La noche debió haber sido corta debido a mi trabajo matutino por lo que pronto pensé en que debería retirarme he ir a despedirme de mi querida amiga… o al menos eso debió haber sucedido, pero aquella idea no fue mucho más que humo esfumándose en mi mente.

¿Dónde estaba mi tan reconocida responsabilidad? Pude notar la sorpresa de Gwen cuando le pedí otro trago. Eran como las cuatro de la madrugada y era más que seguro que planeaba quedarme un poco más. Ella se me acerco y preguntó - ¿Sucede algo qué yo no sepa? - en ese tono de voz preocupado que suele doblegarme. ¿Qué podía decirle? ¿Qué estaba ahí como un tonto? ¿Qué ahora me había convertido en un acechador? ¿Qué su mejor amigo era un pervertido? ¿Qué estaba acechando a un jovencito de mi mismo sexo? ¡Claro! Seguramente sentiría pena e intentaría llamar a su hermano para que ambos me internen en un loquero, a causa, tal vez… de un no diagnosticado estrés.

Seguro ella comprendería.

Sacudí la cabeza en completa negación acompañando mi respuesta con una sonrisa-Hace tiempo que no vengo a un lugar de estos…

-Me siento diez años mas joven.- Agregue. Gwen golpeo mi hombro.

-No estamos tan viejos, puedes venir un noche en la que no tengas que trabajar por la mañana.- recorrió mi rostro y estiro mis ojeras con sus dedos-Mer, se te nota agotado…,tienes que descansar.

Sabia que debía irme- Bien,…bien. Tranquila. Que terminando este trago. Me vuelvo a casa, mamá pollito.

Gwen, asistió.

Decidiendo, dejar el interrogatorio para seguir con su trabajo, no sin antes pararse en punta de pies, apoyando sus manos en la barra que nos separaba, para plantarme un beso cariñoso en la frente. La jefa parada a unos veinte pasos de nosotros, me miro con antipatía y siguió manejando una de las cajas registradoras de aquella barra. Le sonreír a lo que ella contesto dándome la espalda.

Sin quererlo, ni merecerlo, me había ganado una enemiga.

No quería imaginarme siendo el enemigo de esa mujer de ahora misteriosa. Toda ella, gritaba; "Peligro"

El hormigueo en mis piernas me regreso a lo que era mas importante que el impulso asesino de la loca enamorada de mi amiga.- ¡GENIAL!- Me dije a mi mismo.- Mi único par de piernas realmente se sentían entumecido, y todo por estar afirmado en la barra por tanto tiempo, y no solo eso, la vista me estaba cabreando, por tener puesto mis lentes de contactos por tantas horas.

Leer más de 60 paginas con un Merlot en sangre más lo que le siguió…, no había sido de gran ayuda.

Debí de haber usado mis gafas esta noche.

Todo este berrinche. Esta actitud tan caprichosa. Me estaba fastidiando, ¡Yo mismo me estaba fastidiando! ¿Qué era esta locura? ¡Yo no soy así! Es mas, me iría ahora mismo. Me olvidaría de ese chico y de la punzada de dolor que me estaba causando, el solo echo de verlo bailar tan coquetamente con su grupo de niñatos. Por qué diablos, no podía dejar de fruncir el ceño cada que notaba que aquel joven rubiales era tan acechado como yo, por las chicas de este club. ¡Es qué mis ojos no podían dejar de mirarle!. Era como si no estuviese siendo yo mismo esa noche.

Como si todo esto fuera parte de un entupido hechizo.

Me tome el ultimo trago, como lo hacen los hombres. ¡Hasta el fondo! Le di un leve golpetazo a la barra y me encamine a la salida. Pero, entonces mire una ultima vez hacia ese chiquillo molesto que no había volteado a verme ni una sola vez. Como si mi mirada no hubiese sido lo suficientemente penetrante.

¿Cómo puede verse tan lindo? ¿Cómo puedo estar pensando en eso? ¡Siempre fui un amante de mujeres hermosas! ¿es que acaso me estaba aburriendo de ellas? Mierda. Debo admitir que mi idea principal había sido conseguir compañía esa noche como un plus, por alcanzarle el celular a mi amiga.

Detesto, cuando dicen; Que Dios provee a quien obra bien.

Por lo general estaría aceptando el coqueteo desvergonzado de las chicas que se me habían acercado durante toda la noche en un intento de ligue. Para colmo de males, estaba lanzando hormonas como loco esa noche… por que presentí que hoy batí el record en mujeres interesadas.

Pero esto que me estaba pasando no podía ser considerado otra cosa que un castigo divino.

No se si fue mi actitud oscura o mi mirada en forma de lazo invisible, lo que hizo que girara su bonito rostro hacia mi dirección segundos antes de que me rindiera. Pero ahí estaban esos ojos enmarcados por un par de cejas fruncidas intentando entender lo que quería de él. No se lo que me llevo a hacer el siguiente acto de chiquilín despreciable. Coloque mi mano sobre el pecho directamente a mi corazón, para luego apoyar los dedos de esa mano sobre mis labios y lanzarle un pequeño e intruso beso volador. Era tan cómico su gesto de enojo, que hasta me halagué a mi mismo por conseguir su atención.

Mi sonrisa engreída debió desaparecer en el momento justo que lo vi encaminarse hacia mi, pero no podía dejar de sentir tantas emociones juntas. Era tan incontrolable que hasta el hormigueo en las piernas se había vuelto nada.

Obtener esa mirada brillante, junto a toda su atención me hacia sentir completamente fascinado, enroscado en un juego que apenas se estaba iniciando.

Pero a mitad de camino, su hermana volvió a aparecer para esta vez, entrometerse, era obvio que había visto la intención de Arthur de discutir conmigo, y para evitarlo, se lo llevo lejos.

La chica seguramente quiso hacerme un favor. Todo ese ida y vuelta de emociones, me hizo sentir cansado.

Me rendí.

Le envíe un mensaje de emoticon a Gwen, y me marche.

Fueron como dos horas de sueño, tome mis gafas de la mesa de luz, para mirar a todos lados y seguir sintiendo la misma extraña sensación de perdida. Seguramente me encontraba en uno de esos días en la que te acomplejas de la edad, del paso del tiempo, y piensas… en lo silencioso que se encuentra todo a tu alrededor.

Te sientes aburrido, repetitivo, espantoso, y hasta agotado de absolutamente todo.

Llegue a la estación, donde tres secretarias me recibieron. Ninguna era mía. Por lo que estoy seguro que sus jefes estarían molestos. -¡Buenos días, Merlín!. -dijeron a coro.

- Buenos días, Anna, Elena, querido Morris.- Bueno, el ultimo es un chico, pero siempre me a parecido mas femenino que Anna y Elena. En realidad el ultimo solo estaba burlándose de ellas.

Morris me siguió el paso, dejando a un par de chicas molestas.-te encanta hacerlas enojar.

- tu siempre me sigues el paso. -sonrío. -*Querido* juro que casi carcajeé de la risa y les solté un gas de emoción al ver su caras descompuestas.

-mmh… ¿Anteojos de sol?- Morris me pregunto.

-Salí- Morris me sonrío mientras me seguía hasta el ascensor.- ¿no me regañaras?- pregunte parándome dentro de las cuatro paredes, él negó.

- Somos seres humanos- Dijo entrando conmigo-, pero el instinto animal rige nuestras vidas.- me susurro. - Además, ¿para que regañarlo?, los gritos de mi jefe serán suficiente castigo.

- Gracias, por recordarme eso.

Las puestas se abrieron en el tercer piso, Elyan estaba parado esperándonos.-chismosas.-Escuche a Morris susurrar.

- No te encargue ciertas copias sobre mi escritorio, Morris.

-Si, señor.

-Entonces, ¿por qué esas copias siguen en tus manos y estas perdiendo el tiempo, como lazarillo de este imbecil?

- Eso te pasa por insinuar que los gritos serian para mi.

- Oh, Quédate tranquilo, para ti también tengo. Morris asegúrate de tener mi café en su punto exacto.

-Me tomara otra vida.- por que la cafetería estaba en el primer piso.

- ¡Suerte!. - Le grite mientras me encaminaba hasta la sala de audio.

- Por que eres tan malo con él.- le dije como tantas veces. -Es el primer asistente que te dura tanto.

- Las mujeres siempre trataban de saltarte enzima y eso era un problema, por que tu las dejabas.

-¿Perdón?

- Las recibo. Ahora, si sabes lo que me cuesta conseguir personal, por favor… trata de no enamorar a mi asistente.

-Lo intentare.

Pero, para la próxima no busques a los que abandonan la carrera de modelo.

-lo pensare.

El día fue insoportable. Mi querido publico no hablaba de otra cosas, que no fuera amor. Las canciones que nos pedían eran melancólicas, y para hacer la mañana mas romántica.

Llovía a cantaros.

Por la tarde tuve que cubrir la sección política, por que mi compañero estaba camino al hospital esperando agrandar su familia.

El mundo se llenaba de amor. Mientras que de mi mente no se escapaba el rostro de aquel peculiar rubiales.

Quizás, por eso mis ojos me engañaron. Cuando, volviendo hacia mi departamento, conduciendo mi Camaro, creí ver a mi enojon favorito cruzando la calle. Este chico estaba usando un buzo encapuchado. Por lo que no pude verle bien el rostro.

Simplemente me deje llevar por la intuición. Esa sensación del corazón palpitando. Pero el semáforo en rojo me obligo a permanecer en el lugar.

Pase por la misma calle, no había señales de aquel encapuchado.

Entre a mi departamento a eso de las 9 y con la sensación de cansancio, me acosté a dormir. No, sin poner el despertador para dentro de 5 horas. Algo me decías que esa noche debía volver a ese club.