Al día siguiente, Len despertó como si nada hubiese sucedido —a excepción de sus ojos enrojecidos, de lo mucho que sollozó la noche anterior—, o al menos, intentó fingir aquello, ya qué parte de la tristeza seguía en su alma, aunque quisiera ignorarla.

Pero así como la tristeza seguía en él, el recuerdo de aquél joven también lo hacía.

Ya que su voz resonó todo el día en la mente del rubio, así como su mirada tan azulada como el mar, o su tenue sonrisa, que parecía ocultar un millón de cosas, lo que la hacia resplandecer aún más.

Por esto, fue inevitable que Len estuviese distraído todo el día, con Kaito más presente en su mente, que las lecciones que se le estaban dando en la clase.

—Oye Len, ¿Te pasa algo?— preguntó su amiga de cabello cetrino, preocupada por su actitud. Ya que el rubio acostumbraba a ser una persona alegre, entusiasta y llena de energía, que siempre estaba dispuesto a realizar cualquier cosa.

Sin embargo, ese día parecía tan distraído, confundido y hasta triste; lo que no solo preocupaba a sus amigos más cercanos, sino también al resto de la clase.

–Sí... Parece que algo te pasó este fin de semana, o incluso ayer... — decía el equivalente a su mejor amigo. Un chico de cabello castaño, ojos del mismo color y tez blanca, que se caracterizaba por usar lentes circulares... Algo anticuados para la época actual...

—¿De qué hablan chicos? Soy el mismo de siempre, no me pasa nada...– intentó disimular Len, sonriendo ligeramente.

—Esa ni tú te la crees— respondió la chica, incrédula. —Ya, dinos, ¿Qué tienes?— inquirió con aún más preocupación.

Si su amigo estaba ocultando algo, probablemente se trataba de una cosa realmente grave.

—Si no nos dices, nuestros índices de confianza hacia tí, bajarán de manera considerable– le amenazó su amigo, al ver que Len claramente no deseaba responder.

—Bueno, mi hermana otra vez me molestó... Y de nuevo me dijo cosas algo hirientes— contestó al fin, aunque diciendo la verdad a medias.

—Agh, esa perra...– susurró la chica, hablando entre dientes; aunque casi inmediatamente después, cayó en cuenta acerca de lo que decía. —Perdón Len, sé que es tu hermana, pero es que es molesto que te trate como lo hace— suspiró, con cierto pesar.

—Está bien Gumi...— sonrió de nuevo, sólo que ahora, la veracidad de su sonrisa era todavía menor.

—Bueno, tal como lo dijiste amigo mío, no es la primera vez que lo hace... Y eso, es lamentable— comentó el joven de cabellos cobrizos, compartiendo el mismo sentimiento que Gumi.

—Ya lo sé Kiyoteru, pero es que ya me harté de decirle que me molesta y me afecta... Así que trato de ignorarla— decía Len en respuesta a los comentarios anteriores de sus amigos, algo desanimado.

—¡Pero es que eso no funciona! Ignorarla no servirá de nada, ya que viven en la misma casa— repuso Gumi, ligeramente molesta.

—Correcto. Además, tu comportamiento actual demuestra que realmente sí te afecta, y probablemente tu hermana puede percibirlo, así que por eso lo sigue haciendo— explicó Kiyoteru, frunciendo el entrecejo, mostrando de esta manera su preocupación.

—¡Sí! ¡Por eso es que te sigue ocupando como su marioneta!— exclamó, al mismo tiempo que le daba un golpe a su butaca, utilizando una de sus manos.

—¡Suerte que ella no está aquí, porque sino, le partiría la cara y le diría todas sus verdades!— aseguró, con bastante enojo.

La única barrera que le impedía tratar con Rin y hacerle innumerables cosas, era que estaba en otra clase, distinta a la de ella y sus amigos.

Sino, probablemente Rin ya hubiera acabado en el hospital.

—C-Cálmate Gumi, por favor— le pidió Kiyoteru, mientras tocaba el hombro de la chica con suavidad.

A él le encantaba la espontaneidad de la chica, pero a veces temía que ésta saliera de control, sobre todo cuando estaba enojada...

—Bien, bien... No es como que lo vaya a hacer ahora mismo— respiró profundamente, para intentar tranquilizarse.

—Aunque si pudieras, lo harías— comentó Kiyoteru.

—N-No necesariamente— susurró Gumi, desviando la mirada, algo apenada, por mostrar un comportamiento tan "salvaje" en frente de alguien muy especial para ella.

—Bueno, cómo sea... La cosa es así, y no creo poder hacer nada en contra de eso— dijo Len, dándole menor importancia al asunto de su hermana. Quizá, buscando que ninguno de los dos chicos buscara indagar más en el tema.

—Eso depende de tí— comentó Gumi con seriedad, para intentar provocar una cierta iniciativa por parte de Len para cambiar su situación.

—Oye, ¿Pero qué fue lo que te dijo esta vez?— preguntó Kiyoteru con curiosidad, mientras intentaba hacer contacto visual directo con el rubio.

"Agh, Kiyoteru... Siempre queriendo investigar todo lo que te rodea..." Se quejó Len en su mente, al mismo tiempo que disimulaba su incomodidad.

No podía revelarle la verdadera razón de su actitud en ese momento, ni a él ni a nadie. Ya que ese era su más grande secreto, y la develación de este, podría causarle muchos problemas.

—Eh...— musitó Len, buscando una excusa para salirse del tema, o quizá una mentira que pareciera lo suficientemente creíble para convencerlos.

Sin embargo, no hubo necesidad de hacer nada de eso; puesto que el timbre de la escuela, el mismo que marcaba la hora en la que las labores dentro de esa institución habían terminado.

—¡Woah! ¡Miren la hora, será mejor que me vaya!— exclamó Len, fingiendo sorpresa. —¡Nos vemos mañana chicos!— se despidió, al mismo tiempo que con prisa y torpeza tomaba sus cosas, para luego levantarse de su asiento.

—¡Hey! ¡No te vayas tan pronto!— reclamó Gumi, en vano, agitando los brazos, e intentando localizar a Len entre toda la multitud de alumnos que salían del aula.

—No vale la pena Gumi— suspiró Kiyoteru con pesar, mientras impedía que la chica siguiera con sus intentos.

—Es que él siempre hace lo mismo... Nunca habla exactamente de lo que le hace su hermana— dijo la chica de cabellos verdes, mientras juntaba las yemas de sus dedos, como una expresión de su ansiedad.

—Probablemente es algo que le afecta demasiado, y por eso, no desea hablar acerca de su situación— le explicaba Kiyoteru, esperando que Gumi dejara de preocuparse tanto.

—¡Pero es que quiero ayudarlo! ¡¿Cómo podré hacerlo si jamás nos dice qué le pasa?!— preguntaba con enojo. —¡¿Acaso es tan grave que no desea contarnos?!— esto último lo dijo con cierta rabia, miedo y confusión. Pero sobre todo harta de no poder ayudar a uno de sus mejores amigos.

—No lo sabemos Gumi. Ni tú, ni yo, ni nadie más en este instituto. Y seguirá siendo así, hasta que él lo decida— decía en voz baja, pero también algo monótona; a pesar de que dentro de él, estaba igual o más preocupado que Gumi.

Mientras tanto, en el exterior de la escuela. Dónde el sol estaba brillando con toda su intensidad, y sus rayos caían en el suelo implacables; dónde el único refugio para resguardarse de tan extremo fenómeno, era la sombra de los árboles de aproximadamente veinte metros de alto, tan flacos como alambres, y con sus hojas tan finas como agujas.

Tanto era el fastidioso calor, que Len estaba desesperado por retirarse del lugar, y seguro de que en cuanto se apareciera su hermana por aquellos parajes, él daría brincos de felicidad y correría hasta la cómoda sombra de su casa. Incluso si la temperatura de ésta última no difería mucho de la del exterior.

Sin embargo, sus planes se verían transtornados ligeramente, ya que su hermana tenía planeado tardar más tiempo de lo debido.

Y esto parecía haberse confirmado, cuando escuchó unos pasos detrás suyo.

—¡Rin! ¡Te tardaste demasiado! ¡Se suponía que debíamos habernos ido hace diez minutos!— reclamaba Len, al mismo tiempo que volteaba para darle la cara a su hermana.

Pero al darse la vuelta por completo, se sorprendió. Ya que quién estaba a unos metros frente a él, no era para nada Rin.

En realidad era...

Hehe, gracias por leer :3

Los dejo con algo de suspenso...