Esta vez, a diferencia de otros días, no se había detenido para absolutamente nada. No se detuvo a desayunar con sus padres en el comedor por la mañana. No se detuvo a esperar el autobús. No se detuvo a mirar a Marceline a la entrada de la escuela. No se detuvo a esperar a Lady afuera del aula de matemáticas, donde tenía clase en la primera hora. No se detuvo cuando Finn quiso saludarla y decirle que la había pasado genial el día anterior en los bolos. No.

Paró cuando estuvo frente al laboratorio de biología, a sabiendas de que la doctora Groff no tendría alumnos sino hasta el segundo periodo, clase en la que estaba inscrita. Contempló la entrada por un instante y dio un par de golpes a la puerta que se levantaba frente a ella. Tardó dos segundos en escuchar un "pase" del otro lado. Giró la perilla y empujó para abrir el salón.

–¿Señorita Bubblegum? ¿No debería estar usted en clase?

–Supuse que quizá necesitaría ayuda preparando el laboratorio para la práctica de hoy–dijo sin sonar muy convencida.

–Bonnie, sé que usted es una alumna ejemplar y le fascina todo lo que a la práctica científica se refiera, pero no es necesario que me ayude.

–En serio me encantaría poder hacerlo y quedarme con usted un rato. –Esta vez, Betty pudo notar en la mirada de la chica que se trataba de algo más, que la idea de preparar un montón de tubos de ensayo y matraces era sólo una excusa para algo que se escondía detrás de esos ojos perdidos.

–De acuerdo, aunque jamás creí que viviría para verla saltándose una clase.

–Gracias.

Comenzó de manera un tanto mecánica, sacando muestras de algunos de los contenedores, limpiando las superficies, esterilizando tubos de ensayo. Groff no hizo nada por presionarla, les quedaba una hora entera para lo que sea que quisiera decirle, si es que quería decir algo. De no ser así, suponía esto como una huida de algún escenario, por lo cual no habría estado bien preguntar si ella no tenía la propia iniciativa de iniciar una conversación.

Pasados quince minutos, Betty preparaba los microscopios mientras Bonnie colocaba algunos tejidos en los porta objetos, y había algo en su silencio que imploraba por romperse. Ambas notaban la tensión, pero era difícil comenzar. Entonces la adolescente decidió que era mejor simplemente hacerlo como saliera, si lo pensaba demasiado, terminaría la hora sin resolver nada en su interior.

–¿Qué tal van las cosas con el profesor Petrikov?–Vaya pregunta tan inusual que sólo logró desconcertar a la doctora.

–Bastante bien, en realidad–respondió dubitativa. –Ha estado un poco tenso por el trabajo, pero creo que esta última semana todos lo hemos estado. –Atinó a los problemas de Bonibbel sin imaginar que las cosas se dirigían hacia ese rumbo. La chica sólo apretó los labios un par de segundos.

–Ustedes dos... se quieren muchísimo, ¿cierto?

–Creo que no exagero cuando digo que nos amamos con locura.

–Es... supongo que es bueno saberlo.

Betty la contempló unos minutos. Se notaba en ella la necesidad de continuar, pero también la desesperación de no saber cómo hacerlo, así que la profesora decidió romper el hielo.

–¿Hay algo que quiera decir?

–Nunca he hablado de esto con nadie–contestó dejando implícito un "sí, pero..." Groff tomó dos sillas y la arrastró hacia donde estaban ellas. Hizo un ademán para invitarla a tomar asiento. La chica obedeció y mantuvo sus manos unidas, jugando con sus pulgares.

-Tómese su tiempo–dijo cortésmente al notar que no continuaba.

–¿Cómo... cómo es querer a alguien?

–Bueno...–no sabía por dónde comenzar–en lo personal, estoy bastante segura de que yo sería capaz de cualquier cosa por Simon.

–¿Cualquier cosa?–Dijo de inmediato, casi saltando a la vez que levantaba la mirada, como si por fin encontrara una forma de tocar el tema. Groff notó el brillo en sus ojos al reaccionar así y supo que la conversación comenzaría a fluir.

–Cualquier cosa, yo no dudaría en morir por él, si fuera necesario.–Una mueca de dolor cruzó el rostro de la adolescente, y la mujer adulta lo notó. –Pero esto es algo absolutamente personal. El amor es distinto en cada quien, no tiene que ser una entrega total en todos los casos. Algunos dirían que estaría bien que pensara un poco más en mí.

Bubblegum volvió a agachar la cabeza, pero ya no como gesto de vergüenza o timidez, esta vez era como si estuviera pensando.

–Bonnie, no quiero presionarte, sólo quiero decirte que he convivido bastantes años con adolescentes; si quieres contarme de qué se trata, no hay nada que puedas decirme que me sorprenda o cambie la imagen que tengo de ti.

–¿Qué tal si hubiera alguien ahí afuera que está dando todo por mí?–Listo, era lo que hacía falta para que Betty atara todos los cabos sueltos.

–Para serte sincera, te diría que estás metida en un lío bastante grande. –Los ojos de la joven comenzaron a tornarse llorosos.–Pero, insisto en que no estás obligada a hacer nada que no salga de ti. Yo daría todo por Simon porque querría hacerlo, no por tener que. Si tú no quieres formar parte...

–Yo quiero–interrumpió.

–¿Qué te detiene?–Preguntó de manera sincera.

–Mis padres. Me dijeron que si no terminaba con Marcy, no tendría fondo para la universidad.

Al escuchar eso último, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no romper la pluma con la que había estado jugando un rato.

–Eso... eso es horrible, Bonibbel.

–¿Qué se supone que debo hacer?

–No es una pregunta que yo pueda responder. Tú debes decidir qué es lo correcto.–Betty observaba como la chica frente a ella agachaba la mirada por enésima vez. Sus ojos se movían de un lado a otro y no daba señales más que de estar desesperada. –¿Sabes?–Interrumpió los pensamientos de la joven.–Yo sé que no es la mejor universidad del país y que se queda un poco corta en comparación con tus aspiraciones, pero yo soy investigadora en la universidad local y cada semestre nos permiten becar algunos estudiantes como auxiliares de investigación, les dan dinero suficiente para vivir en el campus, y por supuesto que también podría gestionar una habitación en los dormitorios de la universidad.

Bonibbel fijó su mirada en la profesora mientras procesaba lo que acababa de escuchar.

–¿Intenta decirme que me una a la manifestación de Marceline?

–Intento decirte que hacer lo que creas correcto no tiene por qué significar perderlo todo.

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Acababa de terminar el segundo periodo de clases. Salían del laboratorio de biología una vez terminada la práctica de la semana. Desde que Lady llegó, trató de interrogar a Bonibbel, pero ella había pasado la hora entera evadiéndola. Ahora, caminaban hacia el aula de historia, hombro a hombro.

–¿Vas a decirme por qué te saltaste una clase?–Su mejor amiga no contestaba.–Bonibbel...–insistió.

La chica pelirrosa se paró en medio de un pasillo y movió la cabeza hacia los lados, esperando el momento preciso en que todos los estudiantes entraran a los salones y se despejara el espacio. Tomó a la chica coreana por el brazo.

–¿Ahora vas a hacer que ambas lleguemos tarde?

–Oh, relájate, ¿quieres? Necesitamos hablar... mejor dicho, hay algo que necesito que sepas.

–Por supuesto que hay algo que necesito saber. Llevas días actuando muy rara y cada vez estoy más preocupada. Al principio pensé que no era nada importante porque sólo tenías la mirada perdida, luego llegaste a clases sin haber dormido un sólo minuto durante la noche y ahora... ¡Ahora te saltas clases! Ayer quise que saliéramos todos porque estoy desesperada, no sé cómo ayudarte, Bonibbel, pero tampoco parecías estar divirtiéndote. ¿Por fin vamos a hablar de todo eso?

–Yo sé... que he sido una idiota, en muchísimos sentidos... con muchísima gente... lo que quiero decirte es que... –En ese momento, Lady levantó el índice y lo colocó sobre sus labios para indicarle a Bonnie que no hablara. Alzó las cejas y entonces ella entendió que alguien se acercaba. Apenas unas milésimas de segundo cruzaron una mirada furtiva y ambas se evadieron de inmediato.

Marceline las rebasó y tocó la puerta de Simon para entrar a clase. La vieron desaparecer tras el marco. Lady devolvió la mirada a la ahora atónita Bubblegum.

–Vaya, parece que por fin se rindió. Me decías–la incitó a continuar.

–Creo... creo que esto tiene que esperar–Y antes de que pudiera detenerla u objetar algo, Bonnie ya se encontraba pidiendo permiso para entrar al aula, con Lady justo detrás de ella.

Cualquier otro día, habrían prestado mayor atención a la inusual tardanza de las nerds del grupo, pero hoy la presencia de Marceline llamó más la atención. Todas las miradas estaban puestas en ella.

–¿Saben? Me siento halagada y todo, pero no deja de ser incómodo que todos estén viéndome, ¿podemos prestar atención a la clase?

–Abadeer, creo que hablo por todos cuando pregunto: ¿¡Qué demonios estás haciendo aquí!?–No fue sorpresa para nadie que Grumosa hablara primero.

–Tomo esta clase, por si no lo recuerdas.

–He de admitir que yo también quiero saber qué ocurrió.–Simon limpiaba sus lentes con su corbata.

–¿Mi papá se disculpó?

–Dices eso como si no lo conocieras, Finn.

El silencio prevaleció durante un largo rato. Marceline sabía que no pasaría su regreso desapercibido, pero no por ello le parecía que la reacción de todos era menos incómoda.

–¿Con qué te amenazó esta vez?–Keila encontró la pregunta que todos estaban buscando.

–Con nada. ¿No podemos aceptar que simplemente entré en razón?

–No sé a quién pretendes engañar, Marcy.–Respondió Simon–Yo también quiero saber con qué te amenazó y si podemos hacer algo al respecto.

–Sí, Marceline, todos estamos contigo–añadió Jake.

–Nombres. ¿Les molestaría dejar este asunto para siempre? En serio no quiero hablar del tema.

Una vez más, el silencio se apoderó de la habitación.

–¿A qué te refieres con "nombres"? –Indagó Keila, finalmente.

–Vamos, todos ustedes saben ya que yo tenía una novia y terminamos por este ridículo asunto.

–¿Y es así de fácil? ¿Te van a castigar con no sé qué y tendrás problemas con tus clases sólo porque ellos te amenazan con sacarla del clóset?

–No voy...–Alzó la voz ante el interrogatorio al que el grupo la sometía–a afectarla a ella.

–¿A quién le importa? Sólo di el maldito nombre.–La voz de Bonibbel apareció de manera inesperada, todos se giraron a verla, sorprendidos de que por primera vez dijera alguna palabra sobre el tema. Cada vez que alguien hablaba al respecto, ella parecía ser invisible y nadie lo había notado o señalado antes.

–No estás hablando en serio.–Marceline respondió cuando salió de su asombro después de varios segundos en que el ambiente se había mantenido en silencio.

–Hablo muy en serio. Sólo dilo.–Había un ligero temblor en su voz y en sus manos que sólo algunos cuantos detectaron en ese momento, el resto sólo se hallaba confundido. La rockera no respondió.–¡Joder! ¡Sólo dilo!–El sobresalto que ocasionó el choque de sus palmas contra la paleta de su asiento, al tiempo en que se levantaba del mismo, no hizo más que acrecentar la tensión que ya se repiraba en el aire.

–Bonibbel Bubblegum...–Dijo todavía con cierta duda en su timbre. La mención en voz alta de su nombre era lo único que necesitaba para terminar de quebrarse. Sus rodillas sucumbieron ante su peso y nuevamente ocupó su asiento, dejándose caer en él. Nadie dijo nada cuando vieron lo que acababa de ocurrir. Todos contemplaban atónitos la escena.

Bonnie se llevó las manos a los ojos y el sollozo (bastante fuerte, en realidad) que emitía era el único ruido en el lugar. Al menos hasta que Marceline saltó de su banca y corrió a situarse justo al lado de la chica.

–Bonnie... Bonnie...–La tomó por las muñecas y la recostó gentilmente contra su pecho sin que ella pusiera resistencia, en cambio, sólo escondió su rostro en el hombro de su exnovia. –Por favor, no llores.

–Soy una persona horrible, Marceline.–Sus palabras eran apenas audibles por su llanto.

–No lo eres. Todo esto es mi culpa, no llores.

–No debí dejarte sola. Soy la peor novia del mundo.

–No lo eres. Eres la más maravillosa y hermosa que nadie podría tener. –Rodeó a Bonnie con sus brazos, sujetándola por la espalda con una mano y colocando la otra en su nuca, a modo de consuelo–Yo he sido horrible contigo, hice todo un escándalo sin siquiera preguntarte. Perdóname.

–No quiero que dejes de cantar.

–Oh, vamos... todo va a estar bien. Puedo cantar para ti, ¿quieres que cante para ti? –Bubblegum asintió y Marceline le lanzó una mirada suplicante a Keila, quien entendió el mensaje y corrió por la guitarra que su mejor amiga había dejado en la esquina del salón.

Las cuerdas comenzaron a sonar y, con ellas, la voz de Marceline.

You can be the peanut butter to my jelly

You can be the butterflies I feel in my belly

You can be the captain and I can be your first mate

You can be the chills that I feel on our first date

La música redujo la velocidad cuando Bonnie, dentro de sus posibilidades, comenzó a cantar con ella.

You can be the hero and I can be your sidekick

You can be the tear that I cry if we ever split

You can be the rain from the cloud when it's stormin'

Or you can be the sun when it shines in the mornin'

Don't know if I could ever be

Without you 'cause girl you complete me

And in time I know that we'll both see

That we're all we need

'Cause you're the apple to my pie

You're the straw to my berry

You're the smoke to my high

And you're the one I wanna marry

–Marcy...–La canción se vio interrumpida por el susurro de la adolescente.

–¿Sí?

–¿Puedo cantar contigo en la entrada de la escuela?

–Siempre que quieras, Princesa.

–¿Puedes perdonarme y ser mi novia?

–Siempre, Mejillas Dulces, siempre.

La ayudó a levantarse y salió del lugar sujetándola por la cintura. Todos rompieron, de algún modo, la postura que había permanecido inmutable durante el shock por darse cuenta de que había sido Bonnie todo este tiempo. La primera en reaccionar fue Keila, quien miró a Petrikov. Él supo lo que ella quería hacer y sólo asintió en aprobación. Ella, inmediatamente, tomó la guitarra y el amplificador que Marceline no había llevado consigo y quiso salir detrás de ellas.

–¡Espera! –La voz de Lady la detuvo cuando sujetaba la perilla.–¿Vas con ellas? ¿Puedo acompañarlas?

Kaila observó a la mejor amiga de Bubblegum y movió la mano para indicarle que la siguiera. Tras ellas, se levantaron Finn y Jake. Posteriormente Grumosa y, eventualmente, la mitad del grupo.

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Simon se mantenía reclinado contra la puerta del edificio, cuidadoso de que nadie ocasionara su caída inminente al abrirla, lo cual abría pasado no ser porque fue Betty quien abrió y reaccionó lo suficientemente rápido como para sostenerlo cuando iba de espaldas hacia el suelo.

–No noté que estabas ahí–se disculpó. Él sólo se colocó frente a ella, una vez que se hubo incorporado por completo, y sujetó su rostro entre sus manos.

–Algo maravilloso está pasando justo ahora.

Ambos contemplaron, con las manos entrelazadas, cómo un grupo de por lo menos 15 alumnos entonaba una canción tras otra. Una hora había durado el cuadro, pero se detuvo cuando un auto, que Marceline reconoció de inmediato, se detuvo frente a las instalaciones del lugar.

Un hombre de traje y corbata, con un corte de cabello casi al ras. Se descubría en la profundidad de su mirada la misma intensidad de los ojos de Marceline. Apenas bajó del auto, Martin Murtons cruzó el umbral del edificio y salió a su encuentro.

–Señor Abadeer, nos honra contar con su presencia.–Le extendió una mano que Hunson sólo retiró utilizando la parte trasera de una de las suyas, rechazando su saludo.

–Por supuesto, no podía no presentarme después de escuchar que Marcy está ocasionando problemas.–Dirigió una mirada hacia donde se encontraba su hija, luego se percató de que Simon se encontraba justo detrás del grupo de adolescentes.

–Petrikov,–dijo mientras se dirigía con uno de los amigos más íntimos de su familia–cuánto tiempo sin vernos.

–Hunson.–Estrechó su mano para después darle un corto abrazo como gesto de camaradería.–¿Estás al tanto de la situación?

–No como me gustaría, sólo estoy enterado de lo que el señor Murtons me dijo esta mañana por teléfono.

–¿Podemos hablar? ¿En privado?

–No será necesario, le pondré remedio a todo esto de inmediato. Jovencita, –se dirigió esta vez a Bonnie, quien tragó saliva–¿Marceline la está molestando?

–N...no...No, señor.–Dijo buscando la firmeza suficiente para hablar y fracasando estrepitosamente.

La conversación a la que todos prestaban atención se vio interrumpida por la llegada de dos autos más, provenientes de direcciones opuestas. De uno de ellos, bajó un hombre de cabello rubio, con aspecto ligeramente más informal que el de Abadeer al no llevar corbata y utilizar el saco sin abotonar, pero no por eso desaliñado. Del otro auto descendió Laura Abadeer.

–¡Hunson! –Gritó incluso antes de cerrar la puerta del coche, acto seguido se dirigió hacia su esposo con el paso apretado y el ceño fruncido –No voy a permitir que... –se vio interrumpida cuando él la vio a los ojos, colocó sus manos sobre sus hombros y le lanzó una sonrisa de complicidad. Ella sabía que esa era su forma de decir "confía en mí". –De acuerdo.–Cerró un segundo los ojos y lanzó un suspiro para después hacer camino a donde estaba una Marceline completamente aterrorizada. La abrazó y se sentó junto a ella.

–Director Murtons,–el padre de Bonibbel tomó la palabra–agradezco mucho su llamada. Mi estimado amigo Hunson y yo nos haremos cargo a partir de ahora.

–Muy de acuerdo con eso.

–Siempre es un placer hablar contigo, Abadeer, no nos vemos desde la facultad.

–Lo sé, ha sido un largo rato ya.

–Lamento mucho que tengamos que venir hasta aquí por una tontería de este tipo, pero por fortuna, podemos dar este tema por zanjado en este mismo instante.

–Me fascina que estemos de acuerdo con que tenemos que resolver esto cuanto antes–mencionó con la sonrisa encantadora que cargaba en todos sus viajes de negocios, como si de eso se tratara, al tiempo que se retiraba el saco y lo extendía a Laura.–Entonces dime, Bubblegum, ¿quieres un ojo morado o que te tire un par de dientes?–las chicas, al escuchar esta última pregunta, apretaron con fuerza las manos cuyos dedos habían mantenido entrelazados durante un largo rato.

–¿Disculpa? –El padre de Bonnie no salía de su asombro y apenas podía creer la naturalidad con la que Abadeer lo amenazaba. Para este punto, el hombre frente a él ya se había doblado las mangas de su camiseta a la altura de los codos.

–Supongo que es así como arreglaremos esto,–se dio un cuarto de vuelta para señalar a Bonibbel–ya le pregunté a la chica y dice que mi hija no le ocasiona ninguna molestia. Al parecer, el único problema aquí es el idiota homofóbico que no las deja salir como una pareja normal, así que dime. ¿Prefieres conservar tus dientes o tu bonito rostro?

–Puedes golpearme todo lo que quieras, pero Bonnie y yo tenemos un acuerdo y eso es algo que no podrás cambiar.

–Con todo respeto,–la chica tomó el coraje para ponerse de pie y enfrentar a su padre–me ofende que creas que retener mi fondo para la universidad impedirá que estudie.–Una sonrisa atravesó el rostro de Betty al escuchar esto.–Soy la mejor de mi clase, estoy completamente facultada para ir por mis propios medios.

–¿Crees que esto es así de fácil, Bonibbel?

–Tengo ya una oferta, papá.

Él se detuvo un par de minutos antes de volver a hablar.

–No voy a tener una hija lesbiana.

–Es que no lo has entendido. No puedes no tener una hija lesbiana porque yo soy esto. No puedo no ser yo.

Por primera vez en su vida, David Bubblegum se sintió acorralado. Observó a su hija haciéndole frente. Ella no bajaría la mirada. Observó a Laura acariciando el brazo de Marceline en señal de apoyo. Observó a su viejo amigo de la universidad listo para asestar un golpe cuando fuera necesario y al director de la escuela temblando de miedo. Entonces supo que no tenía otra opción.

–Eres una jovencita muy valiente–declaró finalmente, mirando a Marceline,–espero que puedas acompañarnos esta noche a cenar. Por supuesto–ahora miraba a la mujer al lado de la chica,–la invitación se extiende a usted–volvió a dirigirle la palabra a Hunson–y a toda su familia. Hasta entonces.

Una vez que el hombre se hubo retirado en su carro, todo el cúmulo de adolescentes estalló en gritos y aplausos. Laura corrió a abrazar a su esposo. Simon y Betty reían al no poder contener la felicidad. Lady y Keila acordaban una tregua en nombre de sus respectivas amigas. No seguirían rivalizando tras saber lo que sabían.

–¿Lo logramos?–Preguntó Marceline, aún en estado de shock.

–No, tú lo lograste, Marcy.

Las dos adolescentes se miraron a los ojos y, cuando la rockera procesó lo que acababa de ocurrir, sonrió de la manera más cálida y sincera que pudo haberlo hecho jamás, antes de besar a la novia con la que había estado desde la secundaria.