Venganza pendiente.

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Hechos a través de sus ojos.

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Menos mal que puedo hablar de esto manteniendo la calma.

Hace apenas unas semanas, me temblaban las manos y mi corazón se agitaba sintiendo mucho miedo, un miedo que me quitaba el sueño y me sobrepasaba.

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Eso decía mi joven amiga, que trataba de convencerse que lo había superado y que su vida regresaría a ser la misma de antes. Pensé que no era del todo cierto, no podía serlo después de esas experiencias. Todavía tartamudeaba y vacilaba en responder algunas cosas. Aun así, me conto lo que sucedió hacia tres años.

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Tres años antes.

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- ¡Ese maldito tiene que pagarlo! Nadie se mete conmigo y lo pasa tan tranquilo –

Si, debes hacerlo pagar ¡Te hizo quedar en ridículo delante de toda esa gente!

¡Todos te miraban como si fueras un desalmado y sin humanidad!

A los bastardos egoístas hay que matarlos. ¡Matalo! ¡Matalo!

Esa última orden no le gustó mucho. Sin embargo, una parte de él escuchaba con atención.

- ¡Ya bastaaaa! ¡Deténganse! –

Le dolía la cabeza y las voces unas más elevadas que otras, no se detenían. Era verdad que muchas veces estas lo consolaban, pero resultaban más frecuentes las ocasiones que lo animaban a lastimarse o lastimar a otros. Se repetía que no estaba loco, más bien, nadie lo entendía.

La posición en cuclillas, las manos en sus sienes tirando de unos pocos mechones de su cabello, parecían no lastimarlo. Mas lo hacían esos reclamos y ordenes dentro de su mente. Todo era un remolino dentro de su cabeza.

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De niño siempre parecía mas callado y solitario que la mayoría.

Nunca mantuvo una verdadera amistad con ninguno de sus compañeros en el colegio o de los niños que jugaban en la calle. Sus padres, cansados por los frecuentes arranques de ira, preferían ceder en cumplirle todos sus caprichos. Jamás aceptarían que su hijo se salía de la norma.

Es una etapa, ya pasara. Se decían sabiendo en el fondo que no lo era.

Pero esas conclusiones, pasaban de una a otra. Y decidieron que el tiempo seria su aliado.

Así, la ropa de moda, los gadgets más modernos terminaban en sus manos. Corría a comprar cada teléfono inteligente que salía, manteniéndose a la vanguardia y usándolos para aprender cosas que la mayoría no investigaría.

Su hermano mayor parecía ser el único que lo entendía un poco. Pero este a veces se horrorizaba de las cosas que hacía. ¡Acuchillo mi pez! Casi se le detuvo el corazón del impacto cuando miro toda la pecera con el agua teñida de sangre. Amaba a su hermano, pero no podía evadir que en algún momento ese joven necesitaría ayuda especializada. Solo era cuestión de tiempo, algo detonaría sus impulsos incontrolables.

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Kana chan me narraba lo ocurrido en la que fue siempre su casa:

Toda la tarde estuve recogiendo del piso hojas y más hojas con muchas claves binarias que imprimía el fax, nunca noté que en algunas líneas aparecía el nombre de mi niisan. El ya venía de camino a casa, siempre lo abandona todo cuando Tomoe o yo necesitamos de él y por eso lo amo tanto.

Lo llame asustada y llorando, pensé que algo malo sucedería esa misma noche, pero no sucedió así.

Escuche la puerta abrirse y salte más temerosa de lo que estaba. Era Nissan, pensé que llegaría junto con su asistente, Morinaga quien no se le despega para nada y a quien solo había visto un par de veces, la mayoría porque mi hermano se pasa de copas y es capaz de perder la consciencia en cualquier parte. Y ese estudiante, casi lo cargaba con su cuerpesote. Me pareció un gigante cuando lo vi.

La primera vez que conocí a su asistente, me pareció de lo más simpático y atento, principalmente con mi Nii, pero cuando lo vi besar a mi hermano, mientras este dormía de borracho...En esa ocasión se quedó a dormir y luego recuerdo que se citó con otro chico, me cayó muy mal. Un hipócrita pensé.

Me sentí a salvo cuando Nii llego a casa y comenzó a revisarlo todo, con lo inteligente que es, de inmediato noto que todos esos faxes eran como una advertencia para él. Pues él si vio su nombre entre tantas claves raras. No le dio mucha importancia, tal vez lo hizo para que yo no me preocupara.

No tenía mucho tiempo de estar en casa, cuando apareció Morinaga. Parecía preocupado también, pero no me inspiraba mucha confianza, y cuando convenció a Nii para quedarse en casa, pensé que sería mejor dejarlos solos y quedarme con la tía Matsuda. Tal vez su asistente estaba arrepentido y quería convencer a Niisan de que lo perdonara por su casi infidelidad. Creí que me odiaba, ya lo habíamos expuesto entre Tomoe, su casero y yo.

Pero no, el seguía hablándome tan amable como siempre.

Kanako se reía al narrarme esto, creo que ya se estaba relajando al recordar los sucesos.

Me sorprendió enterarme de estos acontecimientos, y yo que pensaba que era el único que sabía de estos dos. El maldito de Kurokawa no me conto todos los detalles.

Pero continuemos.

Kanako me dijo:

Pasaron muchas cosas, y me cuesta saber dónde situar cada una de ellas. Recuerdo que algunas personas sufrieron en el transcurso de los acontecimientos y yo junto con Morinaga, hubiéramos muerto si él no se despierta antes de que se extendiera el fuego. Ahora entiendo que tuve mucha suerte de que él estuviera ahí y fuera tan valiente para no salir corriendo asustado para salvar solo su vida, que bien hubiese podido optar por hacer. También agradezco que niisan aceptara su ayuda, porque tú lo conoces, es muy terco y siempre quiere resolver las cosas por sí mismo.

No quería hacerla pasar por esto y menos hacerla recordar detalles mínimos, pero si podía usar a otro como pretexto, así que pregunte:

¿Y Morinaga, que dijo el después del incendio?

Kanako giro un poco su rostro y note que trataba de recordar. Entonces continuo:

Él dijo a Niisan que mientras esperaba que fuera la hora para recogerlo en la estación cuando saliera de la Universidad, se recostó un rato para descansar, pero sintió que el sueño le ganaría, puso la alarma de su celular para que lo despertara y pudiera llegar por él a tiempo.

Quería soltar una carcajada, ya podía ver a Souichi kun con las mejillas acaloradas del bochorno. Morinaga es un novio muy protector y lo ama demasiado. Ni siquiera yo he sido tan atento con mis novias.

Cuando Kanako aspiro con fuerzas, volví a poner atención a su relato.

Cuando sonó la alarma se levantó todavía medio dormido, de pronto, notó el olor denso y dulce de algún producto inflamable. Lo primero que pensó fue que se trataba de gasolina o tal vez diésel. Sorprendido y asustado, se levantó de inmediato de la cama. La sensación era tan fuerte que su primera reacción fue la de dar la alarma, gritar: fuego, fuego, pero recordó que yo era una adolescente y no quería asustarme de mas, así que fue por mí para sacarme antes de que se propagara incendio. Dijo que se imaginaba lenguas rojas y amarillas de fuego engullendo la ropa de cama, las paredes, el suelo. Pensó en la horrible asfixia que provocaría el humo y por eso la prisa de salir ponto y respirar aire.

La puerta de mi habitación no estaba cerrada con llave, como hacia algunas noches que me encerraba disgustada con Niisan. Yo note que se le tensaron todos los músculos y, con la misma rapidez, que entro, me saco de la casa.

Pude ver claramente todo lo que Kanako me contaba, y la verdad es que lo que había hecho Souichi kun esa noche, era lo que más quería saber.

- ¿Souichi kun, que hizo cuando llego? Porque debe haber llegado mientras el fuego ardía mas –

Si, así fue. Yo corrí a sus brazos en cuanto lo vi llegar, estaba asustado y mirando todo. De inmediato pregunto si estaba bien. Le explique todo muy rápido, pero cuando le dije que Morinaga todavía estaba adentro, se aseguró de que me quedara con la tía Matsuda y se empapo con agua, para después entrar corriendo.

Morinaga salió quejándose de que le dolían mas los golpes que Niisan le dio, que el ser aplastado por el librero, pero se veía tan feliz por ser rescatado por él. Que ya no se quejó más. Y entonces, mi Nii vio al culpable y corrió hacia él a golpearlo hasta que el pirómano cayo inconsciente.

¡Pirómano! Si, ese sujeto debió serlo para atreverse a hacer algo así y todavía quedarse a ver su obra…lo que cualquier analista diría: se sentía excitado con eso. A veces la locura puede ser una fijación, pensar en una sola cosa y hacerla. Supuse eso después de escuchar a Kanako.

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Cuando decidí provocar ese incendio, había utilizado diésel adquirido en una estación de servicio que atendía como principales clientes a choferes de tráileres o camiones de carga.

En la oscuridad de mi dormitorio, sacudí la cabeza, como ahuyentando aquellas voces en mi cabeza. Aquella noche había controlado mi rabia asesina cuando vi a Souichi llegar a su casa y a aquel tipo enorme junto a él. Pensé que ese sujeto de mirada tranquila, sería un estorbo en mis planes.

Ignore pensar en él, seguro ya no aparecería por esa casa. Encendí mi ordenador y continúe leyendo información de cómo ocultar el origen de un incendio, todo lo referente a la precaución y la sutileza para no ser descubierto. Algo que no me sirvió de nada la noche que inicie el fuego. Fui cuidadoso de no dejar ningún rastro, pensé que ni el investigador más experto lo descubriría.

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Kana chan termino de narrarme lo de esa noche.

El Otaku pirómano, había provocado el incendio y se quedó a unos metros viendo como los vecinos estaban dando las voces de alarma. Se quedó como hipnotizado a oír cómo el fuego empezaba a crepitar con avidez frente de él. Levanto el rostro y sus ojos extasiados veían disfrutando la danza de esas lenguas azules y rojas y continuaba esperando hasta verlo cobrar toda su fuerza.

Una de sus voces, la que siempre parecía mas sagaz y madura le dijo que se perdiera entre la multitud y no permaneciera solo o lo verían de inmediato. Pero no se fue, no hasta verlo a él. Souichi, y la cara que reflejaría al ver su casa en llamas. Estaba contento, había hecho un buen trabajo y razono que ni siquiera el mejor equipo de bomberos conseguiría extinguir el incendio hasta que fuera demasiado tarde y no quedara nada.

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Como siempre, pueden comentar que les pareció.

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Saludos!

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La relación entre Souichi y Morinaga, parece cada vez más estable. Ahora conversan más, y hasta se extrañan por la distancia que mantienen debido a sus ocupaciones y trabajo. No podría ir mejor todo para Morinaga, pero que hacer cuando son otros acontecimientos los que amenazan no solo su relación, si no su mismo bienestar físico. Deben confiar plenamente el uno en el otro y apoyarse más que nunca.