Steve se detuvo cuando la luz del semáforo se puso en rojo, aprovechando el momento comenzó a tratar de pensar en todo lo que tenía que decir, pero por más que lo había escrito y practicado, las palabras se quedaban cortas con lo que tenía que explicar.

Había abandonado a Tony y a su hijo Peter por el simple capricho de seguir a un viejo amor llamado Bucky. Pero ahora, tras casi cinco años después, Steve había renunciado, por así decirlo, a esa loca aventura y regresar donde había comenzado de nuevo. Aunque no era por la nueva relación que había mantenido por la que regresaba, no se arrepentía, vivir con Bucky a las afueras del país había sido una explosión de emociones que lo dejaron sobrestimulado y agobiado. Bucky sabía cómo mantenerlo al filo de la locura, el placer y la falta de control. Fueron años llenos de pasión y sexo, pasajeros días de paz. Sin embargo, pronto se dio cuenta que Bucky y él no congeniaban del todo, ese loco amor que se habían profesado de jóvenes no era el mismo que mostraban ya de adultos. Arrebatos violentos, escenas de celos, y una discrepancia en opiniones fueron los que acabaron esa relación extramarital que mantuvieron tanto tiempo y al poco tiempo Steve se dio cuenta de lo bien que había vivido con Tony.

Steve habría pensado que regresar con Bucky había sido su mejor decisión, pero se había dado cuenta que solo había sido un delicioso desliz que ahora no le gustaría repetir.

Dio un largo suspiro, Tony ciertamente no se merecía que le hubiera dejado y que volviera a su lado con la esperanza de "regresar", en su momento le había dolido verlo llorar en su partida.

«No solo me dejas a mi Steve» dijo «Dejas a Peter sin un padre. Si sales por esa puerta, júralo que nunca regresaras de nuevo»

Peter lloro durante un largo rato, le suplico que no dejara a su papi y a él. Que sería un buen niño y que haría bien sus deberes, pero al final solo Steve tomo sus cosas y se alejó de ellos. ¿De verdad lograrían perdonarle todo? Steve ya estaba dudando una vez más.

«Si las cosas no funcionan» le había dicho esa madrugada al partir Bucky, luego de una candente sesión de sexo de despedida, con su bata bien amarrada y mirándole marchar sin soltar alguna exclamación de disgusto. Bucky también sabía lo que significaba esa relación y perder al Cap, no le importaba demasiado «Sabes que puedes volver»

Dudaba regresar, dudaba continuar. Pero ya que estaba ahí, no cambiaría su decisión.

Avanzo cuando el semáforo se puso en avanzar y espero que esa mañana Tony estuviera en la misma casa donde por mucho tiempo había compartido.

(...)

Tony se despertó esa mañana ligeramente más irritado de lo normal. Ese último proyecto para industrias Stark lo estaba matando lentamente. Llevaba alrededor de la semana sin descansar como se debía y había estado alejado de su pequeño Peter durante un buen rato que ni siquiera estaba enterado de lo que hacía, solo conocía sus buenas notas, y los reportes de Happy.

—¿Dormiste bien? —pregunto una voz a sus espaldas. Un intenso olor a café fue lo que termino despertándole de aquel cansancio.

Se incorporó en la cama y miro como Stephen entraba a la habitación con dos tazas de café en la mano.

—Me gustaría decir que sí, pero sería mentirte —admitió mientras sostenía la taza ofrecida —. ¿Peter ya se fue? —preguntó luego de dar un sorbo; estaba caliente.

—Sí —respondió Stephen sentándose a su lado—. Y me dijo que no iba a venir a cenar. Me parece que deberías hablar con su profesor de educación física.

—¿Qué tiene el profesor de educación física? ¿Cómo se llamaba, Nelson, Octavio... Mad?

—Wade —corrigió el doctor con una expresión neutra dibujada en su rostro—. Y me parece inapropiado que le de clases particulares a Peter sin supervivencia —continuo Stephen bebiendo de su propio café—. ¿No crees que estén interactuando de más? Peter ni siquiera necesita de esas clases.

—Déjalos ser Stephen —dijo Tony mientras negaba con la cabeza, restándole importancia al tema—. Peter ya está muy grande como para saber qué hacer

Stephen le miro esta vez con una dura expresión. A veces el prestigioso doctor miraba de esa manera cuando no estaba de acuerdo con algo que se había dicho, pero Tony no podía decirle o negarle algo a Peter... Una parte consciente de él sabía que estaba dejando mal consentido a su único hijo, pero si eso lo mantenía estable y feliz, no le importaba si luego tuviera que lidiar con los directivos de la escuela mientras Peter estuviera bien.

Estaba dejando que Peter se divirtiera porque eso lo ayudaba a dejar de pensar en su padre... En su huida. Suspiro cansado, lo que no podía soportar Tony era la expresión de Strange, por lo menos en ese momento.

—Hablare con él esta noche —término accediendo mientras bebía otro sorbo de su café.

—Tony —oh no, ahí va... Tony odiaba recibir sermones—. Sabes que nunca me he involucrado con tu manera de educar a Peter, pero tienes que saber que lo que haces es libertinaje. Peter sigue siendo un adolescente, no puedes hacer que haga todo lo que quiera, lo mal acostumbras.

—Lo sé —suspiro echándose hacia atrás unos mechones rebeldes de la frente, Stephen sabía dónde atacar para que lo doliera, el muy maldito. Pero era verdad, siempre tuvo la razón, siempre supo la verdad—. Lo sé, pero es...

—¿Difícil? Tony... —suspiro como pocas veces lo hacía, Tony fijo su mirada en los del doctor esperando su respuesta. Strange tomo su mano libre con la suya, acariciándola de una forma reconfortante, siempre haciéndolo sentir bien, después de todo era un doctor—. Somos una familia —dijo—. Solo quiero lo mejor para los dos, ambos son lo más importante para mí y me pesaría perderlos. No tienes que lidiar con esto tu solo porque sabes, siempre puedes contar conmigo.

Tony miro a Stephen con un leve sonrojo en sus mejillas, ¿qué tan acertadas eran esas palabras? Si Steve hubiera dicho eso mismo, ¿sería diferente? Por más que tratara, Tony no podía evitar recordar al rubio y de alguna forma, le dolía compararlo con Stephen como lo estaba haciendo en esos momentos.

—Gracias —dijo Tony bebiendo más de su café, desviando la mirada con una sonrisa complacida que resultó ser falsa, Stephen no era Steve, no merecía que lo comparara con aquel hombre—. ¿Hoy iras al consultorio? —pregunto al notar lo tarde que era.

—Pedí el día libre —respondió dejando su taza ya vacía en la mesita a lado de la cama—. Estás tan estresado y estás tan lleno de responsabilidades que me pareció conveniente pedir un día y atender las cosas de la casa para ayudare aunque sea un poco.

Tony también dejo su taza en la mesita, esta vez sonriendo con sinceridad. Sin duda le encantaba ese hombre.

—No tenías que hacerlo —exhalo—. Escuche que hay mucho trabajo ahorita en el hospital ¿seguro que está bien?

—Claro que sí, además casi ya no pasamos tiempo juntos…

Los vellos de la nuca de Tony se crisparon, el doctor siempre yendo directo a la situación. Tony miro al doctor de manera picara, con una curvatura en los labios, atreviéndose a acotar la poca distancia que los separaba.

—¿Y…? —susurro posando ambos brazos alrededor del cuello de Stephen, con los labios ya muy cercanos a sellarse con un beso—. ¿Qué quiere hacer, Doctor?

—No lo sé, ¿qué propone, señor Stark?

Tony no respondió a la pregunta hecha por Stephen en cambio sí beso los delgados labios de este con necesidad y encanto. La primera vez que Tony tuvo la dicha de conocer los labios del doctor fue alrededor de cuatro años atrás en una prestigiosa fiesta que hizo un conocido a su nombre, desde ese día, encontró los labios de Stephen adictivos, sabían cómo hacer su trabajo, a consecuencia de ello y por la forma en la que ambos actuaron esa noche, Tony podía admitir que había sido mágico e intenso, más no fue un indicio de que acabarían como ahora, en una relación estable y feliz. Tony incluso pensó que terminaría siendo algo como una aventura de una noche, que a la mañana siguiente ni siquiera recordarían sus nombres pero resulto que sería algo más, y está satisfecho con el resultado.

Stephen era un hombre maravilloso, por muy serio que se le podía encontrar, el doctor sabía cómo mostrar amor de una manera dulce y tierna que solo termino enamorándolo un poco más, haciendo con ello que la partida de Steve fuera más llevadera, haciendo que olvidase un poco los sentimientos que aún vivían dentro de él.

Mientras Tony pensaba en ello, y mientras Stephen hacía su trabajo con las manos, un fuerte golpe en la puerta interrumpió sus actos. Se separaron con nerviosismo y los rostros sonrojados, nadie había entrado, pero sabían que la dulce mujer que hacía la comida, porque ninguno de los dos sabía ni siquiera como calentar agua, era la que tocaba a su puerta.

—¿Señor Stark, Señor Strange?

—Sí… ¡Sí, señora Payne! ¿Ocurre algo? —dijo Tony, sintiendo que su corazón se salía por la garganta cuando Stephen decido acariciar su entrepierna y besar con esmero su clavícula. El doctor podía haberse asustado un segundo atrás, pero para suerte de ambos sabían que la señora Payne no abriría la puerta como lo habría hecho Peter.

—Sí, hay un señor en la puerta, dice que necesita hablar con usted… ¿Quiere que lo deje pasar?

Tony se quedó pensando un segundo, si es que alguien podía pensar con raciocinio cuando estaba a punto de gemir. No recordaba haber invitado a alguien a su casa, ni siquiera los directivos de la empresa se osaban a ir hasta la torre Stark para comentarle algo sobre trabajo. La gente sabía que Tony era un genio, no necesitaba tener presiones externas, con las suyas bastaba suficiente. Por otro lado, sabía que Stephen no tendría un paciente visitándolo, ni un amigo del hospital, los teléfonos eran más eficientes cuando eran cuestiones médicas, además ¿para qué querrían hablar con él si eran amigos de Stephen? Tony negó con la cabeza.

—Stephen —gimió tan quedito como pudo, llamando la atención del nombrado, quien alzo la mirada y planto un beso en la mejilla.

—No vayas, diles que vengan en otro momento.

—¿Y si es algo importante? —cuestiono al poco tiempo, dejándose llevar lentamente por las caricias del doctor.

—¿Qué puede ser importante ahora? —pregunto Stephen con su seductora voz.

Tony asintió, absorto por los certeros movimientos del doctor, jugando también con el cuerpo ajeno, a punto de quitar la playera blanca que Stephen llevaba puesta, sin embargo después de todo ese rito, ambos se miraron fijamente llegando a una respuesta coordinada de lo que Stephen había preguntado.

—¡Peter! —gimieron los dos deteniendo todo lo que habían empezado.

Se arreglaron sus pijamas y el cabello para después abrir la puerta dejando entre ver a la señora Payne que había estado esperando por su respuesta, no le mencionaron nada, pero la señora camino detrás de ellos preocupada por la situación que se había dado.

—Esta vez sí voy a castigar a ese chiquillo —concluyo Tony terminándose de poner la bata de dormir, algo que estaría evitando que se notara su creciente erección gracias al doctor, Stephen también llevaba una puesta.

—Te lo dije Tony —exclamo—. No estaba bien que lo dejarás involucrarse con ese Wade.

Bajaron las escaleras con la clara idea de que se encontrarían al adolescente de dieciséis años junto al director y al profesor Wade, sin embargo cuando Tony termino de bajar los escalones detuvo su andar, sintiendo que su corazón se le salía del pecho, derrumbándose de una manera irreparable. Había creído que esta situación nunca pasaría, había perdido esa esperanzas luego de cinco años… ahora solo puede ver la escena sin comprender nada y sin saber qué hacer con exactitud.

—Hola Tony…