Disclamer: J. K. Rowling y Takao Aoki, son dueños de Wizarding World of Harry Potter y Beyblade, respectivamente. Yo hago este fic sin ánimo de lucro, como medio de entretenimiento y ocio.


Halloween


Advertencias: La relación con el universo de Harry Potter es conforme a los usos de las instituciones mágicas (en este caso, el Colegio de Magia Mahoutokoro). Se desarrolla en la época pre-Hogwarts, en este caso, en Japón. Hay leves menciones de ciertos personajes de la saga. Sin embargo la manera que se desenvuelve la Sociedad Mágica Nipona, está dentro de mis headcanon, basados en los textos encontrados en Pottermore, hasta el momento. En el caso de Beyblade, se desarrolla dos años después que Kai dejó la Abadía Balkov y cuando él era el líder de los Blade Sharks.

Fandom: Beyblade casi en su totalidad, con rasgos del Universo de Harry Potter al interactuar con el Japón Mágico.

Pareja: No existe cómo tal. Es una relación de familia entre Kai Hiwatari y una OC. Si has leído mi fic "Harry Potter y los Blade Breakers", es un spin-off/precuela que podría hacerte entender cómo la relación de ambos se convirtió en enemistad a amistad. Puede que aporte ciertas pistas sobre la trama del mismo.

Extensión del fic: Oneshot, de 7824 palabras de acuerdo al contador de Word.


Para muchos, es una celebración ideal para conseguir dulces, disfrazarse, o incluso, hacer bromas pesadas. Para Kai Hiwatari, esta fecha tiene un significado especial. Sobre todo, cuando sabe que la magia es real.


Era el día previo a Halloween. Observaba las decoraciones que algunos alumnos del colegio en donde estudiaba, habían hecho a sus salones. Soltó una risa por lo bajo, al notar la típica imagen que se tiene de una bruja: una mujer fea, de nariz ganchuda, piel verdosa, con una escoba en mano y un gato negro. Muchos ignoraban la verdad, que podía ser mucho más escalofriante que la ficción.

Decidió irse a su lugar, justo cómo le gustaba, al lado de la ventana y al fondo. Los encargados de la limpieza, cómo decoración de su grupo, le saludaron de costumbre, aunque él no les contestara, tal y cómo cada día era igual al querer convivir un poco con el Heredero de las Empresas Hiwatari. Muchos niños sabían que era raro, intimidante, sobre todo a la hora de enfrentarse en un juego de beyblade, del cual salían perdiendo. No sólo el encuentro, sino su beyblade o parte del mismo. Nadie sabía por qué era así, teniendo un carácter tan serio, frío y reservado, siendo sólo un niño de nueve años.

Kai por su parte, poco le importaba tener amigos en ese lugar. Siempre habría preferido la soledad que soportar a un montón de niños llorones, que lo buscaban por su fuerza o por la influencia que su apellido tenía en el mundo de las grandes corporaciones. Decidió entonces sacar un libro de su mochila, comenzando a leerlo, al menos hasta que el profesor arribara al salón.

Luego de veinte minutos, las clases dieron inicio. Nada fuera de lo normal. Al finalizar las mismas, varios de los niños se escuchaban emocionados, dado que uno de ellos, daría una fiesta infantil con temática de Halloween. Fue cuando el anfitrión, se dirigió a él, extendiéndole una invitación.

— ¿Te gustaría venir, Hiwatari? —cuestionó. Realmente no se veía muy cómodo dándole la carta. Posiblemente sus padres le habrán obligado a que se la entregase.

—No, gracias —declinó inmediatamente.

— ¿No? —el niño se quedó ahí por unos momentos, pero al final, insistió—. ¿Estás seguro?

—Ya me escuchaste, Yamaguchi. No estoy interesado en una fiesta tan ridícula cómo el Halloween.

— ¡No puedes ser tan aguafiestas! —se exaltó otro chico, que se hallaba a lado del anfitrión.

—No me interesa en absoluto, Sato. Tengo cosas mejores que hacer, que estar en una fiesta con un montón de niños que pretenden ser magos o seres mitológicos.

—Esa es la razón, ¿no? —El chiquillo se cruzó de brazos—. Muchos sabemos que no son reales y eso es lo divertido.

—… —el ruso sólo alzó la ceja, para sonreír de manera burlesca a ambos niños—. Si supieran —pensó. Sin avisar, recogió sus cosas, para dirigirse a la salida.

— ¡Te dije que no lo invitarás, Kenta! —murmuró Sato, mirando con desdén al de cabellos bicolor.

—Mis padres insistieron, Ryoga —respondió, soltando un suspiro al final.

Al salir del edificio, pudo notar que la limosina que su abuelo siempre le mandaba, ya le estaba esperando en la entrada del colegio. Sin saludar a su chofer, ingresó al vehículo. Veía decoraciones similares en diversos comercios, sobretodo en restaurantes o bares que abrirían las puertas a los comensales hasta altas horas de la noche. Realmente no veía la gracia de que se festejara, sobre todo por los orígenes que ésta tenía.

—Joven Kai —le habló su conductor. El niño sólo alzó la ceja, en señal que le estaba escuchando—. El día de hoy, el señor Hiwatari saldrá a una reunión con el presidente de las empresas Yoshida en Kyoto. Regresará hasta el lunes.

—Espero que no sea una de esas fiestas de disfraces, Yamamoto —el sólo pensamiento de ver a su abuelo vestido cómo hombre lobo, o peor, cómo mago, le era risorio. Con tanto que decía que lo que más aborrece en el mundo era la magia, sería lo más gracioso ver el rostro de enfado del mayor—. Supongo que no le hizo gracia.

—Eso lo ignoro, Joven Kai —mencionó el chofer—. El día de hoy no me tocó llevarlo a su junta.

—Pobre del infortunado —comentó. No lo diría a viva voz, pero Yamamoto estaba de acuerdo con el infante—. Hablando de brujas, ¿ella ya se encuentra en la Mansión?

—No, joven Kai. Es posible que llegue más tarde. Recuerde que su horario es mucho más extenso que el suyo.

—Menos mal. A ella esta fecha le gusta. Aunque tiene justificación, realmente es insoportable.

Tardaron unos diez minutos en llegar a la Mansión. Cómo era usual, Hikari Masuda (1), la más joven miembro de la servidumbre, le recibió. Mientras estaba llevando sus cosas hacia la habitación de él; le confirmó la ausencia del patriarca. Además del tiempo que faltaba para la cena.

—Es posible que la Señorita Aneshka llegue justa de tiempo para acompañarle a cenar.

— ¡Qué emoción! —dijo el niño de manera irónica.

—No debería ser así con ella. A parte del señor Hiwatari, es su única familia.

—Tampoco es que sea un aliciente para tratarla mejor.

—Sin embargo, su relación podría mejorar. Al menos, hacer un alto a las hostilidades…

—Quizás, pero es imposible razonar con Aneshka. Sus impulsos la dejan guiarse antes de que ella se ponga a pensar fríamente en lo que va a realizar —bufó, al recordar algunos de esos incidentes.

—Debería tratar al menos.

—Y tú no deberías tomarte tanta confianza, Hikari —expresó.

—Quizás. Pero no puedo evitar decir lo que veo, Joven Kai —se encogió de hombros.

Decidió no discutir más con ella. Se limpió, para después dirigirse al comedor. Antes de llegar a éste, un ruido le llamó la atención. Provenía del jardín. Si podría adivinar, Aneshka estaba arribando. No podía imaginar cómo aquello pasaba por alto por otras personas, si la forma de transportarse de la chica era demasiado grande, para no pasar desapercibido. Salió al jardín, en donde encontró a una niña de su misma edad, de cabello negro, ojos rojizos cómo los suyos, vestida con una túnica lila de corte oriental.

—Gracias por traerme, Takato —le decía a un paíño de Matsudaira gigante (2) que se encontraba en medio del jardín. Le acarició las plumas, para después despedirse—. Nos vemos el lunes —los gestos de la chica se apagaron un poco—. Me hubiera gustado estar en la fiesta del colegio, pero aún estoy en el Shougakko (3).

—Te hubieras quedado ahí, con todos los de tu clase, Aneshka —mencionó el ruso, una vez que el ave despegó. La niña se sobresaltó.

—Menos mal que sólo eres tú, Kai. Gracias por la cálida bienvenida —exclamó irónicamente, mientras se cruzaba los brazos—. Ganas no me faltaban de quedarme, pero la fiesta es reservada únicamente para el internado. A nosotros nos hacen una celebración a parte y después nos envían a nuestra vivienda —le miró—. Me siento más en casa ahí, que en esta solitaria Mansión.

—Deberías buscar la forma de quedarte en tu colegio. Sería mucho más tranquilo la estancia aquí.

— ¿Crees que no se lo he pedido al director Aizawa (4)? —Mencionó irritada, mientras ingresaba a la Mansión—. ¡No es posible! ¡Por eso ansío el momento en que entre al Internado! ¡Así veré tu nefasta cara de amargado en menos tiempo!

—O deberías buscar la localización de tu hermanastro —frunció el entrecejo, por el comentario. La chica se observó herida, puesto eran años sin saber de él—. Nos harías un bien el largarte de aquí.

— ¿Te aterra esto, Kai? —soltó de manera burlona la niña, sacando una varita de ébano de treinta y dos centímetros con su mano izquierda.

—No digas tonterías, Aneshka —bufó. Aun así, no se movió. Ahora él sonreía de manera burlona—. Sé que no te atreverías a usarla fuera de tu Colegio, porque pagarías un precio muy alto. No renunciarías estar en tu escuela, por un impulso de ira de un instante en contra mía.

— ¿Cómo lo sabes? —ella frunció el entrecejo, guardando su varita.

—Voltaire me lo dijo hace poco. Él está al tanto de ello. Recuerda que tu madre fue una bruja, igual que tú. Sabe las normas que ella debía acatar fuera del Mahoutokoro (5). Así que no me puedes intimidar con ello, niñita.

—No es lo mismo que dijiste la vez que tu cabello se tornó naranja —se quejó la chiquilla, enseñándole la lengua—. Bien, iré a lavarme.

Prefirió ir al comedor. Cinco minutos después, la bruja se reunió con él. Estaban sentados de un extremo a otro, sin dirigirse la palabra durante la cena, aunque en el rostro de los dos buscaban una excusa para iniciar de nueva cuenta una guerra campal. Los sirvientes sólo se intercambiaban miradas furtivas, rezando que no comenzaran una nueva pelea. Al final ambos se levantaron al mismo tiempo, dirigiéndose a sus respectivas habitaciones.

Realmente le desesperaba que Kai fuese así con ella. Después de todo, ambos eran familia. Aunque quizá comprendía el hecho que era una bruja. Posiblemente su abuelo le haya llenado la cabeza al menor con los estigmas y desprecio hacia la magia. Ignoraba cómo había sido la relación de Cassandra con Voltaire. Su madre hablaba poco al respecto. Muy a diferencia del nexo que tenía con Susumu, el padre de Kai. El cual, distaba al que ahora tenían ambos niños.

Aneshka no negaba que extrañaba mucho su vida en Reino Unido, en los campos de Yorkshire. Ahí jugaba cuando podía, con Theo, incluso volaba con su escoba de juguete. O iba al Callejón Diagon en Londres con su madre a pasear, a comer o comprar libros, juguetes, entre otras cosas. Aunque lo último que adquirió ahí, fue su varita. Fue un momento agridulce, dado que fue en las vísperas que su madre terminó por agravarse y finalmente fallecer en enero.

Días después, ya se encontraba en Rusia, en donde conoció a su primo, cómo a su abuelo, el cual le imponía un miedo intenso, si era sincera consigo misma. En febrero, ya viajaban a Japón. En marzo, en su cumpleaños número siete, aparte de el obsequio por parte de Theo; otro, muy sencillo, (pero agradecía bastante el gesto), de un amigo de su madre –quién se autollamaba "Lunático"-, recibió su carta para asistir al Mahoutokoro. Esto último no le cayó en gracia al patriarca de los Hiwatari. Realmente esos días la pasó mal siendo regañada sin razón, aunque al final, Voltaire tuvo que aceptar que ella fuese a dicho colegio en abril (6).

Vio la foto en su mesita de noche. En ella estaba con su madre, la cual vestía la túnica verde, con ella, de unos cinco años, ambas sonriendo. Le tomó, abrazando la misma. Sin poder evitarlo, empezó a llorar. Decidió enjugarse rápidamente las lágrimas, por si el niño venía a fastidiarla, o peor, si su abuelo la veía en ese estado. No quería que la castigaran por ser "débil". Después de todo, debía resignarse que, mientras fuera menor de edad, la convivencia con los varones Hiwatari sería nula. Con pesar, dejó el marco en su lugar. Abrió su mochila, sacando sus libros. Tenía que hacer un reporte sobre las propiedades de la luparia, sus usos y aplicaciones. A parte, una traducción de un makimono en japonés antiguo, interpretarlo, como practicarlo para mostrarlo en clases el lunes. Terminó sus deberes. Se aseó, para después dormir toda la noche.

A la mañana siguiente, Hikari le informó que su abuelo estaría ausente, cuando la fue a despertar. Al menos estaría tranquila. Incluso pensaba ir a la Plaza Tsukino, el equivalente japonés del Callejón Diagon, ella sola. No le apetecía estar en la casa con Kai. Disfrutaría este Halloween con los suyos, con los eventos que ofrecía el lugar y comería los platillos alusivos a esta fecha. Se arregló rápidamente. Bajó a desayunar. Se sorprendió no ver a su primo, aunque probablemente se hubiese levantado aún más temprano. Mejor así. La misma sirvienta se encargó de dejarla en la entrada de la Plaza: era un callejón deprimente, en el cual sus paredes tenían grafitis. Con su varita rozó los mismos, para abrir el pasaje a la misma.

—Regresaré a casa con el traslador —sacó de su bolsillo un corcho de una cerveza de mantequilla—. Hubiera sido genial que me acompañaras, pero sé que tienes mucho que hacer hoy, Hikari.

—No se preocupe, señorita —suspiró—. Al menos sé que estará segura aquí.

—Sé que no es lo mejor. Pero, tampoco quiero estar encerrada en la Mansión sin hacer nada. Sobretodo hoy, en Halloween. Además, ya he venido sola varias veces, cuando tengo que comprar material o libros —se encogió de hombros—. Kai estará contento de tener la casa solo para él.

—El Joven salió temprano, sin decirle nada a nadie. Eso es lo que me preocupa —se mordió el labio.

— ¡Oh! —Expresó la niña—. Espero que no le pase nada malo —dijo, también angustiada—. Nos vemos en la noche —se despidió, entrando a la Plaza. El muro volvió a la normalidad. Con resignación, la empleada decidió regresar a la Mansión Hiwatari.

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Por su parte Kai había estado caminando solo por las calles de la ciudad. Debía ir a las bodegas de la Empresa Familiar, las cuales no se usaban desde hace tiempo, en donde se reunía con algunos chicos de los cuales, a pulso, se había ganado su respeto (o temor, quizás, aunque al chico no le importaba). Últimamente, veía la manera de competir entre las pandillas de beyluchadores que había en el poblado, haciendo que los Blade Sharks fuesen los "dueños del lugar". Habían desmembrado varias de ellas, pero le quedaba sólo una: Los Kappa. Mucho se había especulado de aquel grupo, incluso que utilizaban artimañas poco ortodoxas en contra de sus enemigos. Se argumentaba en ese bajo mundo que eran invencibles. Y Kai, quería comprobarlo personalmente.

Saltó la valla de acero, ingresando a dichas bodegas, en donde ya lo esperaban dos de sus mejores hombres: un chiquillo, quizá de unos once o doce años de edad, cabellera negra cubierta con un paliacate, playera negra, pantalones y chaleco de mezclilla. El otro niño, quizá de su edad, cabello azul, playera blanca, pantalón níveo roto de una pierna.

—Justo a tiempo, Hiwatari —expresó el mayor.

— ¿Han podido encontrar la localización de su base? —preguntó Kai.

—Sí. No está lejos de aquí —sacó un mapa, en donde tenía señalado las cercanías del río en un círculo rojo—. ¿Estás seguro de meternos a la boca del lobo?

—Si tienes miedo Suzuka, puedes quedarte —dijo el ruso, tajante—. ¿También lo dudas, Hiruta?

—Estoy completamente seguro. Sólo son tres beyluchadores. Podremos con ellos, incluso sin el cobarde de Suzuka.

— ¡Yo no tengo miedo! —gritó con vehemencia el aludido.

—Eso espero —comentó Kai—. Vamos.

Sin perder tiempo, los tres salieron de las bodegas. Caminaron un largo trecho, siguiendo el cauce del río. Cuando llegaron a una cabaña abandonada, cerca de un lago pequeño, el cual se conectaba al río, estaba a punto de atardecer. Los tres estuvieron atentos a cualquier ruido. El silencio que reinaba el lugar era espeluznante. Dos de los Blade Sharks tenían dudas de seguir ahí. Sin embargo al ver la determinación de su líder, optaron por no flaquear. Entraron a la construcción. Podían notar el olor a podredumbre, cómo algunas vigas que obstaculizaban el ingreso a ciertas habitaciones.

— ¿Estás seguro que aquí es la base de los Kappa? —comentó el joven vestido de blanco, con incertidumbre, a Hiruta.

—Sí. Mis fuentes me aseguraban que aquí es su base.

—Espero que no sea alguna artimaña tuya, Hiruta —le expresó con dureza Kai.

—Si quisiera hacerlo, tendría otros métodos, Hiwatari —enunció molesto—. Estaba seguro…

Un ruido demasiado conocido para los beyluchadores se escuchó detrás de ellos, interrumpiendo al pelinegro. Era un beyblade, que al ser iluminado por la luz del sol que se filtraba por los agujeros del techo y las paredes, podían observarlo con claridad. Sin dudarlo los tres niños se pusieron en guardia, cuando un segundo beyblade se unió al otro. Lanzaron los propios, luchando contra ellos. Podían mantenerlos a raya, estando a punto de derrotarlos. Sin embargo un tercer trompo se les unió, haciendo difícil la pelea.

—No creí que fueran demasiado tontos para venir a nuestra guarida, Hiwatari —expresó una voz entre las sombras—. Pero viniendo de un estúpido Mahinshi (muggle) (7), era lo menos que podría esperarse.

—Aun así, me sorprende que hayan pasado la protección anti-Mahinshi que habíamos hecho —una voz femenina expresó, sin saber de dónde venía. Empero, Kai percibía pasos que se aproximaban—. No deberías buscarme con la vista, dado que no me encontrarás.

—Debe ser porque Hiwatari ahora posee a Suzaku —murmuró una tercera voz—. No hay alguna explicación lógica, salvo que sea un squib y no sea hijo del Mahinshi que precedió al ser su guardián. Sino, de la misma Cassandra Hiwatari.

— ¿Qué tiene que ver ella aquí? —enunció molesto, sin bajar la guardia en ningún momento. Los otros dos beyluchadores no expresaron nada en lo absoluto. No entendían cómo su líder había perdido aquel porte serio a la mención de ese nombre.

—Por tu tono de voz, parece que estás intuyendo qué somos nosotros —expresó la chica, sacando una varita—. Déjame iluminarte el camino ¡Hinowa! (8)

Un círculo de fuego los rodeó a los tres. Esto asustó a los dos compañeros de Kai, haciendo retroceder a sus beyblades. Esto no fue desaprovechado por sus rivales, que los eliminaron fácilmente. El ruso siguió batallando, siendo ahora superado en número. Cuando menos se dio cuenta, sus compañeros se habían desmayado. Dranzer desobedeció su orden, girando en círculos alrededor de su dueño por unos instantes, antes de enfrentarse de nueva cuenta a sus enemigos.

—El fénix te protegió —bufó la voz invisible—. No hace falta ocultarnos más.

Tres chicos de dieciséis o diecisiete años aparecieron al despojarse de una capa plateada cada uno. Eran sin duda japoneses, pero lo que más le llamó la atención fue su vestimenta: túnicas blancas… idénticas al uniforme que usaba su prima, aunque con bordados de kanjis en negro. Las mangas, estaban recortadas a la altura de los hombros. El más alto, tenía el cabello negro, ojos cafés, o al menos lo intuía, porque parte del cabello le cubría la cara. La chica, tenía cabello castaño oscuro largo, cuyas puntas eran de un rojo intenso. El otro, de cabello teñido de rubio, un percing en la ceja izquierda. Eran magos. Debía escapar lo antes posible. Pero antes de realizarlo, su beyblade fue a parar hacia el otro extremo de la habitación.

—Vaya, vaya. Eso te deja sin protección, Hiwatari —se burló el pelinegro. Hizo un movimiento con su mano—. ¡Desmaius! —lo último que vio, fue que unas chispas escarlatas salientes de sus dedos, las cuales impactaron en su pecho, haciendo que perdiera el conocimiento.

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Aneshka aún se encontraba en la Plaza Tsukino. Había terminado de ver una obra sobre la Leyenda de las Cuatro Bestias Sagradas. Había escuchado un poco de ese relato, aunque jamás se había cruzado con ninguno de esos espíritus de los que hablaban, pese a que representaban a las cuatro casas que existían en su escuela. También había comprado muchos dulces. Tenía tiempo que no los comía, sobre todo las ranas de chocolate que tanto le fascinaban. Debía regresar a casa, dado que estaba a punto de anochecer.

Salió de la Plaza por el callejón por el que había entrado. Esperó a que se cerrara el pasadizo, para contar hasta tres, mientras sujetaba el corcho. Sintió el movimiento turbio, encontrándose en el jardín de la Mansión. Era extraño que Kai no estuviese esperándola para seguir fastidiándola. No le tomó importancia. Fue a su habitación. Debía ordenar lo que había comprado, aparte de esconder muy bien todos sus dulces, puesto si Voltaire se enteraba de su escapada, era probable que los tirara.

Se lavó las manos, para ir a cenar. Esta vez miraba con desasosiego el asiento vacío de Kai. Una parte de ella se decía que no se debía preocupar por él. Después de todo, tampoco es cómo si el niño le tuviese cariño. Pero dentro de sí, había algo que no le cuadraba bien, estaba angustiada por la ausencia del otro. Terminó de comer con una sensación de vacío en el estómago. Regresó a su cuarto. Debía dormir pronto, dado que mañana tenía que ir temprano a la escuela. Verificó una vez más sus útiles, aunque no dejaba de ver por la ventana, o abrir la puerta que daba al pasillo, con la esperanza de encontrarse a su primo. Desistió, metiéndose en su cama.

No pudo dormir inmediatamente. Se movía de un lado al otro. No comprendía, ¿realmente estaba alterada por no ver a su primo todo el día? ¿Al grandísimo patán que era Kai Hiwatari? ¿Quién la aborrecía por ser una bruja? Era su problema. Al fin y al cabo, siempre se iba por largos periodos de tiempo, a pelear con pandillas de beyblade. Se regañó a sí misma, cerrando los ojos. Dejó que el sueño la venciera. Sin embargo, imágenes de que el chico de cabellos bicolores estaba en problemas aparecieron en su mente mientras ella dormía. La imagen de un fénix, avisándole que debía apresurarse (o lo intuía, dado que el ave lucía agitada).

Se levantó de golpe, notando que estaba bañada en sudor frío. Una luz en su habitación le llamó la atención. Era su propia varita, que tintineaba y temblaba cómo si le advirtiera de algún peligro. Le tomó en sus manos, saliendo chispas de ésta sin que ella le ordenara, pegando de lleno a la puerta, tanto de su habitación, cómo la de Kai. La misma varita le jaló hacia el cuarto del niño.

Era la primera vez que entraba ahí. No pudo apreciar los detalles de la misma, puesto su varita le seguía jalando hacia el escritorio del niño. Había un beyblade de color azul y rojo, el cual fue invocado sin que la bruja lo hiciera. Le tomó entre sus manos. Quizás, el fénix que vio en sus sueños, sea el que haya donado la pluma de su instrumento. Pero, no podía hacer un hechizo de localización. ¿Qué tal si era sólo su paranoia? ¿Arriesgaría su estancia escolar por una corazonada? Su pecho sentía una opresión más fuerte. No debía hacer magia fuera del colegio. Pero, por alguna razón, sabía que él estaba en peligro.

Sin perder tiempo, se fue a su habitación. Sacó un mapa de la ciudad. Con desesperación, sacó una tiza de su escritorio. Dibujó la Rosa de los vientos en el piso. Colocó el mapa sobre éste. Su varita encima del último, junto al beyblade de su primo.

Septentrio, Auster, Subsolanus, Favonius: Aut inveniam viam aut faciam* —repitió la frase tres veces, mientras la varita se movía sola, señalando un punto cerca del lago. Frunció el entrecejo, dado que reconocía el lugar: ahí habitaba la comunidad de kappas más cercana—. Bloody hell! —expresó en inglés, dado sentía una nueva opresión en su pecho.

Tomó su varita y el beyblade. Fue al cuarto de Kai, sacando un lanzador y una jareta. Algo le decía que tendría que usarlo. Regresó a su recámara, sacando el baúl en donde tenía sus cosas, sacando del fondo, la escoba que le perteneció a su madre: una Flecha de Plata. El ventanal se abrió de golpe. Se montó en la escoba, y sin esperar nada más, alzó el vuelo hacia el exterior. No había vuelta atrás. Sólo esperaba que todo lo que estaba pagando valiera la pena.

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Despertó de golpe. No recordaba en donde se hallaba, aunque el sonido del agua, el aire helado, le llamó la atención. No podía moverse, aunque vio que estaba a las orillas del lago. Al verse a sí mismo, notaba que no estaba atado, pero aun así, algo le impedía levantarse. De reojo vio a sus compañeros, inconscientes, aunque heridos. Buscó entonces a Dranzer, dado que no lo sentía en sus bolsillos.

— ¿Buscas esto? —le expresó una voz masculina, enseñándole su beyblade. Kai forcejeó, sin éxito de librarse de sus ataduras invisibles—. Estás bajo un hechizo inmovilizador —finalmente vio al joven pelinegro, quién lo observaba con burla—. Realmente, no entiendo cómo eres el poseedor de este espíritu. Eres un guardián tan inútil. Ni siquiera has sacado todo su potencial —viró hacia los otros niños, que estaban custodiados por los otros dos magos—. Aún están vivos, pero definitivamente han escarmentado al seguirte. Pero me imagino que el Ministerio de Magia se encargará de borrarles la memoria. Incluso a ti, pese a que tienes un apellido de renombre en el mundo mágico. Claro, si decido dejarte con vida —sacó su varita, haciendo un movimiento. Kai sintió que podía mover la cabeza—. Es aburrido hablar solo.

—Entonces ve a hablar con tus amigos, brujo —comentó el ruso, arrogante.

—No te encuentras en una situación favorable, Hiwatari, para que hables de esa manera —expresó, mientras jugaba con su varita—. Podría matarte de un solo movimiento o realizarte la tortura más dolorosa al grado que me implorarás que te asesine.

—Aún vas al colegio…

—No, desde hace unos meses —le interrumpió—. Además, ya cumplí la mayoría de edad hace poco, por lo que ya el Detector no está activo en mí, ni en mis compañeros. Creí que tenías algo que ver con la fallecida jugadora de Quidditch, Cassandra Hiwatari.

—No es de tu incumbencia —exclamó, insolente.

— ¿Era tu madre? ¿O eres el hijo de su hermano, Susumu? —sin poder evitarlo, el ruso endureció sus gestos. El mago soltó unas carcajadas—. ¡Entonces, sí eres un mahinshi! Hubiese sido interesante tener al descendiente de esa bruja también. Después de todo, tu familia ha sido un dolor de cabeza para la mía, los Kurotatsu.

— ¿Qué tenemos que ver con ustedes? —preguntó. Ignoraba si su tía había hecho algo en Japón. Lo único que conocía era porque Voltaire le expresaba que fue demasiado tonta para inmiscuirse en una Guerra Mágica Civil en Reino Unido.

—Mucho. Pero basta de hablar. No quiero que digas que soy sólo palabras —alzó su varita—. ¡Diffindio!

Pudo sentir un escozor en su rostro que le atravesaba desde la sien hasta la mejilla izquierda. Posteriormente notó la sangre que caía de su cara. Sin darle tiempo a sentir el dolor, el mago comenzó a atacarlo con el mismo hechizo varias veces, realizándole cortadas en todo su cuerpo. No mostró debilidad alguna ante su atacante, pese a todo lo que estaba sintiendo.

—Vaya, vaya… te haces el fuerte, Hiwatari —se burló—. Sólo hice esto como una forma de calentar —volvió a jugar con su varita—. Ahora voy en serio —sonrió con maldad—. ¡Crucio!

El dolor anterior no se comparaba con éste. Sentía cómo si algo le quemaba por dentro, como cuchillos que punzaban cada centímetro de su cuerpo. Resistió todo lo que pudo. Aunque de repente, se detuvo. El mago hizo una mueca de dolor. Pudo ver de reojo, que alguien, con capa malva, bajaba de una escoba. La silueta guardó la misma en una bolsa de piel que traía.

— ¡Accio Dranzer! —El beyblade de Kai fue a sus manos de aquella persona. La voz era conocida—. ¡Expelliarmus! —desarmó al chico. Los secuaces de Kurotatsu se dirigieron a la joven bruja, tratando de paralizarla. Pero pudo a tiempo desarmar a la chica, quién tenía varita; aturdir al rubio, que aparentemente estaba desarmado e iba a atacarla con un beyblade. Corrió hacia su primo—. ¡Emancipare! —le apuntó, sintiendo que las ataduras desaparecían.

— ¿Qué haces aquí? —le preguntó.

—No importa eso ahora —se maldecía por no llegar antes. Le dejó en su mano un corcho de cerveza de mantequilla y su beyblade—. Escúchame bien, Kai. Toma a tus subordinados. Cuenta hasta tres. Esto te llevará a la Mansión. En mi habitación tengo pociones que les ayudarán a curarse —se levantó inmediatamente, al ver que los magos habían recuperado, interponiéndose entre su primo y ellos. Alzó la varita.

— ¿Es en serio? ¿Una niña del Shougakko? ¡No me hagas reír Hiwatari!

— ¡Vete ya, Kai! —no le tomó importancia a las burlas de los mayores, aunque temía lo que fuera a sucederle. Después de todo, ella era menor de edad, menos experimentada y ellos eran Sogai sa reta (9), a juzgar por las túnicas blancas.

— ¡No!

— ¡Debes irte!

—Podría decir que es un gesto tan noble de tu parte, pequeña. Aunque es una pena que decidas ser uno de nosotros salvando a un mahinshi, el cual, por su actitud de esta noche, se nota a lenguas que desprecia la magia —los tres alzaron la varita, listos para atacar.

¡Protego máxima! —con ello trató de evadir los hechizos de los tres magos. No mostraría debilidad, a pesar que sabía que la habían expulsado a estas alturas de la escuela.

— ¡Vaya niña, tienes potencial! —le expresó—. Deberías considerar unirte a nosotros una vez que te destierren de la comunidad mágica y tu linda túnica malva se torne blanca.

—Prefiero vivir como muggle antes que ser una Sogai sa reta como ustedes —volteó hacia el ruso—. ¡Uno, dos, tres! —gritó fuertemente, retornando su atención a los magos. Su barrera se debilitaba. Finalmente ésta se derrumbó.

—Déjame jugar con ella, Takeshi.

—Está bien, Rika —el pelinegro dejó a su compañera, sin intervenir.

—Es una pena que hayas dicho aquello, chiquilla —la joven sonrió de manera irónica, mientras alzaba su propia varita—. ¡Crucio!

Let it rip! —una voz detrás de la inglesa gritó con todas sus fuerzas. Un beyblade rompió la varita de la bruja.

— ¡Pero qué demonios! —la muchacha gritó. Frunciendo el entrecejo, notó una silueta entre las sombras, detrás de la otra bruja—. ¡Hiwatari!

— ¡Kai! ¡Te dije que te fueras! —le gritó, enfadada. Veía que los otros dos chicos ya no estaban—. Eres un muggle, no podrás…

— ¡No seas idiota! ¡Ellos también te asesinarán!—con la fuerza que tenía, se enfrentó a los magos, desestabilizándolos. Dos de ellos sacaron sus propios beyblades—. ¡Vamos Dranzer! —estaba mareado. Sintió que pronto perdería el conocimiento, a causa del sangrado.

— ¡Engorgio! —La niña apuntó a una piedra, que rápidamente creció, siendo un escudo para desviar los hechizos—. No podré curarte en su totalidad, pero haré lo que pueda, ¡Episkey! —el niño sintió una calidez en su cuerpo, las heridas pequeñas cerraron; mientras las grandes, redujeron un poco su tamaño, aunque dejaron de sangrar—. Come esto. Son dulces a base de sangre —de su bolsillo, sacó el beyblade. El niño se lo arrebató, preparándoselo.

—A mi señal, lánzalo —tragó los dulces, sintiendo el sabor a hierro en su boca. Le entregó el beyblade. La chica le vio confundida—. No tengo la fuerza suficiente para mantener a Dranzer en pie por mucho tiempo. Un segundo beyblade sería complicado para mí en estas condiciones.

—Pero… ¡jamás he jugado!

—Sin embargo, me has visto, aunque creyeras que no me daba cuenta —le mencionó—. La curiosidad es algo irremediable que tienes, niña.

¡Reducto! —La roca se destruyó, haciendo que Aneshka usara un hechizo escudo, para evitar heridas—. De nada servirá ocultarse —exclamó Takeshi, quien se acercó a ellos—. ¡Ja! ¡Deberías ser más sensata, niña tonta! —apuntó su varita a ella. No pudo articular hechizo, dado que un golpe por la espalda. Éste le escocía, puesto era una llamarada lo que le había golpeado.

— ¡Ahora! —le gritó.

La niña lanzó el beyblade, el cual rompió la varita; y después, pegó al rostro del mago, haciéndole una herida en la mejilla. El objeto al caer, tambaleó un poco, pero siguió girando. Un segundo beyblade le atacó. Rika había sido quién había arremetido contra ella. Aneshka se había quedado inmóvil, sin saber muy bien qué hacer. Dranzer se interpuso justo a tiempo, evitando que el otro beyblade terminara con su prima.

— ¡No te quedes ahí parada! ¡Embiste su blade! —le gritó Kai.

—Pero… ¿cómo? ¡No sé hacerlo!

— ¡Enfoca tus emociones en él! ¡Es como si usaras magia! ¡Concéntrate!

Let it rip! —ahora los dos magos se unieron al combate.

Se enfocaron a Dranzer, dado que era en apariencia, quién podía darles más problemas. El mismo Hiwatari sabía que era cuestión de tiempo de perder contra ellos, viéndose superado en número.

— ¡Es hora de acabar con esto, salgan kappas!

Los tres hechiceros invocaron sus Bestias bit. Cómo podía imaginarlo, eras aquellos seres acuáticos, con aspecto de rana, caparazón de tortuga y un hueco en la cabeza en donde había agua emanaban de aquellos trompos. Aneshka recordaba haber leído de ellos. Quizás, viendo al fénix que poseía su primo, el comportamiento de esos espíritus era similar a los reales. Si Kai tenía razón sobre el uso del beyblade, debía concentrarse. El objeto se movió a la voluntad de la chica. Esperaba el momento propicio para lanzarse sobre ellos.

— ¡Señores Kappas! —les gritó a los entes. Sin dudar hizo una inclinación de medio cuerpo, cómo si lo hiciera en señal de respeto—. Buenas noches.

Tal como lo esperaba la chica, los yokai le regresaron el saludo, quedándose girando en un mismo lugar los trompos que les poseían. En el acto, notó que el agua que había en el hueco de sus cabezas se vació cuando se agacharon. Con el beyblade pudo retrocederlos un poco, aunque éste terminó de rotar pronto. Sin que la niña se lo pidiese, Kai comprendió que era lo que la bruja quería hacer.

— ¡Adelante, Dranzer usa tu Sable de fuego!

El fénix emergió una vez más de su beyblade, lanzando llamaradas sobre los entes acuáticos. Retrocedieron aún más, cómo si le temiesen al elemento que estaban combatiendo. La niña alzó su varita.

¡Repulso!—chispas salieron inmediatamente, empujando a los tres magos, que no pudieron reaccionar a tiempo. Con la fuerza del impulso, terminaron de caer en el lago.

— ¡Debemos irnos, Aneshka! —le expresó Kai, quién ya traía ambos beyblades en sus manos. La niña sacó su escoba. Subió a ella. Pero no despegó.

— ¡Sube! —Sin perder tiempo, el niño le hizo caso—. ¡Sujétate a mi cintura!

Empezaron a volar. De reojo, observaron que los tres brujos nadaban a la orilla, sin embargo, no pudieron ocultar su sorpresa al ver movimiento en el lago de criaturas humanoides. La niña no quiso ver lo que les sucedía a esas personas, pero suponía que era lo que les estaba empezando atacar ahí. Aneshka decidió concentrarse en el vuelo. Incluso a que empezaba a sentir escalofríos, aunque no era por el hecho de atravesar las nubes para esconderse de las miradas indiscretas.

Finalmente llegaron a La Mansión, ingresando a la habitación de la niña. La palidez de la pelinegra fue más notoria. Con nerviosismo, tomó un neceser de su mesita, preparando con rapidez una poción en un cuenco. Una sustancia ambarina, que se volvió naranja, cuando la chiquilla agregó un líquido algo viscoso, traslúcido y mezcló con una cuchara de plata. Sacó de su ropero una toalla pequeña, sumergiéndola en la poción.

—Aneshka…

—No hables —ella le tumbó en su cama. Sin dejarle reincorporarse, le colocó la toalla en su rostro, sin tapar nariz ni boca. Inmediatamente el niño sintió un alivió inmediato sobre el corte que tenía. Volvió a sentir lo mismo en sus brazos, cuando su prima repitió el procedimiento—. Es solución de tentáculos de murtlap modificada por mí. Sigue aplicándote la misma si así lo requieres. Busca a tus subordinados y les das este brebaje a base de díctamo por unos cinco días —le dejó en su escritorio.

No le dijo nada, dada la sensación de alivio en sus heridas, empezaban a relajarlo. Empero, al oír que la niña hacía mucho ruido, se incorporó, retirándose la toalla de su rostro. Pudo observar que su prima tenía su mochila llena con ropa, algunos libros, dulces, un saco, el cual se le cayó, observando las monedas de oro, plata y bronce extrañas para él. La chica desesperada las guardó de golpe en su valija. De su baúl, sacó un casete sin cinta.

— ¿Qué vas a hacer? —le preguntó, aunque intuía lo que planeaba la bruja.

—No puedo seguir aquí en Japón. He quebrantado el Estatuto del Secreto, y lo peor, siendo menor de edad. A estas alturas ya me habrán expulsado del Colegio —ella comenzó a sollozar—. ¡No quiero que rompan mi varita!

—No debiste ir a salvarme.

—No podía evitarlo. Eres mi primo y algo dentro de mí decía que debía hacerlo. Quizás no te odio del todo, aunque me hubiese gustado que nos lleváramos mejor, cómo nuestro padres. Estaba consciente de lo que perdería al ir a rescatarte, a pesar de que no me lo agradezcas —suspiró—. Regresaré a casa. Puede que tenga oportunidad allá. Intentaré hablar con el Director de Hogwarts, explicándole mi caso y posiblemente pueda seguir mis estudios o vivir cómo muggle o squib. Al menos no me volverás a ver, eso es lo bueno del asunto.

—… —Kai se quedó callado unos instantes. Era consciente que jamás le dio pie a su prima para que su relación fuese mejor. No por lo que le decía su abuelo, sino quizás ¿envidia por ser…? Pero, no creía que ella hubiera renunciado a todo por salvarlo. Se levantó, tomando su mano en donde tenía el casete—. ¿No hay alguna forma que yo testifique a tu favor?

—No lo sé. Aunque es extraño que no haya llegado una lechuza con una notificación del Ministerio de Magia o que mandaran a alguien a borrarte la memoria —le miró, desesperada—. Déjame irme, Kai.

—Deben existir cláusulas. Salvaste cuatro vidas esta noche. Te sugiero que no agraves esto, Aneshka. Huir causará más líos de los que tienes.

—Es mejor que le hagas caso, pequeña —una tercera voz les interrumpió. Venía de la puerta.

Podían ver una mujer de tan sólo veinticinco años, con una cabellera larga castaña, ojos de un rojo intenso. Traía puesto una túnica negra, con bordes plateados y un escudo que indicaba que era miembro del Ministerio de Magia de Japón. Sin pensarlo, el niño se interpuso entre la bruja y su prima—. No deberías preocuparte. He venido a cerciorarme de lo acontecido en el Lago —sintió encima la mirada intimidante de la mujer, como si estuviese leyendo sus pensamientos. Cuando ella vio a su prima, la niña se encogió, aferrándose al brazo de Kai—. Concuerda con la versión de los dos niños mahinshi que encontramos en su patio.

— ¿Cómo están? —cuestionó la niña.

—Han sido llevados a Tokio al Hospital Medimágico de Iwanaga-Sakuya (10). Fueron mal heridos por esos Soga isa reta, pero se recuperarán. Aunque se les han borrado sus memorias para que no tengan recuerdo de este traumático evento.

— ¿A Kai le borrarán su memoria? —preguntó, con desasosiego.

—Depende de lo que decida él. No es necesario, dado que conoce a la perfección la existencia de la magia.

— ¿La expulsarán? —Terció Kai, refiriéndose a Aneshka, en un tono que quizá la niña imaginaba, pero podría jurar que estaba preocupado—. ¿Y puede decirnos quién y qué es usted?

—Soy la aurora Oyuki Hi… —tuvo una pausa, pero prosiguió—…rasawa —el niño alzó una ceja—. Soy miembro del Ministerio de Japón, encargada de la seguridad mágica, en el Departamento del Uso indebido de Magia. Sólo me enviaron a verificar el caso. Aunque usaste magia siendo menor de edad, fue para salvarlos. Aun así, utilizaste tus poderes desde que estabas aquí en tu hogar, por lo que sólo se te dará una advertencia. Sé que ese hechizo de localización fue para ir hasta el Lago de los Kappa. Así que no veo la necesidad de alzar un reporte que comprometa tu estadía escolar ni en el Japón mágico. Esperemos que no vuelva a ocurrir. Sin embargo, debo hablar con tu abuelo —en ello la oficial hizo una mueca de disgusto.

—Oh… —la niña tembló ligeramente al imaginarse la escena que tendría con el patriarca de los Hiwatari.

—Es mejor que descansen. Mañana cada uno debe ir a su propio colegio. Por mi parte regresaré a la Oficina de Aurores —acto seguido, desapareció.

Ambos niños se quedaron en silencio por un bueno momento. Más que nada, analizando todo lo que había pasado. Finalmente la niña soltó un grito, sin poder evitarlo, sonriendo, brincando en forma de celebración, y por último, abrazó a su primo. Cuando se dio cuenta, se separó rápidamente de él.

— ¡Lo… lo lamento! —se disculpó—. Es que, estaba aterrada de que me expulsaran. Ignoraba que existía esa cláusula en el Estatuto Secreto.

—Eso significa que cierta niña debería estudiar más acerca de las Leyes que rigen su propio mundo —negó con la cabeza. Fue hacia el librero que tenía ahí. Encontró un ejemplar sobre el tema, pero al tomarlo, hizo una mueca de dolor.

—Tus cicatrices aún no sanan por completo. Deberías seguir poniéndote la poción —le llevó de nueva cuenta a su cama. Tomó las toallas, volviéndolas a remojar en la sustancia. Se las puso en los sitios en donde veía las lesiones abiertas. La niña no se había dado cuenta que el chiquillo empezó a leer aquel libro.

—Mencionan el hecho el por qué deben ocultarse de nosotros, los muggles —dijo, al hojearlo—. Bien, aquí está, "Cláusula 7: Los menores de edad podrán romper lo establecido en el párrafo C (violación del Estatuto Secreto), cuando su vida, la de otro mago, la de un squib o de un muggle, se encuentra en peligro de muerte".

— ¿Qué? —La niña observó a su primo con el volumen—. Es una copia del Código Británico del Uso de la Magia. No lo he leído por completo. Y francamente no creí que pudiese ser útil aquí.

—Este capítulo menciona las leyes que están bajo normas mundiales y las cuales son tomadas del Código Internacional del Secreto de la Magia. Es válido para cualquier país que haya firmado el Estatuto Secreto de 1669. Definitivamente, debes poner más empeño a tus clases, Aneshka.

— ¿Desde cuándo te preocupas por mí? —Alzó una ceja—. Espero que las maldiciones que ellos usaron contra ti, no te hayan dejado un daño permanente en tu cerebro.

—Creí que lo mejor entre nosotros sería hacer un alto a las hostilidades, Annia —aquella forma cómo la llamó, hizo que se sintiera nostálgica. Hacía casi cuatro años que no lo escuchaba, sobretodo de la boca de un Hiwatari. Estaba conmovida, pero aun así, le extrañaba oír aquello en voz del ruso.

—No niego que me gustaría mucho —con cautela se acercó a Kai, retirando las toallas. Examinó las heridas, notando que se habían cerrado en su totalidad—. Pero, no quiero que lo hagas sólo por agradecimiento por salvar tu vida. Sino, quiero que sea algo sincero. Yo estoy dispuesta a no amenazarte con mi magia, y a controlarla para no causarte daño —finalmente, llevó las prendas al baño, depositándolas en la cesta de la ropa sucia. Al regresar añadió—. Sabes, mamá siempre me contaba mucho sobre el cariño que le tenía a su hermano y aquel que él le tenía a ella. Por eso al conocerte, esperaba algo similar que sucediera entre nosotros —se sentó a su lado.

—Si he de ser sincero, desde mi accidente (11) no tengo memorias claras. Sobre todo con él. Al menos antes de que se fuera y renunciara a su familia —se encogió de hombros. No miraba a su prima—. Por lo que, no sabía de la existencia de tu madre, ni de ti. Puede que al saber lo que eras, tampoco me prestara mucho en convivir contigo.

— ¿Me tienes miedo? —Alzó la ceja. El chico negó con la cabeza.

—Envidia, quizás. No sólo la magia, has tenido libertades que ignoras, pero que yo no poseí ni tendré —se volvió a encoger de hombros, mientras se ponía de pie. La niña se sorprendió al escuchar esa confesión—. Sabes, yo no prometo ser un amigo para ti. Pero, no te fastidiaré más y mantendremos cierta paz entre ambos, al menos hasta que entres al internado.

— ¿Y si tratamos de conocernos mejor? —Le cuestionó, yendo junto a él—. Sé que por tu carácter será complicado, pero quiero que me des una oportunidad de que lo seamos —le sonrió—. Ya si al final no nos agradamos tanto, podremos dejarnos en una relación cordial.

—Bien —le iba a devolver el libro, aunque dudaba.

— ¿Te gustaría leerlo? —Eso le tomó por sorpresa a Kai—. Puedes devolvérmelo después. ¡Oh! ¡Espera! —Sacó de su escondite, la bolsa de dulces—. ¿Quieres uno?

—Yo no…

— ¿No te da curiosidad? —Le cuestionó—, Puede que al final te agrade uno.

—No soy tú, una entrometida sin remedio —la chica hizo un mohín, para que al final él soltara una risa. La chica, sin dudar, también rio.

—Lo dices tú, cuando tomaste sin permiso mi libro. Vamos, agarra unos. Ninguno muerde ni tienen veneno.

Tomó unos sapos de menta, comiendo con cierta desconfianza. Percibió el sabor de estos, que a pesar de que eran chocolate mentolado, no estaba mal. Sintió al digerirlos leves espasmos en su estómago.

—Es normal. Es la sensación que tienen los sapos de menta —le aclaró. Ella también cómo unos—. Pero no es peligroso —el chico sacó una nueva golosina—. Esa es una meiga frita. Te hacen flotar unos centímetros. ¡Por cierto! —sacó de su bolsillo el beyblade del niño—. Te lo regreso. Lamento haberle...

—Quédatelo —le sentenció. La chiquilla le miró confundida.

—Pero... ya sabes, yo no soy beyluchadora...

—Sabes, fue uno de los primeros que usé con mi padre. Ahora tengo el mío —le señaló el propio—. Te servirá más a ti que a mí. No espero que seas la mejor, pero si ocurre algo similar cómo lo de esta noche, por lo menos tendrás cómo defenderte.

—Gracias, Kai —le sonrió.

—Al menos claro, si te quedas paralizada otra vez, no prometo mucho —le expresó de manera burlesca. La niña sólo frunció sus labios. Aunque al final, soltó una risa.

—Bien. Yo espero que no sea aburrido para ti todo lo que tengo que mostrarte de mi mundo.

Continuaron parte de la noche conversando, aunque quizás más habla por parte de Aneshka, cuando le mostraba varios de sus libros, planos astronómicos, sobre el Quidditch, entre otros temas. La niña prefería disfrutar esta breve convivencia con Kai. Al menos le sobrellevaría mañana el trago amargo que pasaría al ser castigada por Voltaire. Y quizás esto fuese temporal, pero al menos la relación con su primo mejoraría mucho de ahora en adelante.

Después de todo, el enfrentarse a magos tenebrosos, arriesgar bastante de por medio y salir vivos de una situación peliaguda, es una de esas cosas que no se pueden compartir, sin terminar unidos. O al menos, Aneshka lo esperaba con ansias.


(1)Hikari Matsuda es un personaje mío, el cual aparece también en "Encuentros Inesperados", siendo sirvienta de la Mansión Hiwatari. Es una chica muy dulce, que se preocupa por sus amos jóvenes, dado que ronda por los 22 en ese fic. Aquí tendría quizá unos 14 o 15 años. Pero también es muy entrometida y no puede controlar su lengua antes de hablar sobre lo que piensa de ciertos temas, sobretodo si son las relaciones familiares.

(2)Los paiños son las aves que utilizan en el Mahoutokoro para transportar a sus alumnos de día (es decir, aquellos que no van al internado aún). En este caso, la especie corresponde más a las islas de Japón. No se sabe si estas aves son así desde nacimiento, o han sido modificadas por los magos nipones para su uso. Esta información es sacada de Pottermore.

(3)De acuerdo a la Educación Japonesa, es las palabras designada a la primaria. Tengo la idea que también los magos nipones puedan hacer esta distinción, sobretodo porque en los primeros cuatro años la educación podría apegarse más al sistema de la primaria muggle, poniendo inclusive materias como matemáticas, japonés, economía del hogar, etc. En cuanto a la secundaria (Chugakko), ahí se parecería más al sistema de Hogwarts, al ser ya el internado en lleno. También el hecho que llevan clases seis días a la semana, cómo tener más materias que el colegio británico, da cuenta de la seriedad y disciplina que caracterizan a los estudiantes de esta nación asiática.

(4)Hisao Aizawa, director del Mahoutokoro en esa época, precediendo a Mikami Tsukishiro, la cual toma su puesto dos años antes de que se desarrollen los eventos de la Orden del Fénix. Ambos personajes míos. Cómo su nombre lo dice, es un hombre longevo, que se retira de la dirección del colegio a sus 180 años de edad. Su sucesora, es la directora más joven en obtener el puesto de dirigir este colegio.

(5)El Mahoutokoro es canon, una de las instituciones mágicas más famosas conforme a la formación de los futuros magos y brujas. En diferencia con Hogwarts, la educación dura once años, iniciando desde los siete años de edad. Ya he explicado en párrafos anteriores su división. Cassandra Hiwatari fue a esta escuela cuando niña, (la madre de Aneshka), por lo que Voltaire sabe mucho sobre todo el movimiento del mundo mágico, sobretodo de Japón (y Rusia). Cassie fue a Hogwarts por intercambio (se afilió a la Liga Británica de Quidditch) en sus últimos dos años, teniendo contacto con los Mereodadores, Lily Evans y Severus Snape.

(6)A diferencia de Hogwarts, y siguiendo el calendario japonés escolar (muggle), los cursos inician en abril, no en septiembre. Tengo este headcanon que es mucho más sensato, al menos para que los niños de origen mahinshi no pierdan medio año.

(7)Basándome en Animales Fantásticos, en donde en EUA usan el No-Maj; Mahinshi es la terminología que los japoneses usan para referirse a los muggles. Viene de la unión de las palabras mahou (mágico/magia) nashi (sin). Es invención mía.

(8)Hinowa (火の輪), literalmente significa "círculo de fuego". Es un hechizo usado en Japón, para la invocación de aros de fuego. No sólo retiene a las personas/animales/seres contra las que se invoca, sino también llega a debilitarlos sin siquiera tocarlos. Es por eso que la eficacia de los niños y de Dranzer disminuyó considerabemente contra los Kappa.

*Septentrio, Auster, Subsolanus, Favonius: Aut inveniam viam aut faciam. Su traducción sería Norte, Sur, Este y Oeste: Encontraré el camino o haré uno. La última frase se atribuye a Hannibal, a quién sus generales le decían que era imposible cruzar los Alpes en elefante. Él les respondió: Inveniam vian. En latín, si no me equivoco. Corríjanme si ven errores. Es un hechizo de localización, en el cual se le pide a la Rosa de los Vientos que encuentre algo o alguien extraviado. Funciona si la persona tiene un objeto perteneciente a la otra.

(9)Sogai sa reta (疎外された). Marginados. En Japón se aparta a aquellos que rompan el Estatuto Secreto o practiquen Artes Oscuras con la finalidad de usarlas. Estos magos se caracterizan por tener túnicas blancas, siendo identificados así por el resto de la Comunidad Mágica. En esto tengo un headcanon que puede haber líos por esta clase de personas, dado que algunos fueron expulsados cuando niños por el hecho de cometer errores que por su edad, no pueden controlar con facilidad. Aneshka se libró de ello, por el hecho de entrar el uso de la magia en la cláusula que Kai lee en el fic.

(10)Homólogo de San Mungo. El nombre hace referencia a dos princesas dentro de la mitología japonesa, hijas de Yamatumi. Sus nombres significan Eternidad (símbolo de Piedra) y Prosperidad (símbolo de Flores), respectivamente.

(11) El "accidente" no es otro el que le ocurrió en la Abadía Balkov. Aunque no fue el primero (que no daré detalles de éste aquí), si el que más impacto tuvo en sus memorias, cómo se vio en el ánime. Incluso en ese momento no tenía idea que le había sucedido, porque su propia mente no le permitía acceso a dichos recuerdos. Esto dejará secuelas que se notan más adelante


Lechucería Hiwatari

Bien, cómo lo prometido es deuda, subí este spin-off. Sé que, si eres uno de mis lectores de mi fic "Harry Potter y los Blade Breakers" sabrás de qué familia mágica procede Aneshka, la situación en la que más tarde Kai y sus amigos, tendrán verse obligados a compartir clases tanto con ella, cómo los Tríos de Oro y Plata. Es un escrito más personal, puesto hace tiempo tenía ganas de escribir sobre este enfrentamiento. En el fic, ellos les mencionan a los demás, incluso a Aarón, el hermanastro de Annia, una descripción superficial y con cambios sobre esta experiencia, dado que ambos Hiwatari la consideran cómo algo entre ellos, que no necesitan que todo el mundo lo sepa (quizá más por parte de nuestro beyluchador).

Sobre los padres de ambos, cómo la relación con Voltaire con la magia, será descrita en mi long-fic, si es que quieren saber más. Aquí sólo doy una embarrada, dado que sería dar muchos spoilers de esa historia antes de tiempo.

Cualquier duda, comentario, corrección, etc. Son bienvenidos en la cajita de reviews.

Nos leemos después.