A Sajou comenzó a gustarle el color amarillo cuando se enamoró de Kusakabe. Lo comenzó a adorar cuando reparó en el sabor de la soda que bebieron la noche en que él lo besó por primera vez. Después de pelear, fue un color que no desapareció de su sistema, ni siquiera pensaba en él. Había significado tanto por un tiempo y luego se había ido tan rápido que no quería reparar en ello, simplemente lo había bloqueado.

Entonces, un día, lo atrapó en sus sueños. Kusakabe lo tenía atado con un lazo amarillo limón. Era su color favorito, dijo. Podían solucionarlo, podían ser mejores, más fuertes, más juntos.

Entonces despertó.

Y él estaba ahí para él.