Los personajes son propiedad de J.K Rowling yo sólo juego con ellos.

Este one shot participa en el Reto #24: "Día de los enamorados del foro "Hogwarts a través de los años".


La tormenta perfecta


La mullida cama bajo mis piernas me hunde a la par de los remordimientos acumulados por años, y mis latidos disparados hacen eco en el reloj de pulso que me atrevo a mirar de vez en vez, ignorando el hecho que ha sido un regalo por parte de Ronald.

Arrugo la nariz, contrariada por la falta de respeto de mi cita al no cumplir el horario definido. Tal vez es culpa mía llegar quince minutos antes de lo acordado, pero las viejas costumbres son difíciles de romper y siempre estoy apresurando a lo que va a venir, o tal vez es mi anhelo por pasar más tiempo con él. No lo sé.

Mi cabello alborotado cae sobre uno de mis hombros cubriendo parcialmente el traje de enfermera que osé comprar en una tienda muggle a escondidas de Ron, ha sido una verdadera tortura mantenerlo oculto de sus ojos curiosos y mi escritorio en el Ministerio es la mejor versión de privacidad que mi aventura me brinda.

La presión de lo incorrecto se acumula en nudos martirizando mis hombros, me recuerda dolorosamente el pecado que estoy a punto de cometer. Sin darle importancia al dolor muevo mi cabeza en círculos para liberar la angustia arremolinándose en mi cuello. En el acto, diviso uno de los espejos del techo y las inseguridades que trato de mantener ocultas se asoman por el reflejo, burlándose de mí de una manera ruin.

Sacudo mis rizos imposibles de adecentar. Sin hallar mayor ocupación decido caminar alrededor de lugar, la habitación ha sido escogida por él, varios espejos a su alrededor, una cama de tamaño descomunal y una mesa son el escaso, pero suficiente mobiliario para el lugar.

Me parece extrañamente curioso ya que nunca nos vemos en sitios muggles y mucho menos en fechas como esta; los pétalos esparcidos en el suelo delicadamente forman varios corazones y la canasta rebosante de chocolates, dulces y un oso de felpa grita San Valentín por todas partes.

¿Qué estoy haciendo? Me pregunto al tiempo que salgo disparada como un rayo por mi abrigo y mi bolso en pos de huir de allí. Mi esposo me espera para una velada romántica y sólo Merlin sabe cuanto arriesgo todo por el placer de mi cuerpo.

No bien mi mano se aferra a la manija de acero cuando ésta se gira por un accionar externo. La puerta se abre y ni siquiera tengo que verlo para saber quién es; un par de centímetros por encima de mi asustado rostro veo el gesto de Malfoy sonriendo de lascividad. Su olor llega a mi tan pronto atraviesa el umbral y las rodillas se me vuelven algodón cuando en menos de un paso esta apoderandose de mi cintura. Su aliento sobre mi cuello estremece toda mi humanidad mientras la humedad de mi entrepierna no se hace esperar.

No entiendo cuando el juego se convirtió en adicción y la ansiedad corroe como el óxido mi cuerpo por la urgencia de verlo. Sé que lo mismo le pasa a él aunque prefiera tomar veneno de basilisco antes de aceptarlo.

Su lengua invade mi boca explorándola de una manera tan diferente a mi esposo, siento el calor de su cuerpo a través del traje oscuro y su mano se enreda entre mis cabellos sujetándome sin darme libertad; como si la quisiera, como si tuviera la fuerza para irme de ahí. Con él presente, mi voluntad se oculta tras grandes nubarrones negros, tan oscuros como el mal que le hacemos cada uno a nuestros dueños.

Saboreo sin prisa el beso hasta ser detenida por Draco, no sin antes morder mi labio inferior con una posesividad que me desborda, busca llevarse una parte de mi sin ser consciente que prácticamente lo tiene todo: mi tiempo, mi energía y mi cordura. Es entonces cuando me fundo en sus ojos de litio y una sonrisa de sorna adorna su rostro, en otro tiempo el gesto me hubiera resultado ofensivo, ahora es simplemente una provocación a mi deseo.

—¿Ibas a salir en mí búsqueda? Granger —pregunta, arrastrando las palabras de esa manera tan suya, tan nuestra.

Me rio sin ganas, disimulando al límite mi trémulo pulso al escuchar mi apellido de sus labios, no lo siento informal, lo veo más como un desafío porque ahora soy una Weasley, ambos lo ignoramos con cinismo, él jamás me llamaría de esa manera, y yo lo prefiero así.

—Seguro Malfoy, iba a salir corriendo para gritar tu nombre por todo Londres —contesto con sarcasmo, sin quitar mi mirada desafiante de sus ojos libidinosos—, la gente seguro entendería que es una emergencia si me ve vestida así.

Dejo que mi gabán se deslice hasta la alfombra y su mirada destila placer ante mi diminuto disfraz; es ajustado de una manera insolente, y tan corto que a duras penas cubre la mitad de mi trasero. Veo su lengua pasearse por los labios, descubriendo a la vez su manzana de Adán pasando saliva, mi ego se infla de una manera desmesurada porque su condenado gesto me reconforta. Mi amante me hace sentir más segura que mi esposo y lo odio por eso.

—Pues has encontrado al hombre más enfermo de Londres —bromea con tono profundo, seguido de una súplica—. Enfermera, necesito de toda su atención.

Palmea mi trasero con un golpe justo y sin dolor, sin esperarlo mi garganta exhala un sonido ronco nacido del condenado deseo que extingue mis noches y despilfarra mis días. El peligro atrae de una manera hipnótica, seduce hasta el delirio la maldad de cada acto y nos lleva a ser dolorosamente descuidados en cada ocasión.

Su voz se estrella sinuosa en mis oídos susurrándome un rosario de palabras incorrectas que cubren mi mente con una lluvia de malas intenciones. Me toma de las nalgas y en el acto abro las piernas aferrándome a su cadera con la seguridad de no dejarme caer. Siento la grandeza de su intimidad, es dura y fuerte como la travesura que cometemos cada vez que encontramos la ocasión.

Su boca cubre la mía y me conduce con suavidad hasta la cama glaseada con pétalos rojos. Caigo de espaldas amortiguada por el colchón y sus manos expertas en los montículos de mi cuerpo deslizan a través de mis pantorrillas la diminuta prenda interior. Con descaro abro un espacio entre mis piernas, de forma provocativa dejando mi centro expuesto a las maravillas que sabe hacer con su boca.

Mi cabello se revuelve entre los pétalos así como veo su cabeza perderse entre mis muslos. La sensación es inefable. Me confunde la certeza que el cielo no está lleno de personas como nosotros, sin embargo ante la levedad de mi alma prefiero irme al infierno de esta manera, si bien la culpa me calcina las entrañas sería una mentirosa si negara que sólo lo quiero a él entrando y saliendo rítmicamente de mí.

De vez en cuando me permito mirarlo y me sorprendo con sus ojos abarcándome para estudiar mis reacciones, en esos momentos no puedo definir con claridad quién disfruta más. Su lengua se mueve sin tregua de polo a polo en mi intimidad y siento sus manos ascender hasta ubicar el cierre del disfraz entre mis senos, no entiendo como disfruta esta clase de fantasías cuando siempre busca deshacerse con prontitud de mi ropa, los roles nunca son los mismos, así como nosotros somos diferentes cuando estamos juntos. De seguro es nuestra forma de ocultarnos, de mentirnos y disimular nuestro desliz, convenciéndonos que son otros los que engañan a sus respectivas parejas.

Mi vestido se abre como un cielo ante el sol y ahora mis senos son bendecidos con la atención de sus labios, su presión es suave y exacta. Yo, aprovecho su cercanía para librarme de su costosa chaqueta y los botones son un mínimo obstáculo en el proceso de eliminar su camisa. Me gusta sentir el roce de su piel y la tibieza arde con la lava de mi pecho, mi naturaleza se ablanda de placer ante el más sencillo toque de su dermis.

Un suspiro sobre mi oído me avisa de una orden: —Date la vuelta Granger.

Lo obedezco abnegada. Giro mi cuerpo desnudo pegando el pecho a la cama y elevo mis caderas para él. La vergüenza siempre queda en el pasado cuando su voz demandante exige mi cuerpo, es al único hombre que he permitido y permitiré haga de mí a su antojo. Escucho el sonido de su cinturón caer con peso al suelo y supongo que está desnudo.

Poso la quijada sobre mis manos obligándome a ver un espejo de frente, el cual es una completa fortuna para mis ojos: las formas de su anatomía se reflejan con claridad en el cristal, veo su expresión perdida entre mis piernas y la soberbia lo abandona por completo cuando permite a su miembro introducirse lento entre mi intimidad. Es un placer culposo el cual me desboco a disfrutar, sus embestidas son rítmicas y sus manos aferrándose a mi cadera me indican que esto es real, mi cuerpo se mueve a su cadencia y sus ojos se conectan con los míos viéndose descubierto en el reflejo, no se avergüenza, no se detiene, al contrario es un incentivo para continuar. Su rostro es una mezcla de salvajismo y sumisión. Algo dentro de mí dice que esto sólo lo permite conmigo, y quiero creerlo así, no puedo imaginarlo haciendo lo mismo con Astoria.

El sonido de los cuerpos chocando se ahogan por los jadeos, suspiros y frases que piden más. Lo siento próximo a su cumbre, lo veo en su gesto agotado y sus músculos marcados por el esfuerzo, sus dedos se escurren como lombrices en mi centro de placer, no quiere dejarme en el camino y lo agradezco con mi alma al igual que reconozco cada instante que dedica a pasar conmigo. Mis canales se contraen apresando su miembro y mi espalda se arquea por el relámpago de placer que me atraviesa. Casi al tiempo su explosión me inunda en satisfacción mutua.

Caemos extenuados, y nos aovillamos por unos momentos, esos instantes en los que parecemos tener toda una vida por delante y nada detrás de estas paredes importa más que escuchar el latir desbocado en el pecho del otro, y nos hacemos promesas que jamás llegaremos a cumplir aunque estuviéramos al borde de la muerte: porque yo no tengo la valentía suficiente, ni él la dosis justa de determinación para desatar la tormenta de mierda que ello formaría.

Nos vestimos sin prisa, sin cruzar palabra, aunque con una que otra mirada cómplice. Extrañare el sonido de su respiración, lo embriagante de su fragancia y esas palabras sucias que en mi acompañada soledad me ayudan a aguardar un nuevo encuentro.

—¿A dónde vas tan elegante? —indago, a sabiendas que no me gustara su respuesta.

—Tengo una cita con Astoria —contesta secamente, puliendo su cabello frente uno de los espejos —¿Por qué no te vas vestida de enfermera?

—No, será una sorpresa para Ronald esta noche —le respondo de manera cortante.

Mi respuesta lastima al igual que la suya, nos hacemos daño de todas las maneras posibles opacando con ello los sentimientos que no sabemos decir, como tontos tapamos el sol con un dedo ignorando como nos incineramos en el proceso.

La habitación se cubre por un silencio incomodo, volvemos a ser los enemigos de siempre quienes únicamente se reconcilian entre sábanas. Me dedico unos minutos a arreglar el maquillaje disperso por el sudor, cuando me veo arrasada por una fuerza sobrehumana que me gira sobre mi propio eje, Draco me atrapa entre sus brazos al tiempo que su boca es un cenagal de desesperación, siento un beso triste, ansioso tal y como si fuera el ultimo. No me gusta su sensación pero lo correspondo porque tampoco sé cuándo se acabe mi última dosis de valor y decida no volver a verlo.

Odio pensar en eso.

Me desenredo de sus labios y permanezco hundida entre su cuello, deslizo un par de besos en el mismo y con fuerza succiono una zona de su piel por debajo del delicado cuello de su camisa negra. Una marca rojiza se esconde victoriosa.

Él es mío aunque sea de otra.

Tomo la ventaja para salir de la habitación y en el primer cubo de basura encontrado en mi camino arrojo el disfraz.

Aparezco en nuestra casa muy cerca de la madriguera, tomo un baño con agua caliente y siento lástima al borrar el paso de Malfoy por mi cuerpo. Jugueteo con el anillo de bodas que me acompaña hace cinco años, soy una puta aunque no cobre por sexo lo cual me hace la peor puta. Restriego con fuerza mi piel castigándome por engañar a Ronald cada vez que nos acostamos fingiendo disfrutar con él pensando en otro, pero me prometí a mí misma intentarlo y no puedo decepcionarme.

Me visto a toda prisa, sé que Ronald ha preparado esto por meses sólo por mí. Escojo un vestido negro, largo hasta el suelo que se ciñe a mi cuerpo con elegancia y adorno un sutil escote en forma de corazón con un collar de plata. Ser amante de Draco Malfoy me ha hecho ser un poco recelosa en los modelos que uso.

Decido recoger mi cabello en un peinado alto, librando algunos pétalos indiscretos que se aferran a dejarme en evidencia. Por ultimo cubro mis hombros con mi abrigo, nunca se sabe que clima te atrape en el camino.

En lo que tarda en decir Merlin aparezco en el Muelle de Westminster con el tiempo exacto para encontrarme con Ronald esperándome con un ramo de tulipanes entre sus manos, sonrió con nostalgia porque jamás olvida que son mis favoritas.

Me acerco con paso decidido y al fondo tras mi esposo, retumban en el cielo unos cuantos relámpagos plateados rasgando la negrura de la noche. Cuando llego hasta él, la culpa se escabulle entre un beso de saludo y mi mano entrelazada con la suya, no puedo menos que agradecer los elogios que me hace mientras caminamos hacia un crucero ingente, cubierto de luces vibrantes.

Lo mejor de la sociedad mágica se encuentra reunido en esa noche de San Valentín para hacer el recorrido a través del Támesis, es la primera vez que pasamos esta ocasión fuera de casa y es extremadamente refrescante. El movimiento del barco es lento a través de las olas sinuosas del oscuro rio, varias cámaras nos apuntan al tiempo que nos conducimos a través de la cubierta siendo atendidos por algunos elfos vestidos de cupido y ardo de indignación, sin embargo su atención es tan desmedida hacia nosotros que me veo obligada a recibir algunos bocadillos y unas cuantas copas de chardonnay.

Un grupo de reporteros, muy cerca de nosotros, forma un barullo en torno a una pareja difícil de ignorar. El matrimonio Malfoy se roba el espectáculo do quiera que van. Me tomo de un sorbo el vino tragándome el orgullo livianamente afectado por la visión. Astoria, luce despampanante con un vestido dorado y mi boca se intoxica con otra copa de licor al ver la mano de Malfoy reposar sobre la cintura de su esposa, siento las lágrimas venir a mis ojos porque duele verlo feliz con otra.

El licor cumple su efecto y una ola de calor golpea mi cuerpo. Ataviada con el abrigo, Ronald se ofrece galantemente a cargarlo por mí, es la oportunidad de ocultar mi rostro y tragarme el llanto. Soy la esposa de Weasley aquí y hasta que la muerte nos separe.

De repente sus ojos grises se posan en mí, y me lanza una sonrisa de aquellas que desbaratan mi alma. Lo veo deslizar su mirada por mi cuerpo y su mandíbula descolgada me avisa que he hecho un buen trabajo. Por una fracción de segundo siento que todo ha quedado en silencio y únicamente la música del lugar suena para nosotros.

—¿Qué es esto? —interrumpe Ronald, como un trueno en el silencio.

Mis ojos renuentes se desconectan de su mirada glacial, sonrío con amor a Ronald tratando de disimular cualquier indicio que haya dado lugar mi distracción y lo observo jugar con una pequeña caja de terciopelo entre sus dedos.

—No lo sé —respondo de manera inocente y verdadero desinterés.

—Estaba en tu bolsillo —dice ceñudo, desabrochando el cierre del cofre.

Una lluvia de sudor barniza mi cuerpo, llevo puesto el mismo abrigo de esta tarde y la mera posibilidad que algo en esa caja fragmente mi imagen ante Ronald me paraliza. Con un click el estuche se abre, descubriendo un anillo culminado en un diamante colosal que bien podría pagar cinco veces nuestra casa.

Mi rostro desconcertado viaja del asombro al miedo en intervalos regulares, Ronald confuso, molesto y asombrado a partes iguales extrae el condenado anillo que lleva atado a sí una nota en letras escarlata.

—Granger, gracias por ser el mejor revolcón de mi vida.

La tormenta de preguntas no se hace esperar en los labios de mi esposo, pero hay tanto ruido dentro de mi cabeza que no me permite escucharlo. Mis ojos de ciervo asustado se clavan en los de Draco testigo de la escena. Él, cínico en todo su esplendor levanta su copa y puedo leer en sus labios: Salud Granger.

Truenos estallan con Ronald exigiendo una explicación, la vergüenza no me deja mirarlo y algo más llama mi atención. Astoria con los ojos incrustados en Malfoy, dirige sus manos a retirar parte del cuello de su camisa; la marca de mis labios sobre su piel con las horas se ha tornado morada y es evidente su origen.

La veo reclamarle, gritarle y propinarle algunos golpes. Como si lo viviera todo en cámara lenta. Él, hábil y sagaz me mira lleno de interrogantes, y yo sin disimular una sonrisa, pienso satisfecha «Así mi querido Malfoy se desata, la tormenta perfecta»


N/A: Hello lindas

¿Cómo están? Vine con este pequeño One Shot escrito con mucho cariño para todas las personas que me leen, que siguen ahí detrás de sus pantallas ayudándome a aprender y a mejorar y en especial a mi incondicional amiga Nathy Malfoy Granger.

Espero de corazón que les haya gustado y lo hayan disfrutado.

Si les ha gustado no olviden dejar su review.

Un abracito

Sta Granger