Disclaimer: sin fines de lucro.

Llegó a su puerta entre las una y las dos de la madrugada apestando a vodka y vergüenza, en su mano izquierda, una botella casi vacía resplandeciendo bajo la poca luz que se filtraba desde el exterior, en un instante la súbita complicidad nacida entre los dos meses atrás se vino abajo, otra llamada nocturna, otro muro derribado y la confirmación de que su poca cordura pronto se vendría abajo, ella era… hermosa, demasiado hermosa como para resistirla, demasiado pura como para rechazarla, la amaba de una forma que le avergonzaba y lo llenaba de culpa, la amaba de la única forma en que sabía podía hacerla feliz.

Haciéndose a un lado la invitó de regreso a la cama que había clamado como suya, sus pasos apresurados fueron enmudecidos por la alfombra y el viento que golpeaba las fundaciones de su hogar, mismo viento que entraría en su habitación a primera hora de la mañana, cuando el alba hiciese acto de presencia para examinar la consumación de sus pecados, el afecto ya no inocuo entre personas que no debían amarse de ese modo.

Aunque esto último no era del todo cierto, ella no lo amaba.

"Discutimos y yo… creo que dije algo que no debía decir"

Cerró la puerta tras de si y se quito la pijama, cerciorándose de que la ventilación estuviese despejada bloqueó ambos lados del ducto con lo que tenía a mano, luego, descendió para encontrarla de perfil en contra de la ventana, viendo al exterior, al insípido y cruel entorno que ciego a todo lo que sucedía, permanecería inmutable a diferencia de ellos.

Comenzó por besar sus hombros porque ella también hacía eso, a deslizar la camiseta purpura sin mangas por sobre su cabeza exponiendo el vientre níveo y las pecas en su espalda, se deshizo del sujetador y acarició sus pechos, contuvo su hambre y su propio malestar, contentándose con ver la expresión de sosiego de Luna reflejada en el cristal, en aquella ilusión de invierno, aquel mundo interno en el cual habitaban los dos, en completo silencio salvo por el latir unisono de sus corazones, un mundo interno en el cual ella sentía lo mismo que él a diferencia de lo que ocurría en la realidad. Lincoln supo por la breve desconexión de su hermana con esa misma realidad que de vez en cuando repudiaba que Luna ya no estaba allí presente, ella también se había sumergido en su propia fantasía y en el cristal, tras los copos de nieve y el vaho que se arremolinaba frente a ellos el reflejo de su hermano no era tal, que no veía el mismo rostro masculino ni el cabello corto y cano, sino, una adorable melena rubia y un mechón azul y por sobre todo, una voz melodiosa que en su completa honestidad, sofocaba por completo las palabras del joven Loud.

Luna la llamó a ella al sentirse al borde del abismo, en palabras entrecortadas, en declaraciones de amor eterno, Luna olvido por completo la existencia de aquel otro.

Lincoln descendió aún más, besando desde su cuello hasta su espalda baja, desprendiendo el cinturón entrelazó sus dedos en el borde de la falda y la empujó abajo, hasta que esta formó, junto con las bragas púrpura, un montículo a sus pies.

Nuevamente el hambre y el malestar hicieron amago de estar presentes, detrás de Luna, en su visaje oscuro notó como sus manos se transformaban en garras para poseerla y su lengua, en un apéndice bífido para recorrer su piel.

La atrajo hasta la cama, la hizo recostarse y se hundió en ella, lo hizo de tal modo que Luna no pudiese verlo al rostro, para evadir su mirada perdida en aquella ilusión de amor que llamaba a Samantha y enmudecer sus palabras en besos desesperados, en caricias forzadas y sueños rotos.

La amaba del mismo modo en que la odiaba, a Luna, a Sam, a ambas y a si mismo.

Bajo la complicidad rota de las altas horas de la noche y durante los meses fríos, su habitación de por si pequeña dejaba de ser un refugio y se transformaba en una prisión y en su mente, entre todos y cada uno de sus pensamientos, al penetrarla con rabia y con celos se repetía a si mismo "No digas su nombre, no digas su nombre, no digas su nombre"

"Por lo que más quieras no vuelvas a decir su nombre"

Pero ella nunca se alejaba de los labios de Luna que la amaba con fervor, el mismo fervor que Lincoln reservaba para Luna.

La cama crujió bajo el peso de sus cuerpos, en un chirriar desesperante que imitaba el temblor insistente del tejado al ser presa del vendaval de invierno y de la antiquísima calefacción que amenazaba con quebrarse en cualquier momento, en aquella pantomima de cosas rotas y cosas tristes, de sueños frágiles abandonados a su suerte.

Ninguno de los dos escuchó el vibrar del teléfono de Luna que, de no ser por mera coincidencia comenzó a reproducir un mensaje.

"Hey Luna… mirá, sé que las cosas no están bien entre las dos, pero… eso no significa que no te ame, ¿sabes?, he estado pensando mucho y creo que me gustaría que viviésemos juntas, podrías… podrías mudarte conmigo, ya sabes, hacer que todo esto entre tú y yo sea en serio"

Lincoln se detuvo en seco, tenía a Luna atrapada contra la cama, sujetándola de los hombros se irguió y se vio a si mismo en el reflejo de la ventana.

Aquella criatura, pálida y perdida lo vio de vuelta, un ser de espalda encorvada, lleno de horribles pecas, demasiado delgado y frágil y expuesto, un hombre con un rostro desafortunado cuyos ojos hablaban de celos y lujuria desbocada, se vio a si mismo tal como era, sin la mentira diaria que significaba su cuidadosa rutina y pobre autoestima, se vio a si mismo rechinando los dientes y esa odiosa rotura en ellos, !por dios cuantos defectos debía de tener esa criatura¡

Luna apenas escapaba del estupor en el que había caído presa, un siseo espectral la devolvió de sus cavilaciones profundas a la cruda presencia que de forma pecaminosa se había perdido en su propia revulsión.

Notó a Lincoln despeñarse desde cualquier sueño que pudiese haber tenido, el efímero amante nocturno despojado de su natural gentileza se hallaba lejano, extraviado en un lugar que ella no sería capaz de alcanzar, en cuanto alzó su mano, luego de desprenderse del agarre cruel con el cual la poseía logró tocar su rostro con tal de despertarlo de aquella pesadilla que parecía consumirlo.

Pero Lincoln no despertó, luego de meses vino a darse cuenta que quizás, nunca estuvo dormido y aquello que veía en el cristal congelado era la verdad que se negaba a aceptar.

Luna sintió escalofríos recorriendo cada espacio de su cuerpo, el aire húmedo y cálido adquirió una cualidad perturbadora, Lincoln descendió sobre ella oscureciendo toda luz salvo por un minúsculo haz de luz que se colaba entre los dos, lo suficiente como para ver parte de su rostro, sin mayores preámbulos el miembro erecto de su hermano entró más y más en ella, expandiendo sus pliegues y borrando sus dudas al punto en que todo alrededor de ellos dejó de existir, eso, hasta que el teléfono volvió a vibrar.

En la ahora opresiva presencia de su hermano intentó silenciar el infernal aparato, sus dedos, torpes e imbuidos en la misma fragancia que empapaba a Lincoln resbalaron, alcanzó apenas a notar la identidad de quien llamaba, en el estado confuso de su mente volvió a perderse en lo poco y nada que existía del rostro de Lincoln, aquello que no era bañado por las sombras se hallaba quieto, desapasionado e imposiblemente distante, sus ojos hasta ese entonces desenfocados la hallaron en en el mismo valle que ahora compartían, la misma obscuridad que amenazaba con reclamarlos.

Traicionada por su propia bajeza, no escuchó la voz se Sam.

"Hola, Luna, ¿estas allí?, en serio necesito hablar contigo"

Las pupilas de Lincoln disminuyeron de tamaño, sus ojos afines a una víbora hambrienta se perdieron en Luna por completo que, al borde de su propio orgasmo extinguió todo espacio entre los dos, empujándose a si misma a reconocer aquel depravado acto carente de amor para tratar de darle significado.

La voz de Sam, llena de preocupación, casi enmudece al percibir lo que pasaba del otro lado.

"Luna, escuchame por favor, te lo ruego"

Gimió al sentir sus dedos clavándose en la suave piel de sus hombros, al ser presa de sus labios hambrientos y sus murmullos desquiciados, Luna se abrazó a su hermano clavando sus uñas en la espalda de Lincoln, llorando en silencio mientras los dedos de sus pies se curvaban en inminente desdicha porque en realidad, ya no ansiaba hacerlo a un lado, del mismo modo en que él parecía amarla le pareció justo demostrarle que también lo amaba, no del modo en que Lincoln lo deseaba sino de una forma distinta, de una forma imperfecta e incompleta, tal como ella, tal como esa grotesca relación que existía entre los dos, cuando todos los demás dormían, cuando la casa se quedaba en silencio.

Atrapó sus labios en un beso hambriento casi mordiendo su lengua, un hilo de saliva recorrió sus mejillas al acercarse a su oído y soplar uno de los cabellos blancos de vuelta a su lugar.

"Linc… yo… yo..."

"Te amo", ansiaba decir, "Te amo", tal como si fuese realidad y todas las noches anteriores fuesen un ensayo para esa gran declaración.

Pero esas palabras terminaron muertas, desperdigadas al escuchar al fin una tercera voz.

"Luna, ¿estas bien?, escucho algo extraño del otro lado"

Terror frío y cruento, eso recorrió su espalda al darse cuenta que Sam llevaba quién sabe cuanto tiempo escuchando todo.

Lincoln se separó de ella de forma brusca, respirando pesada y lentamente, Luna vio su rostro compungido por el dolor tornarse nuevamente en esa… cosa que vio reflejada en la ventana de su cuarto, observó sus ojos carentes de amor, deseo e incluso enojo aunque en esto último se equivocaba, Lincoln había superado esas emociones, lo que sentía iba mucho más allá.

"Por dios Luna di algo o llamaré a la policía"

Apenas alcanzó a abrir los labios para contestar cuando Lincoln se cernió sobre su cuello y la mordió, ahogó el grito y el llanto y los gemidos, y en su deseo de desaparecer dejó que una oleada de vergüenza la sumiese por completo.

Había acabado al mismo tiempo que Lincoln la mordió, se corrió en un arranque de celos de su hermano, todo esto mientras la persona a la que amaba solo podía imaginar lo que sucedía.

Del otro lado de la linea, Sam se había puesto lívida, para ella no existía otra explicación al extraño comportamiento de su novia.

Alguien se estaba aprovechando de Luna.

"No te muevas, voy para allá ahora mismo"

La llamada terminó y Luna, escudándose para la inevitable confrontación cerró los ojos y lloró.

El cuerpo de Lincoln seguía sobre ella, exhausto y débil, al abrir los ojos se limpió las lagrimas y lo vio tratando de incorporarse.

Ese mismo terror se transformó en algo más, su corazón latía de forma violenta, ¿qué había hecho?, durante todo ese tiempo, todas esas noches perdidas por su propia torpeza, su inmadurez y su necesidad casi imperiosa de mostrarse impávida ante todos jamas imaginó que tendría que enfrentar algo así.

Se sentía como una completa idiota, había hecho algo imperdonable.

Vio a su hermano y en él, la manifiesta derrota.

"Luna", murmuró Lincoln cabizbajo, temiendo que cualquier otra cosa quebrase aún más lo poco y nada que existía entre los dos.

En su pasión desbocada había dejado de pensar en ella, en su revancha la arrastró junto consigo mismo al lugar sombrío del que provenía.

Luna lo empujó contra el descanso de la cama, Lincoln yació allí, anonadado, viendo impotente a su hermana vestirse de forma apresurada, no sin antes dirigirle una mirada cargada de odio.

"Luna"

PAF!

La bofetada, firme y sonora retumbó en las cuatro paredes, Luna pareció por un momento aterrorizada al ver el hilillo de sangre que corría de los labios de Lincoln.

El teléfono volvió a vibrar, Sam nuevamente.

"No vuelvas a hablarme, nunca"

Todo amor que pudiese haber sentido se evaporó esa noche, en su alma, era eso o arriesgarse a algo que de seguro la destruiría por completo, de todos los caminos que pudo haber elegido, de todas las respuestas que pudo haber dado tomó la más cercana a su corazón y volcó, en un instante, todo su resentimiento en contra de una sola persona.

"¿Tienes idea de lo que hiciste?, maldita sea Lincoln, prometiste… prometiste que no arruinarías esto y mira, ¡mira lo que has hecho!"

Clavo la estaca más y más profundo, perforó su corazón con cruel eficacia, lo vio reducido a un patético niño, cobarde y desnudo ante sus ojos.

Lincoln escuchó la puerta abrirse, pero no cerrarse, levantó la vista y halló a Luna transfija en el umbral, con la mirada fija en su teléfono.

"Desearía… ¡desearía que nunca hubieras nacido!, te odio Lincoln Loud"

Al cerrarse definitivamente la puerta la escuchó charlar con Sam, hasta que estuvo demasiado lejos.

De vuelta en su propia habitación Luna prometió a su novia que charlarían al día siguiente, ninguna excusa tendría efecto, nada de lo que dijera serviría para despistar a Sam, apenas pudo convencerla de volver a casa y solo porque le rogó que fuese discreta en consideración a sus hermanas menores.

Colapsó en su cama y trató de no despertar a Luan.

En su corazón colmado de conflictos una sola acusación se imponía sobre todas las otras transgresiones.

Estuvo a punto de decirle que lo amaba, estuvo a punto de mentirle a dos personas que significaban todo para ella.

"Le dije que lo odiaba, le dije a mi hermano..."

El pánico casi se apodera de ella, ¿debería volver y disculparse?, ¿serviría de algo con todo lo que había pasado entre los dos?, una parte de ella sabía que no debía dejar que las cosas entre ella y Lincoln terminasen de ese modo, que al fin y al cabo seguía siendo su hermano y que no era del todo culpable de lo que había sucedido.

Pero la otra parte fue más fuerte, ya no sentía la resolución necesaria como para enfrentarlo esa noche, ya no sentía… que podía quebrarlo y quebrarse a si misma por más tiempo.

No tenía la energía para seguir adelante.

En lugar de eso volvió a llamar a Sam y le pidió que charlasen por más tiempo, y así continuaron hasta que ambas se quedaron dormidas.

Para Lincoln, el tiempo parecía no transcurrir, seguía transfijo en la puerta, en el crujir de las ramas y el latido irregular en su pecho, frotándose el rostro se puso de pie, arrancó las sabanas y cobijas de su cama y las pateó en el suelo junto con su pijama, vio su colchón, sucio y maltrecho, la esencia de su hermana lo impregnaba, con un suave suspiro de resignación lo giró, trancó la puerta y se sentó de piernas cruzadas sobre la cama, viendo en el cristal su reflejo roto, tan similar a aquel monstruo al que vio cuando su deseo por Luna sobrepaso el amor que sentía por ella y a la vez… había algo tan solemne en su reflejo, una tristeza que no estaba antes y que de seguro lo acompañaría por el resto de su vida.

El peso de todos y cada uno de sus crímenes se presentó en el pálido monstruo, se había dado cuenta de que Sam estaba del otro lado escuchando, que Luna irremediablemente diría o haría algo para alertarla, que en algún instante escucharía su nombre y que con algo de suerte conectaría los puntos.

Que se daría cuenta que también era suya, más suya que de Sam.

Y ahora que se encontraba nuevamente solo, ese instinto autodestructivo seguía vivo.

Contempló su propio corazón fragmentado, abrió la ventana y dejó que el viento helado sofocase su amor y sus celos, dejó morir su lujuria, enterró sus esperanzas, se desprendió de sus sueños, todo esto en un vano intento por aclarar su mente.

Y aún con todo eso seguía pensando en ella.

El frío resentimiento que descansaba en el fondo de su estomago ardió como nunca antes y lo mantuvo despierto hasta la madrugada, cuando el sol salió a su encuentro, solo entonces Lincoln Loud abandonó su cuarto, se ducho, desayunó en silencio y salió a caminar.

No volvería a hablar con su hermana.

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Originalmente, esto es parte de otro fic más completo que quizás nunca termine de publicar