Contigo conocí los celos.

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Segunda y última parte.

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Se dio cuenta como se le quedaban mirando todos en la sala de conferencias.

Detrás de cada paso que daba, sonaba el piso de madera, pensó que deberían sustituirlo por uno más silencioso. Podía escuchar algunos susurros y sabía que estaban dirigidos a él y su nuevo aprendiz.

Cuando entro en compañía de Morinaga su cara se asemejaba a la de un hombre cómodo y sereno a pesar de que por dentro estaba nervioso. La persona a su lado, lucia muy bien y su carisma hacia que rápidamente se acercaran a él. El recién llegado, era muy alto. Guaau, casi 1.90 mts de estatura y eso le gustaba mucho a Kuze, que el resto viera quien era el que mandaba. Quien se quedaba con los más atractivos y altos.

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Al terminar la sesión, fueron al comedor y se sentaron separados del resto y Tetsuhiro se pidió un desayuno oriental completo. En definitiva, este ángel sin alas, estaba completamente ajeno a lo que pasaba a su alrededor, luego comenzaron a charlar.

– Te he visto antes hablando con Shiboku, parece que se hicieron amigos y se han caído bien -

– No es eso, ya nos conocíamos. Se lo comente antes, él fue también mi master al llegar a la farmacéutica -

Kuze fingió demencia de no recordar que, en efecto, Morinaga le comento que Shiboku lo recibió desde los entrenamientos.

– ¿Ah sí?, no me ha dicho nada, fuimos senpai y kouhai cuando estábamos en la facultad e hicimos la especialidad. También conocemos a varios otros que estudiaron en la misma Universidad que tú. ¿Quiénes fueron tus senpais en esa universidad? Tal vez recuerde a alguno –

Morinaga no estaba muy seguro de hablar de Souichi, no quería que saliera ese tema entre él y su recién conocido. Lo mantendría oculto, como quien esconde un tesoro y no está dispuesto a compartirlo con nadie. Por lo que prefirió desviar un poco el camino peligroso que llevaba ese tema.

- Pero Nagoya está a más de 2 horas de camino ¿Cómo es que conoce a algunos? –

– Pues lo típico, de algunos congresos, ya sabes, el mundo puede ser bastante pequeño y las coincidencias no existen, que llegaras a este lugar es un buen cambio -

De repente Morinaga se le quedó mirando, Kuze esbozó una sonrisa antes de dar un trago a su café y Tetsuhiro claramente entendió de que se trataba esa cita después del trabajo.

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Todavía llovía un poco cuando salió del abarrotado bar de copas en el que había pasado dos horas de animada conversación y cervezas.

Lo animaron a salir al finalizar la extenuante jornada del laboratorio, para festejar a uno de los profesores.

El aire frío de mediados de agosto empujaba la llovizna hacia él y le golpeaba las gafas haciéndole dificultosa la visión, cosa que le irritaba mucho, pero no lo convencía lo suficiente a arrastrar consigo un estorboso paraguas durante horas, solía olvidarse de ellos y ya había perdido la cuenta de cuantos había comprado. Maldecía y soltaba algunas palabrotas al sentir el contacto del aire frío sobre su gabardina húmeda.

Iba algo mareado, no mucho. Pero si lo suficiente para pensar que, después de todo, volver a casa no sería malo. Estaría solo, pero sabía que Morinaga llegaría por la noche y ahora que lo pensaba bien, el alcohol era un buen relajante, hacia milagros en su estado de ánimo y carácter. Lo hacía sonreír en momentos y hasta soltar más tacos de los que acostumbraba, cuando se reunía. Sin embargo, siempre existía un, pero, y el, pero tenía que ver con su amante, que era más encinos y usaba las manos como tentáculos, tocándolo por donde se descuidara, eso sería lo malo cuando lo encontrara con unos tragos de más.

Ese solo pensamiento, hizo que regresara su estado de ánimo permanentemente cabreado. ¡Maldita sea! dos palabrotas más y se resignó a que sería arrastrado sin dársele tregua hacia la habitación de su amante.

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Finalmente llego al departamento y aunque Morinaga se fue todo enfurruñado por su repentino cambio de decisión, que no pensaba dejar el departamento porque no tenía intenciones de dormir con él, ni ahora…ni nunca.

Pensó sintiendo un escalofrió recorrerlé la espalda, que el otro bien podría amanecer en su cama cada que viniera, no podía con ese chico. Esa era la misma cantaleta de siempre.

Ni bien había dejado su cuerpo caer en el sofá, y en su bolsillo del pantalón, sintió la vibración de su celular. Era Morinaga, su nombre seguido por muchos corazones rojos y después dos emoticones con lágrimas.

- ¿Si? –

- ¡Senpai! ¡Senpai! ¡Quiero dejar este trabajo! Necesito verte –

Grito Morinaga con sus lloriqueos al otro lado de la línea. Souichi, molesto le regreso los gritos.

- ¡Ni se te ocurra! Ya hemos hablado de esto incontables veces… ¿Que pasa ahora? –

Souichi se retiraba el teléfono de la oreja, sabía que las quejas y gritos seguirían por lo menos un minuto más y el alcohol trabajosamente lo había relajado como para dejarse alterar por unas cuantas tonterías del tipo al otro lado de la línea.

Tetsuhiro desesperado y triste, explico que no regresaría nuevamente este fin de semana, por los pocos avances. Souichi le mostro lo evidente.

- Si no terminaste el trabajo a tiempo, no puedes esperar que te premien con dos días de descanso. No se puede hacer nada, concentrate en lo tuyo. Ya regresaras cuando puedas, te lo dije antes ¿no? -

¡Ya deja ese teléfono! apurémonos para salir a buena hora y beber unos tragos, te recompensare con un gran cuenco de comida Morikun.

¿Había escuchado bien? Un sujeto llamaba a su Mori, ¿Morikun? Y que era eso de salir a beber e invitarle una comida. Y peor aún ¿No veían el maldito reloj? Ya pasaban de las 10 pm.

¡No! No eran celos los que sentía, él era el sobre nombrado homofóbico del laboratorio 2, dispuesto a extinguir a todos los homos del mundo desde hacía mucho tiempo. Se hubiera reído a carcajadas de quien le vaticinara, que eso iba a ocurrirle a él. Era una estupidez, él nunca sentiría celos por un hombre. Pero en esos momentos tenía la seguridad de que podía descuartizar a cualquiera que intentara algo con Morinaga, pero la simple sensación de estar lejos y no poder defender su propiedad le hacia volverse loco y más por lo cientos de kilómetros de distancia.

Y aunque estaba seguro que Morinaga no le haría caso a cualquiera y menos ser infiel, ya que si lo quisiera hacer... Lo haría aun enfrente de sus narices, o ¿No? Pero al final el orgullo le dictaba que nadie jugaba con sus juguetes (obvio que no consideraba a ese tonto su juguete) pero, en definitiva, nadie iba a quitarle lo que era de él.

- ¿Que mierdas fue eso Morinaga? ¿Quién está contigo? Y ¿Qué es eso de que te largas a beber? –

Heee! ¿Podría ser? Morinaga esperanzado e incrédulo sospecho que su amante ¿Estaba celoso?

- Son solo mis compañeros, que tampoco podrán descansar hasta que terminemos y se animan planeando salir a cenar para refrenar el estrés. Pero te juro que yo preferiría estar de camino a casa. Te extraño mucho –

Al fondo se escuchaban las risitas de sus compañeros, que sin duda estaban demasiado atentos a lo que Morinaga hablaba en su celular y como con las mejillas acaloradas parecía disculparse.

Anda, anda Morikun, tenemos que terminar, ya estamos ansiosos por cenar y beber.

Si, si, ya apurate (decían en coro mínimo 3 voces distintas)

Las voces de 2 chicas resonaban al fondo: Si es tu novia, asegurale que estas en buenas manos jajajaja…si nena, aquí nosotras lo cuidamos bien.

Para la desgracia del ángel, Souichi escucho fuerte y claro las burlas de esas chicas y sus palabras.

- ¡Nena! ?...Vete al demonio junto con tus amigos y amigas –

Morinaga se quedó preocupado por las últimas palabras de Souichi cuando se despidieron, no es que fuera algo extraño, su amante casi siempre lanzaba tacos a diestra y siniestra. Pero estaba seguro que aquellas palabras encerraban…mucha frustración.

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Los nudillos de sus manos estaban blancos por la presión que mantenía en el celular, a punto estuvo de estamparlo otra vez contra la pared, pero recordó la advertencia de la persona que lo reparo "una caída mas y adiós teléfono"

Souichi, no podía creer cuanto le molestaba no tener el control de todo lo que pasaba.

Odiaba no tener el control de las cosas, estaba acostumbrado y de hecho se ganaba la vida controlándolo todo. Planificar y dirigir eran parte de sus dones, si el laboratorio funcionaba, era precisamente por eso.

Trato de acallar lo que sentía. Fue inútil.

No tengo ni idea de qué carajo somos, pero hemos estado hablando últimamente más de lo normal…más que unos simple amigos (Ese último vislumbra miento le provoco escalofríos). Y, sin embargo, no me ha hablado de ningún amigo y menos de esas salidas a cenar después del trabajo.

No sé si ese sujeto que le dice Morikun, guste de él, pero si es así, más le vale que mantenga su distancia. Mierda ¿Es que lo que quiere es ponerme celoso?

Esta maldita sensación de que no me dice todo, que me excluye, y me hace a un lado, se repite.

Pero estoy tan lejos, que sólo he podido recrear escenas en mi mente sobre lo que podría ocurrir. Y ahora que estoy consciente de su ausencia, me doy cuenta de que no lo extraño menos. Y aunque casi siempre esta quejándose y tratando de avanzar más en sus arrumacos y caricias, me carcome la idea de saberlo cada vez más lejos, como si estos kilómetros no fueran suficientes.

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Al día siguiente, después del almuerzo, el pasillo que llevaba a la oficina de Morinaga se mantenía con un ruido arriba de lo habitual. Pero las carcajadas que escuchaba a lo lejos, eran las que más le extrañaron.

Kuze se adelantó, Y de regreso se lo cruzo en el camino y dijo en voz baja a Morinaga.

-Tienes una visita…suerte, no me gustaría estar en tus zapatos en estos momentos –

¿Debería asustarme eso? Se preguntó preocupado Tetsuhiro. Apresuro el paso y cuando entro de inmediato reconoció aquella familiar y amada silueta. Inteligente como actuaba cuando de su amante se trataba, puso el cerrojo de la puerta y se dirigió a él.

- ¡Souichi! Que agradable sorpresa, no sabía que conocías la dirección de la empresa –

La furia aún se notaba en su ceño y su mirada, pero se recordó en que sitio estaba. Y muerto antes que hacer el ridículo.

- No, no la conocía. Pero desde que no puedes volver a casa y el tiempo libre lo utilizas en...otras cosas. Decidí ver que te mantiene tan ocupado. Ese sujeto Kuze, parece demasiado cercano para dirigirse a ti –

- Entonces ¿Ya conociste a mi master? El solo estara a cargo de mi por un mes, pero por ahora, prefiero hacer esto...

Se acercó dejando su saco que traía en el brazo y acto seguido acorralo a Souichi en una esquina de la oficina, lo sujeto del hombro derecho. Inclino su rostro hasta la altura de posar sus labios al lugar que adoraba, y lo beso devorando su boca, como quien no ha probado un bocado desde hace días.

La pasión los atrapo rápidamente, de forma que ambos creaban sonidos que denotaban la necesidad mutua.

Cuando Tetsuhiro por fin lo libero de la boca, no así de su hombro y mandíbula, escabullo su rodilla derecha entre las piernas de Souichi, quien de inmediato sintió un estremecimiento.

- Detente –

Dijo con una voz débil.

Morinaga lo miraba con los ojos entrecerrados y llenos de deseo. Apretó uno de sus glúteos y ocasiono que Souichi abriera los ojos tan grandes como pudo. Tetsuhiro sensualmente lamió detrás de su oreja y en el oído le dijo:

- Daría cualquiera de mis testículos por entrar en ti en estos momentos –

- Y yo podría patearté ambos si no te detienes ¡Por dios, estamos en tu trabajo! ¿Qué tienes en la cabeza? –

- Te tengo a ti todo el tiempo senpai, siempre estoy inquieto y el que tu estés siempre calmado, aunque estemos lejos, me desespera más. Pienso que no me extrañas y que cualquiera podría apartarte de mi lado si tienen una oportunidad -

Souichi poco entendía de ese tipo de emociones, pero la incertidumbre acompañada de una cierta inquietud y un discreto estado de alerta son el precio a pagar por tener una relación sexuada y de pareja. Y aunque se negaba a aceptarlo, eso eran ellos, una pareja sexuada. Y si, por el contrario, existía certeza y la ausencia de celos; en una relación amorosa, la calma y la tranquilidad nunca es buena señal. Agradecía entonces que Morinaga siempre parecía inquieto y preocupado.

- ¿Quién más que tu podría ser tan necio? Y si no estuviera inquieto…no estaría aquí, entiende eso –

Después de recargarse de energía como Morinaga lo llamaba a unir sus labios y acariciarlo. Se aventuró a suplicarle que fuera a su departamento y lo esperara ahí. Le prometió una buena cena y con eso consiguió que accediera.

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Cuando Souichi dejo la empresa, en el laboratorio Kuze se animó a preguntar quién era su visita, después de mirarlo mucho tiempo de reojo.

- Mi senpai de la universidad, quería ver cómo me iba por aquí –

Contesto con cortesía Morinaga.

- Pues que senpai mas protector tienes, yo hasta me imagine otra cosa -

Morinaga dejo de ocuparse en lo que hacía y puso total atención. Kuze prosiguió.

- Habla de una forma, un poco …agresiva, si, esa sería la palabra correcta. El parece agresivo –

- ¿Te agredió de algún modo? –

Morinaga sabía que eso no sería muy extraño, lo extraño seria que lo hiciera sin alguna provocación o buena causa.

- No exactamente, solo dejo en claro que aquí en general, compañeros y compañeras haríamos bien en mantener nuestra distancia. Dijo que... Ya tienes un hogar a donde llegar, si, esas fueron sus palabras exactas. Que tienes un hogar a donde llegar y quien espera por ti -

¿Qué otra cosa podía ocurrir?

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Morinaga no espero a su hora de salida, corrió como un loco y llego agitadísimo a su habitación en el edificio donde se hospedaba. Lo que sucedió adentro, ya todos lo conocemos.

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Como siempre, pueden comentar que les pareció.

Saludos!

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