Lois

Sin fines de lucro.

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–Ladra–

Su piel ardía, en especial en la zona de su espalda baja, alrededor de sus caderas y en sus nalgas.

–Te dije que ladraras–

La idea la tuvo el día de ayer, cuando visitaron a la tía Lana y vieron a los cachorros recién nacidos, era un precioso grupo que la amante de los animales había rescatado de un vertedero después de escucharlos llorar y descubrir a la madre muerta a un lado del camino. Lana no se lo pensó dos veces y los trajo a todos y a cada uno a casa, y luego reclutó a sus sobrinas para que la ayudasen. El resultado fueron seis perritos de un precioso pelaje negro azabache que eran la nueva adición a la familia, al menos hasta que les encontrase un nuevo hogar.

El cómo algo tan tierno e inocente acabó por convertirse en ese juego era otra muestra de la absoluta depravación que ahora empañaba su alma.

–No… no más… no por favor… –

La correa alrededor de su cuello se tensó a la vez que la pesada mano de Lincoln hizo resonar su trasero hasta sacarle lagrimas, cayendo de forma estruendosa sobre la tierna piel enrojecida.

–¡Auf, auf, auf!–

Los dedos cubiertos de cayos fueron a reposar entre sus muslos, peligrosamente cerca de su empapada ropa interior, llenándola de vergüenza.

El segundo orgasmo del día y apenas habían comenzado.

–No me convences, quizás, necesitas otra clase de incentivo–

Lois gruñó por la frustración, y mordiéndose los labios, siguió a Lincoln de rodillas, al igual que si de un perro se tratase mientras que él tiraba de la correa y la regañaba por ser una mascota demasiado mimada. Ella, como en otras ocasiones, se degustaba del retorcido afecto instigado en su amado tío, obedeciendo al pie de la letra sus instrucciones.

Todos los meses reservaba una noche para visitarlo, haciendo coincidir la fecha de modo tal que nadie fuese a interrumpirlos. Su juego se extendía por un poco más de un par de años en los que recreó cada boba fantasía que su loca cabeza podía conjurar, y en cuanto se quedó sin las ideas que compartía con Leia, comenzó a inventar nuevas cosas, descendiendo con cada letra y palabra un poco más, embriagándose con su ciega obsesión por el hombre de cabello blanco y todo esto bajos las narices de su familia, que creyendo ver el final de un largo y tortuoso conflicto no dudaron siquiera un segundo de que ya no quedaban cabos sueltos. La paz aparente, por tanto, regresó a la extensa familia Loud llenando a todo el mundo de la clase de complacencia que eludía a Lois, quien seguía insatisfecha por haber sido ignorada,

Aunque claro, eso no duraría mucho tiempo, nadie podía arrebatarle a Lincoln.

–Aquí estamos, ahora, al piso y rueda hasta quedar de espalda–

Obedeció sin chistar, con la lengua afuera y jadeando mientras que la grama fría y húmeda del patio empapaba su blusa abierta. Con las piernas abiertas y los brazos pegados al cuerpo, trató de imitar a uno de los cachorros que esperaba recibir algo de afecto. Ese mismo día Lincoln llegó a ayudar a la tía Lana, e incluso adoptó a uno de los chicos al que llamó Jack, por el parche de pelo blanco que decoraba su ojo izquierdo.

–Vuelve a ladrar, y esta vez hazlo bien–

Lois respiró profundamente, odiando el roce de sus pezones contra la tela asfixiante de su sostén deportivo el cual comenzó a usar cuando las miradas de sus compañeros de clases se volvieron demasiado insistentes para su gusto.

Pero para Lincoln no existían los mismos límites, él eligió dejarla así para verla retorcerse y Lois estaba amando cada segundo bajo su atenta mirada.

–¡Raf, raf!–, ladró, sacudiendo las caderas de forma patética, –¡Raf, raf!–, gimiendo, y tratando de moverse más cerca, más cerca hasta que pudo lamer sus dedos los que colgaban holgadamente junto con la correa, la cual volvió a tensarse para robarle el aliento.

Lincoln la observó detenidamente, y luego comenzó a jugar con ella, acariciando su barriga con especial cuidado. Un par de gemidos después, un "te amo", y Lincoln la había abofeteado, –¿Quién te dio permiso para hablar?–, cuestionó con disgusto, a lo que Lois solo pudo responder con un grito ahogado.

–¿Qué clase de perra se excita con una bofetada?–

La joven sintió sus ojos llenarse de lagrimas y su entrepierna prácticamente arder, ¿qué clase de perra se excitaría con eso?, ¿qué clase de mujer querría ser humillada y castigada de forma constante por la persona a la que amaba?

Pues la misma que vivía una doble vida, Judas para la chica que era prácticamente su propia hermana, su mejor amiga y su confidente.

–Más… –, rogó en un hilo de voz, –Por favor Linky, lo necesito–

Sabía que con cada mes en que lo celaba perdía un poco más de su humanidad y sacrificaba parte del alma de Lincoln, podía notarlo en su semblante cansado y el constante retumbar de su pecho que se estremecía a cada mención de Lola y Leia.

Le había destrozado el corazón, y no sabía cómo parar.

–Linky… –

El quiebre, en toda su hermosa gloria llegó en un abrir y cerrar de ojos, y su sujetador destrozado de forma cruda al igual que sus bragas, el miembro erecto de Lincoln a centímetros de su rostro y su virtud embrutecida.

–Perdoname Lois, te volví a fallar–

La lastimó tal y como ella ansiaba, arrastrándola de regreso a la casa mientras que ella luchaba por seguirle el paso, desnuda, expuesta, acabada.

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No podemos hacer eso Lois, sabes que no es correcto–

La pequeña no atendía a razones, no le importaban las consecuencias, le daba igual lo que podría pasar.

¿Quieres que le diga a todo el mundo lo que hiciste?–

Ya había distendido ese asunto por mucho tiempo, ofreciendo siempre excusas, manteniendo la distancia. Sabía de antemano que las chicas no aprobaban el que pasase tanto tiempo con Lois pero por otra parte, no quería hacerle más daño, no deseaba que se sintiese rechazada, más ahora que al fin podía pasar más tiempo con Leia y con Lola.

Lois, te lo ruego, no me fuerces a hacer esto–

La joven se cruzó de brazos con una mueca indiferente, –Yo tampoco quiero hacerte daño, y sé que lo que pasó con Leia no fue tu culpa, pero nadie, ninguna persona aparte de nosotras lo verá así–

Al decir esto, comenzó a pasearse alrededor de él, sacando de su escote un teléfono que nunca antes había visto.

Siempre me has dicho que me amas, cuando los chicos de mi clase me molestaban, cuando las chicas se burlaron de mi, tú fuiste el primero en ayudarme–

Entonces entiendes porqué no puedo hacer esto–, se defendió, –Lo que pasó con Leia fue… fue algo que jamas debería haber sucedido–

No tienes idea de lo mucho que me arrepiento por no haber intervenido antes–, terminó de decir Lincoln.

Lois sintió una punzada en el corazón al abrir nuevamente esa herida, o quizás… quizás jamas se cerró, tal vez seguiría abierta por el resto de sus días.

Conociendo a Lincoln, estaba segura de que jamas lo superaría.

Volvamos a ser como antes–, pidió Lincoln, –Ya verás que todo estará bien, volveremos a ser una familia y todo esto quedará en el pasado–

¿Cómo antes?, Lois no quería volver a como eran las cosas antes, ya no era posible vivir en esa realidad llena de engaños, sin importar lo reconfortante que fuese.

Sencillamente se negaba a aceptar un mundo en el que barriesen todo bajo la alfombra, se negaba a aceptar una realidad en la que Leia le arrebataba sus sueños y salía impune.

No, no lo aceptaría, jamas lo haría.

Estamos solos–, susurró ella mientras comenzaba a quitarse la ropa.

Lincoln intentó detenerla, pero Lois interpuso el teléfono y le enseñó las fotos.

¿Qué se supone que es esto?–, preguntó él, –¿Por qué tienes esas fotos Lois?–

Son del día en que te descubrí, las saque mientras me dabas mi primer beso–, le dijo Lois mientras deslizaba su falda hasta el suelo, –Las tenía para sobornarte, y las borrare en cuanto me des lo que quiero–

Nunca antes esperó que su tierna sobrina fuese a comportarse así, pero nuevamente, muchas cosas que jamas esperó terminaron por ocurrir.

Estas castigándome, ¿no es así?, por todo lo que he hecho–

Lois le ofreció una mirada de simpatía mientras se deshacía en explicaciones, confesando todas esas cosas atroces que hizo en su juventud, cada pequeño pecado, cada horrendo crimen, todo con lujo de detalles incluyendo el homicidio de un par de personas. El hombre amable y paciente, bondadoso y algo torpe al que idealizaba, de pie frente a un hombre moribundo, ufanándose de su victoria hasta estar seguro que la vida de aquel que a traición le arrebató su familia se hubiese extinguido.

Su Lincoln, al que amaba de forma fervorosa era un homicida.

Te perdono tío Lincoln–

Esas palabras lograron sacarlo del abismo en el que se hallaba, sorprendiéndolo tanto como a Lois.

Te perdono Lincoln–

Tal vez, ese fue el momento que cambió de forma definitiva la percepción de Lois sobre su tío. Ahora, veía más allá del carismático personaje que siempre tenía tiempo para su familia, el mismo que todos esperaban conociese pronto a alguien porque era tan triste el verlo seguir el mismo camino de la tía Ruth, solo que en realidad, Lois era sumamente egoísta y no quería compartir a Lincoln con nadie más, nadie salvo Leia y Leia la había traicionado.

Borraré las fotos, y no le diré a nadie–

Lincoln asintió despacio, sintiendo que el peso en su alma disminuía, –Gracias–, susurró, –Pero lo que hice no tiene perdón Lois, no puedo borrar el hecho de que mis manos están manchadas de sangre–

La habitación quedó en silencio, aún faltaban horas para que Luan y Maggie volviesen del teatro. Debía preparar algo de comer, y asegurarse de que Lois se fuese a la cama a una hora prudente, debía sacar la basura aunque las chicas le pidieron que no lo hiciera porque esa era tarea de Lois, ¿pero qué era un tío sino alguien que consentía a sus sobrinos?, y además… además… ¿Cómo se puede sobrevivir tantos años sabiendo que la retribución estaba a la vuelta de la esquina?, ¿cómo soportar la existencia siendo un monstruo?, porque eso era, no existía una mejor descripción a su consciencia que libre de toda culpa lo dejó abandonar la escena del crimen e ignorar que junto a su rival yacía una mujer inocente que esperaba un bebé.

Lola, Leia y ahora Lois, el ver como sus almas eran empañadas por la misma naturaleza retorcida que era la sangre de Lincoln Loud era el peor castigo que pudiese existir.

Algo en extremo liviano le golpeó el rostro, suave y cálido con una marcada esencia de coco.

El sujetador de Lois.

Su falta, su blusa y el cardigan naranja que usaba fueron al dar al suelo, quedando ella en sandalias y bragas.

¿Por qué no te vistes?–

No hay necesidad–, respondió ella, –Mamá tiene cámaras instaladas por toda la casa en caso de que pase algo divertido o entre un ladrón, pero yo sé como arreglarlas para que no me molesten cuando quiero estar a solas. Ahora mismo hay una grabación vieja de los dos cenando, es bastante aburrida por lo que no va a darse cuenta del cambio–

Vístete por favor–, rogó Lincoln, –Lois, no sé lo que quieras lograr, pero esto tiene que parar ahora–

No quiero–, dijo la muchacha como si nada, –Te dije que estas perdonado, pero eso no significa que me haya rendido–

Diciendo esto, se encaminó a la cocina y se sentó sobre la mesa con las piernas abiertas.

Voy a quitar la repetición, y dejaré que me graben como estoy ahora–

¿Por qué?–, preguntó Lincoln desesperado, –¿Tienes alguna idea de lo que va a pasar si te ven así?–

Lois asintió tranquilamente, –Pues me imagino que van a gritarme, y de seguro me enviaran con un loquero y tendré que decirle que estoy enamorada de mi tío. Posiblemente no vuelva a verte, al menos no a solas–

Lincoln sacudió la cabeza y comenzó a recoger la ropa, –Vas a vestirte y luego arreglaremos lo de las cámaras, y después… después hablaré con Luan y Maggie y resolveremos esto–

Debía de existir el modo, ¿verdad?, todavía estaba a tiempo de salvar a Lois, todavía podía convencerla de que estaba cometiendo un error y que lo mejor era olvidar esas locas fantasías.

Y claro, en cuanto me pregunten qué me llevó a actuar así, les diré que tenía un diario en el que escribía todas mis fantasías sobre ti, y quién sabe, tal vez terminen por escuchar sobre Leia–

Eso detuvo a Lincoln en seco.

¿Leia?, pero creí… me dijiste que no ibas a decirle a nadie–

Lois suspiró tranquilamente antes de apuntar a su tío, –No te importa lo que pase conmigo, siempre que tu hija este a salvo–

Ya te dije que las amo a las dos–, rebatió Lincoln, –Y lo de Leia no esta olvidado, buscaremos ayuda, ya hablé con su madre para eso–

La muchacha resopló por la nariz, –Típico, la princesita del tío Lincoln siempre se sale con la suya, "quiero ir adelante Linky", "eres mi favorito Linky", "te amo tío Linky", ¡Linky!, ¡Linky!, ¡Linky!–

Lois hizo que su voz se volviese chillona e irritante, imitando los berrinches de Leia, paseándose de un lado al otro ante la desesperada mirada de Lincoln.

Siempre es lo mismo con ella, siempre es lo mismo con todas y a mi me dejas de lado, ¿por qué me ignoras Lincoln?, ¿por qué la prefieres siempre?, ¿por qué a ella y no a mi?–

Daba pisotones, se tiraba el cabello y lloraba sin control,

Lo siento pequeña–

Los brazos de Lincoln siempre lograban calmarla, entre ellos se sentía a salvo.

Lo siento Lois, de verdad que he tratado de ser una buena influencia, pero al parecer todo lo que hago es lastimarte–

Se abrazó al pecho de Lincoln y cerró los ojos sin saber qué decir, sintiéndose sumamente avergonzada de ese exabrupto. La verdad, ya no estaba tan segura de seguir adelante, ya no quería arriesgar más porque al menos… si se rendía ahora, lo seguiría teniendo, y quizás a futuro aprendería a superarlo.

¿Podrías perdonarme?–

Lois sacudió la cabeza, claro que lo perdonaba, en realidad, nunca estuvo enojada con él.

¡No hay nada que perdonar Linky!–, le dijo sin separarse de él, –Yo… yo… –

El teléfono de Lincoln sonó, pero él no contestó, sin embargo, Lois creía saber de quién provenía la llamada, y por la expresión nerviosa de Lincoln al contestar estaba segura de tener la razón. La voz característica de su prima, como siempre, le robaba toda la atención de su tío, como de costumbre, como siempre.

Debía resignarse a perder, porque ella no era la preferida, no, no lo era. Lois era la chica fea que siempre pasaba a segundo plano, la chica aburrida a la que solo miraban por sus pechos, como si se tratase de un trozo de carne sin sentimientos.

Y los rumores… los horribles rumores sobre ella, las cosas que sus compañeras decían a sus espaldas, las cosas que se suponía nadie debía de conocer.

Lo que Lincoln estuvo a punto de ver.

La crueldad manifiesta poseyó sus labios para aplastar a Lincoln, con fingida ternura, Lois acarició el rostro de su tío antes de destrozar su corazón en mil pedazos.

Ella te violó y aún así la perdonas–

Lincoln dejó caer el teléfono cortando apenas unos segundos antes la llamada.

¿Qué fue lo que dijiste Lois?–

Lo que escuchaste, que tu princesita te violó, y tú la perdonaste–

El peliblanco se alejó de Lois arrojando la ropa al suelo, –No, eso fue un error, ella… ella no sabía lo que estaba haciendo, estaba confundida, estaba… Leia estaba… –

Lois sonrió con crueldad y le cerró el paso a Lincoln, –Excusas, excusas y más excusas–, río ella, –La princesita de papá es perfecta, y puede hacer todo lo que quiera sin sufrir las consecuencias–

Lincoln no tenía idea de la clase de pesadilla que se estaba desenvolviendo ante sus ojos, –Siempre, siempre la protegí de los demás, siempre la cuidé, le di el favor, la escuchaba cuando nadie más quería hacerlo y ahora… ¡pero eso a ti no te importa!–, exclamó Lois, –¡La perfecta y hermosa Leia puede hacer todo lo que quiera mientras que yo tengo que quedarme callada como una tonta!–

En su hermoso y estrepitoso quiebre, Lois había hallado la misma clase de oscuridad que envenenó a su prima al descubrir el secreto de su concepción, y actuó acorde a ello.

Quiero que te largues–, murmuró Lois, –Borraré todo, tan solo… no quiero volver a verte–

Lincoln asintió cabizbajo y salió de la casa, se sentó afuera y se puso a esperar.

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–¿Duele mucho?–

Lois sacudió la cabeza y apretó los dientes, no podía hablar.

–Te dije que no estabas listas–, suspiró Lincoln, –Iré más lento–

Un poco de loción, uno, dos dedos. Lois contuvo el aliento hasta que Lincoln le ordenó relajarse y así, permitir la entrada de un tercer dígito en su interior, con el movimiento tenue para que dilatase logró que Lois se relajase.

La posición otro asunto, estaba apoyada en sus rodillas y sus codos, con los ojos vendados y la lengua afuera.

–¿Tienes idea de lo obscena que te ves?–, se burló Lincoln antes de sacar los dedos y darle un par de fuertes nalgadas, –Aquí estas babeando sobre mi cama, con el rostro embarrado y completamente a mi merced–

Dado que a la mascota se le tenía prohibido hablar, tuvo que contentarse con jadear, gruñir y gemir para darse a entender.

–Probaremos de nuevo, a ver si ahora puedo usar este agujero que me obsequiaste–

–¡AUF!–

Lincoln apoyó su verga entre las nalgas de Lois, que finalmente lo recibían.

–Mi perrita esta ansiosa–, rió al penetrarla, lentamente, con cuidado a pesar de sus duras palabras.

Lois comenzó a quejarse, pero un firme tirón de la correa la puso en calma, –Ya deja de luchar–, susurró Lincoln forzando su camino, atravesando la carne de la joven que se regodeaba en el control absoluto que su amado tenía sobre ella.

–Buena chica–, la felicitó a mitad de camino, –Estoy orgulloso de ti–

La joven se estremeció por completo, temblando débilmente mientras que una nueva oleada de placer la hacía acabar sobre la cama.

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Ni siquiera media hora había pasado para que Lois abandonase la casa y Lincoln la encontrase en la entrada.

¿Adónde crees que vas?–

Su sobrina… su Lois… ¿qué había pasado con ella?

Tengo una cita, así que si no te molesta me estorbas–

Esa que estaba de pie frente a él no era la misma chica dulce que conocía, porque su Lois jamas se vestiría de ese modo, ni lo trataría con esa actitud.

No puedes salir así, es más, no tienes permiso–

Lois pasó a su lado de todos modos, golpeándolo con un bolso que Lola le había obsequiado, –Tú no eres mi padre, así que mejor ve a cuidar a la "princesita", que yo ya no te necesito–

Un auto aparcó a la entrada de la casa, con un grupo de chicos que obviamente no eran de la secundaría a la que asistía Lois. El instinto protector de Lincoln se encendió de inmediato, así que se puso de pie y marchó hasta adelantarse a Lois.

Comentarios como "hay viene la pechugona Loud", o "la frígida finalmente cedió" fueron lo más suave que alcanzó a escuchar antes de que el vaho asqueroso del vehículo lo golpease de lleno.

¿Quiénes son y qué hacen aquí?–

Mis nuevos amigos–, respondió Lois, –Siempre me están invitando a salir y decidí aceptar, es mucho mejor que pasar tiempo con un perdedor como tú–

Un "ohhhhhh" colectivo surgió del vehículo mientras que las risas de los chicos retumbaban junto a la música.

No me esperes despierto–, murmuró Lois al abrir la puerta del carro, –Y si preguntan por mi, pues diles lo que quieras, yo ya no soy tu problema Lincoln–

Lincoln estaba congelado, ¿qué acaso eso no había sucedido antes?, ahora que lo recordaba, Lola conoció a ese tipo del mismo modo, después de una pelea en la que ella decidió darle una lección saliendo con un hombre que sabía de antemano le desagradaría a Lincoln, y tal como en aquella ocasión su cuerpo se rehusaba a moverse.

Iba a perder a Lois, su Lois…

Las imágenes de las dos se entremezclaron, y allí estaba Lincoln, muchos años más joven e igual de indefenso, dejando que una persona a la que amaba lo castigase por su indecisión.

Vio el rostro de Lois, y al igual que Lola en aquella ocasión, una tristeza profunda se apoderó de sus facciones.

De un momento al otro las risas y las burlas pasaron a segundo plano, la voz ensombrecida de Lola respondiendo a una broma de mal gusto, la decepción asfixiante de Lois al verse desplazada, los silbidos, el estruendo y su propio corazón deteniéndose al escuchar el click de la puerta al cerrarse.

Una mano que se posaba sobre el escote de Lois.

Otra, que iba a su entrepierna.

Lola, pidiendo que fuese a buscarla.

¿Lincoln?–

El momento en que abrió la puerta, la sujetó de los hombros y la alejó del carro significó la liberación de uno de los muchos traumas con los que cargaba. Lois retrocedió al escuchar el aullido de dolor de uno de los tipos que decía tener la mano rota mientras que otro que intentó salir, se cubría la nariz de forma inútil. En apenas cinco minutos el rastro de goma quemada de la huella pasó a segundo plano, junto con las amenazas de un grupo de chicos que no tenían idea de lo que enfrentaban. Lincoln la cargó en brazos y solo entonces Lois notó que sus nudillos estaban rotos.

Yo… yo haré lo que quieras–, dijo Lincoln entre bocanadas de aire, –Pero no vuelvas a hacer algo así, no quiero perderte Lois, no soportaría perderte a ti también–

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Era retribución, Lois ansiaba expiar su culpa y él cumplía con sus demandas. El que el ejecutor fuese un pecador irremediable no era otra cosa que el retorcido sentido del humor del universo.

–Hola a todos, mi nombre es Lincoln Loud e iré al infierno–, bromeó el peliblanco para su público invisible.

–¿Dijiste algo?–

Lois seguía de rodillas en el piso, de seguro cansada después de hacer tanto ejercicio y sin embargo, Lincoln sabía que no estaba lista.

–No recuerdo haberte dado permiso para hablar–

Eso la silenció de inmediato, aunque por la expresión de su rostro, seguía preocupada.

–¿Quieres detenerte?–

Lois negó con la cabeza, y Lincoln, resignado, la arrojó de regreso sobre la cama.

Sabía de antemano que Lois despertaría después y que la culpa corroería su alma, que sentiría sobre sus hombros el peso de la traición del mismo modo en que Lincoln lo sentía desde que perdiese a Lola. Era retribución solo en apariencia, pues en realidad, lo que allí existía era una válvula de escape para darle sentido al dolor de Lois.

Lois ansiaba el ser castigada, y el castigar a Lois era una de las muchas condenas que Lincoln debía purgar.

Sigues siendo un monstruo–, susurró su traicionero yo interno, –No has cambiado Loud, jamas cambiarás–

–Más duro Linky, más fuerte–

Jamas huiría de esa pesadilla, en la que todo lo que amaba acababa por corromperse.

En susurros entrecortados y el palpitar errático de aquel pecho que se agitaba a la menor mención de su nombre, una jaula de carne enfundada en secretos.

–Lois… ¿de verdad me perdonas?–

Fue más profundo, más fuerte, con el rencor que amenazaba consumirlo cada frustrante día, la soledad que lo siguió por años súbitamente rota y su familia resquebrajada y expuesta. Todo lo que siempre quiso al fin lo tenía, en esa versión enfermiza de la que no podía alejarse.

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Una vez que este adentro, no hay vuelta atrás–

No sería en la mesa de la cocina, al menos no todavía, y tampoco en el cuarto de sus madres por tentador que fuese.

La ducha presentaba demasiados desafíos.

El garaje estaba sucio, y habían arañas, muchas arañas.

Su habitación en cambio era perfecta, allí, pasó la mayor parte de sus mejores momentos con su diario de sueños, allí, compartió sus secretos con Leia y le hizo jurar el no revelar a nadie lo que pasaba por su cabeza.

Era el lugar adecuado para cumplir con ese rito de adultez.

Hay hombres mucho mejores que yo, o mujeres, aunque no creo que ese sea tu caso–

Lois se preguntó un par de veces como sería "experimentar" con una de sus amigas, pero a decir verdad, no tenía tantas amigas y de todos modos no confiaba lo suficiente en ninguna de ellas como para explorar algo distinto. Lois, desde que comenzó a sentir esa clase de apetito aprendió a contentarse con una fantasía laboriosamente construida.

Su realidad llegó de golpe, con un príncipe azul despojado de sus colores, su reino y su destino.

Si te arrepientes a mitad de camino esta bien, podemos parar y no hablar más del asunto–

No quiero a otra persona, solo te quiero a ti, al menos una vez, la primera vez–

Descendió entre sus piernas, hasta que Lois solo pudo ver parte de la cresta blanca en la que se curvaba su cabello. Seguía estando nerviosa por lo que Lincoln diría al verla completamente desnuda, temiendo que se alejase al ver su imperfecta anatomía.

Por favor dime que no lo odias–

Labios cálidos, y el roce áspero de su mentón. Lincoln besaba sus muslos, su entrepierna, su vientre. Todo cuanto existía en su persona recibía la atención completa de aquel hombre.

Si lo odiase no estaría haciendo esto–

Al momento en que sintió su lengua barrer la carne virgen, Lois clavó sus uñas en el cobertor y dio un gemido ahogado de placer, los dedos de sus pies se curvaron una y otra vez conforme pasaba el tiempo, convirtiendo a la adolescente en un manojo de nervios expuestos que apenas registraba lo que sucedía a su alrededor.

Lincoln se alejó de su entrepierna por un instante, subió hasta sus pechos y les dio la misma atención y luego se irguió frente a Lois.

¿Quieres seguir con esto?–

Lois asintió rápidamente, –¡Si!, quiero… quiero que lo hagamos ahora tío Linky–

Y así fue como Lincoln Loud condenó su alma nuevamente, con la sangre tibia de Lois deslizándose entre sus piernas y los labios rojos y pecaminosos que serían su pasaje de ida al abismo.

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–Te amo Lincoln, te amo tanto, te amo te amo te amo… –

Limpió la saliva de la comisura de sus labios y se acurrucó junto a ella en un set de cobijas limpias. Como en ocasiones anteriores, tenía gran cuidado de preparar todo lo necesario para cuidar de Lois con tal de que estuviese cómoda al acabar.

–Espero que el otro mes piense en algo menos extremo–, murmuró mientras olía el cabello de la adolescente, –Me pregunto por qué te gusta tanto hacerlo así–

–Sigo despierta–, anunció Lois con un bostezo mientras se giraba, –Vaya que fuiste duro–, rió, –Voy a necesitar toda la semana para recuperarme–

–Lo siento–, se disculpó Lincoln avergonzado.

Lois desvió la mirada y se pegó a Lincoln hasta que sus labios quedaron cerca del oído del peliblanco.

–Me gusta que me castigues–, le confesó.

Lincoln parpadeó intrigado, se montó sobre Lois y comenzó a besar sus pechos.

–Sé…. Haaaa… sé lo mucho que te duele mentir, y que no es fácil lidiar conmigo–

Ese era el modo de hacerla hablar, a Lois en realidad le gustaba recibir atención de su parte, le encantaba que Lincoln jugase con ella y la hiciese sentir bien.

–Y también sé, ¡oh dios!, sé… sé que jamas vas a recriminarme el ser como soy, y que si esto más fuerte por favor… bueno, como decía, si esto se supiese asumirías toda la culpa–

Lincoln se detuvo para dejarla terminar, Lois, algo decepcionada, desvió la mirada y siguió hablando.

–Ese día… ya sabes, cuando le rompiste la cara a ese tipo… al verte, fue mejor que cualquier cosa que pudiese haber imaginado–

Y allí estaba nuevamente, ese Lincoln que la cargó de regreso a casa y lejos de una de las peores decisiones que pudiese haber tomado, el mismo Lincoln que para complacer sus caprichos renunciaba a si mismo de forma constante.

–Quiero sentirme al igual que en aquella ocasión, quiero sentir que te pertenezco–, confesó Lois perdiendo el aliento, –Porque yo soy tuya Lincoln–

Estaba completamente sonrojada, y no era para menos considerando que había hecho de todo para sepultar las heridas abiertas en esa ocasión.

–Así que… ¿volverás a castigarme Lincoln?–

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Despertó en medio de la noche, con Lincoln completamente dormido a su lado, congelado bajo las constelaciones azuladas de pegatinas que decoraban el techo de su habitación. Lois trató de ponerse de pie, pero un dolor agudo la forzó a volver a la cama.

¿Qué diantres?–, se preguntó molesta antes de revisar su entrepierna y descubrir que en efecto, ya no era virgen.

Una retorcida sonrisa se apoderó de su rostro, –¡Si!–, exclamó antes de cubrirse la boca, –Al fin lo hice con Lincoln, y fue… fue… –

Lo siento–

"Maravillo, sublime, esplendido", todas grandes palabras, todas y cada una de ellas completamente huecas.

Lola, Leia, volví a fallar, volví a hacerlo–

Lois había logrado lo mismo que su prima y sin siquiera darse cuenta.

Perdoname dios–, sollozó Lincoln, –¡Oh dios!, no… no puedo pasar por esto de nuevo, no con ella…–

La joven se sentó junto a Lincoln y lo sacudió de los hombros, ¿pero qué le diría al despertar?, ¿qué lo sentía?, ¿qué estaba arrepentida?, en cierto sentido era lo correcto, mas, no era lo que sentía.

Lois se dio cuenta de lo horrible que eran sus celos y que en realidad, no era diferente a Leia, pero… estaba a tiempo, a tiempo de pedir perdón.

Sin embargo Lincoln estaba demasiado cansado y en las pesadillas recurrentes que plagaban sus noches, la voz de Lois era apenas un murmullo.

Pedir perdón no sería suficiente, debía de hacer más, debía sufrir.

Castigame por favor–

La desesperación la devoró rápidamente, destrozando su ya endeble fachada y reduciéndola a una patética niña envidiosa que al fin obtenía lo que quería, solo para darse cuenta de que estaba irreparablemente dañado.

Castigame, hiéreme, hazme pagar–, le pidió a Lincoln al borde de las lagrimas, –Golpéame, humíllame, haz algo, por favor Linky, cualquier cosa con tal de que me perdones–

Lo que le había dicho, el como lo había tratado, ¿eso sería lo primero en su mente al despertar?, ¿eso se llevaría a casa al día siguiente, al visitar a Leia y a la tía Lola y hasta la noche siguiente para que volviese a torturar su consciencia?

Lincoln…–

Lois, por primera vez en mucho tiempo se sintió realmente sola, pues había empujado a dos de las personas más cercanas a su corazón a la intemperie, los había despreciado y los había dañado de por vida.

Se abrazó a si misma y se pegó al respaldar de su cama, en donde Lincoln la encontró al despertar.

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Un extra que no tiene un verdadero motivo de ser, salvo que lo tenía hecho a pesar de que en realidad, esto no pasaría en la historia y existe porque si