"Libre."

B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne. Menciones de Jim Gordon/Personaje sorpresa.

Rating: Adult.

Resumen: Jim Gordon tiene que reaprender cómo regresar a casa.

Continuidad: Spoilers de la 4ta temporada. Realidad alterna de la 2da y la 4ta temporada.

ADVERTENCIA: Este fic comenzó como un One shot (como todo lo que escribo), pero decidí subir la primer parte. Honestamente, ha sido muy difícil tener ganas de escribir últimamente porque cada vez que recuerdo que la serie acabará, me entristezco y vuelo a la tierra de la negación. Además, combinarlo con la cancelación de Shadowhunters. It's fucking depressing. Así que, por esto nació este fic. De melancolía, mucha confusión, pero también de esperanza. Al final del día, adoro Gotham. Adoro a Jim Gordon, y el hecho que mi sueño de tener a Benjamin McKenzie interpretandolo se haya hecho realidad es todo lo que he podido desear. Adoro el Bruce Wayne que David Mazous interpreta (mi favorito de todos, y he visto bastantes Bruce Waynes).

Este es mi intento de exorcizar demonios.


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i.

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"Y de repente, no sé cómo, nada siento

Y caigo en cuenta

que estoy libre de temores

Libre ya de amores."

-Miguel Bosé.

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Miami era la tierra del sol.

Bruce no lo aguantaba. Desde el momento que el avión aterrizó, extrañó a Gotham con toda su alma.

A su lado, el Detective Bullock floreció, sin embargo. El hombre recitó poesías al olor a sal, y al siempre presente calor que pareció hacer arder la piel de Bruce, al primer contacto.

Hubo ventajas de la tierra foránea. Bruce pudo admitirlo. Nadie parpadeó al ver a Bruce Wayne esperar por un taxi de manera mundana.

"Odio sudar."

Bullock sudaba en igual manera y había atado su cabello. Aun así, no dejaba de sonreír.

Había bajado ambas ventanas al subir al taxi, pero no ayudó. Bruce sentía sus axilas empapadas a pesar del ligero algodón de su chaqueta beige. Si no fuera por la protección de sus gafas, sabía que tanta luz lo cegaría.

"Te servirá adquirir algo de color, niño."

Bruce rodó sus ojos. "Se encuentra en un asqueroso buen humor."

"Suenas como un anciano, Wayne. Vive un poco." Quitándose su fedora, el hombre comenzó a echarle aire con ella. "Debiste pensar en tu delicada complexión cuando decidiste colarte en este viaje."

Bruce miró la ciudad pasarle frente a sus ojos, evadiendo la mirada del Detective.

Ciertamente, se había añadido al viaje en impulso. Tras haber estado trabajando de manera cercana al Capitán en contra de enemigos comunes por los últimos seis meses, Bruce tenía derecho a tomar libertades. Ahora, con el Profesor Pyg suelto en Gotham, ambos sabían que no podían solos. Bullock había sido el primero en decir en voz alta, lo que Bruce había pensado.

Cuando finalmente llegaron al terreno perteneciente a Don Falcone, Bruce fue atrapado por una caliente sensación de emoción. Ansías.

"Maldición. Es el paraíso en la tierra de los mortales." Bullock chifló, saliendo del taxi.

Bruce frunció su ceño a pesar de la protección de sus lentes.

El mar le hizo frente. Fue impresionante.

El infinito firmamento índigo lo capturó por entero, segundos pronto dilatándose a minutos de contemplación.

Un sirviente brotó de la puerta principal a recibirlos, rompiendo la quietud.

"Don Falcone los espera." El hombre los invitó a seguirlo en firme etiqueta. Lo guió por un pasillo que desembocó en el patio trasero de la mansión sin tener que atravesar el hogar desde su interior. Bruce permitió que el Detective se le adelantara al encuentro con Falcone, girando su rostro hacia la infraestructura de la mansión, analizando cada recoveco.

Los establos estaban cerca del patio. El olor a estiércol era una ligera pista.

A medio camino, Bruce pausó. Cerró sus ojos, respirando hondo.

Pólvora y canela.

Bruce frunció su ceño, déja vú elusivamente alertando de algo importante. Una pieza perdida.

"Señor Wayne."

La voz de Carmine Falcone fue un tenor ronco que le recordó a su padre. El hombre estaba de pie, observándolo con verdadero interés.

Bruce imitó la trayectoria que Bullock había seguido, subiendo los escalones al balcón con vista al mar que servía de área de comedor. Falcone no levantó su mano, y tampoco Bruce. Solamente compartieron una mirada. Falcone asintió hacia una silla del comedor en el que hombre había estado tomando su almuerzo. Harvey pidió por una piña colada. Bruce por agua mineral.

"Debería ir al grano para no desperdiciar su tiempo. No puedo ayudarlos, Harvey."

Harvey suspiró. Compartió un vistazo con Bruce. "Genial. No vinimos por ti, de todas formas. Queremos información."

Falcone abrió su boca.

"Necesitamos encontrar a Jim Gordon." Bruce escupió de un solo golpe. Otro impulso.

Pudo ver a Bullock rodar sus ojos ante la falta de sutileza. "Usted fue la última persona con él hace tres años, ¿cierto? Después de ayudarle a escapar de Blackgate."

Don Falcone podría ser una fortaleza indescifrable para el ojo común. Para su suerte, Bruce estaba bien entrenado en atravesar máscaras y cortinas de humo. Notó el apretón de los puños del ex-mafioso. La desconfianza sobre marcada en las líneas de expresión alrededor de sus ojos al fruncir. Falcone no quería hablar de Jim Gordon. "Tengo muy en claro que James se ha retirado de su deber desde entonces."

"¿Estamos hablando del mismo Jim?" Bullock bromeó, mientras aceptaba su piña colada con gusto. "Ser un Detective está en su sangre, no es una chaqueta que Jim se quita y ya. Y lo sé porque he estado en contacto con Jim durante estos dos últimos dos años. Me ha ayudado en algunos casos. Ya sabes, consulta a larga distancia. Pero… ¿desde hace cuatro meses? Zip. Nada. Ni una sola señal de vida. Y sé que no fue tras Leslie Thompkins. La mujer está muy ocupada siendo Alfa de los Estrechos como para revivir viejas llamas de pasión. Así que…"

Los ojos grises de Falcone se conectaron con los de Bruce.

"Maldita sea." Bullock gruñó. "Dinos tan siquiera que el hombre sigue con vida."

Falcone miró en la dirección del mar.

"Su nombre ha sido limpiado." Bruce añadió. "Puede regresar a casa ahora."

"Siempre ha sido la elección de James el no regresar." Falcone deliberó. "Creemos que tenemos planes fijos en nuestro caminos. Pero, luego la vida misma nos los estropea. Me temo que una de esas sorpresas tomó a James fuera de curso. Quizás en algún momento quiso regresar a Gotham, pero algo más pesado lo mantuvo anclado a esta tierras."

Bruce era bueno para leer entre líneas. Recordó el aroma entonce. Pólvora y canela.

"Está aquí."

Harvey se endureció en su asiento. "¿Estás bromeando?"

"No sé si querrá verlos." Falcone suspiró. "No es el hombre que recuerdan. Su deber a la justicia… Me temo que se ha transformado en algo personal, a otro tipo de compromiso."

"¡Deje de hablar en acertijos! ¿Está Jim aquí, o no?"

"Lo está." Bruce habló sobre la respuesta de Falcone. "Percibí su aroma al llegar."

"Whoa, whoa, ¿a qué diablos te refieres?"

Bruce colocó sus manos en la mesa, acercándose a Falcone para enfatizar que no pensaba irse con las manos vacías. "Puedes decirle que no nos marcharemos hasta poder, por lo menos, charlar con él. Hasta un hombre que ha sufrido cambios drásticos, puede ser capaz de solo… charlar."

Falcone suspiró. "No ha cambiado lo suficiente para dejar de ser obstinado. Pero intentaré hablar con él. Pueden regresar mañana, si lo desean."

Bullock no respondió bien a ser corrido tan cínicamente, pero difícilmente tuvieron otra opción, si querían continuar siendo diplomáticos.

Se hospedaron en el Inn conjunto a la playa que se compartía con la mansión de Falcone. Bullock, afectado por los poco frutos de su primera confrontación, ni siquiera se despidió, al huir al primer bar cercano. A solas, Bruce se retiró la chaqueta, remangó su camiseta blanca y la orilla de sus pantalones de mezclilla y salió a la playa.

Nadie le prestó la mínima atención. Ni los niños nadando, ni los jóvenes jugando volleyball. Ni el mismo sol, la brisa marina o las olas. El anonimato le pareció fascinante. Una invitación a jugar con fuego, sin preocuparse por las consecuencias.

La arena ardió alrededor de sus pies desnudos, en un inicio. Con su vans en sus manos, Bruce caminó.

No podía recordar un momento de total quietud como este, en lo que llevaba de vida. El sonido de las olas blanqueó su mente de una manera que ninguna sesión de meditación había logrado en el pasado. Caminó, y caminó.

Cuando comenzó a atardecer, Bruce se mantuvo de pie frente al mar, analizando los diferentes tonos en el cielo.

"Parece imposible, ¿cierto? Sentir tanta calma."

Bruce parpadeó, la profundidad de su trance destruida con tan sólo escuchar la voz a sus espaldas. Bruce giró su cuerpo.

"Parece un sueño." Salió de la boca de Jim Gordon, siguiendo de una maldición y un veredicto algo singular. "Maldita sea. Vaya que te disparaste para arriba."

Bruce analizó al hombre de pies a cabeza, catalogando cada cambio. No encontró muchos. Jim Gordon seguía teniendo cabello dorado y resplandeciente. Su gusto por trajes formales a pesar de vivir en el lugar más alejado de las reglas posible, seguía intacto. No había ni una sola señal de ser un hombre drásticamente cambiado por la vida en exilio.

"En mi experiencia, todo sueño llega a su fin, de una manera u otra. Prefiero vivir en la realidad."

Jim tenía su saco colgando de su hombro. Cuando le sonrió, Bruce sintió calor ajeno al clima recorrer por su pecho. "¿Que no dicen que la realidad es subjetiva?"

Fue el turno de Bruce de sonreír. "Haz sido extrañado, Jim Gordon."

El hombre retiró sus lentes. Contando su tono bronceado como la única diferencia, su rostro siguió siendo la escultura griega que Bruce aun recordaba. "Supongo que sí, si han venido hasta acá a visitar."

"No teníamos idea de que estarías aquí." Bruce quería acercarse, pero temía que Gordon desapareciera frente a sus ojos. "El Capitán Bullock y yo—"

"¿Capitán?" Resoplando por sus narices, Jim sacudió su cabeza. "Vayan que las cosas han cambiado. ¿Qué sucedió con Barnes?"

"Fue infectado por un virus. Es una larga historia."

"Siempre lo son."

"Puedes volver a casa." Bruce resaltó, tratando de tener más fuerza que los ruidos de la marea. "Eres necesitado. Puedes ser instaurado en la fuerza."

"¿Qué te hace pensar que es lo que quiero?"

"Porque eres un policía." Frunciendo su ceño, Bruce se percató de la tensión endureciendo el cuerpo de Jim. "Es lo que siempre decías."

"Mis aspiraciones han cambiado." Jim gruñó. "Deberías regresar." Bruce sintió el estómago caer a sus pies. "Tu nariz está roja. Necesitarás crema para la irritación."

Bruce tocó su propia nariz.

"Vamos. Están en el San Carlos Inn, ¿cierto? Te acompañaré." Gordon se dio la media vuelta para guiarlo, pero Bruce no había acabado.

"Me hiciste una promesa."

Hubo una pausa. Gordon se tornó de regreso. "El caso de tus padres ha sido resuelto. Al final, no me necesitaste."

"Lo hice." Bruce gruñó, su voz quebrándose con la súbita corriente de coraje pulsando por su ser. "Bullock, la ciudad. Todos te necesitamos. Por eso estamos aquí. La gente de Gotham ha perdido esperanza en el GCPD. Cobblepot tiene comprados a todos, y nadie tiene el valor de hacerle frente. El Capitán Bullock está siendo chantajeado y sus manos están atadas. Pero tú—"

"¿Yo qué?"

Bruce se acercó, anclando su mano al ante-brazo de Gordon. Encontró la piel caliente.

"Eres uno de los mejores hombres que he conocido. De los pocos buenos hombres que quedan."

Los ojos de Gordon seguían siendo azules, casi fluorescentes. Fue desconcertante que Jim ya no ocupara agacharse, para unir sus miradas. Estaban al mínimo nivel, y habían necesitado dos años para llegar a este punto.

"Eras mi amigo." Bruce lamió sus labios. "Ni siquiera supe cuándo te marchaste." El reproche escapó sin precaución. "Te busqué, seguí cada pista que Bullock compartió conmigo. He pasado por… los momentos más oscuros. No tienes idea qué tan difícil ha sido encontrar la luz."

La boca de Jim se partió, pero su cuerpo entró en acción más velozmente que sus cuerdas vocales. El saco cayó a la arena, y en un parpadeo, Bruce se encontró rodeado de los brazos que lo habían sostenido en un cuarto de hospital años atrás, cuando su mundo había acabado por segunda ocasión.

Pólvora y canela. El aroma lo invadió por completo, su nariz encontrando asilo en el hombro del Omega. Sus brazos se agarraron de la espalda a su disposición, encontrando la camiseta húmeda por transpiración.

"Lo siento."

Bruce sólo puedo asentir.

Cuando llegaron a la sección de playa perteneciente al Inn, Jim lo siguió hasta las puertas de vidrio del patio trasero. Ambos entraron a la habitación desocupada en pies arenosos. Bruce se dirigió al baño de la cabaña, seguido por Gordon, tomando turnos para asearse.

Al verse en el espejo, Bruce hizo una mueca. Le dolió el doble por la irritación. Alfred le había empacado protección solar, estaba seguro de ello. ¿Pero desde cuando Bruce le obedecía al pie de la letra? Fue en busca de su maleta, en efecto encontrando todo tipo de cuidado para su piel en una bolsa transparente de viaje.

-Mamá gallina. Bruce sonrió para sí. Tomó el tubo de crema de aloe vera y prosiguió a cubrir toda su cara y sus manos.

"Oye, no tan rápido. Es solo un poco." La mano de Jim se posó sobre la suya, deteniéndole. "O estarás más brilloso que un lobo marino con este endemoniado calor." Con un pañuelo de papel que Jim extrajo de la misma maleta, limpió el rostro de Bruce de todo exceso, sosteniendo con una presión ligera de sus dedos en su mentón. "Que no te sorprenda que mañana estés mudando de piel."

"Estaré bien." Bruce alejó su rostro, mejillas caliente por la ligera humillación. No necesitaba que Jim Gordon lo tratara como un bebé.

Con solo la tenue luz del atardecer que se filtraba por los grandes ventanales, ambos avanzaron al centro de la habitación. "Entonces. ¿Qué hacen aquí para divertirse?"

El inmediato ceño fruncido de Gordon le causó inmensa satisfacción. -Por si creías que aun me conocías, Jim. "Depende en tu definición de diversión."

Bruce se encogió de hombros. "¿Buen lugar para bailar?"

"¿Desde cuando… bailas?"

"Probablemente en algún punto donde me convertí en socio de un club nocturno junto a Bárbara Kean."

El mohín híbrido de shock y desaprobación en el rostro de Jim fue hilarante. "¿Te asociaste con Bárbara?"

"Negocios son negocios. ¿Me recomiendas un lugar en especial o tendré que explorar a mi gusto?" Para mostrar su intención de salir esta noche, Bruce comenzó a extraer su atuendo de la maleta.

Gordon ocupó un largo momento para reincorporarse. Terminó acercándose de nuevo a Bruce, siguiéndolo hasta la recámara, donde Bruce comenzó a acomodar sus artículos personales.

"Hay un lugar… No es tan fuera de control como la mayoría de los clubes nocturnos de la ciudad."

"Interesante. ¿Estará lleno de hombre de la tercera edad?"

Jim rodó sus ojos, cuando notó la sonrisa de Bruce. "Se encuentra adjunto al Inn. No lo perderás de vista."

"Gracias." Con eso, Bruce se introdujo a la ducha, dejando claro que Jim podía marcharse, si así lo deseara. Al salir, descubrió que se encontraba a solas.

El aroma a pólvora y canela perduró.


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Fin de Parte 1.

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