Notas de autora a pie de página.

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a CAPCOM Co., Ltd. excepto aquellos inventados por mí. El FANART de la portada tampoco es mío pero debido a que no sé quién es el dibujante no puedo dar los créditos correspondientes. Si alguien sabe, agradecería mucho que me dijese.

ADVERTENCIA POR: Violencia y lenguaje capacitista.


PARTE 1


El sol de verano comenzaba su descenso hacia el crepúsculo cuando quedó oculto casi por completo detrás de la hilera de pinos que rodeaba la cancha. Franziska agradeció internamente a la vez que retiraba la mano de su rostro, la cual hasta el momento había utilizado a modo de visera para poder disfrutar del partido que ya se acercaba a su fin. Éste había sido largo y reñido pero su padre se había lucido, como siempre, y aunque ya era un hombre maduro en comparación con sus compañeros polistas, no mostraba signos de cansancio y su caballo se paseaba grácil en el campo de juego.

La niña se agarró con vehemencia de la barandilla que tenía en frente al ver cómo Manfred von Karma pasaba a toda velocidad a lomos de Schwarz, su caballo favorito, y arremetía contra la pelota la cual dirigió con precisión hacia uno de los jugadores que estaba en su mismo equipo. Franziska sonrió orgullosa al oír como la multitud aglomerada en las gradas –la cual estaba conformada en su totalidad por la clase alta alemana– vitoreaba y aplaudía a su padre.

Él era perfecto en todo. Era la definición más acertada de lo que significaba ser un von Karma.

–Ha sido un pase excelente –observó Miles Edgeworth a su lado, dirigiéndose hacia ella por primera vez durante todo el juego.

La jovencita lo miró por el rabillo del ojo y frunció el ceño. No entendía por qué el tutelado de su padre se empeñaba tanto en seguir a éste en todas sus actividades e imitar todas sus acciones. Franziska lo consideraba molesto, ya que, no sólo pretendía ocupar un puesto que le pertenecía solamente a ella, sino que además al parecer estaba convencido de que podía llegar a ser tan bueno como el Rey de los fiscales.

(No le llegas ni a los talones, estúpido Miles Edgeworth), lo insultó en sus pensamientos mientras se esforzaba en ignorarlo completamente.

El muchacho, que estaba estudiando para fiscal, también jugaba al polo y aunque Franziska tenía que reconocer que se le daba bastante bien, aún le faltaba ese "algo", esa elegancia que solo alguien con sangre von Karma podía tener y siempre que podía se lo echaba en cara: "Jamás cabalgarás tan bien como papa", le decía. "Así no se toma las espuelas, estúpido. Igual, no me extraña; después de todo, no posees alma ecuestre como nosotros".

Se vio obligada a salir del lapsus mental en el que la intervención de Miles la había sumido para regresar a la realidad cuando su padre volvió a pasar cerca de ella. Deseaba con todo su corazón que notase su presencia en la primera fila y le dirigiera una sonrisa de aprobación, pero como en todos los ámbitos de su vida, Manfred estaba demasiado concentrado en ser perfecto y eso no le dejaba tiempo para buscar el rostro emocionado de su hija. Ni siquiera cuando el partido parecía tranquilizarse por momentos y no tenía la pelota en su posesión.

Franziska suspiró: se sentía muy imbécil esperando un saludo de su papa. Tenía once años y ya era hora de que madurase.

–El partido se está alargando demasiado –dijo Miles de repente, y el escuchar su voz nuevamente le crispó los nervios–. Debería de haber terminado hace dos minutos –agregó a la vez que miraba su reloj de pulsera.

-¡Ja! –Franziska se permitió distraer su atención de la cancha para mirar con ojos vivaces al protegido de Manfred– ¿Qué sucede, estúpido Miles Edgeworth? ¿Acaso te preocupa que papa rompa un nuevo record de anotaciones y así te cueste más alcanzarlo? –atacó burlona.

Fue testigo de cómo el joven dejaba de observar el reloj para así voltear su rostro hacia la pequeña. Al principio la miró impasible e inmediatamente después arqueó una ceja. Franziska se puso tensa: el hecho de que él estuviese cada vez más alto y ella igual de bajita no solo alimentaba su ira, sino que le hacía sentir inferior por un motivo u otro. La manera en la que el joven tenía que agachar la cabeza cada vez que le hablaba, no la hacía sentir más que una pulga, la cual no era digna de atención. Y sólo ella sabía lo mucho que aspiraba su atención.

–Lo que me preocupa es que estén intentando alargar el asunto para que el equipo contrario pueda anotar y así tirar abajo el record de partidos ganados de tu padre –el muchacho volvió a fijar sus ojos en el reloj lo cual Franziska tomó como una venganza al desaire que le había hecho anteriormente–. Van tres minutos. Es extraño que nadie se haya dado cuenta.

–Tres minutos en los que papa se ha lucido –dijo apresurada con la intención de alabar las cualidades de su progenitor y a su vez conseguir que Miles Edgeworth volviese a dirigirse hacia ella un poco–. Que lo extiendan un poco más y estoy segura que el gran Manfred von Karma anotará al menos dos veces.

Esperaba que Miles le señalara lo absurdo de su observación, ya que era imposible conseguir dos anotaciones a esa altura del juego cuando tanto el caballo como el jinete están agotados, pero no recibió respuesta a cambio. El tutelado la ignoró completamente mientras en su rostro se observaba una expresión llena de consternación por el asunto que se estaba dando en la cancha.

(Estúpido). Franziska tensionó la mandíbula y aceptó que ya no podría concentrarse en la competición que tenía en frente. Una mezcla de ira y asco creció en su interior al ser consciente una vez más de lo que le estaba pasando.

Llevaba meses así: era como una enfermedad, algo canceroso que le había crecido en el interior del pecho ni bien alcanzó la plena consciencia de sus sentimientos. Ya no era una niña, y aunque todavía le faltaba un poco para ser considerada una adolescente, las hormonas ya habían comenzado a hacer de las suyas por lo que, además de hacer aparecer algún que otro grano en su frente el cual se esmeraba en tapar con el flequillo, también se había vuelto muy aficionada a conseguir que Miles Edgeworth le hiciese caso. Cualquier tipo de caso. No importaba si era para regañarla –que a veces tenía el tupé de hacerlo, el muy estúpido–, para advertirle algo o simplemente para ver si necesitaba que le alcanzase algún libro de jurisprudencia mientras ella estudiaba en su habitación.

No sabía qué le pasaba y no podía diferenciar esas emociones de su inmensa necesidad de competencia. Algo le decía que no estaba bien ya que desde que él había puesto un pie en esa casa, ella se había empeñado en ser su instructora y una especie de hermana "mayor" pero la realidad era que no compartían lazos de sangre, y para cuando Miles llegó a su vida, Franziska ya era lo suficientemente consciente como para saber que no era su hermano. Así todo, sentía que eso no era justificación y que tampoco podía permitir que aquello la distrajese de seguir el legado de los von Karma, el cual era su objetivo mayor, pero de cierta manera lo estaba haciendo, y se detestaba por eso.

(Ojalá pudiese arrancarme esto), pensó a la vez que se acariciaba el estómago por encima del vestido. Quizás otros le llamaran mariposas, pero para ella eran como avispas dando aguijonazos en su barriga. Las mariposas eran bonitas; las avispas, no tanto.

De repente sintió cómo toda la gente a su alrededor ahogaba una sorpresa y su mente quedó en blanco. Fijó su interés en la cancha y vio cómo Schwarz, el semental negro que Manfred montaba tan bien, estaba parado en dos patas, de una forma en la que ella jamás había visto a un caballo, y eso era mucho decir. Entonces, en el momento en el que el animal se dio la vuelta sobre sí mismo y cayó con todo su peso sobre su padre, sintió un relámpago de terror recorriéndole la espalda e incrédula de lo que estaba viendo, se agarró fuertemente de la barandilla.

Sólo fue necesario un milisegundo para que Franziska von Karma se percatara de lo que había sucedido.

-¡Papa! –un grito ahogado salió de lo más profundo de su garganta, con toda la desesperación que puede sentir una niña al ver a su padre sufrir un accidente de ese tipo.

La confusión y el espanto a su alrededor era generalizado si bien por un momento se sintió entumecida, como si no hubiese nadie más allí que ella y su padre, inerte, en medio del campo de juego.

Sin fijar la mirada en ningún lugar en concreto, vio como un par de hombres saltaban las barandas que separaban las gradas de la cancha para acercarse a Manfred, y así su mente reaccionó y tuvo el impulso de hacer lo mismo.

Cuando ya había pasado una pierna al otro lado, sintió que un brazo la tomaba de la cintura y la regresaba de nuevo hacia donde se encontraba. Ella pataleó y chilló sin saber quién era el desgraciado que osaba separarla de su querido padre. No tardó en darse cuenta que quien la tenía imposibilitada no era otro que Miles Edgeworth, el cual con el rostro desfigurado de preocupación intentaba hacer que se quedase quieta.

-¡Franziska! –le dijo, tratando de sentarla en uno de los banquillos pero la joven no podía con su desesperación– ¡Franziska, demonios! ¡Quédate quieta! ¡Tranquilízate!

-¡No! –se negó con exasperación. La angustia la arrastraba hacia su padre, el cual por lo que pudo visualizar, seguía sin moverse mientras alguien intentaba reanimarlo. Oyó que una mujer llamaba a una ambulancia no muy lejos de ella–. P-papito… –sollozó. Las lágrimas le resbalaban por las mejillas, hirvientes, y le caían por el mentón– Papi… no, por favor. Tú no.

Miles Edgeworth la abrazó con fuerza y le acarició la cabeza, consolándola y, al parecer, tratando de que ella no volviese a poner los ojos en la escena. Franziska estaba temblando y el dolor en su pecho era casi intolerable: no era justo. Ya había perdido a su queridísima madre, ¿por qué ahora también tenía que morir su padre, el hombre que le dio todo, a quien más admiraba, su mayor ídolo? ¿Sería su destino el estar sola? ¿Era aquella la cruz con la que tenía que cargar? No sería capaz de soportar otro funeral. No de nuevo.


¡Muchas gracias por leer y espero que te haya gustado! :) Como ya dije en el sumario, es un oneshot que dividí en tres partes para que su lectura fuese más sencilla (no sé escribir cosas que tengan menos de 5 mil palabras, lo siento xDDD)

Dentro de un par de días o puede que incluso mañana, publicaré la segunda parte, y espero también contar con tu lectura :D

Este fanfic se basa en un headcanon muy grande que tuve en el trabajo (sí, en el trabajo xDDD) que se me ocurrió así de repente. Nunca me había preguntado la razón por la que Manfred debía de usar bastón pero esta idea me pareció bastante acertada, además me servía para meter un poco de mitsumei.

Intenté dejar lo más claro posible que los sentimientos son solo de Franzy hacia Miles y no son correspondidos, obviamente, ya que en este fanfic Franziska es una niña de once años que tiene su primer crush y Miles ya tiene dieciocho. Aún así me sirvió para plasmar la manera en la que creo (en mi cabeza) que Franzy empezó a sentir cosas por Miles, base de otro fanfic mío que publicaré si lo termino algún día xD

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