¡Hola a todos! No estoy muerto, solo soy muy vago (?) Hoy os traigo algo nuevo para mí, un oneshot basado en los maravillosos dibujos de Apricalico, así que espero que el fanfic os guste y que paseis a ver el resto de sus dibujos por sus redes sociales~

Sin más dilación, os dejo con el capítulo, ¡saludos!


Siempre me había gustado hacer ejercicio, era una actividad que me relajaba y que me ayudaba a mantenerme en forma. Pero, desde hace un tiempo, se ha empezado a convertir en algo más, no porque mi rutina de ejercicio haya cambiado, o siquiera tiene que ver porque ahora soy una school idol… sino más bien por la compañía con la hago el ejercicio últimamente.

Recuerdo perfectamente cuando ella me pidió que la ayudara a entrenar. Me pilló un poco de sorpresa, pero tan solo me reí suavemente y le guiñé un ojo, aceptando su propuesta.

—¡U...un poco más despacio, z...zura!—gritó entrecortada mi compañera, mientras yo me giraba, mientras seguía manteniendo el ritmo de la carrera.

—No llevamos ni cinco minutos, Hanamaru—me reí un poco, viendo como la pobre estaba casi al borde del cansancio.

—¿¡S...solo!? ¡S...si parece que llevemos ya el triple! T...tengo hambre y estoy cansada…

—Venga, aguanta el ritmo, ¿vale? ¡Te prometo que luego iremos a comer!

Y con esas palabras, conseguí animar a Hanamaru a acabar la rutina de ejercicio de ese día. Recuerdo que, mientras ella estaba tirada en el suelo recuperando el aliento, me acerqué a ella y le pasé una botella de agua, sonriendo. Ella la cogió, sonriendo de vuelta y en ese momento no lo supe, pero estaban empezando a florecer unos sentimientos que no eran parte de una simple amistad…

Pienso en todos los entrenamientos que hemos hecho, y estoy orgulloso de ella. No solo a comenzado a mantener el ritmo y dejar de agotarse tan rápido, si no que también ha conseguido abrirse hueco en mi corazón.

No sé a que se debe exactamente, tan solo sé que esta chica que antes no podía ni correr cinco minutos sin cansarse, ha pasado a ser la ganadora de la carrera de mi corazón. Que cursi suena, ¿verdad? Pero no puedo evitarlo, cada vez que la veo correr, con esa sonrisa en su rostro, viendo todo lo que ha conseguido...se me llena el pecho de orgullo y felicidad, porque a fin de cuentas, todo eso lo ha conseguido ella sola a base de esfuerzo y constancia y, haber estado con ella, viendo sus progresos...ha hecho que me enamorara profundamente de ella.

Reí suavemente, sin darme cuenta de que Hanamaru llevaba mirándome un rato largo, con una mezcla de curiosidad y extrañeza en su rostro.

—¿Que pasa, zura? ¿He hecho algo gracioso...?

Negué suavemente, mientras me abalanzaba sobre ella y la abrazaba fuertemente—Simplemente...me he dado cuenta de lo mucho que te quiero…

Estuvimos un rato en silencio, pude notar unos leves temblores por parte de Maru, tantos que ya pensaba e iba a disculparme por ellos, hasta que susurró—Y...yo igual zura…

Y nos quedamos mirando fijamente, con ambas el rostro rojo que no podrías saber si era por el ejercicio o sencillamente por la confesión, pero ambas lo tuvimos claro al momento. Sonreí torpemente, besándola con suavidad mientras una sonrisa de felicidad aparecía en mi rostro.