No tengo idea de qué ha pasado, pero la broship me ha pegado fuertecito y no dejo de concebir ideas sobre ellos. Me lastima un poco porque mi OTP de BnHA es el TodoBaku, pero qué se le va a hacer cuando eres putishiper. Enfín. (?)

PD: Noches de inspiración, por favor no me abandonen.


Tinieblas mariposa


Sucede que al cuerpo a veces no le apetece demasiado eso de no sentirse como una total mierda, que opta por desmerecerte y por pisotearte las entrañas hasta que sólo puedes probar a no matar la esperanza de que se acabará pronto el sufrimiento y eliges pensar que todo es sólo un cruel engaño por parte de tu mente trastornada por el dolor. ¿Dolor? Dolor.

Ni le da la gana ni pretende empezar un nuevo rompecabezas con las ideas punzándole el cerebro, aguijoneándole lentamente y llenándole las ideas de tinieblas mariposa. Como si lo necesitara. No lo necesita; no si se trata de ese idiota rojo, al menos.

Y es ese idiota rojo que se acerca a inspeccionarle el rostro como si tuviera el derecho o fuera su jodida nana que le desespera en un parpadeo e impide que respire sin dificultad con los pulmones vueltos un amasijo caótico que le constriñe y maldita sea ya deja de verme así.

A lo mejor es que sólo se decide a robarle el aliento y se va.

—Imbécil, aléjate si no quieres que te parta la cara en dos.

—Parece que tienes fiebre, Bakugou.

O a lo mejor no, porque es un imbécil.

Sucede que hay ocasiones en que Katsuki preferiría que Kirishima se enojara con él hasta mentarle la madre antes que esa sonrisa comprensiva que le besa por las noches, susurrándole que le quiere, preguntándole si pueden jugar con la luz encendida o si mañana tendrá algo que hacer, con la insinuación del «no sé, a lo mejor podríamos no dormir hoy» en los labios tramposos. Lo preferiría porque sería más sencillo estamparle la boca a contraluz y podrían pelear a gusto en la cama, como buenos salvajes, en vez de ir lento y tener que tragarse todas esas pasteladas que Kirishima le escupe en la garganta, besándole suave, sin dientes, prometiéndole el mundo porque su vida entera se la jurará mañana.

Y Katsuki está dispuesto a aceptarlo.

Maldición.

—Jodido marica.

El modo en que Kirishima ya ni siquiera parece confundido por su reacción y se decide a sonreírle es sublime. Sublime como para querer partirle la jeta en dos de una explosión. Así de sublime. Katsuki no la soporta y solo quiere morir cuando siente la frente de piedra cortarle de tajo las tinieblas mariposa que ya le abruman, pero se dice, casi inconscientemente, que debe llegar con vida al menos al pastel de bodas.

No lo ve venir: la sonrisa de Kirishima se vuelve severa y casi le pica, nariz con nariz, al reprenderle falsamente:

—Se dice «acepto», Blasty.