Sin fines de lucro.

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El camino del pecador era largo y tortuoso, y el hombre que lo recorría estaba demasiado cegado por la ira como para darse cuenta de que había perdido el rumbo.

Lincoln Loud se recargó con dificultad en la mohosa superficie de un tronco perdido en medio de la nada mientras que en la lejanía, un sin fin de sirenas anunciaban que ya era hora de partir. Apenas podía sentir las puntas de sus dedos resquebrajándose con cada segundo que pasaba a la intemperie, flexionándolos, descubrió que la piel se estaba partiendo, por lo que buscó sus guantes y se los volvió a poner antes de emprender el camino de regreso a su carro, atravesando en silencio un prado cubierto de nieve en el que apenas era visible tras la ventisca.

Un espectro blanco salido de la nada, una imagen más que perfecta para dar inicio a la segunda parte de su historia.

Bueno, tenía que pasar tarde o temprano. Eso te ganas por dejarme vivir–

Liquido de freno drenado en la medida suficiente, las cadenas en mal estado para que se partiesen con la fricción, un camino escarchado a una hora tardía y un conductor con suficientes testigos a su alrededor para atestiguar sobre su consumo desmedido de alcohol, sin darse cuenta de que su bebida había sido adulterada. Lincoln lo siguió a distancia, vigilante hasta que en un punto una de las llantas estalló, luego, el vehículo comenzó a bambolearse de un extremo a otro de la carretera hasta que al fin partió una barrera y fue a dar contra un tronco. El golpe seco y la compactación del metal y la fibra resonaron sobre la tierra y en los alrededores junto con la bocina desde la cual, de seguro, la bolsa de aire había estallado para absorber en cierta medida el impacto.

Un vehículo de primera gama con la mejor tecnología que el dinero podía pagar y apenas le tomó unos cuantos minutos el arruinarlo.

Lincoln esperaba que el sujeto estuviese muerto, pero de no estarlo le dispararía en el rostro. Era lo menos que podía hacer para devolverle la mano.

No lo supo hasta estacionarse en la lejanía, atravesar el prado y revisar el coche en persona. En efecto, moriría dentro de poco de no recibir asistencia médica. La bolsa de aire se infló a tiempo pero no hizo nada por protegerlo del latigazo que partió sus vertebras ni de la potencia completa del impacto. Era solo un hombre después de todo, e incluso con toda su fortuna como respaldo su cuerpo era frágil como el de cualquier otro.

Ninguno de los dos llevaba cinturón de seguridad, ya podía imaginar el motivo…

Esperó pacientemente a que se asfixiase con su propia sangre, rogando de forma patética por ayuda mientras que el liquido vital brotaba a borbollonees de su boca.

A su lado, una mujer un tanto más joven que Lola yacía en una posición similar, con el rostro completamente inflamado y la nariz rota. Irreconocible en su fragilidad más allá de cualquier consuelo que pudiese ofrecer.

Tenía el cuello roto, una banda purpura se había formado a su alrededor creando un inusual efecto que se grabó en su memoria.

Es una lastima que quedases en medio–

Seguía abrazando su barriga a pesar de estar muerta, cosa que en ese instante pasó por alto y a lo que no le tomó peso sino hasta mucho después.

Trataste de matarme–, siseó antes de colocar el filo de una navaja de bolsillo bajo su nariz para comprobar que ya no tuviese aliento, –Y mirate ahora, completamente acabado–

Lola no era la única ambiciosa de la familia, de hecho, la ambición parecía ser un rasgo recurrente en el clan Loud. Cada una de las chicas la exhibía de uno u otro modo, algunas de forma desmedida, otras, apenas se dejaban dominar por esta característica y en el caso de Lincoln, pues estaba en medio, en el limbo que le correspondía con su posición de hermano.

Y sin embargo, esa cualidad ahora lo dominaba por completo.

Iba a dispararte–, murmuró antes de alejarse de la escena de la colisión, –Pero veo que eso no será necesario–

El mundo estaba repleto de monstruos codiciosos. En cada lugar, a cada hora, cientos de millones de promesas eran rotas y cientos de millones de corazones eran traicionados. La vanidad desmedida y grosera, la pasión y el deseo… ese era el mundo al que siguió ciegamente a su hermana, ese era el mundo que los vio como los insignificantes pueblerinos que eran y que los destruyó para erigirlos desde cero. Ahora, Lola era parte de esas criaturas y se manejaba entre ellas a su antojo, el animal social en su interior se mimetizaba tan bien entre ellos que nadie ponía en duda su origen, nadie salvo el hombre al que ahora vería envuelto en una caja de roble, lleno de liquido para embalsamar. Mientras tanto, Lincoln les demostraría que había aprendido al igual que Lola a vivir entre esa clase de animales, les enseñaría lo que existía por debajo de la piel en toda su insidiosa y cruel extensión.

Voy a recuperarla, a ella y a mi hija, y tú te pudrirás bajo tierra–, prometió resoluto, –Así que espero que te sientas orgulloso de que el fracasado de Lincoln Loud aprendiese la lección–

No quería otra cosa que regresar a casa y seguir el camino del hombre recto, pero quedaban tantos que debían pagar…

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Recordaba el haber recibido un texto de parte de su hija, algo importante, algo sobre…

¿Por qué sentía que su cabeza se partiría a la mitad?

Un gusto amargo en los labios y una presión desconocida en el pecho. Languideciendo, dejó que unos delgados dedos lo guiasen en medio de la multitud con rumbo a lo desconocido. Apenas prestando atención a lo que sucedía a su alrededor siguió a la pequeña bailarina de ballet en su interminable marcha, atravesando las sombras humanoides que hacían tantas y tantas preguntas sin sentido.

–Ya casi llegamos. Ni te imaginas lo que preparé para ti papá–

Se suponía… se suponía que ese era el día especial, el día en que la vería danzar junto con Lola, pero Lola no llegó, y Leia estaba tan tranquila que tuvo la súbita impresión de que algo estaba tramando, pues se parecía tanto a su madre que ese tipo de cosas no pasaban desapercibidas para Lincoln.

Su joven bailarina de ballet… que hermosa se veía al volar por los aires…

–Creo que te gustará mi sorpresa, y a mamá también–

–Me alegra tanto que me digas papá–, suspiró Lincoln, –Yo… yo no sabía cómo decirlo, no quería asustarte–

Leia se detuvo por algún motivo, ¿por qué todo el mundo los veía tan raro?, solo eran un padre y su hija charlando.

–Vaya… ¿de verdad te hace tan feliz?–

Lincoln asintió rápidamente mientras que Leia sonreía, pero había algo extraño con su sonrisa.

¿Por qué presentía que no debía de estar junto a su hija?, eso no era para nada correcto, él adoraba a Leia, la amaba más que a su vida.

–Creo… creo que a mi también me gusta–, murmuró ella.

Sonaba triste, ¿por qué sonaba tan triste si era una ocasión especial?, quizás extrañaba a Lola o quizás… quizás ya sabía todo sobre él y la aterraba que fuese su papá. No la culparía de ser ese el caso. Con los años, Lincoln había cazado a cada persona involucrada en su separación con Lola excepto por una, pero eso ya había terminado, ya estaba libre de ese rencor que lo impulsaba a seguir adelante con la venganza.

–¿Te sientes bien?–

Leia no contestó en un buen tiempo y se contentó con tirar de su mano, él la siguió sin chistar pues, ¿qué otra cosa se suponía que hiciera?, era el día especial de su hija y nada podía arruinarlo.

–Jamas dejes de amarme Lincoln–

Era una chica tan dulce cuando se decidía a ser honesta. Le recordaba mucho a Lola a esa edad, le recordaba lo mucho que habían cambiado las cosas entre los dos…

–No importa lo que pase, promete que siempre me amarás–

Abrazó a su niña y la hizo girar en el aire, ¡que cosa más tierna había dicho!

Cuidaría de su Leia por siempre y para siempre y nada ni nadie cambiaría eso.

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Poco después de regresar comenzaron la preguntas. Que en dónde había estado, con quién, haciendo qué y por qué no regresó a tiempo, qué secreto era tan importante como para apartarse de la familia y si acaso no sentía vergüenza por todo lo que había hecho. Era lo típico para alguien en sus zapatos y aún así, seguía renuente a abrir la boca.

¿Qué quieres decir con que se casó?–

Supo que se trataba de una trampa desde el inicio debido a que la última vez que estuvo en una situación similar, acabó con una fractura expuesta y unos cuantos dientes menos. Desde allí que comenzase el calvario que fue el recobrar su humanidad por el precio de mantenerse apartado de su familia. Pero Lana no necesitaba saber eso, Lana no necesitaba saber muchas cosas que él no tenía intención alguna de revelar.

Eso, se casó, ¿qué esperabas que hiciera estando tú ausente?–

Lincoln suspiró mientras el ruido constante de los carros resonaba en la concurrida avenida. No estaba para nada sorprendido, tan solo… decepcionado.

Supuso que el plan de ese cerdo debió de funcionar a la perfección. Al fin tenía a Lola donde la quería, y sin él de por medio por medio para inmiscuirse no le costaría explotar la situación tan precaria en la que su hermana había quedado luego de una seguidilla de confusos incidentes los cuales iban desde accidentes en las pasarales a problemas con el banco y sus tarjetas. En definitiva, Lola estaba por el momento en una situación delicada y con el bebé en camino no era para nada sorprendente que sucumbiese a la presión. Al menos era una alternativa preferible a creer que su hermana pudiese haberse enamorado de ese otro sujeto porque de todo el mundo, de entre sus muchos conocidos era justamente esa persona a la que menos quería ver cerca de Lola.

No es eso, lo que quiero saber es por qué lo eligió a él. Además… las tiene a ustedes, no es como si necesitase si o si estar con alguien…–

La mirada de su hermana se tornó agria, –Lincoln, por tu bien, será mejor que la dejes en paz–, siseó Lana golpeando la mesa, –Ninguna de nosotras estuvimos de acuerdo con su decisión pero la respetamos, que es mucho más de lo que tú has hecho–

Con eso, arrojó sobre la mesa un set de fotografías que lo ubicaban en una habitación de hotel mientras se indulgía entre los brazos de otra mujer.

Tomó cada una de las fotografías recordando los eventos que lo llevaron a ese punto.

Las cartas de amenaza que comenzaron a llegar semana tras semana, las llamadas que lo importunaban a diario, la extorsión y finalmente, el intento en contra de su vida. Una cadena de sucesos de los que trató de escudar a su hermana y que tenían su origen justo por debajo de sus narices en el sospechoso principal, el mismo hombre que desposó a su hermana, el mismo hombre que ambos sabían estaba planeando conquistar a Lola desde un principio. Lincoln cayó directo entre sus garras y danzó tal y como él lo quiso.

Salvo por el detalle de que en lugar de hacerlo danzar directo a una tumba lo llevó a los brazos de la chica Sweetwater.

Fue un gran plan ciertamente, el involucrar a alguien más para ofrecer apoyo emocional mientras se recuperaba de la paliza que le dieron. Tener a alguien con quien charlar mientras todo se solucionaba, pero nada se solucionaría, nada volvería a ser igual.

Descubrió demasiado tarde las mentiras con las que lo mantenían dócil e ignorante, mientras que ella profitaba de su desgracia.

Lana chasqueó los dedos para despertarlo, –Lincoln, vuelve con tu zorra y no vuelvas a acercarte a nuestra hermana o si no te juro que la pagarás caro–

¿Pagarla caro?, ¡jah!, él ya había pagado el precio por permanecer tanto tiempo junto a la estrella viviente que era Lola Loud. Cada noche que se iba a dormir y tenía pesadillas en las que lo ahorcaban como en esa ocasión, o cuando se cepillaba los dientes y sentía las piezas falsas que completaban su boca, o recordaba el rostro demacrado de Lindsay confesando que le pagaron para que fingiese ser su amiga y en el intertanto le proporcionase información falsa, guiándolo cada vez más lejos de su hermana, incluso…

Me dijo que Lola se olvidó de mi, no quise creerle pero… Sé que no es excusa–

Una sola vez, tan solo una noche bastó para que la traicionase.

Tal vez se merecía perderla. No regresó a tiempo como debía, no protegió a Lola como había prometido. Ahora le tocaba pagar las consecuencias.

Dejalas en paz, ya hiciste suficiente para arruinar la vida de las dos–

No… no era solo por Lola que regresó, no era solo por Lola que se arriesgó a volver sabiendo lo que podía sucederle.

Es mi hija–

Lana sacudió la cabeza apenada, –Ya lo sé–, le dijo, –Incluso papá y mamá lo saben–

Nos decepcionaron a todos, y en especial tú–

Una decepción, ¿eso era a los ojos de su familia?, ¿de Lola?

Su vida era una maldita comedia sin sentido.

Lincoln comenzó a reír, la vida era tan absurda. En un momento lo tenía todo y al siguiente, nada.

¿Qué encuentras tan gracioso?–

Lana no tenía idea, y a decir verdad, no quería dejar a su hermana menor en posición de conocer más de lo que debía siendo que su vida seguía estando en peligro. Sin embargo no la dejaría partir con las manos vacías, le daría un pequeño vistazo al hombre al que dejaron medio muerto por atreverse a amar a Lola Loud.

¿Tienes la menor idea de dónde he estado todo este tiempo?, ¿de todo lo que he tenido que hacer?–

Su voz se volvió osca, con un tinte de locura que era difícil de ignorar. Lana retrocedió en su asiento para poner distancia entre los dos, asustada de su hermano mayor, el mismo sujeto que era una de las personas más dulces a las que alguna vez hubiese conocido.

No me importa que me tarde toda la vida, ni tenerte a ti y al resto de mi familia en contra. Cualquiera que se interponga, quien sea… lo pagara caro–

No estas hablando en serio–, susurró Lana mientras estrujaba su gorra roja, –Tú no eres así Link, tú eres…–

Soy el depravado que se acostó con su hermana menor y tuvo un hijo con ella–, susurró Lincoln golpeando la mesa.

¿Realmente crees que haya algo que no este dispuesto a hacer por Lola?–

Lana vio en todas direcciones, la gente se estaba poniendo nerviosa y muchos los apuntaban con sus celulares, pero eso a Lincoln parecía no importarle.

Su hermano se había transformado en un hombre aterrador. Lana apenas lo reconocía.

He mentido por Lola, he sangrado por Lola y me he humillado por ella, ¡no existe nada que no haría por ella y mi hija!–

Estaba segura de que en cualquier momento se abalanzaría sobre ella, ¿y entonces qué haría?, estaba segura de poder contra él pero no deseaba luchar. Tenía el presentimiento de que si llegaban a ese punto ninguno de los dos saldría bien librado.

Lincoln recuperó la compostura al notar que era observado. Respiró profundamente hasta calmarse antes de ponerse de pie.

Pero tú también eres mi hermana y te amo, y no mereces quedar en medio–

Arrojó algo de dinero sobre la mesa, suficiente para cubrir los gastos suyos y de su hermana.

Olvida que esta conversación pasó, o dile a las chicas. Francamente no me interesa–

Lana corrió del local sin siquiera esperar el cambio. Afuera, entre la multitud la figura de Lincoln se confundió con la muchedumbre propia de esas horas, lo llamó un par de veces sin éxito y supo que no regresaría. Se dirigió después al punto de reencuentro con el resto de las chicas y les contó lo que sucedió. Ninguna de ellas podía creerlo, pero la prueba estaba allí, en su hermana que a último minuto decidió grabar la conversación.

Lincoln por su parte salió del radar por un tiempo, ya sabía a quien se enfrentaba y lo que tenía que hacer, y hasta que eliminase a todos los involucrados no se detendrían, no pararía hasta estar seguro de que nada ni nadie se interponiese entre él y su familia.

El primer paso… eliminar al marido de su hermana.

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Era un hombre compuesto de piezas rotas.

El dolor en su hombro derecho era lo único que lo mantenía despierto, se lo había lastimado al escuchar los gritos y los golpes.

Tenía que detenerlas antes de que se matasen la una a la otra.

–¿¡EN QUÉ ESTABAS PENSANDO!?–

Debía… debía hacer algo. Volvió a tirar de las correas y escuchó sus huesos crujir bajo la presión.

El eco de una bofetada y luego, silencio.

–Yo… no lo sé mamá–

No podía detenerse, tenía que seguir intentando incluso si su brazo estaba congelado por el dolor. En un acto de desesperación gruñó como el animal atrapado que era y tiró con todas sus fuerzas dejando que el cuerpo cortase la piel y la carne. Quizás fue por ello que en su estado de delirio no registró mucho más de lo que sucedía a su alrededor.

–Es solo que…–

Estaban sufriendo debido a él, no serían las primeras vidas inocentes que arruinaría, no sería la primera vida joven que acabaría por su culpa, como esa joven que sostenía su barriga intentando proteger una vida que acabó en un instante.

Si no intervenía sería igual a los monstruo que lo separó de Lola.

– Puedes decírmelo Leia –

¿En qué clase de bestia se había transformado?, sus hermanas tenían razón, todo el mundo tenía razón.

–Lo odio–

Se había vuelto cruel y distante. Obviamente Leia no sabía de estas cosas, no tenía idea de lo que su padre había hecho ni de todo el tiempo que se ausentaba sin dar explicaciones.

–Odio como hablan de él, como lo tratan–

Me lo merezco–, deseaba decir, –Debí haberme detenido hace años y decirle la verdad a tu madre, fui un cobarde y por eso me merezco su odio–

–Incluso tú lo haces–

Lincoln sacudió la cabeza mientras trataba de levantarse, –No lo entiendes, Lola tiene motivos de sobra. Ella sabe que la traicioné, sabe todo lo que he hecho y solo trata de protegerte

Lola vio el rostro de su hija, en especifico, la marca rojiza que dejó la bofetada. Leia se veía tan pequeña y frágil y sin embargo seguía desafiándola, temblando y todo seguía preocupada de defender a Lincoln y eso le rompía el corazón. Acarició el contorno del rostro de su hija y luego la atrajo hacia sus brazos. Leia apenas lucho después de eso pues ya no le quedaba nada que defender.

En una noche lo destruyó todo, solo le quedaba pagar las consecuencias.

–Sé que no debería ser así, pero de seguro comprendes porqué lo hacía–, explicó Lola, –Lincoln… sé que no es un mal sujeto, sé que te ama… que nos ama–

–Ojala te hubiese explicado todo desde un principio hija–

En cuanto logró abrir los ojos se encontró con su hermana y su hija en un estado lamentable, y la vergüenza lo hizo desear la muerte.

–Perdónenme, las dos perdónenme. Todo esto ha sido mi culpa–

–¡Lincy!–

–Voy por un cuchillo–

¿Un cuchillo he?, supongo que hay peores formas de irse?

Quizás no sería tan malo, eso pensó antes de que Lola cortase las correas que lo ataban de pies y manos y lo ayudase a sentarse en la cama.

Al parecer había eludido de nuevo a la muerte, y que bueno que así haya sido porque le quedaba mucho por hacer.

Las siguientes horas pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Leia comprendió cosas sobre su familia que estaba segura nadie más conocía. Mientras lo ayudaban a vendar sus muñecas su padre le contó como él y mamá se enamoraron y todos los problemas por los que pasaron, mamá de tanto en tanto corregía uno que otro detalle o elaboraba sobre temas que a Lincoln no le parecían tan importantes. Ambos obviaron decirle de los años malos, el tiempo en que la relación se vino abajo más que nada porque Leia ya conocía esa parte de la historia. Sabía que a su madre la pretendía alguien más y que a Lincoln lo desaparecieron del mapa, que entre medio hubo otra mujer con la que Lincoln estuvo antes de descubrir que ella también era parte del engaño, que Lola sucumbió al final al verse acorralada y que aceptó casarse solo por conveniencia. En fin, un malentendido tras otro que desembocó en muchos años de tristeza los que al fin acabarían. No era ciega a lo que había hecho, sabía que después de acostarse con su padre la relación entre los dos jamas volvería a la normalidad y muy a su pesar estaba contenta con eso. No tenía ni la menor idea de lo que sucedería a futuro pero por el momento se sentía a salvo.

No podía decir lo mismo de mamá o de Lincoln…

Lola le preparó la tina a su hija y la acompañó mientras se bañaba. Afortunadamente, ya le había dado la charla sobre lo que involucraba ser una mujer así que no tuvo que dar muchas explicaciones mientras enjuagaba su cabello y le enseñaba el gabinete en el que guardaban las píldoras que debía tomar. Luego la ayudó a vestirse y la envió de regreso a su habitación la cual ya estaba limpia gracias a Lincoln que cambió casi todo lo que estaba sobre la cama salvo el colchón, el pobre lo intentó, pero apenas trató de levantarlo uno de sus hombros cedió y tuvo que parar. Lola lo detuvo antes de que se hiciese más daño y le prometió que al día siguiente ambos irían a ver a su médico personal.

Trató de besarlo también, aunque al final no pudo y se conformó con una abrazo. Las cosas entre los dos seguían siendo complicadas y requerirían más que una noche para que regresasen a lo que tenían en un principio. A pesar de eso Lola no perdía la esperanza. Notaba a la perfección el amor en los ojos de Lincoln, ese amor que ni el tiempo ni la distancia pudieron extinguir.

Para Lincoln en cambio… pues él no se sentía tan esperanzado. Al final acabó en la cama de Lola después de quitarle los zapatos. Ella no quería que se marchara y Lincoln deseaba complacerla. Seguían con la ropa puesta, uno junto al otro en esa amplia habitación en la que nunca antes entró. Lincoln podía jurar que el espectro del difunto marido de Lola entraría en cualquier momento a decirle que nada cambiaría, pues había ganado desde el primer día en que tuvo a Lola entre sus brazos hasta el momento en que Leia lo ató a una cama y perdió su inocencia. A pesar de eso, estaba convencido de que podría vivir con eso así como vivía con muchos otros pecados en su consciencia. Al final, seguía siendo un hombre compuesto de piezas rotas, un triste reflejo de la persona que soñaba ser.

Se giró para besar a su hermana en la mejilla y ella le correspondió. No sabía cómo lo lograría, pero volvería a hacerla feliz, a ella y a Leia.

Leia llegó minutos más tardes y sin mediar palabras se acurrucó entre sus padres. Allí estaba la familia que por años añoró tener, el hermoso sueño que la eludía constantemente en apariencia pacifico se le había cumplido. Tan frágil y efímero que en cualquier minuto podría perderlo.

Así la niña del corazón roto tuvo al fin lo que deseaba, en la forma de un pecado disfrazado de inocencia.

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–¿Adónde crees que vas a estas horas jovencita?–

Se detuvo justo en la entrada mientras hacía rodar su bicicleta y se ponía el caso. Tanto esfuerzo en ser discreta y así terminaba… Lois se dio vuelta lentamente y se preguntó cómo lograron atraparla si había puesto tanto cuidado en pasar desapercibida. Despertó temprano, se duchó en apenas unos minutos y ni siquiera se molestó en abrir la nevera para prepararse algo, conformándose con unas barras de manzana que tenían la consistencia de papel prensado y que se sentían como una piedra en el estómago.

Su madre se cruzó de brazos y la fulminó con la mirada, –¿Y bien?, ¿adónde vas tan temprano?–

Debía reconocer que era buena aunque eso era de esperarse. Después de todo de ella sacó esa habilidad tan única de planear de forma anticipada los pasos de sus presas.

–A visitar a mi prima–, ofreció a modo de explicación, usando esa sonrisa que había practicado toda su vida para conseguir lo que quería.

Un nuevo juego de zapatos resonó en el piso, botas para ser exactos.

Ahora si que estaba en aprietos.

–Hija, ya lo discutimos. No me siento cómoda con que pases tanto tiempo a solas con Leia–

Detrás de la cabellera revuelta de Luan Loud, un rostro en extremo pálido se asomó para regañarla.

–Además, sabes que tienes que pedir permiso, ¿o esperabas pasarte de lista con nosotras?–

Sí, se merecía esto último pero ahora debía insistir y hacer lo correcto para su prima y para ella.

–Tengo que solucionar las cosas entre las dos–, suplicó Lois, –No es solo mi prima, también es mi mejor amiga y quiero al menos explicarle lo que tuve que hacer–

Claro, estaba el asunto del "juego", en un principio tanto Maggie como Luan creyeron que era cosa de Leia y que Lois solo le siguió la corriente.

Pero se equivocaban. Leia no fue la que comenzó con todo eso y lo peor no era el haber sido atrapada, sino la decepción que le causó a su familia cuando se enteraron de la clase de cosas que imaginaba.

–Hiciste lo correcto al decirnos–, murmuró Luan, –Al menos tuviste el valor de admitir tu error–

Eso no fue lo primero que le dijeron al descubrir que muchas de las ideas eran suyas, y ahora no tenía permitido el usar ningún aparato dentro ni fuera de la casa sin supervisión. Su teléfono, su laptop e incluso ese raro reloj que le regaló su tía Lisa para tener en caso de emergencia eran monitoreados constantemente y eso la enloquecía, sin embargo lo soportaba, pues era el precio a pagar por querer pasarse de lista.

No por eso estaba contenta de que casi toda la culpa recayese en Leia.

–Yo también fui parte–, le recordó a las dos avergonzada.

Maggie se separó por un momento de Luan y besó la frente de su hija. Desde hacía un buen tiempo que quería tener una discusión seria con ella respecto a la madurez y lo que se esperaba de su persona, lamentablemente, no lograba hallar las palabras correctas para aconsejarla. La verdad es que con Lois estaba en terreno desconocido y eso la inquietaba profundamente.

¿Qué le digo para desanimarla?–, pensó, –Si hubiese sido por un amigo o un conocido, o incluso uno de sus primos no sería tan terrible, pero tuvo que ser Lincoln y para empeorar las cosas puso a Leia de por medio

Luan se apresuró a auxiliar a Maggie, pensando en qué decirle a su hija para que no fuese a esa casa. En realidad, no quería que Lois pensara que estaban en contra de que fuese amiga de su prima, solo que… habían hecho algo tan incorrecto, tan… no, no quería decirlo, ni siquiera quería pensarlo.

–Sabes que te amo, ¿verdad?–

Lois frunció el ceño, –Claro que lo sé mamá, yo las amo a las dos pero… –

–Lois–, intervino Maggie, –Eres una jovencita muy especial, y algún día encontrarás a alguien que te quiera tal y como eres. Para que eso suceda necesitas socializar con más gente de tu edad–

–Y no puedes pasar tanto tiempo con Lincoln–, añadió Luan, –Por tu propio bien hija, trata de conocer a más personas, ¿recuerdas cómo eras antes?–

La sugerencia le dolía porque lo había intentado, ¡de verdad que lo intentó pero ya no podía fingir! y el resultado siempre era el mismo sin importar cuanto se esforzase. Las chicas eran crueles y esparcían rumores sobre ella y los chicos o trataban de aprovecharse o sencillamente le temían por su personalidad, siempre acababa metida en relaciones superficiales que terminaban al menor contratiempo y que la desanimaban de volver a intentar. Lois sabía mejor que nadie lo que era ser diferente al resto y no poder conectarse con las otras personas por lo que amaba el tiempo que podía pasar con su familia.

Con ellos estaba a salvo, y de entre los muchos Loud Leia era una de sus favoritas junto a su tío Lincoln. No era su culpa que nadie más soportase a ese supuesto "ángel" que era la hija de la tía Lola ni que Lincoln fuese una de las pocas personas que parecía comprenderla.

–Lo sé, lo entiendo–, murmuró, –Prometo que intentaré hacer más amigos, ¿puedo ir ahora por favor?–

Maggie suspiró y se giró para ver a Luan, ella alzó los hombros en señal de rendición.

Le darían el beneficio de la duda y luego… luego verían qué hacer con su hija.

–Puedes ir–, le dijo Maggie, –Pero vuelve temprano y avisame si tienes cualquier problema–

–Lola sabe de tu castigo–, le recordó Luan, –Así que espero que te comportes y no traiciones nuestra confianza–

Lois asintió de inmediato y se montó en su bicicleta, –Las llamaré en cuanto llegue–, prometió antes de ponerse a pedalear.

Tardó en llegar al lugar, pues la mansión de su tía quedaba bastante alejada del resto de Royal Woods. Apenas estuvo allí atravesó las rejas usando la tarjeta de acceso que le obsequió Leia en su cumpleaños, luego, golpeó a la puerta y al no recibir respuesta probó girar el picaporte.

Para su sorpresa, la puerta se hallaba abierta. No perdió tiempo y entró a hurtadillas, –Vaya, esta todo tan callado–, susurró, –Me pregunto… –

Escuchó a alguien toser, alguien familiar.

–¿Hola?, ¿hay alguien en casa?–

Y sonrió de inmediato al darse cuenta de quien era.

–Hola pequeña–

La joven atravesó el espacio entre los dos en cuestión de segundos y saltó a los brazos de su tío que la atrapó de inmediato, tal era su sorpresa que olvidó por un instante el problema en el que se había metido concerniente a su prima y no notó el gruñido que escapó de boca de Lincoln al depositarla nuevamente sobre el suelo.

–No creí que te vería aquí–, susurró Lois apartándose del peliblanco, –Ya sabes, con todo lo que pasó… –

Lincoln le sacudió el cabello y le pidió que lo siguiera a la cocina.

–Fui a verla a su práctica de ballet–, le explicó a Lois, –Luego me quedé a conversar con Lola y ella estuvo de acuerdo con que viniese a prepararles el desayuno–

Lois entrecerró los ojos, ahora, muchas de las cosas que Lincoln hacía por la tía Lola comenzaban a cobrar sentido, y hasta apostaría a que en realidad había pasado la noche en la mansión.

–Ya veo–

Se dedicó a ver a su tío preparando el desayuno. Lincoln era muy hábil con las manos, rápido y preciso salvo por el detalle del sabor… pues al parecer no heredó el buen gusto del abuelo Lynn, aunque de todos modos era bastante decente. Había cenado un par de veces en casa de la tía Lana y a decir verdad era una experiencia que esperaba no se repitiese, incluso si los grillos a la parrilla no estaban nada mal.

Lincoln estaba revolviendo los huevos cuando un dolor agudo lo hizo soltar la sartén.

–¿Qué pasó con tus muñecas?–

Lo vio detenerse y pretender que no la había escuchado. Había olvidado el vendarse antes de bajar a cocinar y como no esperaban visitas no vio la necesidad de cubrir sus muñecas. Lamentablemente para él, Lois ya estaba encima, lo tomó de las manos y examinó la decoloración purpura de su piel.

Se veía muy mal.

–Tuve un accidente, pero ya estoy mejor–

Lois tragó saliva, preguntándose qué clase de accidente lo dejaría así, y eso no era lo único que le causaba extrañeza.

Que olor más raro–, pensó, –¿Me estará ocultando algo?–

La tía Lola eligió ese momento para aparecer.

–Hola cariño–, la saludó con un beso en cada mejilla, igual que lo hacia Leia con las personas que le agradaban.

Lois nunca pudo coger el mismo habito, por lo que se limitaba a corresponder con Leia y con su tía mientras que al resto los saludaba como personas normales.

–Hola tía–

Lola sintió la tensión en el ambiente y se colocó detrás de Lincoln, masajeando de forma discreta sus muñecas.

–¿Esta todo bien por aquí?–

Ambos adultos se miraron y asintieron, –Digamos que tu tía y yo hablamos anoche y ahora todo esta mejor–, explicó Lincoln, –Es por eso que vine a hacer el desayuno, ¿no es así Lola?–

–¿En serio?–

–En serio–, respondió Lola, – Ahora, creo que estas aquí para ver a alguien más. Leia esta en su cuarto, ve a buscarla y dile que se prepare para desayunar–

Lois asintió y subió por las escaleras, yendo directamente al cuarto de Leia. Abrió la puerta y la encontró roncando y babeando la almohada, su prima era… algo especial a la hora de dormir. De alguna manera siempre se las arreglaba para quitarse la pijama y patear a cualquiera que estuviese cerca.

Se acercó a ella lentamente y picó la nariz hasta hacerla estornudar. Leia despertó desorientada buscando a sus padres.

–Buenos días dormilona–, la saludó Lois.

La rubia al ver a su prima cogió su cobertor y se cubrió de nuevo, –Oh, eres tú–, murmuró desde los confines de su cama.

Lois rodó los ojos y se sentó junto a su prima, –¿Sigues molesta por lo que pasó?–, le preguntó masajeando su espalda, –Si quieres, me iré ahora, aunque preferiría solucionar las cosas entre las dos–

Leia se sentó y negó con la cabeza.

–No quiero que te vayas–, le confesó a su prima, –Supongo que tenías que decirle a mis tías lo que estaba haciendo, no es como si tuvieses otra opción–

Lois se mordió los labios, ¿entonces eso sería todo?, ¿ya estaban bien?

Pues eso no parecía ser suficiente.

–¿Qué vas a hacer ahora que sabes que es tu papá?–

Leia se puso de pie y comenzó a vestirse, arrastrando con ella el cobertor y las sabanas, –¿Qué puedo hacer?, no es como si todo fuese a cambiar y además, el hombre prácticamente me ha tratado como su hija desde un inicio–

Lois por su parte recogió las prendas que su prima iba dejando en el piso y las fue acomodando una a una.

–Debe ser lindo, digo, siempre te preguntaste quién era tu verdadero padre. Debes sentirte muy afortunada…–

Leia la observó expectante y Lois tuvo que morderse la lengua. A veces detestaba no poder ser del todo honesta con su prima.

–¿Recuerdas cuando comenzamos a jugar?–

Leia le siguió la corriente a Lois, si no quería hablar de algo bien por ella, no la forzaría.

–Si, lo recuerdo–, contestó Leia, –Supongo que ya no lo haremos más–

Lois asintió de inmediato dando la espalda a su prima para que no viese el rubor que cubría sus mejillas. Todavía le provocaba pavor el que alguien más supiese en que consistían sus fantasías y el hecho de que parte de la familia tuviese acceso a ellas en nada ayudaba. Las había compartido con Leia por una y solo una razón. Confiaba en ella, confiaba en su prima porque las dos eran iguales.

Se puso a hacer la cama creyendo que al fin le diría adiós a sus sueños sobre Lincoln.

Que equivocada estaba…

–¿Qué es esto?–

Leia corrió a detenerla pero era demasiado tarde, –¡No es nada!–, protestó la rubia tratando de apartar a Lois, pero Lois era más fuerte que su prima y no tuvo problemas en mantenerla a raya.

–Lo hiciste–, susurró Lois, observando con horror las diminutas gotas de sangre y semen que de otro modo hubiesen pasado desapercibidas.

En su fantasía predilecta, Lincoln estaría recostado de espalda y ella estaría sobre él. Era muy simple salvo por un detalle. En todo momento él la vería, Lincoln observaría sus ojos, sus labios, su nariz, su cuello, sus pechos, su vientre. Lo vería todo y sabría que Lois era la mujer perfecta para él, la única mujer que podría hacerlo feliz.

Se sentía tan culpable al imaginarlo en la quietud de su habitación, mordiéndose los labios para mientras que imaginaba que sus dedos eran los dedos de Lincoln y que en la oscuridad, sus ojos la verían a ella y solo a ella.

–No es lo que crees, te lo juro–, suplicó Leia, –Tienes que creerme–

Era… patética, por creer que algo así funcionaría.

–Descuida… no le diré a nadie–, dijo Lois, –Debe haber un motivo detrás de todo esto, no sé… no sé que hayan hecho pero el ambiente aquí parece haber mejorado–

Sollozó mientras que su prima la abrazaba y le pedía perdón, era el peor dolor que alguna vez hubiese sentido y sin embargo, se sentía desconectada de su cuerpo. Contempló por última vez esa mancha, la olió, la palmó, la grabó en su memoria y se desmoronó por dentro.

Había sido derrotada desde un inicio y ni siquiera lo sabía.

–Tengo muchas preguntas Leia, pero eso puede esperar. Ahora vístete, nos esperan abajo para desayunar–

Debía salir de allí, tenía que...

–¿De verdad vas a guardar mi secreto?–

Leia la alcanzó antes de que pudiese abrir la puerta. Lois dio media vuelta y le sonrió sin alegría.

–Claro que si–, respondió con la voz resquebrajada, –Eres mi prima y te amo, quiero que seas feliz–

Leia guió a su prima al baño y la ayudó a limpiarse el rostro, luego, bajaron al comedor y le dijeron a los adultos que ya se habían reconciliado.

Las lagrimas fueron la cereza del pastel, pues las personas se permitían el llorar incluso en ocasiones felices, y la reconciliación de dos buenas amigas contaba como un momento feliz.

Al llegar la tarde Lois llamó a casa y se disculpó por no haber llamado antes, detalle que Luan y Maggie dejaron pasar debido a que ellas ya habían avisado a Lola de la llegada de su hija.

Todo parecía haber regresado a la normalidad, que era la impresión que los presentes trataban de sostener.

–¿También te vas Lois?–

Su tío sonreía, y a pesar de verse cansado parecía verdaderamente contento.

Tuvo que tragarse su resentimiento por temor a que Lincoln se diese cuenta de lo que sentía.

–Así es, ¿puedes darme un aventón a casa?, no quiero pedalear de regreso–

En pocos minutos se despidieron de Leia y Lola prometiendo que se verían pronto, y en el caso de Lincoln más pronto de a lo que Lois le gustaría.

Su bicicleta fue a dar a la parrilla del vehículo mientras que Lois eligió el asiento del copiloto, guardando entre sus cosas un regalo de parte de Leia.

–Ya esta, nos vemos mañana–

Leia pasó por alto la forma en que su prima se encogía en el asiento para evitar ser parte de esa escena. En cuanto el auto de Lincoln partió, madre e hija regresaron a su hogar.

–Mamá… –

–Esta bien amor–, prometió Lola, –Lo superaremos como una familia–

Fueron a la sala y se sentaron a ver televisión, estaban dando un especial del bote del amor en su aniversario con todas las felices parejas formadas, al menos las que seguían juntas.

Era un especial de apenas cuatro personas así que no duraría mucho, a menos que consiguiesen traer de regreso a todos los perdedores, entonces de pondría bueno.

–¿De verdad lo crees?–, preguntó Leia, –¿De verdad crees que estaremos bien?–

¿De verdad lo creía?, pues no, tenían mucho en contra, mas, no podía darse el lujo de rendirse, de ellos dependía el futuro de Leia.

–Te sorprenderías de lo mucho que una persona puede soportar a lo largo de su vida, tú padre es prueba viviente de eso–

Leia tendría que conformarse con esa respuesta para tratar de vivir su vida de la mejor manera posible, más ahora que tenía todo lo que deseaba. Se acurrucó junto a su madre y al poco rato se quedó dormida.

Ya de regreso en el área urbana de Royal Woods…

–¿Por qué estas tan seria?–

Trató de ahogar el rencor, de veras que lo intentó.

–Detén el carro–

–Pero ya estamos a punto de llegar–, protestó Lincoln, –¿Necesitas ir al baño?, o quizás olvidaste algo en casa de Lola porque si es así podemos ir de regreso–

La pequeña niña rencorosa golpeó el tablero del carro haciendo saltar a su tío.

–Detén el carro por favor–

Lincoln se estacionó a un costado y esperó a que Lois se calmase.

–Voy a preguntar una vez más, ¿de dónde salieron esas heridas que tienes en las muñecas?–

Lincoln comenzó a sudar. Después de que Lois fuese a buscar a Leia, Lola lo llevó al baño y vendó sus heridas. Creyó con ello que no levantaría más sospechas y que podrían dar ese asunto por superado.

–Fue un accidente–, contestó ante la incrédula mirada de Lois.

La joven se quitó el cinturón de seguridad y se giró para enfrentar a su tío.

–Última oportunidad, ¿de dónde salieron esas marcas?–

Lincoln se cruzó de brazos y negó con la cabeza, –¿Qué quieres que te diga?, fue un accidente. Nada más pasó–

Lois se cubrió el rostro y apretó los puños, –Ella siempre esta alardeando frente a todo el mundo–, dijo en un hilo de voz, –Sacándonos en cara su fantástica vida y tratándonos como si fuésemos menos. Es… es una niña terriblemente mimada y tú la alientas de todos modos–

–Eso no es cierto, yo me preocupo por todos ustedes–, se defendió Lincoln, –Y mucho más por ti–

–No es lo mismo–, gimió Lois frustrada, –Y nunca será lo mismo–

Afuera, los transeúntes apenas prestaban atención a lo que sucedía dentro del carro. Parecía ser un día común y corriente para todo el mundo salvo por los Loud.

Lois suspiró lentamente antes de buscar en su mochila el regalo de Leia.

–¿Sabías que fui yo la que empezó con ese juego?–, le confesó a su tío Lincoln con una sonrisa de autosuficiencia tan falsa como aquella que le dio a Leia al conocer su secreto, –Fue mi idea desde un principio, Leia solo participó al final–

Lincoln no podía salir de su estupor, –¿De qué juego estas hablando?–, preguntó, –¿Qué estabas haciendo con tu prima?–

Lois alzó un dedo y se apuntó a si misma.

–¿De dónde crees que sacó la idea de atarte a la cama?–

Lincoln palideció al encender el carro, pero Lois se le adelantó y detuvo su mano. No irían a ninguna parte.

–Se hace tarde, será mejor que te lleve a casa ahora mismo–, dijo él nervioso, –Las chicas deben estar esperándote, se preocuparan si te tardas demasiado–

Lois no escuchaba razones, se encaramó sobre Lincoln empujando sus pechos contra el rostro del peliblanco.

–¡Lois!–

La prefirió a ella, a esa molesta mocosa a la que nadie soportaba, ¿y esperaba que dejará las cosas así?, ¿que se diese por vencida?. Sus uñas se clavaron sobre los brazos de Lincoln haciéndolo aullar de dolor, una pareja que pasaba cerca los vio con curiosidad, pero dado que no era asunto de ellos se alejaron deprisa.

Lincoln trató de separarse de ella haciendo que la espalda de Lois fuese a dar contra la bocina. Solo entonces logró hacerla entrar en razón.

Al final, Lincoln tuvo que usar la palanca junto al asiento para hacer espacio y que Lois pudiese volver a su lugar. Encendió el auto esperando hacer un tiempo record en alcanzar la casa de su hermana, pero Lois, en un arranque de inmadurez había abierto la puerta y ya tenía un pie afuera.

–Por favor Lois, no hagas esto más complicado de lo que ya es–

Las manos de Lois temblaban cada vez que intentaba salir definitivamente del vehículo. Podía llegar por su cuenta en unos minutos usando la bicicleta, peor su tío…

–Lo compartí todo con ella, con la niña con la que nadie quería jugar. Mis secretos, mis sentimientos, ¡todo!–

Lincoln la agarró de un brazo, no tan fuerte como para hacerle daño, pero si lo suficiente como para darle a entender que hablaba en serio, que la estaba escuchando y que de ser por él nada cambiaría entre los dos.

Y la niña rencorosa recordó porque lo amaba tanto.

–Es injusto que te acapare por completo–, susurró Lois, –Sé… sé que es diferente, pero yo… yo también quería algo especial y ella me lo robó, ¿por qué tenía que robarse mi sueño?, ¿por qué?–

Le dolía escuchar hablar a su sobrina de ese modo. Lo que pasó con Leia fue… fue una terrible serie de acontecimientos de los que no culpaba a nadie. De ser por él no volverían a hablar de ese asunto aunque con toda honestidad, estaba seguro de que no podría evadirlo por siempre.

Lo que menos quería era arrastrar a alguien más junto con su persona.

–Eso fue un error, te lo juro, no pasó nada de lo que imaginas–

Lois lo vio con pena, –Se te nota cuando mientes–, le dijo, –No me mientas Lincoln–

Ante eso Lincoln no tenía defensa, tan solo le quedaba esperar por la reacción de su sobrina.

Lois cerró la puerta del copiloto y se recargó contra Lincoln, observando el sol de la tarde tornarse de un fiero naranja que encendía los cielos otoñales. Era un momento sublime junto a una de las personas a las que más amaba en toda la tierra y no podía disfrutarlo.

–Descuida, no tengo intención de revelar tu secreto. Leia es como una hermana para mi y a pesar de todo la amo–

Jamas podría ser una hija para Lincoln, y eso la hacía feliz. En cierto sentido era menos culpable que Leia.

Sin embargo seguía envidiando a su prima, la envidiaba tanto por tener el valor de realizar algo que ella jamas se atrevería a cumplir.

–Así que considero justo recibir el mismo amor de tu parte–

Con los dedos trazó el contorno de la camiseta de Lincoln. La tela arrugada estaba empapada de sudor pero eso a ella no le incomodaba.

–No podemos, no puedo–, dijo Lincoln de manera firme, –No voy a dejar que cometas el mismo error que mi hija–

Pobre Linky, ¿todavía creía que podía negarse?, era tan ingenuo…

–Mi silencio no es negociable–

Poco a poco, no había necesidad de apresurarse como Leia, no necesitaba hacerlo pues al final, tenía toda la ventaja que pudiese necesitar.

Le robaría algo pequeño al principio, y luego, lo tomaría por completo.

–Quiero un beso–

La petición sorprendió a Lincoln, pues era tan inocente que en un principio no le tomó el peso. Un beso era algo que podía manejar siempre y cuando pusiese limites.

Cerró los ojos y esperó a que Lois se acobardase a último minuto, y así pareció ser hasta que la muchacha le diese un breve beso en los labios, algo tan inocente que bien podría pasar por alto.

–¿Así esta bien?–, preguntó al abrir los ojos, viendo como Lois, sonrojada por completo sonreía nerviosamente.

–Así esta bien. Ahora, a casa–

Apenas tardaron unos minutos en llegar a su destino. Lincoln salió del carro y desmontó la bicicleta de la parrilla mientras que Lois ocultaba entre sus senos un teléfono apagado.

–No quiero que te sientas desplazada ni nada por el estilo–, le dijo Lincoln antes de tocar a la puerta, –Las chicas me dijeron que sigues teniendo problemas para hacer amigos, así que si un día necesitas hablar o lo que sea, quiero que sepas que cuentas conmigo–

Lois abrazó fuertemente a Lincoln frente a Maggie y Luan que se enternecieron al ver la escena.

–Gracias Lincy–, murmuró la joven llena de felicidad, –¡Eres el mejor tío del mundo!–

Luan y Maggie lo invitaron a pasar, sin embargo, se vio obligado a declinar la invitación. Su espalda estaba hecha añicos y necesitaba descansar con urgencia. Lois le prometió que lo llamaría en cuanto su castigo se terminase para después, correr a su habitación a cambiarse de ropa. Allí se puso a revisar su teléfono nuevo viendo el set de fotografías de Lincoln. No eran muchas pero bastarían para lo que tenía planeado.

Abrazó el aparato contra su seno y rememoró la calidez de los brazos de su amado, –Eres tan ingenuo Lincy–, susurró mientras tocaba sus labios, –Y es por eso que te amo–

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¿Qué es eso?–

El resto de la familia la evitaba como a la plaga, ¿y cómo culparlos?, la niña era de las más jóvenes junto con ella y lamentablemente de las más molestas, pero estaba sola, y eso le daba pena a la pequeña Lois que creía de corazón que nadie debería estar solo.

Mi diario de sueños–, contestó algo nerviosa al dejar a un lado su bolígrafo.

Leia parecía intrigada, al parecer, pensó Lois, alguien más en la familia tenía intereses similares a los suyos.

¿Puedo ver?–

Iba a contestar antes de que la pequeña le robase su diario y lo leyese sin su permiso. Lois se cubrió la boca aterrada, esperando que la niña saliese corriendo mientras le contaba a todo el mundo sus secretos.

En lugar de ello se quedó en silencio, absorta en cada una de las paginas y las palabras que desfilaban ante sus ojos.

Todo esto es sobre el tío Lincoln–

¿Era intriga lo que leía en Leia?, ¡al fin alguien con quien compartir lo que a ella le gustaba!, pero antes, debía estar segura de que podía confiar en su prima.

No puedes contarle a nadie–, susurró, –Y si lo haces nunca más seremos familia–

Leia lejos de parecer intimidada se sentó junto a Lois y comenzó a jugar con sus coletas, –Así que… ¿Te gusta Linky?–

Lois asintió tímidamente, ganándose la aprobación por parte de su prima.

No soy la única–, suspiró Leia viendo de un lado al otro, –Contigo, ya somos dos, pero podrían haber más–

Esto último tenía sin cuidado a Lois, porque si bien todas sus primas querían a Lincoln solo ella lo quería de esa forma especial.

Y ahora tenía a alguien para compartir sus sentimientos.

¿Quieres leer más?–

Se sentía tan bien el tener a alguien en quien confiar…

Lo amo–

El mundo era ideal en ese entonces, cuando sus fantasías de niña eran apenas unas notas de tinta impresas en papel, mucho antes de que la amargura de los adultos pudiese alcanzarlas.

Pues que mala suerte, porque Linky será mio–

Su inocencia moriría de a poco al descubrir cosas sobre si misma que nadie más debía conocer, matando con los años aquella parte risueña de su ser, ¿pero qué más daba?, pasaría tarde o temprano y siempre y cuando tuviese aquella fracción de secretos estaría a salvo.

Los mismos secretos que compartiría con otra niña solitaria y que serían su ruina.

Ya veremos a quien prefiere–

Ambas rieron en complicidad, sin saber lo que les deparaba el futuro.

A la sombra de la pequeña con el corazón roto, una niña igual de miserable se moría de envidia.

¿Quieres que seamos mejores amigas?–

¡Sí!, siempre he querido una mejor amiga–

A la sombra de la pequeña con el corazón roto, una pequeña abominación crecía y crecía sin control.

¡Las mejores amigas por siempre!–

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Capítulo eterno, pero acá lo tenemos

Ok, ¿quién debería ser la siguiente víctima?