IV)- Hotter Than Hell

Él me llama diablo,

hago que quiera pecar.

Cada vez que toco su puerta,

él no puede evitar dejarme entrar.

Ya lo había descubierto.

Dégel no era la persona pura e inocente que creía, al contrario. Era un sátiro.

Un sátiro que utilizaba la fachada de joven ingenuo, casto, para manipular a sus "presas" y llevárselas donde quisiera. Íncubo. Uno demonio sexual que se alimentaba del libido de la persona que elegían para saciarse.

Era todo eso y más.

Hermoso, sensual, culto, sexy, astuto, atrevido, increíble. Fascinante y adictivo.

Debe sentir nostalgia por tener algo real,

yo soy lo más real que consigue.

Probablemente tú aún me adoras,

con mis manos alrededor de tu cuello.

Todo eso cruzaba por la mente de Kardia, congelado bajo el marco de la puerta, con los pantalones muy apretados, siendo sus oídos seducidos por los bajos y graves gemidos, su visión sin perderse ni un solo detalle de la figura divina de un Dégel desnudo y masturbándose sólo para él.

¿Puedes sentir el calor?

Mientras mis besos te recorren

como un dulce alcohol.

De donde vengo,

es la parte más oscura de mí,

la que te hace sentir tan anestesiado.

Sí, masturbándose.

Recostado en su cama con los muslos separados, rodillas flexionadas y su mano moviéndose lánguidamente, acariciando su erección bañada en pre-semen.

Podía ver, además, un brillo plata entre sus bien formados glúteos.

¿Un tapón anal? Moría por descubrirlo.

Porque somos ardientes como el infierno,

¿te quema cuando no estoy ahí?

—¿Sólo vas a observar? ¿No prefieres... ayudarme?— Escuchó la voz grave y sensual que lo despertó de su ensoñación.

Y fue todo lo que necesitó para reaccionar. Gastó un segundo de tiempo para llegar a la cama y colocarse sobre Dégel como un depredador, una bestia siendo contratada por su instinto puro y primitivo mientras la risa llena de regocijo del pelirrojo llenaba sus oídos a la vez sujetaba sus brazos con fuerza, acorralandolo.

Cuando estás solo,

¿soy yo la respuesta a tus plegarias?

Te estoy dando ese paraíso de placer,

y te lo daré a ti.

—¿...Lo haces apropósito, verdad? Enloquecerme. — Preguntó con la voz ronca.

— Me encanta cómo te pones cuando te "enloquezco"— La sonrisa en los apetitosos labios de Dégel era perpetua. No desapareció incluso cuando Kardia apretó el agarre a sus muñecas.

— Entonces... ¿Estuviste esperando a que llegara como... una perrita ansiosa?—

Más ardiente que el infierno.

• • •

Más ardiente que el infierno.

El pelirrojo mordió su labio inferior. Eran muy escasas las ocasiones en las que su pareja sexual duraba más de una semana, sin embargo y al parecer, Kardia sería parte de esas excepciones.

Tú eres mi maná que viene del cielo,

todos tenemos que alimentarnos.

Llevaban teniendo sexo desde esa primera vez que quedaron en el departamento de Dégel para ver una serie y de eso hacía justo ocho días. Días que gastaron conociéndose de manera íntima. Sexual.

Puedes decirme que me deseas,

puedes dejarme entrar en tu cabeza.

No estoy aquí para hacer que te arrodilles,

pero son alabanzas lo que recibo.

Antes de Kardia, sólo un par de personas lo habían encendido tanto, al punto de querer sexo todo el tiempo; lastimosamente esas otras dos personas ya tenían dueño.

Eso no era un real impedimento para Degel. Lo era para esos otros dos, sin embargo.

No vas a escapar libremente, chico,

aún no he terminado contigo, no.

Disfrutaron más con Dégel en un par de noches que en un año con sus respectivas parejas, no podían negarlo. No a él.

Y Kardia...

Kardia no tenía un dueño. Y era realmente caliente. Mucho.

Puedes sentir el calor?

Mientras mis besos te recorren

como un dulce alcohol.

De donde vengo,

es la parte más oscura de mí,

la que te hace sentir tan anestesiado.

Se atrevía incluso a decir que lo encendía más que los otros dos hombres que mencionaba.

"Entonces... ¿Estuviste esperando a que llegara como... una perrita ansiosa?"

Sí, justo así.

Porque somos ardientes como el infierno,

¿te quema cuando no estoy ahí?

Deseó soltar sus manos para enredar sus dedos en el rubio y rebelde cabello rubio y atraerlo para poder besar sus deliciosos labios pero Kardia era mucho más fuerte físicamente que Dégel.

— ¿No vas a responder? — Preguntó nuevamente Kardia muy cerca de los labios de Dégel pero no lo suficiente para poder probarlo con los propios.

Cuando estás solo,

¿soy yo la respuesta a tus plegarias?

Te estoy dando ese paraíso de placer,

y te lo daré a ti.

• • •

Kardia movió la cadera en una embestida directa al túrgido sexo del otro hombre quien soltó un quejido bajo.

— Quiero que me beses. — Esa mirada violeta tan única penetró en sus ojos. — Bésame—

Más ardiente que el infierno.

Más ardiente que el infierno.

—Lo haré cuando respondas— Imitó su anterior acción arrebatando un nuevo quejido.

— ...Sí. — Kardia sentía su respiración agitarse y ropa asfixiandolo a causa de la visión de un Dégel desnudo y excitado bajo su cuerpo.

—¿Si qué?— Ese juego cada vez le gustaba más.

— Sí estaba... esperándote. — Dégel tomó aire antes de seguir. — Quería darte una... sorpresa.— Logró decir con los insinuantes movimientos y embestidas de Kardia.

Cuando "bajamos" justo ahí,

me haces sentir justo ahí.

—Bésame. Y quítate la ropa.— El rubio obedeció, tomando los labios del otro hombre con hambre.

La ropa salió volando de los cuerpos de ambos hombres, casi desgarrada, a causa de la excitación que los envolvía, acariciando la piel expuesta casi con violencia, deleitandose con el sabor de la piel del otro.

Cuando me tumbas justo ahí,

lo hacemos justo ahí.

Comportándose más como una bestia de puro instinto que como una persona racional, Kardia separó las piernas de Dégel con ímpetu devorando su sexo con hambre causando a su vez que Dégel se arqueara casi con violencia, demasiado hundido en su lujuria cómo para contenerse; segundos después sus ya altos gemidos aumentaron hasta ser casi gritos al sentir que la mano de Kardia mover el tapón anal de color plata dentro de su cavidad, dilatando más mientras seguía chupando su polla con avidez.

— Ka-Kardia... Harás que me c-corra muy p-pronto... — Logró decir entre gemidos. Kardia se apartó de su sexo para levantar la cabeza y verlo a los ojos mientras se lamia los labios, una de sus manos sin dejar de mover el objeto enterrado en él.

Porque estás mirándome justo ahí,

cielo, deberías tocarme justo ahí.

Dégel no sabía si agradecer o protestar ante eso.

— Dime, Dégel: ¿Te pusiste esto para mí?— Preguntó mientras sacaba el tapón en forma de gota casi por completo para hundirlo con dureza dos segundos después.

—¡Ah! Kardia...— Dégel se mordió el labio inferior intentando controlarse un poco.

Puedes llevarme ahí,

podemos lograrlo.

— Responde, Dégel.— El rubio repitió su acción.

— ¡Ah, mierda! Sabes... — Dégel intentó respirar para poder responder— Sabes que sí.—

— ¿Por qué?—

— Quería estar listo para ti...—

—Y, sin embargo, esta cosa...— Kardia retiró el objeto de su cavidad por completo haciendo que Dégel soltara un sonido gutural.— Es demasiado pequeña para abrirte para mi polla.—

— Lo sé. Me encanta sentir como te abres paso en mí cuerpo.— Kardia soltóun gruñido ronco desde su garganta totalmente estimulado por la respuesta y la sonrisa lujuriosa del pelirrojo.

Porque somos ardientes como el infierno,

¿te quema cuando no estoy ahí?

Se abalanzó hacia arriba para devorar los labios de Dégel y saborear su lengua en un beso feroz que duró hasta que tuvieron que parar a tomar aire, mientras las manos de ambos no cesaban de acariciar toda piel a su alcance.

— Por favor...—

—Por favor ¿Qué?— Preguntó Kardia.

— Déjame probarte— Dégel se tomó una milésima de segundo para reflexionar: ¿Desde cuándo era él el que suplicaba? Definitivamente, Kardia era único.

Porque somos ardientes como el infierno,

¿te quema cuando no estoy ahí?

— Mi placer.— Aceptó Kardia con rapidez. Dégel cambió las posiciones, ubicándose sobre Kardia para luego saborear la piel de los duros pectorales y el marcado abdomen, dejando marcas, chupando y mordiendo la piel hasta llegar al muy despierto y muy duro miembro.

Se tomó dos segundos para admirar la dureza, la enorme envergadura y las sobresalientes venas de la polla de Kardia, disfrutando del aroma para luego lamer el glande saboreando el líquido pre-seminal. Lamió despacio, recorriendo con la lengua todo el largo y ancho causando olas de placer en Kardia, para luego metersela a la boca y succionar la punta hasta lograr metersela por completa.

Cuando estás solo,

¿soy yo la respuesta a tus plegarias?

Se concentró varios minutos chupando el pene de Kardia, disfrutando cada segundo de ello y los gemidos del griego hasta que éste lo detuvo al estar a punto de correrse.

Dégel un Dios mamandola.

— Quiero follarte.— Dijo como justificación de haberlo detenido.— Y quiero correrme dentro de ti.

Te estoy dando ese paraíso de placer,

y te lo daré a ti.

—... No voy a negarme a eso. — Respondió. Kardia invirtió las posiciones para quedarse sobre Dégel y acomodarse entre las estilizadas piernas que no tardaron en enredarse en su cadera.

— Hazlo de una vez— Ordenó el francés con voz ansiosa.

— ¿Seguro? — Kardia estaba loco por poseerlo pero no quería lastimarlo tampoco. Dégel afirmó con un seguro y veloz movimiento de su cabeza.

Kardia obedeció, entrando despacio y disfrutando de la estrechez y calidez que envolvió su polla, quería contenerse para no dañarlo más la expresión de deleite de Dégel al sentirlo cada centímetro suyo abrirse paso se lo ponía bastante difícil.

Más ardiente que el infierno.

— Joder...- Siseó el pelirrojo, enterrando sus uñas en los fuertes hombros. — Muévete, ya.— Ordenó entrar respiraciones agitadas.

Kardia obedeció moviéndose despacio en las primeras embestidas, aumentando el ritmos casi enseguida.

— ¡...Más! Oh, Dios... ¡Más! — Ahora sólo dos animales dominados por el placer.

— Joder, Dégel...— Murmuró Kardia, con voz ronca en el oído del mencionado causando un estremecimiento obvio en Dégel, quien apretó sus paredes alrededor del duro miembro de Kardia.

Más ardiente que el infierno.

— ... E-estoy a punto— Sus labios buscaron los del rubio, ahogando un último grito de éxtasis al dejarse ir entre los cuerpos de ambos en un orgasmo abrasador que causó que Kardia lo llenara de su simiente con un sonido ronco.

Más ardiente que el infierno.

[• • •]

— ¿Qué sucede, Asmita?— Defteros dejó un beso en la frente del mencionado al verlo sentado en la mesa de la cocina con un gesto pensativo y una taza de té en sus manos.

— Llamé a Kardia hace un momento y no contestó, hice lo mismo con Dégel y el resultado fue el mismo.— Explicó, sonriendo levemente por el gesto de su pareja que se preparaba café.

—... ¿Crees que estén juntos?— Preguntó el geminiano, sentándose frente a él con la tensión apoderándose de su cuerpo.

— No lo creo, lo sé. — Afirmó. Y Defteros sabía que Asmita raramente se equivocaba en algo.

—¿Te preocupa que lo lastime? —

— Así es. Dégel es...— Defteros se levantó dejando el café en la mesa para acercarse y abrazar al rubio con fuerza, haciendo que dejara la taza sobre la mesa para poder corresponder el abrazo.

— Sé cómo es. — Respondió.— Pero Kardia sabe lo que hace y sabe cuidarse sólo. No creo que vaya a enamorarse, tal vez sólo sea sexo para ambos. —

Más ardiente que el infierno.

— Dégel sabe como hacer caer a las personas, Deft. — La voz de Asmita era serena pero para el mayor no pasó desapercibido la sombra oscura en su voz que lo hizo sentir una basura.

— Lo sé, Asmita.— Defteros tomó aire y se separó lo suficiente para poder ver los ojos azules de su pareja.— Y me arrepentiré toda mi vida haber caído también. — Concluyó con toda la sinceridad que podía demostrar en su voz. Asmita acarició con dulzura su mejilla con las yemas de sus dedos tal cual como hacía antes de recuperar su visión.

— Lo sé. Sólo espero que Kardia sea lo suficientemente fuerte para resistir enamorarse de Dégel, no quiero que salga lastimado. Además, Manigoldo ya sabe que Dégel volvió y por eso fue que llamé a Kardia, quería hablar con él. —

— Tranquilo, amor. Sólo ha pasado una semana, él se irá pronto, no creo que Kardia vaya a caer en dos semanas. —

— Eso espero, Deft., eso espero. — Dejó un beso en la frente de Defteros que le sonrió, subiéndole el ánimo.

— ...Te amo ¿Lo sabes, verdad?— Asmita enarcó ambas cejas con un poco de diversión por la repentina declaración.

— Lo sé. — Respondió sin dudar. — También te amo. — Concluyó, con un suave beso en los labios de Defteros que correspondió y profundizó.

Y te lo daré a ti.

Más ardiente que el infierno. ~

Hotter than Hell- Dua Lipa.

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Algún día entenderé esta plataforma c: