Kaa era una serpiente y disfrutaba mucho de ello. Había pocos animales que se atrevían a meterse con él y, gracias a eso, podía pasar mucho de su tiempo en tranquilidad; hasta el momento en el que se le diera por comer. Tenía que ser muy sigiloso cuando acechaba pero no le suponía un problema: su cuerpo tenía la agilidad necesaria y sus escamas, aun cuando tenían un despampanante brillo, lo ayudaban a pasar desapercibido entre los escenarios de la selva y aproximarse a su presa lo suficiente como para llamarla comida.

Pese a la perfección de su cuerpo y de sus habilidades, sabía que tenía mala fama. Bagheera y Baloo le decían al cachorrito humano que se mantuviera alejado de él, que era malo, tramposo y traicionero, que se lo comería sin dudar si se diera la oportunidad. Bueno, tal vez fuera verdad. Sin embargo, algunas tardes mientras disfrutaba en la copa de un árbol del silencio de la naturaleza, lograba escuchar, amortiguadas por la lejanía de él, las risas de la amistad.

Entonces, se sentía un poco mal.