Me pregunto a qué hora regresará Philip.

Angelica se levantó del sofá y tomó uno de los poemas de su hermano. Se paseó por la sala con los pies descalzos, tratando de entonar los versos del mismo modo que él lo hacía, fracasando en el intento. Comenzó a reír mientras agregaba gestos y ademanes exagerados a su imitación, para terminar en el pequeño balcón que conectaba la habitación con el jardín. Se recargó en el barandal y aspiró el perfume de las flores que su padre plantó hace poco.

—Le pediré a Philip que me lea algo cuando llegue —saludó a una mariposa que pasaba por ahí—. Es silencioso en las afueras de la ciudad.