PRÓLOGO

En una de las más ricas mansiones del mundo mágico, un hombre, el señor de la casa, leía una carta de la que fue uno de los mayores amores de su vida, la cual había muerto hacía más de diez años. No había pensado que volvería a saber de ella y mucho menos para contarle algo tan serio y al mismo tiempo, peligroso. Ya había leído la carta tres veces y todavía no podía creer su significado, no podía.

En un acto de frustración e incredulidad, hizo lo primero que le vino a la mente, lanzar contra la pared lo primero que tuvo a mano, que pasó a ser uno de los jarrones más elegantes de la casa ( también de los más caros), y aún así, no consiguió tranquilizarse lo más mínimo... al contrario, lo único que logró fue llamar la atención de su esposa, Narcisa.

- Lucius, cielo... ¿qué es lo que ocurre?- Preguntó la mujer rubia cuando entró en el despacho de su esposo.- ¡Oh! Ese es uno de los jarrones que más me gustan, Lucius. Ten un poco más de cuidado, es la segunda vez que lo rompes en lo que va de semana.- Se acercó hasta los restos del jarrón y tras apuntar con la varita dijo:- ¡Reparo!

- Necesitaba descargarme de algún modo.- Fue lo único que dijo mientras su esposa volvía a colocar el jarrón en su sitio.

- Te recomiendo que busques otra forma de descargarte, cariño.- Dijo Narcisa Malfoy mientras se sentaba en su sillón favorito.- Aunque comprendo que lo necesitaras después de esa reunión de mortífagos... Solo espero que el chico Potter esté bien.

Lucius se mantuvo en silencio mirando fijamente por la ventana, pero sin ver absolutamente nada. Ya antes le preocupaba el retorno de Voldemort, después de todo él no quería volver a lo mismo que antes de su caída debido a un error tonto de cuando era joven y del que él no era responsable sino su padre. No, él no deseaba ser un mortífago. Ahora, sin embargo, todavía era más preocupante... lo que le decía en aquella carta le hacía plantearse todavía más cosas.

- Y... ¿puedo saber... que es lo que te ha puesto así?- La voz de Narcisa lo devolvió a realidad

- ¿Qué?

- Que qué es lo que te ha puesto así...- Volvió a repetir la mujer con paciencia.- Cariño, no te había visto así desde que te enteraste que ella había muerto...

Al contrario de lo que cualquiera pudiera pensar, Narcisa Malfoy era mucho más cariñosa y comprensiva de lo que aparentaba. Sabía que su marido había estado muy enamorado de otra mujer y aunque de un principio la enfureció, acabó comprendiendo que una parte de su corazón siempre le pertenecería a ella, aunque llevara más de diez años muerta.

- Algo relacionado con ella.- Suspiró.- Hace un rato apareció esta carta delante de mí. Léela y mira que dice.

Narcisa, con un poco de curiosidad, cogió la carta que le ofrecía su marido y con cuidado comenzó a leer. Cuando acabó, miró a su esposo asustada, tampoco ella era capaz de creer lo que decía la carta.

- Merlín... Lucius... esto es muy serio.

- Lo sé, Narcisa, lo sé.

- ¿Qué vas a hacer?

- Sinceramente... no tengo ni la más remota idea.

- ¿Cómo que no lo sabes? Está muy claro que debes decírselo.

- ¿Que qué?

- Cielo, tarde o temprano lo sabrá... es mucho mejor que sea temprano y además de tu boca.

- Sí, eso lo sé... pero...

- No hay ningún pero posible Lucius... ponte en su situación. A ti también te gustaría que te lo dijeran.

- Está bien... está bien... lo haré en cuanto comiencen las vacaciones.

Notas autora: Aquí vuelvo a la carga! A ver que os parece esta historia... {todavía no me creo que la esté haciendo... sobre todo cuando me vino la inspiración al leer una de las escenas del fic de La orden del fénix de Silverstar (de la cual soy su beta)} Espero que os guste, porque me estoy revolviendo los sesos pare escribirlo, y la verdad es que me estoy esforzando mucho.

¿Qué? ¿Ya habéis adivinado que es lo que pone la cartita? ¿O quien la escribió? ¿A quien se lo tienen que explicar? ^^ Paciencia, pronto todo se sabrá.