Día 0: Primer Encuentro.

El tiempo siempre había sido subjetivo para los seres divinos, carecía de importancia y representaba solo un pesar digno de humanos, sin embargo esa tarde, el ángel guardián de Kanako Tatsumi había cumplido un año entero desde que comenzó a vigilar al hermano de su protegida, Souichi Tatsumi. No lo hacía porque representara un peligro para la pequeña Kanako, no era mala persona aunque tuviera un mal carácter y un cierto odio hacia los demás que no compartían sus creencias o sus gusto, no, definitivamente no se debía a su forma de ser por la que Morinaga Tetsuhiro vigilaba más a ese humano que a la menor, su obsesión se debía a que, por alguna razón que aún desconocía, el ángel Morinaga se sentía atraído hacia él. Era una extraña sensación, una que jamás había tenido en realidad pero desde que miro a Souichi por primera vez cayó en una repentina atracción que tenía hacia él. Souichi era un hombre atractivo entre los suyos, alto, esbelto, de ojos penetrantes y de cabellera larga que brillaba como oro con el paso del sol, un oro apagado que no por ellos dejaba de ser hermoso. En un principio creyó que solo se debía a que nunca en su vida había visto a un humano igual de hermoso que un ángel, sin embargo el tiempo durante ese año trascurrió y le dio la respuesta clara a Morinaga, la respuesta que necesitaba para comprender todo lo que le ocurría... pero tenía miedo de admitir que estaba enamorado ya que eso estaba prohibido entre los suyos, aunque por supuesto, enamorado ya se encontraba.

Aun sabiendo eso, el ángel Morinaga lo veía en secreto e intentaba ayudarle con sus problemas mortales siempre que podía. Le gustaba mirarlo día y noche, contemplar esa belleza inhumana que había sido creada por gente común y enamorarse más de esa imperfección que le era más atractiva que la propia perfección a la que estaba acostumbrado.

Entonces, solo puede llamar "destino" a lo que ocurrió en un día cualquiera en el recinto de los ángeles, donde vivía con las otras creaciones de Dios. Una noticia se presentó en la tarima de anuncios, un pergamino con letras doradas donde se podía leer que Dios y el consejo celestial pedían que un ángel fuera a la tierra a concretar una misión confidencial que tomaría aproximadamente una semana en tiempo mortal y que ellos mismos no podían realizar. Morinaga leyó el anuncio silenciosamente mientras que los demás ángeles comenzaron a murmurar a sus espaldas, les aterrorizaba la idea de viajar a la tierra porque temían que les pasará algo igual que a Lucifer, ángel caído quien había surcado a una misión similar por su propia cuenta, nunca regreso de su descenso. Por ello nadie quiso ir y Morinaga miro aquella ocasión como la oportunidad que necesitaba, quería conocer a aquella persona que tanto acogía sus pensamientos y saber que le atraía de él, aunque la idea de parecerse a Lucifer le atemorizaba como a los demás ángeles, más grande era su tentación.

Se postuló para el puesto y fue una suerte saberse el único dispuesto a realizar la misión porque lo aceptaron casi de inmediato. Asistió a una reunión con el consejo esa misma tarde, donde no solo le explicaron lo que tenía que hacer, si no cómo funcionaría su nuevo cuerpo hecho de materia.

Por ello, su primer error fue aceptar aquel trabajo...

(...)

Los ángeles lo acostaron en una cabina especial casi inmediatamente, le recordaron su misión y su tiempo en la tierra. Morinaga asintió cuando le preguntaron si estaba preparado y con unos cantos gregorianos, lo pusieron a dormir. Fue entonces, a la mañana siguiente, cuando abrió los ojos y se dio cuenta que ya no estaba en el recinto junto a los otros ángeles, que su corazón latió acelerado. Ahora estaba en una pequeña habitación diferente a la cabina, más simple, más mortal. Una habitación como la de Souichi Tatsumi.

Para su fortuna, Morinaga sabía en qué lugar se hallaba, los ángeles del consejo no omitieron nada sobre el plan y el nombre de Japón retumbo en sus oídos al instante. El mismo país donde aquel enigmático ser residía, y Morinaga no solo se hallaba en aquel país, no, Nagoya era el nombre exacto donde estaba, aunque teme que no conoce más allá de su ubicación, saber que estaba más cerca de Souichi Tatsumi era digno de hacer vibrar su corazón mortal.

Se tocó la espalda solo para sorprenderse de que sus hermosas alas ya no estaban, el acto solo lo había realizado para cerciorarse de que no era el mismo que hacía unas horas atrás y evitar pensar que solo se trataba de un simple sueño, como muchos otros que había vivido anteriormente, pero la idea de no sentirlas le paralizo ligeramente, sin embargo las palabras del consejo se presentaron en su memoria advirtiéndole el porqué de ese cambio.

«El cambio a tu cuerpo es un acto necesario, Tetsuhiro Morinaga. Un ángel como tú no puede caminar en tierras mortales con esa apariencia, es por ello que un cuerpo de materia se ha creado para ti y tus alas será evidencia de esa metamorfosis.»

Un cuerpo de materia, eso era lo que tenía ahora. Un cuerpo que podía ser visible para los humanos, que sentía, que podía ser lastimado, un mero cuerpo mortal que lo transformaba en uno de ellos. Pensar en ello no lo tranquilizo en absoluto, pero aunque temía esa transformación, Morinaga no tenía el tiempo suficiente como para seguir pensando en eso. Así que se paró de la cama donde se hallaba acostado y se metió a bañar como lo había visto hacer a muchos humanos, no era como si los ángeles no se bañaran, la cuestión es que lo hacían de otra manera y la experiencia solo le hizo sentir curiosidad, sentir ese "nuevo" cuerpo hecho de materia muy parecido a su cuerpo celestial seguía, aunque aterrador, siendo un hecho interesante.

Después de aquello se cambió y salió a la calle para explorar su alrededor, no camino más allá del minuto y medio cuando, en ese instante, alguien le grito por la espalda con pánico.

—¡Cuidado! —pocas veces en su vida Morinaga se atrevió a decir que podía reconocer la voz de una persona, pero era claro en el momento y fue aún más claro cuando se voltio y se encontró con aquellos ojos miel que tanto le habían arrebatado el aliento. Souichi Tatsumi, un humano encontrándose por mero destino con su ángel acosador, montado en una bicicleta, preocupado por lo inevitable. Morinaga podía parar el tiempo solo para asegurarse de que se trataba de él, que estaba viviéndolo de verdad, pero decidió solo dejar que pasaran las cosas y fue así como el despreocupado humano se estrelló con él, cayendo de la bicicleta. Dejando en su cuerpo mortal un dolor apenas perceptible que solo fue ofuscado por la inminente presencia del ser.

—No te preocupes —dijo Morinaga amablemente pensando que el hombre se disculparía de inmediato sin tomar en cuenta como era Souichi Tatsumi quien se enojó ante su actitud victimaria—. ¿Qué ocurre?

—¿¡Por qué me tengo que preocupar si yo te avise!? ¡Eres tú el que no debe preocuparse!

Nunca se había topado con él, nunca había presenciado su tiranía de esa forma, tan personal, tan suya. Pero el hecho no maravillo al ángel como lo había pensado alguna vez. Una consecuencia tal vez de poseer un cuerpo mortal eran las emociones negativas que se apoderaban de personas como la que tenía enfrente. Morinaga frunció el ceño y una extraña cólera lo invadió, acercándose más a Souichi Tatsumi solo para soltar una verdad que sabía que nadie sabía además del humano y de él.

—También es tu culpa por no saber usarla.

Souichi se sonrojo por completo tras escuchar la declaración del extraño, se veía como un tomate a causa de la vergüenza que sintió ¿Cómo sabia eso? ¿Tan obvio era que se trataba de su primera vez en una bicicleta? Por otro lado, para el ángel aquella era la primera vez que veía tan cerca a Souichi y comenzó a sentir un hormigueo atravesar todo su cuerpo, fue algo inesperado.

Se veía como un ángel, como un ser creado solo para su admiración y devoción; su cabello largo hacia que se viera como una diosa y su belleza física, su fino rostro y su cuerpo esbelto y definido solo podían ser resumidos diciendo que era tan hermoso e inteligente que era digno de estar en el cielo sin ningún juicio. Morinaga tuvo el deseo de acercarse más, arrebatarle el aliento a Souichi con un beso fugaz, sin embargo antes de que pudiera hacer nada, el pelilargo se levantó y tomo su bici sin volver a dirigirle la palabra al ángel o siquiera para mirarle una vez más.

A Morinaga le hubiera gustado decir que su primer encuentro con Souichi Tatsumi se había pactado con un beso, sin embargo aquella huida de cometer una tontería solo le bastaría para sentirse aliviado de manera momentánea. A pesar de querer perseguirlo, el joven ángel seguía estando ahí por una misión y era demasiado pronto como para evadir su propia responsabilidad. Por lo que se levantó del suelo donde se hallaba decidiendo esa mañana ignorar sus deseos y preocuparse en terminar la misión. Tenía una larga semana y si el destino los había juntado en ese momento, más tarde lo volvería a hacer.

(...)

Pasaron las horas y después, ya casi al término de aquel día, Morinaga ya había acabado su trabajo por el momento. El hormigueo que se había presentado en su encuentro con Tatsumi Souichi desapareció casi de inmediato y esa tarde—noche solo parecía haber dejado un vacío en su alma que había tratado de llenarla con trabajo celestial aunque por supuesto, nunca fue saciado por completo. Se rindió al tratar de llenarlo, pero la idea de poder volver a encontrarlo no lo dejaron concentrarse.

Inundado en ese pensamiento, Morinaga regresaba sus pasos lentamente hacia su departamento, y fue una vez más a causa del destino que lo volvió a hallar. Ahí mismo, en un parque se hallaba cerca de su departamento se encontró con Kanako Tatsumi, su protegida, jugando sola en un columpio.

Siempre la veía jugar sola porque su madre había muerto de manera prematura y a causa de ello su familia se desintegro paulatinamente. Su padre se fue a explorar otros lugares del mundo sin ella, su hermano Tomoe en Estados Unidos y Souichi, su único familiar cercano, quien jamás podía jugar con la niña ya que su trabajo se lo impida, fue una constante en sus informes, y escuchar de parte de la madre de la niña lo preocupada que estaba por ella solo lo hacía sentirse afligido y sin el poder de hacer algo relevante. Un ángel no tenía el control total sobre sus protegidos, muchas veces eran ellos los que tenían que salir de sus problemas por cuenta propia, cuestión que muchas veces interrogo con sus superiores.

Ahora que tenía el tiempo, no podía simplemente irse sin atender a su protegida. Había tantas cosas que decirle, tantas cosas que escuchar, que simplemente se fue acercando discretamente hacía ella, no quería que Kanako se asustara después de todo, pero entonces repentinamente Souichi Tatsumi salió de la nada. Morinaga se quedó paralizado en su lugar, mirando la felicidad de ambos hermanos que parecían mostrar.

Souichi dijo algo y Kanako acepto sin cuestionar, se paró del columpio y se fue contenta hacia dirección de su hogar, Morinaga la siguió con la mirada por un momento, hasta que ella se desvaneció en la noche. Sabía que estaría bien, la había visto caminar sola muchas veces y sabía que podía cuidar de ella, por eso no se preocupó en absoluto, era una niña inteligente, una de las tantas razones, quizás, por las que él mismo había dejado de prestarle la debida atención. Entonces cuando se volvió se topó con los ojos de Souichi una vez más en ese día.

—¡Tú eres aquel tonto que se estrelló con mi bici! —señalo el pelilargo con el ceño fruncido y una expresión que el ángel encontró cómica.

Aunque su corazón se sentía ansioso y aquel hormigueo se presentó para ser llenado al fin, Souichi no se detuvo a conversar o a insultarlo como había pensado, solo paso junto a él sin mirarlo tan fríamente que todas sus emociones fueron eclipsadas por aquella mirada. Morinaga lo siguió con la vista igual que como lo hizo con su hermana, lo miro cruzar la mitad de la calle justo cuando un sonido extraño se presentó en la escena. El ángel miro hacía dirección contraria y observo un tráiler conducido a gran velocidad aproximarse hacía donde Souichi Tatsumi caminaba. El corazón se le achico.

—¡Cuidado! —grito tratando de alertar a su amado.

Souichi escucho su llamado, pero cuando miro la situación parecía demasiado tarde como para hacerse a un lado y entonces, Morinaga se lanzó hacia él y lo empujo hacía el otro lado de la calle con una fuerza que Souichi quedo tirado en el suelo. Fue casi segundos del incidente que el pelilargo se movió bruscamente para ver a Morinaga, su salvador, quien había recibido un gran impacto, pero cuando Souichi miro aquello, simplemente no lo podía creer, Morinaga no solo no tenía ningún rasguño, sino también había destrozado parcialmente el auto.

Se hallaba de manera celestial en medio de la calle, como un Sansón mostrando su increíble valía, y aunque el acto solo en sí era impresionante, Souichi le miro asombrado y totalmente aterrado

—¿Qué eres tú? —pregunto agitado, sintiendo su corazón a galope y sus sensores predicarle el peligro que sentía al estar enfrente de tan misterioso ser.

Morinaga no respondió de manera inmediata, volvió sus pasos hacía el auto y lo arreglo con solo un golpe para posteriormente borrar la memoria y el dolor del conductor, quien había perdido el conocimiento a causa del impacto, después de eso se acercó a Souichi, le tomo del rostro, admirando como tenía la mirada, triste, solitaria, ligeramente asustada y le dijo con una voz angelical casi susurrando.

—No me temas, Souichi Tatsumi que no te haré daño.

Souichi contuvo la respiración, consternado y mirando como sus conocimientos acerca de la ciencia, esa ciencia a la que había creído como religión, se derrumbaban a consecuencia de ese ser.

—¿Quién eres? —insistió en saber.

Pero Morinaga solamente lo abrazo, con su corazón comenzando a latir demasiado rápido como para soportarlo un segundo más, aun preguntándose qué le atraía de él, aquella extraña sensación aumento, sentía la cálida respiración de Souichi en su cuello, se sintió tan cercano a él que no le importó romper el acuerdo de confidencialidad. No importaba si era descubierto, no le importaba nada mientras Souichi Tatsumi fuera aún más cercano a él.

—No soy un demonio, si es lo que piensas, Souichi Tatsumi... —dijo Morinaga—. Soy un ángel.

Y junto a esa confesión, Souichi se quedó perplejo, pensando en que tal vez... él estaba mintiendo.