Sageki no podía recordar nombre alguno que fuera Naruto, no que estuviera relacionado con él, sin embargo, para el joven ese hombre si estaba relacionado de alguna manera con él, Sageki lo sentía.

El gran hombre que estaba frente al joven Sageki poseía una larga melena rubia y una barba que cubría parte de su mentón, ojos tan celestes que podías confundirlos con el cielo mismo y unas peculiares marcas en sus mejillas. Sageki solo se dedicó a observarlo, notó que aquel hombre tenía algo diferente al resto de las personas que conocía, no era su apariencia simplemente, era algo más, algo fuere o dentro de él que lo hacía diferente.

El hombre se movió hacia un lado y de una bolsa extrajo lo que parecía ser comida. Con su mano extendida al joven le ofreció.

-Toma.

Sageki sin decir palabra alguna recibió el alimento, lo miró, eran barras proteicas.

-No son buenas, pero pueden salvarte del hambre.

El joven sin más se dispuso a comerlas, mientras miraba al hombre que se hacía llamar Naruto comprobó que lo que decía era verdad, las barras son asquerosas.

-¿Por qué estoy aquí?

El joven sabia porque estaba allí, pero no sabía de qué otra manera preguntar para saber la respuesta que el buscaba.

-Por qué los moradores te atacaban. –Naruto se sentó en el suelo, frente al joven inquieto.

-Eso lo sé. –El joven pelinegro bajo la mirada.

-¿Qué porque estaba allí?

El joven no pudo evitar sorprenderse ante la auto pregunta que hizo el hombre. Sageki solo asintió. Cuando lo volvió a mirar sintió esa penetrante mirada que poseía aquel hombre rubio.

-Te sentí, y débil, por eso fui a buscarte Sageki.

El joven no podía estar más sorprendido ante tal declaración.

-¡¿Cómo que me sintió?! ¿Y mi nombre? ¡Como supo mi nombre! –El chico inmediatamente se levantó del suelo, no le preocupo el mareo que sintió en ese momento, eso era de lo de menos.

Naruto solo sonrió al ver como el chico se exaltaba.

-Ya te lo dije, te conozco, aunque tú por el contrario, no.

El chico no aguanto más y lo agarro con brusquedad del hombro, el rubio solo se asombró ante ello.

-¡Por favor, dime!

El hombre frente a Sageki se levantó del suelo y se dirigió hacia unas cajas grandes de madera, ya sentado invito al joven a sentarse junto con él.

Ante aquel gesto el joven planeaba hacerlo sin dudar, sin embargo su tía vino a su mente, recordó el vergonzoso momento que vivió y sus caóticas palabras.

"–Sageki, recuerda que en el mundo existe gente muy mala, tan mala que pueden llegar a hacer cosas depravadas, las violaciones no solo ocurren en mujeres, sino en hombres también. Te lo digo mi vida para que tengas siempre precaución, ya que eres tan lindo que a la gente no le importara. –"

Se detuvo a mirar al hombre, este solo lo miraba con amabilidad. El joven Sageki decidió que no ocurriría nada, puesto que según él ya poseía la fuerza suficiente como para defenderse y atacar, después de todo tenía 18 años.

Una vez sentado al lado del hombre, el joven decidió mirarlo y este empezó a hablar.

-¿Qué quieres saber?

Sageki confuso ante las palabras del hombre no sabía que responder, o preguntar. Se quedó en silencio pensando detenidamente lo que le preguntaría.

Al hombre se le escapo una risa ante ver tal determinación de análisis que poseía el joven. Sageki lo miro confundido.

-Sin duda sacaste eso a tu padre. –dijo el hombre junto con una risa.

El chico conmocionado ante la revelación ni lo pensó.

-¿Conoció a mi padre?

Naruto observo como el joven lo miraba, se dio cuenta que este lo miraba con devoción.

-Por supuesto, tu padre era mi mejor amigo.

En ese momento Sageki sentía unas ganas extremas de preguntar todo lo que no pudo preguntarle a sus tíos. Estaba tiritando de emoción.

-¿Cómo...?

-Sasuke se parece demasiado a ti, sacaste mucho de él. –Dijo el rubio dándole una pequeña palmada amistosa en su hombro.

El hombre no mentía, incluso sabía el nombre de su padre, Sageki no pudo contener un sonrojo de emoción.

Pero en ese instante donde el joven tenía tantas preguntas de toda su vida, no podía sacar ninguna de su boca. El rubio al ver este acto solo soltó una sonrisa.

Los ojos del joven se guiaron hacia el artefacto que poseía en sus manos el rubio.

-¿Es un Jedi?

Naruto levantó su sable de luz y dejo que la hoja de luz azul saliera, el joven contemplo maravillado tal escena. El rubio oculto la hoja de luz dejando solo el artefacto pequeño.

-Así es. –respondió Naruto.

-¿Entonces usted con mi padre eran compañeros? –Naruto observo con detenimiento al joven pelinegro.

-Tu padre era mi aprendiz. –Sageki asombrado solo se detuvo a escuchar. –Pero era tan fuerte y hábil, que sobrepasaba a muchos maestros Jedi.

Naruto solo miraba el techo, recordando esos años, años que recodaría siempre como los más bellos de su vida. Años que fueron hechos pedazos.

Naruto se levantó del lado del joven para dirigirse a unas pequeñas cajas, baúles eran y de allí saco otro sable. El rubio levanto el sable mostrándoselo al joven.

-Este sable era de tu padre. –Con el sable en sus manos Naruto se acercó al chico para entregárselo. –Lo conservo desde poco antes de que tu padre falleciera. –Naruto le entregó el objeto.

Para Sageki fue una sorpresa, pesaba más de lo que imaginaba. Al tenerla en sus manos, muchos sentimientos dieron vuelta en su cabeza, sin duda, este regalo era algo muy significativo, era parte de su origen.

El joven agarró con firmeza el sable y dispuesto a seguir preguntando recordó a sus tíos. Naruto lo miro ante su inusual acto.

-¿Cuánto tiempo paso desde que me encontró?

-Medio día.

El joven sabía que sus tíos morirían de la preocupación. Se levantó de donde estaba y dudoso se dirigió hacia la puerta, quería quedarse allí y saber ms sobre su padre, lo anhelaba, pero sus tíos, lo irían a buscar, y los moradores eran demasiado peligrosos.

-¿Te iras? Es peligroso.

Volvió a detenerse. Quería quedarse.

-Mis tíos me estarán buscando, y es peligroso a estas horas.

Sin dejar siquiera hablar a Naruto el joven salió corriendo del lugar y echó a andar los motores de su nave, dirigiéndose a toda velocidad hacia su hogar.

En el trayecto a su hogar, el joven Sageki no podía dejar de pensar en el peculiar encuentro que tuvo con Naruto y las pequeñas conversaciones que dieron lugar en ese momento. El joven miro a su lado y en el asiento de copiloto pudo mirar el sable de luz, el que fue alguna vez de su padre ahora sería suya, sin duda para el joven lo que sucedió ese día tenía que repetiste, necesitaba saber más sobre su padre.

Ya muy cerca de la casa Sageki se detuvo con impaciencia y sin pensarlo corrió hacia dentro de su hogar, y lo que más temía en ese momento se hizo realidad. El joven grito en busca de sus tíos sin poder recibir respuesta alguna, el lugar estaba vacío, en un rápido movimiento se dirigió hacia su pequeña nave y con desesperación encendió los motores, yendo a toda velocidad en busca de sus tíos.

Con el ceño fruncido el joven pelinegro solo rogaba que no estuvieran tan lejos, que no fueran a los cañones de arena, que estuvieran a salvo. Mirando el cielo anaranjado su desesperación crecía con mucha más ansia, entonces tuvo un muy mal presentimiento. El joven de un instante para otro sintió como dentro de él se desgarraba algo, algo que el protegía y cuidaba, sentía que quería llorar de la tristeza sin saber el porqué.

Detuvo su vehículo al oír unos gritos, los gritos característicos de los moradores de la arena, buscando con su oído de donde provenían esos gritos sin pensarlo se dirigió hacia allí. Los gritos de goce de los moradores eran cada vez más fuertes, el joven bajó de su nave y con el solo ruego de no querer encontrar a sus tíos allí se dirigió entre las rocas, el joven escabulléndose para no ser encontrado por las criaturas se escondió tras una roca, y esta le permitía ver con más claridad lo que sucedía.

Entonces lo comprendió.

Comprendió su sufrimiento hace unos momentos, comprendió por qué quería llorar.

Frente a él pudo ver dos cuerpos, cada uno con grandes estacas atravesándoles el pecho y completamente ensangrentados. Ellos no se movían.

Estaban muertos.

Y era su culpa.

El joven nublado por la rabia y el dolor no supo en que momento había agarrado su sable de luz, solo sabía que esas bestias habían torturado y asesinado a sus queridos tíos.

Con la respiración agitada y apretando con fuerza el sable de su padre se dirigió hacia donde estaban sus tíos y los moradores de las arenas dejando así completamente a la vista su presencia. Los moradores al percatarse de ello corrieron con sus largas y oxidadas armas, dispuestos a matar al intruso que había aparecido en esos instantes. El pelinegro con lágrimas en sus ojos y rabia en su mirada encendió el sable, dejando salir la hoja de luz color azul vibrante, camino a paso firme había sus tíos, entones, cuando el primer morador iba a golpear al chico este con una brutal y despiadada fuerza corto completamente el pecho del morador partiéndolo en dos, con gritos salvajes las bestias se dirigían corriendo hacia el joven. Este solo guiado por la imagen de sus tíos asesinados corto y corto, atravesó y apuñalo, su único consuelo en ese momento era silenciar esos gritos salvajes. Apareciendo cada vez más moradores de las arenas Sageki sin inmutarse los silencio a todos en un acto de completa ira.

El joven jamás había enfrentado a esas bestias de las arenas, aun así no tuvo piedad con ellos, porque no la tuvieron con aquellos que lo cuidaron. De rodillas al lado de sus tíos solo se dedicó a observarlos, ver sus pálidos rostros cubiertos de sangre, entonces el joven lloró, lloró por haber discutido con sus tíos, lloró por haberlos dejado, lloró por no llegar a tiempo, lloró por su perdida y lloró teniendo miedo.

Al lado de las grandes rocas que hacían de escondite para Sageki hace solo unos momentos estaba Naruto, contemplando la masacre que había en esos momentos, los cuerpos mutilados por el joven yacían inertes en el suelo. Luego miró al joven, con el sable aun en sus manos estaba arrodillado junto a los que eran sus tíos.

Sintió lastima por el chico frente a él, pero su preocupación era un más grande. El chico frente a él con el sable en sus manos era impredecible, temía que antes tales actos el joven se acurrucara en la oscuridad.

El rubio solo se dedicó a mirarlo, esperando una respuesta.

El joven pelinegro se levantó y con cautela quito las grandes estacas incrustadas en el pecho de sus tíos, y con dolor los llevo a cada uno hasta su vehículo.

Con los cuerpos ya enterrados frente a la casa, veló porque sus tíos estuvieran rodeados de paz, dándole su respeto.

Naruto en un acto de pésame posó su mano en el hombro del joven, dándole consuelo, el joven soltó algunas lágrimas.

-Gracias.

Sageki le agradeció al hombre por estar ahí, velando al igual que él a sus tíos.

-Ven conmigo.

La propuesta del Jedi fue totalmente descolocada para Sageki, sin embargo, el joven no se inmuto. El rubio continuó.

-Tu vida aquí puede continuar, puedes seguir el legado de tus tíos en la granja. –El joven pelinegro solo lo miro. –O puedes venir conmigo.

El chico volvió su mirada a las tumbas de sus tíos.

-No puedo obligarte a nada, sé que aquí tendrás una vida normal, sé que aquí podrás sobrevivir y crecer, hasta formar una familia. –El joven solo escuchaba lo que el hombre decía. –Pero puedes venir conmigo, aprender de los Jedi.

Sageki lo miro desconcertado. El rubio miro hacia el cielo oscuro.

-Yo te traje a tus tíos cuando apenas tenías semanas de vida. –el pelinegro lo miro asombrado. –Y ellos se encargaron de ti, de protegerte y de nutrirte para ser el hombre que eres hoy. A ellos, -Mirando sus tumbas. –no les gustaba la idea que supieras de mí, o de tus padres.

Sageki siguió llorando, mientras miraba las tumbas de sus tíos.

-Si vienes conmigo, solo corromperé el deseo que tus tíos tenían para ti.

El joven con lágrimas en sus ojos miro fijamente a Naruto, analizando sus palabras. Entonces decidió.

-Ya nada me ata a este lugar.

Esas palabras llenas de dolor fueron la respuesta que anhelaba Naruto. Sageki entonces dejo sus lágrimas atrás, junto a las tumbas de sus tíos.

-Por favor, déjeme ir con usted.

Fueron las palabras que salieron de Sageki, Naruto solo lo abrazó, ante la audaz respuesta del hijo de su mejor amigo y de su querida amiga.