11.- Se armó la de Dios

A pesar del hecho que Remus había asegurado que el libro estaba limpio de maldiciones, o cualquier hechizo oscuro, a los Malfoy poco les faltó para lanzarlo directo a la chimenea. Sabían que Voldemort había mostrado interés por Leo, pero vamos… ¡que hiciera un regalo de Navidad era inaudito! Aquello también hizo que lo que restaba de vacaciones navideñas las pasaran por demás mucho más nerviosos.

El día en que los muchachos debían regresar a Hogwarts, supuso todo un alivio para todos, después de todo Voldemort no intentaría llegar hasta la escuela por miedo a Dumbledore de forma que el joven gryffindor se encontraba a salvo por el momento.

- Si el Señor Oscuro te va viendo más a menudo, aunque sea bajo la idea de que eres el mellizo de Draco, tarde o temprano se dará cuenta que Harry Potter y tú sois la misma persona.- Le explicó Lucius por enésima vez mientras conducía hasta King's Cross.- Por eso es mejor que estés en Hogwarts; allí no se presentará con la idea de mantener una charla contigo como bien puede hacer en el Señorío. Sinceramente, me ha sorprendido el que no haya venido después de lo del libro.

- Tal vez porque se imaginaba que preferiría estar con mi familia…- Comenzó el muchacho.

- Leo, Voldemort es un egoísta, tan solo piensa en su persona… ese motivo ni tan siquiera habría pasado por su mente. Si vuelve a escribirte, avísame enseguida y no abras la carta hasta que Dumbledore o Lupin la inspeccionen y den luz verde.

- Muy bien, padre.

El resto del viaje (el cual también fue muy corto) se hizo en silencio, puesto que el tema los había puesto más nerviosos de lo que antes estaban, de forma que hasta el más insignificante sonido hacía que todos en el automóvil brincaran varios centímetros.

La despedida en la estación fue mucho más fría que la que hubo en el inicio del curso, tal vez porque el miedo que había entre los miembros de la familia era mucho más palpable. En septiembre, estaban contentos y seguros que nada podría descubrirlos, ahora, un ligero cambio en lo que habían previsto que sucediera había hecho que tuvieran miedo por la duración de su secreto y a la vez por la seguridad de su familia (el castigo a los traidores, era para toda la familia).

- Voy a buscar a Ron y Hermione.- Dijo Leo en cuanto subieron al tren.- ¿Quieres venir?

- Gracias, pero no creo que fuera bien recibido, además tengo una imagen que mantener.- Le respondió su hermano.

- Muy bien. ¿Irás con Crabbe y Goyle?

- Que remedio… las apariencias… ¡Lo que daría por un poco de conversación decente!

- Solo debes mantener una charla con 'Mione… te sorprendería todo lo que llega a saber.- Le dijo Leo con una sonrisa.- Nos vemos luego.

- Hasta luego.

Una vez ambos se separaron cada uno tomó una dirección distinta para encontrarse con sus "amigos". Leo iba más o menos tranquilo, estaba convencido que ahora que se encontraba en el tren ya no podría pasarle nada… Después de todo, tal y como Hermione le había explicado cientos de veces, el tren se encontraba demasiado bien protegido.

A medida que se iba cruzando con la gente por los pasillos, todos le iban saludando con más o menos afecto, ni tan siquiera los Slytherin lo trataban mal (seguramente porque sabían que a Voldemort le caía bastante bien y no querían meterse en líos con él); De hecho, incluso algunos primeros y segundos años le preguntaron si podían ver a Dáyelin (realmente se había hecho muy popular, sobretodo con esa manía que tenía por asustar a todo el mundo de la casa Slytherin).

- Hola Leo…- Dijo Ron en cuanto este abrió la puerta del compartimento.

- Hola… ¿Qué tal las vacaciones?

- ¡Geniales! Tendrías que haber estado… estuvimos todos, bueno excepto Percy…

- ¿Qué ha pasado con Percy?- Se asombró el rubio.

- Pues, que ha sido ascendido a ayudante personal de Fudge… y si antes era insoportable, ahora es inaguantable.- dijo Ron.- Cuando papá se enteró del ascenso le dijo a Percy que era porque Fudge quería tener un espía en la familia porque sabe que apoyamos a Dumbledore y él comenzó a decir muchas cosas desagradables… por lo visto, hubo una bronca impresionante entre los dos y tú conoces a mi padre… ¡jamás se enfada!

- ¿Y que pasó luego?- Preguntó Leo.

- Pues que Percy se marchó de casa… mamá ha tratado de hablar con él varias veces pero jamás le ha abierto la puerta.- Suspiró.- Está destrozada… ni tan siquiera le respondió la felicitación de Navidad.

- Por lo visto Fred y George tienen muchas ganas de encontrarse con él, y usarlo como conejillo de indias… Bill quiere lanzarle unas muy buenas maldiciones y Charlie usarlo como tentempié para sus dragones.- Dijo Hermione.

El rubio asintió comprendiendo… a él también le entraban muchas ganas de hacerle algunas cosas desagradables a Percy… tal vez podría hablara con su padre para que "aconsejara" a Fudge que lo que quitara del puesto y lo pusiera en el peor que hubiera en el Ministerio… seguro que a él le encantaría fastidiarle la vida a un Weasley… tal vez eso le enseñaría a Percy un poco de humildad.

- Oye Leo, ¿y a ti que te pasa?- Le preguntó Hermione de repente.- Estás tenso.

- Voldemort me envió un regalo de Navidad. MI padre se asustó que quisiera hablar conmigo y me descubriera.

- ¿¡UN REGALO DE NAVIDAD!?- Preguntaron los dos a la vez.

- Sí… imaginaos la impresión que nos dio a todos…

El viaje en tren se dio como siempre, con charlas, partidas de ajedrez y visitas de otros estudiantes gryffindor e incluso de otras casas. La verdad, es que los tres se sorprendieron mucho cuando Cho Chang entró en el compartimento preguntándoles se sabían algo de Harry.

- Parece que ahora le gustas, Leo… bueno, le gusta Harry Potter.- Le dijo Ron.

- Sí… eso parece.- Dijo con tranquilidad.

- ¿Qué no te gustaba?- Se sorprendió Hermione.

- Tú lo has dicho, me gustaba. Después de lo de Cedric… lo siento pero no puedo.

Cuando llegaron a Hogwarts fueron recibidos por el Banquete de Bienvenida y Leo se relajó. Ya estaba en un lugar donde Voldemort no podría hablar con él y por tanto, descubrirlo.

Los días del curso iban pasando de forma lenta, y la rutina escolar los envolvió poco a poco. El curso cada vez se iba haciendo más y más dura, después de todo, los TIMOS serían al final del curso y eso quieras que no, hacía que los ejercicios así como las lecciones fueran cada vez más duras.

De hecho, Leo tuvo que centrarse tanto que incluso alguna vez deseó no tener que jugar al quidditch; después de todo, ese año tenía alguien a quien hacer orgulloso por sus notas (no que estas fueran malas, al contrario, pero quería que fueran mejores aún). Así que se olvidó completamente e su problema con cierto Señor Oscuro… o al menos, se olvidó hasta que aproximadamente un mes y medio después de regresar a la escuela, llegó el mismo búho negro que le entregó aquella carta de Voldemort hacía un par de meses.

- Leo… ese búho no es…- Comenzó Hermione

- Sí… es el mismo.- Murmuró.

No muy seguro de lo que estaba haciendo cogió la carta y tras darle algo de su tocino al ave observó como se marchaba del Gran Comedor. No le hizo falta mirar hacía la mesa Slytherin para saber que su hermano debía estar muy pálido e incluso asustado.

Le dio una mirada rápida y luego se levantó de la mesa del desayuno, esperando que Draco lo siguiera fuera del Gran Comedor. Sí, definitivamente su hermano salió no mucho después con una expresión claramente muy preocupada.

- Esa carta es de él, ¿verdad?

- Eso creo.

- ¿Vas a llamar a Padre?

- Creo que es lo más razonable. No pienso abrir esta carta sin estar seguro de que no me pasará nada.

Ambos muchachos corrieron hasta la lechucería para escribir una carta a su padre explicándole lo sucedido; estaban seguros que el hombre no tardaría mucho en aparecer por la escuela una vez recibiera la misiva, mientras tanto la guardaron en uno de los libros de la escuela y ambos se dirigieron hacía la clase de pociones. Tal vez, con un poco de suerte, su padre les permitiría acabar esa clase.

No hubo tal suerte. Aproximadamente cuarenta y cinco minutos más tarde, la profesora McGonagall llegó al aula de pociones pidiendo que los dos jóvenes Malfoy salieran del aula porque el director había pedido su presencia en su despacho. No es que el profesor estuviera muy contento, pero no tuvo más remedio que dejarles ir. Allí estaba su padre que parecía león enjaulado.

- ¡Por fin!- Exclamó en cuanto los vio.- He venido en cuanto he leído la carta que me habéis enviado. ¿Dónde está?

Por respuesta, Leo cogió el libro donde había guardado la carta que había recibido esa mañana en el desayuno.

- Aquí. Ni tan siquiera la he abierto.- Le dijo el muchacho mientras se la daba.

El hombre dejó el sobre en el escritorio y comenzó a lanzarle tantos hechizos como se le ocurrieron para asegurarse de que era segura. Una vez estuvo contento con el resultado, la cogió y la abrió para leerla con rapidez. Mientras la leía iba palideciendo poco a poco.

- ¿Qué pasa?- Preguntó Draco.

- Sí, ¿Qué pone?- Preguntó a su vez Leo.

- Quiere verte.- Dijo el hombre mirando a su hijo menor por un día.- Ha planeado un encuentro entre tú y él… para dentro de una semana.

- ¿¡QUÉ!?

- ¡Pero no puede ir!- Se asustó Draco.- ¡Tú mismo lo has dicho! ¡Si vuelve a verle en persona lo descubrirá!

- Es un pez que se muerde la cola…- Dijo Lucius Malfoy preocupado. Si va lo descubrirá, pero si no va sospechará que pasa algo… y a la larga… sabrá también la verdad.

- ¿Y que hago?- Preguntó Leo.- ¿Voy o no?

- No lo sé… debo pensarlo bien.

Ambos muchachos regresaron a sus clases obviamente mucho más nerviosos de lo que habían salido. Sus amigos los notaron más nerviosos de lo que habían estado antes, pero decidieron permanecer en silencio y no hacerles preguntas.

Durante todo lo que restó de día, Leo estuvo mucho más distraído de lo que era habitual, así que casi nadie quiso molestarlo y que pagara el pato aquel que llamara la atención del rubio (después de todo, alguna vez ya había llegado a pasar) Por eso cuando aquella noche se fue a acostar casi justo acabar de cenar, nadie le molestó.

Aquella noche el muchacho no hizo otra cosa que dar vueltas en su cama pensando en que era lo que era lo que iba a pasar. Estaba claro que no podía volver a encontrarse con Voldemort en persona… ¡sería casi seguro que lo descubriría! No podía, era imposible… pero al mismo tiempo, si no iba su padre se metería en muchos problemas. Una cosa que podría hacerse, era hacerle creer a todo el mundo que había tenido una recaída con respecto a su "enfermedad cardíaca"; aquella era una posibilidad, pero por una vez no sería él quien tomaría la decisión final sobre que hacer… sería su padre el que decidiera… por una vez, permitiría que otra persona tomara la decisión.

Al día siguiente, el rubio se levantó con pronunciadas ojeras y con evidentes nervios; no podía evitar sentir como si hubiera un gran reloj que marcaba una cuenta atrás con respecto a su "cita" con Voldemort. Se sentó en silencio en la mesa del desayuno, sin hacer caso a las diferentes miradas curiosas que recibía o bien a las preocupadas que le daban sus amigos o su hermano. No comía mucho, más que nada jugaba con su comida… después de todo, era totalmente incapaz de comer nada en esos momentos.

La llegada del correo hizo que Leo levantara la vista de su plato, puesto que notó que una de las lechuzas que había sobrevolado el Gran Comedor se había parado justo delante de él ofreciéndole una carta. Con un poco de miedo sobre que era lo que podía pasar, levantó la mirada solo para encontrarse con los ya familiares ojos ambarinos de Aquiles, la lechuza de su padre y soltó la respiración que sin darse cuenta había estado sosteniendo.

Con cuidado, desató la carta y le ofreció su palto para que fuera la misma lechuza la que se sirviera lo que quisiese, mientras que abría la carta con avidez… por fin podría saber que era lo que iba a pasar.

"Hijo,

Primero de todo quiero que sepas que he estado pensándolo bien y viendo que tenemos muy poco tiempo será mejor actuar ahora ates de que sea demasiado tarde.

Ya sabes que es imposible que vayas a la cita con el Lord Oscuro… sería prácticamente un suicidio, es por ese motivo que he decidido hacer pública la verdad… Cuando recibas esta carta, lo más seguro es que me encuentre en el Ministerio haciendo los trámites necesarios…

No te asustes si mañana sales en el periódico, contando quien eres, será lo más normal.

Tu padre que te quiere

Lucius Malfoy"

El muchacho parpadeó sorprendido mientras una expresión de incredulidad aparecía en su cara. Se iba a reconocer la verdad; todo el mundo iba a saber que durante quince años se le había conocido como Harry Potter…

- Joder… se va a armar la de Dios… - Murmuró el muchacho.

Al día siguiente, tal y como su padre había pronosticado, en la primera página del profeta había una foto suya como Harry Potter y otra como Leo Malfoy, junto con un gran titular que decía: "LEO MALFOY O HARRY POTTER: EL RESULTADO DE LA AVENTURA ENTRE LUCIUS MALFOY Y LILY EVANS" y luego como subtítulo ponía: "Los Malfoy, espías para la luz durante más de dieciséis años"

- Bien… ahora sí que padre tendrá que abandonar su papel de espía.- Dijo Leo sin hacer caso a las miradas fijas de prácticamente todo el Gran Comedor.- Después de esto continuar sería un suicidio.

Fin?

Nota autora: Bien… esto se acabó… sí, lo sé, lo sé… un final un tanto precipitado. Lo siento mucho pero era este o dejar el fic inacabado porque ya no daba más de sí la cosa… después de todo al menos, los 4 últimos cap. han sido muy forzados por mi parte.

Ahora mismo, ya estoy comenzando a trabajar sobre otro fic, no sé cuanto tardaré en comenzar a publicarlo pero ya os digo que podré actualizar mucho más seguido, porque al contrario que con este, tengo muy claro que es lo que quiero hacer hasta… bien… creo que tengo juego para unos 30 capítulos o más… así que no os preocupéis…

Espero que hayáis disfrutado de este fic, hasta pronto

Khari