Capítulo 4.

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Todo por ti.

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Detrás de un arce rojo tupido, la silueta esbelta y alta, interrumpió la llamada en su celular al percibir movimientos en su visión periférica. A más de treinta y cinco metros de distancia, vio abrirse la puerta de la casa de Matsuda san donde se quedaba Souichi temporalmente y de allí, salió un hombre muy alto, que enseguida reconoció. Llevaba un traje café oscuro y un portafolio en la mano. El cabello muy engominado con un peinado moderno. La diferencia que noto en el sujeto la desconcertó, de las imágenes que vio de él, siempre se destacaba su amplia sonrisa y en esta ocasión, se le veía preocupado, con los hombros tensos.

Capto la presencia de otra persona, detrás de él había alguien, le pareció que era Souichi, pero no estaba segura. La puerta le bloqueaba para mirar bien, además a esa distancia no podía deducirlo con claridad y el sol sobre sus ojos era otro problema, los rayos del sol le lastimaban.

Parece que le regaña, pensó al ver el rostro del trajeado. Entonces con cautela y de forma escurridiza, se movió de su lugar y lo vio mejor todo. El hombre alto tomo el brazo de Souichi y le dijo algo firmemente acercándose demasiado a su hermoso rostro, ya no parecía regañado, más bien se le apreciaba molesto. El rubio seguía discutiendo cuando el otro le puso unos dedos en los labios para silenciarlo, se inclinó y le beso la mejilla aun ante el evidente enfado del rubio y su visible sonrojo. Souichi grito idiota y dio un fuerte portazo, Tetsuhiro sonrió rascándose la nuca y partió.

¡Ese maldito! ¿Qué hace aquí? Se preguntaba la mujer viendo cómo se marchaba Tetsuhiro y esperando ver que Souichi saliera camino a la universidad. Era lo que pensaba que ocurriría como solía hacer todos los días y ella como todas las mañanas lo seguiría a cierta distancia, deteniéndose en algún puesto de revistas o una cabina de teléfono cada que el rubio se girara al sentirse vigilado.

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Tetsuhiro había logrado resolver varios pendientes en la sede principal de Hamamtsu y por los cuales había logrado venir a Nagoya.

Encontró un buen sitio para comer, una joven le hizo una reverencia para recibirlo cuando entró por la puerta, se dirigió a una mesa con la intención de pedir un bol enorme de tallarines. Caminar por gran parte de la ciudad le abría bastante el apetito. Pidió una copa de vino blanco y saco su celular mientras esperaba por la comida. Escribió un mensaje a Souichi, recordándole que ya era hora de comer, que no se concentrara demasiado en el trabajo, sonrió al agregar varios corazones y presiono enviar.

Recordó de lo que discutieron en la mañana, porque como siempre Tetsuhiro le insistía en que se quedara en casa y descansara. La apariencia que Souichi tenía contrastaba mucho con la que tenía cuando salió de Tokio. Morinaga adivino enseguida su mal sueño y, por consiguiente, su mal descanso.

Disfruto del paisaje, definitivamente llevaría a su amante a comer en ese agradable lugar. Se perdió fantaseando en como sucedería.

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En el laboratorio Souichi intentaba realizar su trabajo como todos los días. La tarea que realizaba era sencilla, incluso para sus asistentes. Siempre fue un estudiante acostumbrado a trabajar duro, a tomar notas y explicar resumidamente un tema antes de una fecha límite. Hacer aquello era algo automático para él, y esta tarea era algo así. Sin embargo, hasta el ruido del reloj en la pared lo molestaba.

Pensaba en lo arrepentido que estaba de enterar a Morinaga de todo lo sucedido. Su amante había reaccionado mucho cuando le comento lo de las llamadas silenciosas, pero su reacción a lo sucedido en el laboratorio y el espejo en casa de su tía, encendieron sus alarmas y desde anoche lo tenía en Nagoya haciéndole sombra.

Tetsuhiro llego argumentando que la empresa tenía pendientes en la sucursal de Nagoya y aprovecho para solicitar que lo enviaran a él para concluirlos. Obviamente ese solo era un pretexto para ver que Souichi se encontrara bien y no le ocultara nada. El rubio lo supo ante su explicación rebuscada.

Tetsuhiro le comento que lo mejor ante esa situación, en donde era claro que Souichi estaba siendo acosado, el mejor enfoque ante el problema era tomar una actitud preventiva. Esa mañana se había despertado decidido a esperarlo afuera de la universidad para volver a la casa de Matsuda san juntos.

- En primer lugar, ¡Tú no deberías estar aquí! No está bien que descuides tu trabajo -

- No estoy descuidándolo, solo pedí entrar una hora después. No puedo concentrarme en el trabajo si estoy preocupado y eso sería peor. Pero senpai, ¿no has visto a alguien extraño merodeando alrededor de ti? -

Souichi ya había pensado que el responsable de lo ocurrido en el laboratorio y de entrar a la casa de su tía, bien podría andar caminando tranquilo en la universidad y hasta incluso haberlo topado de frente y mirarlo. Pero como no lo conocía no podía hacer nada más que observar mejor. Esa simple idea le hizo avivar la furia dentro de él al recordar el llanto y rostro aterrado de Mihauro. Sin embargo, en esos momentos no quería discutir más con Morinaga. Morinaga preocupado era insoportable.

- No he visto a nadie extraño, pero entendí perfectamente que esa persona entro mientras yo estaba en la casa de mi tía, para mostrarme que en cualquier momento que lo desee puede hacer algo -

Recordó lo que el agente de policía le dijo: Quizás sea alguien a quien haya tratado, no , ...algo descortés. Regularmente en casos como este donde existen amenazas se trata de alguien que han tenido de frente y no lo reconoce por que no se lo espera. Por todo esto, le recomendaría que hiciera una lista de personas a las que pueda haber ofendido, tal vez alguien o algo se le esté pasando por alto.

Morinaga interrumpió su pensamiento:

- Entonces digámosle a todos en el laboratorio que estén atentos ante cualquier indicio. Un arrebato, una amenaza, un estallido violento. Cualquier cosa que pueda parecerles fuera de lugar -

- Tadakoro ya nos informó de un estudiante del que se sospecha fue quien dejo el cobaya decapitado en el laboratorio. Ya lo están investigando. Como sea ¡No te involucres en esto! -

- Como no voy a involucrarme? ¿Porque crees que vine hasta aquí? Si te lastiman, no lo soportaría senpai, permite que me quede, ¿apoyarte ne? ...realmente te amo -

Toda esa conversación la habían tenido esa mañana cuando Tetsuhiro se dirigía a la sucursal de Nagoya y ante la forma acalorada de Souichi de hablar, parecía que discutían. Y sin saberlo, eran observados por una persona.

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- Se supone que no habría retrasos y ahora ya no nos queda más remedio -

Dijo el desconocido, la chica alta lo miro pensando en contradecirlo, pero rápidamente encontró una solución para que su belleza rubia no sufriera daño. Pero antes necesitaba saber que tramaba su compañero.

- ¿Y cómo pretendes hacerlo? -

- Como estaba planeado, debe pagar con su vida por lo que hizo -

- No podemos hacerlo! No con ese hombre aquí -

Se refería a Morinaga, era a ella a quien le molestaba más su llegada que a su compañero.

- ¿Qué pasa con él? -

- Se acaban de pelear, vi lo alterados que parecían. Podemos echarle la culpa a Tatsumi de lo que le pase a él -

- Tiene sentido, pero tendría más sentido si lo hacemos al revés. Se supone que es de él que deseamos deshacernos principalmente -

- ¿Que no fue el sujeto alto quien lo persiguió y casi lo atrapa? ¿Porque estas tan enfocado con Tatsumi? -

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Vio que el equipo estaba trabajando, de pronto se pusieron de pie casi a la misma vez, se quitaron la bata y la colgaron. Estaban hablando en un entorno lleno de risas y charla relajada, perdidos en su propio mundo.

Durante semanas había observado meticulosamente sus horarios y a las cuatro treinta iban a tomar su última clase para regresar dos horas después y finalizar el día trabajando en el laboratorio bajo la guía y supervisión de Souichi. Decidió seguirlos a corta distancia mezclándose con los demás estudiantes, únicamente observo que subieran las escaleras y regreso por el mismo pasillo.

Tranquilo entro seguro de que no habría nadie, puesto que Tatsumi estaba en una reunión con los profesores y demás investigadores con doctorado e igual que los demás, tardaría mínimo dos horas.

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Tetsuhiro se paró delante de la puerta principal. Suspiro antes de entrar, dejo en el sofá su maletín, el abrigo y la pila de documentos que había torpemente olvidado en la mañana. Sediento saco del refrigerador la jarra de té negro y se sirvió un vaso. Se aflojo la corbata en un intento de descansar un poco mientras bebía el líquido. De repente se sintió mareado, lucho por no perder la conciencia mientras pensaba que debía ir a la universidad y esperar a Souichi, cuidar que nada le sucediera.

"Senpai...

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Iba caminando por el pasillo situado entre el estudio de arte y los laboratorios de ciencias tres y cuatro, con la cabeza gacha, mirando el celular. Se podía escuchar la lluvia que goteaba. Maldijo porque olvido llevar su chaqueta. Y del paraguas ni hablar, nunca se acostumbraría a ellos, ya había olvidado muchos y no pensaba comprar mas.

En el trayecto, como siempre vio que los estudiantes se detenían a saludarse y otros simplemente se paraban a cotillear, hablar de la siguiente salida o compartir rumores sobre los profesores y otros alumnos. Souichi continuo su camino, no sin antes intercambiar algunas palabras con un profesor que cuando lo vio, lo detuvo. Era temprano todavía de tarde, aunque el cielo gris oscuro diera la impresión de que estaba a punto de anochecer. Recordó que se había saltado el almuerzo, por lo que entro a la cafetería por un bollo y un café. Estaba lleno, muchos habían corrido por café para apaciguar el frio. Decidió caminar bebiendo su café y mordisquear su pan. Casi había bebido todo su café, cuando escucho un grito y el crujir de vidrios. El ruido venia de su laboratorio, el número dos.

Por extraño que parecía, Souichi reaccionó con calma. Sus ayudantes ya deberían ser capaces de manejar el equipo correctamente, lo único que imagino es que a alguno de ellos se le había resbalado algún matraz o tubo de ensayo. A pesar de lo siniestro y amenazador que había resultado el incidente con mika, él no lo relaciono, no actuaba con preocupación, y tal vez eso era un error.

Mihauro estaba lista para salir corriendo del laboratorio, pero en cuanto vio a su senpai, respiro aliviada y se movió de un lado de la puerta para dejarlo entrar, el rostro asustado de la mujer le dijo lo que su cerebro no percibió antes. Tadokoro tenía unos cortes en la frente, mejillas, barbilla y varios en sus manos.

- Que sucedió aquí? -

Souichi sintió un helor y nervioso se meso el cabello. Mika estaba paralizada sin poder reaccionar. Tadokoro demasiado aturdido para contestar. Él sabía con exactitud lo que tenía que hacer.

- Mika! Avisa en la enfermería mientras lo ayudo a llegar -

- Mejor le ayudo senpai -

- No! Has como dije -

Eran demasiados trozos pequeñísimos de vidrio incrustados en su cara y manos, se necesitaba precisión y pinzas para extraerlos todos. Si hubiese sido como en ocasiones pasadas, un corte o una quemadura leve, el mismo le habría limpiado y vendado.

Souichi y Mika regresaron al laboratorio mientras ella le decía lo que sucedió:

- Tadokoro iba a colocar las siguientes muestras en las placas de Petri y vio que ya no había en la caja pequeña sobre la mesa. Fue entonces que jalo la caja que estaba en la repisa de arriba en el anaquel, pero cuando quiso bajarla, se desfondó y cayeron todos esos trozos de vidrio. No lo entiendo, ayer habíamos acomodado todo el material y aseguramos las cajas con cinta por abajo, además ¿Por qué estaban todas rotas? Es como si alguien las hubiera dejado así deliberadamente ¡Tengo miedo senpai! -

La chica comenzó a sollozar y se abrazó a Souichi, quien de manera mecánica le poso una mano en su temblorosa espalda. Era claro que la mujer confiaba en él y se sentía segura cuando estaba cerca. Él fue quien la apoyo cuando sucedió el incidente del roedor y eso difícilmente lo olvidaría. Su senpa era un hombre amable y protector.

Souichi meditaba en lo que su ayudante le decía, era hora de dejar el laboratorio pues la jornada laboral se acercaba con rapidez a su fin, pero ir a informar lo sucedido lo había entretenido. Había ido con Mihauro y ella fue la que relato los hechos al mismo hombre que días atrás los recibió. Con esos dos sucesos que los involucraban a ellos, se habían acumulado relatos que no hacían más que crear más caos.

Souichi le dio la opción de tomarse un descanso del laboratorio por tiempo indefinido, a pesar de que eso le acarrearía el problema de sustituirla con alguien más. Sin embargo, Mika rechazo rotundamente aquello.

- Puedo continuar, no me gustaría dejar de asistirlo y perder mi lugar en el laboratorio -

- Solo sería por un tiempo, no perderías tu sitio. Pero es tu decisión -

- Y se lo agradezco mucho senpa. Me tengo que ir buen trabajo hoy -

- Buen trabajo también ¿Tienes quien camine contigo a la estación? -

- No se preocupe senpai, mi hermano ya está afuera esperándome para llevarme a casa. Usted también tenga cuidado -

A Mika esta vez le recomendaron pasarse por la oficina de la psicóloga, dos sucesos durante tan breve espacio de tiempo, podían traumatizarla. Souichi pensó que, si a él le recomendaban semejante estupidez, les diría que podían irse mucho al carajo. Pero al mismo tiempo deseaba entender que estaba sucediendo, tener un poco más de claridad.

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Levantó la mirada hacia el reloj de pared de la oficina y después saco su celular. Fue entonces cuando noto cuanto le estaba afectando todo este asunto. Los dedos le temblaron un poco al marcar el número de Morinaga. Sin embargo, el hombre no respondió.

En la entrada del edificio de su facultad había una luz tenue y Souichi se detuvo al salir para contemplar la noche que ahora oscurecía todo alrededor. El edificio era de los más alejados a la entrada principal, una de las áreas menos concurrida del campus, de manera que tendría que pasar por una zona desolada y oscura. De repente pensó que era una lástima que Morinaga no le contestara la llamada y no fuera por él como había dicho que lo haría. Se sintió solo.

Cuando vio que se acercaba a la salida de la Universidad se encogió ante el frio que le envió una corriente de aire de golpe. Le faltaban unos cien metros para salir cuando vio una sombra al lado de un árbol. Quiso suponer que se trataba de Morinaga que, finalmente había llegado, pero la figura iba vestida de manera extraña y con una capucha que escondía su rostro. Casi tropieza y cae al ver que la sombra lo señalaba y llamaba por su nombre, definitivamente no era Morinaga. Parecía la voz de una mujer, pero podía estar equivocado.

Por un segundo se quedó como clavado al suelo, no sabía cómo reaccionar ¿Correr? O ¿Enfrentarlo? Él era bueno con los golpes, pero cuando regreso su vista a la sombra decidido a encararlo, está ya no estaba. No había nada más que oscuridad y el ruido de las cigarras.

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Veinticinco minutos después, Souichi llego a la casa de su tía. Recordó que hoy la mujer le llamo para avisarle que llegaría mañana temprano.

Un metro antes de entrar a la casa, Souichi se detuvo, percibió un olor conocido. Miro a ambos lados del cobertizo tratando de ubicar de donde venía aquel olor. Se pasó la mano por la frente mojada, sentía la humedad del sudor en sus axilas. Respiraba de forma entrecortada, no sabía si se debía al recorrido desde que salió del laboratorio o ante el pánico que comenzó a sentir, volvió a mirar a su alrededor. No había ninguna persona, ni una sombra acechando en la penumbra. Pero sentía ojos en todos lados.

Abrió la puerta de la casa, para descubrir que el olor provenía de adentro, la sola idea de entrar y encontrar algo terrible, lo intimidaba. Esperaba que sus sospechas fueran infundadas. Escudriñó la oscuridad buscando el apagador de la luz, sin embargo, decidió no encender la luz, eso podría generar una chispa y con el intenso olor a gas. Se cubrió la nariz y boca con una toalla de manos que encontró y comenzó a caminar rumbo a la cocina. Se quedó helado cuando vislumbró un cuerpo inmóvil con la cabeza metida en el horno, la puerta de la estufa estaba por zafarse por el peso. El hombre tenía toda la complexión de Morinaga. El pánico se adueñó de él. Corrió y abrió las ventanas con brusquedad. El aire frio recorrió rápidamente todas las habitaciones.

El miedo puede crear confusión, pero Souichi Tatsumi trato de mantenerse enfocado bajo tanta tensión, no dejaría que a Morinaga le sucediera nada y ya había marcado al 119. Localizo el pulso de Morinaga y estaba vivo, eso le dio un gran alivio. Fue muy difícil lograr trasladar a su amante al sillón, se puso de pie con dificultad cuando tomo el brazo del hombre inconsciente, lo paso sobre sus hombros y casi pierde el equilibrio cuando sintió todo el peso de su cuerpo magro y alto, era bastante pesado. Encorvado y con todo su coraje lo arrastro.

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Souichi se detuvo cuando ingresaron a Morinaga a urgencias, desde la ambulancia le habían colocado una mascarilla de oxígeno. Respiraba lentamente.

Llevaba su pequeña mochila al hombro y la ajustó, como si le molestase, cuando sabía que no era la mochila, sino todo lo acontecido. Su lado científico tenía en cuenta la intensidad del miedo y la alteración que había provocado ver a su amante tirado ahí. Pensó en lo vulnerable que puede convertirse una persona en la noche. El mismo lo experimento cuando atravesó solo el campus.

Busco un sitio donde sentarse, todas las bancas de la fría sala de emergencias estaban ocupadas y opto por poner su mochila en el piso y sentarse sobre ella mientras aguardaba que le dieran informes. Ese día ha sido un infierno para él y sus asistentes. Morinaga no debería pasar por eso concluyo disgustado.

Por lo menos Tadokoro no sufrió grandes daños, salió de la enfermería prácticamente con tiritas protegiendo los distintos pero diminutos cortes. Ahora que estaba sentado y podía pensar con más calma, comenzó a sospechar que todo aquello acontecido en el laboratorio, parecía algo planeado con la intención de distraerlo y cuando llegara a casa fuera demasiado tarde para rescatar a Morinaga.

Sin embargo, lo que más agradecía eran las excesivas precauciones de su tía que, durante años siempre tuvo la costumbre de cerrar la llave de paso del gas cuando salía de casa. Tal vez una costumbre adquirida en la mayoría de los habitantes mayores, por los frecuentes sismos en el país.

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El momento más vulnerable de Souichi es la noche, cuando atraviesa solo el campus andando. Pero su otro momento más vulnerable es el jueves por la mañana, ese día limpian el laboratorio y lo desinfectan, por lo que entra hasta las diez treinta de la mañana. Así que los jueves Souichi duerme más y permanece solo, o al menos lo hacía antes de llegar aquí a casa de su tía. Pero no hay problema esta semana, porque la señora Matsuda, sale a hacer las compras de la semana y tarda más de tres horas en regresar.

Souichi se levanta con lentitud y perezosamente se dirige a la ducha que está al final del pasillo con el cepillo de dientes y el champú, todavía adormilado, se restriega el sueño de los ojos y no tiene la más ligera idea de lo que le puede esperar allí o abajo en la sala. Explico detalladamente la joven al inquieto tipo.

En los casi tres años que llevaba encerrado en ese lugar, jamás recibió una invitación a una fiesta. Jamás lo visitaron los que se decían sus amigos, únicamente su hermano y la alta chica, su amiga de la infancia y la mujer con quien hablaba por su nuevo celular en el vagón del metro donde todo comenzó.

No recibió ni una llamada por la noche para cotillear sobre el colegio, sobre deportes o sobre quién entro a que escuela. Estaba nuevamente como en su niñez, sufría de alucinaciones auditivas en su mayoría y en ocasiones visuales. La mayor parte de su vida se componía de meses de libertad y meses de encierro y solo era capaz de fusionar bebiendo todas esas pastillas que le dan cada día.

Detestaba pensar que jamás podría encajar en este mundo donde se sentía obligado a vivir, más de tres veces había intentado quitarse la vida para terminar con sus torturas. Nunca desaparecerían aquellas voces que durante años le han llamado por su nombre.

- ¡Vamos hermano, lo intentaste! Volviste a la escuela y no funciono, te estresaste demasiado y casi se vuelca todo el plan al hacerle eso al cobaya y dejarlo en su laboratorio. Al menos uno de ellos, el segundo culpable de que te encerraran aquí, ya debe estar frio. Pensaran que fue un suicidio -

La mujer al escuchar eso, dudo que fuera así. Había seguido a Souichi desde que salió del laboratorio y sabía que llegaría muy rápido y probablemente sería capaz de salvar a su pareja, cosa que le encolerizaba, odiaba al hombre alto al enterarse de que este vivía enamorado del rubio. Ella siempre se sintió como una mosca en la pared, era capaz de ver y oír todo y nadie se daba cuenta de su presencia.

Había logrado pasar desapercibida cargada de maquillaje. Miró hacia abajo, sabía que estaba traicionando a sus amigos al ser consciente de lo que sentía por Souichi, pero no la podían culpar, fue a ella a quien la enviaron a vigilarlo y averiguar todo de él y ahora creí que era demasiado tarde para retroceder. No permitiría que lo lastimaran.

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Como siempre, pueden comentar que les pareció.

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Saludos!

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