La chica del puente.

Existía aquel quieto murmullo proveniente de las aguas que con cada primavera se volvía más potente y la luz intermitente de las luciérnagas en las noches de verano, cuando los arboles con sus lustrosas hojas se mecían en calma sobre el rio. Existía a su vez un constante vacío en su interior, la sensación de vértigo al verse enfrentado a la nada y la certeza de hallarse perdido. Allí, en aquella imperceptible fracción del universo aguardaba en silencio, el lugar en el que esperaba por ella cada día desde que podía recordar y en el cual, de vez en cuando, lograba verla aparecer con su guitarra.

Era la criatura más hermosa de toda la creación, y nada ni nadie podía compararse a ella.

Cada año durante muchos años, durante el tiempo que fuese necesario él esperaría por su llegada, incluso después de que ella lo olvidase, incluso después de que nadie más pudiese recordar.

Su nombre era Luna Loud y la amaba, cosa que nunca podría decirle.

:::

:::

No solía viajar a casa por muchos días, pero cuando lo hacía, pues se las arreglaba para visitar ese lugar y charlar con él, incluso si sabía que de ningún modo podría escucharla y mucho menos responder.

Era en ocasiones como esa que lo extrañaba a más no poder, ocasiones especiales en la complicidad del río y los árboles, junto a la barrera carcomida por los elementos en que hallaron un trozo de tela correspondiente a su chaqueta, el primer indicio de muchos de que no se volverían a ver.

Desde aquella visita inicial en que se sentó a tocar allí mientras esperaba por él, había desarrollado una suerte de afecto por el viejo puente, incluso si en realidad era un lugar horrible que de otro modo hubiese querido evitar, el hecho de que Lincoln, de algún modo siguiese cerca, era motivo suficiente como para volver e intentar de nuevo.

A final de cuentas la esperanza era lo último en morir...

Al llegar, encontró su lugar sobre un tronco abandonado, era otoño y el viento frío de la temporada auguraba un invierno más crudo que los anteriores, ajustando las solapas de su chaqueta, tomó la guitarra y comenzó a tocar. En realidad, nunca tocaba para él la misma sinfonía, le gustaba improvisar, le gustaba ir sobre la marcha y ofrecerle algo nuevo.

Estaba tan solo allí, ¿qué otra cosa podía hacer?

"Sabes… todavía pienso en ti, todos los días"

Sabía que nunca volvería a escucharlo, por ello fingía que entre el murmullo eterno de las hojas y el constante estribillo de las aguas un remanente de su voz lograría anclarse a la vida para regresar a ella.

"No logre decirte lo mucho que significabas para mi Lincoln"

A veces se pregunta si acaso él se sentiría feliz de saber que tuvo razón desde el principio, y luego rechazaba la idea porque le recordaba que la terquedad de ambos los había llevado a ese punto.

"Incluso… bueno, ya sabes, no es la primera vez que lo digo"

:::

:::

La primera vez sucedió después de un concierto, los dos estaban eufóricos por el éxito, durante esa época, ella había terminado con un corto noviazgo que desembocó en la realización de que ningún hombre se comparaba a Lincoln, y eso, la estaba matando por dentro.

¿Qué clase de monstruo se enamoraría de su propio hermano?, debía estar loca para siquiera considerarlo y mucho peor, el haber actuado acorde a esos sentimientos.

No se suponía que fuese a terminar así, con ellos dos recostados en la parte trasera de la van familiar, sonriendo de oreja a oreja mientras que afuera, bajo el amparo del fulgor gastado de los faroles un nuevo día nacía.

No era justo que comenzasen de forma tan alocada, pero si era adecuado para los dos, un par de amantes lunáticos viviendo con las horas contadas mientras que en el exterior, todo lo que los unía comenzaba a resquebrajarse.

Pero nada de eso era importante en ese entonces, Luna lo amaba y Lincoln la amaba.

Mas, todo llegó a su fin de forma inesperada, con una prueba de embarazo y la llegada de un viejo amor.

:::

:::

"Hemos vuelto a hablar, quería que lo supieras, ya sabes..."

Podría haber seguido adelante, dejar atrás las noches en el silencioso pórtico mientras que el resto de la familia descansaba, o esas escapadas rápidas a la cochera que eran siempre tan divertidas. Podría y debería haber hecho más por contener esa flama en lugar de dejar que se desbordara pues al final, cuando todo estuvo dicho y hecho ni siquiera le quedaban cenizas por enterrar.

Creyó que bastaría con decir adiós, pero él no la dejaría.

"Pero no es lo mismo, nunca lo será"

Dejó de lado la guitarra y acarició su vientre, ¿cuántos años habían pasado desde la última vez que sintió algo similar en su interior?, con un suspiro entrecortado y abrupto reposó las palmas de sus manos sobre el borde áspero de la roca y contempló la caída desde la base hasta los remolinos que se formaban con la turbulencia de las aguas.

¿Cómo podía comenzar desde cero cuando todo lo que alguna vez le llegó a importar la había abandonado?

"Me arruinaste Lincoln, me arruinaste de por vida"

Sus palabras no cargaban veneno ni recriminación, eran tan simples y honestas como el sentimiento que las acompañaba, tan claras como las alas de las ausentes libélulas que no regresarían.

:::

:::

Lyra Loud… le encantaba ese nombre, Lyra Loud, su hija, dentro de poco la conocería, lograría verla y decirle lo mucho que la amaba a ella y a su madre.

Lyra, que jamas conocería aquel mundo en el que su padre trataba en vano de consolar a su madre en cuanto la ilusión de una nueva vida fue destrozada, tras las cortinas celestes de un cuarto estéril, con el inerte aroma de la clínica permeando todo en la cercanía, enloqueciendo a Lincoln, riéndose de él.

Declarando que esa fantasía jamas llegaría a cumplirse ahora que Lyra ya no existía más.

Luna partiría semanas después en medio de la congoja, se refugiaría en otras personas, buscaría todo lo que no le recordase a Lincoln y se olvidaría de él siquiera por un minuto, todo con tal de recuperar siquiera un poco de calma.

Fue por ese tiempo que ella regresó, y todo comenzó a ir cuesta abajo.

Y ya ni el tiempo les era suficiente, ni las ganas ni el amor.

Un día… discutieron, no recordaba qué le había dicho ni por qué, tan solo discutieron, Lincoln decidió marcharse, ir a caminar.

Y después de eso…

"Iba a pedirte algo de tiempo, en cuanto regresases, te diría que las cosas entre nosotros dos ya no funcionaban y que necesitaba espacio, pero tú te marchaste antes de que pudiese hacerlo"

Si cerraba los ojos y se concentraba lo suficiente estaba seguro de que podría oírla, si es que acaso existía piedad en la suma de los elementos que rodeaban su estado de eterna insatisfacción por un fin abrupto y una vida incompleta entonces quizás...

"¿Acaso saltaste para no escuchar esas palabras?"

Luna jamas lograría comprender, ¿qué acaso no entendía que todo se trataba de un malentendido?, le dolía el haber perdido a Lyra, le dolía más de lo que pudiese expresar en mil vidas pero no por eso quería perderlo a él también. Tan solo tenía miedo, estaba aterrada de lo que pasaría con ellos dos en cuando los descubriesen porque tarde o temprano la gente se daría cuenta y de seguro buscarían empañar la memoria de su hija.

Se supone que sería algo temporal, y él… él eligió por ella, eligió la salida fácil y la dejó a solas con el espejismo de una familia que jamas se encontraría y cientos de promesas que ahora le llenaban el pecho de agujas.

"Todavía te amo bro"

Lo diría una y otra vez y no le permitiría olvidar, mientras ella siguiese con vida volvería al puente a buscarlo, mientras le quedase algo de aliento lo llamaría hasta tener su respuesta.

Trató de alcanzar su mano para despedirse, pero se hallaba tan lejos de su alcance que para el momento en que logró articular sus pensamientos ya se había marchado. Fue presa entonces de una angustia indescifrable, un viejo recuerdo de lo que fue la vida, de los días previos a la eternidad contenida en ese paraje abandonado.

La amarga verdad mantenía abierta la herida, la verdad de que Luna amaba a alguien más incluso desde antes de perder a Lyra, la verdad de que él jamas logró perdonar a su hermana por elegir la salida fácil, la verdad de sus celos oculta a la perfección tras el papel de un hombre modelo a quien Lincoln despreciaba. Tal vez por ello, en el momento en que perdió el equilibrio, en cuanto el cielo estrellado logró imponerse al vaho profundo y denso de las aguas y su espalda encontró la roca húmeda y cruel, bañada de la negra textura de la noche, que frente al miedo y la desilusión, frente al dolor y los celos halló cierto consuelo.

Ya no tendría que volver, no tendría que verla seguir de la mano con alguien más mientras que él, siendo el cobarde de siempre mentía, seguro en su propia hipocresía.

No tendría que admitir que se había equivocado como en tantas otras ocasiones y que no merecía el perdón de su hermana.

Mientras se alejaba de aquel lugar en el que la realidad y los sueños se entremezclaban creyó sentir en el viento la presencia intranquila de su hermano, mas, sabía que todo aquello no era otra cosa que una cruel ilusión.

Lincoln no volvería, eso lo sabía de antemano.

"Volveré pronto", prometió apenas dando una mirada de soslayo,

Era una promesa con poco valor, pues nadie ni nada la estaría esperando, sin embargo la cumpliría de todos modos, lo haría porque seguía amando a su hermano y su corazón no entendía de razones.

La vio alejarse como en tantas veces, quedándose a solas con el murmullo del viento entre los árboles y las pocas luciérnagas que comenzaban a aflorar desde la verde espesura que lo rodeaba, aquello que era su mundo y su única compañía, el consuelo que le quedaría cuando Luna al fin lo dejase ir.

Como en tantas otras noches volvió a soñar con Lyra, creyendo que algún día lograría conocer a su hija.

Como en tantas otras noches pretendió no ser un cobarde, y dejo que el peso de sus muchos errores lo encadenase al puente una vez más.