El sonido del locker siendo cerrado hizo eco en la pequeña habitación, se sentó en una banca de madera frente a ella y procedió a quitarse las zapatillas de tacón negro de charol para acto seguido colocarse unos tenis azules.

Gimió de alivio ante ello, y tomando su vieja mochila se encaminó a la salida, los guardias en la entrada revisaron su bolsa y al ver que en ella no había nada de valor le permitieron la salida.

Tras ella escuchó cerrarse los candados desde dentro, cada día siempre ella era la última en salir, en especial los domingos, odiaba ese día más que cualquier otro ya que era el único en que se les exigía ir de falda negra, medias, zapatillas y chaleco con blusa blanca.

Se encogió de hombros y sacando sus audífonos los conectó a su celular, en sus oídos de inmediato resonó el grupo Big Bang entonando Haru Haru, amaba esa canción, sin evitarlo su cabeza se agitó al ritmo de la música.

Se sentó en la parada del camión tranquilamente, hasta que sintió como alguien se dejaba caer pesadamente a un costado de ella.

Trato de ignorar pero los movimientos cada vez más frenéticos llamaron su atención, quitándose un audífono se giró y vio a un par de chicas.

Ambas eran hermosas, pero en especial la joven de largos cabellos negros que se notaba estaba embarazada, frente a ella agachada en el suelo la otra chica le quitaba las sandalias que llevaba mostrando sus pies sumamente hinchados.

–No debiste traer esos zapatos.– Regaño gentilmente la chica.

–Lo siento.– Susurró en respuesta la otra chica– pero pensé que la gente de Jun Pyo-sunbae sería quien no llevara de compras hoy.

–Fue mi culpa Ga Eul, debí avisarte.

–Esta bien Jan Di, no era tu intención.

Por la conversación de ambas y el tipo de ropa supo que aquellas chicas eran de buena posición económica, pero aún así se quitó sus tenis y sacando las zapatillas se las puso de nuevo ignorando el dolor en sus pies.

Guardó sus audífonos y se acercó a ellas.

–Perdónenme por mi intromisión– exclamó ella ganando la atención de ambas y extendió el par de tenis.– Pero creo que tú los necesitas más que yo.

Ambas jóvenes la miraron sorprendidas.

–No es necesario– exclamó la joven embarazada con las mejillas ligeramente coloradas.– No puedo aceptarlos, además se ve qué tu vas saliendo del trabajo y debes estar cansada.

–Estoy bien en serio– respondió ella para rápidamente agacharse junto a la otra joven y ponerle los tenis a la chica.

Jan Di y Ga Eul miraron algo incómodas a la chica, pues ninguna estaba acostumbrada a tal muestra de confianza de alguien ajeno a su círculo cercano de amistades y menos aún de una extranjera.

–Gracias– dijo Jan Di y de inmediato se puso de pie y realizó una reverencia.

Ella les sonrió y a lo lejos vislumbró su camión, entonces todo pasó muy rápido.

Miró a ambas dispuesta a despedirse cuando la chica embarazada se dobló por la mitad y lanzó un grito agudo, un líquido transparente descendió por sus piernas provocando que la otra chica chillara de sorpresa.

– ¡Ga Eul!

El camión pasó junto a ellas mientras la joven extranjera las miraba con los ojos completamente abiertos, y rápidamente reacciónar.

–Una ambulancia. ¡Hay que llamar a una ahora!– Grito mientras por reflejo atrapaba a la chica antes de que ésta se estampara contra el duro concreto.

Jan Di con manos temblorosas sacó su teléfono, solo para descubrir que su batería había muerto, sin saber que más hacer y olvidando que ella misma había estudiado medicina, miró a la extranjera y está le ordeno sostener a Ga Eul, cuando la chica pasó a brazos de la otra esta rápidamente se acercó a la calle haciendo señas a cada auto que pasaba pero ninguno se detenía.

Frustrada se acercó de nuevo a ellas y poniendo un brazo de la chica en sus hombros la ayudó a levantarse.

–Perdemos más tiempo aquí– dijo a Jan Di.– Aqui a la vuelta hay una parada de taxis, hay que ir ahí.

–Pero ella no puede caminar.– Respondió con duda mientras tomaba su otro brazo para también ayudarla a caminar.

–No hay opción. Vamos chica, no creo que quieras tener en la calle a tu bebé.

El rostro de Ga Eul mostró una profunda mueca de dolor pero que aún así se obligaba a caminar.

La distancia era poca pero el hecho de que ambas llevaban prácticamente cargando a una tercera embarazada, dificultaba todo, había sido una fortuna haberle puesto sus tenis, sino la chica habría tenido que ir descalza.

Aunque para la mala fortuna, una de las zapatillas de la extranjera se hundió en un pequeño bache ocasionando que casi cayeran las tres de cara al piso, sin dudar botó sus zapatillas en unos arbustos cercanos quedando descalza, y sintiendo las piedras del suelo clavarse dolorosamente en las plantas de sus pies.

Un señor mayor que fumaba un cigarrillo lo dejo caer de la impresión al verlas doblar la esquina, rápidamente hizo señas a sus demás compañeros y estos se acercaron a las jóvenes.

–Por favor señor deben ayudarnos.– Exclamó con tono histérico Jan Di.

–Ella debe ir a un hospital ahora, –continuó la extranjera.– Su fuente se rompió, el bebé nacerá en cualquier momento.

– ¡Si por supuesto!– Exclamó el hombre ligeramente pálido.

Entre los taxistas subieron a Ga Eul y las jóvenes también abordaron, las llantas del auto chirriaron ante la velocidad con la que salió, mientras la pobre Ga Eul lloraba sin cesar.


En una oficina, un apuesto joven de cabellos negros hablaba exaltadamente por teléfono, del otro lado de la línea otro trataba de tranquilizarlo.

–Yi Jeong, respira

– ¡Pero ella desapareció!

–Lo se. Y por supuesto también Jan Di desapareció.

– ¡Pero ella no tiene más de ocho meses de embarazo Woo Bin!

–Sabes bien que si ellas estuvieran en peligro, yo lo sabría y Jun Pyo habría ya movilizado a medio ejército. Debes calmarte ambas chicas sólo querían un tiempo para ellas, dios sabe que la pobre Ga Eul se sentía asfixiada de tanta protección y paranoia tuya.

–Lo sé, pero sabes bien que era necesario.– Exclamó indignado.– Ese bebé es fruto de nuestro amor.

Del otro lado de la línea el joven coreano rodó los ojos ante la cursilería de su amigo.

–Si. Si. Pero aún así...

–¿Joven amo?

Yi Jeong enarcó una ceja al oír una tercera voz del otro lado de la línea.

–Dame un segundo Bro.

Se escuchó cómo el celular era dejado sobre alguna mesa para que segundos después una serie de gritos molestos resonaran con fuerza en aquella enorme casa.

El celular fue de nuevo tomado y con nerviosismo se escuchó una garganta carraspear.

–Yi Jeong...

– ¿Qué era lo que decías Woo Bin?– Pregunto cínicamente el aludido con furia mientras prácticamente corría a su auto, debía buscar de inmediato a su prometida, podría estar en peligro.

–Movilizaré a todos y le avisaré a Jun Pyo y Ji Hoo.– Exclamó seriamente mientras la comunicación se cortaba.

–Ga Eul...


– ¡¿Cómo qué no pueden recibirla?!

–Señorita, por favor cálmese.

– ¡¿Com6o quiere que me calme?! ¡Ella está prácticamente dando a luz en el pasillo!

La enfermera estaba aterrada y la única barrera que la protegía de momento era el escritorio de la recepción.

Había sido un día tranquilo, hasta que tres chicas cruzaron la entrada y era claro el motivo de su visita, inmediatamente se acercó a ellas, pero al decirles que no podría ingresar a la chica porque no traía su identificación, ni su número de seguro la extranjera prácticamente se lanzó a ella como una leona furiosa y ella corrió a esconderse a su escritorio.

Ella de verdad quería ayudarlas pero eran las políticas del hospital, vio a la otra chica sostener a la embarazada y decirle que debía respirar, frente a ella la extranjera se veía pálida pero sumamente furiosa.

– ¡Esto es estupido!– Exclamó Jan Di.– ¡Tiene idea de quién es mi marido!

Ella odiaba usar el nombre de Jun Pyo, pero no veía otra solución en aquel momento, y si debía usar la influencia de su caprichoso marido para ayudar a Ga Eul, eso haría.

Pero antes de que ella dijera siquiera media palabra, vió a la extranjera erguirse totalmente y lanzar una mirada mortal a la enfermera, mirada que prometía un profundo sufrimiento.

–¡Ustedes deben atenderla ahora! ¡Si no lo hacen y le pasa algo yo personalmente me encargaré de que se responsabilicen por ello!– Exclamó de nuevo azotando ambas manos sobre la mesa.

Un grito más fuerte que los anteriores proveniente de Ga Eul resonó y la pobre enfermera sabiendo que quizás la despedirían terminó asintiendo, hizo señas a un par de enfermeros que miraban todo y ellos de inmediato se acercaron con una camilla subiendo a la chica en ella y corriendo al quirófano.

Otra enfermera, que había sido testigo silenciosa con temor le entregó una serie de papeles a la extranjera y está los miró confundida.

–Debe llenarlos, mientras tanto pida que traigan lo demás para cuando ella salga.– Respondió a su pregunta no formulada para rápidamente girarse y entrar prácticamente corriendo al quirófano para evitar el fuerte temperamento de la chica.

La joven suspiró y con papeles en mano se acercó a Jan Di y le dijo lo mismo que le habían dicho hace unos segundos a ella.

Jan Di rápidamente tomó una pluma del escritorio y comenzó a llenarlos, mientras la otra chica se dejaba caer en una silla y rápidamente escarbaba en su mochila sacando un teléfono bastante desgastado y extendiéndoselo a la coreana.

–Ten, debes llamar al padre del bebé y decirle lo qué pasa. Él debería estar aquí.

Jan Di asintió, aunque no se sabía el número de Yi Jeong, pero si el del tonto de su marido.

En pocos minutos, las puertas del hospital nuevamente sé abrieron mostrando a la cabeza a un Yi Jeong realmente pálido, seguido de un furioso Jun Pyo, un visiblemente más tranquilo Woo Bin y un silencioso Ji Hoo.

Él ceramista pasó de largo a las chicas para dirigirse a la enfermera más cercana, la cual después de explicarle brevemente todo le entregó una bata y le indicó entrar al quirófano pues su prometida estaba apunto de dar a luz.

– ¡Hey lavandera!– Exclamó un exaltado Jun Pyo y la susodicha se levantó como un resorte de la silla para encarar a su marido. –¡¿Dónde diablos estaban las dos?!

– ¡No me hables así Goo Jun Pyo!

– ¡Sabía que había sido tu idea!

– ¡Sólo quería ayudar a Ga Eul! ¡Ella se asfixiaba ahí encerrada!

–Sabia que era eso...– Murumuro Woo Bin que para su suerte sólo Ji Hoo lo oyó.

La extranjera sólo veía la escena con los ojos completamente abiertos de par en par, su mirada iba de uno a otro dando la impresión de qué aquello parecía un partido de tenis.

Notando que no era ni el momento ni el lugar Ji Hoo carraspeó atrayendo la atención de la joven pareja.

–Quizás deban discutir eso después- dijo él violinista sin emoción alguna mientras con un gesto de cabeza señalaba a la extranjera.

Ambos se giraron lentamente y sus mejillas adquirieron un tono rojizo al ver la manera en que la chica los veía.

–Eh...

De la vergüenza pasó de nuevo al enojo el heredero del grupo Shinhwa, y atravesando en tres grandes zancadas el pasillo se paró frente a ella, irguiéndose cuan alto era.

– ¿Tú quien diablos eres? ¿Y cómo conoces Jan Di?

La chica hizo una mueca ante el tono grosero en que el chico le habló pero decidida a ignorarlo sólo suspiro.

Se levantó de la silla donde estaba, y torpemente realizó la ya usual reverencia.

Cuando de nuevo ella se irguió fue cuando tres de los cuatro F4 la vieron.

Su cabellos castaños sujetos en una floja coleta estaban alborotados, el chaleco del uniforme estaba desabotonado mostrando la blusa blanca sin escote, una falda negra con medias, las cuales se veían rotas de abajo y por supuesto iba descalza .

En su rostro notaron grandes ojeras lo que indicaba que aquella chica no había descansado bien últimamente.

–Es un placer, mi nombre es Verónica.

Y fue entonces cuando sus ojos y los de Ji Hoo se conectaron por breves segundos que a ellos extrañamente les parecieron eternos.

–La chica del centro comercial.– Susurró suavemente el pelirrojo pero ante el silencio del lugar todos lo oyeron.

Ella ladeó la cabeza confundida y al reconocer a Ji Hoo y Woo Bin avergonzada clavo la vista en el suelo.

Y antes de que ninguno dijera algo más las puertas del quirófano de nuevo se abrieron y un extrañamente lloroso Yi Jeong salió sorprendiendo a sus amigos.

– ¿Qué sucede?– Pregunto Jun Pyo.

–Ga Eul... Ella..

–Yi Jeong. ¿Qué sucede?– Preguntó de nuevo pero esta vez Woo Bin adoptando un semblante serio.

–La señorita ha perdido mucha sangre.– Respondió un doctor que salía atrás del ceramista.– Necesita con urgencia una transfusión.

–Entonces que espera, hágala.– Exclamó Jan Di.

–Ella es AB negativo, el tipo de sangre más raro del mundo, actualmente es casi imposible de conseguir en Seúl. Si no se hace la transfusión en menos de dos horas ella morirá.