"Libre."

B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne. Menciones de Jim Gordon/Personaje Sorpresa y menciones de Bruce/Otros.

Rating: Adult.

Advertencias: Menciones de Mpreg. Beta!Bruce Wayne, Alfa!Sofía Falcone, Omega!Jim Gordon. Diferencia de edad entre la pareja principal, aunque Bruce ya tiene dieciocho años en este fic.

Resumen: Jim Gordon tiene que reaprender cómo regresar a casa.

Continuidad: Spoilers de la 4ta temporada. Realidad alterna de la 2da y la 4ta temporada.


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iii.

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"Me estás volviendo cruel

porque sólo quiero que reacciones."

-Pussycat Dolls.

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Besar a Bruce Wayne fue besar un maldito terremoto.

Jim sintió las manos del muchacho en todas partes de su cuerpo, provocando que la cabeza de Jim girara con confusión—con entusiasmo.

El Omega se dejó empujar, arrastrar, seducir, todo el camino hacia la recámara de la cabaña. Bruce fue incesante. Gimió cuando las manos de Jim por fin hicieron contacto con su espalda descubierta. Jim gimió junto con él, controlando el ritmo de sus bocas, saliva por todas partes.

No fue un encuentro fino; Bruce se le había echado encima en cuanto había cerrado la puerta principal, y éstas eran las consecuencias.

No había existido advertencia para este suceso entre los dos, más que la fuerza de sus libidos, vibrando con anómala concordia.

Ya sin camiseta, Bruce quedó expuesto frente a sus ojos. Jim aprovechó para empujarlo sobre la cama. Prosiguió a ayudarle a remover sus pantalones. Bruce intentó sentarse en más de una ocasión, sólo para ser acostado de regreso, por el cuerpo más pesado de su acompañante.

Jim se hincó frente a la cama, abriendo las piernas del joven.

"Jim." Bruce gimió, al sentirlo besar su erección atravesó de su ropa interior. "Por favor."

"Sigue diciendo mi nombre." Jim gruñó contra el regazo del Beta. Fue desnudando las caderas; la ingle, el pubis. Besó la cabeza del pene del muchacho, provocando más caos. Las manos de Bruce se apoderaron de su cabeza, despeinándolo.

"¡Oh!" Le llovió a sus oídos. "Oh, Jim."

Bruce fue saboreado por entero. Jim lo tomó de la punta a la raíz, probando sólo dulzura y jabón europeo.

Bruce agregó más groserías a su repertorio, mezclándose junto con su nombre de manera hilarante. Jim no dio pausa, subiendo y bajando, masajeando la longitud con su puño para proveer toda clase de estimulación. Una parte de él quería aplicarlo como venganza—Porque desde que había llegado a Miami, Bruce no había parado de presionar y presionar.

Este era el punto de ebullición de Jim.

Comenzó a succionar. El cuerpo entero de Bruce se sacudió. "N-No… Espera."

Jim fue empujado lejos de la erección prominente. Jadeando, el Omega prosiguió a limpiar su boca con la manga de su camiseta.

Esta vez, Bruce tuvo éxito en sentarse. Sus piernas, aunque delgadas, mostraron poseer fuerza camuflageada al rodearlo. En la oscuridad de la alcoba, Jim supo que estaba siendo observado. Se concentró en el edredón que cubría la cama. En respirar.

Las manos de Bruce estaban calientes al acariciar su cuello. "Quiero sentirte también."

Jim tragó saliva. El sabor de Bruce perduró en su garganta. "No hay mucho que rebuscar."

"Déjame decidirlo por mí mismo." Las manos prosiguieron a empujar de su camiseta.

El cuerpo de Jim había cambiado desde el nacimiento de Jimmy. Una larga cicatriz adornaba la parte baja de su abdomen en resultado de la cesárea. Aunque se había mantenido en forma, habían marcas de guerra en su torso que de momento Jim no había compartido con nadie más.

Suspirando, Jim se levantó para deshacerse de sus jeans y el resto de obstáculos de vestir.

Quedando en su ropa interior, tomó asiento en la cama a lado de Bruce. Sintió una palma trazar un sendero por su pecho, curiosa pero cautelosa.

Jim se dejó caer el resto del camino a la cama.

Leyendo la invitación por lo que era, Bruce cruzó una pierna sobre su cuerpo, terminado sentado encima de Jim.

Las manos prosiguieron.

Jim aspiró, a veces en ansias. A veces en consternación.

La mayoría, en anticipación.

"Hueles…" Vino de Bruce. Un brote de energía. Un espasmo de incredulidad. "Desde que llegué, no puedo sacarme tu olor, Jim."

"¿Oh, sí?" Jim cerró sus ojos, vencido ante el pulgar provocando uno de sus pezones. "Maldición." Lubricación estaba produciéndose, mojando sus bóxers. ¿También podría olerlo Bruce?

Un beso reemplazó su pulgar sobre la pectoral del Omega. Un gesto sencillo. Raro viniendo de los amantes de alguien como Jim.

"Nunca dejé de pensar en ti."

"Dios, Bruce." Jim se estremeció. Recordó las palabras de Bullock, entonces. "No debes hacerlo. No soy bueno para nadie."

Más besos fueron plantados por su torso. "¿Por qué te castigas así, Jim? Ya tienes absolución. No le debes nada a nadie. Tu nombre está limpio."

Maldito Wayne.

Frio absoluto fue inyectado súbitamente a su sistema. De golpe, la pasión fue amenguada a algo más controlable. La cortina de feromonas perdió densidad. Jim empujó a Bruce de su cuerpo, cuidadoso pero firme. Tragó bocanas de aire; mirando claro por primera ocasión.

"¿De eso se trata esto? ¿De terminar de convencerme de regresar a Gotham?"

Al doblar su perfil hacia el Beta, encontró un desastre de ondulaciones castañas y una mirada que penetró hasta la oscuridad en desafió. "¿Y qué si lo es?"

Incrédulo, Jim comenzó a vestirse.

¿Qué demonios había estado pensando? ¿Desde cuanto acostarse con Bruce Wayne sonaba como buena idea?

"No puedes darle la espalda a tu pasado."

"¿Quieres saber un secreto, Bruce? La mitad del tiempo no sabía que decirte para sobrecompensar la muerte de tus padres, así que inventé mucha mierda filosófica la mitad del tiempo que conversábamos. No te recomiendo que sigas usándome como modelo a seguir."

"¿En serio piensas esconderte por siempre?" Bruce le sorprendió al levantarse y frenarle su brazo en pleno acto de colocarse sus pantalones. "¿A qué le temes tanto? Dime, por favor. Quiero ayudar."

A fallar. Fallar, fallar, y fallar.

Jim apretó sus dientes. "Déjame ir. No puedo quedarme." No podía quedarse. No podía irse. No podía seguir corriendo en círculos. Jim sentía el tiempo acabándosele.

Hubo un momento de impasse, ninguno cediendo.

Bruce le soltó el brazo, pero su mano tomó posesión de su mejilla derecha, obligándolo a voltear a enfrentarlo.

"Jim… He matado un hombre. Sé que se siente querer huir en dirección opuesta, a querer encarar tu propio auto-odio. Me he perdido en fiestas, en alcohol, en ser cruel con las personas que quiero. Le di las espaldas a las enseñanzas de mis padres… A todo. Pero Alfred persistió, tuvo fe en mí. No se dio por vencido."

"Estás insinuando que somos el mismo tipo de personas, Bruce." Jim articuló. En contra de su voluntad, su voz se quebró. Maldita sea. "Eres un buen muchacho."

"Y tú eres un buen hombre." Bruce siseó entre dientes, acercando su rostro. "Odias la injusticia. Haz ensuciado tus manos cuando Gotham lo ha necesitado, pero lo has hecho pensando en el bien común. Lo que sucedió con Galavan, con tu arresto en Blackgate—son asuntos del pasado… Puedes volver a casa, Jim."

Jim dejó que su sien fuera empujada contra la frente de Wayne.

"Tienen que regresar a Gotham mañana." Jim masculló. "Tienes que dejar de presionar—Dame tiempo para pensarlo."

Escuchó la saliva siendo pasada por la garganta del Beta.

"De acuerdo."

Jim fue puesto en libertad una vez más.


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Carmine seguía escuchando música a su regreso a la Mansión. Jim caminó al estudio arrastrando sus botines, exhausto, y a la vez, más despierto de lo que había estado en los últimos tres años.

"Luces en conflicto, James. Yo qué pensé que habías salido a divertirte."

Jim se recargó en el umbral, manos en los bolsillos de sus jeans. "Y tú luces satisfecho."

Reclinado en su silla de cuero, con un vaso de whiskey en su mano, el hombre le sonrió. "Los extrañaré, pero es bueno que Jimmy regresé a donde pertenece."

"Todavía no hago mi decisión." Jim gruñó, adentrando al estudio para servirse su propio trago.

"¿Qué hay qué decidir? En los años que has estado viviendo en esta Villa, nunca te había visto tan feliz. Ver a tus amigos te ha cambiado de pies a cabezas. Hasta Lupe lo notó."

Jim rodó sus ojos. "Eso es porque pensó que fui a una cita."

Falcone alzó una ceja.

Jim fingió demencia. "Mañana se marchan. Tengo hasta la hora de su vuelo de regreso para decidirme."

"Jim, debes irte."

Jim frunció el ceño ante la seriedad absoluta del comando. "¿Qué sucede?"

Carmine encendió otra lámpara extra, para ayudar en la iluminación de su estudio. Fue entonces que Jim notó la gran cantidad de fotografías desplayadas por el escritorio. Jim se acercó como la polilla a la flama.

Al reconocer a la persona en las fotografías, el fondo de su estómago cayó al suelo.

Oswald Cobblepot reía en una de ellas, de su brazo Sofía haciéndole compañía en lo que parecía ser el Auditorio de Opera de Gotham.

En otras, ambos paseaban por las calles de la ciudad. Sofía y Oswald Cobblepot. Sofía y Victor Zsasz. Sofía y el Alcalde. Sofía con Bárbara Kean, Selina Kyle y Tabitha Galavan. Sofía y Lee en lo que parecía ser un cementerio, ambas de negro.

Sofía Falcone estaba en su ciudad.

"Investigué el caso del Doctor Pyg en el momento que Bullock lo trajo a mi atención. Tengo gente en la ciudad que todavía pueden considerarse mis más fieles ojos. En menos de ocho horas esto es lo que obtuve. Me mandaron toda la información por correo electrónico."

Jim se dejó caer sobre la silla opuesta a Carmine. "Sofía corrió directo a Gotham. ¿Por qué?"

Carmine le dio otro trago a su propio whiskey. "Mi hijo. ¿Lo recuerdas?"

"¿Mario?" Jim siguió sin comprender. "Sí, pero—"

"Te conté que fue asesinado. No te conté por quién, o bajo cuales circunstancias."

Jim se preparó.

Carmine sólo mostró una fotografía.

Harvey.

"Los reportes médicos indican que Mario estaba infectado con un virus que te lleva a la locura de manera lenta y agonizante. Las personas afectadas pierden control de sus emociones y de todo autocontrol. En el momento de ser acribillado por el Capitán Harvey Bullock, Mario había estado a punto de asesinar a su propia prometida, la Doctora Leslie Thompkins."

Jim sintió nauseas. ¿Mario y Lee? Así que, ¿Mario había sido el hombre que Jim la había visto besando, al visitarla en Chicago? ¿Cómo habían terminado en Gotham?

"Eso sucedió el año pasado. Ahora, esto le sigue. No es ninguna coincidencia."

"Sofía quiere venganza. ¿Es lo qué dices?"

"No sé qué es lo quiere. ¿Poder? Muy probable. ¿Venganza? Si lo es, está jugando con otro tipo de ángulo para obtenerla."

"¿Y quieres que sea yo quien me encargue de resolverlo? Sofía es tu responsabilidad. Es tu hija. sácala de la ciudad."

Carmine golpeó el escritorio con su vaso de vidrio. "¿Crees que me va a escuchar? No sirvió de nada mantenerla en exilio aquí en Miami, se fue en la primera oportunidad que tuvo. ¡Ni siquiera tú pudiste frenarla!"

Jim se levantó, sobando su rostro. Maldita Sofía.

"Sigue siendo tu responsabilidad, Carmine. No la mía."

"¿Qué hay de la responsabilidad que tienes con la ciudad? La responsabilidad que tu padre te heredó."

"No te metas con mi padre." Jim gruñó, dirigiéndose a la salida. "No pondré a mi hijo en la línea de fuego sólo para limpiar tus desastres."

"Jimmy estará en la línea del fuego, desde hoy hasta el resto de sus días, por simplemente ser un Falcone."

Jim se congeló en la puerta, sosteniéndose del marco. "Jimmy es un Gordon."

"Enséñale a ser uno, entonces. Hasta ahora solo ha conocido una existencia de escondite y vergüenza. Esa no es forma de moldearlo en un buen hombre."

Jim cerró la puerta con un fuerte estruendo. Escogió una ruta alternativa a su alcoba, evitando a Lupe y sus expresiones de preocupación. Una vez adentro se deshizo de su chamarra y de sus botines.

Caminó directo a su hijo.

James Jr. B. Gordon yacía profundamente dormido. Había pateado su manta a la orilla de la cuna y sus calcetines habían desaparecido por arte de magia. Jim lo observó patear entre sueños, un poco de saliva escurriéndose de su esponjada mejilla colorada. Pronto caminaría. Sabía sostenerse y ya había comenzado sus primeros pasos. Jim no lo podía detener—Jimmy ya avanzaba a su propio ritmo.

"Desearía poder protegerte para siempre." Jim susurró, acariciando las espaldas del chico. Sintió el vaivén de su respiración.

De alguna forma, la sensación le trajo únicamente desasosiego.


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Al tomar el vuelo de regreso a casa, el chiquillo no dejaba de arrastrar su cara larga por todo el aeropuerto.

Harvey lo observó echar vistazos a sus espaldas todo el camino al avión. Ya que estuvieron en sus lugares, una hora después del despegue, Harvey decidió abordar el tema.

"Mira, niño. Lo intentaste. Los dos lo intentamos. Sabíamos que podría ser un gran riesgo que Jim nos mandara a volar."

Estoico, Wayne fingió seguir viendo nubes en el cielo.

Harvey siguió. "Jim está pensando en el bien de Jimmy. ¿Quién puede culparlo?"

"Vivir con un Mafioso retirado no se podría considerar el plan idílico para criar a un niño."

Ah. Así que la estatua sí hablaba. "No todos somos perfectos. Tu y yo hemos sido criados en peores lugares. Y míranos."

"Exacto." Wayne murmuró. "Míranos."

"Oye, al menos ahora tienes la seguridad de que chicos billonarios, altos y castaños no son su tipo. Puedes superar tus complejos paternos y seguir con tu vida. No todas las compatibilidades son destinadas a suceder."

Wayne siguió observando la tierra abajo, despidiéndose de fantasmas.

Frunciendo el ceño, Harvey decidió que ya habían conversado demasiado por un día.

El resto del vuelo, Harvey se dedicó a vaciar las botellas miniaturas de mojitos y dormir por el tiempo que le había faltado la noche anterior.

Al aterrizar en el aeropuerto de Gotham cuatro horas después, Harvey pastoreó a Wayne durante el proceso de desembarque y la recuperación de sus maletas. El chico siguió mudo e inexpresivo. Dejó de ver por detrás de sus espaldas, ahora sólo concentrado al frente.

Alfred los encontró en la sala de espera.

"¡Oh! Arribaron justo en tiempo." Alfred fue rápido en ponerse al día. Miró a Wayne, miró a Bullock y al no detectar a nadie más acompañándolos, tomó las maletas de su protegido y comenzó a guiarlo fuera del aeropuerto. "¿Desea un aventón, Capitán?"

"Nah. Pediré un taxi. ¿Alguna novedad en nuestra ausencia?"

La mirada turbia de Alfred dijo , pero su boca murmuró "Nada que no pueda esperar hasta que Amo Bruce se tome una ducha y almuerce."

"No tengo apetito." Wayne rezongó, justo al llegar al Cadillac de Pennyworth. El chico no esperó por Alfred para abrir la puerta trasera y meterse por su cuenta.

Alfred suspiró, todavía cargando con las maletas del mocoso. "Es desafortunado que Gordon no haya regresado con ustedes."

"Deja tu eso." Bullock le sonrió, comenzando a retirarse a buscar su taxi. "Al niño le rompieron el corazón. Buena suerte evadiendo los cuernos de ese toro."

En el momento que se subió a su taxi, el móvil de Bullock comenzó a escupir mensajes de texto y llamadas perdidas.

Doctor Pyg había vuelto a la superficie.

Con regalos.


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Hasta el aire era diferente en Gotham.

Al respirarlo, la combinación de smog y el mar salado de los muelles se asentó en su pecho.

Los demás pasajeros del tren lo envolvieron en un caos de colores. Jim se permitió perderse en la marea de desconocidos, optando por permanecer con sus lentes oscuros puestos. Con una sola maleta en posesión, fue fácil deslizarse con la multitud.

Había tomado más tiempo de lo planeado preparar su viaje. A una semana de haber mandado a Bullock de regreso a la ciudad con las manos vacías, Jim no supo cómo sentirse ya estando en la ciudad él mismo.

Afuera de la estación de tren, Jim no dudó sobre su siguiente destino.

"Las noticias están cada vez más locas, viejo." El conductor sacudió su cabeza desde el espejo retrovisor. Fue entonces que Jim prestó atención a la estación de radio. En el piso del taxi encontró periódicos descartados. La página frontal vestía un encabezado escalofriante.

Jim cogió el periódico.

PROFESOR PYG SIEMBRA EL TERROR EN GOTHAM.

Los policías de Gotham son acorralados por el Profesor Pyg

"Dios mío." Jim no podía creer la fotografía. Dos policías asesinados en una banca de tren, vistiendo dos máscaras de cerdos sobre sus rostros.

Había escuchado la historia de Harvey, por supuesto. Pero fue muy diferente, tener la cruda evidencia de lo que sucedía justo en su cara.

"…se desconoce el paradero del Profesor actualmente. De acuerdo a voceros del Ayuntamiento se está considerando un toque de queda para mantener a la ciudadanía a salvo mientras este asesino serial se encuentra suelto por las calles."

"¿Para qué? ¡Son esos policías sucios, lo que el Pyg quiere!"

Jim volvió a cruzar miradas con el conductor. "Si tuviera que elegir, ¿los entregaría usted a la merced de ese asesino?"

"Si la vida de mis hijos dependiera de ello, yo mismo le cortaba la cabeza a esa bola de corruptos."

"¿Cómo sabría distinguirlos? Entre los policías que sí hacen su trabajo y los corruptos, quiero decir."

"¡Ja! Sólo basta recorrer el centro de la ciudad. Ese club nocturno del Pingüino los tiene entrando y saliendo todo el día y la noche con su cheque gordo."

Jim quedó helado. "¿El Pingüino?"

"¡Seguro! Ahora con las licencias Pax Penguina, la ciudad se terminó de ir al caño. No puedes confiar ni en tu propia sombra. El otro día, me asaltaron en mi propio taxi mientras me encontraba esperando el semáforo en rojo. Dos policías vieron todo desde la acera, ¡y no hicieron nada! Sólo porque el imbécil que me asaltó tenía permiso."

Esa parte, Harvey había omitido.

Jim no podía creer lo que escuchaba. "Harvey, eres un hijo de puta." Murmuró, mirando por la ventana.

Cuando fue dejado en la entrada del GCPD, Jim le dio un billete de 50 dlls y le indicó quedarse con la feria. Esperaba que eso sirviera para compensar algo del daño previamente descrito por sus excolegas.

Era temprano. Apenas las diez de la mañana. Si tenía suerte, Harvey ya estaría en su turno.

Jim se tomó un momento para admirar la inevitabilidad de sus decisiones.

Respiró hondo, levantó su maleta de la acera y entró al precinto.


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Fin de Parte 3.

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