¡Hola!, estoy de vuelta con el capítulo número 9 de este fanfic, ya he podido organizar un poco más mis tiempos entre el trabajo y escribir, también les aviso que hay nuevo capítulo en mi fic de THG, ¡muchas gracias por las reviews y por seguir la historia!, ahora sí; disfruten.


Una hora después, Gabriella estaba en un cuarto de hospital esperando para ser revisada. Miró a Troy y le dio su mano, quien se veía más nervioso que ella.

—Troy, solo toma mi mano —dijo Gabriella.

Troy tomó la mano de Gabriella.

—¿Están mejor o peor? —preguntó Troy.

—Igual, ¿y si algo está mal? —preguntó Gabriella.

—Gabi, si algo está mal, estás en el lugar perfecto para saber qué está pasando —dijo María.

Gabriella miró a Troy, nerviosa.

—Tengo miedo —dijo Gabriella.

—Lo sé Brie, pero mamá y yo estamos aquí —dijo Troy.

Tocaron la puerta y la Dra. Brand entró al cuarto.

—Hola Gabriella, ¿qué pasó? —preguntó la Dra. Brand.

—He tenido unos calambres muy fuertes. Estaba en clase cuando empezaron. Fui a casa después de la escuela a acostarme y empeoraron —dijo Gabriella.

La Dra. Brand asintió.

—Quiero hacerte un examen, ¿quieres que…? —comenzó la Dra. Brand.

—Mi mamá se puede quedar —dijo Gabriella.

María sonrió levemente.

—Está bien. ¿Puede separar las piernas? —preguntó la Dra. Brand.

Gabriella separó sus piernas y tomó la mano de Troy, quien la tomó rápidamente. La Dra. Brand le sonrió a la pareja.

—Gabriella, cariño, escúchame; hiciste bien en ir casa y venir al hospital, no pienses que no. Toma un respiro profundo —dijo la Dra. Brand.

Gabriella tomó aire mientras lágrimas bajaban por su rostro.

—Gabi, todo estará bien, no te preocupes —dijo María.

Troy besó suavemente la mejilla de Gabriella. Gabriella tomó aire y miró a la Dra. Brand, quien sonrió conciliadoramente.

—Sé que tienes miedo, voy a empezar con el examen, ¿está bien? Si te sientes incómoda, házmelo saber —dijo la Dra. Brand.

Gabriella asintió. La Dra. Brand se lavó las manos y se puso guantes de látex para examinar a Gabriella, quien cerró fuertemente sus ojos e intentaba no llorar del miedo y el dolor de los calambres. Troy hizo una línea de pequeños besos desde la parte superior de la cabeza de Gabriella hasta su cuello, intentando relajarla. Un par de minutos después, ña Dra. Brand levantó la mirada y sonrió.

—Gabriella, creo que el estrés de todo lo que está pasando te causó los calambres, pero, también te haré un ultrasonido, ¿está bien? —preguntó la Dra. Brand.

Gabriella asintió.

—¿Está bien? —preguntó Gabriella.

—De tu examen, no hay nada malo. No hay inflamación, tu presión arterial está un poco alta, pero creo que es totalmente normal con todo lo que está pasando. Así que, ahora mismo creo que está bien. Pero, déjame hacer el ultrasonido para asegurarnos —dijo la Dra. Brand.

Gabriella asintió. La Dra. Brand esperó a que el ultrasonido se calentara y después subió la bata de Gabrilla arriba de su ombligo, tomó un bote con gel y puso algo en el vientre de Gabriella. Después tomó la vara, movió el gel alrededor y miró la pantalla.

—Ahí está su bebita —dijo la Dra. Brand apuntando a la pantalla.

Gabriella, Troy y María sonrieron.

—Ha crecido mucho —dijo María.

Gabriella sonrió.

—Tiene tiempo que no vienes, no la habías visto —dijo Gabriella.

María asintió y limpió un par de lágrimas que caían por su rostro.

—¿Ella está bien Dra. Brand? —preguntó Tory.

La Dra. Brand movió la vara alrededor del vientre de Gabriella y vio otra vez a la pantalla.

—Por lo que puedo ver, sí. Creo que el estrés al fin te pasó factura Gabriella. ¿Cuándo tienes tu descanso por maternidad? —preguntó la Dra. Brand.

—No lo tomaré hasta que realmente lo necesite. Tengo que terminar la escuela —dijo Gabriella.

—Ves, eso es algo que debe ser cambiado. Gabriella, tienes cinco meses de embarazo, entiendo que quieras terminar la escuela; pero llevas una vida humana dentro de ti y necesitas cuidarla. Ese es tu trabajo. Creo que necesitas tomar tu descanso por maternidad lo más pronto posible. Necesitas descansar —dijo la Dra. Brand.

Gabriella miró a su madre y a Troy.

—Amor, necesitas descansar —repitió troy.

—Gabi, la Dra. Brand no te diría algo a menos de que fuera totalmente necesario. Tanto estrés puede hacer que entres en labor de parto antes de tiempo y no quieres que pase eso —dijo María.

Gabriella asintió.

—Creo que tomaré el descanso por maternidad —dijo Gabriella.

La Dra. Brand sonrió conciliadoramente.

—Sé que no quieres hacerlo, pero, es lo mejor para tu hija —dijo la Dra.

Gabriella asintió.

—Empezaré a procesar los papeles de alta para que se puedan ir —dijo la Dra. Brand.

Gabriella asintió. La Dra. Brand puso su mano en el hombro de Gabriella.

—Sé que solo tienes diecisiete, Gabriella, pero esto es algo que debe ser manejado de manera madura —dijo la Dra. Brand.

Gabriella parpadeó. La Dra. Estrechó la mano de Troy y se fue del cuarto.

—Gabs —comenzó Troy.

—Solo no digas nada, por favor —dijo Gabriella con lágrimas en los ojos.

—Mamá, ¿puedo…? —comenzó Troy.

—Estaré en la sala de espera —dijo María.

—Gracias —dijo Troy.

María salió del cuarto y Troy miró a su novia.

—Brie, mírame —dijo Troy.

Gabriella miró a Troy con lágrimas en los ojos.

—La escuela es mi vida Troy —dijo Gabriella, con lágrimas bajando por sus mejillas.

—Ya lo sé bebé, pero, ¿recuerdas cómo empezó? Necesitamos hacer ajustes en nuestras vidas si queremos que esto funcione. Si queremos quedarnos la bebé, tenemos que hacerlo —dijo Troy suavemente.

Los labios de Gabriella temblaron.

—Sé que no quieres dejar la escuela, pero es lo mejor para ti y para nuestra hija, Gabriella —dijo Troy.

—Solo no pensé que fuera a ser tan difícil —dijo Gabriella.

Troy asintió.

—Entiendo amor, en serio. También quiero que te quedes en la escuela. Pero que te canses de más y que te den calambres en la escuela no es algo por lo que quiero que pases. Deberías estar en casa, en nuestra cama descansando —explicó Troy.

—¿Puedes traerme mi tarea? —preguntó Gabriella.

Troy sonrió levemente.

—Veré qué puedo hacer. Pero, por ahora, enfócate en la bebé. No te enfoques en algo que no sea ella —dijo Troy, poniendo su mano en el vientre de Gabriella.

Gabriella asintió con tristeza. Troy puso su dedo en el mentón de Gabriella.

—Solo lo estoy diciendo porque te amo mucho. No quiero que les pase algo a ninguna de las dos, ¿está bien? —dijo Troy.

Gabriella asintió. Abrazó a Troy y soltó las lágrimas que había estado aguantando. Troy frotó su espalda y besó su hombro.

—Yo también te amo —dijo Gabriella.

Troy sonrió. Se separó y miró a Gabriella.

—¿Vendrás a casa después de la escuela? —preguntó Gabriella.

—Sí, si no tengo que trabajar —dijo Troy.

Gabriella asintió. Una hora más tarde, dieron de alta a Gabriella y ya estaba acostada en casa. Troy se estaba alistando para el trabajo, salió del baño y miró a Gabriella, que estaba hecha un ovillo leyendo sus apuntes de química. Troy sonrió y se recostó a su lado.

—¿Segura que estarás bien? Puedo pedir el día libre Brie, Chuck lo entende… —comenzó Troy.

—Estoy bien. Solo necesito tiempo para ajustarme y para estar sola —dijo Gabriella.

Troy sonrió levemente y asintió. Se inclinó y besó los labios de Gabriella suavemente. Gabriella le devolvió el beso y puso su mano en la mejilla de Troy. Troy se separó lentamente y sonrió. Después levantó la camiseta de Gabriella, exponiendo su barriga de cinco meses y sonrió. Troy se inclinó y besó suavemente su vientre.

—Dale un descanso a tu mami, bebita. Te amo —dijo Troy.

Gabriella sonrió. Troy miró hacia arriba y sonrió a su novia.

—Regresaré antes de que te duermas, lo prometo. Le explicaré la situación a Chuck —dijo Troy.

Gabriella asintió. Troy regresó a su lugar la camiseta de Gabriella.

—Me tengo que ir. Te amo —dijo Troy.

—Yo también te amo —dijo Gabriella.

Troy salió del cuarto. Un par de horas después, Troy llegó y vio a Gabriella preparándose un bocadillo. Sonrió cuando la vio que tenía puesta una de sus viejas camisetas, que eran grandes y le llegaban a las rodillas. Troy caminó hacia Gabriella y la abrazó por detrás, poniendo sus manos en su vientre.

—¿Cuál es el veneno de hoy? —preguntó Troy.

Gabriella sonrió.

—Un sándwich de pollo y mantequilla de maní —dijo Gabriella.

Troy alzó la ceja.

—Espero este sea comestible —dijo Troy.

Gabriella soltó una risita.

—No tienes que comerlo —dijo Gabriella.

—No quiero que comas cosas extrañas solas. Yo te embaracé —dijo Troy.

Gabriella asintió. Le pasó un plato a Troy y tomó uno ella. La pareja fue a la mesa y se sentaron. Gabriella le dio una mordida y sonrió.

—Mmmm —dijo Gabriella, lamiendo la crema de maní de su labio.

Troy sonrió.

—¿Sabe bien? —preguntó Troy.

—Le gusta a la bebé —dijo Gabriella.

Troy lo probó y frunció un poco el ceño, pero tragó lo que tenía en la boca. Gabriella soltó una risa.

—No tienes que comer mis antojos —dijo Gabriella.

—Quiero hacerlo —dijo Troy.

Gabriella asintió.

—Gracias por llegar antes de que me fuera a la cama —dijo Gabriella.

Troy sonrió.

—Después de lo que pasó hoy, sabía que me necesitabas aquí —dijo Troy.

Gabriella asintió.

—Lo sé, y te lo agradezco —dijo Gabriella.

La pareja terminó su comida y pusieron sus platos en el lavabo.

—Terminé mi tarea. ¿Puedes entregársela a mis maestros mañana? —preguntó Gabriella.

—Claro. ¿Tomaste siesta? —preguntó Troy.

—Una pequeña —dijo Gabriella.

Troy se inclinó y besó suavemente los labios de Gabriella. Gabriella abrazó a Troy por el cuello.

—Sé que sigues molesta y eso está bien, Brie —dijo Troy.

Gabriella apoyó su cabeza en el pecho de Troy y asintió.

—¿Puedo seguir yendo a tus juegos? —preguntó Gabriella.

Troy sonrió.

—Solo si mamá va contigo —dijo Troy.

—Quiero que seas capaz de al menos sentir que eres normal. Si no estoy en tu juego, entonces no sentiré que todo está bien —dijo Gabriella.

—No tienes que preocuparte por eso amor. Que estés en mis juegos es algo extra. Que tú y nuestra bebé estén sanas, esa es la meta —dijo Troy.

—Quiero estar ahí —dijo Gabriella.

Troy asintió.

—Entonces, ¿qué hiciste mientras estaba en el trabajo? —preguntó Troy.

—Terminé mi tarea y tomé una pequeña siesta. Después me dio hambre y ahí fue cuando tú llegaste. Día aburrido —dijo Gabriella.

Troy sonrió.

—Tal vez debas tomar un baño. Ya sabes, para relajar los músculos —sugirió Troy.

Gabriella sonrió.

—¿Has estado leyendo otra vez? —preguntó Gabriella.

Troy juntó su dedo índice y pulgar.

—Un poquito —dijo Troy.

Gabriella besó a Troy en la mejilla.

—Pero en serio, sube y toma un baño. Relájate, se supone que debes estarte relajando —dijo Troy.

—Lo sé. Solo esperaba a que tú llegaras —dijo Gabriella.

Troy asintió. Gabriella se acercó y besó a Troy suavemente en los labios y subió a tomar un baño. Una hora después, Gabriella salió del baño y sonrió cuando vio que Troy estaba sentado en el balcón. Se puso un suéter y salió para sentar al lado de él. Gabriella apoyó su cabeza en el hombro de Troy.

—Seremos padres en cuatro meses —dijo Troy.

Gabriella asintió.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó Gabriella.

—La que quieras —dijo Troy.

—Si en algún momento terminamos y encuentras a alguien más, ¿dejarías todo atrás? —preguntó Gabriella.

Troy miró a Gabriella y vio que tenía una expresión nerviosa.

—No. Si termináramos, y hablo hipotéticamente, aún me gustaría estar en la vida de nuestra hija. Seguiré siendo su papá. Y te respetaría porque eres su mamá. ¿De dónde sacaste eso amor? —preguntó Troy.

—Es que… es que he estado pensando mucho. No quiero que te sientas obligado. Pero, tampoco me gustaría que nuestra hija no tuviera papá —dijo Gabriella.

Troy pasó la lengua por sus labios antes de responder.

—Te amo Gabriella, y siempre te amaré. Eres mi primer y único amor, mi mejor amiga. No hay manera de que yo me sienta obligado. Siempre seré su papá y tú siempre serás su mamá —dijo Troy.

Gabriella asintió y limpió una lágrima que bajaba por su rostro.

—Yo también te amo —dijo Gabriella.

Troy se inclinó y besó suave pero apasionadamente a Gabriella. Gabriella se separó y cerró los ojos. Puso su mano en su vientre.

—¿Estás bien? —preguntó Troy, preocupado.

—Creo que me están dando calambres otra vez —dijo Gabriella.

—Quisiera poder quitarte ese dolor —dijo Troy.

Gabriella entrelazó sus dedos con los de Troy.

—Estaremos bien —dijo Gabriella.

Troy sonrió levemente y asintió.

—Vamos, ya te tienes que acostar. Que no vayas a la escuela no quiere decir que te puedas desvelar —dijo Troy, levantándose.

Troy estiró sus manos y ayudo a Gabriella a levantarse.

—Quiero helado —dijo Gabriella.

Troy alzó una ceja.

—¿Ahora? Es algo tarde amor —dijo Troy.

—Troy, tu hija quiere helado —dijo Gabriella.

Troy suspiró.

—Sacando la tarjeta de hija… ese será un problema. Muy bien, ¿de qué sabor lo quieres? —preguntó Troy.

Gabriella le dijo el sabor que quería y salió de la casa a comprar el helado. Veinte minutos después, Troy entró a la casa y se encontró con María.

—Hola, ¿saliste tarde del trabajo? —preguntó Maria.

—No. Gabs tenía antojo de helado —dijo Troy.

María sonrió.

—Oh, los antojos. Los recuerdo bien —dijo María.

—Me hizo comer cosas raras así que estoy feliz de que quisiera algo normal ahora —dijo Troy.

María sonrió.

—Buena suerte —dijo María.

—Gracias —dijo Troy.

Troy subió las escaleras, entró al cuarto y le dio a Gabriella el bote de helado. Gabriella tomó una cucharada, la metió en su boca, cerró los ojos y sonrió.

—Gracias amor, eres el mejor —dijo Gabriella acercándose y besando a Troy en los labios.

—Solo hago mi trabajo —dijo Troy.

Gabriella puso una mano en su vientre.

—¿Cómo van los calambres? —preguntó Troy.

—Intermitentes —dijo Gabriella.

Troy se quitó la camiseta y los pantalones y se acostó. Abrió la boca y Gabriella puso una cucharada de helado en su boca. Troy cerró la boca y tragó.

—Aparte de los calambres, ¿cómo te sientes? —preguntó Troy.

—Estoy bien —dijo Gabriella.

Troy sonrió. Se inclinó y levantó la camiseta de Gabriella y besó su vientre.

—Te amo bebita —dijo Troy.

Gabriella terminó de comer y le dio el bote a Troy. Él sonrió y lo metió al congelador en la cocina. Troy regresó y vio a Gabriella sentada en la cama. Él se acostó.

—¿Qué vas a hacer mañana con tu tiempo libre? —preguntó Troy.

Gabriella se encogió de hombros.

—No lo sé. ¿Puedo ir mañana a ver el entrenamiento? —preguntó Gabriella.

—No sé amor, se supone que debes descansar —dijo Troy.

—Pero tú y papá estarán ahí —dijo Gabriella.

—Lo sé Brie, pero, quiero que te relajes —dijo Troy.

—¿Por favor? —preguntó Gabriella.

Troy tomó aire y lo soltó.

—Lo pensaré —dijo Troy.

Gabriella asintió.

—Eso no quiere decir que no. Solo quiero pensarlo, ¿está bien? —dijo Troy.

Gabriella asintió. Troy se inclinó y besó a Gabriella suavemente.

—Ahora duerme un poco.

Gabriella asintió. Se acurrucó lo más que pudo al pecho de Troy y se quedó dormida. La pareja estaba aprendiendo que mantener su relación estable y pasar un embarazo no iba a ser fácil.