Herrenrasse: La Herencia.

Prologo.

En el interior de una base subterránea ultra secreta situada en la costa de Scott; próxima a los bordes de la gran barrera de hielo del Mar de Ross. Tierra de Victoria. Antártica Oriental.

Durante los últimos días del verano austral de 1947.

En medio de aquel ambiente extremadamente frenético y convulsionado donde podían vislumbrarse a una gran pluralidad de hombres quienes de un lado a otro iban y venían de manera incesante; de entre toda aquella muchedumbre podía destacarse la figura de un hombre uniformado de mediano rango, quien parecía correr de manera mucho más desesperada que todos los demás a través de aquellos enormes e interminables pasillos laberinticos pesimamente iluminados que se extendían por todo aquel vasto y recóndito sitio. Un uniformado cuya carrera presurosa le hizo atravesar a toda prisa aquel amplio corredor, el mismo que le llevaría a situarse frente a un amplio y gigantesco portón, el cual era la puerta de entrada a un gigantesco salón de estrategias donde personas muy importantes debían oír lo que ese hombre tenía que decirles. Por ello, y sin esperar siquiera a ser llamado, mucho menos autorizado para ello, aquel hombre se atrevió a abrir de par en par y con todas las fuerzas que le quedaban las amplias y gruesas puertas de ese gran salón para irrumpir raudamente en su interior; donde altas personalidades se encontraban planificando asuntos demasiado importantes para todos los allí presentes, personalidades quienes forzosamente tuvieron que interrumpir todas aquellas disquisiciones en las cuales estaban enfrascadas para poner atención en aquella figura que de pronto osaba interrumpirles. Y antes que el pleno de las altas figuras castrenses allí presentes responsables, encabezadas por la adusta figura del Comandante de aquel operativo, osara siquiera demandar un porque para tamaña interrupción, aquel agitado hombre inmediatamente procedió a brindar la respuesta que tácitamente todos los allí presentes estaban demandando de manera imperiosa.

-Señor. Tenemos novedades desde el frente-. Señalo aquel hombre, apenas con aliento en su voz.

-Pues he de esperar que en esta oportunidad no se trate de una falsa alarma y se trate de algo verdaderamente importante como para que venga a interrumpirnos de esta forma, Hauptmann Schimitz(1)-. Le señalo severamente aquel hombre mientras enseñaba a dicho hombre una mirada penetrante de tal manera que fue capaz de congelar en el acto a ese hombre.

-Y bien, ¿Cuáles son las novedades del frente?-. Demando saber con severidad aquel Oberst(2), quien no se encontraba con demasiada paciencia como para que esta fuera vanamente desperdiciada en aquellos segundos de tensa y larga espera. Por eso, y de manera titubeante, el subordinado se limito a decir una frase vaga, pero concisa; capaz de decir por si misma muchas cosas.

-Señor. No tenemos noticias alentadoras-. Respondió Schimitz con algo de nerviosismo.

-¡¿A que se refiere usted con eso de que no hay noticias alentadoras?!-. Le espeto con molestia el militar a cargo de la base.

-Señor. La última línea defensiva ha sido destruida.

-¿Destruida esta diciendo?-. Señalaría ahora profundamente sorprendido aquel hombre, ello mientras su semblante pasaba a ensombrecerse, mientras preguntaba ahora de forma incrédula. –Explíquese bien, ¡¿Cómo es eso de que ha sido destruida?!

-Completamente destruida señor, todas nuestras tropas están huyendo despavoridas ante el poderío de los bombardeos enemigos...

-¡¿Cómo es eso de que están huyendo…?!

-Los hombres ya no tienen capacidad de resistencia. Los bombardeos…

-¡¿Y que eso de los bombarderos enemigos?! Acaso no habíamos logrado mantener detenida a la flota enemiga en la entrada del estrecho de McMurdo. Ellos nunca pasaron y tampoco tenían la capacidad de pasar el estrecho o rodear la isla sin que los hubiéramos detectado.

-Con toda seguridad el enemigo debió haber rodeado la Isla de Ross, evitando las defensas situadas tanto en el estrecho como alrededor de la isla para pasar por el mar abierto…

-Pero eso es imposible. A menos que…

-A menos que toda la flota enemiga que creíamos estacionada en el estrecho y en los alrededores de la isla no haya sido nada mas que…

-…parte de una muy elaborada distracción. ¡Maldición!-. Interrumpió imprecando con furia el Oberst, dando un golpe de puño contra la gran y sólida mesa donde tenía desplegados todos los mapas del lugar.

-¿Cuál es el reporte de daños?-. Pregunto inmediatamente ese hombre, regresando su atención a los avatares de la lucha.

-Todas las baterías han sido abatidas.

-¡¿Todas?!

-Si señor.

-¡Movilicen de inmediato a todas las unidades blindadas para apoyarlas…!

-Señor. ¡Ya no tenemos unidades blindadas!

-¿Y que hay de las unidades aéreas?

-Nuestros cazas traban fiero combate contra las unidades enemigas, pero el numero de estas no deja de incrementarse a cada minuto. Estos simplemente no son suficientes.

-¡Pues deberían de esforzarse mas!-. Bramo el Comandante.

-Oberst Kluge-. Señalo otro oficial subalterno que también apareció irrumpiendo de manera improvista en la reunión. –Hemos confirmado la aparición en la rada de un cuarto portaaviones, así como de tres nuevos destructores que han aparecido por el lado sur. ¡Todos nuestros posibles flancos de escape marítimo ya han sido bloqueados!

-Recurriremos entonces a la defensa elástica. Ordene el reagrupamiento inmediato de todas las unidades remanentes. Repliéguense en los farellones costeros y desde ahí eliminen a los invasores para defender el puerto.

-Eso es imposible señor. Las defensas costeras ya casi no tienen municiones para defender el puerto, carecen de artillería y todos los soldados están cansados y confundidos.

En eso, un operario interrumpe la discusión sin esperar a incurrir en formalidades y transmite a sus superiores las últimas informaciones desde el campo de batalla.

-Señor-. Señalo el hombre con voz fuerte, mas algo temerosa antes de cesar la pausa y continuar. –Los enemigos han tomado el completo control de la rada-.

-O sea que perdimos el puerto.

Un pesado y denso silencio se formo durante algunos segundos en el lugar antes de el primer hombre que había interrumpido señalara.

-Así es señor.

Conociendo su comportamiento todos los presentes esperaban una reacción furiosa del Comandante de aquella operación, quien respondía al nombre de Hans Kluge. Pero en su lugar aquel hombre se encaminaría lentamente hacia su escritorio, como si estuviera sopesando las opciones que tenía disponibles antes de decantarse por alguna "y si es que en verdad todavía aun les quedaba alguna posibilidad". Sea como fuere, aquel silencio transcurrió durante varios instantes antes de que dicho personaje atinara a efectuar una pregunta.

-Schimitz, ¿Tenemos confirmación oficial sobre esa noticia?

-Absolutamente señor-. Respondió el operario interrogado.

Al escuchar esto, el máximo responsable de la operación termino de recorrer sus pasos y apoyo con fuerza sus manos sobre su escritorio, como de si esa manera pudiera obtener la fortaleza que a contar de esos momentos comenzaba ya a faltarle a ese hombre; quien ahora procedía a mascullar entre dientes una maldición ininteligible para el resto de los ahí presentes y que no era sino una forma de expresar su rabia e impotencia ante la certeza cada vez mas fehaciente de que esta misión se estaba acercando a su final, un desenlace que no parecía augurarles nada venturoso para él y su equipo.

-¿Qué haremos ahora señor?-. Pregunto ese operario a su Comandante a la espera de instrucciones. Pero pese a su espera no surgiría respuesta inmediata alguna para las palabras pronunciadas por aquel subalterno. En su lugar, el Comandante de aquel grupo de resistencia caería pesadamente en el asiento de su escritorio, mientras dimensionaba el profundo peso e implicancia de aquellas aciagas novedades. No era para menos, ellos habían sobrevivido y escapado a los estragos que la gran guerra había dejado tras de ellos en el viejo continente, habiendo sido capaces de trabar fiera resistencia por cerca de dos años en esas fortificadas instalaciones situadas recónditamente en el medio de la nada, así como de soportar estoica y gallardamente durante mas de cinco meses a la brutal y encarnizada embestida de sus enemigos. Si ellos hubieran logrado resistir durante algunas semanas más, tan solo por algunas semanas más, la inminente llegada del frio extremo propio del invierno antártico, así como la conjunta llegada del fenómeno cada vez mas pronunciado de la noche polar, de seguro habrían logrado detener el avance de aquellas fuerzas invasoras, e incluso de seguro las habrían obligado a retroceder. Mientras ellos bien podrían haber aguantado otro invierno a la espera de poder reagruparse y, eventualmente, contraatacar; apenas se presentara la primera oportunidad para hacerlo. O en subsidio, haber abandonado el lugar en búsqueda de mejores posiciones para reagruparse y rearticularse.

Pero aquel hombre sabía perfectamente bien que sus enemigos no tenían la paciencia que a el le hubiera gustado que tuvieran. Los enemigos también habían perdido a demasiados de sus mejores hombres y para ellos el tiempo apremiaba aun mas desesperadamente, ya que ellos debían con urgencia aplastarlos por completo antes que cesara el breve verano austral. Por esa razón aquellos invasores habían movilizado durante las últimas semanas un extraordinario despliegue de hombres y municiones, así como a lo mas avanzado que poseían en equipamiento para doblegar prontamente a tamaña resistencia que en aquel recóndito confín del mundo se negaba a aceptar el final de la conflagración. Y a la luz de todos los reportes, todo parecía indicar que los enemigos habían conseguido su objetivo. Ahora, y tras haber perdido el control de aquella valiosa rada portuaria, esa base sería ahora el último bastión de resistencia; y si ellos terminaban siendo los vencidos la guerra finalmente había sido perdida.

Pero aun si al final ellos terminaran siendo los vencidos de esta historia, el no estaría dispuesto a acometer una entrega fácil e incondicional; ellos resistirían hasta el último hombre y hasta la última bala. Tal como correspondía a un verdadero soldado. Tal como desde joven le habían enseñado. Dispuesto a esta suicida, mas única alternativa, aquel superior se incorporó y se dirigió a sus subalternos con esta férrea orden.

-Replieguen a todos los combatientes a esta base y prepárelos bien. Sera aquí donde lucharemos hasta que reduzcamos a nuestros enemigos a la nada. Serán ellos… o nosotros.

-Si señor-. Gritaron los oficiales dispuestos a acometer esa orden con fervoroso rigor. Ellos lucharían y morirían peleando con tal de defender su causa.

Pero una vez que todos sus subordinados se retiraron, aquel Comandante prontamente se incorporó de su puesto y se acerco a un mueble para tomar un rudimentario teléfono. Debía dar una orden muy importante, pero antes tenía que comunicarse con personajes de capital importancia.

Varias horas después, en el medio de otro imponente salón de operaciones, podía vislumbrarse a aquel comandante reunido con todo el personal científico, así como con otros uniformados, todos ellos personajes aparentemente de gran relevancia. Y ante ellos dicho superior comenzó a exponer en una tonalidad bastante lacónica.

-Caballeros. Como seguramente ya debieron haberse enterado, temprano durante esta mañana las tropas enemigas desembarcaron en la rada portuaria, aniquilando todas las baterías de la fortaleza, por lo que nos hemos visto en la necesidad de replegar todas nuestras tropas hasta este cuartel central; donde daremos la última batalla. Y aunque los informes señalan que la intempestiva ventisca que ha comenzado a caer por ahora nos ha ayudado a retrasar el avance; será inevitable que tarde o temprano ellos nos descubran y terminen llegando hasta aquí.

-Según nuestros informes de inteligencia ellos no tienen más hombres que nosotros-. Le espeto otro de los uniformados.

-Pero sabemos que tienen mas y mejor equipamiento que nosotros, además de haberse reequipado con mayor poder de fuego. Condiciones que no hemos logrado equiparar-. Contesto otro de los miembros de ese alto mando.

-Sea como fuere, una cosa resulta segura. Bajo ninguna circunstancia podemos permitir que ellos sospechen siquiera la importancia de lo que hemos descubierto aquí. Ya que si llegaran a hacerlo, todos nuestros planes se habrán perdido para siempre.

-Mi estimado Oberst Kluge, tiene usted toda la razón-. Señalaría de improvisto y con imponente voz un adusto y relativamente joven oficial quien hasta entonces había estado completamente silente en las sombras vestido con su impecable uniforme de las Schutzstaffel(3). Un hombre quien, como mucho, tendría unos treinta y cinco años de edad recién cumplidos; pero que había sabido forjar en pocos años una meteórica carrera ascendente gracias tanto a su astucia e inteligencia en el arte de saber utilizar muy bien sus múltiples contactos tanto dentro de la milicia y el gobierno, como a su increíble habilidad para mantener y desarrollar variados proyectos científicos de gran importancia para el régimen, al punto de ostentar ya a su joven edad el cargo de jefe investigativo del programa científico de la operación gracias a su rango de SS-Haumptsturmfuhrer(4).

Una vez conseguida la atención de todos los presentes, aquel hombre osó hacer atrás su silla para así proceder a ponerse de pie y pasearse con un ligero aire de despreocupación por detrás de todos sus colegas hasta ganarse en el otro extremo de esa larga mesa ovalada en un gesto quizás demasiado atrevido. Máxime cuando, tomándose todo el tiempo del mundo, pacientemente aguardo hasta llegar a ese otro extremo para, recién entonces, proceder a continuar con sus palabras. –Es y resulta absolutamente necesario que sepamos aprovechar al máximo el presupuesto mas obvio desde el cual nuestros enemigos seguramente están guiando todo su razonamiento, así como su accionar. La idea de que todos los aquí presentes no somos sino tan solo un pequeño y lamentable grupo de rebeldes fanáticos pobremente armados que tozudamente se ha negado a aceptar el final de la guerra y que todavía estamos empecinados en resistir inútilmente en el medio de la nada. Con toda seguridad, los resultados de todas las investigaciones efectuadas por nuestra organización les han de resultar absolutamente desconocidos por ellos; y resulta completamente menester que así deba seguir siéndolo, hasta que hayamos recuperado la capacidad necesaria para reagruparnos y contraatacar, esperando el momento oportuno para retomar el lugar que nunca debimos perder…

-¿Acaso usted esta hablándonos de reagruparnos y retomar el control?-. Interrumpió gritando con notorio descrédito el Oberst quien ahora comandaba la última base de Reich, sacando el habla ante lo que consideraba una demencial ocurrencia de ese atrevido científico. –El hecho que haya sido raudamente ascendido en virtud de sus meritos científicos no lo convierte de inmediato en un experto del arte de la guerra-. Continuaría con voz potente Kluge. -Debemos admitirlo, el régimen por el cual tanto luchamos ya no existe. ¡Ya ni siquiera existe la madre patria! Sabemos que las unidades norteamericanas están a menos de 20 kilómetros de aquí y con desesperación hacemos grandes esfuerzos para organizar una última resistencia. ¿Y usted viene aquí a hablar con ligereza de una reagrupación del Reich? ¿Y lo dice cuando apenas tenemos hombres y pertrechos para mantener alguna resistencia en el confín del mundo y sin esperanza de obtener alguna clase de refuerzo? ¡No me haga reír señor! Seguramente piensa que por su condición de científico, usted y todo su equipo serán salvados por ser considerados elementos valiosos, pero en esta ocasión lo mas probable es que si perdemos usted y todo su equipo sean ajusticiados sin misericordia, al igual que el resto de nosotros.

-Oberst Kluge. Permítame recordarle que si nuestro Fuhrer nos encomendó esta misión no fue para que resistiéramos tercamente una guerra que no podíamos ganar. Sino para descubrir la forma de recrear la primigenea grandeza perdida de nuestra raza. Y ahora que el ancestral por fin se halla en nuestras manos podemos garantizar que ese objetivo sabrá cumplirse a como de lugar aun cuando ahora ya no haya Reich-. Declaró con profunda convicción el joven científico y oficial de las SS.

-¡Aun no logro entender como lograron ustedes la inteligencia del Fuhrer y embaucarlo como si fuera un niño!. Nos obligo a hacerles caso, a invertir hombres, recursos y dinero en cantidades inimaginables para encontrar a esa maldita cosa. Incluso nos hizo venir hasta el confín del mundo a fin de encontrar su origen y comprender su sentido. Y a pesar de todos estos años todavía no hemos logrado entender como rayos funciona esa endemoniada cosa, no obstante todos los esfuerzos efectuados.

-Oberst Kluge. Debe usted comprender que la ciencia y tecnología involucradas en dicho ingenio resultan sorprendentemente avanzadas a tal grado que aun no hemos logrado entender a plenitud como funcionan.

-¡¿Por qué no dejan de lado toda su palabrería vana y admiten de una buena vez que nunca llegamos a entender siquiera algo de esa cosa?! Nunca llegamos a crear ninguna arma o alguna clase de provecho en base a esa porqueria. Y con tal de lograrlo lo sacrificamos todo: el perfeccionamiento y desarrollo de los cazas a reacción, el V3 y la bomba atómica, entre otras armas maravillosas que podrían haber cambiado el curso de la historia. ¡¿Y todo esto para que?! Todo para erigir y mantener este gigantesco complejo. Tanto sacrificio y privación para estudiar un estúpido gigante fósil del cual aun no sabemos nada ¡Absolutamente nada!

-Oberst Kluge, ya no sacamos nada con lamentarnos-. Le espetó con no poca molestia en su voz el aludido.

-¡Es muy fácil, es demasiado fácil para usted decir eso! ¡Usted no ha perdido legiones enteras de valerosos soldados en el campo de batalla! Si no le hubiéramos hecho caso a gente como usted con sus locas ideas esotéricas seríamos nosotros los que estaríamos ahora cazando aliados, ¡No al revés! ¡¿Lo ha entendido?! ¡No al revés!

-¡Me niego rotundamente a aceptar que yo o alguno de los miembros de mi equipo seamos inculpados por haber perdido la guerra en Europa a causa de sus estrategias fallidas o de su absoluta falta de confianza en la gloriosa visión de nuestro Fuhrer! ¡¿Me ha escuchado?! ¡No lo aceptare!-. Grito desafiante el jefe de los científicos a ese orgulloso militar.

Ante tan insolente desafío, el militar mascullo algo ininteligible para desenfundar raudamente su arma y poner así termino a aquella inútil conversación disparando a fin de acallar de una buena vez a ese impertinente y engreído charlatán quien pretendía presentarse ante él como si fuera la gran cosa, fatua vanidad sustentada por haber obtenido el titulo de oficial de las SS sin haber disparado nunca siquiera un miserable tiro; todo gracias a que había sido uno de los miembros más prominentes de la ahora fenecida Ahnenerbe(5). Le haría pagar a ese aparecido por haber osado desafiarlo a él, Hans Kluge, prestigioso General de carrera de las Wehrmacht(6) que había conocido la gloria en batalla gracias a las victorias increíbles sobre sus enemigos durante la etapa de la Blitzkrieg(7), así como por su probado talento y valor demostrado durante los días más aciagos de la Operación Barbarroja.

Pero en una actitud sorprendente, el científico y oficial de las SS-Ahnenerbe logró prever la estrategia de ese militar y se adelanto a este, desenfundando su pistola Luger P08 y disparando para acertar con un único tiro clavado medio a medio entre las cejas de aquel Oberst y haciendo que este saliera disparado de su silla para terminar golpeando violentamente su cabeza contra el suelo. De mas esta decir que para cuando ese hombre cayo de su silla, ya estaba muerto.

La osada demostración de ese hombre bien pudo haberle costado la vida si el resto del alto mando hubiera atinado de inmediato a hacer uso de su armamento. Pero el ritmo de los acontecimientos resulto ser tan inesperado y su desenlace demasiado impactante, al punto que nadie fue capaz de hacer algo. Por eso, y al darse cuenta de su ventajosa situación, el científico oficial de las SS se reincorporo y en un tono mas calmado de voz volvió a dirigirse a su ahora mas que estupefacta audiencia.

-Caballeros. Por ahora podremos dar la impresión de haber sido derrotados y, de seguro, todo el mundo creerá que lo estamos. Pero si me acompañan podrán ver como todo por lo que hemos luchado no ha sido en vano. Gracias al arduo trabajo del equipo que encabezo hemos sabido cumplir a cabalidad con el cometido asignado por nuestro Fuhrer, y junto con mis colegas hemos preservado nuestra herencia, manteniéndola a salvo en nuestro poder para poder despertarla algún día no muy lejano, cuando llegue el momento mas oportuno para hacerlo.

Asombrados, todos los presentes aun vivos se dirigieron a un gigantesco panel que a medida que se iba levantando revelaba por medio de los cristales que eran cubiertos por estos paneles la visión de una gigantesca gruta subterránea con una amplísima rada en su interior. Y sobre la superficie de ese vasto cuerpo de agua interior, los presentes quedaron pasmados al contemplar la forma de un gigantesco submarino de mas de cien metros de largo que se encontraba en su molo. El submarino en cuestión poseía unas enormes compuertas en la parte superior de la proa abiertas de par en par, las que estaban permitiendo el cargado en el interior de dicha nave de una gigantesca entidad maniatada que parecía asemejarse a la forma de un grotesco y gigantesco humanoide.

-Pero eso… acaso eso no es…-. Trato de decir uno de los oficiales infructuosamente. Por lo que el científico jefe completo la frase.

-Eso, mi estimado Hauptmann Schimitz, es la herencia del ancestral que en estos momentos está siendo cargado en la única unidad capacitada para contenerlo adecuadamente. El I-400. El mas grande submarino jamás antes creado y la última unidad de la armada imperial japonesa que no ha sido capturada o destruida por los aliados. Gracias a la colaboración de su tripulación y a nuestro incansable esfuerzo hemos logrado modificar dicho submarino, acondicionándolo para que sirva eficientemente como transporte del ancestral-. Señalaría aquel hombre con profundo orgullo en su voz.

-¿Pero cómo logró ese submarino llegar hasta aquí burlando la persecución y el bloqueo?-. Le espeto Schimitz, aun incrédulo ante lo que veían sus ojos.

-En verdad eso no importa mayormente. Lo que en verdad importa es que ahora el ancestral se encuentra a salvo y ya no estará mas el riesgo de ser capturado por los aliados.

–Entonces, ¿estamos salvados?-. Pregunto esperanzado otro miembro del alto mando.

-Infortunadamente no disponemos de otros submarinos como para haber trasladado al resto de nosotros. Como les dije antes, esta unidad fue la única que logró escapar del control aliado. Pero al menos el ancestral mismo, así como toda la investigación y el destino de todos sus responsables estarán completamente a salvo.

-¿El destino de todos sus responsables? ¡¿Qué quiere decirnos con eso?!

-¿Cómo? ¿Acaso aun no se lo he explicado Hauptmann Schmitz?-. Respondió cuestionándose intempestivamente el científico y oficial de las SS, dejando de situarse frente a la ventana para comenzar a dirigirse lentamente hacia donde estaba la pared contraria con paso sereno. -Oh, pero que tipo tan torpe he sido. Ruego a usted que sepa disculparme-.

-¿Y de que rayos quiere que lo disculpe?

-Creo que cuando le señale que no era verdaderamente importante como llego este submarino hasta aquí burlando el bloqueo aliado, en verdad me temo mucho que pude haberle mentido un poco respecto de eso.

-¡¿A que se refiere con eso?!-. Señalo Schimitz, al borde de perder la paciencia por los desvaríos de aquel sujeto, los mismos que sigilosamente le motivaron a sopesar cada vez menos las habilidades científicas de dicho señor y la importancia cada vez mayor de ponerle fin de una buena vez a sus devaneos con un certero balazo entre los ojos; de la misma forma en que ese hombre había procedido solo unos segundos antes.

-A que, contra lo que pudiera pensarse, este submarino jamás burlo el bloqueo.

-¿Cómo es eso?

-No, en verdad, no solo nunca lo burlo. De hecho, jamás necesito hacerlo.

-¿Que jamás necesito burlar el bloqueo? ¡¿Pero qué rayos quiere decirme con eso?!

-Exactamente lo que usted está oyendo.

-Déjese ya de tantos devaneos y de una vez por todas dígame que diablos quiere decirme usted con eso de que esa cosa nunca necesito burlar el…-. Principio a señalar impetuosamente aquel hombre, exigiendo y pretendiendo obtener una explicación lógicamente satisfactoria de su parte. Pero dicha intensión sería prontamente abortada cuando de pronto su mente termino siendo más rápida que su lengua, comprendiéndolo todo de inmediato mientras obligaba a esta a refrenarse a la vez que la totalidad de su ser prontamente se estremecería de terror cuando supo dimensionar a la perfección cual era el verdadero significado que se escondían tras aquellas palabras, las mismas que hicieron que su voz ahora abruptamente choqueada tratara de encontrar el habla, cosa que solo logro cuando su razón cayo en desesperación y esta termino desencadenándose, permitiendo que gritara con toda la ira que su alma podía liberar, todo ello mientras veía como ese hombre había detenido su andar para voltear a verlo ahora con una leve sonrisa maquiavélica procediendo a dibujarse en sus labios.

-Maldito… ¡Traidor!… ¡Eres un maldito hijo de puta!-. Grito desesperadamente el Hauptmann de aquella misión, desenfundando su arma y vaciándola con desesperación con disparos tan furiosos como erráticos, los cuales no fueron capaces de herir a aquel hombre, el mismo que ahora era flanqueado tras de si por tropas de elite de las fuerzas armadas norteamericanas que sorpresivamente aparecieron desde la profundidad de aquellas sombras listas para rodear al alto mando rebelde. Los mismos efectivos que ahora se encargaban de proteger y poner a salvo a aquel científico y oficial de las SS, que se refugiaba al alero de los aliados; todo esto mientras experimentados tiradores aparecían posicionándose raudamente en primera fila para ajusticiar rápidamente y sin compasión a todo el resto de aquel alto mando que permanecía ahí refugiado, hasta cerciorarse de que no quedara ninguno de ellos con vida.

Minutos mas tarde, y en completo sigilo, todos los científicos del proyecto encabezados por aquel oficial de la Schutzstaffel abordaron el submarino ya cargado y semisumergido. Una vez hecho esto, la unidad prontamente zarpo y acelero sus poderosos motores diesel para sumergirse en dirección hacia un cavernoso canal que daba directo hacia la rada semi congelada situada en las costas del mar de Ross. Y apenas la unidad naval cruzo la gruta y entro por ese canal, los sigilosos comandos introducidos por el enemigo dentro de las instalaciones tomaron ese hecho como la señal definitiva para comenzar la infiltración y posterior destrucción de aquella base.

Acto seguido, una gran explosión volaría por los aires los gruesos portones que brindaban protección a las subterráneas instalaciones para, inmediatamente a continuación, hacer ingreso de manera rápida y ordenada aquellas hordas invasoras con la orden de destruir todo y no dejar nada ni a nadie en pie. En fiel cumplimiento de esa orden fue como una carnicería arteramente perpetrada se llevo a cabo sin que hubiera mas oposición que una resistencia valerosa y heroica, mas completamente desorganizada e inútil al carecer de una cabeza que fuera capaz de guiarlos.

Y con el fácil y rápido abatimiento de aquella desesperada resistencia que jamás llegaría a ser documentada en libro alguno de historia, fue como verdaderamente se daría término a esa larga, infame y gigantesca carnicería que sería conocida por toda la humanidad como la Segunda Guerra Mundial.


Varias décadas después.

Cuarteles centrales de la Organización NERV.

A 900 metros bajo la superficie del centro del actual distrito especial metropolitano de Tokio-3 (Antigua ciudad de Hakone). Japón.

A 2008 metros debajo de las instalaciones del cuartel central de la Organización NERV.

En las más hondas profundidades del Geofrente.

Dogma Terminal.

En aquel lúgubre y oscuro lugar, un hombre sigilosamente detendría sus interminables pasos cuando finalmente el rumbo de su camino concluyó encontrándose frente a una oscura y gruesa pared. Inmediatamente pudo advertir la tenue iluminación que indicaba la presencia de aquel lector electrónico situado frente a el; instrumento que, finalmente, le permitiría la apertura de aquellas puertas que develarian todos aquellos secretos tan celosamente guardados por cuyo conocimiento y comprensión aquel hombre había luchado ampliamente durante prácticamente toda una vida. Por lo que prontamente debería cosechar el fruto de su larga investigación gracias a la tarjeta que tenía en su mano, presta para liberar por primera vez aquella gigantesca caja de pandora que desafiante se yerguía delante de él.

Pero en vez de experimentar dentro de sí la esperable punción de la impaciencia, lo que prontamente pudo sentir aquel hombre en su cabeza sería el duro y frio cañón de una pistola. No le sintio venir, pero el hecho de que dicha arma estuviera permaneciendo en sus sienes sin que hubiera sido vaciada en su cabeza tan solo podía significar que quien fuera quien estuviere empuñando aquella arma en verdad no le querría muerto; al menos, no aun. Y apostando el todo por el todo a la primera y única posibilidad que acudió a su mente, se arriesgo a dirigirse a esa otra persona.

-Tal pareciera que ya te encuentras mucho mejor.

-Me encuentro perfectamente bien-. Le contestaría una conocida voz femenina. Voz que, a pesar de la fuerte seriedad con que pronuncio sus palabras, fue capaz de aliviar bastante a ese hombre, ya que sabía bien que la dueña de aquella voz no tendría el valor de atreverse a dispararle. Al menos, no todavia.

-En todo caso, vaya forma tienes de agradecer, ¿no lo crees?

-Precisamente si aun no te vuelo la tapa de los sesos, es únicamente porque todavía te estoy agradecida por lo que hiciste por mí durante la última noche.

-Pues, me da mucho gusto saber eso.

-Sea como fuere, dime una cosa. Acaso es este tu verdadero empleo. ¿O tan solo se trata de un trabajo de medio tiempo?

-Buena pregunta ¿No lo crees así?

-Cierto. Y por ello sería bueno que empezaras a responderla cuanto antes. Después de todo, todavía no se bien a ciencia cierta con quien me encuentro hablando en estos momentos. Si con Ryouji Kaji, flamante inspector de enlace de NERV comisionado ante la Organización de las Naciones Unidas; o si estoy hablando con Ryouji Kaji, miembro de la sección especial de investigación del gobierno japonés.

-Vaya, vaya. Si que te has enterado sobre bastantes cosas Misato.

-No subestimes a NERV-. Contesto desafiante la mujer que estaba tras de sí.

-Bien, tendré eso en consideración. Pero ahora tú dime. ¿Acaso te envió acá el Comandante Ikari?

-No. Esto es por iniciativa propia. Pero te lo advierto, si cometes una equivocación, morirás.

-Tal vez tengas razón Misato. En todo caso, déjame decirte que, contra lo que pudieras estar pensado, yo no he sido el único que te ha estado escondido cosas durante todo este tiempo. Deberías saber que el alto mando junto con Ritsuko también te han estado ocultando demasías cosas.

-¡¿A que te refieres?!

-Me refiero a esto-. Sentenció el hombre mientras deslizaba velozmente por el lector la tarjeta que tenía en sus manos antes que ella, o alguien mas, reaccionara. Haciendo que la tímida iluminación de la pequeña consola en frente suyo cambiara su tonalidad de roja a verde. Todo ello mientras un pesado ruido semejante a infinitos convoyes arrastrándose lentamente inmediatamente comenzó a resonar desde lo mas profundo de aquel lugar y se expandía frente a ellos, develando lentamente de paso una imagen impactante que resultaría difícil de olvidar para los presentes.

A pesar de la escasa iluminación que había en aquellas dependencias, no resulto difícil apreciar que ante ellos aparecía la imagen de una gigantesca e imponente entidad blanca crucificada que a pesar de tener aspecto algo grotesco, no por ello dejaba de asemejarse a un humano, ello a pesar de carecer de piernas y de tener su costado perforado por algo que parecía asemejarse a una lanza igualmente imponente.

-Pero que es eso. Eso es… ¿Un Eva? No, no puede serlo. Eso ha de ser algo mas, mucho mas. Pero no puede ser. Eso debe ser…-. Decía Misato, tratando de encontrar las palabras que le permitieran comprender lo que estaban viendo sus ojos.

-Eso que ves ahí enfrente es el primer humano. Aquello que dio origen y explica todo y cada uno de lo que ha sucedido desde el día del segundo impacto hasta ahora.

-¿Eso… acaso esto es Adán? ¿Aquí? ¿En las instalaciones de NERV?-. Se cuestionó Misato mientras dicho agente nada diría al respecto. Lo que dio pie para qué ella siguiera absorta intentando asimilar todo lo que había visto, antes de que aparentemente lograra entenderlo al pronunciar estas palabras.

-Ahora lo entiendo. Era yo quien en verdad estaba subestimando a NERV.

Para la Mayor Katsuragi, lo que había descubierto en el corazón del Dogma Terminal fue toda una sorpresa que de golpe procedió a revivir viejos fantasmas que creía ella sepultados, recuerdos que la hicieron por momentos flaquear y que obligaron a Kaji a voltearse para sostener a esa mujer. Pero para aquel hombre, lo que había visto no era una sorpresa, sino que la constatación de algo que él ya sabía. Misato en verdad tenía razón, Adán si estaba en las instalaciones de NERV, pero no en el lugar donde la Mayor había inferido. De hecho, lo que ellos estaban aun observando no era Adán, sino que se trataba de otra forma de semilla de vida equivalente y muy parecida a Adán, pero no idéntica a este. De hecho, el incluso ya conocía cual era la denominación clave que había sido asignada para ese gigante crucificado.

"Lilith".

De esta manera, muchas cosas que hasta ese momento parecían bastante extrañas parecían hacer ahora pleno sentido; al menos, para el accionar de NERV. El Comandante Ikari tenía la custodia del embrión criogenizado al que había sido reducido la semilla de la vida conocida como Adán, también poseía a Lilith resguardada en sus instalaciones y; no conforme con todo lo anterior; tenía a su cargo y disposición a las creaciones humanas que habían sido exitosamente elaboradas en base a la entidad conocida como el primer ángel. Las unidades biomecánicas de combate conocidas como "Evangelion".

Pero, ¿Acaso esas eran todas las piezas de este rompecabezas? ¿O acaso había algo mas involucrado en esta compleja operación? Últimamente, sus investigaciones parecían sugerirle con meridiana claridad que, a pesar de todos estos elementos involucrados, aun había algo que permanentemente estaba ahí escondido, escapándose a su alcance. Eso frustraba a aquel agente, pero no le sorprendía en lo mas mínimo; después de todo, si algo había descubierto tras largos años de investigar a NERV es que todo lo que involucraba a esta organización no era mas que una neblina densa y oscura que quizás estaba ahí únicamente para encubrir sombras aun mas densas y oscuras. Igual como un laberinto largo y complejo cuya única salida posiblemente no sea mas que la entrada hacia otro laberinto aun mas grande y complejo que el anterior.

Sea como fuere, una cosa era segura. Aunque le costara la vida, el investigaría hasta llegar al fondo de todo este meollo. Y cuando lo lograra, se lo contaría a Misato. Ella, mas que nadie, merecía saber la verdad de todo este asunto. Por todo lo que él más quisiera, ella llegaría a saberlo todo y le ayudaría a que la verdad saliera a la luz y finalmente se hiciera plena justicia.

Pero por el momento, lo mejor para esa mujer que aun estaba refugiada en sus hombros debería seguir creyendo que esa gigantesca presencia mutilada, maniatada y desafiante era Adán. Después de todo, ella aun no parecía encontrarse totalmente preparada para que entendiera todo lo que él hasta ese momento sabía. Además, si algo llegaba a pasarle, esa información incompleta bien podría salvarla al dejarla liberada de razones valederas de sospechas.

Si. Mucho más temprano que tarde, toda la verdad finalmente sería descubierta y prontamente llegaría la hora indicada para que esta fuera develada. Pero hasta que ese momento finalmente llegara, era mucho mejor para todos que algunas cosas siguieran esperando.

Continuará….


¡Hola a todos!

Después de un largo tiempo sin haber publicado nada de nada (realmente un larguísimo tiempo), finalmente ha llegado la hora de romper el silencio y volver al ruedo. Para ello, nada mejor que partir con esta nueva historia que, a decir verdad, está basada en una loca idea que llevaba incubando desde hacía ya varios años. Idea que hoy día; y tras un largo tiempo de escrituraciones, revisiones y correcciones; puedo decir que ha salido de las penumbras para, finalmente, ver la luz.

Por el momento, no puedo contarles mucho más detalles, ya que esta historia recién está desplegándose ante nosotros. Pero si puedo contarles que cualquier sugerencia o comentario pueden hacerlo escribiéndome un review.

Por último, pero no por ello menos importante: Las siempre pertinentes y necesarias aclaraciones legales para evitar malos entendidos y problemas:

Evangelión, así como todos sus personajes y caracteres son propiedad de Gainax/Khara, así como de todos aquellos que legalmente les sucedan y/o representen a futuro. La publicación del presente fanfic no representa reclamo de dominio o de cualquier otro derecho sobre dicha producción y/o sobre sus propietarios o representantes. Así mismo, esta historia es íntegramente una obra de fanáticos para fanáticos, por lo que su publicación no persigue ánimo de lucro o beneficio alguno sobre la misma producción y/o sus propietarios o representantes.

¡Nos estaremos leyendo!


Notas:

1- Oberst: Coronel del Ejército Nazi

2- Hauptmann: Capitán del Ejército Nazi

3- Schutzstaffel (SS): Se formó como una guardia personal de Hitler, pero luego evolucionó en un segundo ejército, que operaba junto al ejército regular alemán.

4- SS-Hauptsturmführer: Capitán de las SS.

5- Ahnenerbe: Entidad científica alemana constituida formalmente en 1935 por dirigentes e ideólogos del nazismo para realizar y divulgar investigaciones con fines educativos en apoyo de la ideología nazi y en particular, de sus teorías relacionadas con la raza aria, en paralelo con sus investigaciones de la raza germana.

6- Wehrmacht: Fuerzas Armadas regulares de la Alemania Nazi.

7- Blitzkrieg (Guerra relámpago): Táctica militar de ataque, utilizada por la Alemania Nazi al inicio de la Segunda Guerra Mundial, que implica un bombardeo inicial, seguido del uso de fuerzas móviles atacando con velocidad y sorpresa a fin de impedir que el enemigo pueda llevar a cabo una defensa coherente.