"Libre."

B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne. Menciones de Jim Gordon/Personaje Sorpresa.

Rating: Adult.

Resumen: Jim Gordon tiene que reaprender cómo regresar a casa.

Continuidad: Spoilers de la 4ta temporada. Realidad alterna de la 2da y la 4ta temporada. Además, una trivia: referencias de The OC se aproximan. Porque, puedo hacerlo.


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ii.

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"No comprendo este lenguaje

Combates fuego con fuego

y todos resultamos quemados."

-Stateless.

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Jim encontró a Bullock en el bar del San Carlos Inn con un shot de tequila a la mitad de su garganta.

Se sentó a su lado sin decir una sola palabra. Bullock tosió de regreso su shot. "¡Maldita sea, Jim!"

Carcajeandose, Jim pidió otros dos shots. "Parece que viste a un fantasma."

Bullock esperó a dejar de toser, rojo en la cara y en la mirada. Barrió a Jim de pies a cabeza.

Luego lo tomó de los hombros y lo envolvió en un apretado abrazo. Jim cerró los ojos ante la manifestación de sentimientos acorralándolo junto con el gesto. Su frente encontró la frente de Harvey, un saludo sagrado entre camaradas—una reconexión que los batió hasta las puntas de sus dedos.

Chiflidos no se hicieron esperar. Harvey lo soltó, mostrándoles el dedo medio a su audiencia.

"¡Dios! Es tan bueno verte, hombre. Mírate nada más… Más bronceado que una naranja. ¡Y hueles espectacular!" Harvey aspiró con exageración. "Ooh. Y hueles a alguien que conozco. Aw, Jimbo, me rompes el corazón. ¿Fuiste a visitar primero al mocoso, que a tu alma gemela?"

"Es a quien encontré primero." Jim aceptó el shot de tequila con un guiño a Rubén, el bartender. Rubén le aventó un beso al aire. "Lo que me lleva a la pregunta, ¿qué demonios hace aquí?"

Harvey le aventó una mirada pesada en significado. "¿Por qué preguntas? Ya has conocido a su estupenda nueva personalidad. Ese chico hace lo que le da en gana. Supo que venía a buscarte, y no me pidió permiso para acompañarme. Además… se ofreció a pagar todos los gastos. ¿Cómo negarme a su noble disposición?"

"Harvey." Jim negó su cabeza con exasperado cariño. "Bruce… Definitivamente no es el niño que recuerdo."

"Mm." Harvey pidió ahora un Bloody Marie. "No te creas. En muchas formas, sigue siendo el mismo. Sólo que recargado con hormonas."

Jim fue regalado otro shot sin tener que pedir por un refill. Esta vez, no se apresuró a terminarlo. "Es todo un hombre." -Y no lo vi suceder. Jim sintió culpa. -Me lo perdí todo.

"Ajá." Harvey alzó una ceja. "Todo un rompecorazones, también. Aunque el chico le es fiel a la causa. Sólo tiene libido y cabeza para una persona."

Jim aclaró su garganta. "¿Selina?"

"Pfft. Ese puente se quemó el año pasado. Pero Cat suele seguirlo en cualquiera otra locura que Wayne empiece. Supongo que están en buenos términos."

Jim abrió su boca, pero decidió que no era de su incumbencia. "Bruce me contó que quieren que regrese a Gotham con ustedes."

Una pausa.

Luego, Harvey suspiró. "Pero, no lo harás."

"Sabes que no… es tan sencillo." Jim masculló.

"¿Por qué no? Ambos fuimos criados en esa maldita ciudad, y la hemos librado. Construye buen carácter."

"Técnicamente, fui criado en Chicago." Jim terminó su shot, y decidió que sería suficiente. "No es sólo en mí en quien tengo que pensar, Harv."

"Gotham es donde perteneces." Toda broma se esfumó del otro Alfa en un instante. "De ahí provienes, y de ahí viene Jimmy también. ¿O le vas a negar a tu hijo conocer sus propias raíces? ¿Crees que esta es la solución, seguir escondido del mundo, pretendiendo que nada se está yendo a la mierda? Oficiales están siendo asesinados—"

"Oficiales sucios, querrás decir."

La ira viniendo de Bullock lo hizo vibrar. "¿Por eso no te importa? ¿Porque son personas que lo merecen en tu agenda de blanco y negro?"

Jim apretó el tabique de su nariz. "Tal vez. No lo sé."

"La gente de Gotham está perdiendo fe en la Policía por culpa de ese maníaco. Hoy se le antoja matar oficiales sucios, mañana a gente inocente. Yo lo sé, tú lo sabes, hasta Wayne lo sabe—por eso viajamos al otro lado del país buscandote. Tu eres honesto. Estás limpio, Jim. Eres el símbolo que la ciudad necesita."

"¿Un ex-convicto?" Resoplando por su nariz, Jim se levantó de la banca, empalmando un billete de cincuenta dólares en la barra. "No soy ningún héroe."

"Consúltalo con la almohada." Harvey se robó el shot que Jim no se había acabado. "Sabes que tengo razón."

Al regresar a la mansión, Guadalupe estaba bañando a Jimmy en la tina de porcelana de la recámara principal. Jimmy chapoteaba feliz de la vida, armando su propia conversación sin importarle que Guadalupe no le siguiera la corriente.

"Estaba insoportable por el calor. Ya sabe como se pone." Lupe suspiró en resignación, doblando una de las toallas que Jimmy no ocuparía, puesto que las altas temperaturas se encargarían de secarlo en cuestión de momentos. "Le digo, Señor Gordon. Este bebé sería feliz en las montañas del Everest."

Jimmy le aventó su pato de plástico al momento que tu padre se agachó a saludarle. "Mi propia criatura de las nieves, ¿eh?" Regresó el pato a la tina. Jimmy lo volvió a arrojar al piso. "Está bien, Lupe. Yo lo seco y lo acuesto. No te preocupes."

"Buenas noches, Diablito." Lupe le besó la frente a Jimmy, conforme le regresaba el pato de juguete por tercera vez. "Ana duda poder dormir hoy tampoco, por si la ocupa."

La niñera de los hijos de Falcone, una mujer que juraba que la Mansión estaba embrujada. Su artritis había empeorado últimamente, y los dolores la mantenían de pie toda la noche. Si no fuera por ella, Jim hubiera perdido su cordura después del nacimiento de Jimmy. "Gracias."

Ya a solas. Jimmy miró a su padre seriamente, espuma en la mitad de su cabeza. "No me mire así, Señor Gordon." Remangando su camiseta blanca, Jim se dedicó a enjuagar al chiquillo.

Jimmy repitió una cadena de "Alor, alor, alor". Libre de champú, el chiquillo prefirió seguir jugando en el agua que ser secado.

"¿Adivina qué? Tío Harvey está de visita."

" 'Avey."

Jim sonrió. "Tal vez puedas saludarlo antes de volver a la ciudad. ¿Te gustaría conocerlo?"

"No." Jimmy chapoteó con vehemencia. "Nononono."

La carcajada fue fácil de dejar escapar. "No lo sé, James. No suenas muy sobrio. Demasiados remedios caseros de Lupita, en mi opinión." Sacó a Jimmy de la tina para transportarlo a la cama. Allí lo secó ligeramente con una de las toallas que Jim aún tenía de la Academia. Era la favorita de Jimmy, una reliquia vieja que Jim había podido recuperar tras su escape de Blackgate. "Tal vez, Bruce—"

"¡Bus!"

"No creo que aprecie el sobrenombre."

Música se coló por la ventana. Como todas las noches. Desde clásicos de los 50's hasta Salsas latinas y Boleros españoles solían ser parte del repertorio de Carmine en su hora de nostalgia y fantasmas.

Jimmy le dio batalla todo el camino a los brazos de Morfeo. El chico simplemente odiaba el calor, y el dulce alivio de la ducha sólo fue temporal. Jim perdió cuenta de las veces que la botella que trajo Lupe para arrullarlo, fue pateada a la orilla de la cuna.

En cuanto menos lo esperó, el reloj marcó las diez de la noche con una campanada.

Irónicamente, una vez dormido, Jimmy difícilmente despertaba. Jim aligeró la iluminación de la recámara, tomando asiento en la cama para tomarse un momento.

"...Hoy se le antoja matar oficiales sucios, mañana a gente inocente."

Suspirando, Jim recargó sus codos sobre sus muslos.

Ver a Harvey el dia de hoy, fácilmente había sido lo mejor que le había pasado desde que había salido de Blackgate. Siempre habían mantenido el contacto, pero llamadas por teléfono no se podían comparar con tener a su hermano en carne y hueso. Jim lo había extrañado. Tanto.

Y a Bruce.

Vaya giro de 360 grados, ver al Beta le había causado. Alto, elegante, pulido en un joven que Jim no había esperado tener el privilegio de volver a ver.

Jim volvió a ver el reloj. Sólo contaba con veinte minutos de diferencia que la última vez que lo había revisado.

Recordó la sensación, sus yemas en la nariz irritada de Wayne. La arrogancia del muchacho, al restregarle a Jim que ya no era ningún niño.

Se cambió de atuendo con la consciencia de querer dar un impacto: jeans negros, sus botas, camiseta blanca y su chamarra de cuero. Fue volverse a meter en otra piel. Una piel que Jim había dejado en abandono por mucho tiempo.

Ana estuvo más que contenta de estar al tanto de Jimmy, armada del radio para bebés, mientras la mujer se distraía pelando naranjas y escuchando la música del estudio de Don Falcone.

El Bait Shop era sólo eso, una antigua tienda de articulos para pescar hecha club nocturno. Jim no había mentido al recomendar la visita a Bruce. Era un buen lugar. Jim era un regular visitante, su único asilo de las crisis continuas que criar a su hijo le traía dia a dia. Sabía que el club estaba limpio. Por lo menos limpio de las ventas más fuertes de éxtasis y cocaína. Algo que abundaba en Miami.

No supo qué esperar, al llegar.

Definitivamente el ansia, le fue nueva. Jim no había sentido algo similar en meses. Anticipación. Emoción.

Adentro, la temperatura era controlada por el aire acondicionado. El único calor de sobra era el de los cuerpos presionados, bailando frente al escenario de la planta baja. No había DJ, puesto que todavía era temprano. El Bait Shop no estaba abarrotado aún.

Jim subió al segundo piso, buscando por la vista del barandal.

Resultó ser el punto perfecto para encontrar a Bruce Wayne.

Terriblemente sobre-vestido para la ocasión, la silueta en Armani azul marino no dejó de ser lo más atrayente en el club para sus ojos.

Y como lo había prometido, el chico bailaba.

Para Jim le fue fascinante presenciarlo.

La torpeza de su edad, contrapuesta con la sensualidad inherente que Wayne transmitía entre el circulo de acompañantes del que ahora se rodeaba—Jim intentó comparar este Bruce con el recuerdo suave que había guardado. Bruce ya no tenía quince años, y lejos de ser aquel chico flaquillo que había parecido que un viento fuerte se lo llevaría arrastrando. Su espacio personal, algo que Bruce siempre había protegido a muerte, ahora era terreno libre para los cuerpos ajenos, ahora rozando su pecho y espaldas, al ritmo de la música.

Jim lamió sus labios.

Poseído por una canción haciendo tum-tum-tum bajo su piel, Jim bajó las escaleras, retornando al corazón del club.

Se tomó su tiempo, colándose entre la multitud con arqueos de su cuerpo. Bruce lo observó acercarse, y le sonrió con una sorpresiva dulzura que Jim sintió como un puñetazo en su pecho.

Bruce le extendió su mano y no se detuvo hasta atrapar la orilla de la chaqueta de Jim.

Jim se dejó jalar, riendo levemente al entusiasmo.

Un versión rara de música electrónica e instrumental comenzó la nueva ronda, marcando un tempo menos acelerado. Aun así, Bruce fue un gusano, moviendo de atrás hacia adelante, de izquierda a derecha—Jim fue llevado por la corriente.

Dos pistas después, ambos estaban sudados, aun riendo, la chaqueta de Jim siendo un horno que Jim buscaba quitarse, en cuanto Bruce lo soltara lo suficiente para hacerlo.

Bruce no lo hizo. Sus manos regresaban a su chaqueta como ancla, colgándose de ella en sin número de ocasiones, cuando buscaba un descanso y sus cuerpos sólo permanecían presionados.

"Vamos. Te compraré un trago." Jim volteó a Bruce en la dirección del bar, empujandole con una mano en su espalda. La multitud había crecido, así que terminó atrapando a Bruce como emparedado contra la barra, causándole más risas al muchacho. "¡Dos aguas minerales!"

Bruce rodó sus ojos, y Jim lo vió, porque el muchacho estiró su cabeza para mostrarle el gesto. "¡Por lo menos pídete una cerveza!"

Jim lo hizo, haciendo nota mental de la poca queja del muchacho al no ser permitido tomar. "¿Cansado?" Preguntó directo a su oreja, después de abrir su Corona.

Bruce levantó su agua mineral para hacer brindis. "Puedes decirme si tú lo estás, hombre de la tercera edad."

Jim presionó su botella helada en la nuca del muchacho en represalia.

"¡Oye!"

Había pasado tiempo desde la última ocasión que Jim había reído tanto en una sola noche. Las endorfinas le parecieron foráneas en su corriente sanguínea.

Arriba de la barra, el techo del bar estaba cubierto de trozos uniformes de espejo. El reflejo que encontró allí le pareció irreal, algo que estaba viendo en una película: la cabeza de Bruce echada hacia atrás, descansando en el hombro izquierdo de Jim en completa señal de confianza, párpados a medio cerrar. El brazo que no sostenía su Corona, rodeaba la cintura del Beta, y en el reflejo, posesividad marcaba todo ángulo de su lenguaje corporal.

"¿Te estás quedando dormido como los cabellos?" Jim se miró susurrar a la nuca de Wayne. Observó la ligera sonrisa relajando la boca de Bruce en respuesta. "¿Quien es el anciano, después de todo?"

Hubo una pausa donde Bruce bebió más de su agua mineral. Luego, conectó su mirada con la de Jim en el espejo. "Es gracioso. He hecho esto muchas veces… ¡Pero es la primera vez que en verdad me he divertido!"

Jim frunció su ceño. "No puedo recordar la última vez que bailé. ¡En público!"

Fue placentero causar a Bruce Wayne reír tan soltadamente. Luego, el chico hizo una mueca. "Ugh. Me siento asqueroso."

Jim sonrió, dejando su Corona a la mitad y un billete en la barra. "Ah. La frase mágica para salir de aquí."

Bruce no se opuso. Se sostuvo de la palma sudada del Alfa, guiado fuera del Bait Shop.

Al salir la música fue un retumbar lejano. El calor de la noche les golpeó en la cara y Jim no dudo en quitarse su chaqueta. Tomaron rumbo a la playa, a tan corta distancia que resultaba ridículo. Las olas fueron ensordecedoras. Ambos se retiraron los zapatos, y Jim se encargó de hacer presentable la arena con su chaqueta para que ambos pudieran sentarse.

"¿Habías estado en la playa antes?"

Bruce negó con su cabeza. "Suiza es demasiado fría. Aunque… creo… mi madre me llevó en una ocasión a la Isla Como. O tal vez fue mi tía. Era muy pequeño, pero recuerdo la arena en todas partes y no querer volver."

"Mmm." Con su mirada fija en el mar, Jim abrió su boca con toda la disposición a quitarse la carga de sus hombros. "Mi hijo la odia también… La arena."

Percibió el perfil de Bruce encajar su atención en su rostro. Jim se tornó hacia él, absorbiendo el shock. La intriga. La curiosidad.

"Dios, y el calor. Pierde la razón cuando suda demasiado; se enoja y tira sus juguetes en mi cara."

Bruce sonrió. "¿Como se llama?"

Jim hizo una mueca. "James. Jimmy. Original, lo sé."

"Me gusta." Bruce alzó su hombro en desdén.

"Pensé en nombrarlo Peter como mi padre…" Jim murmuró. "Pero odié la idea al instante. Por lo menos, mi nombre lo escogió mi madre."

"Mi madre escogió Bruce también. Thomas… Bueno, después del accidente, nadie quiso usar ese nombre más de lo necesario."

"¿Accidente?"

Bruce suspiró, doblando sus piernas para recargar sus manos en sus rodillas. "Mi madre concibió antes de embarazarse de mi. Pero ella y mi padre tuvieron un accidente automovilístico y el susto afectó a mi madre. Perdió al bebé. Lo habían llamado Thomas. Lo cual en retrospección pudo haberse considerado una señal."

-Mierda. "Bruce, no tenía idea—"

"Nadie la tiene. Excepto, Alfred."

Jim acarició el hombro del joven . "¿Te hubiera gustado tener un hermano mayor?"

Bruce torció su nariz irritada. "Se puede decir que he tenido una probada de la experiencia. No la encontré tan satisfactoria."

Así fue como Bruce le compartió sobre el Paciente 514A.

Su… clon.

Resultó estremecedor escuchar todo lo que Jim se había perdido en su ausencia. Los fenómenos que habían escapado de Indian Hill, después de que Hugo Strange fuera arrestado. Jim había ayudado con la investigación, más se había perdido el desenlace, demasiado absorto con el nacimiento de Jimmy.

"¿Qué sucedió con él?"

"No lo sé. Preferentemente lejos de Gotham."

"Dudo que todo sea su culpa. Pónte en su lugar."

Bruce entregiró sus ojos. "¿Como él se puso—literalmente—en el mío?"

Jim levantó sus manos. "No me puedo imaginar que tan confundido se debe de sentir."

"Intentó matar a Selina y a Alfred." Bruce fue frío, de una manera que Jim no había visto antes. "Si lo vuelvo a ver, le partiré la cara."

"Por lo que me dijiste, él puede romperte algo más." Jim hizo una mueca. ¿Un Bruce Wayne con fuerza sobrenatural? ¿Inmunidad al dolor físico? Debería costarle más creer lo que escuchaba. Pero, se trataba de Gotham. "Estuve allí. En Indian Hill, ¿no te dijo que Harvey?"

Harvey no lo había hecho. Porque el shock en el rostro de Bruce fue singular. "¿Volviste a Gotham?"

Jim volvió a ver el mar. "Te hice una promesa."

Bruce exhaló. "Pero…"

"Harvey me dijo que necesitaban a alguien que Hugo Strange no considerara una amenaza para prestarle una visita." Así que Jim se había prestado para hacerlo. Selina había ayudado a husmear por el lugar junto con él, pero no lo mencionó. No quiso traicionar a la chica de tal forma. Jim tenía la sospecha que Bruce no apreciaría el velo de secreto alrededor de sus regresos clandestinos a la ciudad. "No fue uno de mis mejores éxitos. Hugo soltó a Galavan para cazarme en el momento que salí del lugar. Supongo que escuchaste el desenlace a esa historia."

"Supe que Oswald Cobblepot lo voló con una bazuca antes de ir tras de mí, pero nadie se molestó con los detalles. Mucho menos que tú hayas estado allí."

Jim suspiró. "En ese tiempo, no estaba listo para reunirme con caras conocidas. Sólo… sabía que tenía que ayudar en el caso." Una pauta. "Ayudarte a ti."

Bruce frotó sus brazos, más por confort que por necesidad de producir calor corporal.

"Gracias."

Jim sonrió, inclinando su cabeza. Golpeó su hombro contra el del Beta. "Vamos."

Por segunda ocasión, Jim escoltó a Wayne a su cabaña en San Carlos. Después de permanecer en silencio la mayoría de la caminata hasta el Inn, cruzar el umbral pareció traer a Bruce de vuelta a la tierra de la motricidad. Invitó a Jim a pasar, una vez encontrado el switch de la lámpara, haciéndose a un lado de la puerta deslizante.

Al no percibirlo obedecer, el Beta se tornó hacia él, frunciendo su ceño.

Jim aclaró su garganta. "Necesito regresar."

Bruce no ofreció reacción inmediata. Sus ojos oscuros lo barrieron de cabeza a pies. Pies a cabeza. Cabeza a pies.

"No."

Fue el turno de Jim de fruncir su entrecejo. "¿No?"

Su mano fue capturada con propósito. Su corazón fue incitado a acelerarse con la intensidad que invadió el momento, ambos en duelo uno frente al otro. Jim lamió sus labios, nervioso, atrapado entre lo que quería aceptar y la maldita voz de la razón que nunca podía callar.

Bruce haló de él, sin embargo, insistiendo en su entrada a la cabaña.

Jim fue el primero en admitir que no obtuvo mucha resistencia.


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Fin de Parte 2.

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