Unos momentos antes del encuentro:

Maldiciendo a sus adentros, la kunoichi se palmeó la cara por lo estúpida que había sido. ¡No puede ser que ahora, ni un ninja pueda ser sigiloso como Dios manda! Tal vez era por su fiebre que actuaba tan irresponsable, pero eso no la justificaba completamente.

Suspiró. "Tal vez ellos puedan decirme donde estoy… ". Sakura pensó, tratando de ser positiva por lo exageradamente negativa que era su situación actual. Se levantó, descubriendo su pequeña forma a los fuertes ladrones quienes se limitaron a mirarla, sorprendidos.

– Emm… lamento mucho la intromisión… – la kunoichi comenzó, algo nerviosa de que ninguno había empezado a hablar. – me preguntaba si podrían decirme d…

Un grito proveniente de la garganta de uno de ellos la detuvo de golpe. Era musculoso, muy alto y bastante desagradable. – ¡¿Quién diablos eres tú y qué quieres con nosotros?! ¿vienes a robarnos?

La pelirosa parpadeó, sorprendida. – ¿¡Yo?! Eh, ¡no! Sólo quería…

Otro de los guerreros, quien mantenía su largo cabello rojo en una coleta y apestaba a alcohol corrosivo, la volvió a interrumpir, dirigiéndose al resto del grupo. – Esa niña… – frunció el ceño pesadamente, levantándose del suelo y desenvainando dos katanas que mantenía atadas a su espalda. – siento un enorme poder emanando de ella… no es normal. Ten cuidado.

Sakura volvió a parpadear y suspiró, cansada. Lo menos que quería hacer era pelear, estaba demasiado débil para ello. ¡Sólo vino a preguntar dónde estaba! ¿era eso tan difícil de decir?

Se escuchó un resoplido. – ¿esa pequeña, peligrosa? ¡No me jodas! – un tercer hombre, con corto cabello rubio y una cicatriz en su mejilla izquierda escupió con burla, y comenzó a reírse del otro guerrero con el resto del grupo, quien se limitó a reírse junto con él.

La médico pudo sentir una vena de su amplia frente hincharse por la rabia. "Ok, eso tampoco era necesario…".

– Es más, ¡mírenla! Es tan bonita y luce muy delicada… – el mismo hombre de la cicatriz coreó, acercándose a ella y dando vueltas a su alrededor, con saliva saliendo de sus comisuras al pasar sus ojos por su figura curveada y, la verdad, escasamente cubierta. Sakura sintió su piel erizarse, su propia sed de sangre cada vez más aguda.

Comenzó a acercarse cada vez más, y los ojos verdes de Sakura repentinamente se veían nublados mientras su expresión se mantenía seria junto con su ceño fruncido. Pero al parecer él no se daba cuenta.

– Eres tan bonita… – alzó su mano, acercándola cada vez más al borde de la corta falda de su vestido. – que casi podría… – fue un milisegundo, o tal vez menos, pero todos presenciaron el corte limpio, rápido y fácil que hubo en el aire; como una brisa. Antes de que el propio infeliz se diera cuenta, su mano ya no estaba.

Es más, cayó en el suelo secamente.

Su grito de dolor no se hizo esperar, observando horrorizado su muñeca ahora vacía mientras su sangre salía a chorros por su muñón. Al parecer, un equipo de médicos de las cavernas, con sus artefactos luciendo muy sucios, fueron a socorrerlo inmediatamente. Los demás voltearon su cabeza tan rápido que les tronó el cuello. Observaron con pánico a su atacante de fríos ojos. La mujer se mantuvo serena, pero su pálida mano emanaba una luz azul que materializaba una especie de cuchilla, cubierta de poca sangre por lo limpio que fue el corte.

– ¿Qué acaso ya nadie sabe lo que es el respeto? – escupió secamente, el sonrojo de su fiebre desvaneciéndose mientras presenciaba a los guerreros colocándose en posición de combate, desenvainando sus armas a su enemigo. Los labios de Sakura se curvaron en una media sonrisa.

– ¡Maldita…! – el primero que se había levantado a amenazarla, volvió a hablar. – ¡te haremos pagar por lo que le hiciste a Yomi!

Sabiendo que tratar de negociar no serviría de nada, la chica se colocó de lado. Golpeando el piso fuertemente con su pie, agrietándolo. Lista para, no matar… o quién sabe, a estas bestias borrachas que se hacían llamar guerreros.

"No debería tardarme casi nada…".

De repente, como si alguien le hubiese puesto un cerillo encendido sintió quemaduras en la piel, como una mirada fija en ella que no perdía de vista ninguno de sus movimientos; corría desde su cuero cabelludo hasta sus los ligeros movimientos de pies, cada centímetro que se desplazaba, simplemente no se perdía de nada. Y, de alguna manera, sabía que no era la mirada de ninguno de los hombres que querían asesinarla.

Sin embargo, al no detectar algún peligro o fuerza enorme en particular, decidió ignorarla por el momento. Y centrarse en quienes tenía en frente.

La apuntaron con sus armas, cargaron esa extraña energía que NO era chakra en sus cuerpos para volverse mucho más fuertes. Lo sintió, habían amplificado cualquier medio: su fuerza de ataque, su velocidad, su defensa… lo que fuese necesario para matarla. Corrieron, rodeándola en un perfecto circulo para no dejarla escapar… según ellos.

Las rodillas de Sakura temblaron, desapareciendo en una nube de humo en menos de un segundo. Los pobres tipos, desconcertados, apenas se dieron cuenta de que la pequeña kunoichi se había escabullido fuera de su círculo del mal, reapareciendo a unos cuantos metros más lejos. Dobló sus codos a la altura de su cintura y apretó las empuñaduras, brillantes de luz azul. – Si quieren pelea, vengan. No piensen que me contendré.

"Esto es justo lo que quería evitar… ¡rayos!" lloró en su cabeza, ni siquiera pudiendo reunir una cantidad decente de chakra en sus manos como para poder destrozar una montaña; pero ella sabía una cosa: ahora tenía la fuerza necesaria para mínimo, reventar órganos de un puñetazo. Y eso es lo que haría.

Las quemaduras volvieron a aparecer, esta vez en mayor cantidad e intensidad. "vaya, al parecer mi espía ha traído amigos". Rio entre dientes, ya se encargaría de ellos después (de dormir, claro).

Dobló sus piernas, las cuales comenzaron a hincharse levemente por el cumulo de energía, y Sakura corrió disparada al grupo de cincuenta personas quienes ya marchaban hacia ella para atacar, pero el repentino movimiento de la mujer los hizo detenerse y abrir sus ojos horrorizados.

La velocidad de la mujer rosa no sólo la desaparecía, si no que dejaba grandes piezas de roca fuera de su camino, las cuales levantaba inevitablemente por la fuerza tan brutal de sus pasos. Dejando una línea muy duramente marcada en el suelo rocoso, como si de Moisés abriendo el mar se tratase.

Una respiración se cortó en seco, con sorpresa apenas contenida.

Antes de que el mentecato pudiera asestar un simple golpe, la figura pequeña se deslizó ágilmente por el suelo justo debajo de él, y el pie de Sakura pegó duramente contra su mandíbula, mandándolo volar varios metros sobre el cielo a la vez que, sus huesos se rompían en conjunto. Si sobrevivía, sería muy impresionante. Pero lo dudaba.

Le quemaron las piernas.

En un parpadeo, de nuevo ella se materializó cara a cara con el gigantón del principio, quien se limitó a mirarla con terror. – Hola. – le sonrío dulcemente, tomó sus mejillas entre sus manos y le torció el cuello de un movimiento. Elevando sus piernas y utilizando los anchos hombros como apoyo antes de que el cadáver colapsara, Sakura saltó hacia arriba, la oscuridad de la noche escondiendo su figura, con sus ojos verdes contrastando con luz propia.

Colocando una cantidad siniestra de chakra en sus pies, la kunoichi se dirigió a gran velocidad hacia el suelo, donde el resto de cuarenta y ocho personas la veían, estupefactos. Quisieron moverse para escapar de ahí, pero no hubo caso. Aterrizó con cada pie en una espalda diferente de dos que parecían unos gemelos, inmediatamente hundiéndolos en el piso y creando un cráter redondo con sus cuerpos. La manera en que sus columnas y más huesos se rompieron en un instante resonó en todo el campo de batalla, a lo que ellos chillaron fuertemente de dolor antes de finalmente morir.

Pasaron diez segundos. Tal vez más, tal vez menos, ella no lo sabía. Oyó pasos provenientes del exterior, no pertenecían a sus actuales enemigos, pero no le importaba.

Su mente estaba nublada. Chrollo sentía los cabellos de su nuca erizarse y su piel volverse de gallina a la visión que tenía enfrente, de la cual no podía despegarse de ninguna forma.

Era casi como un gato persiguiendo ratones. O mejor aún, un león cazando pequeños ciervos, su basta superioridad siendo obvia al destrozarlos completamente. Esa sería una buena metáfora de la masacre inesperada que sucedía a sus pies.

Al llegar, notó como el "monstruo" del que Shalnark le habló era una mujer. Una mujer pequeña, que fue ahora distinguible debido a que la luna, por alguna razón, se llenó en su totalidad. Resplandeciendo con su hermosa luz blanca a los peleadores e iluminando todo el campo de batalla.

Ella se mecía así misma como si fuera una pluma cayendo en aire. Podía durar segundos sin hacer nada, sólo dejando su cabello mecer contra el viento, pero aún así no dejó que nada ni nadie la pudiese tocar incluso en esos segundos de tranquilidad. En una situación normal, eso hubiese bastado para que cayera muerta, pero no era el caso. Ninguno parecía tener el poder suficiente.

Era simple: hombre que tocaba, hombre que moría al instante por una razón u otra.

No había conocido a nadie con tanta elegancia y fiereza al pelear en su vida. No era una bailarina, nada de eso. Era una guerrera, la cual sabía utilizar su flexibilidad y fuerza a su favor para lograr su objetivo. Era casi como veneno, actuando inmediatamente para asesinar.

Había conocido a muchos otros guerreros con un espíritu de pelea imparable y violento, como por ejemplo su propio compañero Uvogin. Él era todo un caso, no le importaba a quien mataba e incluso disfrutaba de asesinar a los más débiles, pero la mujer parecía más bien ansiosa de terminar esto lo más pronto posible.

Le gustaría saber por qué, aunque tiene una ligera idea.

Chrollo se pasó la lengua por sus labios resecos al darse cuenta de algo, la chica flaqueaba.

Sus rodillas se doblaban por si solas, y la fuerza de sus ataques disminuía con el pasar del tiempo. Desde la distancia, le costaba saber en ciencia cierta, así que, les hizo una pequeña señal con la mano a su grupo para que lo siguiese y en medio segundo, ya estaban a menos de diez metros de la chica.

– ¿Deberíamos atacar? – Phinks, finalmente, le preguntó en un susurro inseguro a su compañera Machi cerca del oído para que su objeto de fascinación, no lo escuchase.

Machi, sintiendo que sus ojos azules podrían salirse de sus órbitas debido a la sorpresa, pero relajándose poco a poco, lo volteó a ver lentamente. – No creo que esa sea buena idea… el líder se ve interesado en hacerle un par de preguntas… además… – hizo un gesto con su dedo hacia abajo.

El suelo bien podría pertenecer a una carnicería humana, y era asombroso el cómo algunos ni siquiera tenían heridas abiertas en su cuerpo, y aun así sangre borbotaba de entre sus labios y en su estómago había un puño marcado. Como si la mujer se concentró más en destruir sus interiores como un castigo doloroso y letal.

De un golpe, acabó con el último. Se elevó del suelo, dándoles la espalda; pero por la manera en que sus hombros subían y bajaban, significaba que estaba respirando demasiado rápido.

Estaba débil.

– Oye, tú. – Shalnark, sintiendo la confianza regresar a su cuerpo y al ver que su líder no se dignaba a hablar, comenzó. – ¿Por qué los mataste a todos?

La chica se irguió, y fue girando su cabeza paciente hacia ellos hasta que últimamente los encaró. Sus ojos verdes llorosos no pudieron evitar encontrarse con los ojos gris pálidos de Chrollo, quien nunca flaqueó o se movió en mirarla fijamente. Ahí se dio cuenta.

Tiene cabello rosa.

Ojos verdes.

Y el mismo símbolo del libro tallado en el cuchillo que no soltaba en su mano.

Sus ojos se abrieron al darse cuenta. "No puede ser."

A un segundo de abrir la boca para enfrentar a la mujer, percibió como el brillo de sus ojos desapareció, al igual que su consciencia.

"No… puedo… más", Sakura se maldijó mentalmente, sin dejar de observar la bella cara del hombre que había aparecido junto con un grupo de lacayos más detrás de él. Todos los ojos puestos en ella, se sintió débil y asqueada, pero no podía hacer nada.

Cayó de rodillas al suelo, y su cuerpo le siguió en seguida en un sonido sordo. Se había desmayado.

Hubo un silencio absoluto, y los demás miembros de la araña pudieron escuchar a su danchou aspirar y suspirar con lentitud.

– Por favor, tómenla a ella y a la mercancía completa y llévensela a la base. – ordenó, sin despegar sus ojos del rostro de la chica dormida con el ceño fruncido. – necesito saldar cuentas.