Colores como cuerpos.

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Cada ser, cada individuo, es un mundo distinto. Para mí, también son colores.

Todos hemos sido niños alguna vez, hemos sido inocentes durante la infancia.

La infancia marca en algún punto lo que somos hoy en día, deja huellas que continúan vigentes.

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Soy una persona visual, demasiado para ser precisos. Siempre recuerdo lo vivido en colores, a veces pueden ser alegres y llamativos, otros oscuros, sombríos y grises.

Cada recuerdo, es como una pincelada sobre un lienzo. La imagen puede ser bella, otras, simplemente terrorífica.

He tenido tantas experiencias, del ayer, en el hoy y pienso en las que deseo tener en el mañana.

Recordar mi infancia siempre me llena de emoción. A pesar que no suelo hacerlo muy seguido, en pocas palabras, no es algo que haga todos los días, al menos no profundamente como lo hago hoy 14 de febrero.

Se preguntarán que fue lo que me llevo a ver algunos momentos de mi vida, si a verlos; porque cada recuerdo, viene a mi mente como una escena de una película que viví, donde el protagonista principal soy yo. Pienso que es la fecha.

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Cuando tenía 14 años y los celulares eran lo más novedoso que existía, mi padre no accedió a comprarme uno.

La verdad es que esos celulares, parecían una moda pasajera, pero no fue así. De ser grandes como tabiques, hoy existen unos tan delgados como un carnet.

En aquella ocasión, mi madre sí quería que me lo comprara, pero mi padre no la escucho y le dijo que era yo un hijo caprichoso.

- ¿Por qué se lo tenemos que comprar, ¿eh? -

Le dijo a mi madre en tono hosco.

- No necesita más que abrir la boca para pedir algo y tú ya te pones bajo sus órdenes -

Mi padre se excusó diciendo que ni mi hermano y menos yo, teníamos ningún respeto por el dinero, que, si siempre nos daban todo lo que deseáramos, no aprenderíamos nunca a darle ese valor. Ni al dinero, ni a otras cosas.

- Es ahora que aun están bajo nuestra responsabilidad, si no ¿cuándo van a hacerlo? Los niños a los que les das todo se convierten de mayores en unos delincuentes que roban en las tiendas porque se han acostumbrado a conseguir todo lo que se les antoja de la forma más fácil. Sin esforzarse en lo más mínimo -

Entonces, ese día en vez de comprarme un celular, me compró un chancho feísimo de cerámica con una ranura en el lomo, y según mi padre, ahora sí iba yo a crecer siendo una persona de bien, ahora ya no iba a ser un delincuente.

Pero mi madre que pensaba en ese tiempo distinto a mi padre, corrió detrás de mí y entro a mi habitación, no sin antes cerrar bien la puerta.

- Mira Tetsu, tu papi a la larga te comprara tu celular o puedes hacer lo que le falto explicarte -

Tomo al pequeño cerdito y me mostro la ranura. Yo seguía pensando que era un simple trasto feo y sin ningún uso útil.

- ¿Ves esta ranura? Esta sirve para que eches monedas, muchos yenes. Cuando logres llenarla, entonces puedes comprar ese celular o …hacer lo que hice yo hace muchos años -

Me sorprendió enterarme para que servía ese chanchito, era una alcancía. Así le llamo mi madre. Entonces, me contó una pequeña historia de su vida.

- Cuando mis padres prepararon el Omiai (Matrimonio concertado) y conocí a tu padre, estaba decidida a rechazarlo, pero conversamos tan bien y nos sentimos cómodos y muy a gusto juntos. Decidimos tener una segunda cita y después una tercera hasta que finalmente; nos casamos muy enamorados.

Mi familia en ese entonces era de muy escasos recursos a diferencia de la familia de tu padre. Cuando él me dio un hermoso presente, yo me sentí mal porque no tenía dinero para comprarle algo, aun iba a la escuela secundaria y tendría que esperar hasta las vacaciones para conseguir un trabajo de medio tiempo -

Todavía no entendía que tenia que ver esa triste historia con la alcancía, por lo que le pregunte a mi madre:

- Y entonces ¿No le diste ningún regalo a papá? -

- Sí, sí que lo hice. Le obsequie una fina cartera de piel de ternera que serviría para que guardara su licencia de conductor. Porque en ese tiempo él estaba muy emocionado porque ya sabía conducir y su padre, o sea tu abuelo le había prometido comprarle un auto antes de que terminara la Universidad -

- Pero si no tenías dinero -

- Ahora es cuando te digo para que más puede servir tu cerdito. Tu abuelo, mi padre me había comprado al igual que a ti tu padre un chanchito, uno muy lindo como el tuyo. Tenía el hocico frío cuando yo se lo tocaba y, además, sonreía cada vez que le metía un yen por el lomo, aunque también sonreía, aunque no le echara nada. Además de que le puse nombre, le llamé pig -

- Ese no es un nombre, hiciste trampa...Pero como lo llenaste si no tenías dinero -

- Bueno, eso te lo contare después. Hoy te contare lo que tuve que decidir para comprarle ese obsequio a tu padre. Primero debes saber que yo tenía pocos juguetes, una muñeca de trapo llamada yunai, y un desgastado oso de peluche llamado señor piel azul. Pero con quien siempre conversaba era con pig.

Un día cuando tu abuela me reprendió y estaba llorando, entre a la habitación y abrace a mi cerdito. Con lágrimas y llanto le dije: Te quiero, Pig y te quiero más que a papá y a mamá. Siempre te querré, pase lo que pase, nunca vayas a saltar de la mesa por tu propio bien.

Mientras hablaba con pig, llego tu abuelo y agarro mi cerdito y comenzó a agitarlo con fuerzas. Yo aterrada le grite:

- No hagas eso papá, le va a doler la panza -

Papa comenzó a carcajearse por lo que dije, ahora entiendo que sacudía así la alcancía porque me había dicho que cuando no sonara más al agitarla, entonces vería para que servía. Dejo a pig y salió. Volvió después de unos minutos con un martillo en la mano.

Claro que yo le pregunte para que llevaba el martillo.

- Es para ti, pero hazlo con cuidado -

Yo solo me quede mirando sin entender, entonces alzo la voz impaciente.

- ¡Vamos, rompe el cerdito de una vez! -

- ¿Qué? ¿Romper a Pig? -

- Sí, sí, rompelo -

Vi la sonrisa del cerdito ¿cómo iba a darle un martillazo en la cabeza a mi querido amigo? Como iba a despedazar a aquel inocente puerquito -

Como yo era solamente un crio, estaba con el alma en un hilo e impaciente por saber que sucedió con el pequeño pig, la alcancía de mi mamá.

- ¿Qué hiciste madre? ¿Salvaste a pig? ¿Lo hicieron añicos? -

Mi madre me abrazaba y decía con voz que me tranquilizaba:

- Tranquilo Tetsu, no lo rompí en aquel momento. Tu abuela hizo que mi padre saliera y entonces me dijo:

Si no quieres romperlo ahora no lo hagas, hazlo cuando estés lista, cuando ames a alguien más que a nadie en el mundo y con ese dinero; comprale algo que demuestre todo tu amor. No importa el tamaño, o lo sencillo que sea, esa persona sin duda lo atesorara.

Y eso fue lo que hice, llego el momento indicado cuando quise de corazón darle algo a tu padre y ¿Sabes? No me arrepiento de eso, pig fue un lindo compañero y me enseño que, si deseas algo, debes esforzarte para conseguirlo. Cada vez que depositaba una moneda dentro de su lomo, era un recordatorio de que encontraría a alguien a quien amaría más que a nada y ese alguien, también me amaría a mi.

Y pienso que eso mismo te sucederá, habrá alguien a quien ames tanto, tanto que desearas darle todo de ti, entonces rompe tu chanchito -

Recordar todo aquello que sucedió hace ya diez años, ver el rostro más joven de mi madre, el color avellano de sus ojos que heredo Kunihiro niisan. Escuchar la ronca voz de mi padre cuando dijo todo aquello es tan real y claro, que hace que mi piel se erice.

También recuerdo que Masaki san me dio un obsequio un día como hoy, que me hizo feliz y detuve mi primer impulso de romper mi cerdito, cuando recordé la mirada de mi madre y sus palabras:

Cada vez que depositaba una moneda dentro de su lomo, era un recordatorio de que encontraría a alguien a quien amaría más que a nada y ese alguien, también me amaría a mi

Y pienso que eso mismo te sucederá, habrá alguien a quien ames tanto, tanto que desearas darle todo de ti, entonces rompe tu chanchito.

Yo quise mucho a Masaky san, estoy convencido de eso. Pero no creo que lo amara más que a nada en el mundo. Y menos cuando pienso que mi mundo ahora y siempre será senpai. Lo amo, lo amo tanto. Que rompería mil chanchitos por él.

Creo que de manera consciente decidí no romper mi cerdito esa ocasión, si le di un lindo presente a Masaky, pero cuando vi la mirada nostálgica de mi chanchito y su triste sonrisa, dudé en romperlo. No así con senpai, no tuve que pensarlo nada, simplemente tome el martillo y agradecí a mi cerdito su larga compañía de diez años.

Compre un elegante encendedor negro con dorado y con sus iniciales grabadas, le gustó mucho y lo lleva a todas partes, y así, siento que piensa en mí por lo menos dos veces al día que sale del laboratorio y se sienta sobre el pasto donde juntos siempre conversábamos. Estoy seguro que me recuerda y me siento feliz.

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Así el fin de este two shot.

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Saludos!

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