Era una tarde calurosa de verano, que estaba a punto de terminar, debido al sol crepuscular que se divisaba al horizonte, y a las muchas cigarras que comenzaban a hacer sonar su dulce canción de amor.

Sin embargo, esto no significaba que el implacable calor disminuyera, ya que la tierra lo había absorbido durante el día, y poco o nada valían los esfuerzos que hacían los individuos para refrescarse en esa tarde.

Tal era el caso de Kaito y su novia Rin, quienes se habían quedado en casa de ésta última para ver películas. Su plan era quedarse toda la tarde en el cómodo sofá de la sala, refrescándose con el ventilador y estar atentos a lo que sucedía en la pantalla, mientras se preparaban para lo que sería después un encuentro caliente.

Sin embargo, quizá la elección errónea de una película poco apropiada en ese momento, o el cansancio de Rin, provocó que la rubia se quedara dormida en el sillón, a tal punto de llegar a estruendosos ronquidos.

—Demonios... Ya para qué sigo viendo esto— se quejó el joven de cabello azul, fastidiado y molesto porque Rin no había sido capaz de entender el argumento de la película, y su aburrimiento había sido tanto que se durmió.

Así que decidió parar la película y sacar el dvd; pero antes de hacerlo, miró de reojo a su novia. Ella ni siquiera estaba consciente de lo que hacía Kaito, o incluso de su propio cuerpo, puesto que su cabeza estaba tocando la sucia alfombra de la sala, mientras que el resto de su cuerpo estaba parcialmente apoyado en el sofá.

—Creí que eras más madura— gruñó Kaito, recibiendo sólo un ronquido de Rin como respuesta.

Había puesto sus expectativas demasiado altas en cuanto a Rin; esperaba que le gustara una película alternativa y de culto como lo era "Multiple Maniacs", cuando ella sólo estaba acostumbrada a ver comedias románticas con actores y actrices famosos.

Todo esto, sumado al fastidioso calor del ambiente, habían terminado por desanimar a aquél joven de cabello azul.

Quizá lo único que podría salvar el fracaso de esa tarde, sería un vaso de agua fría, directa del filtro para calmar su sed y bajar un poco su temperatura corporal.

Por lo que luego de colocar el dvd en su caja, y dejarlo en un estante cualquiera del pasillo, se dirigió a la cocina por un vaso de agua. Esperaba que llevar a cabo esta acción no representara ninguna clase de sorpresa, ya que incluso siendo una casa ajena, le parecía que tomar una simple porción de agua potable, no iba a provocarle ningún estrago a Rin, o a cualquiera de los habitantes de la casa.

—Un vaso, un vaso, aunque sea uno de plástico...— se repetía una y otra vez mientras buscaba un recipiente donde servirse el agua.

—¿Algo cómo esto?— preguntó de manera inesperada un chico rubio de baja estatura, que sostenía un vaso verde de plástico en su mano derecha.

Sin embargo, la manera tan sorpresiva en la que el rubio hizo la pregunta, provocó que Kaito diera un pequeño salto, como un acto reflejo.

—¡¿Quién eres tú?!— exclamó el joven alto de cabello azul, con los ojos del mismo color, abiertos como platos.

—S-Soy el hermano de Rin...— musitó con timidez, debido a la reacción de Kaito. —Mi nombre es Len— se presentó el rubio, con una tenue sonrisa.

Le tomó tan sólo unos segundos a Kaito asimilar quién era, pues Rin le había contado con anterioridad que tenía un gemelo llamado Len, pero que éste era algo reservado y tranquilo, aunque también amable.

Sin embargo, no se imaginaba que el hermano de Rin fuera tan... ¿Lindo? O al menos que le pareciera como tal.

Sus ojos celestes, eran como espejos que reflejaban un cielo azul soleado, su rostro delicado y pálido, que parecía hecho de fina porcelana, junto a su delgado cuerpo, que se veía tan frágil como el cristal, debido a su baja estatura y su bajo peso.

–Ah sí... Eh, hola Len- saludó Kaito, con algo de súbito nerviosismo. -Yo soy Kaito, el novio de tu hermana, y s-solamente vine a pasar un rato aquí jaja...– trató de explicar el chico, pero se encontraba nervioso; por una razón que hasta él mismo desconocida.

–Sí, lo sé. Te ví en la sala, viendo una película junto a mi hermana– decía Len de forma bastante casual. Sin embargo, rápidamente se arrepintió de lo que dijo:

–¡Bueno... N-No es que te haya espiado o algo! S-Sólo pasaba por ahí y te ví– se excusó casi de inmediato, aunque un ligero rubor comenzaba a asomarse por sus mejillas.

—¿Ah sí? Jaja... Qué curioso...— comentó Kaito, aliviado de que Len no los hubiera visto haciendo cosas un poco más... "Privadas".

—Creo que eres bastante diferente a lo que ella acostumbra— comentó Len, tratando de romper el silencio incómodo que se había formado después de las palabras de Kaito.

—¿En serio? ¿En cuánto a qué?— preguntó el joven bastante curioso. Ya que Rin le había dicho que le encantaban los hombres tan misteriosos, cultos e inteligentes como él lo era; que básicamente, eran su tipo de hombre.

—No lo sé... Quizá el carácter, o la forma en la que actúas— murmuró el rubio. —Casi todos sus novios son escandalosos y demasiado parlanchines. Pero en cambio, tú eres todo lo contrario— explicaba, mientras desviaba la mirada, para evitar hacer otro comentario poco apropiado, o encontrarse con los ojos azules como el mar de Kaito.

—Vaya... Interesante...— murmuró Kaito para sí mismo. No le agradaba saber que Rin de alguna manera le había mentido, y que seguramente él no era su "tipo" de hombre.

—P-Pero no te preocupes por eso... Es mejor que tú seas tan tranquilo, y no como esos patanes— comentó al ver que el joven a su lado parecía molesto.

—O al menos lo mejor para mis oídos. Ya estaba cansado de todos esos gritos y actitudes tan exageradas cuando tenían...—

—¿Cuándo tenían qué?– inquirió Kaito, interrumpiendo al rubio de manera súbita.

Sin embargo, éste último, decidió evadir su pregunta, por el bien de la reputación de su hermana.

-N-Nada... Nada importante- sonrío con nerviosismo, para luego hacer una sugerencia. —¿Por qué no mejor vamos allá afuera para refrescarnos un poco?– señalaba una puerta corrediza, con grandes ventanales que daban una linda vista al jardín.

—Está bien. Sólo me serviré un vaso de agua, si me lo permites— accedió Kaito, y de inmediato, Len sirvió un poco de agua del filtro en el vaso que tenía en sus manos.

—¡T-Toma! ¡Ya te lo serví!—exclamó el rubio, mientras le ofrecía el vaso de plástico, aún con esa sonrisa nerviosa, pero un mayor rubor en su rostro. Parecía un jitomate*.

—Eh... Gracias...—agradeció Kaito al mismo tiempo que tomaba el vaso; aunque confundido por la actitud tan extraña del chico que tenía en frente.

"Quizá sólo intenta ser amable" pensó, sin embargo, estaba consciente de que el rubio había exagerado un poco.

—Ahora sí podemos salir— anunció Len, para después dar unos alegres pasos hasta las puertas corredizas, y abrir una de ellas, la más próxima.

—D-Después de tí—dijo el rubio, dándole el paso a Kaito, e inclusive haciendo un torpe ademán.

—Jaja... Okay— rió un poco el joven de cabellos azules, al mismo tiempo que se dirigía al exterior de la casa.

Casi inmediatamente de dar un paso fuera de la casa, una ligera brisa acarició su rostro, y revolvió ligeramente sus mechones de cabello añil, con bastante suavidad.

Aún hacía bastante calor, pero al menos no era tan asfixiante como dentro de la casa, y el viento ayudaba a hacerlo más llevadero.

—No es muy estético pero... Siéntete como en tu casa— comentó Len, algo nervioso por la opinión de Kaito, al ver el estado tan descuidado en el que estaba ese jardín; sillas tiradas, mala hierba creciendo por todas partes, pasto mal cortado y enredaderas desordenadas.

—Gracias Len. Está bien así— sonrío Kaito, apreciando la gratitud del chico.

Estar en el exterior era todo lo que deseaba en ese momento.

Admirar ese bello atardecer de verano, en el que un millón de tonalidades se desplegaban en el cielo, y se reflejaban en las nubes.

—Es increíble como el cielo puede ser tan hermoso, y que sea capaz de llenarnos de plenitud. Aunque signifique el final de un día, y el comienzo de la noche—comentó Len, al darse cuenta de lo mucho que Kaito observaba el cielo en ese momento.

—Un período de oscuridad, de igual belleza, parte de un ciclo en el que el sol renace— Le respondió Kaito, con una tenue sonrisa.

–El atardecer es como ese trance, ese cambio que nos muestra como la luz se convierte en oscuridad, pero también es la promesa que nos recuerda que también la oscuridad se convertirá en luz, y el ciclo comenzará otra vez–

Un gran silencio surgió en el ambiente, hasta que Len, con brillo en los ojos, y una gran admiración, decidió hablar:

–¡Woaaah!... Q-Qué poético... Creo que nunca había escuchado a alguien expresarse así de un atardecer...– ante esto, Kaito solamente sonrío, y dirigió su mirada tan tranquila a Len.

–Solo salió de mi boca jaja...– murmuró Kaito, algo avergonzado. –Me pasa cada vez que no puedo pintar, cuando es algo realmente hermoso– explicaba con calma.

–¿También pintas?– preguntó intrigado. –Vaya, mi hermana si se sacó la lotería contigo...– susurró Len, asombrado, pero también con bastante rubor en sus ojos.

–Jaja, ¿Qué?–

–¡Nada!– exclamó de pronto, cuando cayó en cuenta que sus palabras habían sido escuchadas.

–Eso sí lo escuché. Pero no es para tanto Len, sólo soy un individuo más en este planeta– decía al mismo tiempo que se sentaba en el suelo lleno de pasto, y se colocaba de tal manera que pudiera estar cómodo.

—Si lo fueras, no hubieras hecho esa descripción del cielo— repuso el rubio, indeciso entre sentarse y hacerle compañía al joven de ojos azules, o quedarse parado, con los brazos cruzados.

—Todos tenemos un lado "poético" o inspirador Len, sólo que está oculto— le respondió, dirigiendo nuevamente su mirada a los ojos del rubio, deseando que se sentara junto a él, para juntos contemplar ese bello atardecer.

Así, sin palabras, Len supo que podía –o debía– sentarse junto a Kaito, y que no habría problema alguno al compartir ese espacio con él.

–¿De verdad lo crees?– preguntó Len, una vez sentado en el suelo, mientras observaba a su compañero.

Éste, a su vez, solamente asintió firmemente, con una sonrisa; para después, elevar su mirada al cielo.

Unas cuantas estrellas salpicadas comenzaban a notarse en éste, las más brillantes, que parecían pequeños destellos. Luceros que decoraban el cielo, como si fueran pequeños diamantes en un manto de diversas tonalidades.

En ese momento, al mismo tiempo que el sol terminaba por ocultarse, ambos jóvenes, sin decir palabra alguna, se sentían tan plenos, en total paz, y sin darle importancia a lo que sucedía afuera de aquél jardín.

Pero lo más importante: en ese momento, ambos se sentían completos. Algo que jamás en su vida habían experimentado...

Como si una pieza faltante en sus vidas hubiera sido colocada.

–Len...– suspiró Kaito, pensativo, pero a la vez confundido y sorprendido.

¿Por qué su corazón comenzaba a latir tan rápido al pronunciar su nombre?

–M-Mandé– respondió Len en voz baja, al mismo tiempo que "accidentalmente", tocaba la mano de Kaito, con sus delicados dedos.

–Esto es raro...– susurró Kaito, reaccionando a lo que había hecho el rubio, mientras lentamente retiraba su mano del espacio en el que había estado anteriormente.

–¡Ah! ¡L-Lo siento! ¡Lo siento mucho, n-no era mi intención hacer eso!– repetía constantemente, con una actitud muy nerviosa, al punto que el sudor comenzaba a producirse por sus manos.

¿Cómo pudo cometer semejante cosa? Y con un desconocido... Pero peor aún, con un hombre...

–Creo que ya debería irme. Se está oscureciendo, y aún tengo cosas que hacer– comentó Kaito, tratando de esconder su nerviosismo, al mismo tiempo que se levantaba.

–Oh, ¿En serio...?– preguntó Len con cierto pesar en su voz. No deseaba que aquél joven de hermosos cabellos azules se fuera de su lado.

–Sí. Nos vemos luego– se despidió con rapidez, de forma hasta cierto punto cortante.

–Okay...– murmuró Len. –¿Deseas que te abra la puerta del exterior o...?–

–No. Así está bien, solo recojo mis cosas y me voy– le respondió. El menor contacto que tuviera con el rubio, sería mejor, o al menos en ese momento.

–Vale...– susurró Len de forma triste, o al menos lo suficiente para que Kaito pudiera notar aquella tristeza.

Sin embargo, el joven de ojos añiles decidió no decir palabra alguna, a pesar de que se sentía un poco mal por ser el posible responsable del ánimo de Len.

Pero, ¿Para qué el rubio querría que Kaito se quedara ahí?

Y lo más importante... ¿Por qué Kaito querría quedarse en ese lugar?

Algo raro estaba sucediendo, y no deseaba desatarlo.

Era tan confuso, tan raro y tan poco común. Un sentimiento, con tantas emociones juntas.

Un sentimiento, como lo es el amor.