Marceline Abadeer sentía la mirada de su madre mientras desayunaba cereal esa mañana. Laura no encontraba el modo de decir lo que había que decir, incluso llegó a pensar en no mencionar nada. La chica de 17 años levantaba constantemente la vista del plato hacia donde su madre se encontraba. La veía nerviosa, pero definitivamente no quería preguntar de qué se trataba eso, temía lo peor, y pese a la incomodidad que le generaban los ojos inquisidores de la mujer que la trajo al mundo, prefirió quedarse callada.

Una vez que hubo terminado el desayuno, se levantó silenciosamente para lavar el tazón.

-Puedes dejarlo ahí, yo me encargo. -Marceline notaba cierta tensión en el tono de voz que su madre utilizaba.

-De acuerdo. -No se atrevió a preguntar, simplemente tomó su mochila y se dirigió hacia la puerta. Estuvo a punto de cerrarla tras de sí cuando escuchó "ten un lindo día".

Laura Abadeer quedó recargada contra la barra de la cocina, en la misma posición que había estado observando a su hija durante ese tiempo. No había tenido el valor de hablar con ella y eso le decepcionaba bastante. Había recibido una llamada la noche anterior, no le dijeron nada que ella no supiera ya, aunque le dolía que después de más de dos años, Marcy no se hubiera atrevido a confiarle. Conversar con Hunson al respecto no era una posibilidad antes de charlar con la chica de 17 años que se encontraba en su tercer año de preparatoria y penúltimo antes de ir a la universidad, y agradecía con todo su corazón que hubiera sido ella y no él quien contestara el día anterior el teléfono.

-Supongo que podemos hablar esta noche. -dijo rompiendo su postura y caminando hacia el estudio de pintura que había instalado en casa. Hunson era un empresario exitoso, dueño de una cadena de bares llamados "La Nocheósfera", pero ella no ganaba menos que él, incluso en ocasiones superaba con creces sus ingresos cuando en algunas de sus exposiciones se vendían varios de sus cuadros.

Siempre le impresionó que ella y su marido congeniaran tan bien siendo que sus personalidades eran de lo más opuestas, pero cuando lo pensaba mejor, se daba cuenta de que era eso lo que necesitaban el uno del otro, por eso no le habían sorprendido las elecciones románticas de su hija, que fuera ella tan viva, que se desenvolviera con tanta soltura mientras su… bueno, sería hora de pensar en otra cosa.

Bonibbel Bubblegum (un apellido un tanto inusual) llegó a la escuela sintiendo el ambiente más pesado de lo normal, y aunque era mentira que todos la miraban, ella no podía sentirse de otro modo después de que su familia se comportara de manera tan extraña esa mañana: Su madre apenas y le dirigió el saludo cuando llegó a la mesa, su padre apresuró el plato para levantarse cuanto antes al verla llegar, incluso su hermano mayor Gumball la observaba como si se tratara de un perrito con la pierna rota. Se ofreció a llevarla a la escuela y, aunque ella insistiera durante todo el camino en que le explicara por qué la veía como si le tuviera lástima, él sólo se limitó a contestar "Oh, Bonibbel" en una ocasión.

-¡Bonnie! -dio un respingo cuando escuchó a Lady, su mejor amiga, detrás de ella saludando con tanta efusividad. -¿Pasa algo? -la chica coreana no pudo evitar percatarse de la actitud tan inusual.

-Estoy bien, sólo tengo la sensación de haber olvidado algo en casa, y ya sabes que me quedo intranquila preguntándome de qué podría tratarse -mintió.

-Oh, vamos, seguro no es la gran cosa. ¿Quieres ir con los chicos? Escuché que Finn está presumiendo un nuevo videojuego.

-Tú sólo quieres ver a Jake.- se burló ella.

-Jeje… estem… bueno… claro que no.

Y con un poco de charla banal, siguieron su camino por el pasillo. Faltaban quince minutos para que entraran a la primera hora de clases. Bonibbel, más distraída que de costumbre, no notó cuando su camino se cruzaba con el de Keila Vlad y, dado que esta última no era la persona más atenta del mundo, tampoco se percató de ello hasta que chocaron.

-¡Fíjate por donde caminas! -espetó Lady mientras ayudaba a Bubblegum a levantarse y Marceline hacía lo propio con su mejor amiga.

-¡Claro, porque Chicle no tuvo nada que ver! ¿Cierto? - Se defendió la chica.

-¡Lady, fue un accidente! ¡No hagas un drama por esto! -Bonibbel intentó apaciguar las aguas.

-Sí, en serio relájense, ustedes dos. -Intervino Abadeer.

Con esto, ambos grupos de chicas se dispusieron a seguir su camino, no sin que antes Bonnie y Marcy cruzaran miradas: ahí estaba, cada una pudo ver en los ojos de la otra que no era la única que sentía que algo raro estaba pasando.

-No soporto a ese par de idiotas -soltó la chica coreana una vez que se hubieron alejado de la escena -se creen la gran cosa porque andan por ahí con sus estúpidos instrumentos de cuerdas que apenas y saben tocar. Sabía que eran estúpidas, pero no me imaginaba que no fueran capaces de mirar el maldito camino por donde avanzan.

Su interlocutora escuchaba no con mucha atención lo que la coreana vociferaba en contra de Keila y Marceline. Si bien era cierto que no compartía en absoluto su punto de vista, tampoco podía pararse ahí a decirle cuán en desacuerdo estaba con todo lo que decía; ella y Marceline habían acordado actuar como si apenas y se conocieran cuando estuvieran dentro de la escuela. Nadie, absolutamente nadie podía saber lo que pasaba.

Las primeras clases del día avanzaron de la manera más natural. La única hora en la que coincidían Marceline y Bonibbel era justo antes del almuerzo, con el profesor Petrikov en la asignatura de historia. Era una clase que Marcy disfrutaba muchísimo, no sólo porque le interesara la materia, sino porque siempre tuvo una relación muy estrecha con Simon, con quien se había entendido bastante bien desde que entró a la preparatoria. Aunque ninguno de los dos se atreviera a decirlo, él la veía como a una hija y ella a él como a un padre.

-Algo te preocupa- inquirió él una vez que se retiraron todos los estudiantes del aula. -No es que te juzgue por el hecho de que eres menor de edad y estás haciendo esto, aunque me incomoda bastante, pero sé que sólo fumas cuando estás verdaderamente consternada. Dime qué pasa.

-¿Qué te hace pensar que yo…?

-Hueles a cigarro. -interrumpió antes de que ella terminara su pregunta. - Por no mencionar que parece que tienes la mirada un poco perdida el día de hoy.

-Creo que… -dudó un momento - simplemente estoy portándome paranoica el día de hoy. Siento que el ambiente está un poco más denso de lo normal, Simon.

Él sabía que por la mañana de ese día se había desatado un rumor entre los profesores de la escuela. Afortunadamente parecía no haber llegado a los alumnos porque se trataba de un hecho bastante serio. No quiso pensar que entre las personas de las que se hablaba se encontrara su estudiante favorita, por ello le dio el beneficio de la duda un par de segundos cuando preguntó:

-¿Quieres hablar de ello? En serio estoy muy preocupado por ti.

-No creo que sea nada, Simon -trataba más de convencerse a ella que de convencerlo a él.

Bonibbel esperaba a Marceline a solas en el pasillo, aunque nunca cruzaban palabras en la escuela, para disimular las cosas, ambas habían notado que algo andaba mal y le urgía conversar con ella. Se excusó con Lady diciendo que esperaría al profesor y que la vería en un rato en la cafetería. Lamentablemente para ella, la situación fue la propicia para que el señor Lemon, consejero escolar, hiciera el acercamiento que necesitaba.

-¡Señorita Bubblegum! La estaba buscando a usted, precisamente. ¿Podría, por favor, pasar a mi oficina?

-Claro… -dijo ella un poco confundida y sin muchas ganas de aplazar la conversación con Marceline, pero tampoco tenía otra opción.