular.

"Encontré a Bruce. Le di tu regalo, justo como lo indicaste."

"Mm." Ra's tenía una mano sobre una de las creaciones más preciadas de Ivy. Cuando arrancó una hoja de la planta, la mujer gruñó con furia.

"¡Fui cuidadosa! Evité atraer atención innecesaria. Jim Gordon no pudo rastrearme hasta aquí."

"Es un don muy especial el que posees. Es una lástima que no sepas sacarle provecho." Ra's inspeccionó la hoja descartada. Luego, la tiró al piso. "Llévensela."

"¡No!" Ivy peleó contra sus captores. "¡Teníamos un trato! ¡Me darías más agua de Lázaro!"

"No. El trato era qué harías exactamente lo que te ordené. Marchitar a Bruce desde adentro." El hombre se levantó del sofá, tornándose hacia sus visitantes con una expresión decepcionada. "Lo arruinaste, sin embargo. Veo dentro del fuego, Ivy Pepper, y mi visión no ha cambiado."

Este tipo era todo un personaje. "¿Visión? ¿De qué diablos hablas?"

"Déjenla secar en los calabozos." Ra's Al Ghul tronó sus dedos para enfatizar su orden. "Veamos entonces, tu capacidad de supervivencia, pequeña flor."

"¡Maldito!" Ivy peleó. Aruñó las ropas de los sirvientes de Al Ghul con rabia. No surgió efecto. Estaban preparados para todo tipo de ataque biológico de su parte. La arrastraron por un pasillo distinto por el que había transitado con anterioridad. "¡Ra's, no puedes hacerme esto! ¡Te arrepentirás!"

"Oh, te equivocas, querida." La voz hizo resonancia por el pasillo. "Dejé de sentir arrepentimiento hace siglos… Sólo me queda mi fe."

-Te odio, Bruce Wayne. Ivy pensó con veneno acumulado en cada parte de su ser. El odio fue un escudo para su mente y para su cuerpo. El odio la mantendría viva, lo decidió en ese momento.

Cuando fue sometida a la oscuridad, su odio fue su semilla.

Esperaría.

Esperaría por el día, en la que su odio florecería.

Bruce Wayne conocería verdadera venganza, entonces.


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Fin de Parte 18.

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Nota: Disculpen la demora. Edité este capítulo como cinco veces porque no me gustaba el resultado final. Aun así, no estoy muy convencida. En fin, no todo podía ser miel sobre hojuelas, ¡esto es Gotham! Tal vez por ahora esté confuso este asunto con Ivy, pero se me ocurrió desde que vi la 5ta temporada de involucrarla en un subplot muy peculiar que se avecina. Cof-Mpreg-cof.

Pobre Selina. Se ha quedado en la friend-zone. ¡Es por tu bien, mijita! Te estoy ayudando a superar tus viejos crushes para que en la 5ta temporada no andes igual de boba que en el canon.

¿Se nota que Bárbara es mi favorita? Sorry-not-sorry. La adoro.

Sé que no hubo tanto Brim como el capítulo pasado. Pero no preocupéis. Que estos dos estarán una semana solos. En una cabaña. En el medio de la nada. Sin distracciones. Sin intervenciones ajenas.

¿Serán devorados por osos? ¿Cogerán como conejos? ¿O solo comerán té y galletas?

NO SE PIERDAN EL PRÓXIMO CAPITULO PARA AVERIGUARLO.