Steve había cambiado tanto… sus rubios cabellos se veían opacos y castaños en lugar de rubios, sus ojos habían dejado de ser tan azules como los recordaba y su barba de días le hacía verse viejo y diferente, pero Tony podía reconocerlo incluso si no tuviera un ojo, sin duda alguna se trataba del mismísimo Steve Rogers en persona, aquel que tiempo atrás le había roto el corazón.

Steve había cambiado pero Tony lo había hecho igual.

Termino de dar los últimos pasos para bajar de la escalera, evadiendo a Stephen con la mirada dirigiéndola solamente a los ojos de Steve, quien sonreía con incomodidad.

—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto con un tono de voz agresivo que lo encontró ajeno—. Tienes prohibido rotundamente entrar a esta casa Rogers, así que de la manera más atenta te pido que te retires si no quieres que llame a la policía.

Steve se echó para atrás un segundo, Stephen miro la situación como si no existiera pero luego de un segundo recordó haber escuchado esa apellido una o dos vez.

Mi papá se llama Steve y usted no es mi papá señor Strange. Le había dicho un pequeño Peter al conocerlo la primera vez, aún tendría los diez años cuando eso paso, si no es que ya había cumplido los once. Nunca quiso preguntarle a Tony acerca del padre del niño, ninguna relación acaba bien cuando uno se inmiscuye mucho en el pasado de otro, cuando uno fuerza las cosas simplemente no funciona. Lo aprendió a la mala, si es que se preguntan, y el doctor no quería estropear esa mágica relación.

Poso la mano en el hombro del multimillonario, su acto fue como un recordatorio a su existencia, ya que luego de ello Tony lo observo a él. Mantuvo la mirada apenas unos segundos antes de desviarla al invitado que conocía por boca ajena pero que desconocía por su propio juicio. Tony no siguió con su andar, sabiendo que el doctor se encargaría mejor de las cosas al ser un hombre parcial.

—Me temo que no hemos sido presentados antes —exclamo el doctor con su voz neutra, sin denotar su propia molestia, después de todo no podía ignorar el hecho de que el hombre frente de él era el mismo que había quebrantado la familia que hasta ahora le había costado mucho a unir—. Mi nombre es Strange.

—¿Extraño? —interrumpió el capitán recordando su escaso conocimiento del inglés*—. No se preocupe por ello, no me burlaré de su nombre.

El doctor estuvo a punto de poner sus ojos en blanco, pero se contuvo, no era la primera vez que algo como eso le ocurría al conocer a alguien.

—No —rió de manera forzada—. No, a lo que me refiero es que yo soy el doctor Stephen Strange, Strange es mi apellido.

El doctor le extendió la mano a Steve esperando a que se la tendiera de vuelta, pero los ojos azul cielo del cap solamente le miraron un segundo para volver a posar su mirada por arriba del hombro de Stephen y fijarla en Tony, quien se acomodaba la bata de dormir sin querer mirarlo.

—¿Los problemas del corazón siguieron, Tony? —pregunto preocupado.

—No —respondió Stephen por su pareja—. Eh… señor Rogers, si me permite tal vez podamos hablar afuera antes de que pase con Tony. ¿Podría?

Stephen mostro la puerta con amabilidad, Steve miro un segundo a su ex pareja y luego volvió su mirada a ese doctor. Quizás era razonable hablar primero con un tercero antes de que se arruinaran las cosas más que antes. Dejo la maleta en el suelo pensando que regresaría, pero luego sorprendió al doctor cogiéndolo y llevándolo afuera consigo.

Pronto se dio cuenta que algo no encajaba del todo, se detuvo por completo el doctor casi se estrella contra su espalda pero no importándole ello, se giró para encararlos otra vez, la forma en la que se hablaban, en la que iban vestidos, Steve no pudo contenerse del todo y ataco sin preámbulos, tomo al hombre de la bata de seda y lo acerco con violencia. Steve, con su ceño fruncido y una mueca en los labios pregunto con descaro.

—¿Me puede decir que tipo de relación tiene con Tony? —Steve apretó los puños, sintiendo como el doctor trataba de poner distancia—. Su actitud me parece fuera de ética.

—No te interesa que relación tenga con él —exclamo el filántropo desde el otro lado de la casa, acercándose por fin a la escena—. No necesitas tratar de razonar con él Stephen, no merece la pena… y tú Steve, más te vale irte antes de que llame a la policía.

Steve miro entonces a Tony, atreviéndose entonces a comprender que nunca en su vida había visto semejante expresión. Cuando Steve se fue, ni siquiera pudo ver molestia o ira en el rostro de Tony, fue como si… de alguna manera aceptara ese final.

«Yo no te detendré Steve, solo espero a que no te arrepientas después».

Steve ya se estaba arrepintiendo. Soltó al doctorcito con brusquedad y sin delicadeza, prácticamente termino empujándolo, miro a Tony antes de tomar de nuevo su maleta, esa no sería su última oportunidad para hablar con él, el hecho de que se hubiera alterado tampoco era la mejor forma de solucionar las cosas, Steve necesitaba primero que se acostumbrara a su presencia y ya después podrían hablar como gente normal, sin gritarse el uno al otro ni que se ofendieran con palabras que al final ni siquiera sentían en realidad.

—Regresaré en otra ocasión Tony, espero que me des la oportunidad de remendar mis propios errores. Dale mis saludos a nuestro hijo.

Salió antes de darle la opción de contestarle, pero al final imaginó que así debió ser, no debía hacerse a la idea que regresar le sería fácil o que sería recibido por un Tony aun completamente enamorado de él y con Peter aun imaginándolo como el hombre más genial del mundo. Steve necesitaba remediar las cosas poco a poco y esa mañana solo resultaba ser el primer obstáculo, que con trabas en medio, había surcado con éxito según su percepción. Tony sabía que estaba ahí, que estaría cerca y que no se libraría por completo de él hasta que hablaran, ese había sido su primer objetivo, lo había logrado al final.

(…)

Tony no podía creer que Steve se hubiera osado a pisar una vez más su casa, como si nada nunca hubiera pasado, como si se hubiera ido a combate y había regresado con la idea de que todo seguía igual que cuando se fue ¿Qué se creía el muy imbécil? Se preguntó antes de acercarse a Stephen quien le miro como si no supiera muy bien que decir.

—Tu ex es algo agresivo ¿no? —dijo más como una afirmación que como una broma, o tal vez era Tony quien no lo consideraba como tal. La idea de que Steve regreso de nuevo a Nueva York le helaba la sangre más que cualquier otra cosa sufrida con anterioridad. No dejo de pensar en Peter, en su amado hijo que apenas había superado su partida, quizás no de la mejor forma, pero ahí estaba dando sus pasos adolescentes seguros como cualquier Stark.

Ahora que Steve llegó ¿Qué pensaría hacer con Peter? ¿Llevárselo lejos, con su estúpido amante? Tony no debía permitir algo como eso.

—Lo siento —gimió Tony al final, dándose cuenta que se había quedado a centímetros de desplomarse al suelo y regresar a como antes era, roto, vulnerable y solitario. Pero Tony también había superado la ida de Steve, por algo tenía a Stephen, por algo estaban al punto del compromiso. Tony no debía flaquear de nuevo ese lado duro que había creado con el paso del tiempo, no debía mostrarse débil como se sentía y sobre todo, no debía mostrar como si eso le hubiera afectado.

—¿Por qué te disculpas? Todo está bien.

Los brazos de Stephen lo rodearon y escucho a la señora Payne ofrecerse para hacer un té relajante. Odiaba eso, odiaba que Stephen no pudiera verlo como un hombre fuerte… odiaba que siempre que se abrazarán Tony se encontrara al borde de las lágrimas.

—¿Qué pasará con Peter? No quiero decirle lo que ocurrió hoy —dijo, aun negándose a llorar. La mano de Stephen se deslizo por su espalda, como dándole un masaje para ayudarlo a que dejará de estar tenso, pero luego de lo que Tony había confesado se detuvo.

—Es el padre de Peter —contesto con su tono neutro—. No puedes negarle verlo Tony —a veces Tony también odiaba esa forma tan ética y moralista de Stephen—. Discutamos esto una vez que estés mejor ¿te parece? Veremos los pros y los contra de esto y luego tomaremos una decisión, pero tienes que entender que esto lo veremos los tres, Peter, tú y yo… somos una familia ¿Lo recuerdas? Si tomas una decisión por ti mismo, sería demasiado egoísta —sin poder decirle algo, Tony asintió sintiéndose decaído—. Pronto hallaremos una solución.

(…)

Las atenciones de Stephen y el delicioso té de la señora Payne hicieron que Tony volviera a la cama, se recostó lo que prometió ser un segundo, pero pronto el cansancio acumulado y el sentimiento decaído le hicieron rendirse a los brazos de Morfeo y lo último que supo es que ya no estaba del todo consiente.

(…)

Esa tarde el cielo gris se reflejaba en una de los ventanales del departamento. Tony acababa de arropar a su hijo Peter de diez años recién cumplidos una vez que el azúcar en su sangre se consumió por completo.

Decidió adoptarlo cuando la amable y bondadosa tía May del niño le dijo que no lo podía cuidar más. Tony acepto ser su tutor legal porque siempre había querido criar a un niño y el hecho de que llevara casado ya unos años con Steve solo hicieron que aceptara mucho más fácil esa propuesta hecha por la señora May.

Sin embargo, a pesar que todos sus intentos porque eso funcionara, las cosas con Steve habían ido de picada una vez que apareciera ese viejo ex del capitán, en un principio Tony había aceptado la idea de que no debía preocuparse por ello, pero pronto se dio cuenta que había algo indicándole que antes de preocuparse enteramente por Steve, tendría que ver primero que era lo mejor para Peter y para él. Esa noche tenía un mal presentimiento.

Miro a su hijo dormir en la cama abrazado de su peluche favorito, y luego escucho con atención la puerta de la entrada abrirse. Cerro la habitación del niño para ir a ver a su marido pero el hombre no se encontraba en la cocina o en la sala, de nuevo esa sensación inundo sus sentidos y con cierto deje de preocupación se dirigió a su propia habitación esperando ver a su marido ahí, quitándose el traje o lo que fuera, pero sus ojos no estuvieron preparados para ver lo que ocurría.

Steve había sacado una maleta y había comenzado a meter su ropa en ella.

¿Qué estás haciendo? pregunto apresurando a detener esos movimientos, entrecruzando su mirada con la de Steve, encontrando el azul cielo como un morado sobre estimulado y necesitado, Tony se apartó de él casi tan rápido como lo había detenido. Vete al infierno gimió—. Púdrete, no puedo creerlo.

Tony no necesitaba que se lo dijeran con palabras, ver los ojos de Steve había sido suficiente como para entender a qué iba todo eso. Me lo prometiste, ¿lo sabes? ¡Me dijiste que solo eran mis fantasías, que estaba siendo paranoico y que no tenía nada de qué preocuparme! Eres un maldito mentiroso embustero Steve Rogers.

Escúchame trato de justificarse el rubio mientras continuaba metiendo cosas a la maleta.Sí, yo te dije eso… pero las cosas cambiaron.

¿Te vas a justificar de esa manera tan patética? pregunto frunciendo el ceño, apretando los puños con quizás más fuerza de la necesaria—. No me jodas Steve.

—Tony, Bucky fue… alguien especial para mi es… fue… mi primer amor.

—¿Y qué era yo? —pregunto siendo que al final las cosas nunca habían sido como las había imaginado—. ¿Qué era yo, Steve?

—Las cosas cambiaron —repitió desviando la mirada, acabando de meter el último conjunto en la maleta y cerrándola de paso—. Necesito pensar las cosas.

—Eso no es pensar las cosas —vocifero, apunto del llanto—. Esto es… abandono… rompimiento… es todo menos reflexión.

—Bucky… Bucky me está esperando en el auto.

—Que degenerado eres Steve —respondió, sentándose en el filo de la cama al tiempo que Steve tomaba la maleta con su mano izquierda—. No solo me dejas a mi Steve, dejas a Peter sin un padre. Yo no te detendré Steve, si sales por esa puerta, júralo que nunca regresaras de nuevo y solo espero a que no te arrepientas después.

Su amenaza no resulto efecto, Steve miro a Tony un solo segundo antes de girar sus talones y salir del lugar como si nunca le hubiera importado esa relación que tanto tiempo le costó a Tony mantener estable.

Al día siguiente, tener que decirle a su hijo de diez que su padre no regresaría y observarle llorar largo rato fue lo que termino rompiéndole el corazón a Tony.

(…)

Despertar con ese recuerdo no fue lo mejor para él. Miro el reloj de la mesita de noche, ya era demasiado tarde como para preocuparse de aquella vez, pero era demasiado temprano para remediar las cosas y terminarlas como debía ser.

Se levantó de la cama y con un único propósito se dirigió al baño. Tony iba a ir hablar con Steve esa misma noche.