Buen Día... Espero de verdad que estén muy bien.

Bueno, después de mucho, regresa por fin Linda Locura, con un capítulo sumamente especial ya que es el principio del fin. Espero y lo disfruten.

En el capítulo anterior: Fue el festival escolar, Eli estaba muy ocupada con la candidatura al puesto de presidenta que apenas si le puso atención a Nozomi, la cual, al darse cuenta de la distancia que se había creado entre ambas, decide hacer algo especial para ella; su deseada obra de teatro. Sin embargo, no contaba con que... Y así empieza este capitulo, justo donde lo dejamos. (Por cierto, nadie se dio cuenta del personaje que faltaba. Me alegré un poco, pero se me hizo extraño que nadie lo recordara ya que está con nosotros desde el capítulo 1)

Disfruten la lectura


XXIII

Nico y la linda chica


Qué pasaría si te dijera, que esos lejanos días estaban a punto de terminar. Todas esas memorias y recuerdos, pronto se marchitarían junto al árbol de cerezo de nuestras vacaciones. Qué pasaría si te dijera que el descubrir la verdad no fue tan doloroso como pensaba, y que sentiría como brotaba la calma dentro de mí. Qué pasaría si te dijera que…, que el solo hecho de permanecer a su lado, me había cambiado; que dentro de mí se llevaba a cabo una metamorfosis mental. Ya no había lágrimas y auto-compasión por ella cada que la veía. Ya no me sentía presionada o tan preocupada por lo que fuera a pasar con ella. Tenía miedo, sí, pero ese miedo me complementaba para tener la fuerza de permanecer a su lado. Disfrutaba un poco ese miedo, pero, al mismo tiempo, me seguía aterrando. Me di cuenta entonces que ese miedo era parte de mí. Que esos misterios que envolvían el cuerpo de Nozomi como una pesada capa invisible, no significan absolutamente nada, no eran nada, ni eran relevantes, ni causaban un gran cambio en ella. Nozomi no tenía misterio alguno… solo los que yo le había inventado.

¿Aun recuerdas el día del festival escolar, y como las cenizas de la fogata del campo de atletismo se levantaban hasta el cielo, como pequeños fragmentos de nieve que suben a las nubes; con ese tenue color escarlata que consume la oscuridad? Yo lo recuerdo muy bien. Recuerdo el frío de la noche, la hermosa luna iluminar de plateado su rostro y el calor de su cuerpo que me calentaba mi regazo mientras dormitaba tranquilamente; sin darme cuenta… sin darme cuenta de su estado.

Disfrutaba mucho el calor de sus mejillas contra mi piel en ese momento, la suave y pequeña brisa de aliento que de sus labios salía y el silencio casi sepulcral apenas opacado por la música del festival que estaba por llegar a su fin. No parecía que nada ni nadie pudiera perturbar ese momento en el que me encontraba a solas con ella.

Después de ver cómo se esforzó con la obra de teatro hecha para mí, que me demostrara cómo me ayudaba, como se esforzaba por verme feliz, supe algo importante de Nozomi: ella se preocupaba mucho por mí, o al menos eso quería creer. ¿Se preocupaba de la misma forma que yo lo hacía por ella? En sus ojos, al verla arriba del escenario, pude percibir un brillo que nunca había visto, un brillo sincero y lleno de emoción. Un brillo maduro y lleno de determinación. Y me di cuenta, por fin, que las palabras que me dijo su abuela en el verano eran muy ciertas. Nozomi ya no era una niña, era una chica de mi misma edad, con sueños y pensamientos similares. Entonces, ¿qué haría cuando el encanto de su personalidad se terminará? ¿Qué haría una vez que descubriera el porqué de su comportamiento? Ya ni siquiera yo sabía cómo responder a eso.

—Seguramente… —El sonido de mi voz era suave, y acariciaba dulcemente el viento silbante que nos rodeaba—. Seguramente seguiría a su lado —Mi corazón latía con fuerza, lo sentía vívidamente en mi pecho y me hacía temblar un poco por la incertidumbre de mis palabras—. ¿Verdad, Nozomi? —Sentí en mis labios una trémula sonrisa—. ¿Tú también seguirás conmigo?

Despacio, levanté mi mano y la acerqué a su rostro, sintiendo lo cálido de sus mejillas y como mi palma se calentó apenas toqué su piel. Estaba cálida, pero no me preocupé, ni siquiera pensé en lo que estaba a punto de pasar. Lo que la puerta de la azotea, siendo azotada de pronto, traería a mi suave tranquilidad.

Al momento de escuchar el fuerte portazo que me sacó de mi mundo de ensueño, miré intrigada hacia la puerta. Desconcertada, miré a la chica que se aferraba al marco de la puerta. Sus respiraciones eran pesadas e irregulares. Sus ojos, carmesíes como los rubíes, parecían perdidos en otra parte al verme directo al rostro; como si no me mirara a mí, o como si ni siquiera se hubiera percatado de mi presencia. Únicamente miraba a Nozomi; la cual aún dormía en mi regazo.

—Aquí está —Su voz, como un susurro, se la llevó el viento—. Eres una idiota —Nico comenzó a acercarse hacia nosotras, con pasos temblorosos y con la respiración apresurada—. ¿Cómo es que no te diste cuenta antes? —Sus palabras no parecían dirigirse a alguien en particular, solo salían de forma mecánica de su boca—. ¿Qué tan estúpida y terca puedes llegar a ser? —En su rostro se mostró una pizca de dolor y preocupación—. ¿Cómo es que…?

—¿N-Nico? —Me atreví a interrumpir sus palabras, y ella, repentinamente, pareció que volvía a la realidad. Me miró fijamente a los ojos, y sus mejillas, antes blancas y pálidas, adquirieron un suave color—. ¿Estás bien? —Sus ojos se cristalizaron y ese sentimiento, que tanto tiempo había visto últimamente, volvió a sus pupilas; el sentimiento de la preocupación, de la angustia, de la soledad y la pena que ella sentía—. ¿Pasa…?

—¿Cuánto tiempo ha estado dormida? —Preguntó Nico, sin mirarme directamente a los ojos; como si no soportará mantener su vista con la mía—. ¿Han estado aquí mucho tiempo? —Despacio, se puso de cuclillas frente a Nozomi—. ¿Ella está bien?

—¿A qué te refieres con eso? —Miré el rostro de Nozomi. Sus mejillas aún estaban ruborizadas de carmín y su piel estaba cálida al tacto—. Ella ha estado dormida por un buen rato —Intente sonreír, y casi lo logré si no hubiera sido por el sentimiento que me transmitía Nico—. Parecía muy exhausta después de la obra. Pensé que lo mejor sería dejarla dormir.

—¡Idiota! —Gritó Nico de pronto, sorprendiéndome—. Claro que ella está cansada —un suave sollozo acompañó a sus palabras. Yo no sabía qué le pasaba, ni porque estaba tan frustrada o molesta. Nico se comportaba de manera extraña—. ¿Cómo no te diste cuenta? —Despacio, llevó una mano a la frente de Nozomi—. Ella hizo todo esto por ti. ¡Claro que iba a estar cansada por trabajar en la obra día y noche sin descanso! Apenas si dormía o comía algo. En lo único que pensaba era en ti —La mano de Nico tembló contra la mejilla de Nozomi—. Así que, por supuesto que ella está cansada, y… —su mirada se levantó hacia mi rostro— muy enferma.

—¿Enferma? —Mi mirada decayó de nuevo hacia el rostro adormilado de Nozomi. Vi como sus mejillas brillaban de carmesí y como sus respiraciones calentaba mi piel—. ¡Imposible! —Dije sin creerme las palabras de Nico—. Hasta hace un momento ella estaba bien. Hablamos y parecía muy tranquila. Yo… No puede ser que no me haya dado cuenta de…

—Eso ya no importa… —Nico se levantó de pronto, con la mirada perdida en Nozomi—. Yo también fui una idiota como para no darme cuenta —La chica, frustrada, sacó su teléfono celular de su bolso—. Llamaré a Tomoyo-san. Ella sabrá qué hacer.

—¿Tomoyo-san? —Hacía mucho que no escuchaba ese nombre. El solo hecho de recordarlo me hizo pensar en su rostro y su mirada misteriosa al hablar conmigo—. ¿Acaso es tan grave lo que le pasa a Nozomi? ¿Ella está…?

—De momento, ella es en la única que puedo confiar —Nico se dio la vuelta, dándome la espalda. No podía tolerar más su estúpida actitud, como si me culpara en silencio de lo que estaba pasando.

—Deja de hacer eso… —Nico presionó su teléfono celular con sus manos—. Sé que está mal que no me diera cuenta antes, pero tú no eres diferente a mí. Debiste de haberla cuidado mejor. ¿Acaso no era ese tu trabajo? —Mi corazón latía fuerte dentro de mi pecho, con un sentimiento de incertidumbre dentro de él—. Estas siendo injusta, Nico. Si yo hubiera sabido lo que le pasaba a Nozomi, si hubiera sabido todo el esfuerzo que puso en la obra de teatro por mí, estoy segura que la hubiera detenido —Mi mirada decayó hacia el rostro de Nozomi. Aun dormía profundamente—. Sé que tengo la culpa por no haberme dado cuenta, pero eso no me importa ahora mismo —Miré con determinación a Nico, la cual seguía de espaldas. La incertidumbre de no poder ver su rostro me estaba matando—. Pero ahora lo más importante es ayudarla y dejar de pensar en lo que tú o yo no hicimos.

—Eso no es lo que… —La mire furiosa.

—¡Date la vuelta si quieres reclamarme algo! —Le grité—. Si quieres reprocharme mi error hazlo. Pero date cuenta, Nico, que ahora lo más importante es cuidar de Nozomi, no nuestras estúpidas peleas.

Girando sobre sus talones, Nico por fin me dio la cara. De su rostro bajaban un par de lágrimas que brillaban con la luz de la luna plateada. No sabía, en ese momento, porque ella había comenzado a llorar. Quizás me había excedido con lo que le dije, o quizás fue porque no soportaba mis palabras y lloraba por la frustración que sentía. No sabía el significado de esas lágrimas. Me llegué a sentir un poco mal al verla así.

—¿Ayudarla? —Musitó—. ¡Es lo que he pretendido hacer desde un maldito principio! —Gritó, más no para mí, sino que parecía que sus palabras no iban dirigidas a nadie en particular—. Pero yo ya no puedo hacerlo… —Apretó los párpados con fuerza—. Se está haciendo demasiado difícil.

—No digas tonterías —Le reproché—. Estas siendo injusta y muy egoísta, Nico —La miré con seriedad, era lo único que podía hacer. No pude evitar sentir algo de pena por ella—. Has vivido mucho más tiempo con ella del que yo he pasado a su lado. Que digas que no puedes, que te rindes de pronto sin ninguna explicación… No es algo que tú harías. —La miré directo a los ojos— La primera vez que te conocí, me dijiste que, si yo le llegaba a hacer daño, tú la protegerías —Su mirada se abrió por la sorpresa—. Hazte responsable por lo que dijiste y deja de lloriquear —Traté de sonreír—. Quizás no te conozco lo suficiente, pero incluso yo sé que tú no eres así, Nico. No eres de las personas que se lamentan por cualquier pequeña cosa.

Un suave silencio apareció entre nosotras, un silencio que era opacado apenas por el sonido silbante del viento y de la música que debajo de la escuela comenzaba a desaparecer. Nuestras miradas estaban entrelazadas. Me di cuenta que mis palabras habían surtido efecto cuando Nico (tan raro de ver en ella), esbozó una suave sonrisa y sus mejillas se ruborizaron de carmesí.

—¿Yo dije eso? — Sus ojos buscaron a los míos. Parecía un poco nerviosa—. Has cambiado, Eli… —Dijo simplemente.

Al momento de escuchar sus palabras, aparté mi mirada de la de ella. Era muy simple comprender lo que Nico me había dicho, pero, aun así, yo no consideraba que hubiera cambiado en lo absoluto. En ese momento, ni yo misma me imaginaria que realmente hubiera un cambio en mí. Siempre había sido la misma con Nozomi y con todas las personas que me rodeaban, así que, si a día de hoy me volvieran a decir esas palabras, yo negaría rotundamente a eso. Yo no había cambiado en lo absoluto, era la misma de siempre, solo que nadie se había dado cuenta de eso.

—Sabes… —Después de un tiempo, la voz de Nico resonó una vez más en el aire; suave, como una brisa pasajera—. Nunca le había dicho esto a nadie, pero la razón del porqué estaba tan asustada hace un momento… —Nico nunca se había sincerado conmigo, ni siquiera me imaginaria que lo haría algún día. Pero en ese momento parecía querer hacerlo, parecía querer decir palabras que dentro de ella estaban ocultas en un cofre cerrado con llave. Le costaba mucho hablar y se detenía cada tanto para pensar bien en sus palabras. Se mordía los labios y se estrujaba nerviosa los dedos—. Digamos que no es la primera vez que esto pasa. Quizás no signifique nada para ti, ya que he vivido con Nozomi casi desde que mamá… bueno, tu sabes, desde que mamá la llevó a casa —La miré con sorpresa. Nico nunca había querido hablarme de su pasado, y mucho menos del de Nozomi. Comencé a sentir angustia dentro de mí—. He vivido gran parte de mi vida a su lado y, desde que la conozco, me prometí que la cuidaría y la protegería por sobre cualquier cosa —Una triste sonrisa apareció en sus labios, y esa mirada, distante y vacía, regresó a sus ojos—. He visto muchas veces como se enferma, desde pequeños resfríos pasajeros a enfermedades que la hacen estar en cama durante días… Claro que he tenido miedo de verla así. Más que nada por como esos pequeños momentos actúan en ella —Nico me miró fijamente a los ojos—. La última vez que pasó, yo de verdad estaba aterrada. Porque no sabía muy bien cómo actuar, porque no sabía qué hacer y todo a mi alrededor era más y más aterrador. ¿Recuerdas ese día?

—¿R-Recordar? —Solo la incertidumbre creció dentro de mí al escuchar sus palabras—. ¿A qué te refieres? Yo no…

—Ese día yo estaba muy asustada, porque todo lo que había construido junto a Nozomi se quebraba frente a mí como la porcelana de una taza. No solo tú descubriste algo ese día. Yo supe en ese momento que, todo lo que había hecho por proteger a Nozomi, era todo lo que yo tenía. En ese momento me sentí verdaderamente vacía —Sus ojos derramaban lágrimas, pero la sonrisa permanecía en sus labios—. ¿Recuerdas ese día de lluvia, Eli? —Sus palabras golpearon dentro de mí y detuvieron momentáneamente mi corazón—. ¿Cuándo tuviste esa pelea? ¿Cuándo descubriste la verdad de mi… —Nico se mordió el labio, dudando en continuar— de mi madre? —una suave y nerviosa risa salió de su boca—. ¿Acaso no te preguntaste porque Nozomi no volvió a la escuela por toda una semana y todos negaban que siquiera existiera?

Nunca hubiera querido recordar ese día una vez más. Odiaba el hecho de haber vivido esa mentira tanto tiempo. En cada momento había vivido con miedo de recordar ese día, de rememorar la mirada de Nozomi, perdida en la nada mientras me veía de frente y mi sola presencia desaparecía dentro de ella. Me dolía recordar el nombre y los gritos que salían de su boca. Es por eso que ese recuerdo lo había dejado atrás. Lo había encerrado dentro de mí porque de verdad no quería recordar el rostro desesperado de Nozomi mientras gritaba…, mientras gritaba un nombre que yo no conocía. Lo único que me hacía recordar era en lo devastada que me sentía.

—Yo fui la culpable de eso, Eli… —La voz de Nico me sacó de mis pensamientos—. ¿Recuerdas? La saqué de la escuela en medio de la tormenta. Era obvio que se enfermaría. Era obvio que estaría vulnerable a su pasado después de la pela con esas chicas. Yo sólo logre empeorar las cosas —Nico se acercó hacia nosotras y se puso de rodillas frente a Nozomi—. En ese momento, mientras mamá me decía que te sacará de casa, mientras Nozomi gritaba incoherencias, yo me sentía como si no perteneciera a ningún lugar… —Delicadamente, tocó suavemente las mejillas de Nozomi—. Sentí que la que no tenía familia era yo —Un suave sollozo salió de su boca—. Y me sentí peor al ver como mi madre se comportó con Nozomi toda esa semana, y como me reprochó mi error —Sentía que la entendía, pero sabía que su dolor era mayor al que yo pudiera imaginar—. Siempre a su lado, siempre sonriéndole a ella, siempre junto a ella sin importar que. La cuidó esos días, donde su fiebre no bajaba ni un poco. La cuidó como nunca lo hubiera hecho conmigo o con mis hermanas. La cuidó hasta que los horribles recuerdos de Nozomi desaparecieron y escapó de casa para buscarte.

Un suave silencio dejó que sus palabras se perdieran dentro de mí. No podía sentir en absoluto su dolor, y no iba a pretender que lo hacía. Nico estaba sufriendo en silencio todo ese tiempo. Por fin supe el significado de su solitaria mirada.

—S-siento que hayas tenido que escuchar todo esto… —Nico, discretamente, se limpió las lágrimas que salían de sus ojos—. Pensé que, si no te lo decía ahora, nunca más te lo hubiera podido contar —Levantó la mirada y me esbozó una sincera sonrisa. En esa sonrisa percibí como si, de un momento otro, ella se hubiera liberado de un enorme peso que la acosaba—. Y bien —Sus mejillas se ruborizaron—, di algo. Parezco idiota hablando yo sola —A pesar de lo que decía, yo no sabía qué más decir. Ella ya había hablado todo lo que tenía que hablar.

—Siento que hayas tenido que contarme todo eso… —Fue lo único que conseguí decir—. Parece que…

—¡Alto ahí! —Nico detuvo mis palabras de súbito—. No te lo dije para que sientas pena por mí. Yo misma puedo ocuparme de eso. No me malentiendas, Eli, tu compasión no es lo que buscaba ¿Acaso no recuerdas lo que te dije también la primera vez que te conocí? —Me miró directo a los ojos—. En ese entonces, me parecía que tus intenciones con Nozomi no eran malas, así que confié en ti —Negó con la cabeza—. Sigo confiando en ti a pesar de todo —suavemente, sus párpados se cerraron—. Es solo que, cuando vi cómo reaccionabas hace un momento, cuando vi lo decidida y lo tranquila que estabas, pensé en lo mucho que habías cambiado. Sentí que me dejabas atrás —Nico me miró con determinación. La sonrisa animada que conocía volvió a su rostro—. Y no pienso perder contra ti.

—Todo es un juego para ti, ¿verdad? —traté de sonreírle—. De cualquier forma, siento decepcionarte, pero las cosas seguirán igual que hasta ahora… —Miré el rostro de Nozomi—. No crees que ya la dejamos descansar demasiado. Será mejor que llames a Tomoyo-san —Sonreí a pesar del peso que sentía que presionaba mi pecho en ese momento—. Parece que es un simple resfriado, pero si quieres estar más tranquila…

—Lo haré —Nico cortó mis palabras de pronto—. Llamaré a Tomoyo-san —Me dio la espalda y sostuvo con firmeza su celular cerca de su oído—. ¡Ayase! —Levante mi rostro hacia ella, viendo su figura contrastadas con los rayos plateados de la luna—. ¿Gracias?

—¿Por qué el tono de pregunta?

—Acepta mis agradecimientos o cállate —Dijo antes de salir por la puerta de la azotea, dejándonos a Nozomi y a mí a solas un momento.

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Después de que Nico llamará a la doctora Nishikino, esperamos unos minutos en un suave silencio. Nico se había acercado donde estábamos nosotras y se sentó a mi lado; su mirada estaba aún perdida en el rostro de Nozomi. Ninguna de la dos decía nada, y no hacía falta hacerlo, ya que el silencio que nos rodeaba no era nada incómodo ni molesto. Quizás ella no habló después de contarme lo anterior porque ya no tenía nada más que decir. Ella estaba muy tranquila, de verdad se notaba que aquellas palabras que me había dicho le presentaban un peso enorme. Para serte sincera, en ese justo momento no lo pensé, pero ahora me alegro de que Nico haya hablado conmigo de esa manera; que me haya dicho todo lo preocupada que estaba por Nozomi. Me hacía feliz que, aunque fuera un poco, me tuviera un poco más de confianza. Me alegraba porque desde ese día comencé a ver a Nico de una forma distinta, y no con compasión o pena, sino que ahora comprendía un poco más las acciones que hasta ese momento había tomado conmigo.

Esperamos un rato más en la azotea. La temperatura, cada que los segundos avanzaban, se iba haciendo más fría. Abajo, en la pista de atletismo, la música comenzaba a susurrar suavemente hasta que por fin se detuvo y el silencio de la noche acarició nuestros cuerpos. No tuvimos que esperar mucho, porque de pronto la puerta de la azotea volvió a abrirse, revelando ahora a la figura de la directora acompañada de un hombre que yo ya había visto antes; era el chofer del auto que una vez nos llevó al parque acuático en las vacaciones.

—Tomoyo-san me llamó —Dijo la directora al mismo tiempo que daba un par de pasos hacia nosotras—. Me dijo que las encontraría aquí —Tranquila, y con una suave sonrisa esbozada en los labios, agachó la cabeza para ver el rostro de Nozomi más de cerca—. ¿Cómo está?

—Ahora solo está durmiendo, no ha pasado nada más —Dijo Nico con confidencia—. Pero lo mejor será que la llevemos al hospital para que pueda descansar mejor.

—Tienes razón.

Guardando una tranquilidad impresionantemente, Minami-san se acercó al chofer de la familia Nishikino y le habló suavemente algo que no pude escuchar. Poco tiempo después, cuando la directora dejó de hablar, el chofer asintió y se acercó hacia nosotras.

—Él llevará a Nozomi al auto. Parece que está muy cansada después de la obra así que será mejor que la dejemos dormir —La mujer, con una ligera sonrisa, volteó a vernos tanto a Nico como a mí—. Nico, supongo que la acompañaras, ¿verdad? —Nico asintió sin siquiera pensarlo—. Entonces, Ayase-san… —Estaba a punto de decir que yo también iba con ellas, pero no fue necesario hacerlo.

—Ella también nos acompaña —Dijo Nico de pronto, con la mirada fija en los ojos color miel de la directora—. Claro, si no tienes ningún inconveniente —Volteó a verme.

—Claro que no. Lo mejor que puedo hacer ahora es ir con Nozomi. No podré estar tranquila a menos que sepa que se encuentra bien —Traté de sonreírle a la directora sin perderme cada reacción de su rostro.

Sin decir palabra alguna, la directora Minami me esbozó una cálida sonrisa y comenzó a caminar hacia la puerta de la azotea. El chofer tomó a Nozomi en brazos y, cuidadosamente, la cargó con sumo cuidado de no despertarla.

Nico y yo seguimos a los dos adultos, bajamos las escaleras y salimos de la escuela despacio, viendo como las luces de los pasillos se apagaban y viendo cómo las estudiantes rezagadas caminaban por la escuela hasta la salida. Aún había estragos de lo que había sido el festival escolar, pero, una vez que cruzamos el portón de la entrada, ese momento se quedó atrás.

La directora Minami no nos acompañó hasta el hospital, solo éramos Nozomi, Nico y yo. El hospital estaba justo en el centro de Akiba, e incluso, desde lejos, se podía ver el enorme edificio.

Nunca había estado en ese hospital, o, mejor dicho, nunca había tenido la necesidad de ir. La última vez que puse un pie en ese edificio… bueno, ya lo sabes… El caso es que, aunque no hubiera estado ahí, había escuchado mucho del prestigio que estaba ganando ese lugar; así que era imposible no haber escuchado, aunque sea una vez, de él.

Al llegar al hospital, el chofer ayudó a bajar a Nozomi del auto. De verdad parecía tener sumo cuidado con ella, ya que, muy tranquilo, bajó a Nozomi sin siquiera perturbar un poco su sueño. Para ese entonces yo pensaba en lo pesado que era su sueño ya que nada, ni el más mínimo ruido, la despertaba. Sé que no era el momento, pero descubrir ese hecho me resultó sumamente enternecedor; es tan linda.

Entramos al hospital, con el chofer de la familia Nishikino mostrándonos el camino. Pasamos por un gran recibidor con luces blancas y artificiales iluminando toda la estancia. Caminamos por un pasillo hasta que, por fin, a lo lejos y con su bata blanca, vimos a la doctora Nishikino al final del pasillo conversando con un enfermero. La mirada de la mujer volvió de pronto hacia nosotras y, al vernos, sus ojos se abrieron grandes y, casi corriendo, se dirigió hacia donde estábamos; no sin antes dirigirle unas palabras al enfermero con el que hablaba.

—Ya están aquí… —Dijo cuándo estuvo frente a nosotras—. No las esperaba tan rápido —La mujer se dirigió al hombre que cargaba a Nozomi—. Te agradezco mucho tu trabajo, en un momento…

Sin siquiera poder terminar de hablar, el mismo enfermero con el que hablaba antes, se acercó por detrás de ella ahora acompañado de una camilla. El chofer de los Nishikino recostó a Nozomi en la camilla suavemente, como una pluma que plácidamente rompe el viento hasta el suelo y, posteriormente, como ensayado, hizo una reverencia y se fue sin decir palabra alguna. Al ver el rostro de la doctora Nishikino, lo único que pude percibir fue una tranquilidad que era incluso contagiosa. Despacio, la mujer llevó sus manos hacia la frente de Nozomi e, inmediatamente, esbozó una indescriptible sonrisa. Entonces, con la misma lentitud que antes, tomó a Nozomi de la mano y se volvió hacia nosotras.

—Parece que es una simple fiebre —Dijo sonriendo. Aunque esa sonrisa me causaba un poco de inseguridad ya que no podía decir que expresaba exactamente—. Pero la revisare de todos modos, para cerciorarnos de que está bien —La doctora se dirigió hacia Nico—. ¿Ha estado dormida todo este tiempo? —Nico, insegura, volteó verme. Parecía que no sabía qué contestar; parecía un poco nerviosa ante la pregunta.

—Sí, solo ha estado dormida —Dijo después de un rato—. Se ha estado esforzando demasiado estas semanas. Apenas si has descansado o comido algo apropiado. Así que supongo que todo ese sobreesfuerzo fue lo que causó que cayera enferma —Solo un poco, Nico levantó la cabeza para ver a Nozomi—. Parece que de verdad necesitaba descansar.

—Entiendo. Pero aun así me preocupa que no haya despertado todavía —La mujer sonrió—. ¿Ya hablaste con su madre? —Nico negó con la cabeza y agachó de nuevo la mirada—. ¿Está bien si la llamo? Es tarde y seguro que está preocupada por no saber en dónde se encuentra Nozomi.

—E-Está bien —Mire detenidamente a Nico. Sus manos se presionaron en dos puños y su cuerpo tembló un poco—. Ella iba a llegar tarde a casa el día de hoy. No es necesario que la llame, yo lo haré más tarde para decirle cómo se encuentra Nozomi.

—¿Estás segura? —En ese momento, lo único que quería era que la doctora dejará de preguntarle cosas a Nico. Parecía una acosadora que mantenía a su presa aprisionada—. Si quieres yo puedo llamarla por ti, Nico. Seguro que ella me escuchara después de que le diga que Nozomi está bien. No tienes que volver a pasar por esto y lo sabes, ¿verdad?

—No hay problema… —Nico levantó la cabeza y miró fijamente a la doctora Nishikino—. Yo la llamare… —Aunque dijera eso, Nico aún parecía muy insegura.

—Como quieras —La mujer, sin dejar de ver a Nico a los ojos, continúo hablando con normalidad—. Será mejor que, de momento, revise a Nozomi… —Su mirada se volvió hacia mí—. Te recomiendo, Ayase-san, que regreses a tu casa. Es tarde y seguro que tus padres estarán preocupados.

—Yo estoy… —Antes de poder continuar hablando, sentí como el tacto de Nico se posó en mi hombro.

—Me gustaría que Ayase se quedara un rato más —Nico esbozó una sonrisa, mas no denotaba ninguna emoción en especial—. Dijo que estaba preocupada por Nozomi, y no quiero torturarla con mandarla a casa sin saber que pasa —Sus palabras eran suficientes para dejarme callada, y era mejor así, ya que no quería hablar demasiado con Tomoyo-san.

—Creo que no puedo estar de acuerdo con que se queden aquí —Dijo la doctora mientras tomaba la camilla de Nozomi por uno de los lados—. Es problemático que alguien vea a dos niñas aquí tan tarde. Quedarse en la sala de espera tampoco es una buena idea, seguro que se meten en problemas.

—¡Pues no nos iremos sin saber cómo está Nozomi! —Reclamó Nico.

—No es lo que quise decir, Nico. No pretendía correrlas del hospital. Se lo mucho que se preocupan por ella, y no quiero dejarlas sin siquiera saber que está bien —La mujer, pensativa, se llevó un dedo índice cerca de los labios; donde tenía ese provocador y lindo lunar—. Saben que, creo que Maki sigue con su padre ayudándolo con algunos pequeños trabajos. Que tal, Nico, si vas a buscarla y las tres esperan en mi oficina hasta que termine de revisar a Nozomi. Las llevaré a casa cuando termine —Sin pretender seguir la conversación, la mujer, junto al enfermero que la acompañaba a un lado, tomaron la camilla de Nozomi y, despacio, comenzaron a caminar por el pasillo—. No tardaré mucho, Nico. Solo procuren no causar problemas —Con una amable sonrisa, la mujer se llevó a Nozomi hasta que dieron vuelta en un pasillo y desaparecieron tras de él.

—Me sorprende lo tranquila que te encuentras —La voz de Nico me sacó de mis pensamientos—. ¿Estás bien con eso? Se llevaron a esa niñita malcriada sin que dijeras nada. Pensé que empezarías a gritar como loca para que te dejaran estar a su lado mientras la revisaban.

—Yo no… —Me exalte al escuchar a Nico y al ver su sonrisa burlona. Fue inevitable para mí no sentir vergüenza por lo que decía, ya que, si no hubiera sido porque la doctora me causaba cierta incertidumbre cada que al veía, hubiera pedido que me dejaran estar con Nozomi hasta saber que estaba bien—. No es lo que yo pretendía… —Desvié la mirada de Nico, ganándome una risa burlona por su parte.

—Bueno, como sea —Nico me dio la espalda—. Vamos a buscar a Maki y esperemos como dijo Tomoyo-san. No pensé que esa niña estuviera aquí…

—¿Estás feliz por eso? —Dije sin pensar. No esperaba una reacción en especial por parte de Nico, pero cuando me di cuenta de su rostro, este estaba ruborizado hasta las orejas de un brillante color carmesí. Me sentía un poco satisfecha por ver esa reacción.

—¡¿Eres tonta?! —Dijo entre molesta y nerviosa—. No me importa que ella esté aquí —Comenzó a caminar rápido por el pasillo, dejándome atrás—. Vamos. No es como si quisiera ver a esa tonta niña egocéntrica —Sonreí de verdad al ver la reacción de Nico—. ¡Vamos! ¿Que estas esperando?

—Ya voy —Dije y, sin querer, una risa salió de mis labios—. Nico, sí que estás entusiasmada por ver a Maki.

—¡Cállate! No es así.

A pesar de lo que pasaba con Nozomi en ese momento, no pude evitar sentirme más tranquila al molestar de esa forma a Nico. Quizás fue porque la doctora Nishikino estaba muy tranquila y parecía que podía manejar la situación, o quizás fue porque, muy en el fondo, sabía que no pasaría nada malo. Mi corazón en ese momento estaba tranquilo. Solo esperaba que se mantuviera así un rato más.

Como nos dijo Tomoyo-san. Después de que ella se perdió con Nozomi por los pasillos del hospital, nosotras fuimos a buscar a Maki a la oficina de su padre. Como supuse, Nico sí que se alegró mucho al verla ahí; aunque supongo que no lo admitiría. Estaba feliz de que Maki esperará con nosotras, ya que así no tendría que inventar temas de conversación para no sentirme incomoda a lado de Nico; y más al recordar todo lo que habíamos hablado esa noche. A pesar de eso, Maki no parecía sentir lo mismo que yo, ya que, apenas me vio entrar acompañando a Nico, me dirigió una mirada asesina y, al instante, fue corriendo a lado de Nico y se puso frente a mí.

No esperamos mucho en la oficina de la doctora Nishikino. Tanto Nico como Maki platicaban tranquilas. Nico le contó a Maki lo que le había pasado a Nozomi. Le habló de la obra de teatro y del festival escolar y de cómo Nozomi se esforzó para que la obra saliera bien. Fue todo de lo que le habló. No mencionó siquiera lo que me había dicho a mí en la azotea y, la verdad, lo agradecía, ya que no sabría cómo reaccionar ante eso.

Pasaron los minutos, donde las palabras pronto se agotaron para nosotras. Solo un denso silencio se apoderó del pequeño espacio en el que nos encontrábamos. Conforme pasaban los minutos, me sentía un poco más intranquila y angustiada, ya que cada momento que permanecíamos en ese lugar se me hacía eterno. Era como si el tiempo se hubiera detenido, o como si las manecillas del reloj que estaba fijo en la pared, hubieran dejado de avanzar. Era inevitable que, en ese silencio, no me sintiera un poco abrumada por no saber nada de Nozomi. Comencé a tener un poco de miedo.

—Esto está tomando más de lo que pensé —Dijo de pronto Nico, rompiendo por fin el silencio—. Sé que no deberíamos de salir de aquí, pero al diablo, estoy aburrida y no esperaré más tiempo.

—Mi madre dijo que nos quedáramos aquí —Dijo Maki desinteresada, mientras se llevaba un dedo índice y lo enrollaba en mechón de su cabello—. Será mejor que le hagas caso. A estas horas todo el personal del hospital suele estar muy estresado por ser las últimas horas de consulta.

—Y eso que me importa a mí —Nico se cruzó de brazos—. Vamos, al menos tenemos que dar un paseo por ahí. No soporto estar encerrada en este lugar.

—No podemos. Ir por ahí solo nos meterá en problemas y va a ser a mí a la que regañaran luego.

—Eso te gustaría, ¿verdad?

—¿A qué te refieres?

—Vamos, estoy aburrida, salgamos al patio del hospital. Nadie puede decirnos nada si solo estamos ahí. Además, no le ocasionaremos problemas a nadie. ¿Tú qué dices, Eli?

—No me incluyas a mí. Yo seguiré esperando —Nico me vio con reproche.

—¿Cómo es que termine con un par de aburridas como ustedes? —Nico se levantó de la silla enorme frente al escritorio de la doctora Nishikino. Apenas entramos a la oficina, Nico se había agenciado ese lugar para ella—. Como sea. Iré a dar una vuelta con o sin ustedes. No soporto estar más tiempo aquí.

—Espera, no pu… —Antes de que Maki pudiera contradecir a Nico, un rugido, como el de un león, interrumpió sus palabras. Avergonzada, agachó la cabeza y un rubor, tan fuerte como el color de su cabello, escaló por su blanca piel. Su estómago había rugido como si no hubiera comido en días. Obviamente, esto solo provocó una enorme sonrisa en Nico.

—¿Tienes hambre? —Dijo Nico con una sonrisa de oreja a oreja—. Vaya, Maki, sí que eres impredecible.

—Yo no… —Maki ni siquiera podía hablar—. No es de tu… —Veía hacia todas direcciones, como buscando algo con desesperación—. ¡Deja de sonreír como tonta y déjame en paz! —Gritó enfadada.

—Oh, Maki-chan, si solo querías ir a buscar algo de comer pudiste haberlo dicho antes —Con una confianza enorme, y con su altanería que la caracterizaba, Nico se acercó hacia Maki y la tomó del hombro—. Vamos, le buscaremos algo de comer a esta pequeña niñita.

—Deja de… —Maki estaba muy nerviosa, su cuerpo entero temblaba y parecía que estallaría en cualquier momento; cosa que pasó inmediatamente—. ¡Eres una tonta Nico! —Gritó eufórica mientras se apartaba del lado de Nico y corría hacia la puerta de la oficina—. ¡Te odio! —Miro hacia atrás esperando la reacción de la mayor—. ¡No me sigas! —Incluso yo quería reír al ver la forma en la que, sutilmente, le lanzaba esa indirecta.

—¡Espera! —Nico corrió detrás de ella, intentando contener unas suaves risas que salían de sus labios—. Espera, Maki-chan. Fue una broma, no te lo tomes… —Cuando estaba en el arco de la puerta, volvió su mirada hacia mí-. ¿Vienes? —Negué con la cabeza.

—Vayan ustedes. Será mejor que las deje a solas… —Dije desinteresada.

Nico salió corriendo después de escuchar mis palabras. Ella sonreía sinceramente, y eso, por alguna razón, me llenó de calma. El solo hecho de ver esa pequeña escena, hizo que me sintiera un poco menos tensa, olvidándome, aunque sea un poco, del asunto de Nozomi. Quizás Nico lo había hecho con otras intenciones, pero me gustaría pensar que montó todo ese espectáculo con Maki para liberar un poco la tensión que se había creado entre nosotras. Las manecillas volvieron a avanzar con normalidad después de que dejara ese raro sentimiento dentro de mí.

Ahora, en mi soledad, seguí esperando en esa oficina. Me moví suavemente por ese pequeño espacio. No había mucho de interesante ahí más que unos títulos escolares de la doctora Nishikino decorando la pared y un enorme ventanal detrás de la silla donde antes había estado sentada Nico. Al otro lado del cristal se podía ver una magnífica vista de toda la ciudad.

Me acerqué hacia la ventana y miré hacia el exterior. Puse mi mano en el cristal y sentí la sensación del frío otoñal escalar por todo mi cuerpo. Miré las luces lejanas de los edificios de alrededor; eran como pequeñas estrellas en el suelo. Algo dentro de mí se acrecentó al ver mi reflejo contra el cristal; un sentimiento incierto que no podría describir.

No sabría decir lo que vi en ese momento al ver mi rostro reflejado en el cristal, al sentir como la difuminada figura de mi reflejo tocaba el cristal como yo lo hacía, como si pudiera traspasar al otro lado naturalmente y pudiera entrar a un mundo diferente. En ese momento, entre mi soledad, entre el silencio, fue inevitable para mí no pesar de nuevo en lo que me había dicho Nico; pensar en la soledad que se mostraba a veces en sus ojos. Fue inevitable para mí que no rememorara el pasado; aquel día lejano de tormenta donde vi a Nozomi comportarse de una forma extraña y angustiante. No pude evitar recordar cómo me sentí en ese momento; devastada e insignificante. Pensé en las palabras que una vez resonaron de la voz de la doctora Nishikino; aquellas palabras que se habían grabado en mi memoria como si fueran metal caliente: «Espero que soportes no llorar». Estar en esa oficina sólo me hacía sentir más presionada a recordar.

Pero esos pensamientos desaparecieron cuando a mi silueta que se difuminaba contra el cristal, se le unió una nueva: La de la doctora Nishikino.

—¿Ayase-san? —Sus ojos, vistos desde el reflejo, parecían calmados y tranquilos. Al verla, no pude evitar sentir un extraño vacío dentro de mí— ¿Estás tú sola aquí? —La mujer comenzó a caminar hacia donde yo estaba. Fue entonces cuando le di la cara y vi su sonrisa que, al instante, causó que mi corazón se acelerará y un sentimiento brotará dentro de mi pecho; como fuego que me consumía la piel—. ¿Ayase-san? ¿Porque tienes esa mirada? ¿Estás bien? —No sabía qué contestar, pero sabía que tenía que decir algo, lo que fuera, porque no soportaba el dolor que me causaba mi acelerado corazón, o la forma en la que me veía, o como sus palabras se repetían incesantemente dentro de mi cabeza.

—Lo estoy —musité y, despacio, rodeé el escritorio de la oficina, tratando de no ver a la doctora a los ojos, simplemente viendo cabizbaja mis pies y como, paso a paso, iba hacia ningún lugar—. Nozomi… —Su nombre salió de mi boca suavemente, aunque me causó cierta melancolía en mi corazón—. ¿Ella está bien? —Terminé por decir; un poco turbada por la pregunta.

—Lo está —Contestó la mujer sin más—. Ella está durmiendo en su habitación —Tan rápido como llegó, una media sonrisa se esbozó en mis labios y desapareció de la misma forma. Eso me quitaba un sentimiento fuerte que carcomía mis pensamientos; lo agradecía.

—¿Así que tiene su propia habitación aquí? —Sentí como mis labios se curvaban una vez más—. Ya no me sorprenden las cosas que no conozco de ella —Musité para mis adentros, pero lo suficientemente fuerte para que la doctora me escuchara—. Aunque supongo que eso ya no importa, ¿verdad? —Levantó la mirada y por fin me encontré con esos cautivantes ojos; color de las amatistas—. Son tantas las cosas que no sé de ella, que ya ni siquiera puedo sorprenderme; ya ni siquiera sé cómo actuar. Cada vez son más las cosas que se amontonan en los misterios que guarda Nozomi. Debe ser pesado para ella.

La mujer se quedó mirando mi rostro por un largo rato. Era como si de nuevo el tiempo se hubiera detenido. Sus ojos desprendían un brillo incierto, y la sonrisa que me esbozaba permanecía siempre en su rostro, más sentía que forzaba mucho el hecho de que permaneciera ahí; de la misma forma que yo lo hacía.

Probablemente, sin soportar más el hecho de que me viera a los ojos, ella desvió la mirada hacia su escritorio, justo como yo había hecho antes.

—Parece que pasó mucho desde la última vez que nos vimos, ¿verdad, Ayase-san? —Caminé por la oficina, sin prestar verdadera atención a lo que decía, ya que, por alguna razón, presentía lo que quería decir—. Si no me equivoco, la última vez que te vi fue cuando salieron de viaje a Kioto por vacaciones —una suave risa salió de sus labios y resonó como si acariciara el viento—. Dime, Ayase-san, ¿te divertiste en tus vacaciones de verano junto a Nozomi? —La miré detenidamente, tratando de descifrar sus intenciones—. Me gustaría escuchar un poco de su viaje, ya que mi hija… bueno, Maki no es muy platicadora que digamos. Apenas si me quiso hablar un poco del viaje. Siendo sincera, me gustaría escuchar un poco al respecto. Espero que todas se hayan divertido.

Pensé en lo que diría y en las palabras de Tomoyo-san. Un vago recuerdo de antes del viaje regresó a mi cabeza. Ella me había dicho algo parecido antes de partir hacia Kioto. Me dijo que estuviera a lado de Nozomi, que no me separara de ella; que estuviera a su lado todo el tiempo necesario. Mi corazón comenzó a latir fuerte. Hubiera jurado que, incluso, mi latir se escuchaba en toda la oficina y que Tomoyo-san se había percatado de ello.

—Fue… —Intenté que mi voz no se quebrara. No sabía lo que pretendía esa mujer, no sabía nada de lo que pasaba en ese momento entre nosotras—. Fue divertido.

—¿Solo eso? —La mujer, más tranquila, se sentó en la silla frente a su escritorio y, amablemente, me invito a que me sentara frente—. Vamos, no quiero pasar por esto otra vez. Que Maki me contará, aunque sea un poco, me llevó horas. Sé que tú no eres igual que ella, Ayase-san. Vamos, ¿puede contarme más detalles?

—Lo siento, no sé a lo que se refiere con eso.

—Es sencillo, solo quiero saber si se divirtieron. Escuche por Michiru-san que hubo un hermoso festival y que, como cada año —Sus palabras me dejaron congelada— Nozomi participó en la danza Kagura —Lanzó un suspiro genuino—. Me hubiera encantado verla otra vez —Su mirada se perdió en la nada—. La última vez que la vi, cometió un pequeño error y…

—Se cayó en el escenario… —Terminé por decir—. Ya había escuchado esa historia.

—¿En serio? —La mujer preguntó con lo que parecía ser genuina sorpresa—. ¿Te lo dijo Nozomi? —Negué con la cabeza—. Oh, hubiera jurado había sido ella.

—Me lo dijo… —Dude en contestar. Simplemente me limite a mirar las reacciones en el rostro de Tomoyo-san—. ¿Puedo preguntarle algo, Nishikino-san?

—Adelante… —La mujer me esbozó una sonrisa—. Creo que no es justo que solo yo te esté molestando con preguntas que pueden parecer incómodas, ¿verdad?

—¿Por qué hace todo esto? —La miré fijamente, sin perderme cada reacción en su rostro—. ¿Qué pretende al preguntarme acerca del viaje? ¿Qué es lo que quiere que le diga?

—Estas siendo muy brusca con tus palabras, Ayase-san —Me sobresalte al escuchar su respuesta—. Oh, no te preocupes, no me molesta que preguntes. Es solo que… Sentí que estabas muy a la defensiva conmigo. No te preocupes, no tengo ninguna intención oculta. De verdad… —La miré a los ojos, parecía hablar en serio— me gustaría saber acerca de sus vacaciones, nada más. Ya que Nozomi está involucrada también, solo quería saber cómo se la pasó en esos días a tu lado.

—Entonces, ¿por qué tan de repente? —La miré con duda—. Acaso tiene que ver con…

—Una cosa a la vez, Ayase-san… —la mujer liberó un suspiro y apretó tranquila los párpados—. Ya veo que no te puedo persuadir con nada. Perdón por comportarme de esta forma tan inmadura y acosarte con preguntas sin sentido.

—No creo que no tengan sentido —Era cierto que hasta hace un momento me sentía muy a la defensiva con ella, pero, al escuchar sus palabras y percibir ese tono de sinceridad en ellas, me sentí un poco más tranquila—. Es solo que me causa un poco de angustia el hecho de que hable muy tranquila de eso mientras que Nozomi está ahora enferma.

—Tienes razón. De verdad lo siento —La mujer desvió la mirada—. Es solo que, si no hablo contigo ahora que tengo oportunidad, no sé cuándo podré volver a hacerlo. Ahora mismo estoy muy ocupada atendiendo al hospital como para preocuparme por otra cosa. Pero, para serte sincera, el día de hoy, cuando te vi me llevé una agradable sorpresa —Mi corazón comenzó a latir con fuerza al escuchar sus palabras; sin duda, esa mujer tenía algo que me hacía sentir extraña conmigo misma, como si mis sentimientos chocarán los unos con los otros—. Al verte, pensé inmediatamente que quería hablar contigo de muchísimas cosas. Me sentí un poco tranquila también de que tú fueras la que acompañaba a Nozomi —La mujer me esbozó una amable sonrisa, dejándome aturdida momentáneamente—. Hablando con toda franqueza, quería saber lo que descubriste en Kioto, y si seguiste mi consejo de permanecer a lado de Nozomi en todo momento —Dijo sin más, mientras la sonrisa de sus labios se esbozaba más grande; o al menos así me lo pareció.

Sin saber que contestar, sin saber cómo seguir mirándola a los ojos, simplemente agaché la cabeza y sentí como sus palabras escalaban dentro de mí. Ahora no sabía qué decir, y no sabía si contarle todo lo que pasé a lado de Nozomi, ya que esos momentos a su lado los apreciaba tanto como para contárselos a ella. Pero su mirada parecía suplicante, y casi parecía que, aunque no le hubiera dicho nada, ya supiera lo que iba a decir.

—No tienes que decirme si no quieres, Eli-san —No sé si fue por la forma en la que había dicho mi nombre, o al sentir ese sentimiento perdido en sus palabras. Lo único que supe fue que, al volverla a ver a los ojos, y percibir ese sentimiento en sus pupilas, me sentí un poco menos tensa a su lado.

—Yo… —Mis labios temblaban. De verdad sentía algo dentro de mi pecho que quería explotar y ese dolor llegaba hasta mi garganta, como si me ahogara por dentro—. Yo estuve la mayoría del tiempo con Nozomi… —Musité, como si la doctora no estuviera frente a mí—. Cada momento que pasé a su lado, fue divertido —Sin esperarlo, sentí como una suave sonrisa se esbozaba en mi rostro—. Compartí muchos lindos recuerdos a su lado… —La doctora también sonrió—. Me divertí mucho porque estaba con ella.

—¿De verdad? Me alegra escuchar eso.

—Como usted dijo, la mayor parte del tiempo estuvimos juntas. Pero no lo hice por seguir su consejo, lo hice porque quería estar con Nozomi en todo momento. Porque el solo hecho de estar con ella me hacía sentir tranquila —Era inevitable no sonreír al decir eso y rememorar los momentos a su lado. Sin embargo, esa sonrisa desapareció de pronto la recordar…—. Aunque realmente, no estuve con ella todos los días —La mujer me miró atenta y me dejo continuar sin decir ni una palabra—. Un día ella salió temprano y ahí fue que…

—¿La conociste? —Musitó de pronto, y yo, sabiendo lo que diría, simplemente asentí con la cabeza.

—Sí, ella me llevó a conocer a su abuela —Trate de sonreír de nuevo, pero el sentimiento dentro de mí era muy diferente al que sentía momentos atrás—. Ella me contó algunas cosas de Nozomi, como de las veces que iba de vacaciones y de cómo, cada año, participaba en la danza Kagura del festival. La conocí el mismo día en el que Nozomi desapareció. Fuimos al templo local porque ella había olvidado a Homura-chan.

—¿Homura-chan? —La mujer me vio con un asombro momentáneo—. ¡Oh! Su muñeco, ¿verdad? —La miré con sospecha—. No entiendo como Michiru sigue soportando que Nozomi diga eso.

—¿Pasa algo? —Me atreví a preguntar. Al ver la mirada de la mujer, no pude evitar sentirme insegura.

—Oh, no. Nada, nada. Olvida lo que dije —Tomoyo-san, muy mal, trató de desviar de nuevo la conversación. No sabía si lo hacía a propósito o no.

Alerta por la forma en la que había reaccionado de repente, miré a la doctora con intriga. Parecía un poco nerviosa, quizás porque había dicho algo que no debía. O quizás solo quería aparentar ese sentimiento frente a mí.

—¿Ayase-san, te puedo preguntar una última cosa? —La miré atenta—. Nozomi no tenía ese muñeco cuando llegó al hospital.

—¿No lo traía? —Traté de recordar si lo que decía era cierto—. Es imposible, Nozomi siempre carga a Homura con ella. No puede no traerlo —Dije mirándola con sospecha—. Quizás se quedó en el auto.

—Imposible, revisamos ahí y… —Se detuvo de pronto, esta vez sí parecía que había dicho algo de más.

—¿Pasa algo, Tomoyo-san? —Nerviosa, como nunca antes la había visto, la doctora miró hacia todos lados, como si se debatiera entre seguir hablando o no—. ¿Por qué tan repentinamente habla de…?

—¿Ayase-san? —No pude evitar sentirme desconcertada por su extraña actitud, y en cómo la conversación se había vuelto turbia e irrelevante—. ¿De casualidad has vuelto a ver ese muñeco últimamente? —No sabía a lo que se refería. No tenía idea del porqué, después de tanto insistir con que le contará acerca de nuestras vacaciones, las cosas habían dado ese giro inesperado—. ¿La has visto con él últimamente? —Trate de recordar, pero no tenía idea de lo que pensar.

—No lo sé… —Contesté simplemente, y es que de verdad no podía recordar a Nozomi con su muñeco últimamente ya que había estado muy ocupada con las elecciones del consejo estudiantil como para concentrarme en eso—. Quiero pensar que ella lo tiene consigo. ¿Quizás en su mochila? Ella siempre lo saca de la nada así que… —Miré a la doctora a los ojos—. Esto ya no es una simple conversación irrelevante, ¿verdad? —Tomoyo-san, indecisa en si contestar o no, se llevó las manos frente a sus ojos y ocultó su mirada de la mía.

—Busqué en su mochila y no está ahí —La voz de la mujer comenzó a sentirse oscura en el aire; como algo que no debería de haber escuchado—. La revisé por su resfriado, así que sé que no lo trae con ella.

—Que importa —Traté de quitarle importancia, pero ni yo misma podía olvidar el comportamiento de la doctora al hablar de un simple muñeco que siempre acompañaba a Nozomi—. Estará en su casa, a veces lo olvida en lugares que ni yo puedo imaginar…

—¿Lo olvida? —La doctora me volvió mirar a los ojos—. ¿Tú has estado con ella cuando eso pasa? —Traté de pensar en eso.

—Claro… No siempre tiene que estar pegada a esa cosa. Incluso, el hecho de conocer a su abuela en las vacaciones de verano fue porque ella olvidó a Homura en el templo local… Ahí…

—¿Y no has notado nada? —Se apresuró decir la doctora.

—No… —Conteste rápidamente, aún insegura de lo que decía—. ¿Qué está pasando? ¿Por qué tan repentinamente quiere…?

—Ayase-san… —Mis palabras se cortaron cuando la voz suave de la doctora me interrumpió— Quiero pedirte un favor…

No sabía a qué venía ese extraño y repentino comportamiento en ella. Comencé a sentirme insegura y angustiada al escuchar y ver la forma en la que se comportaba. No tenía ni idea de lo que estaba a punto de comenzar. Tenía un poco de miedo por el hecho de que, repentinamente, una cosa irrelevante saliera con preocupación de los labios de esa mujer.

—Será mejor que, por hoy, vuelvas a casa —Comenzó a hablar con una voz suave pero que, sin duda, estaba llena de sentimientos extraños y distantes—. Cuidare a Nozomi personalmente esta noche. Llamaré a su madre y le diré…

Hizo una pausa, una pausa que pareció eterna. Sus ojos me miraban fijamente y sus labios temblaban. Por primera vez supe cómo era el rostro preocupado de Tomoyo-san; vi verdadera incertidumbre en ella. Para mí fue inevitable no pensar en el día en el que conversamos en su auto, y sus palabras, suaves y dolorosas, me causaron una profunda angustia y dolor: «Espero que soportes no llorar».

—Le diré que mañana iras a recoger el muñeco de Nozomi por la mañana —Sus palabras me causaron un repentino estremecimiento. No sabía que sentía en ese momento ¿Angustia? ¿Miedo? ¿Qué se supone que debería de haber sentido en un momento así, donde la conversación se había tornado de esa forma?

—Espere —La mire sin saber que decir, sin saber siquiera como mis palabras salían de mi boca—. ¿A qué se refiere con eso? —La mujer no contestó—. ¿Qué tiene que ver…?

—Ayase… —La doctora, con una sonrisa afable en sus labios, se levantó de su asiento y se acercó hacia mí. Paso a paso, con una lentitud que me hacía sentir enferma—. ¿Harías esto por mí? —La miré con sorpresa—. Sé que te estoy pidiendo demasiado. Pero, por favor, trae al muñeco después de clases; su madre no lo hará —Sus palabras comenzaron a temblar, como si dudara—. Creo que es momento de que hablemos…

—¿Hablar? —Comencé a sentirme insegura. Mi corazón dolía dentro de mi pecho. Tenía miedo al sentir un sentimiento mayor que la propia angustia recorrer cada parte de mi cuerpo.

—Escúchame, Eli-san. De verdad, de verdad yo confió en ti más de lo que te puedes imaginar… —Sus ojos brillaban cristalinos como si estuviera a punto de romper en llanto—. Sé que este es un peso muy grande con el que te estoy haciendo cargar. Pero escúchame… —La mujer intentó, más no consiguió, volver a sonreír—. Nozomi ya no confía en nadie que no seas tú —Sus palabras me dejaron aturdida, paralizada, incluso sentí como mi corazón se detenía momentáneamente—. Tú eres la única persona a la que escuchara a pesar de todo lo que pase dentro de su cabeza. Cuando llegue el momento, será tu voz la que la pueda calmar, no la de nadie más. Aun eres muy joven, y sé que quizás te sientas presionada por esto, pero… —Los ojos de la mujer me dejaron hipnotizada, era sincera con lo que decía—, te has convertido en alguien especial para Nozomi; alguien con quien puede contar —Aquella confianza depositada en mí, solo me hizo pensar en lo que me dijo Nico en la azotea. Ella también me dijo que confiaba en mí, pero no sabía porque ambas lo hacían.

—¿Usted… —Mis palabras salieron mecánicas de mi boca, distantes, como si no fuera yo la que las pronunciará— me dirá lo que le pasa? —Una mueca torcida apareció en sus labios. Aun indecisa, asistió con la cabeza.

—Sé que te dije que no te diría nada acerca de ella… —La mujer retrocedió y, con sus ojos encendidos con ese extraño sentimiento, miró su reflejo en la ventana—. Pero ya no sé cómo puedo ayudarla si no ere tú la que lo hace —Su reflejo en la ventana me vio de reojo, y, suavemente, esbozó una sonrisa—. Solo quiero que tengas clara una cosa cuando escuches acerca de su pasado, Eli-san —La mujer tomó un profundo suspiro. Sus hombros se levantaron y bajaron con calma; como una ola de mar rompiendo en una lejana costa—. El hecho de que los incidentes que componen su vida en un principio parezcan extraños y muy complejos, sólo se ven así por la suma de un puñado de coincidencias. Y cuando estas son reveladas una por una, siempre resulta ser una historia bastante aburrida.

Sus misteriosas palabras hicieron eco dentro de mi cabeza. No sabía a lo que se refería; nos sabía cómo reaccionar. Lo único que podía hacer, era ver el reflejo de la doctora contra el cristal; ver esa misteriosa y melancólica mirada que pensaba en el pasado.


En fin, espero que les haya gustado, y, como notaron en los últimos párrafos de esta historia, el personaje faltante no era nada más ni nada menos que Homura, la bola de felpa entrometida jajaja. ¿qué creen que pase a continuación? Ahora que la doctora está dispuesta a hablar con Eli, ¿que se esperan que le diga? ¿Qué tiene que ver Homura en todo esto? Algunos ya lo dijeron hace mucho en los comentarios, que Homura tenía gran importancia en la historia. ¿Como ayudara de ahora en adelante a Nico a Eli, ya que por fin le contó los problemas que tiene guardados para ella? ¿Cómo se encontrará Nozomi? No se preocupen, ella está bien de momento... solo esperen un par de capítulos jejeje

Bueno, este es otro de los grandes misterios de la serie, que poco a poco se va ir solucionando entre este y el siguiente capítulo. De hecho, en este se tenia que solucionar todo pero se alargó demasiado y tuve que, incluso, cambiarle el titulo; ya se imaginaran como se iba a llamar Pero, así me da tiempo para darle algunas pistas para que no piense que el asuntos de Homura esta fuera de lugar. Si tiene tiempo, les recomiendo que vayan a ciertas partes de la historia para que se den cuenta de que la verdad estaba oculta frente a sus ojos todo el tiempo. La primera pista está en el capítulo del parque de diversiones (si, tan atrás). La segunda está en la pelea; aunque esta se nota menos. la tercera esta en al confesión del templo, y, justo después de ese capitulo esta otra. La quinta esta en la piscina; aunque esta es mas implícita. Y, la mas importante y de verdad agradecería que lean si pueden, esta en el capitulo de las vacaciones, en la parte del observatorio. Y obviamente, la última esta escondía en el capitulo antes de el festival escolar y durante el festival (en la parte de Nozomi es mas visible). Quizás se me pase alguna pista, pero esos son básicamente las importantes. Por cierto, quiero hacer mención honorifica a Robin Schultz por casi acertar el papel que tendrá Homura en los siguientes capítulos.

De verdad, les agradezco como no tiene idea que sigan leyendo esta historia. No haya palabras de disculpa que valgan por tardarme tanto en escribir estos capítulos, de verdad siento ir tan lento. De verdad les agradezco que me tengan paciencia y, si quieren saber cuando se actualiza esta y mis demás historias, les recomiendo que me signa en Facebook: Biso47 Fiction

Shana Hadadgali: Es un honor tenerte de vuelta, muchas gracias por Tu review. No te preocupes por Nozomi, no es para nada tan grave, ya vez que solo tenia una simple gripa; aunque las enfermedades en Nozomi actuan muy diferente de lo que pensamos, así que quizás no sea muy bueno que cantes victoria jejeje, y bueno, casi premeditado, la mamá de Maki si le va a contar a Eli al verdad. Gracias por tu Review y por tu apoyo constante. Cuídate mucho.

Naoko Fujisaki: Te agradezco mucho mas a ti por tus palabras, son estas las que hacen que me esfuerce al máximo por seguir escribiendo; aunque se escuche cursi y poco creíble, de verdad, si no fueran por sus reviews, yo ya estaría en al calle de la amargura. Que bueno que te sigue gustando al historia y que te despierta en ti sentimientos encontrados, agradezco tus palabras. Muchas gracias y cuídate mucho, ponte suéter.

Silent Drago: Espero que estés muy bien. Y pues sí, Nozomi se comporta como alguien de su edad, y si, concuerdo contigo al decir que no lo hace por maldad, es solo que así se creo su personalidad... Creo que dije algo de más... Por cierto, me gusto que muchos hayan pensado en una enfermedad trágica para Nozomi, cuando la verdad fue una simple gripa por esforzarse demasiado; se nota que ya no los puedo sorprender con nada jajaja. En fin te mando un saludo y cuídate mucho.

ARAMARU-CHAN 26: DE verdad, a mi me sabe mal que digas que tardas mucho en leer, cuando a mi parecer es un gusto cada que veo una review tuya, ya sea al momento o mucho después; no te preocupes, tomate el tiempo necesario, yo te agradeceré siempre por tu tiempo. Me gusto eso de la enfermedad de Nozomi, auqnue, como dijo la doctora al final de este capitulo; "cuando reunamos todas las coincidencias que envuelven a Nozomi, va a resultar ser una historia demasiado aburrida". Y bueno, me agrada leer que te inventes muchas posibles teorías. Respondiendo a tu peguntar acerca de lo que el paso el capitulo pasado a Nozomi, pues tuviste razón, se esforzó demasiado y cayo enferma; todo por ver a su Elichi feliz. También me gusto lo que dijiste de que Nozomi era una caprichosa hormonal, jajaja, eso solo muestra cuanto quiere a Eli; auqneu suele ser muy obsesiva al parecer. Y, finalmente, si creías que la personaje faltante era la mamá de Nico, pues no, era la bola de felpa de Homura, pobre, nadie se acordó de ella, me hizo sentir pena. Y no la odies tanto, ella solo quiere lo mejor para su hija... Espera un segundo, si Nozomi no es su hija, y descuida a su hija, o hijas, verdaderas, creo que si es un poco mala. Pero en el siguiente capítulo quizás te caiga mejor... o no. Bueno, en fin, cuídate mucho y descansa. Ponte suéter y no te enfermes como Nozomi.

Robin Schultz: Espero que estés muy bien, y que bueno que ten gustó el capítulo anterior. Y, la verdad, ya extrañaba las cachetadas a las protagonistas; pobre Nozomi, su único mal fue ser tierna y berrinchuda... aunque yo creo que tampoco va a terminar bien. Pero no te preocupes, que yo me encargo de que todo termine bien... Aunque las cosas que leo nunca lo hacen, así que estoy en un dilema. Y bueno, no olvides la conversación de Nico y Nozomi, es importante y en este capitulo los sentimientos de Nico se revelaron por fin, y casí, casí la razón del porque ayuda tanto a Nozomi. Ohhh y también me gustó al parte en el que Nozomi defiende a Eli a su manera, aunque le terminaron diciendo idiota jajaja. Espero que estés muy bine, cuídate mucho, usa suéter y esperare tus memes en Facebook

jaydisita.8709: owowowow que bueno que estés de regreso, se te extrañaba muchísimo; no creas que me olvido de ti y de todo el apoyo que me diste en su momento; que bueno que te tenemos de nuevo leyendo Linda Locura, espero y te siga gustando. Gracias a ti por regalarme algo de tu tiempo, y te agradezco que digas que es una bella historia. También me alegra leer que te gustan los extras; creo que son una buena forma de quitarle un poco de tensión al drama y eso es bueno. De verdad agradezco que sigas leyendo y muchas gracias. Cuídate mucho y ponte suéter también, que no queremos mas resfriado .

Sin Más, Muchas Gracias pro leer y por sus amables Reviews. Nos leemos luego.