Su corazón se detuvo por un instante, mientras sentia como el suelo bajo ella dejaba de sostenerla, por reflejo un par de brazos la sostuvieron protectora pero posesivamente evitando que cayera de bruces al suelo.

– ¿Q... Qué?

Rápidamente al ver la palidez de su esposa Jun Pyo obligó a Jan Di a sentarse de nuevo, la muchacha no puso objeción sólo se dejó llevar.

El médico rápidamente comenzó a explicar la situación, pero un leve susurro lo interrumpió.

–Jun Pyo...– Susurró débilmente mientras lo veía suplicante.

Él asintió solemnemente ya que eran contadas las ocasiones en que ella le pedía algo.

Rápidamente tomó su celular y comenzó a marcar, inmediatamente Woo Bin y Ji Hoo lo imitaron.

Yi Yeong se giró y tomo rumbo a la habitación de Ga Eul, él confiaba en sus hermanos, así que dejó el asunto en sus manos, después de todo aún no existía nada que los F4 no pudieran hacer.

Ajena a esto Verónica salía del servicio y al girar en el pasillo miró a su alrededor y notó que el médico y el otro chico ya no estaban, ella al ver al médico y sabiendo que aquello debía de ser delicado decidió darles privacidad, hizo un fallido intento de arreglar su cabello pero sólo pudo sujetarlo en un pequeño chongo, cada paso que daba le dolía fuertemente, después de todo al quitarse las zapatillas había pisado los restos de una botella de vidrio y sus pies se habían cortado.

Los chicos la observaron de reojo notando las muecas que hacía al caminar, Woo Bin frunció el ceño al ver las pequeñas manchas de sangre que dejaba tras de sí con cada paso que daba, pero no dijo ni hizo amago de acercarse a ella

Tres celulares colgaron al mismo tiempo, sus dueños se miraron y negaron suavemente, Jan Di al ver esto sintió como su corazón se detenía.

– ¿Chicos?– Preguntó temerosa sabiendo ya la respuesta.

–Jan Di...– Intentó calmar su esposo.

– ¡No!

–Es como dijo el médico.– Habló esta vez Ji Hoo usando aquel tono que empleaba con sus pacientes.– No es posible hallarla en el país, por precaución antes de que cada paciente se realice cualquier procedimiento el hospital debe hacer una solicitud al banco mundial de sangre, normalmente debería de haber una reserva para situaciónes como esta, pero debido al accidente aéreo del mes pasado no se han podido reabastecer las reservas.

–El tiempo de respuesta es de 48 horas.–Prosiguió Woo Bin.– Y el tiempo de entrega es de 24 horas.

–Al menos 72 horas para que ella reciba la transfusión.– Susurró Jan Di mientras las lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas.

Ante esto Jun Pyo sintió un hueco en el estómago, había jurado que no permitiría que ella llorara de nuevo, sin perder más tiempo volvió a sacar su celular y de nuevo comenzó a hablar con un sin fin de personas, exigiendo una solución

Sin embargo todos le daban la misma respuesta y como el banco de sangre mundial estába bajo la jurisdicción de la ONU el no podía ni siquiera sobornar a nadie para acelerar el proceso.

Las llamadas pronto se volvieron gritos y con una gran frustración colgó de golpe y dejándose caer al lado de su esposa sujeto su mano firmemente intentando transmitirle algo de fuerza.

– ¿Porqué?– Pregunto con voz débil.– Ga Eul no es una mala persona, porque le pasa esto a ella.

Ante esto ninguno supo que responder.

Una hora más pasó, y el médico salió de nuevo.

Los miró fijamente y supo que aquellos jóvenes habían fallado en tener acceso a la sangre.

Había veces en que odiaba su trabajo.

–Podemos mantenerla con vida poco tiempo, el suficiente para que todos se puedan despedir. No es culpa suya.– Exclamó en un vano intento de darles consuelo.– El conseguir sangre AB positivo es casi imposible.

Cortando el tensó ambiente, una pequeña exclamación se escuchó provocando que todos miraran a Verónica, la chica cohibida se hundió en su asiento.

– ¿AB positivo?– Preguntó con duda.

–Así es.– Respondió él y una chispa de comprensión brillo en los ojos del médico.

–Yo soy AB positivo.

Ninguno supo cómo reaccionar en ese instante no creyendo aquello que oían.

Pero sin que nadie pudiera evitarlo, Jun Pyo se levantó de un salto de donde estaba y sujetando firmemente la muñeca derecha de la chica la arrastró hasta el doctor ignorando las muecas de dolor que está hacia ante su fuerza.

– ¡De prisa!– Exclamó él.– ¡Deben llevarla y tomar su sangre cuanto antes, no pierdan tiempo!

El médico frunció el ceño, su mirada se dirigió a la muñeca apresada de la chica y a su rostro sorprendido.

–¡Jun Pyo!– Gritó molesta su esposa para de un manotazo limpiar las lágrimas de su rostro y aproximarse a su marido.– ¡No puedes exigirle así como así!

– ¡Quien rayos te entiende mujer!–Le respondió mientras se giraba de golpe zangoloteeando a la pobre extranjera de paso.

–¡Esas no son maneras!–Atajó ella.

Ignorándolo por completo se giró a Verónica, dio un manotazo a la mano de Jun Pyo y cuando éste soltó su muñeca tomó suavemente sus manos con las de ella.

Su mirada llena de dolor la atravesó por completo.

–Es mi mejor amiga.– Comenzó con voz rasposa.– Ga Eul es una buena persona, si yo pudiera lo haría, o cualquiera de nosotros. Ninguno dudaría un instante, pero no podemos, pienso que el que te hayamos conocido hoy fue el destino y más el que ahora seas la única que puede salvarla. Te lo suplico. Por favor sálvala.

La chica dio un respingo sorprendida al ver la profunda reverencia de Jan Di, el silencio invadio el lugar unos instantes, hasta que lentamente su mirada se suavizó y asintió.

–Esta bien.– Respondió ella.

Sujetando a la joven coreana de los hombros, la obligo a erguirse y le sonrió infundiéndole ánimo, todo esto ante la atenta mirada de los F4.

El médico indicó a la chica seguirlo hasta un pequeño consultorio donde rápidamente harían pruebas para ver si su sangre era saludable, en minutos y con resultados positivos rápidamente comenzaron a extraerla.

Ella estaba recostada mirando todo esto ligeramente pálida y mordiendo su labio inferior el cual se veía temblaba ligeramente.

–Odio las agujas.–Susurró ante la mirada curiosa de Woo Bin y Ji Hoo los cuales la habían obligado a recostarse mientras una enfermera curaba sus pies.

Jun Pyo apareció por la puerta con una caja de la cual extrajo un par de sandalias las cuales dejó al lado de la cama.

Ella enrojeció de vergüenza y negándo efusivamente trató de incorporarse.

–No es necesario, de verdad no lo es. No quiero ser una molestia.

–Quieta.–Exclamó Ji Hoo con el ceño fruncido mientras suavemente la empujaba de vuelta a la cama.

–No es ninguna molestia.–Respondió Woo Bin con la mirada perdida en el infinito.

–Aquella chica es lo más importante para nuestro hermano y tú la estás salvando.–Continuo Jun Pyo en uno de sus raros momentos de seriedad.– Es más que obvio que si estás herida te ayudemos.

–El no hacerlo sería menospreciar la vida de Ga Eul.

Ante estas palabras clavó su mirada en el rostro serio de Ji Hoo mientras el clavaba sus ojos en los de ella, y sin dudar le sostuvo la mirada, sus ojos castaños con los negros de él se miraron sin parpadear, Jun Pyo y Woo Bin observaron esto con ligera sorpresa.

Rompiendo el momento la enfermera llamó su atención, ella miró sus pies vendados y escuchó atentamente a la enfermera que le hacía hincapié al pedirle evitar caminar por al menos 24 horas y el evitar estar de pie ya que le llevaría a sus pies sanar al menos una semana pues las cortadas habían sido profundas.

Frunció el ceño y comenzó a pensar si a su jefe no le daría el patatús cuando le dijera que no podría trabajar.

Su mirada se desvió al ver cómo le quitaban la aguja que había servido de medio para sacarle sangre, sin evitarlo se puso pálida de nuevo ocasionando una risita en el príncipe de la mafia.

–Yo... Eh.. Creo que eso es todo. ¿Verdad?– Pregunto a la enfermera y está asintió, de golpe se sentó en la cama acto que provocó que todo a su alrededor se volviera borroso.

Llevo una mano a su cabeza y antes de parpadear siquiera, un sándwich estuvo frente a ella, sus ojos miraron la mano pálida que lo sostenía hasta la persona que se lo daba.

Yi Jeong hacía acto de presencia, sus ojos escanearon rápidamente a la chica tratando de pensar si no sería algún tipo de oportunista o de esas fans locas obsesionadas con ellos, pero al ver su expresión incómoda y él como había terminado lastimada por ayudar a su Ga Eul borró esa idea de inmediato.

Jamás podría alcanzar a pagarle lo que hizo esa chica, prácticamente había salvado al amor de su vida.

–Come.– Ordenó él tajantemente dando a entender que no aceptaría réplica alguna mientras la enfermera que la había curado abandonaba la habitación.

–Gracias...– Susurró ella mientras tomaba el alimento y comenzaba a comerlo poco a poco.

Los F4 la miraban fijamente incrementando su incomodidad, ninguno estaba acostumbrado a tales muestras de generosidad, o al menos así era hasta que el par de plebeyas habían llegado a su vida.

Aún así, aún existía esa desconfianza.

Pues en su mundo nadie hacía nada sin esperar nada a cambio.

Woo Bin sacó su celular y tras enviar un texto dando la orden de investigarla volvió a mirarla fijamente.

Jan Di, la cual había estado en completo silencio sentada en un sofá de la habitación, miró a cada uno dándose una idea de lo que pasaba por sus mentes.

Rodó los ojos y tras ponerse de pie dio un fuerte codazo a su marido, ganándose una mirada fulminante del mismo.

Los minutos se convirtieron en horas, todos esperaban ansiosos noticias buenas, los chicos y Jan Di habían dejado tiempo atrás a Verónica solta en la habitación la cual fue vencida por el sueño y ahora dormía después de todo la cama era muy suave y ella no había descansado correctamente los últimos meses.

Acostumbrada a despertar poco después del amanecer se levantó y con cuidado se puso las sandalias que el chico de cabellos rizados le había llevado, acomodo la cama y tomando sus cosas se dirigió a la salida.

En el pasillo los vio dormidos sobre las sillas, excepto la chica la cual ocupaba la única banca y era cubierta por un saco.

Sabiendo que debería despedirse pero no queriendo despertarlos, decidió sólo decirle a la chica.

Lentamente se acercó a una dormida Jan Di y suavemente la agitó del hombro, la chica despertó en el acto y con el velo del sueño en sus ojos se sentó en la banca y miró a Verónica.

–Debo irme-.–Le susurró y al ver que la coreana estaba por réplicar rápidamente añadió.– Mi turno comienza en un par de horas y debo arreglarme, no puedo esperar.

–Entiendo.– Exclamó Jan Di espabilandose a si misma, se incorporó y de nuevo hizo una reverencia a la chica.– No sabes cuánto te lo agradezco, siempre estaré en deuda contigo.

La joven rápidamente negó mientras agitaba sus manos nerviosamente.

–No. Hice lo que cualquier persona hubiera hecho, no tienes nada que agradecerme. Lo importante es que la señorita está bien.

–Aún así.– Exclamó la joven coreana tomando de nuevo sus manos.– Te lo agradezco en verdad, si necesitas algo no dudes en pedírmelo.

Ella dudosa asintió y tras unas últimas palabras se alejó de ahí, sin notar que Ji Hoo la veía marcharse, aquel chico de ojos negros le provocaba un ligero nerviosismo algo poco usual en ella.