–No te muevas.

–Auch. ¡Ten más cuidado! Parece que no soy tu amigo casi hermano.

–No es mi culpa que aceptes retos de borrachos.

– ¡Era necesario, se atrevió a llamarme cobarde!

– ¿Acaso eres un niño Woo Bin?– Rebatió él ajustando deliberadamente más las vendas en su muñeca.

– ¡Maldita sea Ji Hoo! ¡Eso duele!

–Deja de moverte, además pudiste hacer que un médico te viera en la comodidad de tu casa. ¿En realidad a qué veniste?

Él príncipe de la mafia miró a su amigo fijamente, tenía ojeras bajo sus ojos, los pómulos de su rostro se veían claramente marcados y aunque su ropa estaba perfectamente planchada era obvio que no estaba bien.

La boda de Jun Pyo y Jan Di le había afectado más de lo que se permitía mostrar, debía animarlo y como Yi Jeong estaba con las manos llenas debido al avanzado embarazo de Ga Eul caía en él la tarea de ayudar a su amigo, es por eso que él siempre dijo que necesitaban más amigos.

Quien diría que la inocente novia del alfarero saldría embarazada antes del matrimonio, pero en fin.

Entonces una idea brillante (según el) se le ocurrió y una brillante sonrisa lentamente se expandió por su rostro.

Ji Hoo necesitaba conocer gente nueva.

–Hey Bro sólo quería que me curaras el esguince.– Exclamó con inocencia y él médico lo miró con el ceño fruncido.

–Si tú lo dices.

–Necesito un favor– dijo de repente mientras su mente marchaba a toda prisa.

– ¿Qué ocurre?– Interrogó el jóven ya que no era propio de su amigo el pedir la ayuda de nadie, normalmente siempre era al revés.

–Nada malo, pero necesito que alguien me ayude a escoger el regalo para el bebé de Ga Eul y Yi Jeong, y... Pues yo no tengo idea de que pueda darle, así que me preguntaba si tú me podrías ayudar con eso de que siempre estás en la clínica y casi siempre estás rodeado de niños.

Ji Hoo entrecerró los ojos algo le decía que ese no era el verdadero motivo pero realmente no se le ocurría que otra cosa podría ser, así que sólo asíntio aceptando ayudarlo, además el también debía buscar algo.

Termino de vendar firmemente la muñeca del chico ganándose miradas de reproche del mismo, y tras avisarle a su abuelo salieron de la pequeña clínica, miró el auto deportivo y suspiro odiaba el ostentoso auto de Woo Bin, pero como no creía que él aceptaría ir en su moto tuvo que aceptar.

Minutos después se hallaban ante el inmenso centro comercial Shinhwa en el que tras sus muros este estaba lleno de boutiques de prestigiosas marcas.

Bajaron del deportivo de Woo Bin, e inmediatamente a sus oídos llegaron los susurros emocionados de las jóvenes coreanas a su paso.

Menos de una hora después y su amigo ya tenía el número de al menos quince chicas, él cortésmente rechazó a otras 19.

No llevaba muchas compras no era su estilo sólo lo indispensable o aquello que le llamara la atención.

Algunos sacos, corbatas y chaquetas, además de que la cuna y un pequeña bañera de porcelana ya había sido encargada, desvío la mirada del colorido vitral que adornaba el techo y se giró a su amigo que tras guiñarle el ojo a una chica que pasaba junto a ellos le mencionó que necesitaba nuevas sudaderas y playeras de deporte.

Ambos se acercaron a una mesa con camisas y playeras encima.

–Mira está. – Exclamó Woo Bin mostrándole una camiseta que aparentaba haber sido manchada de pintura y el enarcó una ceja.– Tienes razon es demasiado horrible.

Acto seguido la lanzó encima de la demás ropa.

–Buenas tardes, bienvenidos.– Escuchó una voz tras ellos decir pero ninguno respondió.

Se acercaron a las sudaderas colgadas ignorándo por completo a la chica que los había saludado como usualmente hacían con los vendedores que los veian como una mina de oro.

–Hey. –Llamo Woo Bin de repente con su usual sonrisa matadora provocando que la joven se acercara de inmediato.

– ¿Si caballero?

De soslayo la miró y enarcó una ceja al notar que su amigo la analizaba y rápidamente la descartaba como posible conquista ante su apariencia.

–Llevare estas– dijo mientras le daba un par de playeras y una sudadera.

–Por supuesto, síganme por favor.

Debia darle crédito a la chica, ni un titubeo o patético intento de coqueteo con ellos, ella estaba en lo suyo a diferencia de sus compañeros, no vaciló o se sonrojó algo poco usual ya que todas las chicas que los veían lo hacían, no es que fuera un arrogante pero tampoco era un estupido para no darse cuenta de ello.

La vio hábilmente doblar y guardar las prendas y mientras lo hacia inconscientemente la analizó.

El saco del uniforme y su pantalón eran muy grandes para ella, sus cabellos sujetos en un broche de la cual salían varios mechones haciéndola parecer más grande de lo que en realidad era, pero lo raro en ella era su mirada oculta tras esos cristales, sus ojos eran grandes y sus pestañas largas pero el maquillaje que usaba no la favorecía en nada, demasiado recargado.

Con la orientación correcta esa chica sería algo a tomar en cuenta y más al ser extranjera.

–Aqui tiene, muchas gracias por su compra. Que tengan un excelente día.– Exclamó ella sacándolo de sus pensamientos haciendo una rápida reverencia y clavando sus ojos en los de él por primera vez.

Su mirada estaba completamente apagada, se veía en ella una profunda tristeza, sintió un nudo en su garganta por un momento y él solo asintió.

A su lado Woo Bin tomó las bolsas de compra y sin dirigirle otra mirada a la chica se giró dispuesto a irse, y el naturalmente lo siguió hasta las escaleras eléctricas.

– ¡Son tan calientes!– Exclamó uno de sus compañeros, a su lado en la escalera Woo Bin soltó una carcajada al oírlo y el suspiro derrotado.

– ¡Sunbae!– Chilló la extranjera claramente avergonzada.

Y sin evitarlo una leve sonrisa apareció en su rostro por primera vez en meses.


– ¡Qué romántico!

Una mueca adornó su rostro ante el agudo tono de su compañera.

A su lado su otro compañero tenía el rostro completamente iluminado al recordar aquello.

–Bueno, pues a mí lo más lindo que me ha pasado fue cuando el imbécil de mi ex cargo un peluche enorme con un ramo de flores por toda la venida principal.– Exclamó la coreana con el ceño fruncido.

Entonces ambas miradas se clavaron en ella con interrogación logrando ponerla ligeramente nerviosa.

–Eh.. Yo necesito ir al servicio.– Exclamó y antes de que ninguno pudiera decir algo prácticamente bajo corriendo las escaleras eléctricas frente a ellos.

Mientras esperaba en la fila su turno para entrar, su mirada se desvió al gran espejo sobre los lavabos y sin evitarlo un pinchazo de tristeza cruzó su pecho, al verse así misma.

En el reflejo sus ojos se desviaron suavemente a las chicas formadas frente a ella, todas y cada una de ellas hermosas, de sedosos cabellos, largas piernas, figura fina y rostro de porcelana.

Resistió el impulso de llorar y respiro profundamente, debía dejar de auto compadecerse así misma.

Vamos acéptalo quien en su sano juicio se fijaría en ti. ¡Mírate!

Sin evitarlo de nuevo se miró al espejo, suspiró derrotada y salió de la fila realmente no tenía ganas de entrar, en su lugar se acercó y mojó sus manos para intentar aplacar su cabello con el frío líquido, pero al sentir las miradas de las chicas en el baño ella mejor tomó el broche que guardaba en su saco y amarró como pudo sus cabellos.

Espero unos buenos diez minutos hasta que estuvo segura que sus compañeros habían cambiado la conversación.

Mientras subía nuevamente las escaleras pensó qué decir si ellos la interrogaban, pero para su fortuna la platica estaba ahora en el extenso tiempo que trabajarían por las próximas rebajas.

Cohibida se alejó de ellos y fingió acomodar las camisas de la mesa de enfrente.

Por el rabillo del ojo los miró y suspiro, huir había sido la única manera de evitar sus preguntas, cómo decirles que a ella jamás le había pasado algo así, ningún chico le había regalado un peluche o flores como a su compañera de largos rizos rojizos y tez oscura.

Ni mucho menos le habían propuesto matrimonio frente a cientos de personas como a su compañero gay.

Era patética, no podía decirles eso o ellos la mirarían con lástima y dirían lo mismo que todos.

–No te preocupes ya conocerás a alguien especial...

Y ella por supuesto sabía que jamás le pasaría, hace mucho se había rendido y había aceptado que siempre estaría sola.

Si, era patética.

En su vida sólo había tenido dos novios, el primero...

No, no pienses en ello.

Fue al que más quiso, y el segundo, bueno fue un patan que solo tomó su virginidad y se largó.

Imbécil...

Hace más de tres años había llegado a Seúl, y al igual que muchas latinas con el sueño de vivir una fantasía de amor producto de su obsesión con los doramas.

Pero nada estuvo más alejado de la realidad.

Primero, no sabía el idioma al cien por ciento sólo lo que pudo al estudiar por su cuenta y en un grupo de WhatsApp, ya que ella no se había podido permitir una escuela de idiomas.

Segundo, cuando sus ahorros se acabaron al turistear supo que tenía problemas y más al haberse gastado incluso lo que usaría para pagar el viaje de regreso.

Maldición, debí comprar el boleto de regreso desde un inicio.

Así que sin más opción estuvo dando tumbos de un lado para otro, hasta que alguien tuvo la suficiente lástima de ella para contratarla.

Y tercero, cuando tuvo el dinero para su regreso se le habían sumado las deudas de la habitación que consiguió para vivir, y ahí nuevamente se fue el dinero de su viaje de regreso.

Así duro un año hasta que en el periódico salió un anuncio de un centro comercial muy prestigioso, donde solicitaban vendedores, pero exigían fueran extranjeros pues tendrían una campaña, probó suerte y la eligieron cuando el contrato de tres meses acabó le suplicó de rodillas a su jefe que le permitiera quedarse explicando que no tenia nada más y ella necesitaba retornar a su país natal.

Y la lástima de nuevo hizo acto de presencia, pues gracias a la que su jefe le tuvo se quedó como fija siendo asignada al área de ropa de caballeros donde conoció a Hyun un joven apuesto gay, y a Hee Sook una chica de piel extrañamente oscura y largos rizos.

Se quedó mirando al infinito unos instantes perdida en sus pensamientos, necesitaba volver a su casa, su madre ya estába lo suficientemente preocupada y juraría que ella pensaba que tenía un hijo y por eso no volvía.

Sacudió la cabeza ahuyentando sus pensamientos, eso era estupido.

– ¡Oh por dios!– Exclamó una extasiada Hee Sook atrayendo su atención.

– ¡Ese si es el amor de mi vida!– Dijo esta vez Hyun con una pizca de lujuria.

Curiosa dejo las camisas en su lugar y se acercó a ambos, notando la mirada embobada de estos, sus ojos siguieron la dirección de su mirada y en el otro lado del pasillo vio a un par de jóvenes, pero por la distancia sus ojos no definían bien sus rasgos, su vista nunca había sido buena y ahora menos con sus lentes ligeramente rayados.

Sus compañeros chillaron emocionados al ver cómo estos se acercaban directo a su área ignorando por completo el caos que dejaban a su paso.

Ambos se detuvieron exactamente en las camisas que acababa de doblar, uno de ellos tomó una camisa pero inmediatamente hizo una mueca y la tiró encima de las demás, ella frunció el ceño ante esto.

Volteó a ver a sus compañeros y enarcó ambas cejas al verlos susurrando acaloradamente con las chicas de envolturas sobre quien era más lindo.

Sí hubiera podido habría hecho berrinche, pues ahora ella debía acercarse a ellos, realmente no entendía como por una cara linda todas sus compañeras y Hyun suspiraban.

Se acomodo sus lentes que se habían resbalado y con una gran sonrisa falsa se acercó a ambos.

–Buenas tardes, bienvenidos.– Exclamó y realizó la ya acostumbrada reverencia, al alzarse nuevamente notó que ambos ahora veían algunas sudaderas ignorándola por completo.

Mantuvo su distancia como solía hacer esperando a que la llamaran, lo cual sabía harían en cualquier momento.

–Hey.– Dijo uno de ellos con una sonrisa pícara y ella se acercó de inmediato.

– ¿Si caballero?

Él susodicho la miró fugazmente de arriba a abajo y captó un atisbo de burla, pero ella lo ignoró acostumbrada ya.

–Llevare estas– mencionó el como si nada entregándole casi diez prendas de las más costosas y ella asintió.

–Por supuesto, síganme por favor.

Ignorando hábilmente los susurros cada vez más emocionados de sus compañeras y Hyun, se acercaron a la caja y rápidamente procedió a quitar ganchos y embolsar las prendas, con una ligera emoción al ver el monto y saber que con eso acompletaria lo que le faltaba para su meta diaria.

Él de la sonrisa pícara le dio su tarjeta y tras cobrarle, ella le entregó ticket y todo.

–Aqui tiene, muchas gracias por su compra. Que tengan un excelente día.– Exclamó y nuevamente aquella reverencia.

Suspiro al verlos marcharse, los chicos apuestos nunca la habían intimidado ni la ponían nerviosa pero si la agotaban.

Sintió el brazo de Hyun en sus hombros y como Hee Sook sacudía su brazo aún emocionada.

– ¡Son tan calientes!– Exclamó Hyun directo en su oído dejándola sorda.

– ¡Sunbae!– Le reclamó molesta mientras el chico reía encantado.

Refunfuñando por lo bajo se alejo de el.

–Si eran lindos...– Pensó ella durante un instante mientras sonría un poco por primera vez en años.