Algo que nunca busque.

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Inventario y despedida.

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Ayane se veía hermosa, muy triste pero hermosa. Bajo ese velo oscuro, titubeo antes de hablar:

- Creo que no volveremos a hacerlo nunca más ¿verdad? -

Sabía a qué se refería, desde que nos casamos, cenar en pareja en nuestra acogedora terraza los fines de semana; se había convertido en un acto sagrado entre nosotros. Algo que nada ni nadie podía impedir que realizáramos. Aun así, trate de hacerme el desentendido, le pregunte:

- ¿Hacer qué? -

- Esto que hacemos, las cenas, mirarnos...y hacer el amor. No quiero...no quiero, pero tengo que dejarte ir -

Vi sus bellos y rasgados ojos color avellana a punto de llorar, con todo, tomo mi mano y me miro con tanto amor. Estuve a punto de retroceder en todo, de dar marcha atrás, pero las siguientes palabras que dijo, me hicieron callar.

- ¿Quién te amara tanto como yo lo hago? ¿Quién se desvelara junto a ti, hasta que acabas tu trabajo? ¿Quién te cortará el pelo, sé que no te gusta que nadie más lo toque? -

Me encogí de hombros, todo eso que ella hacía, otra persona en su momento lo hizo con la misma o mayor devoción que ella. Aun así, lo deje.

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Durante más de 2 años, aproximadamente 14 Despuntes de cabello, 88 cenas "románticas" y más de 700 amaneceres juntos, habíamos compartido este ritual. Ella pasaba sus manos por mi cabello, acariciaba mi rostro y pasaba sus pequeños dedos a escasos centímetros de los pensamientos y deseos secretos que se arremolinaban dentro de mi cerebro. Siempre la vi intentando averiguar lo que pensaba.

Ella levantó sus palillos y con un Itadakimasu, comenzó a cenar, con lágrimas sobre sus mejillas.

Sé que con el nudo en su garganta, la comida le sabía mal y a mí también.

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Cuando la vi por primera vez, poco más de 2 años atrás, recuerdo que llevaba el pelo recogido en un lado, un aspecto conservador de investigadora. En nuestra segunda cita, ella retiró mi flequillo con las yemas de los dedos y se ofreció a cortarme el pelo por primera vez. Dijo que era tan terso y suave, que debía despuntarlo con más frecuencia. Ese acercamiento me hizo recargar la espalda en la silla algo tenso. El único con esa audacia y atrevimiento para romper la distancia y tocarme, había sido mi kouhai.

Cuando fue por el postre a la cocina, escuché un sonido, como un hipo, y luego volví a oírlo, pero fue más como un ruido de succión, como alguien que intenta respirar. Sus lágrimas continuaban cayendo.

Llegue a su lado, la abrace con la máxima ternura y delicadeza que me fue posible, levante su rostro para limpiar sus mejillas y le dije:

- Shh, está bien. Los dos estaremos bien -

Ella se apartó, su cara roja y manchada ahora de maquillaje me miraba tratando de formar una sonrisa, mientras me confesaba:

- Es solo que ahora todo será muy distinto, pero, sabes que ahora soy más fuerte. Puedo hacerlo por mi cuenta -

- Lo sé... Sé que estarás bien -

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Durante dos meses, desde que me mudé a un pequeño departamento, habíamos participado como dos adultos maduros, debía seguir al pendiente de mi pequeño hijo de un año. Me quedaba en nuestra casa... como si nada hubiera cambiado. Pero todo había cambiado.

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Yo antes había escuchado hablar de la dignidad de las mujeres, sé que les duele la separación, un divorcio. Pero, por lo que también sabia, lo que más les dañaba y hacía sentir peor era haber sido cambiadas por otra persona cuando aún estaban junto a sus cónyuges, su vanidad femenina entraba en juego. Necesitaba tratar de causarle el menos sufrimiento posible, por lo que con toda la verdad y sinceridad le dije manteniendo mi cabeza baja y mis ojos cerrados:

- Nunca te engañé, siempre fui leal a ti -

Pareció sorprendida por mi declaración.

- No pensé que lo hicieras, sé que no eres ese tipo de persona. No sueles mirar a nadie, de hecho fue un logro que te fijaras en mí. Sin embargo, si te diré que, actuabas un poco fuera de lo común, no recientemente. De hecho me lo pareció desde que nos conocimos, pero a mí me pareció tan cautivador -

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Es verdad pensé, ¿Cuántas veces hemos hecho el amor? ¿Fue mayor o menor que la cantidad de nuestras cenas de fin de semana? Lo normal era que, con el poco tiempo de casados que llevábamos, lo hiciéramos como mínimo dos o tres veces por semana como alguna vez Morinaga me lo exigió negociando el muy bastardo.

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La primera vez que Ayane y yo tuvimos sexo estábamos en el sofá de su apartamento cerca del campus de la Universidad. Ninguno de los dos era virgen, así que no éramos tan torpes, así como no había un tabú apasionado. Lo reconocí por lo que era; sexo. Eso fue tan bueno como podría ser. Tal vez yo había experimentado algo mejor...

Por poco más de año y medio y después de que nació nuestro hijo, mantuve mi vida pasada en secreto encerrado. Yo no había vuelto a saber de Morinaga, ni siquiera sabía si continuaba en Hamamatsu trabajando.

Pero los pasados meses estaba todo el tiempo tan perdido recordando el pasado y las crueles palabras que le grite antes de irme, que mi esposa me hizo todo tipo de preguntas, al final una fue la que me hizo tambalear física y emocionalmente.

- ¿Eres gay? -

Dude, tarde en contestar:

- ¡Definitivamente no!... ¡No quiero serlo! -

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Poco tiempo después, nuestro matrimonio terminó, pero mientras todavía estaba haciendo mis visitas de fin de semana, comencé a investigar acerca del paradero de Morinaga. Solo quería saber que había sido de él, la verdad es que por una parte, deseaba que hubiese rehecho su vida y fuera feliz y por otra parte, quería encontrarlo solo, esperando y sufriendo por mí. Si, sé que esa es una mierda egoísta, pero él me hizo lo que soy ahora.

Todavía en mi última visita a casa, cuando Ayane llevo al bebe a su cama, deambulé por la casa haciendo un inventario de cosas que ya no eran mías y que dolía en el alma dejar.

Allí en la mesa de la sala, todavía estaba acomodado todo a manera de que yo estuviera cómodo por las noches trabajando hasta tarde en mi laptop, estaba la jarra de cristal que ella siempre me llevaba con café caliente, recuerdo que la compramos en una tienda de antigüedades en nuestro viaje de bodas a Hawái, la pasamos tan bien y visitamos a Tomoe aprovechando el viaje.

Esa pintura, una hermosa copia de la noche estrellada de Vincent Van Gogh sobre la pared azul, fue mi 1er regalo de aniversario de bodas para ella. Aquí estaba recostado todavía su viejo perro, me recuerda que Ayane y yo estuvimos varias veces uno al lado del otro con ese perro dormido a nuestros pies. Los pisos de madera crujieron cuando pasé visualizando la escena.

Cuando llegué en mi recorrido al segundo piso, Ayane se quedó inmóvil en el pasillo oscuro.

La nostalgia de mi inventario, me hicieron pedirle un último favor:

- ¿Puedo dormir contigo, solo dormir, solo esta noche? -

No lo pensó ni un segundo, me dijo de manera triste y apenas audible:

- Si te vas temprano...no me despiertes por la mañana, no soportaría dejarte ir -

Ella se quitó el camisón y yo me quité la camisa, era verano y hacía calor.

Fue a lo que era su lado de la cama, y yo me recosté en el lado que solía ser mío. Aquí estaba el edredón amarillo donde acunamos a nuestro bebe recién nacido. Todavía reconocía mi almohada con la marca de mi cabeza por el uso.

Me quedé despierto boca arriba. Ella apoyó su mano en mi pecho. Me volví hacia mi lado derecho, y ella giro hacia su izquierda mientras nos movíamos inquietos en nuestro baile agridulce de despedida.

Me arrepentí un poco de pedirle esto, aunque trataba de ahogar los sollozos, se escuchaban en ese silencio nocturno.

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Con la luz de la mañana, cerré la puerta de la habitación y fui sin hacer ruido a la habitación de mi hijo. Este era Souichi, mi pequeño tesoro. Esas eran las cajas llenas de sus juguetes desde que nació. Metí su pelo oscuro detrás de su pequeña oreja y le besé la cálida y rechoncha mejilla.

- Solo iré a trabajar ahora, portate bien cariño y cuida de mami ne? -

Murmuré, una verdad a medias en la penumbra.

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Todo aquello tan valioso detrás de mí, era la casa que albergaba a dos seres muy amados por mí, y de aquí en adelante estaba el camino que se avecinaba para mí. Todo esto es lo que dejé:

Una silla vacía en la mesa, el aroma de mi piel en las sábanas, una pintura hermosa, un perro dormido, una jarra de cristal, mi sombra persistente en los escalones de la entrada antes de soltarme. Pero yo no dejaba de ser padre y eso no lo dejaría jamás.

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Aun con dos meses viviendo solo, no podía deshacerme de ese rencor hacia Morinaga.

Nunca busque convertirme en otro, nunca busque esto...no, no quiero rendirme y aceptar otra sexualidad. Aunque sé que lo hice sufrir, eso es algo que él sabía que pasaría, sabía que yo era heterosexual. El no perdía nada en intentar conquistarme, él ya era gay, pero yo...yo me cedi a cambios que nunca busque.

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Esto es lo que pienso que sucedería de ser una historia real la de estos dos. Seria difícil formar una familia, un matrimonio "normal" para alguien que ha experimentado lo que Souichi. Sus relaciones con mujeres fracasarían y en su mente estaría el continuo pensar que él no busco que lo transformaran en alguien que disfruta el sexo con otro hombre.

Aun no decido si continuarlo como historia más larga o solo mostrar esto y dejarlo como un one shot.

Como siempre, pueden comentar si lo desean.

Saludos!

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